Otra Edi­ción Exi­tosa del TIFF

Comen­ta­rio de Jorge Gutman

El TIFF con­cluyó el 15 de sep­tiem­bre demos­trando nue­va­mente que año a año este fes­ti­val se supera a juz­gar por el extra­or­di­na­rio entu­siasmo y fer­vor del público asis­tente en la pre­sente edi­ción; de allí que nadie puede dudar sobre la extra­or­di­na­ria popu­la­ri­dad de este evento cul­tu­ral que en su género es con­si­de­rado el más impor­tante del continente.

Chiwetel Ejiofor en 12 YEARS A SLAVE

Chi­we­tel Ejio­for en 12 YEARSSLAVE

Aun­que esta mues­tra no es com­pe­ti­tiva, el Pre­mio del Público (People’s Choice Award) es con­si­de­rado como el más des­ta­cado por­que son los espec­ta­do­res quie­nes par­ti­ci­pan en la deci­sión sobre el film más popu­lar; este año esa dis­tin­ción fue para 12 Years a Slave de Steve McQueen. El mejor film cana­diense resultó el docu­men­tal de Alan Zweig When Jews Were Funny, en tanto que la FIPRESCI (el jurado de la Crí­tica Inter­na­cio­nal) adju­dicó dos pre­mios: uno para el film polaco Ida del rea­li­za­dor Pawel Pawli­kowski den­tro de la cate­go­ría Spe­cial Pre­sen­ta­tion, y el otro para el film de México Los Insó­li­tos Peces Gato de la rea­li­za­dora Clau­dia Sainte-Luce que par­ti­cipó en la sec­ción Dis­co­very (Pri­me­ros Filmes). 

Como es bien sabido el TIFF cons­ti­tuye la pla­ta­forma de lan­za­miento en la carrera hacia el Oscar y este año ya hay varios títu­los que por la aco­gida de la crí­tica y del público a tra­vés de sus con­tun­den­tes aplau­sos, per­mi­ten aven­tu­rar que se encuen­tran muy bien posi­cio­na­dos; sin entrar a una eva­lua­ción crí­tica de los mis­mos la cual será rea­li­zada en opor­tu­ni­dad de su estreno en el trans­curso de las pró­xi­mas sema­nas, se puede men­cio­nar que entre ellos figu­ran 12 Years a Slave (en este caso res­pal­dado por el Pre­mio del Público), Gra­vity, Phi­lo­mena, The Rail­way Man, Dallas Buyers Club, August: Osage Coun­try, Labour Day,  The Disap­pea­rance of Elea­nor Rigby: Him and Her Pri­so­ners

Una vez más quedó rati­fi­cado que este fes­ti­val tras­ciende las fron­te­ras dado que en su diver­si­fi­cada pro­gra­ma­ción de largo y cor­to­me­tra­jes de paí­ses bien cono­ci­dos el público tuvo ade­más la opor­tu­ni­dad de optar por pelí­cu­las pro­ve­nien­tes de paí­ses de escasa difu­sión inter­na­cio­nal como Cam­boya, Costa de Mar­fil, Geor­gia, Ghana, Gui­nea Bis­sau, Jor­da­nia, Nige­ria, Sin­ga­pur, Qatar, Sene­gal, Siria y Túnez, para citar algu­nos ejemplos. 

A con­ti­nua­ción, un breve comen­ta­rio de algu­nos de los fil­mes que he tenido opor­tu­ni­dad de apreciar.

Robert Wieckiewicz en WALESA, MAN OF HOPE

Robert Wie­ckie­wicz en WALESA, MAN OF HOPE

Walesa, Man of Hope es una pro­duc­ción polaca donde el exce­lente direc­tor Andr­zej Wajda retrata al diri­gente sin­di­cal Lech Walesa (Robert Wie­ckie­wicz) quien con su actua­ción cam­bio el rumbo his­tó­rico de su país. Aun­que sin lle­gar a la altura de sus rea­li­za­cio­nes más logra­das como Ceni­zas y Dia­man­tes (1958) y/o El Hom­bre de Hie­rro (1981), esta des­crip­ción del cofun­da­dor de Soli­da­ri­dad que fue el pri­mer sin­di­cato inde­pen­diente del blo­que comu­nista, adquiere fuerza expre­siva al ir reca­pi­tu­lando los hechos más impor­tan­tes de su vida polí­tica como así tam­bién al ilus­trar al hom­bre en su inti­mi­dad fami­liar como esposo y padre de seis hijos. Estruc­tu­rado a tra­vés de una entre­vista rea­li­zada por la cele­brada perio­dista Oriana Fallaci (Maria Rosa­ria Ommag­gio), el film alterna entre pre­sente y pasado sumi­nis­trando deta­lles que aun­que bien cono­ci­dos –huel­gas, revuel­tas obre­ras, pro­tes­tas calle­je­ras, el encuen­tro de Walesa con el Papa Juan Pablo II, el Pre­mio Nobel de la Paz de 1983 donde fue su esposa Danuta (Agnieszka Gro­chowska) quien acu­dió a reci­birlo en Oslo por­que el acti­vista polí­tico estaba encar­ce­lado– cobran con­si­de­ra­ble inte­rés por la flui­dez que adquiere el relato. 

El cineasta bos­nio Danis Tano­vic, ofrece un duro e impre­sio­nante relato en An Epi­sode in the Life of an Iron Picker. El film cons­ti­tuye un intento de recons­truir acon­te­ci­mien­tos reales con sus ver­da­de­ros per­so­na­jes sobre la dis­cri­mi­na­ción de gru­pos mino­ri­ta­rios en Bosnia-Herzegovina, muy espe­cial­mente la comu­ni­dad gitana, tomando como refe­ren­cia a una humilde fami­lia. El film que obtuvo el Pre­mio del Gran Jurado en Ber­lín, pre­senta a Nazif (Nazif Mujic) un jefe de fami­lia viviendo en una remota aldea gitana, quien se gana la vida reco­lec­tando mate­rial de desecho metá­lico para reci­clar y así poder ali­men­tar a su fami­lia inte­grada por su mujer Senada (Senada Ali­ma­no­vic) y sus dos hiji­tas. Cuando su esposa emba­ra­zada sufre ines­pe­ra­da­mente un aborto espon­tá­neo aca­rreando un feto sin vida de cinco meses y requiere de urgente aten­ción médica, el hos­pi­tal al que acude le niega su auxi­lio por­que el tra­ba­ja­dor carece de seguro médico y no reúne los 500 euros nece­sa­rios para la inter­ven­ción qui­rúr­gica. Por espa­cio de 10 días Nazif bus­cará deses­pe­ra­da­mente encon­trar la solu­ción al pro­blema, al pro­pio tiempo que el relato va ilus­trando hasta qué punto la socie­dad con­tem­po­rá­nea se mues­tra impia­dosa con los sec­to­res menos favo­re­ci­dos y social­mente segre­ga­dos. Este crí­tico docu­mento social adquiere más rele­van­cia si se tiene en cuenta que Nazif par­ti­cipó acti­va­mente en la gue­rra de los Bal­ca­nes durante 4 años sin gozar de nin­gún bene­fi­cio social.

Fernando Bacilio en EL MUDO

Fer­nando Baci­lio en EL MUDO

Des­pués de haber obte­nido en Can­nes el Pre­mio del Jurado en la sec­ción ofi­cial Un Cer­tain Regard con el film Octu­bre (2010), los her­ma­nos Daniel y Diego Vera retor­nan con El Mudo; se trata de una come­dia negra que ofrece una mirada poco ama­ble a la socie­dad peruana. Su pro­ta­go­nista es Fer­nando Baci­lio quien anima a Cons­tan­tino Zega­rra, un juez de Lima deci­di­da­mente inco­rrup­ti­ble que no se deja ven­cer ni por dinero ni por nin­gún tipo de sen­ti­men­ta­lismo a la hora de pro­nun­ciar un dic­ta­men. Todo cam­bia súbi­ta­mente cuando una noche diri­gién­dose a su hogar es baleando en la nuca y pierde su voz. Es ahí que sos­pe­cha haber sido víc­tima de una cons­pi­ra­ción ven­ga­tiva al no haber cedido a las deman­das de una mujer (Iris Silva) que había soli­ci­tado cle­men­cia en el trá­mite de con­vic­ción al que estaba sujeto su marido (José Luis Gómez). Adop­tando algu­nos ele­men­tos carac­te­rís­ti­cos de un thri­ller, el relato atrae por el clima de para­noia que va aco­sando a su pro­ta­go­nista; pero el mérito mayor del relato es ilus­trar cuán difí­cil resulta man­te­ner la impar­cia­li­dad y hones­ti­dad pro­fe­sio­nal en un ambiente donde los obs­tácu­los crea­dos por la buro­cra­cia de un apa­rato judi­cial así como la influen­cia de con­tac­tos y víncu­los polí­ti­cos van corrom­piendo los cimien­tos de la jus­ti­cia. Mag­ní­fica actua­ción de Baci­lio quien obtuvo el pre­mio al mejor actor en el Fes­ti­val de Locarno. 

Una nueva pelí­cula refe­rida a la géne­sis de la Gene­ra­ción Beat en los Esta­dos Uni­dos es lo que se con­tem­pla en Kill Your Dar­lings, ópera prima de John Kro­ki­das. El relato que trans­cu­rre en la década del 40, se refiere a los años de juven­tud del poeta Allen Gins­berg (Daniel Rad­cliffe) cuando comienza sus estu­dios uni­ver­si­ta­rios en Colum­bia. En ese recinto llega a cono­cer a Lucien Carr (Dane DeHaan), un estu­diante de libre espí­ritu, caris­má­tico y seduc­tor que pron­ta­mente ejerce una influen­cia inte­lec­tual y per­so­nal en la vida del futuro poeta. Gra­cias a Carr que lo intro­duce a su círculo de ami­gos, Gins­berg com­parte las fies­tas, las noches de jazz en el bohe­mio Green­wich Village de Nueva York y entra en con­tacto con figu­ras que lle­ga­rían a tras­cen­der lite­ra­ria­mente como lo fue­ron William Burroughs (Ben Fos­ter) y Jack Kerouac (Jack Hus­ton). Para­le­la­mente, la trama se ocupa del enig­má­tico y sin­gu­lar vínculo que exis­tió entre Carr y David Kam­me­rer (Michael C. Hall), varios años mayor que él y que fue una suerte de pro­tec­tor, donde Lucien ter­mina matán­dolo adu­ciendo que fue un depre­da­dor sexual que abusó de él. Dosi­fi­cado con algu­nas notas som­brías, este film explora satis­fac­to­ria­mente las rela­cio­nes inter­per­so­na­les de un grupo inte­lec­tual que en los años sub­si­guien­tes gra­vi­ta­ría de manera tras­cen­den­tal en la revo­lu­ción lite­ra­ria americana. 

Un film de genuino sus­penso es lo que se apre­cia en la pro­duc­ción bra­si­leña O Lobo atrás da Porta a tra­vés de un trián­gulo amo­roso que trans­cu­rre en Río de Janeiro. Syl­via (Fabiula Nas­ci­miento) y su marido Ber­nardo (Mil­hem Cor­taz) son los padres de Cla­rinha, una niñita de seis años de edad que ha sido secues­trada por una per­sona des­co­no­cida; las fun­da­das sos­pe­chas recaen en Rosa (Lean­dra Leal), la amante de Ber­nardo quien se siente des­pe­chada por­que él con­cluyó la rela­ción. A tra­vés de una estruc­tura tipo “ras­ho­mon” el novel direc­tor y guio­nista Fer­nando Coim­bra per­mite que cada una de las par­tes vaya expo­niendo sus pun­tos de vista en torno a su vin­cu­la­ción para tra­tar de arro­jar luces sobre el para­dero de la cria­tura. En un film donde el amor y el odio lle­gan a con­fun­dirse, esta his­to­ria de impre­visto y dra­má­tico desen­lace llega a cau­ti­var por la intriga que man­tiene a tra­vés del com­por­ta­miento de sus per­so­na­jes pro­ta­gó­ni­cos. Un muy buen film de Amé­rica Latina. 

Koh Jia Ler y Angeli Bayani en ILO ILO

Koh Jia Ler y Angeli Bayani en ILO ILO

La pelí­cula de Sin­ga­pur Ilo Ilo que obtuvo el pre­mio Cámara de Oro (adju­di­cado al mejor pri­mer film) en el último Fes­ti­val de Can­nes tiene varios ele­men­tos que jus­ti­fi­can esta dis­tin­ción. El joven rea­li­za­dor Ant­hony Chen refleja sen­si­bi­li­dad y suti­leza expo­niendo un relato que aun­que trans­cu­rra en Sin­ga­pur tiene vali­dez uni­ver­sal, sobre todo con los recien­tes pro­ble­mas que expe­ri­mentó la eco­no­mía mun­dial. Aun­que el tema cen­tral es acerca de cómo una fami­lia de clase media afronta la cri­sis finan­ciera, hay otros sub­ya­cen­tes que adquie­ren trascendencia. La trama pre­senta al matri­mo­nio con­for­mado por un eje­cu­tivo de ven­tas Teck Lim (Chen Tian Wen), su mujer emba­ra­zada Hwee Leng (Yeo Yann Yann) y el hijo único de 10 años Jiale (Koh Jia Ler); para ali­viar a Hwee Leng quien tra­baja como secre­ta­ria, la pareja decide con­tra­tar a Terry (Angeli Bayani) una joven empleada domés­tica de Fili­pi­nas, quien a su vez dejó su pro­pio hijito en su país de ori­gen a fin de lograr un mejor sala­rio en Sin­ga­pur. El con­flicto se pro­duce en el tra­ta­miento rebelde y des­pec­tivo del menor hacia Terry y las ten­sio­nes que sur­gen cuando las rela­cio­nes se recom­po­nen entre ambos y el cariño que pro­diga Terry a Jiale genera celos en su madre; eso se agrava más cuando la cri­sis finan­ciera hace que Teck pierda su empleo y las pre­sio­nes eco­nó­mi­cas van gra­vi­tando fuer­te­mente en el hogar. El film es alta­mente ins­truc­tivo al deli­near com­por­ta­mien­tos cul­tu­ra­les de dife­ren­tes cla­ses socia­les así como deno­tar sutil­mente las mani­fes­ta­cio­nes laten­tes de racismo. Los bien des­crip­tos per­so­na­jes así como la cali­dez, ter­nura y humor que se des­prende del relato, con­tri­bu­yen a lograr una come­dia dra­má­tica de nota­ble calidad.

Samuel Lange en PELO MALO

Samuel Lange en PELO MALO

El film de Vene­zuela Pelo Malo con­firma la madu­rez que va adqui­riendo el cine de este país. La rea­li­za­dora Mariana Ron­dón aborda un tema deli­cado como es el de la apa­rien­cia física y la impre­sión que puede cau­sar social­mente. Junior (Samuel Lange) de 9 años de edad, huér­fano de padre, vive con su humilde madre Marta (Samantha Cas­ti­llo) y su pequeño her­mano en un com­plejo habi­ta­cio­nal super­po­blado de Cara­cas. Aun­que el relato hace refe­ren­cia a la vio­len­cia endé­mica que envuelve a la ciu­dad, el film fun­da­men­tal­mente se cen­tra en Junior, incom­pren­dido por su madre; ella que ha per­dido su empleo de guar­dia de segu­ri­dad y trata de arre­glár­se­las ven­diendo are­pas case­ras, siente la gran preo­cu­pa­ción de que el niño quiera ali­sarse su pelo y que adopte algu­nas acti­tu­des más pro­pias –según su visión– del sexo opuesto. El pre­jui­cio social de que su hijo pueda ser dife­rente o posi­ble­mente homo­se­xual, sin ver­da­de­ras razo­nes que lo prue­ben, hace que la rela­ción madre-hijo resulte suma­mente con­flic­tiva; esa situa­ción influye en el estado emo­cio­nal del niño quien en parte encuen­tra com­pen­sa­ción en el afecto y com­pren­sión que obtiene de su abuela (Nelly Ramos) y de una ami­guita (María Emi­lia Sul­ba­rán) con quien com­parte gra­tos momen­tos. En un film alta­mente emo­tivo, es nota­ble la sen­si­bi­li­dad que des­tila la direc­tora expo­niendo a sus per­so­na­jes aun­que no los juzga para per­mi­tir al público hacerlo por sí mismo. Sin duda, este film es uno de los mejo­res pre­sen­ta­dos en el TIFF.

Con un ritmo diná­mico y una ajus­tada dura­ción de poco más de hora y media, Dono­van Marsh en su tri­ple con­di­ción de rea­li­za­dor, guio­nista y mon­ta­dor com­place al espec­ta­dor con iNum­ber Num­ber de Sudá­frica. El relato se cen­tra en las des­ven­tu­ras de dos poli­cías cole­gas que han tra­ba­jado aso­cia­dos durante ocho años. Como agen­tes del orden tanto Chili (S’dumo Mts­hali) y Shoes (Pres­ley Chwe­ne­ya­gae) se encuen­tran frus­tra­dos en lo que hacen dado el sueldo mise­ra­ble que per­ci­ben y al hecho de estar ope­rando en un ambiente poli­cial corrupto; en con­se­cuen­cia, Chili toma la ini­cia­tiva y con­vence a su reluc­tante com­pa­ñero para par­ti­ci­par en una acti­vi­dad delic­tiva con un grupo de mal­he­cho­res la cual les habrá de pro­por­cio­nar abun­dante dinero; pero no todo resulta como estaba pla­neado al pro­du­cirse hechos ines­pe­ra­dos. Con mucho humor, ade­cuada acción den­tro del marco de un buen guión que es capaz de ori­gi­nar, algu­nas vuel­tas de giro impre­vis­tas, ade­más de una efi­ciente inter­pre­ta­ción de sus pro­ta­go­nis­tas y una muy buena música que acom­pasa la diná­mica del relato, Marsh demues­tra que el cine sud­afri­cano es capaz de depa­rar gra­tas sor­pre­sas como las que pro­vee este bien eje­cu­tado film de sus­penso; final­mente, en forma indi­recta el relato per­mite apre­ciar algu­nas face­tas sobre la pobreza y el nivel de cri­mi­na­li­dad exis­ten­tes en la era post-apartheid del país.

Thierry Lhermitte en QUAI D’ORSAY

Thie­rry Lher­mitte en QUAI D’ORSAY

Si de sano entre­te­ni­miento se trata, Quai d’Orsay cubre con cre­ces los reque­ri­mien­tos para que el espec­ta­dor se divierta a fondo con las absur­das situa­cio­nes que se pro­du­cen en el Minis­te­rio de Rela­cio­nes Exte­rio­res de Fran­cia. Abor­dando la come­dia por pri­mera vez, el vete­rano rea­li­za­dor fran­cés Ber­trand Taver­nier ilus­tra las peri­pe­cias que debe atra­ve­sar un joven (Rap­hael Per­son­naz) recien­te­mente gra­duado en leyes de una pres­ti­giosa facul­tad al entrar a tra­ba­jar como asis­tente y redac­tor de los dis­cur­sos de un minis­tro exce­si­va­mente emo­cio­nal e impul­sivo (Thie­rry Lher­mitte) que se des­plaza de ofi­cina en ofi­cina con la fuerza de un hura­cán y que es capaz de enlo­que­cer –en el buen sen­tido de la pala­bra– a todo su per­so­nal inclu­yendo a su tole­rante jefe de equipo (Neils Ares­trup). El relato se nutre de dife­ren­tes situa­cio­nes con las que el diná­mico y cari­ca­tu­resco minis­tro tiene que lidiar enfren­tando algu­nas cri­sis polí­ti­cas y en donde los prin­ci­pios de “legi­ti­mi­dad, luci­dez y efi­cien­cia” que sus­tenta en el cum­pli­miento de su misión no siem­pre logran ser satis­fe­chos. Como sátira polí­tica el film cum­ple su obje­tivo gra­cias a un exce­lente elenco y a inge­nio­sas ins­tan­cias que cier­ta­mente pro­du­cen hila­ri­dad, como la sur­gida cuando el minis­tro recibe la visita de la gana­dora del Pre­mio Nóbel de Lite­ra­tura (Jane Bir­kin) que en lugar de dejarla hablar, la sor­pren­dida mujer es inca­paz de pro­fe­rir pala­bra frente a su inter­lo­cu­tor que le impide expre­sarse. En esen­cia, un film suma­mente entre­te­nido, no carente de afec­ti­vi­dad y que divierte sin jamás tener que recu­rrir a situa­cio­nes de dudoso gusto.

Jim Broadbent y Lindsay Duncan en LE WEEK-END

Jim Broad­bent y Lind­say Dun­can en LE WEEK-END

Una ama­ble y agri­dulce come­dia es lo que Roger Michell ofrece en el film de Gran Bre­taña Le Week-end. Tomando como refe­ren­cia a un matri­mo­nio de edad madura que se des­plaza de Lon­dres a París para cele­brar durante un fin de semana los 30 años de matri­mo­nio, el film a pesar de adop­tar un tono apa­ren­te­mente leve gra­dual­mente se interna en un terreno más espi­noso al demos­trar que a pesar de los sen­ti­mien­tos afec­ti­vos que unen a la pareja inte­grada por Meg (Lind­say Dun­can) y Nick (Jim Broad­bent) comien­zan a sur­gir con­flic­tos cuando se pro­du­cen recri­mi­na­cio­nes y resen­ti­mien­tos entre las par­tes por acon­te­ci­mien­tos pasa­dos y pre­sen­tes que huma­na­mente resul­tan fáci­les de com­pren­der. El relato atrae en el aná­li­sis rea­li­zado acerca de los com­pro­mi­sos y con­ce­sio­nes que tie­nen lugar en la con­vi­ven­cia con­yu­gal y los moti­vos que jus­ti­fi­can seguir viviendo en pareja. Aun­que de pre­ten­sio­nes modes­tas, la come­dia se dis­tin­gue por su cali­dez, sen­tido del humor, la inter­pre­ta­ción natu­ral y genuina que ofre­cen Dun­can, Broad­bent y de Jeff Gold­blum ani­mando a un viejo colega de Nick que vive en París y sobre todo por su nos­tál­gico desen­lace donde el rea­li­za­dor brinda un afec­tuoso home­naje a Jean Luc Godard.

Edgar Ramírez en LIBERTADOR

Edgar Ramí­rez en LIBERTADOR

Liber­ta­dor es una ambi­ciosa copro­duc­ción de Vene­zuela y España donde el direc­tor vene­zo­lano Alberto Arvelo aborda la bio­gra­fía de Simón Bolí­var. Aun­que los valo­res físi­cos del film impre­sio­nan favo­ra­ble­mente, las obje­cio­nes radi­can en que prác­ti­ca­mente resulta una ardua tarea resu­mir toda una vida en apro­xi­ma­da­mente dos horas. De este modo y aun­que queda refle­jada la deter­mi­na­ción de un hom­bre deci­dido a ter­mi­nar con el colo­nia­lismo espa­ñol y su deseo de con­so­li­dar a toda Amé­rica Latina en una sola nación, hay muchos aspec­tos que no se con­si­de­ran como por ejem­plo la des­co­llante par­ti­ci­pa­ción que le cupo a José de San Mar­tín y Ber­nardo O’Higgins en el pro­ceso inde­pen­den­tista de Argen­tina, Chile y Perú. A pesar de care­cer del vigor dra­má­tico nece­sa­rio y de con­tar con una reso­lu­ción un tanto pre­ci­pi­tada dejando dudas sobre la ver­da­dera causa de su muerte, el film capta la aten­ción del espec­ta­dor al des­ta­car la saga de un hom­bre de ori­gen aris­to­crá­tico que adquiere clara con­cien­cia del domi­nio espa­ñol y está dis­puesto a cum­plir su pro­pó­sito libe­ra­dor. Muy buena la actua­ción de Edgar Ramí­rez dando vida al liber­ta­dor y cabe remar­car su des­treza lin­güís­tica al expre­sarse con flui­dez tanto en espa­ñol como en inglés y francés.

De Chile, ade­más del nota­ble film Glo­ria, llega El Verano de los Peces Vola­do­res, pri­mer film de fic­ción de Mar­cela Said. Su relato tiene como pro­pó­sito esta­ble­cer la con­fron­ta­ción entre los terra­te­nien­tes posee­do­res de la tie­rra en el sur chi­leno y la pobla­ción autóc­tona de la zona a quien se le niega los dere­chos que legí­ti­ma­mente le corres­pon­den. El relato es expuesto a tra­vés de la óptica de la ado­les­cente Manena (Fran­cisca Wal­ker), con­tem­plando el com­por­ta­miento de su padre lati­fun­dista (Gre­gory Cohen) empe­ñado en ins­ta­lar cer­cos para exter­mi­nar unas car­pas de su laguna arti­fi­cial que pro­du­cen ten­sio­nes con el pue­blo mapu­che. Si la idea resulta intere­sante, el guión no está sufi­cien­te­mente desa­rro­llado para que esta crí­tica social cobre aliento dramático.

Ettore Scola en el documental CHE STRANO CHIAMARSI FEDERICO

Ettore Scola en el docu­men­tal CHE STRANO CHIA­MARSI FEDERICO

El vete­rano rea­li­za­dor ita­liano Ettore Scola que ha sido amigo íntimo del genial Fede­rico Fellini le rinde un emo­tivo tri­buto al cum­plirse el 31 de octu­bre pró­ximo el vigé­simo aniver­sa­rio de su desa­pa­ri­ción. En Che Strano chia­marsi Fede­rico. Scola rac­conta Fellini (¡Qué extraño lla­marse Fede­rico!) Scola recons­truye dra­má­ti­ca­mente aspec­tos cla­ves de Fellini com­bi­nando fotos de archivo y extrac­tos de fil­mes con situa­cio­nes de fic­ción. El film comienza cuando el joven Fede­rico llega de Rimini a Roma para incor­po­rarse como ilus­tra­dor grá­fico en la redac­ción de la revista “Marco Aure­lio”. Tra­tando de agu­di­zar su memo­ria, Scola pasa revista a epi­so­dios cla­ves de quien lle­ga­ría a con­ver­tirse en el rea­li­za­dor de obras maes­tras como lo fue­ron La Strada, La Dolce Vita, 8 y medio y Amar­cord, entre otros títu­los ya incor­po­ra­dos a la his­to­ria de los gran­des clá­si­cos del cine uni­ver­sal. Un deta­lle impor­tante que los ciné­fi­los habrán de apre­ciar es la fil­ma­ción rea­li­zada en el Estu­dio 5 de Cine­citta donde Fellini rodó la mayo­ría de sus fil­mes; otros aspec­tos des­ta­ca­bles son la pre­sen­cia de su esposa Giu­lietta Masina a quien ofre­ció siem­pre pala­bras afec­ti­vas como mues­tra del cariño que sen­tía por ella, así como la figura de Mar­ce­llo Mas­troianni que par­ti­cipó en la mayo­ría de sus fil­mes. El film que cul­mina con su muerte mues­tra los sen­ti­mien­tos del pue­blo ita­liano alre­de­dor de su fére­tro para des­pe­dirse de su hijo pró­digo. Un docu­mento emo­tivo que cie­rra con la extra­or­di­na­ria música que Nino Rota com­puso en 8 y medio y que será impres­cin­di­ble para los devo­tos de la obra de Fellini.