Una Nueva Crea­ción de Stijn Celis

LA NUIT TRANS­FI­GU­RÉE 

Con­clu­yendo la tem­po­rada 2013 – 2014 la com­pa­ñía de Les Grands Ballets Cana­diens de Mon­treal (LGBC) pre­sen­tará La Noche Trans­fi­gu­rada, la última crea­ción de Stijn Celis

Nuit Transfigurée

Este gran coreó­grafo y esce­nó­grafo belga es hoy día con­si­de­rado como uno de los más impor­tan­tes artis­tas de la danza con­tem­po­rá­nea, cuyo talento crea­tivo había sido demos­trado desde sus pri­me­ras incur­sio­nes como bai­la­rín en 1991 en oca­sión de un taller coreo­grá­fico del Grand Théâ­tre de Gine­bra, en ese enton­ces bajo la direc­ción de Gra­di­mir Pan­kov. Des­pués ven­drían otros logros con motivo de su par­ti­ci­pa­ción en el Ballet Real de Flan­des, el Ballet de Zurich, el Ballet de Cull­berg y otros con­jun­tos pres­ti­gio­sos de danza de Europa. 

Celis ha tra­ba­jado como esce­nó­grafo para Didy Veld­man y ha sido asis­tente de Jan Verz­wey­veld en varias pro­duc­cio­nes de ópera y tea­tro. Desde 1997 se con­sa­gra exclu­si­va­mente a la coreo­gra­fía y esce­no­gra­fía, habiendo creado obras para el Ballet Gul­ben­kian, el Ballet de Mayence, el Ballet de Nurem­berg, el Ballet de Berna, I.T. Dansa Bar­ce­lona y el Ballet de Islan­dia entre otros. En 2001 obtuvo la dis­tin­ción de “coreó­grafo joven más sobre­sa­liente” en el anua­rio del Ballet Internacional. 

La vin­cu­la­ción del artista con LGBC se remonta a 2001 cuando la com­pa­ñía le enco­mendó Noces, una crí­tica deli­rante sobre los rit­mos del casa­miento, con musica de Stra­vinsky. En 2003 vuelve a cola­bo­rar en Celle qui, dit-on, aurait perdu sa chaus­sure (Cen­dri­llon) y ahora vuelve a hacerlo por ter­cera vez con la crea­ción de La Nuit Transfigurée.

Este ballet con­tem­po­rá­neo está basado en un poema escrito por Richard Deh­mel en 1896 y en la inno­va­dora com­po­si­ción musi­cal La Nuit Trans­fi­gu­rée de Arnold Schoen­berg com­puesta en 1899. La obra está divi­dida en dos par­tes, La Mirada de Orfeo y Noche Trans­fi­gu­rada, pro­por­cio­nando con pro­funda emo­ción la pasión humana y el per­dón, el esla­bón fal­tante entre el amor mítico y el corriente

En la Mirada de Orfeo, que se ins­pira en el mito de Orfeo y Eurí­dice, Orfeo es un dotado músico que se casa con la ninfa Eurí­dice. En el día de la boda, ella perece en forma bru­tal. Devas­tado por la trá­gica desa­pa­ri­ción de su esposa, el angus­tiado Orfeo se dirige al Infierno para con­ven­cer a Hades, la Diosa del sub­mundo, que le res­ti­tuya a su amada.

En la segunda parte que da título al ballet, se observa a a una mujer y un hom­bre paseando en un bos­que oscuro. Ella le revela a su nuevo amante que se encuen­tra emba­ra­zada de otro hom­bre y cada movi­miento que sigue a este anun­cio con­tri­buye a la trans­fi­gu­ra­ción y a la radiante fusión que se esta­blece entre estos dos (¡tres!) dife­ren­tes seres. He ahí la com­bi­na­ción de lo mítico y lo real que Celis ilus­tra con su gran talento e ima­gi­na­ción.

El acom­pa­ña­miento musi­cal está a cargo de la Orches­tre des Grands Ballets, bajo la direc­ción de Flo­rian Zieme e incluye temas de los com­po­si­to­res Anton Webern, Ale­xan­der Zem­linsky, Johan Strauss, Gus­tav Mah­ler y Arnold Schoenberg.

La pri­mi­cia mun­dial de La Nuit Trans­fi­gu­rée ten­drá lugar el jue­ves 15 de mayo (20h) en el Tea­tro Mai­son­neuve, habiendo repre­sen­ta­cio­nes adi­cio­na­les, los días 16 y 17 de mayo (20h), así como los días 22, 23 y 24 de mayo (20h). (www.grandsballets.com)

Dos Films Basa­dos en una Tri­lo­gía Marsellesa

MARIUS. FANNY. Fran­cia, 2013. Direc­ción: Daniel Auteuil. Dis­tri­bu­ción. Métro­pole (2014) 

Cró­nica de Jorge Gutman

El actor fran­cés Daniel Auteuil ha demos­trado sen­tirse atraído por el dra­ma­turgo Mar­cel Pag­nol y es así que des­pués de haber inter­pre­tado Jean de Flo­rette y Manon de Source basado en sus obras, hace 3 años deci­dió diri­gir su pri­mera pelí­cula con La fille du pui­sa­tier, otra de sus nove­las. Ahora vuelve a con­si­de­rarlo como rea­li­za­dor e intér­prete abor­dando las dos pri­me­ras obras de su famosa tri­lo­gía mar­se­llesa inte­grada por Marius, Fanny y Cesar, que ya habían sido tras­la­da­dos al cine durante la década del 30 y que en ese enton­ces logra­ron un gran éxito tanto del público como de la crítica. 

Victoire Belezy y Raphaël Personnaz en MARIUS

Vic­toire Belezy y Rap­haël Per­son­naz en MARIUS

Antes que nada diga­mos que aun­que Marius y Fanny hayan sido estre­na­das como dos pelí­cu­las inde­pen­dien­tes, la segunda no es una secuela de la pri­mera sino su con­ti­nua­ción natu­ral. Hecha esta acla­ra­ción, cabe seña­lar que la his­to­ria se desa­rro­lla en Mar­se­lla donde el joven Marius (Rap­haël Per­son­naz), es un indi­vi­duo soña­dor cuya pasión hacia el mar lo hace desear poder unirse a algu­nos de los bar­cos mer­can­tes que mero­dean por el puerto para así lle­gar a cono­cer el mundo; mien­tras tanto tra­baja en el café de su padre César (Daniel Auteuil) y no muy lejos de allí se encuen­tra la bella Fanny (Vic­toire Belezy), una ven­de­dora de maris­cos, que es su amiga de infan­cia. Posi­ble­mente por una incons­ciente timi­dez de ambos, nin­guno de los dos llegó a con­fe­sar la atrac­ción amo­rosa que siente el uno por el otro. Cuando en un momento dado Fanny res­ponde a los flir­teos de Panisse (Jean Pie­rre Darrous­sin) un maduro sol­tero de buena posi­ción eco­nó­mica que la pre­tende, el celoso Marius le declara su amor. Enamo­ra­dos y feli­ces, todo está pre­pa­rado para una boda inmi­nente, pero cuando Fanny se da cuenta que la atrac­ción de su amado hacia el mar es muy grande, ella sacri­fica su feli­ci­dad esti­mu­lán­dolo a par­tir en un largo viaje. Mien­tras que en esta pri­mera parte el film enfoca a Marius, la segunda parte con­sa­grada a Fanny comienza cuando ella des­cu­bre que está emba­ra­zada; de común acuerdo con César y urgida por su madre (Marie-Anne Cha­zel) acepta final­mente casarse con Panisse; el noble hom­bre ade­más de reco­no­cer al hijo que está en ges­ta­ción dán­dole su ape­llido se com­pro­mete a edu­carlo como si bio­ló­gi­ca­mente se tra­tara del suyo. Des­pués del naci­miento de su hijo, la his­to­ria adopta un cariz ines­pe­rado cuando se pro­duce el regreso de Marius quien decide ins­ta­larse nue­va­mente en la ciu­dad para recon­quis­tar a Fanny y a su hijo.

Victoire Belezy y Jean Pierre Darroussin en FANNY

Vic­toire Belezy y Jean Pie­rre Darrous­sin en FANNY

Es posi­ble que la his­to­ria de Marius y Fanny según los pará­me­tros de las cos­tum­bres y valo­res de la socie­dad actual resulte para cierto público añeja o demodé. Pero lo cierto es que todas las obras fil­ma­das de Pag­nol, y en este caso los dos fil­mes comen­ta­dos no son excep­cio­nes, tra­sunta gran huma­ni­dad. Si hay algo que obje­tar de Auteuil como rea­li­za­dor es que res­pe­tando a pie jun­ti­llas el texto de su autor, no logra des­po­jarlo de su estruc­tura tea­tral; con todo la sólida actua­ción del elenco hace que este román­tico drama de modes­tas ambi­cio­nes resulte agra­da­ble de con­tem­plar por la sen­ci­llez, ter­nura y sim­pa­tía que exuda. 

Ambos DVDs están edi­ta­dos en su ver­sión ori­gi­nal fran­cesa con sub­tí­tu­los opta­ti­vos en inglés.

La Seño­rita Julie

MIES JULIE. Autor y Direc­ción: Yael Far­ber. — Elenco: Bon­gile Man­tsai, Hilda Cronje, Zoleka Helesi — Deco­ra­dos e Ilu­mi­na­ción: Patrick Cur­tis – Música: Daniel y Matt­hew Pence - Dura­ción: 95 minu­tos (sin entre­acto) — Repre­sen­ta­cio­nes: hasta el 3 de mayo de 2014 en la Cin­quième Salle de la Place des Arts

Cró­nica de Jorge Gutman

Esta pro­duc­ción del Bax­ter Thea­tre Cen­tre de la Uni­ver­si­dad de Cape Town, diri­gida y escrita por Yael Far­ber, está basada en la pieza Miss Julie del acla­mado autor sueco August Strind­berg que fue escrita en 1888, refle­jando en forma rea­lista la lucha de cla­ses, la humi­lla­ción, el amor y la luju­ria a tra­vés de la bata­lla de los sexos.

Bongile Mantsai e Hilda Cronje

Bon­gile Man­tsai e Hilda Cronje

Si bien el texto ori­gi­nal de Strind­berg trans­cu­rre en la noche de San Juan de 1874 en el estado de Count de Sue­cia den­tro del marco de una socie­dad estra­ti­fi­cada, la dra­ma­turga optó por tras­la­dar la acción a 2012 en Karoo, una región semi­de­sér­tica de Sudá­frica. Com­pro­me­tida con brin­dar un tea­tro polí­tico que tras­cienda y sacuda a la audien­cia, Far­ber logra amplia­mente su pro­pó­sito al demos­trar que aun­que el apart­heid afor­tu­na­da­mente ya no existe más, con todo el legado del gran Man­dela no ha podido eli­mi­nar aún la desigual­dad social exis­tente donde la mino­ría blanca que sigue man­te­niendo el poder eco­nó­mico; de allí que el espí­ritu de recon­ci­lia­ción que emer­gió en las recien­tes déca­das se con­tra­pone con la res­ti­tu­ción de las tie­rras a la mayo­ría negra que aún queda pen­diente de resol­ver y en donde las injus­ti­cias aún prevalecen.

La his­to­ria de Strind­berg escrita nue­va­mente por Far­ber tran­su­cu­rre durante las fes­ti­vi­da­des del “Free­dom Day” –el día en que el apart­heid quedó derogado-, en la cocina de la ser­vi­dum­bre. Allí se encuen­tra John (Bon­gile Man­tsai), un tra­ba­ja­dor negro, y su madre Chris­tine (Zoleka Helesi) que se desem­peña como domés­tica para el dueño de la man­sión, un rico terra­te­niente blanco. Ahí llega la joven y vir­gi­nal Julie (Hilda Cronje), la hija del patrón, quien dis­puesta a apar­tarse de las con­ven­cio­nes de su medio social se dis­pone a sedu­cir al muscu­loso John; a pesar de la resis­ten­cia que éste le opone dado que es lúcido y cons­ciente de la clase social a la cual per­te­nece, Julie logra com­ple­tar su juego amo­roso pdiendo ven­cer su resis­ten­cia. La ten­sión sexual que pre­va­lece en toda esta arti­cu­lada coreo­gra­fía de la seduc­ción, con­duce a un duelo car­nal entre dos seres de razas dife­ren­tes donde la pasión ardiente alcanza un nivel de sexua­li­dad ani­mal inusitado.

El breve reparto de esta obra es nada menos que mara­vi­lloso. Man­tsai, brinda una fuerza inusi­tada a su rol del mismo modo que Cronje en el papel titu­lar; ambos acto­res trans­mi­ten la eró­tica inten­si­dad que anima a sus per­so­na­jes a tra­vés de los diá­lo­gos que man­tie­nen y sus remar­ca­bles expre­sio­nes ges­tua­les y cor­po­ra­les. Con todo, el mérito mayor del bri­llante espec­táculo per­te­nece a Far­ber quien en su doble con­di­ción de direc­tora y guio­nista ha logrado crear un drama que reper­cute hon­da­mente por su con­te­nido social y polí­tico; de allí que no resulte extraño la gran reper­cu­sión inter­na­cio­nal que ha obte­nido gra­cias a la exce­lente adap­ta­ción rea­li­zada y a la inob­je­ta­ble puesta escé­nica de la obra. Un deta­lle impor­tante que con­tri­buye a crear una atmós­fera espe­cial al desa­rro­llo del relato es la música Xhosa eje­cu­tada con ins­tru­men­tos regio­na­les, con una banda sonora de natu­ra­leza ago­rera con­ce­bida por los com­po­si­to­res Daniel y Matt­hew Pen­cer; igual­mente posi­tiva es la par­ti­ci­pa­ción del can­tante Than­diwe Nofirst Lungisa.

Con­clu­sión: La explo­ra­ción de una rela­ción inter­ra­cial que pueda eli­mi­nar las barre­ras socia­les en la Sudá­frica de la era actual, alcanza nota­ble gran­deza dra­má­tica en la inte­li­gente visión de Yael Far­ber.

Los Vam­pi­ros Tam­bién Aman

ONLY LOVERS LEFT ALIVE. Gran Bretaña-Alemania, 2013. Un film escrito y diri­gido por Jim Jarmush

Inter­nán­dose en un terreno inusual, Jim Jar­mush ofrece un relato román­tico de una atí­pica pareja de vam­pi­ros huma­nos. El rea­li­za­dor, que por pri­mera vez filma una pelí­cula en forma digi­tal, insu­fla a su relato con música y cierto con­te­nido poé­tico, aun­que sin dejar de lado los cli­chés pro­pios del género.

Tilda Swinton y Tom Hiddleston

Tilda Swin­ton y Tom Hiddleston

Los aman­tes sobre­vi­vien­tes que dan título al film son dos vam­pi­ros que viven en dife­ren­tes luga­res del pla­neta pero que a pesar del espa­cio geo­grá­fico que los separa el amor per­ma­nece intacto entre ellos. Adam (Tom Hidd­les­ton) es un músico rockero en estado depre­sivo y sin gran moti­va­ción que reside en una gótica casa de la decaída ciu­dad de Detroit; este sujeto parece evi­den­ciar cierto can­san­cio por una inmor­ta­li­dad no del todo deseada des­pués de haber vivido lar­ga­mente durante varios siglos. Com­ple­ta­mente retraído del mundo exte­rior por des­pre­ciar a la socie­dad en que vive, su con­tacto con huma­nos lo rea­liza a tra­vés de dos per­so­nas; una de ellas es el Dr. Wat­son (Jef­frey Wright) quien le sumi­nis­tra la san­gre obte­nida del hos­pi­tal local donde tra­baja, de modo que Adam no nece­sita ata­car a la gente para poder ali­men­tarse; el otro humano es Ian (Anton Yel­chin), un músico colega que le pro­vee gui­ta­rras y/o balas en el caso que opte sui­ci­darse. Eve (Tilda Swin­ton), la esposa de Adam, habita en Tán­ger y res­ponde a un carác­ter total­mente opuesto al suyo por cuanto dis­fruta ple­na­mente de su exis­ten­cia y sus incli­na­cio­nes inte­lec­tua­les le per­mi­ten gozar en las con­ver­sa­cio­nes lite­ra­rias man­te­ni­das con el cen­te­na­rio poeta vam­piro Chris­top­her Mar­lowe (John Hurt) quien parece haber sido el autor de las obras de Shakespeare.

El reen­cuen­tro del matri­mo­nio se pro­duce cuando Eve en una con­ver­sa­ción de video que man­tiene con su marido lo nota des­es­pe­ran­zado; es así que ella vuela de inme­diato a Detroit para tra­tar de esti­mu­larlo sobre las cosas lin­das que la vida puede seguir ofre­cién­do­les a pesar de estar rodea­dos de zom­bies, tal como ellos deno­mi­nan a los huma­nos a quie­nes cali­fi­can de estú­pi­dos. El román­tico encuen­tro de estas dos almas geme­las se ve alte­rado con la lle­gada ines­pe­rada de Ada (Mia Wasi­kowska), la rebelde e iras­ci­ble her­mana menor de Eve, quien per­turba la inti­mi­dad de los enamo­ra­dos. Si bien el tono de come­dia melan­có­lica está bien logrado, la última parte del relato con su dra­má­tico desen­lace resulta deslucida.

Argu­men­tal­mente, la his­to­ria es rela­ti­va­mente ende­ble y lán­guida sin que pase mucho en su desa­rro­llo como para sus­ci­tar intriga o gran emo­ción; sin embargo lo que tras­ciende en este film es la buena inter­pre­ta­ción cen­tral de Hidd­les­tone y Swin­ton quie­nes den­tro de las carac­te­rís­ti­cas espe­cia­les impues­tas por el relato trans­mi­ten ade­cua­da­mente los sen­ti­mien­tos que ani­man a sus per­so­na­jes. Con­tras­tando el nihi­lismo de Adam con la lumi­no­si­dad de Eve, ambos intér­pre­tes dotan a sus per­so­na­jes una apre­cia­ble melan­co­lía. Ade­más de un humor iró­nico –carac­te­rís­tico de las pelí­cu­las de Jar­mush– el film se nutre de refe­ren­cias rela­cio­na­das con la cien­cia, lite­ra­tura, danza y otras ramas de la cul­tura que se aco­plan ade­cua­da­mente al mismo.

Visual­mente ele­gante, la foto­gra­fía de Yorick le Saux crea la atmós­fera nece­sa­ria fun­cio­nal a la trama donde, entre otros ele­men­tos, queda resal­tada la desolada visión noc­turna de Detroit. Final­mente Jar­mush, que antes que cineasta fue músico, otorga espe­cial aten­ción a la banda sonora, sobre todo por­que la música juega en este film un rol impor­tante; para ello contó con la par­ti­ci­pa­ción de Jozef van Wis­sem y Sqürl, inclu­yendo tanto música clá­sica como así tam­bién melo­días de carác­ter popu­lar mati­zada por las can­cio­nes de Wanda Jack­son, Denise la Salle o bien la ofre­cida por la exce­lente can­tante liba­nesa Yas­mine Hamdam.

Con­clu­sión: Una enso­ña­dora his­to­ria de vam­pi­ros un tanto des­ni­ve­lada que con­for­mará a los ciné­fi­los adic­tos al cine de Jar­mush.  Jorge Gut­man

Tris­tes Secue­las de la Guerra

THE RAIL­WAY MAN. Australia-Gran Bre­taña, 2013. Un film de Jonat­han Teplitzky 

El tema de la Segunda Gue­rra Mun­dial ya visto en innu­me­ra­bles pelí­cu­las es con­si­de­rado nue­va­mente en The Rail­way Man tomando como refe­ren­cia el drama real vivido por Eric Lomax como inte­grante de las fuer­zas arma­das bri­tá­ni­cas en el con­ti­nente asiá­tico durante ese dra­má­tico período. El rea­li­za­dor Jonat­han Teplitzky se ins­piró en dichos acon­te­ci­mien­tos narrando una his­to­ria de per­dón y recon­ci­lia­ción en un relato que aun­que bien inten­cio­nado nunca logra cun­dir emo­cio­nal­mente como debiera.

 Colin Firth y Nicole Kidman

Colin Firth y Nicole Kidman

El rea­li­za­dor se basó en el libro auto­bio­grá­fico que Lomax publicó en 1995 y que adap­tado por los guio­nis­tas Frank Cot­trell Boyce y Andy Pater­son comienza en 1983 cuando Eric (Colin Firth) se encuen­tra via­jando en un tren esco­cés y conoce a la bonita Patti (Nicole Kid­man); de inme­diato queda esta­ble­cida una sim­pa­tía recí­proca que con­duce al romance y pos­te­rior casa­miento. Poco tiempo des­pués de la boda, y sin que nada lo pre­sa­giara, Lomax demues­tra sig­nos del pro­fundo trauma que lo embarga a tra­vés de dra­má­ti­cas pesa­di­llas que le revi­ven el drama vivido durante el con­flicto bélico cuando en 1942 es apre­sado en Sin­ga­pur como pri­sio­nero de gue­rra por parte del ejér­cito japo­nés. De esta manera, el comienzo román­tico del relato cede lugar a una his­to­ria de horren­das alu­ci­na­cio­nes sufri­das por Eric quien explí­ci­ta­mente se niega a hablar sobre el tema con su esposa. Patti, en su intento de ayu­darlo, recu­rre a Fin­lay (Ste­llan Skars­gard), un amigo de Eric que corrió su misma suerte, quien le hace saber lo que real­mente acon­te­ció durante el cau­ti­ve­rio de su esposo. 

A tra­vés de flash­ba­cks que­dan refle­ja­dos el vía cru­cis de Lomax (inter­pre­tado de joven por Jeremy Irvine) quien como experto en tre­nes fue for­zado a tra­ba­jar en Tai­lan­dia en la cons­truc­ción de la línea ferro­via­ria que uni­ría a ese país con Bir­ma­nia; como con­se­cuen­cia de haber fabri­cado una secreta radio recep­tora de infor­ma­ción, Lomax es some­tido a las más exe­cra­bles tor­tu­ras por parte de Nagase (Tan­roh Ishida), un joven ofi­cial nipón. Esa dolo­rosa expe­rien­cia marca el futuro de su exis­ten­cia al tener que con­vi­vir en forma trau­má­tica con los fan­tas­mas del pasado. Lo sor­pren­dente es que al fina­li­zar la gue­rra el cri­mi­nal logra esca­par sin ser cas­ti­gado y vol­viendo al pre­sente se lo ve a Nagase (ahora inter­pre­tado por Hiro­yuki Sanada) tra­ba­jando como guía turís­tico en los mis­mos cam­pos donde los pri­sio­ne­ros estu­vie­ron inter­na­dos y tor­tu­ra­dos. Cuando Lomax llega a ubi­carlo y lo con­fronta con el pro­pó­sito de ven­garse por haberle arrui­nado la vida, surge enton­ces una acti­tud de increí­ble gene­ro­si­dad de su parte per­do­nando a ese sádico inhumano. 

Si bien lo que el film quiere refle­jar es la con­ducta de un indi­vi­duo sufrido que a tra­vés de un acto de catar­sis trata de expul­sar defi­ni­ti­va­mente los demo­nios que lo ago­bian, la narra­ción de Teplitzky impide com­pren­der el com­por­ta­miento psi­co­ló­gico de quien fue espan­to­sa­mente tra­tado. Pero lo más obje­ta­ble del relato es que no crea el clima nece­sa­rio como para que el espec­ta­dor pueda acep­tar con con­vic­ción el lazo de comu­ni­ca­ción que se enta­bla entre la víc­tima y su anti­guo ver­dugo, a pesar de tra­tarse de una his­to­ria verí­dica. Aun­que el film reúne todos los ele­men­tos como para desa­rro­llar un relato potente capaz de emo­cio­nar, la errá­tica direc­ción impide que adquiera la fuerza nece­sa­ria para que uno se invo­lu­cre de lleno en lo que está suce­diendo, a pesar de la efec­ti­vi­dad de Firth así como de Irvine en la carac­te­ri­za­ción de Lomax. La par­ti­ci­pa­ción de Kid­man es secun­da­ria y la rela­ción de su per­so­naje con el de su marido no alcanza a tener espe­cial relevancia. 

Con­clu­sión: Una triste his­to­ria que aun­que ver­da­dera carece de la fuerza nece­sa­ria para lle­gar a con­mo­ver.  Jorge Gut­man