Un Relato de Super­vi­ven­cia Muy Bien Hecho

THE GREY. Esta­dos Uni­dos, 2012. Un film de Joe Car­nahan. Elenco: Liam Nee­son, Frank Gri­llo, Der­mot Mul­ro­ney, Dallas Roberts, Joe Ander­son, Nonso Anozie, James Badge Dale.

UN RELATO DE SUPERVIVENCIA MUY BIEN HECHO

Al ver The Grey inme­dia­ta­mente surge el recuerdo de un trá­gico acci­dente que tuvo lugar en octu­bre de 1971; en esa oca­sión, un avión de la Fuerza Aérea de Uru­guay con­du­ciendo a 40 pasa­je­ros –inte­gra­dos mayo­ri­ta­ria­mente por estu­dian­tes uru­gua­yos de un equipo de rugby– y 5 tri­pu­lan­tes se había estre­llado en la Cor­di­llera de los Andes a 3500 metros de altura. Los 27 sobre­vi­vien­tes tuvie­ron que enfren­tarse a las duras incle­men­cias del tiempo impe­rante en las mon­ta­ñas con­ge­la­das hasta que 72 días des­pués el mundo tuvo noti­cias de ellos. La pelí­cula de Joe Car­nahan enfoca una his­to­ria simi­lar pero en un relato de ficción. 

Basado en Ghost Wal­ker, un cuento de Ian Macken­zie quien es tam­bién autor del guión escrito junto con el direc­tor, se cen­tra en un grupo de tra­ba­ja­do­res de una com­pa­ñía refi­na­dora de petró­leo ubi­cada en una ale­jada zona de Alaska donde Ott­way (Liam Nee­son), uno de los emplea­dos, se ocupa de pro­te­ger a los res­tan­tes de cual­quier peli­gro que pudie­ran ofre­cer los ani­ma­les sal­va­jes del área. Cuando estos tra­ba­ja­do­res están regre­sando a sus hoga­res en un vuelo aéreo, una fuerte tor­menta hace que el avión se estre­lle en las lade­ras mon­ta­ño­sas donde todos pere­cen, con excep­ción de 8 per­so­nas inclu­yendo a Ott­way que mila­gro­sa­mente se sal­van. Aun­que el cine haya ofre­cido en nume­ro­sas opor­tu­ni­da­des acci­den­tes aéreos, en este caso es enco­mia­ble y terro­rí­fico con­tem­plar el rea­lismo de lo que se vive en el inte­rior del apa­rato poco antes de la tragedia.

A pri­mera vista, uno aguarda un relato de aven­tu­ras sobre cómo sobre­vi­vir. Algo de eso hay pero des­cripto de un modo total­mente fide­digno en un film que dista pare­cerse a los típi­cos rela­tos de acción. La exce­lente actua­ción de Nee­son per­mite que su per­so­naje se trans­forme de la manera más natu­ral posi­ble en líder del pequeño grupo a tra­vés de una com­bi­na­ción per­fecta de cierta auto­ri­dad mez­clada de per­sua­sión y madu­rez. Desde el pri­mer ins­tante en que asiste a un mori­bundo en sus últi­mos minu­tos de vida hasta lo que seguirá des­pués, Ott­way sabe cómo desen­vol­verse en el con­texto de la reali­dad que lo cir­cunda donde a la inhós­pita sole­dad de la región se agrega la ame­naza de temi­bles lobos depredadores.

Car­nahan con­vir­tió una his­to­ria apa­ren­te­mente sim­plista en un intenso drama en el que el indi­vi­duo debe enfren­tarse con las difí­ci­les situa­cio­nes que ofrece la natu­ra­leza, ape­lando a los más inge­nio­sos recur­sos para tra­tar de seguir viviendo. Gra­cias a per­so­na­jes muy bien deli­nea­dos, el espec­ta­dor con­vive per­ma­nen­te­mente con la suerte que van expe­ri­men­tado los per­so­na­jes; así y a lo largo de dos horas, que de nin­gún modo se hacen sen­tir, se aco­pla al grupo siguiendo el derro­tero de una ruta pla­gada de peli­gros donde los temi­bles lobos comien­zan a cobrar vidas de algu­nos de los for­za­dos expedicionarios.

Frente a la intriga de saber qué es lo que acon­te­cerá con cada uno de los que van sobre­vi­viendo, el relato intro­duce momen­tos de ten­sión cuando uno de sus inte­gran­tes (Frank Gri­llo) se dis­pone a desa­fiar la natu­ral auto­ri­dad de Ott­way; tam­poco están ausen­tes los momen­tos ínti­mos cuando en los ins­tan­tes de vigi­lia noc­turna reuni­dos en torno al fuego, sur­gen con­ver­sa­cio­nes per­so­na­les de los inte­gran­tes del grupo quie­nes frente a un incierto futuro se sola­zan rela­tando epi­so­dios en donde que­dan refle­ja­dos los lazos fami­lia­res; en tal sen­tido, en forma inter­mi­tente y tra­tando de no deses­pe­rar, los recu­rren­tes recuer­dos que Ott­way tiene de su esposa (Anne Opens­haw) le brin­dan nece­sa­ria for­ta­leza para seguir adelante.

El film está mara­vi­llo­sa­mente fil­mado con la foto­gra­fía de Masa­nobu Taka­ya­nagi cap­tando la belleza y majes­tuo­si­dad de la agreste natu­ra­leza que es un per­so­naje fun­da­men­tal en esta his­to­ria. Al pro­pio tiempo cabe men­cio­nar la pre­sen­cia de los sal­va­jes lobos gra­cias al efecto logrado por la efi­ciente com­bi­na­ción de títe­res, imá­ge­nes logra­das por compu­tación y ani­ma­les amaestrados.

Con­clu­sión: Una his­to­ria de super­vi­ven­cia en un thri­ller intros­pec­tivo e inte­li­gen­te­mente rea­li­zado. Jorge Gut­man