El Largo Camino De Un Hom­bre Excepcional

MAN­DELA: LONG WALK TO FREE­DOM. Gran Bretaña-Sudáfrica, 2013. Un film de Jus­tin Chadwick 

La pre­sen­ta­ción de este film no puede ser más opor­tuna por­que, lamen­ta­ble­mente, se pro­duce a pocas sema­nas de la muerte de Man­dela. De allí que esta cir­cuns­tan­cia agre­gue una nota sen­ti­men­tal al valor intrín­seco de la pelí­cula por la reper­cu­sión que tuvo esta extra­or­di­na­ria figura en vida y que a par­tir de ahora la sigue man­te­niendo por el extra­or­di­na­rio legado que ha dejado al mundo. No es la pri­mera vez que el cine aborda a Man­dela pero lo que dis­tin­gue a ésta de otras ver­sio­nes es que aquí se basa en su libro auto­bio­grá­fico del mismo título que el del film, donde se expo­nen los aspec­tos más rele­van­tes de su vida hasta el pre­ciso momento en que des­pués de haber reco­rrido un largo camino logra con­du­cir a su pue­blo a la liber­tad e igual­dad polí­tica de negros y blancos. 

Idris Elba y Naomie Harris

Idris Elba y Nao­mie Harris

Adap­tado por William Nichol­son el relato tiene un pró­logo des­ta­cando rápi­das esce­nas de su infan­cia rural en Sudá­frica, para comen­zar de lleno en 1942 en Sudá­frica mos­trando al joven Man­dela ejer­ciendo su pro­fe­sión de abo­gado, su ini­cia­ción en el Con­greso Nacio­nal Afri­cano (ANC) , de qué modo va adop­tando una fuerte con­cien­cia polí­tica al ver el trato bru­tal que los diri­gen­tes blan­cos dis­pen­san a la pobla­ción negra y pos­te­rior­mente los actos de natu­ra­leza vio­lenta que el ANC comen­za­ría a adop­tar a fin de cam­biar el giro de los acon­te­ci­mien­tos. Si hay algo dife­rente que posi­ble­mente no haya estado en cono­ci­miento del público es que Man­dela no tuvo empa­cho de expre­sar en su libro que el divor­cio de su mujer (Terry Pheto) de su pri­mer matri­mo­nio se debió a que sacri­ficó su vida fami­liar por su incli­na­ción a la polí­tica así como a la natu­ra­leza don­jua­nesca de su per­sona. Poco tiempo des­pués lle­ga­ría a cono­cer a Win­nie (Nao­mie Harris), que como es bien sabido gra­vi­ta­ría en forma sus­tan­cial durante la mayor parte de su exis­ten­cia como su segunda esposa y por su radi­cal acti­vismo polí­tico que la invo­lu­cró com­ple­ta­mente en la causa de jus­ti­cia e igual­dad social que ani­maba a su marido. 

Lo que sigue es mate­rial muy bien cono­cido. Así se pasa revista a la acti­tud de vio­len­cia de Man­dela con­tra el régi­men impe­rante que final­mente lo con­dujo a ser con­de­nado a pri­sión per­pe­tua en 1964 y con­fi­nado por casi tres déca­das en la cár­cel de Rob­ben Island en Ciu­dad del Cabo; durante ese largo período el renom­brado líder del anti-apartheid madura extra­or­di­na­ria­mente lle­gando a la con­clu­sión que el único medio de lograr la caída del odioso sis­tema inhu­ma­ni­ta­rio de la supre­ma­cía blanca sería con méto­dos no vio­len­tos y con­ce­diendo el per­dón a sus per­pe­tra­do­res. El film tam­bién mues­tra rápi­da­mente cómo la denun­cia inter­na­cio­nal del régi­men racista con­duce a su libe­ra­ción par­cial para lle­gar a gozar de com­pleta liber­tad en febrero de 1990 y final­mente lle­gar a la his­tó­rica elec­ción que en 1994 lo con­sa­gra como el pri­mer pre­si­dente negro demo­crá­ti­ca­mente ele­gido de su país. 

Resulta obvio seña­lar que la carrera polí­tica del patriarca sud­afri­cano así como sus años de pri­sión y sufri­miento brin­dan mate­rial sufi­ciente para la emo­ción. Con todo, la direc­ción de Jus­tin Chad­wick se carac­te­riza por ser a lo sumo correcta sin lle­gar a pro­fun­di­zar lo sufi­ciente para tras­cen­der la mera fór­mula de una bio­gra­fía; es ésa falta de ima­gi­na­ción lo que impide que esta pelí­cula alcance el carác­ter épico como en cam­bio lo logró el exce­lente film Ghandi (1982) de Richard Atten­bo­rough. Tam­bién hay algu­nos aspec­tos tra­ta­dos en forma epi­dér­mica como la rela­ción de Man­dela con su pri­mera esposa y fun­da­men­tal­mente algu­nos aspec­tos de la con­tro­ver­tida per­so­na­li­dad de Win­nie Man­dela; en tal sen­tido, el film a tra­vés de una muy breve escena mues­tra que la sepa­ra­ción de la pareja se debió bási­ca­mente por dife­ren­cias de apro­xi­ma­ción polí­tica con res­pecto al trato que se debía dis­pen­sar a la pobla­ción blanca des­pués de que su marido fue libe­rado de la cár­cel, en tanto que la his­to­ria ofi­cial agrega datos que no están con­tem­pla­dos en el relato. 

Lo que sus­tan­cial­mente eleva el valor de esta his­to­ria es la gran inter­pre­ta­ción que rea­liza Idris Elba de Nel­son Man­dela: su actua­ción es con­te­nida pero lo sufi­cien­te­mente intensa como para que el espec­ta­dor pueda iden­ti­fi­carse ple­na­mente con el líder, no solo por una pre­sen­cia física bas­tante apro­xi­mada sino tam­bién en lo que a su voz se refiere y en gene­ral en lo con­cer­niente a la nobleza que emerge de su extra­or­di­na­ria per­so­na­li­dad. Tam­bién cabe dis­tin­guir la buena actua­ción de Harris como Win­nie y en un papel de apoyo se des­taca Lin­diwi Mats­hi­kiza carac­te­ri­zando a la hija ado­les­cente de Nelson.

Tanto el período de época como los dise­ños de pro­duc­ción y fun­da­men­tal­mente el maqui­llaje mar­cando el paso de los años de Man­dela son de óptimo nivel. 

Con­clu­sión: Un relato con­ven­cio­nal y sim­plista con una gran inter­pre­ta­ción de Idris Elba ilus­trando la tra­yec­to­ria de una de las más remar­ca­bles per­so­na­li­da­des del siglo XX.  Jorge Gut­man

Una Vida Fantasiosa

THE SECRET LIFE OF WAL­TER MITTY. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film de Ben Stiller 

En su doble carác­ter de direc­tor y actor, Ben Sti­ller vuelve a tra­tar La Vida Secreta de Wal­ter Mitty, un cuento muy breve de James Thur­ber publi­cado en 1939 y adap­tado para el cine en 1947 teniendo a Danny Kaye como pro­ta­go­nista. Aun­que en algu­nos aspec­tos, esta nueva ver­sión se adhiere a la ori­gi­nal, de todos modos es objeto de con­si­de­ra­bles cam­bios para adap­tar su relato a una visión más contemporánea.

Ben Stiller

Ben Stiller

El actual guión de Steve Con­rad ubica la acción en Man­hat­tan pre­sen­tando a Wal­ter Mitty (Sti­ller), un hom­bre soli­ta­rio, afa­ble y tímido que no alcanza a vis­lum­brar aspec­tos de la vida real que lo con­mue­van mayor­mente. De allí que para mati­zar su opaca exis­ten­cia su mente recu­rre a ela­bo­ra­das fan­ta­sías para sen­tirse dife­rente y tras­cen­dente con rela­ción al medio que lo rodea.

Desem­pe­ñán­dose como archi­vista de foto­gra­fía de la revista Life Maga­zine donde es menos­pre­ciado por su des­agra­da­ble nuevo jefe (Adam Scott) y objeto de burla por sus com­pa­ñe­ros de tra­bajo, se siente fuer­te­mente atraído por Cheryl (Kris­ten Wiig), una nueva empleada que es una madre mono­pa­ren­tal. Pre­ci­sa­mente, dando rienda a sus sue­ños ima­gina que se lanza desde la pla­ta­forma de un tren para sal­var a un perro de tres patas de morir en un edi­fi­cio en explo­sión para así impre­sio­nar a su amada con un gesto heroico.

El ele­mento que impulsa el desa­rro­llo de esta his­to­ria se mani­fiesta por dos hechos impor­tan­tes. Por una parte, la revista dejará de impri­mirse para con­ver­tirse al igual que otros medios perio­dís­ti­cos en una publi­ca­ción en línea, y este acon­te­ci­miento no cons­ti­tuye una buena noti­cia para Wal­ter por el peli­gro de ser des­pe­dido. Simul­tá­nea­mente acon­tece que para su última edi­ción impresa los edi­to­res pien­san incluir en su por­tada la foto de Sean O’Conell (Sean Penn), un pres­ti­gioso fotó­grafo aven­tu­rero y via­jero a tra­vés del mundo; como Wal­ter, ha per­dido el nega­tivo que estaba a su cargo, la única solu­ción al pro­blema es tra­tar de ras­trear y ubi­car a O’Conell. Como con­se­cuen­cia de lo que ante­cede, los sue­ños de nues­tro anti­hé­roe se con­vier­ten en reali­dad cuando súbi­ta­mente se ve envuelto en el inicio de un peri­plo no exento de peli­gros pero cier­ta­mente de gran emo­ción que lo lleva a con­tem­plar impo­nen­tes gla­cia­res en el Ártico, sal­varse de los tibu­ro­nes en la costa de Groen­lan­dia, esca­lar el Hima­laya, elu­dir erup­cio­nes vol­cá­ni­cas en Islan­dia, todo ello en un viaje alre­de­dor del mundo donde lo que Wal­ter expe­ri­menta supera con cre­ces lo que su afie­brada ima­gi­na­ción podía ofre­cerle. 

A pesar que en la pala­bra escrita uno tiene la sen­sa­ción de que el film puede lle­gar a fas­ci­nar, el resul­tado no es de gran inte­rés debido a una narra­tiva desigual donde parte de los ingre­dien­tes con­te­ni­dos ter­mi­nan sin cohe­sio­narse. Así, una pri­mera parte monó­tona y repe­ti­tiva llega a ser com­pen­sada con una segunda más sólida aun­que sin ver­da­de­ra­mente alcan­zar a impre­sio­nar por ser dema­siado enma­ra­ñada y por­que el encuen­tro man­te­nido final­mente con O’Connell en una cima mon­ta­ñosa carece del cli­max que cabría aguar­dar. 

Aun­que hay momen­tos en que el relato des­tila sin­ce­ri­dad y ter­nura en la per­so­na­li­dad de Wal­ter, sobre todo cuando está frente a su compu­tadora esta­ble­ciendo cone­xio­nes román­ti­cas a tra­vés de la red, en líneas gene­ra­les esta come­dia surrea­lista resulta dema­siado tibia como para col­mar de satis­fac­ción. A su favor cuenta con una buena inter­pre­ta­ción de Sti­ller quien ade­más de ofre­cer algu­nas ins­tan­cias de su carac­te­rís­tico humor trata de insu­flar huma­ni­dad a su per­so­naje. 

Con­clu­sión: La his­to­ria de un impe­ni­tente soña­dor en un relato de mode­rado entre­te­ni­mientoJorge Gut­man

Un Buen Film De Los Her­ma­nos Coen

INSIDE LLEWYN DAVIS. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film escrito y diri­gido por Joel y Ethan Coen

Den­tro del pano­rama cine­ma­to­grá­fico de los Esta­dos Uni­dos, los nom­bres de los her­ma­nos Joel y Ethan Coen resul­tan emble­má­ti­cos dado que ade­más de con­si­de­rár­se­los como dos de los más impor­tan­tes cineas­tas inter­na­cio­na­les, su cine se ha carac­te­ri­zado por su gran ori­gi­na­li­dad al pre­sen­tar his­to­rias y per­so­na­jes cier­ta­mente no comu­nes. Posi­ble­mente Inside Llewyn Davis, él ultimo tra­bajo de estos exce­len­tes auto­res de cine, sea uno de lo más direc­tos y menos con­ven­cio­nal­mente excén­tri­cos y a pesar de no alcan­zar la cate­go­ría lograda por títu­los como por ejem­plo lo fue­ron Fargo (1996), Bar­ton Fink (1991) y/o No Coun­try for Old Men (2007), se puede apre­ciar aquí un film serio y com­pe­tente rin­diendo tri­buto a la música folk ame­ri­cana de la década del 60 que en gran medida influyó en lo que este genero musi­cal apor­ta­ría en los años siguientes.

Oscar Isaac

Oscar Isaac

Con una mag­ní­fica ambien­ta­ción de época del Green­wich Village neo­yor­quino que tiene lugar en 1961, poco antes de que irrum­piera la figura icó­nica de Bob Dylan, el relato sigue la tra­yec­to­ria de Llewyn Davis (Oscar Isaac), un can­tante ins­pi­rado leja­na­mente en el músico de culto Dave Van Ronk. En una con­vin­cente des­crip­ción del per­so­naje, el público rápi­da­mente se fami­lia­riza con Llewyn quien llega a Nueva York con el pro­pó­sito de ganarse la vida como ins­tru­men­tista y fol­clo­rista des­pués de que su socio con quien había for­mado un dúo se sui­cidó. De bohe­mia per­so­na­li­dad, con muy poco dinero y sin domi­ci­lio fijo, no tiene reparo en per­noc­tar en donde quien­quiera le ofrezca alber­gue; lo que sí trata es de man­te­ner su inte­gri­dad y dig­ni­dad pro­fe­sio­nal como músico y que acom­pa­ñado de su gui­ta­rra canta intere­san­tes bala­das que ponen a prueba su talento. A dife­ren­cia de otros cole­gas suyos que logran abrirse camino cuando el Village va trans­for­mán­dose de un ambiente cerrado para con­ver­tirse gra­dual­mente en un cen­tro turís­tico, Llewyn no logra tras­cen­der a pesar de sus inna­tas con­di­cio­nes, en parte por­que con su carác­ter poco socia­ble ter­mina alie­nando a las per­so­nas que lo rodean. 

Esen­cial­mente, el relato sigue los pasos de este can­tau­tor a lo largo de una semana mos­trando la inter­re­la­ción que man­tiene con varia­dos per­so­na­jes. Entre los mis­mos figura el vínculo man­te­nido con su resen­tida her­mana (Jea­nine Serra­lles), con algu­nos otros fol­clo­ris­tas como Jean (Carey Mulli­gan) y Jim (Jus­tin Tim­ber­lake), el can­tante Al Cody (Adam Dri­ver), y en espe­cial Roland Tur­ner (John Good­man), un músico de jazz con quien efec­túa un viaje a Chicago para ver si puede rever­tir su situa­ción en la escena musi­cal. 

En un relato donde pre­do­mina más el estu­dio de carac­te­res que el de un desa­rro­llo argu­men­tal tra­di­cio­nal, uno de los aspec­tos que acre­cien­tan el inte­rés del mismo es que nunca resulta pre­vi­si­ble lo que ha de acon­te­cer con la suerte de su enig­má­tico pro­ta­go­nista, a pesar de que el per­so­naje cen­tral no sea una per­sona que par­ti­cu­lar­mente con­quiste la sim­pa­tía del espec­ta­dor. En todo caso, si habría que des­ta­car un fac­tor dra­má­tico por exce­len­cia, eso se pro­duce con Jean quien está fas­ti­diada con Llewyn por haber que­dado emba­ra­zada de él y pidiendo que tome las medi­das nece­sa­rias para prac­ti­car un aborto ilegal.

Con una inob­je­ta­ble y meticu­losa direc­ción los Coen saben cómo ame­ni­zar una his­to­ria con sabro­sos diá­lo­gos; así es como en este caso algu­nos de los mis­mos pro­vo­can genui­nas car­ca­ja­das den­tro del con­texto de una humana his­to­ria que trans­mite con humor la paté­tica per­so­na­li­dad de un indi­vi­duo que en gran parte es el res­pon­sa­ble de su pro­pio des­tino. Isaac es exce­lente como el enig­má­tico, melan­có­lico y paté­tico tro­va­dor, así como tam­bién se des­taca luciendo sus bue­nas cuer­das voca­les en los núme­ros musi­ca­les que le toca eje­cu­tar El resto del elenco es alta­mente com­pe­tente, así como en los ren­glo­nes téc­ni­cos la foto­gra­fía de Bruno Del­bon­nel capta muy bien hasta en los míni­mos deta­lles el espí­ritu crea­tivo de la época en que trans­cu­rre. 

Con­clu­sión: Dicho lo que ante­cede, éste es un film hila­rante a la vez que emo­tivo rela­tando las tri­bu­la­cio­nes vivi­das por un artista del fol­clore que no encuen­tra el nicho apro­piado para resal­tar sus valo­res musi­ca­lesJorge Gut­man

Espí­ritu De Familia

Cró­nica de Jorge Gutman

L’ESPRIT DE FAMI­LLE – Autor: Éric Assous — Adap­ta­ción: Michel Trem­blay  – Direc­ción: Moni­que Duceppe – Elenco: Yves Bélan­ger, Anne Casa­bonne, Antoine Durand, Cat­he­rine Flo­rent, Roger La Rue, Linda Sor­gini, Catherine-Anne Tou­pin — Deco­ra­dos: Nor­mand Blais - Ves­tua­rio: Pierre-Guy Lapointe – Ilu­mi­na­ción: Kareen Houde – Dura­ción : 1h50 (sin entre­acto). Repre­sen­ta­cio­nes: Hasta el 8 de febrero de 2014 en el Théâ­tre Duceppe (www.duceppe.com)

Una escena de L'ESPRIT DE FAMILLE (Foto de la Compagnie Duceppe)

 Una escena de L’ESPRIT DE FAMI­LLE (Foto de la Com­pag­nie Duceppe)

La com­pa­ñía Duceppe con­cluye el año tea­tral con L’esprit de fami­lle, una come­dia que ya fue pre­sen­tada exi­to­sa­mente hace dos años en el tea­tro Rou­ge­mont. Éric Assous es un pro­lí­fico dra­ma­turgo que evi­den­te­mente ya ha explo­rado en varias opor­tu­ni­da­des el tema de la rela­ción de pareja en la época que nos toca vivir.

Cier­ta­mente, esta pieza no revo­lu­ciona el género de la come­dia y tam­poco intenta efec­tuarlo. Sin embargo lo que está claro es que con inge­nio sufi­ciente y sin pre­ten­der emu­lar al genial Molière se puede ela­bo­rar una obra que a pesar de su livian­dad deja cierto mar­gen para la refle­xión, ade­más de ser lo sufi­cien­te­mente diná­mica y diver­tida para que el público dis­frute un par de horas con bue­nos comediantes.

Uno de los fac­to­res cla­ves para que la fór­mula pro­puesta por su autor fun­cione gra­ta­mente en Que­bec es que con inte­li­gente cri­te­rio el texto ori­gi­nal, típi­ca­mente fran­cés, ha sido tras­la­dado al medio de esta pro­vin­cia. A pesar de la uni­ver­sa­li­dad de su tema y de un idioma en común, hay acti­tu­des, com­por­ta­mien­tos y refe­ren­cias de Que­bec que se dis­tin­guen de la cul­tura de Fran­cia; es por ello que gra­cias a la exce­lente adap­ta­ción del talen­toso Michel Trem­blay, resulta más sen­ci­llo lograr una mejor empa­tía con per­so­na­jes de fácil identificación.

Assous des­cribe los lazos fami­lia­res que unen a tres her­ma­nos casa­dos de los cua­les uno de ellos junto con su esposa que han recien­te­mente com­prado una casa de campo, invi­tan a los otros dos con sus res­pec­ti­vas seño­ras para una cena con el pro­pó­sito de cele­brar el acon­te­ci­miento. La ale­gría ini­cial del encuen­tro pro­si­gue hasta el momento de la lle­gada intem­pes­tiva de una seduc­tora visi­tante bien cono­cida por los her­ma­nos y que siem­bra la sos­pe­cha gene­rada entre las con­cu­ña­das por la con­ducta de sus mari­dos; de ese modo se quie­bra el clima de bie­nes­tar fami­liar que había impe­rado hasta ese entonces.

A tra­vés de la excusa del adul­te­rio mas­cu­lino y de su réplica mediante la ven­ganza feme­nina, el autor sumerge al espec­ta­dor en una efec­tiva come­dia donde los rece­los, des­con­fianza, celos, men­ti­ras y secre­tos bien guar­da­dos con­du­cen a acon­te­ci­mien­tos de cierta ver­ti­gi­no­si­dad que gra­cias a la diná­mica puesta en escena de Moni­que Duceppe per­mi­ten que el espec­ta­dor dis­frute sana­mente con esta pro­duc­ción tea­tral. Con per­so­na­jes colo­ri­dos bien deli­nea­dos pero sin caer en este­reo­ti­pos cari­ca­tu­res­cos, diá­lo­gos mor­da­ces y situa­cio­nes genui­na­mente hila­ran­tes ani­ma­dos por un elenco homo­gé­neo de muy buen nivel, he aquí una come­dia cos­tum­brista que sin ser pro­funda satis­face ple­na­mente en su aná­li­sis del deli­cado equi­li­brio que es nece­sa­rio man­te­ner frente a situa­cio­nes ines­pe­ra­das que ponen a prueba el vínculo conyugal. 

La Gran Estafa Americana

AME­RI­CAN HUSTLE. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film de David O. Russell 

Des­pués de Sil­ver Linings Play­book (2012) el rea­li­za­dor David Rus­sell encuen­tra en Ame­ri­can Hustle otro vehículo para con­fir­mar su talento en la direc­ción de acto­res abor­dando un tema basado en el escán­dalo “Abs­cam”; eso tuvo lugar en los últi­mos años de la década del 70 y prin­ci­pios de la siguiente, cuando agen­tes del FBI uti­li­za­ron a Mel Wein­berg, un artista con­victo, para una ope­ra­ción que tenía por objeto des­en­mas­ca­rar a algu­nos ofi­cia­les del gobierno así como a un cierto número de con­gre­sa­les que acep­ta­ban coimas a cam­bio de favo­res polí­ti­cos. Este relato de fic­ción basado en un guión escrito por el rea­li­za­dor y Eric Warren Sin­ger, sigue en parte el desa­rro­llo de esos acon­te­ci­mien­tos aun­que Rus­sell no apuesta tanto al drama sino más bien al género de come­dia donde en muchos aspec­tos trae remi­nis­cen­cias de The Sting (1973), un muy buen film de George Roy Hill con Paul New­man y Robert Red­ford carac­te­ri­zando a dos sim­pá­ti­cos estafadores. 

Christian Bale, Amy Adams y Bradley Cooper

Chris­tian Bale, Amy Adams y Brad­ley Cooper

La trama sigue los pasos de Irving Rosen­feld (Chris­tian Bale), un hom­bre que se dedica a timar a otros indi­vi­duos ven­diendo obras de arte fal­si­fi­ca­das, ade­más de explo­tar una cadena de lavan­de­rías de la cual es dueño. En una reunión social conoce a Syd­ney Pros­ser (Amy Adams), una her­mosa e inte­li­gente mujer con quien man­tiene de inme­diato una gran afi­ni­dad que ser­virá como preám­bulo de una rela­ción sen­ti­men­tal; al poco tiempo, Syd­ney se con­vierte en la socia “pro­fe­sio­nal” de Irving, adop­tando la per­so­na­li­dad de una dis­tin­guida aris­tó­crata bri­tá­nica experta en el mundo de las finan­zas para atraer a incau­tos inocen­tes. Cuando todo pare­cía mar­char mag­ní­fi­ca­mente bien, Richie DiMaso (Brad­ley Cooper), un agente de la FBI, les des­cu­bre su juego y al encon­trarse arrin­co­na­dos, evi­tan ir a la cár­cel con la con­di­ción de cola­bo­rar con la agen­cia para tra­tar de des­en­mas­ca­rar a cier­tos polí­ti­cos des­ho­nes­tos que inclu­yen a algu­nos par­la­men­ta­rios del Con­greso de los Esta­dos Unidos. 

Para comen­zar con el tra­bajo que se les ha asig­nado, Irving y Syd­ney entran en con­tacto con Car­mine Polito (Jeremy Ren­ner), un alcalde de muy buen cora­zón de New Jer­sey, quien nece­sita una impor­tante suma de dinero para la ins­ta­la­ción de un casino que podría gene­rar un con­si­de­ra­ble número de empleos para la comu­ni­dad. De allí en más una situa­ción con­duce a la otra donde a la pos­tre apa­ren­tes fun­cio­na­rios res­pe­ta­bles ter­mi­nan mez­cla­dos con esta­fa­do­res, mafio­sos y otros delin­cuen­tes, para ilus­trar un cua­dro no muy esti­mu­lante de degra­da­ción ética y moral. 

A pesar de que la corrup­ción, mani­pu­la­ción, enga­ños y des­leal­ta­des están pre­sen­tes en la con­ducta de la mayo­ría de los per­so­na­jes, Rus­sell pre­fiere seguir una ruta dife­rente a la tra­di­cio­nal para mos­trar algu­nos de sus ras­gos posi­ti­vos; así en la des­crip­ción que rea­liza de los mis­mos, evita la esque­ma­ti­za­ción para en cam­bio ilus­trar su com­ple­ji­dad, ambi­güe­dad e inse­gu­ri­dad per­so­nal, con­vir­tién­do­los de este modo en con­vin­cen­tes seres huma­nos no exen­tos de bon­dad. Eso se apre­cia cla­ra­mente en el caso de Irving y Syd­ney, dos per­so­nas que tra­tan de modi­fi­car sus vidas a tra­vés de la sólida his­to­ria de amor que los une. 

Cier­ta­mente la trama del film puede resul­tar un poco fami­liar ade­más de inne­ce­sa­ria­mente com­pli­cada, pero lo que aquí importa es la forma diná­mica en que Rus­sell relata esta des­me­su­rada his­to­ria dotán­dola de una extra­or­di­na­ria flui­dez a tra­vés de situa­cio­nes diver­ti­das e impre­vi­si­bles que se van suce­diendo y sazo­na­dos con inge­nio­sos diá­lo­gos. El elenco del film es sen­ci­lla­mente mara­vi­lloso e incluye algu­nos nom­bres que ya han cola­bo­rado con el direc­tor en sus fil­mes pre­ce­den­tes como ocu­rre con Chris­tian Bale y Amy Adams en The Figh­ter (2010) y Brad­ley Cooper, Jen­ni­fer Lawrence y Robert De Niro en Sil­ver Linings Play­book (2012). Bale aporta sim­pa­tía y encanto a su rol de irre­sis­ti­ble truhán así como Adams es la per­fecta seduc­tora y con­fi­dente que ter­mina con­quis­tán­dolo. Cooper brinda ener­gía y vita­li­dad a su papel de ambi­cioso agente fede­ral y en parte su per­so­naje pro­por­ciona algu­nas de las mejo­res secuen­cias del film. En pape­les de apoyo es un deleite con­tem­plar a Lawrence quien demos­trando que es una de las intér­pre­tes más capa­ces de su gene­ra­ción se sumerge de lleno en la irre­pri­mi­ble, mani­pu­la­dora y exas­pe­rante esposa dis­tan­ciada de Irving quien con su con­ducta gra­vita deci­si­va­mente en el deve­nir de los acon­te­ci­mien­tos; tam­bién resulta con­vin­cente la par­ti­ci­pa­ción de Ren­ner como el bien inten­cio­nado polí­tico cuya decen­cia se ve con­fron­tada con ambi­cio­nes que ter­mi­nan impli­cán­dolo en el escán­dalo con­vir­tién­dolo de este modo en una víc­tima cola­te­ral del mismo. Final­mente De Niro, quien no apa­rece en los cré­di­tos del film, en esca­sos minu­tos de apa­ri­ción da nue­vas mues­tras de su tra­di­cio­nal desen­vol­tura ani­mando a un peli­groso mafioso que maneja muy bien el idioma árabe. 

En los ren­glo­nes téc­ni­cos merece des­ta­carse a Judy Becker quien como dise­ña­dora de pro­duc­ción logra una satis­fac­to­ria recrea­ción del ambiente vivido durante los comien­zos de los años 80, la lograda foto­gra­fía de Linus Sand­gren y el aporte musi­cal de Danny Elfman. 

Con­clu­sión: En líneas gene­ra­les, Rus­sell ofrece un film muy agra­da­ble con la par­ti­ci­pa­ción de un con­junto de excep­cio­na­les acto­res que dan vida a extra­va­gan­tes y colo­ri­dos per­so­na­jes.  Jorge Gut­man