Inma­dura pero Ado­ra­ble Frances

FRAN­CES HA. Esta­dos Uni­dos, 2012. Un film de Noah Baumbach

Así como hace más de 30 años exis­tió una per­fecta sim­bio­sis entre Woody Allen y Diane Kea­ton en Annie Hal (1977) y Man­hat­tan (1979), algo pare­cido acon­tece entre el rea­li­za­dor Noah Bam­bach y la ascen­dente actriz Greta Ger­wig en Fran­ces Ha. La com­pa­ra­ción es ati­nente por­que el per­so­naje de Ger­wig trae remi­nis­cen­cias de la ansie­dad, neu­ro­sis e inse­gu­ri­dad que aqueja a los roles de Allen en esos dos fil­mes; ade­más ambos rea­li­za­do­res rin­den un tri­buto a la ciu­dad de Nueva York que tanto quie­ren y de alguna manera no resulta extraño que Baum­bach con­si­dere a Allen como uno de sus cineas­tas pre­fe­ri­dos dado que eso se deja tras­lu­cir en esta película.

De limi­tado pre­su­puesto y mag­ní­fi­ca­mente foto­gra­fiado en blanco y negro, el film es esen­cial­mente el aná­li­sis de per­so­na­li­dad de Fran­ces (Ger­wig), una joven de la época actual con sus ilu­sio­nes, desen­can­tos, frus­tra­cio­nes y expec­ta­ti­vas de que algo mejor habrá de ocu­rrirle. De 27 años de edad, soña­dora por exce­len­cia y aspi­rante a bai­la­rina, com­parte el depar­ta­mento donde habita en Broo­klyn con Sop­hie (Mickey Sum­mer), su mejor amiga, como así tam­bién es con ella con quien dis­trae sus ratos de ocio, como sali­das al par­que, cam­bio de impre­sio­nes sen­ti­men­ta­les, etc; aun­que en otras cir­cuns­tan­cias uno podría sos­pe­char alguna rela­ción de les­bia­nismo entre ellas, esa idea queda pron­ta­mente desechada.

Mickey Summer y Grega Gerwig

Mickey Sum­mer y Grega Gerwig

El con­flicto dra­má­tico que pone en mar­cha la pequeña his­to­ria del relato se pro­duce cuando Sop­hie le anun­cia a su amiga que irá a vivir con el mucha­cho con quien está saliendo. Es allí que el guión escrito por el rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción de Ger­wig enfoca el des­equi­li­brio emo­cio­nal de Fran­ces al sen­tirse aban­do­nada por Sop­hie, así como el impacto finan­ciero que eso le sig­ni­fica al no poder afron­tar por sí sola el costo del arriendo. De allí en más Baum­bach uti­liza la inter­ca­la­ción de tar­je­tas con los suce­si­vos domi­ci­lios en donde Fran­ces habrá de vivir.

A medida que el film va pro­gre­sando el guión va ilus­trando su insu­fi­ciente madu­rez, inse­gu­ri­dad que la hace ines­ta­ble, su vul­ne­ra­bi­li­dad, así como la angus­tia que la apresa al no saber cómo cal­mar sus ansie­da­des; todo ello está expuesto en tono de come­dia rea­lista demos­trando la baja estima que Fran­ces guarda de sí misma. Uno de los momen­tos más gra­cio­sos se pro­duce cuando en el trans­curso de una comida for­mal que reúne a varios comen­sa­les, ella hace comen­ta­rios sobre su vida per­so­nal que resul­tan deci­di­da­mente inapro­pia­dos. En todo caso, ya sea por con­mi­se­ra­ción o sim­pa­tía, el público ter­mina adorándola.

Así como el rea­li­za­dor demues­tra un par­ti­cu­lar afecto hacia su impre­de­ci­ble anti­he­roína, Ger­wig brinda lo mejor para extraer la máxima riqueza de su per­so­naje, con­fir­mando de este modo la impor­tante per­so­na­li­dad que ha sabido impo­ner en su breve carrera artística.

El ritmo del film es alta­mente fluido, intro­du­ciendo esce­nas de breve dura­ción que en con­ta­dos casos no lle­gan a trans­mi­tir ple­na­mente lo que uno aguar­da­ría, como por ejem­plo la visita fugaz que Fran­ces rea­liza a San Fran­cisco donde resi­den sus padres, impide cap­tar con com­pleta cer­teza la rela­ción que la joven man­tiene con ellos. En todo caso, esta obser­va­ción no afecta mayor­mente la cali­dad de este agri­dulce relato.

Con­clu­sión: Enri­que­cido por un muy buen diá­logo, el relato deja una sen­sa­ción agri­dulce pin­tando son­rien­te­mente el pate­tismo de Fran­cis. Pero el tono y estilo que Baum­bach emplea, hace que el público jamás se deprima sino que se enca­riñe con este sin­gu­lar per­so­naje. Jorge Gut­man

Asalto a la Man­sión Presidencial

WHITE HOUSE DOWN. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film de Roland Emmerich

Bien cono­cido por su afi­ni­dad con fil­mes de desas­tres, el rea­li­za­dor Roland Emme­rich vuelve a ofre­cer otro entre­te­ni­miento masivo de la misma natu­ra­leza. Ahora bien, resulta intere­sante saber si cuando empren­dió el pro­yecto del film que se comenta estuvo al corriente que su colega Antoine Fuqua se ocu­paba de uno simi­lar como lo es Olym­pia Has Fallen, estre­nado hace solo tres meses y donde el tema cen­tral es esen­cial­mente el mismo, salvo míni­mas dife­ren­cias en mate­ria de his­to­ria y carac­te­rís­ti­cas de sus personajes.

Quie­nes hayan visto esa pelí­cula saben que gira en torno de un asalto armado a la Casa Blanca por un grupo de terro­ris­tas inter­na­cio­na­les. Aquí en cam­bio la inva­sión a la resi­den­cia pre­si­den­cial es por parte de cri­mi­na­les loca­les de ideo­lo­gía con­ser­va­dora. El honesto pre­si­dente que carac­te­rizó Aaron Eckhart aquí lo encarna Jamie Foxx con el par­ti­cu­lar deta­lle que tanto en pre­sen­cia física como en su manera de actuar se ase­meja al actual pre­si­dente de los Esta­dos Uni­dos. El héroe sal­va­dor carac­te­ri­zado por Gerard Butler está ahora ani­mado por Chan­ning Tatum. Bueno, mejor no seguir más con las simi­li­tu­des y esbo­zar en pocas pala­bras cómo se pre­sen­tan las cosas en White House Down.

Con poco más de dos horas de dura­ción, Emme­rich se toma su tiempo para ambien­tar el esce­na­rio y defi­nir los ras­gos más impor­tan­tes de sus prin­ci­pa­les per­so­na­jes antes de que comience la ver­da­dera acción.

Channing Tatum

Chan­ning Tatum

John Cale (Tatum) es un poli­cía asig­nado a la segu­ri­dad del pre­si­dente de la Cámara de Repre­sen­tan­tes Eli Rap­hel­son (Richard Jen­kins) pero su máxima aspi­ra­ción es obte­ner un puesto para tra­ba­jar en el Ser­vi­cio Secreto del Pre­si­dente James Saw­yer (Foxx) que que­dará vacante. Saw­yer, es un hom­bre idea­lista imbuido de bue­nas inten­cio­nes que acaba de hacer cono­cer una pro­puesta de paz con miras al retiro de tro­pas esta­dou­ni­den­ses del Medio Oriente. El día que Cale tiene la entre­vista para el nuevo puesto y que final­mente no habrá de resul­tar, tam­bién tiene pla­neada la visita a la Casa Blanca con su hijita de 11 años (Joey King), de quien, como padre divor­ciado que no vive con ella trata de ganar su afecto. Todo trans­cu­rre plá­ci­da­mente hasta que en un deter­mi­nado momento la niña se dirige al baño y justo durante esos esca­sos minu­tos se pro­duce la explo­sión de una bomba que separa a John de su hija mien­tras que un grupo de reac­cio­na­rios para­mi­li­ta­res lide­ra­dos por un ex mili­tar Emil Stenz (Jason Clarke) invade y asume el con­trol de la man­sión pre­si­den­cial. A par­tir de allí comienza el caos y es el turno de John de demos­trar hasta qué punto des­ple­gará sus ener­gías para tra­tar de res­ca­tar a su hija y a la vez pro­te­ger al pre­si­dente de la nación.

Lo que sigue es casi una réplica del film de Fuqua donde el guión de James Van­der­bilt no esca­tima en ofre­cer la dosis de vio­lenta acción que Emme­rich sabe apro­ve­char a su favor como un experto en la mate­ria y sobre todo si se trata de inva­dir la Casa Blanca como ya lo ha demos­trado en Inde­pen­dence Day (1996).

Desde un punto rigu­ro­sa­mente ana­lí­tico, la his­to­ria no bri­lla por su ori­gi­na­li­dad; hay dema­sia­dos hilos suel­tos en el camino, las situa­cio­nes inve­ro­sí­mi­les abun­dan y por absur­das se tor­nan risi­bles y, ade­más no está exenta de algu­nos típi­cos cli­sés como la para­noia del terro­rismo y/o la exal­ta­ción del heroísmo de algu­nos de sus per­so­na­jes. Pero segu­ra­mente, estas obser­va­cio­nes no serán con­si­de­ra­das para quie­nes sola­mente pre­ten­den ver un pro­ducto esca­pista que no ofrece mucho mar­gen para pen­sar pero que man­tiene un ritmo diná­mico, sufi­ciente humor y cuenta con un nivel téc­nico de pri­mer nivel.

En lo que a actua­ción se refiere hay una muy buena quí­mica entre Tatum y Fox donde ambos ade­más de salir airo­sos en la carac­te­ri­za­ción de sus per­so­na­jes man­tie­nen una buena quí­mica enfren­tando al enemigo común. Men­ción espe­cial merece la des­co­llante actua­ción de la preado­les­cente actriz Joey King; el resto del elenco inte­grado por Mag­gie Gyllen­haal, James Woods, Richard Jen­kins, Michael Murphy y Nico­las Wright, entre otros, se ajusta ade­cua­da­mente a las exi­gen­cias de sus res­pec­ti­vos roles. 

Con­clu­sión: De escasa ori­gi­na­li­dad pero bien rea­li­zado, Emme­rich ofrece un acep­ta­ble pasa­tiempo para un público no exi­gente. Jorge Gut­man

Una Filó­sofa Excepcional

HAN­NAH ARENDT. Ale­ma­nia 2012. Un film de Mar­ga­rethe von Trotta

La rea­li­za­dora Mar­ga­rethe von Trotta cuya biblio­gra­fía está nutrida en gran parte de un cine polí­tico enfo­cando a muje­res que han tras­cen­dido uni­ver­sal­mente (Rosa Luxem­burg, Hil­de­gard von Bin­gen) agrega con su último tra­bajo un nuevo con­di­mento de la misma natu­ra­leza al cen­trarse en uno de los epi­so­dios más tras­cen­den­tes de la vida de Han­nah Arendt (1906 – 1975), la gran filó­sofa de ori­gen judío.

Barbara Sukowa

Bar­bara Sukowa

Hasta la década del 60, la exis­ten­cia de Han­nah Arendt (Bar­bara Sukowa) no estuvo supe­di­tada a hechos extra­or­di­na­ria­mente dra­má­ti­cos des­pués de haber esca­pado de la Ale­ma­nia nazi para radi­carse como exi­liada en Nueva York junto a su bien amado marido Hein­rich Blü­cher (Axel Mil­berg). El nudo cen­tral del relato, tal como se apre­cia en el guión de Pamela Katz con la cola­bo­ra­ción de la rea­li­za­dora, tiene lugar cuando en 1961 ella soli­cita a The New Yor­ker cubrir el desa­rro­llo del jui­cio a Adolph Eich­mann en Jeru­sa­lén. La peti­ción es acep­tada por la pres­ti­giosa revista quien tuvo en cuenta los impor­tan­tes ante­ce­den­tes aca­dé­mi­cos y lite­ra­rios de Arendt, sobre todo des­pués de haberse publi­cado en 1951 su libro The Ori­gins of Tota­li­ta­rism donde de manera exce­lente ana­li­za­los dos movi­mien­tos tota­li­ta­rios hasta ese enton­ces más impor­tan­tes del siglo pasado como lo fue­ron el nazismo y el estalinismo.

Con gran sobrie­dad y eco­no­mía de len­guaje von Trotta des­cribe el ambiente inte­lec­tual pre­va­le­ciente en el grupo de ami­gos que fre­cuenta la pareja ilus­trando la reunión que tiene lugar para cele­brar la desig­na­ción de Han­nah como repor­tera de un evento de gran reper­cu­sión mun­dial, entre los que se encuen­tran la escri­tora ame­ri­cana y su gran amiga Mary McCarthy (Janet McTeer).

Una buena parte del metraje está dedi­cada al jui­cio del cri­mi­nal nazi donde el film logra ensam­blar satis­fac­to­ria­mente mate­rial de archivo de la época repro­du­ciendo en parte el desa­rro­llo del jui­cio. Durante el mismo, Arendt está com­ple­ta­mente ensi­mis­mada escu­chando a Eich­mann quien ubi­cado en una cabina de vidrio trata de defen­derse durante el inte­rro­ga­to­rio al que es some­tido sos­te­niendo que todo lo que realizó fue en cum­pli­miento de órde­nes pre­ci­sas, siendo él sola­mente res­pon­sa­ble de una parte del engra­naje del holo­causto. Al pro­pio tiempo, Arendt tam­bién sigue aten­ta­mente los tes­ti­mo­nios brin­da­dos por algu­nos de los sobre­vi­vien­tes de los cam­pos de concentración.

Cuando ella retorna a Nueva York la revista decide que su informe será dado a cono­cer en una serie de 5 artícu­los para pos­te­rior­mente ser edi­tado en un libro. El ver­da­dero drama comienza cuando como con­se­cuen­cia de lo publi­cado Han­nah resulta ata­cada ver­bal­mente por haber tra­tado de jus­ti­fi­car al cri­mi­nal con el nuevo con­cepto que deno­minó la “bana­li­dad del mal”; según el mismo, la mal­dad de Eich­mann no nace de él en forma natu­ral, sino de las cir­cuns­tan­cias que lo rodea­ron donde su gran cri­men fue el haber anu­lado su capa­ci­dad de pen­sar para con­ver­tirse de este modo en un mons­truoso ani­mal humano; por analo­gía, ese hecho no sería sola­mente apli­ca­ble a él como encar­gado de imple­men­tar la “solu­ción final” sino a cual­quier indi­vi­duo común y corriente, en cual­quier lugar y época, que tuviera que actuar de la misma manera frente a situa­cio­nes simi­la­res. Igual­mente, su informe incluye afir­ma­cio­nes deri­va­das del jui­cio que pre­sen­ció sobre cómo algu­nos líde­res judíos actua­ban como cola­bo­ra­cio­nis­tas de los nazis y en con­se­cuen­cia fue­ron en parte res­pon­sa­bles del envío de su pro­pia gente a los cam­pos de con­cen­tra­ción. Siendo acu­sada de inte­lec­tual arro­gante e insen­si­ble, Arendt cae en des­gra­cia por parte de los lec­to­res del perió­dico, sus cole­gas uni­ver­si­ta­rios, algu­nos de sus ami­gos más cer­ca­nos –espe­cial­mente el del israelí  Kurt Blu­men­feld (Michael Degen)- así como por miem­bros de la comu­ni­dad judía;  sola­mente sus alum­nos uni­ver­si­ta­rios se adhie­ren al emo­tivo y extra­or­di­na­rio dis­curso final de Arendt donde explica su forma de pen­sar y el dere­cho que le cabe para expre­sar libre­mente su posi­ción filosófica.

Cabe seña­lar que ade­más del foco cen­tral, el relato a tra­vés de flash­ba­cks alude a la influen­cia que tuvo en Han­nah el cele­brado filó­sofo ale­mán Mar­tin Hei­deg­ger (Klaus Pohl), quien en su época de estu­diante fue su pro­fe­sor, men­tor y con quien man­tuvo una román­tica relación.

Inde­pen­dien­te­mente de las opi­nio­nes que pueda sus­ci­tar el pen­sa­miento de esta mujer, lo que queda claro es que Arendt nunca negó la cul­pa­bi­li­dad de Eich­mann y, más aún, estuvo de acuerdo con la sen­ten­cia de muerte dic­ta­mi­nada por Israel a pesar de que pudo tener sus dudas sobre el pro­ce­di­miento legal adoptado.

La actua­ción de Sukowa es excep­cio­nal per­so­ni­fi­cando la con­ducta de una per­sona que lejos de ser arro­gante actúa con obs­ti­na­ción tra­tando de defen­der lo que ha escrito por­que cree fir­me­mente en ello y por lo tanto man­tiene su deter­mi­na­ción de no abdi­car o retrac­tarse, cual­quiera fue­sen las con­se­cuen­cias de su actitud.

Con­clu­sión: Es indu­da­ble que Hanna Arendt se presta a la con­tro­ver­sia y dis­cu­sión y aun­que la rea­li­za­dora de algún modo pare­ce­ría com­pren­der la forma de pen­sar de su pro­ta­go­nista de nin­guna manera toma par­tido alguno con res­pecto a su actua­ción. En todo caso ade­más de brin­dar un retrato lo más obje­tivo posi­ble sobre esta bri­llante filó­sofa, von Trotta ofrece un film absor­bente de con­si­de­ra­ble nivel artís­tico e inte­lec­tual­mente fas­ci­nante. Jorge Gut­man

La Uni­ver­si­dad de los Monstruos

MONS­TERS UNI­VER­SITY. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film de Dan Scanlon

Una escena del film de animación MONSTERS UNIVERSITY

Una escena del film de ani­ma­ción MONS­TERS UNIVERSITY

Resulta impo­si­ble dejar de com­pa­rar el mara­vi­lloso film que los estu­dios Pixar ofre­cie­ron en 2001 con Mons­ters Inc. puesto que Mons­ters Uni­ver­sity no es la con­ti­nua­ción de esa his­to­ria sino que por el con­tra­rio se remite a sus ante­ce­den­tes. Si aqué­lla pelí­cula de ani­ma­ción ofre­cía la sor­presa de encon­trar­nos con dos sim­pa­ti­quí­si­mos per­so­na­jes como lo fue­ron Mike, el mons­truo verde de ojo único y rápido hablar y Sulley, su com­pin­che gran­dote y peludo, dando como resul­tado una pelí­cula ori­gi­nal y muy diver­tida, puede que en este caso el film que nos ocupa no sor­prenda tanto en tér­mi­nos de ori­gi­na­li­dad; de todos modos con­serva la misma gra­cia, encanto y humor del film pre­ce­dente con su sen­ci­lla y efi­caz trama que per­mite que tanto adul­tos como niños lo dis­fru­ten plenamente.

El guión del rea­li­za­dor Dan Scan­lon escrito con Robert L. Baird y Daniel Ger­son intro­duce un pró­logo donde el pequeño Mike (Noah Johns­ton) en un viaje esco­lar que rea­liza llega a la con­clu­sión de que­rer con­ver­tirse en un temi­ble asus­ta­dor. Años des­pués y ya adulto Mike (Billy Crys­tal) se ins­cribe en la Mons­ters Uni­ver­sity con la inten­ción de estu­diar en la Facul­tad del Miedo y lle­gar a gra­duarse de Asus­ta­dor Pro­fe­sio­nal que es un diploma aca­dé­mico muy impor­tante para quien se pre­cie de ser un ver­da­dero mons­truo. En la uni­ver­si­dad llega a cono­cer al for­nido y fan­fa­rrón Sulley (John Good­man) quien se jacta de pro­ve­nir de una fami­lia de asus­ta­do­res; dueño de una per­so­na­li­dad com­ple­ta­mente opuesta a la de Mike, al prin­ci­pio nada los une sino más bien todo los separa. Pron­ta­mente ambos que­da­rán expul­sa­dos de la facul­tad, aun­que por dife­ren­tes razo­nes: Mike por no reunir con­di­cio­nes míni­mas nece­sa­rias para asus­tar en tanto que Sulley por su arro­gan­cia y por ser un pere­zoso estu­diante. La maquia­vé­lica y temi­ble Hards­crab­ble (Helen Mirren), decana de la ins­ti­tu­ción, acep­tará read­mi­tir­los siem­pre y cuando logren salir gana­do­res en la com­pe­ten­cia anual de “Jue­gos del Miedo” demos­trando que son los mejo­res para gene­rar pánico a ter­ce­ros. Frente a ese gran con­tra­tiempo, Mike y Sulley, a pesar de ser apa­ren­te­mente irre­con­ci­lia­bles enemi­gos, lle­gan a la con­clu­sión que deben aunar sus esfuer­zos; así, y en cola­bo­ra­ción con otros estu­dian­tes no muy bri­llan­tes, actuando como un grupo cohe­sio­nado ten­drán mejo­res posi­bi­li­da­des para enfren­tar a otros equi­pos riva­les mejor pre­pa­ra­dos. ¿Pero real­mente podrán lograrlo?

Ade­más de des­ta­car el valor de la amis­tad a tra­vés de la rela­ción que va cimen­tán­dose entre Mike y Sulley demos­trando cómo los con­tras­tes y dife­ren­cias de carac­te­res ceden paso a la crea­ción de una nueva y única per­so­na­li­dad común, el relato des­tila una gran ter­nura; así, poco importa que esta pecu­liar his­to­ria de mons­truos resulte fan­ta­siosa en la medida que sus per­so­na­jes tra­sun­tan un sen­ti­miento de huma­ni­dad y nobleza que per­mite al público enca­ri­ñarse con los mis­mos. Sin ape­lar a gro­se­rías, gol­pes bajos o chis­tes de dudoso gusto, esta pelí­cula fil­mada en 3D se nutre de sabro­sos diá­lo­gos y es dueña de una hila­rante gra­cia lograda a tra­vés de situa­cio­nes diver­ti­das y de irre­sis­ti­bles gags.

Como lo hicie­ron hace 12 años, Crys­tal y Good­man vuel­ven a pres­tar sus voces en forma muy con­vin­cente per­mi­tiendo que el dúo de mons­truos que carac­te­ri­zan resulte a todas luces entra­ña­ble; no menos impor­tante es el aporte de Helen Mirren quien ape­lando a un sonido vocal dis­tin­tivo brinda el tono que se ajusta con pre­ci­sión a la per­so­na­li­dad de la des­pia­dada Hardscrabble.

Visual­mente exce­lente y con una ani­ma­ción irre­pro­cha­ble, los estu­dios Pixar ofre­cen un film que aun­que no lle­gue al nivel de máxima exce­len­cia como lo fuera por ejem­plo la serie de Toy Story, de todos modos cuenta con legí­ti­mos atri­bu­tos para gra­ti­fi­car y dejar con­tento al público amante de los bue­nos fil­mes de animación.

El film va pre­ce­dido por The Blue Umbre­lla, un encan­ta­dor cor­to­me­traje de ani­ma­ción que mues­tra la román­tica rela­ción que se esta­blece entre un para­guas azul y otro rojo; en suma, un buen ape­ri­tivo de esca­sos minu­tos para sabo­rear la comida prin­ci­pal que seguirá des­pués. Jorge Gut­man

Un Mere­cido Home­naje a Vio­leta Parra

VIO­LETA SE FUE A LOS CIE­LOS. Chile-Argentina, 2011. Un film de Andrés Wood 

 Francisca Gavilán

Fran­cisca Gavilán

Basado en el libro del mismo nom­bre escrito por Ángel Parra, uno de los hijos de la can­tau­tora chi­lena Vio­leta Parra, el direc­tor Andrés Wood junto con un equipo de guio­nis­tas ha abor­dado la per­so­na­li­dad de quien fuera y sigue siendo la figura mítica del fol­clor de Chile. A dife­ren­cia del libro donde su con­te­nido está narrado bajo la óptica de su autor, el film está enfo­cado desde la mira de la artista y en donde el rea­li­za­dor incor­poró algu­nas anéc­do­tas que no se encuen­tran en la obra lite­ra­ria.  

Dado que la intensa vida de Vio­leta del Car­men Parra San­do­val (1917 – 1967) resulta difí­cil de expre­sar en cine uti­li­zando el for­mato del tra­di­cio­nal relato bio­grá­fico, Wood adoptó un camino dife­rente pero que fue pro­duc­tivo. Para tra­tar de aden­trarse en su com­plejo mundo, el direc­tor empleó una estruc­tura narra­tiva frag­men­tada siguiendo un desa­rro­llo que no es cro­no­ló­gico sino que por el con­tra­rio salta en el tiempo pero dán­dole un estilo docu­men­tal.  

Res­ca­tando anéc­do­tas, situa­cio­nes cla­ves, ges­tos y esta­dos aními­cos de la can­tante, todos muy bien entre­la­za­dos, el relato per­mite que el espec­ta­dor se sumerja en su com­plejo mundo inte­rior. De todos modos hay un hilo narra­tivo y el mismo está brin­dado por un perio­dista argen­tino quien, a tra­vés de algu­nas pre­gun­tas inten­cio­na­das efec­tua­das a Vio­leta en un repor­taje tele­vi­sivo, per­mite que ella se mani­fieste muchas veces con logrado humor sobre lo que ha sido su vida, faci­li­tando de este modo el desa­rro­llo de una his­to­ria den­tro del rom­pe­ca­be­zas pro­puesto por el rea­li­za­dor. Así el público se impone, entre otros aspec­tos, sobre su ori­gen per­te­ne­ciendo a una fami­lia pobre, su pasión por la música en su tem­prana infan­cia, su evo­lu­ción como com­po­si­tora y en la letra de algu­nas de sus can­cio­nes, expre­sando su lucha con­tra la injus­ti­cia social, su reco­rrido al con­ti­nente euro­peo difun­diendo la riqueza de su música, su incur­sión por la pin­tura y la tapi­ce­ría evi­den­ciando otras face­tas de su diver­si­dad artís­tica, y en el campo sen­ti­men­tal la apa­sio­nada y tor­men­tosa rela­ción con el gran amor de su vida que fue el músico suizo Gil­bert Favre (Tho­mas Durand) quien la hizo sufrir en dema­sía hasta su rup­tura.  

Para trans­mi­tir en la pan­ta­lla la dimen­sión de esta legen­da­ria artista, Wood tuvo el gran apoyo de Fran­cisca Gavi­lán, una excep­cio­nal actriz que de nin­guna manera inter­preta o actúa sino que se intro­duce de cuerpo y alma en la inmor­tal Vio­leta, pero sin copiarla ni imi­tarla, sino otor­gán­dole su visión per­so­nal. En la sobre­sa­liente carac­te­ri­za­ción lograda, Gavi­lán no solo refleja el carác­ter tor­tu­rado, com­ba­tivo, con­tra­dic­to­rio, per­se­ve­rante, obse­sivo y crea­tivo de la mul­ti­dis­ci­pli­na­ria mujer, sino que tam­bién canta ella misma sus can­cio­nes; en tal sen­tido, lo hace mara­vi­llo­sa­mente con un tono de voz que revive el espí­ritu y la pre­sen­cia física de quien dejó como legado com­po­si­cio­nes remar­ca­bles como lo fue­ron, entre otras, el glo­rioso himno de “Gra­cias a la Vida” o bien “Vol­ver a los 17”. Al escu­char estas can­cio­nes, resulta para­dó­ji­ca­mente lamen­ta­ble que la gran pasio­na­ria de la iden­ti­dad cul­tu­ral chi­lena con­clu­yera su tem­prana vida de trá­gica manera.

Con­clu­sión: A pesar de las licen­cias adop­ta­das por el direc­tor, Wood ha brin­dado un poé­tico film que cons­ti­tuye un justo tri­buto a la mujer que con su crea­ti­vi­dad artís­tica no solo esta­ble­ció los cimien­tos de la música popu­lar chi­lena sino que ejer­ció una mar­cada influen­cia en el resto de Amé­rica Latina. Jorge Gut­man