Tom en la Granja

TOM AT THE FARM (Tom à la ferme). Canada, 2013. Un film de Xavier Dolan

Xavier Dolan

Xavier Dolan

En su cuarto film el joven rea­li­za­dor Xavier Dolan retorna con un thri­ller psico-erótico donde por pri­mera vez uti­liza un tema que no le per­te­nece. Basado en una pieza de tea­tro de Michel-Marc Bou­chard, Dolan ha par­ti­ci­pado en la ela­bo­ra­ción del guión con­jun­ta­mente con la cola­bo­ra­ción de Bou­chard para abor­dar la his­to­ria de un joven mucha­cho de Mon­treal que por cir­cuns­tan­cias ines­pe­ra­das ve com­pli­cada su vida al invo­lu­crarse con una fami­lia rural cuyos inte­gran­tes no pare­cen guar­dar una cohe­rente acti­tud mental.

Tomán­dose su tiempo, Dolan se solaza en los pri­me­ros 10 minu­tos del film mos­trando a Tom (Dolan) via­jando con su coche hasta lle­gar a des­tino en una zona rural de Que­bec para asis­tir a los fune­ra­les de su amante Gui­llaume; durante el tra­yecto el tema musi­cal Los Moli­nos de tu Pen­sa­miento de Michel Legrand acom­paña melo­dio­sa­mente el pano­rama pas­to­ral que se con­tem­pla a lo largo de la ruta.

Una vez que arriba al lugar pre­visto Tom es bien reci­bido por Agathe (Lise Roy), una viuda que es la madre del difunto viviendo en la ais­lada granja dejada por su marido. Aun­que ella no sabía nada sobre el visi­tante, al ente­rarse de que fue amigo de su hijo le pide que hable en el fune­ral que ten­drá lugar al día siguiente. De inme­diato se sabe que esta mujer igno­raba la orien­ta­ción sexual de Gui­llaume y mani­fiesta su frus­tra­ción por­que Sara, su supuesta novia que vive en Mon­treal, no viene al fune­ral. La nota con­flic­tiva se pro­duce con Fran­cis (Pierre-Yves Car­di­nal), el hijo mayor de Agathe, que sí estaba al corriente sobre la homo­se­xua­li­dad de su her­mano y que res­ponde a una per­so­na­li­dad carac­te­ri­zada por una mar­cada homo­fo­bia y repre­siva sexualidad.

El relato se vuelve más tenso cuando des­pués del fune­ral Fran­cis uti­liza un tono inti­mi­da­to­rio y vio­lento hacia Tom para que no revele la rela­ción que man­tuvo con su her­mano. Las con­ti­nua­das ame­na­zas y agra­vios físi­cos y emo­cio­na­les que el joven recibe de Fran­cis moti­va­rían a que cual­quier per­sona nor­mal aban­do­nara de inme­diato el lugar des­pués del fune­ral, pero obvia­mente eso no sucede. Es allí que el guión adopta un giro radi­cal al ir creando una atmós­fera tur­bia que con­tri­buye a lograr cierto sus­penso psi­co­ló­gico aun­que a expen­sas de resis­tir la cre­di­bi­li­dad; eso se pro­duce en el vínculo homo­eró­tico de natu­ra­leza sado­ma­so­quista –no muy sutil­mente expuesto– que se esta­blece entre Tom y Fran­cis. Simul­tá­nea­mente y para man­te­ner las impos­tu­ras sobre la sexua­li­dad de Gui­llaume frente a Agathe, Tom se comu­nica con Sarah (Evelyne Bro­chu) para que venga a la granja; con su arribo la situa­ción llega a com­pli­carse más aun­que resulte deci­di­da­mente irrealista.

Con el mate­rial del cual dis­pone, Dolan como rea­li­za­dor ofrece un film que atina con momen­tos sor­pren­den­tes pero que en otras ins­tan­cias no logra superar algu­nas incon­gruen­cias del guión cuando los per­so­na­jes se van ale­jando de un com­por­ta­miento humano cohe­rente. Como acon­te­ció con sus fil­mes pre­ce­den­tes este joven rea­li­za­dor acude nue­va­mente a recur­sos visua­les expre­si­vos que con­fir­man una vez más su talento en esta mate­ria tra­tando de com­pen­sar en parte los aspec­tos deli­be­ra­da­mente oscu­ros de un drama psi­co­ló­gico no muy con­vin­cente por la acti­tud incon­sis­tente de sus per­so­na­jes. A su favor, el film cuenta con un homo­gé­neo nivel de inter­pre­ta­ción, donde Roy se des­taca como la madre no del todo nor­mal­mente esta­ble y Car­di­nal demues­tra soli­dez impo­niendo su mal­sana per­so­na­li­dad para pro­te­ger a su her­mano falle­cido y el honor de su fami­lia. En los fac­to­res téc­ni­cos de pro­duc­ción se des­taca la con­tri­bu­ción foto­grá­fica de Andre Tur­pin cap­tando la zona agrí­cola de Quebec.

Con­clu­sión: Un film for­mal­mente agra­da­ble con una his­to­ria de dudosa cre­di­bi­li­dad. Jorge Gut­man

Un Com­pli­cado Fin de Semana

LE WEEK-END. Gran Bre­taña, 2013. Un film de Roger Michell

Una ama­ble y agri­dulce come­dia es lo que Roger Michell ofrece en Le Week-end donde entre­mez­cla armo­nio­sa­mente el roman­ti­cismo pre­va­le­ciente en la gente de avan­zada mediana edad con las desin­te­li­gen­cias pro­pias que sue­len producirse.

Jim Broadbent y Lindsay Duncan

Jim Broad­bent y Lind­say Duncan

El guión de Hanif Kureishi se cen­tra en el matri­mo­nio inglés inte­grado por Nick (Jim Broad­bent), un pro­fe­sor uni­ver­si­ta­rio, y Meg (Lind­say Dun­can), una maes­tra de escuela. Habiendo vivido y com­par­tido sus vidas durante 30 años, deci­den cele­brar el aniver­sa­rio de bodas pasando un fin de semana en París. Cier­ta­mente, se trata de una oca­sión en que la pareja podrá reavi­var la pasión amo­rosa de los años de juven­tud; de allí que Nick haya reser­vado el mismo hotel donde pasa­ron su luna de miel. Sin embargo, al lle­gar a des­tino sur­gen las pri­me­ras dife­ren­cias entre ellos cuando Meg expresa su des­con­tento al ver las con­di­cio­nes decaí­das del esta­ble­ci­miento y fuerza a Nick a des­pla­zarse a otro hotel de mayor con­fort aun­que tam­bién más cos­toso. A par­tir de allí, el film se interna en un terreno más espi­noso al sur­gir con­flic­tos entre las par­tes mani­fes­ta­dos a tra­vés de recri­mi­na­cio­nes y resen­ti­mien­tos mutuos por acon­te­ci­mien­tos pasa­dos y pre­sen­tes que huma­na­mente resul­tan fáci­les de comprender.

El relato atrae por el aná­li­sis rea­li­zado sobre de los com­pro­mi­sos y con­ce­sio­nes que tie­nen lugar en la con­vi­ven­cia con­yu­gal y los moti­vos que jus­ti­fi­can seguir viviendo en pareja. Al pro­pio tiempo la trama tiene su arista melan­có­lica al com­pro­barse cómo algu­nos de los sue­ños o idea­les alen­ta­dos por Nick en sus años jóve­nes resul­ta­ron incumplidos. 

Aun­que de modes­tos alcan­ces, esta come­dia sin ser sen­ti­men­tal se dis­tin­gue por su hones­ti­dad, cali­dez, sen­tido del humor, bue­nos diá­lo­gos como así tam­bién por las bue­nas actua­cio­nes de Dun­can, Broad­bent y Jeff Gold­blum, éste último ani­mando a un viejo amigo ame­ri­cano de Nick que vive en París. De gran ter­nura es el afec­tuoso home­naje que Michell tri­buta a Jean Luc Godard de su film Bande à part que se mani­fiesta en la escena final del relato.

Con­clu­sión: Una agra­da­ble his­to­ria de amor de gente madura que enfo­cando los alti­ba­jos pro­pios que puede expe­ri­men­tar un matri­mo­nio trata de demos­trar las razo­nes que jus­ti­fi­can seguir viviendo jun­tosJorge Gut­man

Una Des­truc­tiva Adicción

NYMP­HO­MA­NIAC VOL I & II. Dinamarca-Alemania-Gran Bre­taña, 2013. Un film escrito y diri­gido por Lars von Trier 

Como su título lo ade­lanta, Lars von Trier aborda en su reciente tra­bajo el tema de la nin­fo­ma­nía. Aun­que por razo­nes de exhi­bi­ción comer­cial se lo pre­senta en dos par­tes sepa­ra­das, se trata de un solo film que de nin­gún modo puede ser con­si­de­rado como uni­da­des independientes. 

Si bien esta fan­ta­sía dra­má­tica no esca­tima en la exhi­bi­ción de des­nu­dos –inclu­yendo geni­ta­les mas­cu­li­nos y feme­ni­nos así como esce­nas de per­ver­si­dad sexual– para des­cri­bir la vida de una nin­fo­ma­níaca, difí­cil­mente puede ser cata­lo­gada como por­no­grá­fica por­que lo expuesto está des­pro­visto de con­te­nido eró­tico que pudiera crear sen­sa­cio­nes esti­mu­lan­tes. Deci­di­da­mente, este pro­vo­ca­tivo film está des­ti­nado al público que fiel­mente sigue los fil­mes del direc­tor danés y a los ciné­fi­los curio­sos en saber qué es lo que su autor aporta sobre el urti­cante tópico tratado. 

Charlotte Gainsbourg

Char­lotte Gainsbourg

Las habi­li­da­des de von Trier como efi­ciente cineasta se mani­fies­tan en las esce­nas ini­cia­les donde en una noche poco cle­mente se observa a una mujer san­grando que se encuen­tra des­va­ne­cida en un calle­jón; al ser des­cu­bierta por un hom­bre que casual­mente tran­sita el lugar, éste la lleva hasta su casa, la recuesta en su cama para que se reponga y le ofrece una taza de té. Al inda­gar sobre qué le ha pasado, Joe (Char­lotte Gains­bourg), que así se llama ella, mani­fiesta a su inter­lo­cu­tor Selig­man (Ste­llan Skars­gard) que se con­si­dera una mala per­sona que ha cau­sado daños a ter­ce­ros; a par­tir de allí comienza a rela­tarle la larga his­to­ria de su vida sexual que habrá de pro­lon­garse durante casi toda la noche hasta las pri­me­ras horas del día siguiente. 

Durante el relato, donde su mayor parte trans­cu­rre en flash­ba­cks, Joe pun­tua­liza que desde su más tierna infan­cia se sin­tió obse­sio­nada con su sexo y su depen­den­cia al mismo. A los 15 años (Stacy Mar­tin) está dis­puesta a per­der su vir­gi­ni­dad y para ello le pide a Jerome (Shia LaBeouf) que la des­flore, hecho que habrá de con­su­marse con la máxima frial­dad. Sobre­viene pos­te­rior­mente la com­pe­ten­cia que Joe y una amiga (Sop­hie Ken­nedy Clark) man­tie­nen durante el trans­curso de un reco­rrido en tren sobre quien de las dos obten­drá el máximo pun­taje en el número de rela­cio­nes sexua­les a ser rea­li­za­das con pasa­je­ros del sexo opuesto. 

La acti­vi­dad sexual de Joe es impa­ra­ble a tra­vés de los múl­ti­ples víncu­los sexua­les con dife­ren­tes pare­jas durante una misma noche; entre los hom­bres se encuen­tra uno casado que entu­sias­mado con ella está dis­puesto a aban­do­nar su fami­lia pero que verá malo­grado su pro­pó­sito cuando su mujer (Uma Thur­man) pro­duce un escán­dalo delante de los mis­mos enros­trán­dole a Joe el enorme daño que causó a su hogar. La vida de esta joven pare­ciera adop­tar un rumbo nor­mal cuando reen­cuen­tra a Jerome, apa­ren­te­mente el gran amor de su vida con quien pos­te­rior­mente lle­gará a tener un hijo. 

A medida que trans­cu­rre el relato, Selig­man escu­cha con aten­ción a su inter­lo­cu­tora y en cada uno de los epi­so­dios narra­dos, el buen hom­bre le pro­vee refe­ren­cias cul­tu­ra­les de dife­rente natu­ra­leza (arte, lite­ra­tura, música, reli­gión) que aun­que no estén nece­sa­ria­mente aso­cia­das al obje­tivo cen­tral del relato, su aporte resulta de gran interés. 

Para con­cluir con la pri­mera mitad de la his­to­ria, el film expone el dolor de Joe frente a la enfer­me­dad de su amado padre (Chris­tian Sla­ter) durante los últi­mos días de su vida en el hos­pi­tal donde está inter­nado. Tam­bién allí su obse­sión motiva a que man­tenga fru­ga­les con­tac­tos sexua­les con per­so­nal del establecimiento. 

En la segunda parte, el relato adquiere con­no­ta­cio­nes más som­brías. No pudiendo libe­rarse de su adic­ción sexual, Joe le cuenta a Selig­man, esta vez como mujer adulta, sus expe­rien­cias con dos cor­pu­len­tos afri­ca­nos en un menage à trois. Otras situa­cio­nes inclu­yen las inten­sas sesio­nes de sado­ma­so­quismo prac­ti­ca­das con un pro­fe­sio­nal en la mate­ria (Jamie Bell) lo cual la lle­vará a aban­do­nar a Jerome y su hijito, la breve tera­pia de grupo a la que asiste pero que en nada la ayuda, así como su vínculo con un acau­da­lado hom­bre de nego­cios (William Dafoe) quien la con­trata para que valién­dose de sus apti­tu­des pueda cobrar las deu­das moro­sas de cier­tos clien­tes. La última etapa es su rela­ción homo­se­xual con una joven (Mia Goth) a quien le enseña su trabajo. 

Glo­bal­mente con­si­de­rado, el film no aporta nin­gún ele­mento que per­mita dilu­ci­dar la con­ducta de Joe donde al no gozar del pla­cer que le pro­duce el sexo resulta difí­cil expli­car su nin­fo­ma­nía. Más ilus­tra­tivo es el per­so­naje de Selig­man, un hom­bre afa­ble y sol­tero que con­fiesa a Joe su vir­gi­ni­dad, ade­más de acla­rar que no es reli­gioso, que per­te­nece a una fami­lia judía y que siendo anti­sio­nista de nin­gún modo es anti­se­mita; esta última afir­ma­ción podría ser con­si­de­rada como un modo en que von Trier desea rec­ti­fi­car el des­afor­tu­nado comen­ta­rio sobre su “sim­pa­tía a Hitler” que efec­tuó hace tres años en el Fes­ti­val de Can­nes por el cual fue decla­rado “per­sona no grata”. 

Sin un men­saje explí­cito, el público apre­cia un film que aun­que muy osado por su con­te­nido, está muy bien rea­li­zado, cuenta con momen­tos de franco humor y ade­más von Trier brinda a tra­vés de sus per­so­na­jes algu­nas obser­va­cio­nes inte­lec­tua­les que se pres­tan a la dis­cu­sión, como cuando alude a la hipo­cre­sía inhe­rente de la con­di­ción humana. 

Con­clu­sión: Un film ambi­cioso con algu­nas esce­nas cho­can­tes que podrían haber sido eli­mi­na­das sin alte­rar su con­te­nido, pero que man­tiene sos­te­nido inte­rés a pesar de sus 4 horas de dura­ción.  Jorge Gut­man

Sabo­res de la India

THE LUN­CH­BOX. India-Alemania-Francia-Estados Uni­dos, 2013. Un film de Ritesh Batra 

Una ori­gi­nal y humana his­to­ria es lo que el rea­li­za­dor Ritesh Batra ofrece en su ópera prima The Lun­ch­box. Dis­puesto a ganar fácil­mente la adhe­sión de cual­quier tipo de audien­cia, el relato des­tila una gran dosis de huma­ni­dad uti­li­zando como excusa la cajita de comida que sirve para trans­por­tar el almuerzo o merienda para los que tra­ba­jan en las fábri­cas o empre­sas de la inmensa ciu­dad de Mum­bai en India. El film intro­duce a los dab­ba­wa­las que son aque­llas per­so­nas que tra­ba­jando en una indus­tria de ser­vi­cios se encar­gan de reco­ger la comida caliente recién pre­pa­rada por las amas de casa y colo­cada en las dab­bas (con­te­ne­do­res o cajas) para su trans­porte desde sus hoga­res hasta los luga­res donde sus mari­dos están emplea­dos para luego devol­ver­las vacías al sitio de origen. 

Irrfan Khan

Irr­fan Khan

En base a lo que ante­cede, el relato enfoca a Ila (Nim­rat Kaur), un ama de casa que para ganar la aten­ción de su marido (Nakul Vaid) que la ha dejado un poco aban­do­nada le envía a su ofi­cina, mediante el sis­tema de ser­vi­cios seña­lado, una comida espe­cial con ape­ti­to­sos ingre­dien­tes sumi­nis­tra­dos por una vecina. Aun­que gene­ral­mente el pro­ce­di­miento del envío al des­ti­na­ta­rio asig­nado no suele fallar, a causa de una con­fu­sión pro­du­cida, la famosa caja con­te­niendo la comida no ter­mina en el escri­to­rio del marido sino en el de Saa­jan (Irr­fan Khan), un con­ta­dor que vive soli­ta­ria­mente desde que su mujer murió y que ahora está a punto de jubi­larse. Cuando el marido de Ila retorna al hogar, ella se da cuenta que la comida pre­pa­rada no lo tuvo a él como des­ti­na­ta­rio sino que a otra per­sona. Teniendo en con­si­de­ra­ción el equí­voco incu­rrido, al día siguiente la mujer en un gesto impul­sivo coloca una nota en la caja donde le revela al des­co­no­cido algu­nas de sus frus­tra­cio­nes per­so­na­les. A par­tir de allí se esta­blece una sin­gu­lar corres­pon­den­cia manus­crita donde Ila y Saa­jan van inti­mando pla­tó­ni­ca­mente, algo pare­cido de lo que suce­día en el film Cha­ring Cross Road (1987) entre los per­so­na­jes ani­ma­dos por Anne Ban­croft y Ant­hony Hopkins. 

La comu­ni­ca­ción esta­ble­cida de dos extra­ños viviendo apar­ta­dos den­tro de una gigan­tesca metró­poli ofrece momen­tos poé­ti­cos a la vez que trae remi­nis­cen­cias de algu­nas de las narra­cio­nes de rea­lismo mágico de la lite­ra­tura lati­noa­me­ri­cana. Con­cen­trando la aten­ción del espec­ta­dor durante todo el relato, esta pelí­cula deli­cada, melan­có­lica a la vez que humo­rís­tica, logra cáli­das inter­pre­ta­cio­nes por parte de Kaur y Khan. Tam­bién y como una suerte de his­to­ria secun­da­ria pero que de nin­gún modo dis­trae de la prin­ci­pal se encuen­tra Shaikh, el asis­tente con­ta­ble, ani­mado con gran sen­si­bi­li­dad por Nawa­zud­din Sid­di­qui, quien está des­ti­nado a reem­pla­zar a Saa­jan en sus fun­cio­nes cuando éste se jubile. Como un joven opti­mista y de buen cora­zón, Shaikh con­tri­buye a rom­per la coraza de acero de Saa­jan com­par­tiendo con él sus horas de ofi­cina y el trans­porte dia­rio desde y hacia el lugar de trabajo. 

El film es un buen ejem­plo de cómo par­tiendo de una pre­misa sen­ci­lla se puede lograr un pequeño y gra­ti­fi­cante film donde ade­más de ilus­trar una idí­lica his­to­ria román­tica entre dos almas soli­ta­rias comu­ni­cán­dose a tra­vés de la pala­bra escrita manual­mente, brinda tam­bién algu­nas face­tas cul­tu­ra­les de inte­rés sobre la gran metró­poli que es Mum­bay; así, entre otros ele­men­tos rele­van­tes, resulta curioso apre­ciar que apa­ren­te­mente la comu­ni­ca­ción elec­tró­nica no es de uso corriente en los luga­res de tra­bajo dado que el manejo de archi­vos y lega­jos de ofi­cina es efec­tuado como en la época en que aún no exis­tían las compu­tado­ras personales. 

Con­clu­sión: Grata y cálida his­to­ria de amor pla­tó­nico entre dos des­co­no­ci­dos.  Jorge Gut­man

El Sueño de Walt Hecho Realidad

SAVING MR. BANKS. Esta­dos Unidos-Gran Bretaña-Australia, 2013. Direc­ción: John Lee Han­cock. Dis­tri­bu­ción: Buena Vista Home Entertainment

Cró­nica de Jorge Gutman

Deci­di­da­mente deli­ciosa, diver­tida, tierna y de gran emo­ti­vi­dad es esta pelí­cula que relata cómo se llegó a fil­mar la novela Mary Pop­pins de la autora de libros infan­ti­les Pamela L. Tra­vers. A esca­sos 3 meses de su estreno, se acaba de edi­tar el video donde se puede vol­ver a dis­fru­tar desde la inti­mi­dad hoga­reña la hila­rante his­to­ria de la bata­lla enta­blada entre Walt Dis­ney (Tom Hanks) y la autora del libro (Emma Thom­pson) teme­rosa de que se crea­ción pudiera que­dar des­vir­tuada en un pro­ducto holly­woo­dense rutinario.

Emma Thompson y Tom Hanks

Emma Thom­pson y Tom Hanks

La acción comienza en Lon­dres en 1961 cuando el agente de Tra­vers le hace ver que su situa­ción finan­ciera es bas­tante pre­ca­ria y que ella debiera acep­tar la invi­ta­ción que Walt Dis­ney le hace desde Los Ánge­les para que viaje a sus estu­dios y dis­cuta per­so­nal­mente con él las con­di­cio­nes para que su libro sea fil­mado. Cabe seña­lar que Dis­ney ya hacía 20 años que estaba intere­sado en fil­mar Mary Pop­pins encon­trán­dose con la per­sis­tente nega­tiva de la nove­lista por­que ella lo con­si­de­raba a él un hom­bre de Holly­wood intere­sado en los nego­cios no teniendo en cuenta que en reali­dad era un genio de la animación.

Encon­trán­dose sin otra opción mejor, Tra­vers decide efec­tuar el viaje pro­puesto por Dis­ney. De firme per­so­na­li­dad y de carác­ter suma­mente irri­ta­ble, desde el pri­mer momento en que se encuen­tra con el per­so­nal que rodea al crea­dor del ratón Mickey, esta dama man­tiene una fría dis­tan­cia. Más aún, cuando se le señala que todo el mundo se comu­nica a tra­vés del nom­bre de pila, ella se opone fir­me­mente a que la lla­men Pamela sino Ms Tra­vers única­mente, acti­tud que tam­bién emplea cuando se dirige a sus interlocutores.

Aun­que la mayor parte de la acción se desa­rro­lla en tiempo pre­sente, a tra­vés de flash­ba­cks el relato pasa revista a epi­so­dios de la infan­cia de Tra­vers (inter­pre­ta­ción estu­penda de la niña Annie Rose Buckley) en 1907 en su tie­rra natal de Aus­tra­lia; ahí se refleja la vin­cu­la­ción man­te­nida con su padre (Colin Farrell) que entre todas sus hijas sen­tía un afecto espe­cial por ella, y los serios pro­ble­mas de salud que lo afec­ta­ron como resul­tado de su incli­na­ción por la bebida y que de alguna forma tuvo que ser tole­rada por su com­pren­siva aun­que inco­mo­dada madre (Ruth Wil­son). Esa figura paterna le sir­vió a Tra­vers de ins­pi­ra­ción para Mary Pop­pins así como al pro­pio tiempo deter­minó muchos de los aspec­tos de carác­ter y per­so­na­li­dad que expli­can su con­ducta actual.

En las con­ver­sa­cio­nes pre­li­mi­na­res, Tra­vers mani­fiesta su inten­ción de man­te­ner el com­pleto con­trol sobre el guión del film y recién fir­mará el con­trato una vez que sean resuel­tas, a su entera satis­fac­ción, todas las obser­va­cio­nes que pudiera rea­li­zar al mismo. Ade­más, una de las con­di­cio­nes fun­da­men­ta­les es que de nin­gún modo el film con­tenga esce­nas de animación.

Cuando Dis­ney está dis­puesto a acep­tar sus exi­gen­cias, comienza el tra­bajo de Tra­vers tanto con el guio­nista del film Don DaGradi (Brad­ley Whit­ford), así como con los her­ma­nos Sher­man (Jason Sch­wart­man y B.J. Novak) res­pon­sa­bles de la música. Gran parte de la hila­ri­dad del relato des­cansa en las exa­ge­ra­das impo­si­cio­nes de la autora por insig­ni­fi­can­tes deta­lles donde tanto el guio­nista como los músi­cos no tie­nen otra alter­na­tiva que la de aguan­tar y tra­tar de adap­tarse a su terri­ble mal genio. A pesar de todo y con un poco de buena volun­tad por parte de DaGradi y los Sher­man, len­ta­mente el pro­yecto va tomando forma bajo el visto bueno de Tra­vers que en un momento dado llega a rom­per el hielo exis­tente cuando exte­rio­riza su entu­siasmo al oír la com­po­si­ción musi­cal “Let’s go fly a kite” que nue­va­mente le trae recuer­dos de su infan­cia. Sin embargo, habrá un con­tra­tiempo ines­pe­rado cuando se entera que el film con­ten­drá una escena ani­mada por pin­güi­nos y eso motiva a que brus­ca­mente se dirija al des­pa­cho de Dis­ney entre­gán­dole el con­trato sin fir­mar y regre­sando a Londres.

El film está muy bien diri­gido y cier­ta­mente el guión de Kelly Mar­cel y Sue Smith merece elo­gios al entre­mez­clar muy bien el pre­sente con el pasado así como tam­bién es des­ta­ca­ble la incor­po­ra­ción de frag­men­tos de núme­ros musi­ca­les de Mary Pop­pins con la música com­puesta por Tho­mas Newman. 

Emma Thom­pson cum­ple un rol insu­pe­ra­ble trans­mi­tiendo mara­vi­llo­sa­mente una per­so­na­li­dad exas­pe­rante que no obs­tante llega a cap­tar la amplia sim­pa­tía del público. A su lado, en un papel que sin ser de reparto tam­poco es pro­ta­gó­nico, Tom Hanks se dis­tin­gue ofre­ciendo un inme­jo­ra­ble desem­peño como el gran crea­dor que aun­que sea un ave­zado hom­bre de empresa reúne al pro­pio tiempo una cali­dez espe­cial en el trato man­te­nido con la gente que lo rodea; más allá que físi­ca­mente pueda no ser una copia fiel de lo que ha sido Dis­ney, en todo momento pre­do­mina el espí­ritu caris­má­tico del artista y sobre todo la capa­ci­dad diplo­má­tica de saber lidiar con una inter­lo­cu­tora de difí­cil carácter.

La edi­ción en Blu-Ray en alta defi­ni­ción es irre­pro­cha­ble y cuenta con dos agra­da­bles suple­men­tos. Uno de ellos “The Walt Dis­ney Stu­dios: From Pop­pins to the Pre­sent” cons­ti­tuye, como su título lo indica, una visión nos­tál­gica de cómo eran los estu­dios Dis­ney en la tiem­pos de la fil­ma­ción de Mary Pop­pins y su evo­lu­ción hasta la pre­sente época. El otro corto tiene lugar a fines de 2012 en el último día de fil­ma­ción donde todo el elenco y equipo par­ti­ci­pante cele­bran jubi­lo­sa­mente el tra­bajo rea­li­zado can­tando y bai­lando al com­pás de “Let’s Go Fly A Kite” como home­naje al com­po­si­tor Richard Sher­man, artí­fice fun­da­men­tal de la música de Mary Poppins.

El video es pre­sen­tado en inglés con pis­tas sono­ras en fran­cés y espa­ñol. Incluye sub­tí­tu­los opta­ti­vos en las 3 len­guas que se apli­can exclu­si­va­mente al film.