Ecos de Cannes

BALANCE DE CAN­NES 2014 

Cró­nica de Jorge Gutman

Ya ha con­cluido una nueva edi­ción del Fes­ti­val de Can­nes. En líneas gene­ra­les den­tro de la com­pe­ten­cia ofi­cial no hubo como en años ante­rio­res un título que haya con­mo­cio­nado o hecho his­to­ria como lo fue La Vida de Adèle en 2013 y Amour en 2012 pero en todo caso cabe seña­lar que den­tro de los 18 fil­mes ele­gi­dos para com­pe­tir por la Palma de Oro hubo algu­nos de gran cali­dad, otros bue­nos y tam­bién algu­nas decep­cio­nes que con todo no alcan­za­ron a empa­ñar la pro­gra­ma­ción global.

LOS PAL­MA­RES DE LA SELEC­CIÓN OFICIAL

Haluk Bilginer y Melisa Sozen en  WINTER SLEEP

Haluk Bil­gi­ner y Melisa Sozen en WIN­TER SLEEP

He aquí los pre­mios más impor­tan­tes en la selec­ción ofi­cial comen­zando pri­me­ra­mente por la com­pe­ten­cia ofi­cial. El jurado pre­si­dido por la rea­li­za­dora Jane Cam­pion deci­dió adju­di­car la Palma de Oro a la pelí­cula turca Win­ter Sleep (Sueño de Invierno) del direc­tor Bilge Cey­lan y que per­so­nal­mente tam­bién estimo que ha sido el mejor film de la mues­tra. A pesar de su dura­ción de 3 horas y 16 minu­tos y de su estruc­tura tea­tral, el relato escrito por el rea­li­za­dor junto con Ebru Cey­lan en nin­gún momento decae per­mi­tiendo a la audien­cia apre­ciar un exce­lente drama. Ins­pi­rado en Anton Che­jov y con remi­nis­cen­cias del cine de Ing­mar Berg­man (Esce­nas de la Vida Con­yu­gal),el film ubica la acción en una pequeña aldea de las este­pas de Cap­pa­do­cia, siguiendo los pasos los pasos de Aydin (Haluk Bil­gi­ner), un actor reti­rado y dueño de un hotel allí encla­vado que heredó de su padre así como de tie­rras que arrienda; su inten­ción es recluirse para escri­bir una his­to­ria del tea­tro turco y mien­tras pro­cede a hacerlo, este inte­lec­tual y ego­cén­trico indi­vi­duo dis­cu­rrer a tra­vés de lar­gas e inten­sas esce­nas con su fiel asis­tente (Ayberk Pek­can), su her­mana divor­ciada Necla (Demet Akbag), su joven y dis­tan­ciada esposa Nihal (Melisa Sozen) así como uno de sus pobres arren­da­ta­rios (Ser­hat Kilic) que lo resiente pro­fun­da­mente. El resul­tado cons­ti­tuye un pro­fundo y absor­bente ensayo sobre la con­di­ción humana así como una meticu­losa obser­va­ción de las dife­ren­tes cla­ses socia­les de Tur­quía que en muchos aspec­tos alcanza dimen­sión universal.

El Grand Prix del Jurado, segundo en orden de impor­tan­cia, fue adju­di­cado al film ita­liano Le mera­vi­glie de Alice Rohr­wa­cher. La his­to­ria que trans­cu­rre en los años 80 gira en torno de una humilde fami­lia de gran­je­ros de la región de Umbría dedi­ca­dos a la pro­duc­ción de miel, en donde el severo padre (Sam Louwyck) recluye a sus cua­tro hijas del mundo exte­rior para pro­te­ger­las del “fin del mundo”; todo cam­biará cuando la hija mayor preado­les­cente (Maria Ale­xan­dra Lungu) aspi­rando a un por­ve­nir más alen­ta­dor decide par­ti­ci­par en un pro­grama tele­vi­sivo pre­sen­tado por una mag­né­tica y mis­te­riosa hada madrina (Monica Bellucci) que habrá de cam­biar su vida. Sen­ci­lla, pero humana ilus­trando el pro­ceso de madu­rez de su pro­ta­go­nista den­tro del marco de una exis­ten­cia rural, la pelí­cula se apoya en una trama un poco ende­ble sin lle­gar a tener la tras­cen­den­cia que jus­ti­fi­que la impor­tan­cia del pre­mio recibido.

 Antoine Olivier Pilon en MOMMY

Antoine Oli­vier Pilon en MOMMY

El Pre­mio del Jurado que le sigue en orden jerár­quico ha sido atri­buido ex aquo a Mommy de Xavier Dolan y a Adieu au lan­gage de Jean-Luc Godard. El film de Dolan es el más logrado de su corta y pro­lí­fera carrera donde al igual que en su pri­mer título J’ai tué ma mère (2009) enfoca la rela­ción entre un hijo y su madre aun­que en este caso vuel­que más su sim­pa­tía y com­pren­sión a la figura materna. El relato que está fil­mado en for­mato 1:1 que le da un encua­dre ver­ti­cal en lugar del acos­tum­brado hori­zon­tal, se cen­tra en Steve (Antoine Oli­vier Pilon), un ado­les­cente de 15 años que padece de un tras­torno de com­por­ta­miento que lo vuelve hiper­ac­tivo, impul­sivo y con défi­cit de aten­ción; eso motiva que no pueda seguir inter­nado en el esta­ble­ci­miento esco­lar al que con­cu­rría y que Diane (Anne Dor­val), su madre mono­pa­ren­tal con pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, tenga que hacerse cargo del mismo. A tra­vés del gran esfuerzo de amor y com­pren­sión hacia un hijo con el cual es prác­ti­ca­mente impo­si­ble de con­vi­vir, Dolan demues­tra de qué forma puede siem­pre alen­tarse algún gesto de espe­ranza en esa rela­ción sim­bió­tica de amor y odio enta­blado entre ambos; a ellos se les une Kyla (Suzanne Cle­ment), una vecina que es pro­fe­sora y un poco tar­ta­muda que brin­dará soli­da­ri­dad y afecto al mucha­cho a la vez que cons­ti­tuye un ele­mento de influen­cia posi­tiva en la rela­ción esta­ble­cida entre Diane y Steve. Aun­que el film llega en algu­nas ins­tan­cias a des­me­su­rarse emo­cio­nal­mente, donde sus per­so­nas gri­tan en lugar de hablar y la ecléc­tica atrac­tiva música (Celine Dion, Dido, Oasis, etc.) resulta a veces un poco estri­dente, el público se encuen­tra con un film de gran ter­nura y com­pa­sión, mag­ní­fi­ca­mente diri­gido, exce­len­te­mente inter­pre­tado y en donde el apre­cia­ble estilo visual, carac­te­rís­tico en los tra­ba­jos de este joven rea­li­za­dor, se equi­li­bra muy bien con su contenido.

En cuanto a Adieu au lan­gage, su título tra­duce cla­ra­mente lo que es el film, una des­pe­dida al len­guaje cine­ma­to­grá­fico, a la bana­li­dad de las pala­bras como así tam­bién a los per­so­na­jes que ani­man un relato. Rodado en 3D donde el empleo de este recurso es de índole com­ple­ta­mente arte­sa­nal sin que refuerce los valo­res del film, el mismo está estruc­tu­rado a modo de un collage con video­clips donde nin­guno de los mis­mos está rela­cio­nado entre sí; más aún, la expo­si­ción frag­men­ta­ria con secuen­cias inte­rrum­pi­das y una banda sonora impreg­nada de rui­dos moles­tos con­fi­gu­ran una visión que para cierto público le podrá resul­tar fas­ci­nante mien­tras que otro sec­tor de la audien­cia lo encon­trará frus­trante. La narra­tiva prác­ti­ca­mente inexis­tente está con­fi­nada a una mujer casada y un hom­bre sol­tero haciendo el amor para luego agre­dirse o bien diva­gar en con­ver­sa­cio­nes apa­ren­te­mente filo­só­fi­cas que no tie­nen mayor sen­tido; a todo ello se obser­vará la pre­sen­cia de un perro paseando desde un con­texto urbano a otro rural. No falta la voz en off haciendo refe­ren­cias a fra­ses suel­tas y fuera de con­texto como “la coin­ci­den­cia de que en 1933 se pro­duce el adve­ni­miento de la tele­vi­sión y la lle­gada de Hitler al poder” o bien que “si los rusos lle­gan a ser euro­peos, deja­rán de ser rusos”, para citar algu­nos ejem­plos. Curio­sa­mente las voces y los soni­dos no se corres­pon­den y la estri­dente música no alcanza a mejo­rar la situa­ción. El rea­li­za­dor no deja de mos­trar su gran cono­ci­miento cul­tu­ral con refe­ren­cias aso­cia­das a nota­bles per­so­na­li­da­des, pero al mismo tiempo se da el lujo de brin­dar algu­nas esce­nas esca­to­ló­gi­cas sin que exista un hilo con­duc­tor de lo expuesto. Queda como resul­tado un film inusual que bien habría mere­cido la expli­ca­ción del vete­rano rea­li­za­dor, que estuvo ausente en Can­nes, para acla­rar cuál es el obje­tivo final que se pro­puso con este ensayo expe­ri­men­tal y pretencioso.

Ben­nett Miller obtuvo el tro­feo a la Mejor Direc­ción por su film ame­ri­cano Fox­cat­cher basado en el libro auto­bio­grá­fico de Mark Schultz. Bási­ca­mente la his­to­ria gira en torno de John du Pont (Steve Carell), un filan­tró­pico mul­ti­mi­llo­na­rio entre­na­dor deseoso de for­mar un equipo de depor­tis­tas de lucha libre para pre­pa­rar­los en los Jue­gos Olím­pi­cos de 1988 en Seúl y lograr una impre­sio­nante vic­to­ria para los Esta­dos Uni­dos. Para ello recluta a Mark Schultz (Chan­ning Tatum), un juga­dor de lucha libre quien había ganado una meda­lla de oro en las Olim­pía­das de Los Ánge­les de 1984 y que siem­pre tuvo como ins­pi­ra­ción a su her­mano mayor Dave (Mark Ruf­falo) que tam­bién logró un pre­mio simi­lar en dicho cer­ta­men mun­dial. Ten­tado por la impor­tante remu­ne­ra­ción que du Pont le ofrece, Mark se des­plaza a su lujosa man­sión donde ten­drá lugar el entrenamiento.

La rela­ción espe­cial esta­ble­cida entre ambos va a alte­rarse pos­te­rior­mente cuando John decide con­vo­car a Dave para inte­grar el equipo; a par­tir de ese momento el relato adquiere gra­dual­mente carac­te­rís­ti­cas más oscu­ras hasta desem­bo­car en un trá­gico desen­lace. El film está muy bien narrado, tiene gran flui­dez y en el buen aná­li­sis carac­te­ro­ló­gico de los tres prin­ci­pa­les pro­ta­go­nis­tas reside uno de sus impor­tan­tes méri­tos. A nivel de inter­pre­ta­ción, Carrell se dis­tin­gue por su exce­lente actua­ción, sin des­de­ñar las meri­to­rias pres­ta­cio­nes de Tatum y Ruffalo.

El Mejor Guión fue atri­buido a Andrei Zvia­gin­tsev y Oleg Negin por el film ruso Leviat­han del vete­rano rea­li­za­dor  Zvia­gin­tsev. El relato se desa­rro­lla en un remoto pue­blo ruso donde el alcalde She­lev­yat (Roman Mad­ya­nov) y su entorno gobier­nan el lugar con poder dis­cre­cio­nal. El nudo con­flic­tivo se pro­duce cuando She­lev­yat no logra per­sua­dir a Kolya (Ale­xei Sere­br­ya­kov), quien vive con su esposa (Elena Lya­dova) y un hijo de un ante­rior matri­mo­nio (Ser­gey Pokha­daev), para que le venda su casa y el terreno que le per­te­nece. Frente a la con­fron­ta­ción que se pro­duce, Kolya decide soli­ci­tar ayuda legal a Dmi­tri (Vla­di­mir Vdo­vit­chen­kov), su amigo abo­gado de Moscú. Lo que sobre­viene des­pués cons­ti­tuye una his­to­ria un tanto fami­liar aun­que bien arti­cu­lada donde el direc­tor expone la corrup­ción polí­tica de la socie­dad rusa ape­lando a una vio­len­cia a veces latente y otras mani­fiesta con­tra los más débi­les e inde­fen­sos miem­bros de una comu­ni­dad cuando entran a jugar intere­ses eco­nó­mi­cos como los aquí expuestos.

El pre­mio a la Mejor Actriz corres­pon­dió a Julianne Moore por su par­ti­ci­pa­ción en Maps to the Stars de David Cro­nen­berg. La pelí­cula estruc­tu­rada en forma coral pre­senta a Moore como una madura y neu­ró­tica actriz que busca deses­pe­ra­da­mente una opor­tu­ni­dad para asu­mir el rol pro­ta­gó­nico de la nueva ver­sión de un film en donde años atrás su madre (Sarah Gadon) había enca­be­zado el reparto. Entre otros per­so­na­jes figu­ran una joven tímida (Mía Wasi­kowska) con un triste pasado de piró­mana que llega a Holly­wood pro­ce­dente de Flo­rida tra­tando de ubi­car a su her­mano (Evan Bird) quien es un astro de 13 años, de natu­ra­leza inaguan­ta­ble y des­pre­cia­ble, que ter­minó su cura de des­in­to­xi­ca­ción; un con­duc­tor de limu­si­nas (Robert Pat­tin­son) aspi­rante a actor; un cele­brado psi­co­te­ra­peuta (John Cusack) y su mujer empre­sa­ria (Oli­via Williams). Cro­nen­berg ofrece un relato al que no le falta sexo, incesto, mani­pu­la­ción, per­ver­sión, exa­cer­bada vio­len­cia y en donde nin­gún per­so­naje puede ser huma­na­mente res­ca­ta­ble. Queda como resul­tado una des­car­nada e impia­dosa come­dia negra, impla­ca­ble­mente ácida, con cier­tas situa­cio­nes incohe­ren­tes, pero que en todo caso no disi­mula en lan­zar sus dar­dos con­tra los famo­sos que ilu­mi­nan el fir­ma­mento de Hollywood.

Timothy Spall en MR. TURNER

Timothy Spall en MR. TURNER

Timothy Spall fue dis­tin­guido como Mejor Actor en la bri­llante carac­te­ri­za­ción lograda del céle­bre pin­tor J.M.W. Tur­ner (1775 – 1851) en Mr. Tur­ner, pro­duc­ción bri­tá­nica del rea­li­za­dor Mike Leigh. Con­si­de­rado como el “pin­tor de la luz”, Leigh aborda los últi­mos 25 años de este gran maes­tro que quedó hon­da­mente afec­tado por la pér­dida de su madre des­equi­li­brada, al que­dar con­ver­tido en un hom­bre anti­so­cial, misó­gino e inca­paz de tener en cuenta a sus pro­pias hijas, con la sola excep­ción del estre­cho vínculo man­te­nido con su padre (Paul Jes­son). Enfo­cando los via­jes rea­li­za­dos por Tur­ner en busca de ins­pi­ra­ción para sus pin­tu­ras, el relato pro­fun­diza en lo más íntimo y per­so­nal de un hom­bre excén­trico, cas­ca­rra­bias y huraño que prác­ti­ca­mente gruñe al hablar. El vete­rano rea­li­za­dor ofrece un her­moso y deli­cioso film en donde expone mag­ní­fi­ca­mente la rela­ción esta­ble­cida entre el hom­bre imper­fecto y diso­ciado de la reali­dad con el del artista capaz de haber creado obras pic­tó­ri­cas de sublime belleza.

Dis­tin­ción espe­cial merece la excep­cio­nal labor foto­grá­fica de Dick Pope repro­du­ciendo la mag­ni­fi­cen­cia de los cua­dros del gran maes­tro británico.

 Zsofia Psotta en WHITE GOD

Zso­fia Psotta en WHITE GOD

En lo que con­cierne al Mejor film de la sec­ción Un Cer­tain Regard el jurado lide­rado por Pablo Tra­pero pre­mió a White God, pro­duc­ción hún­gara del rea­li­za­dor Kor­nel Mun­druczó. Se trata de un relato deci­di­da­mente ori­gi­nal donde a tra­vés de la bús­queda que rea­liza una ado­les­cente de su perro extra­viado queda refle­jado el modo en que el odio racial se con­vierte en mar­cada into­le­ran­cia, ya sea que la misma sea ejer­cida con rela­ción a la espe­cie humana o bien a la ani­mal como es el caso de este film. Como réplica del mal­trato reci­bido por los huma­nos, los sufri­dos cani­nos de esta his­to­ria, sedien­tos de ven­ganza, deci­den lan­zarse a las calles de Buda­pest para arre­me­ter con­tra los hom­bres res­pon­sa­bles de su mise­ra­ble des­tino. Ade­más de la buena inter­pre­ta­ción pro­ta­gó­nica de Zso­fia Psotta, cabe des­ta­car la sor­pren­dente actua­ción de los dos perros que ani­man un solo per­so­naje quie­nes fue­ron entre­na­dos por Teresa Ann Miller, así como del resto de la fauna canina entre­nada por Arpád Halasz.

 Angélique Litzenburger en PARTY GIRL

Angé­li­que Lit­zen­bur­ger en PARTY GIRL

La Cámara de Oro que se adju­dica a la mejor ópera prima pre­sen­tada tanto en la Selec­ción Ofi­cial como en las sec­cio­nes para­le­las de la Semana de la Crí­tica y la Quin­cena de los Rea­li­za­do­res corres­pon­dió a la pelí­cula fran­cesa Party Girl de Marie Ama­chou­keli, Claire Bur­ger y Samuel Theis. El tema cen­tral gira en torno de Angé­li­que (Angé­li­que Lit­zen­bur­ger) una mujer sexa­ge­na­ria de mar­cada per­so­na­li­dad y madre de 4 hijos adul­tos, que trata de adap­tarse a la nueva vida que se le ofrece sen­ti­men­tal­mente cuando Michel (Joseph Bour), un afa­ble hom­bre que había sido cliente del esta­ble­ci­miento le pro­pone matri­mo­nio. Ligada más por un sin­cero cariño que por un amor ver­da­dero, el relato ofrece una mirada autén­ti­ca­mente tierna frente al dilema de de Angé­li­que de tener que con­vi­vir con un indi­vi­duo que a pesar de su gran nobleza no llega a amarlo. Con acto­res no pro­fe­sio­na­les que se desem­pe­ñan con com­pleta natu­ra­li­dad, este film femi­nista y con per­so­na­jes deci­di­da­mente agra­da­bles logra crear una gran empa­tía con el público, espe­cial­mente en una emo­tiva escena donde Angé­li­que se reúne con Cynt­hia su hija de 16 años que había estado viviendo con una fami­lia sustituta.

OTROS COMEN­TA­RIOS DE FIL­MES EXHI­BI­DOS 

Rela­tos Sal­va­jes 

Esta pro­duc­ción argen­tina, la única com­pe­ti­tiva que par­ti­cipó en el Fes­ti­val aun­que sin lograr pre­mio alguno, es sin duda una de las mejo­res pelí­cu­las que se han visto en la mues­tra. No es muy usual que en un film ómni­bus como en el pre­sente, cada una de los rela­tos con­serve una fres­cura inusual donde a pesar de la inde­pen­den­cia que guar­dan entre sí, hay un nexo común que las liga.

Erica Rivas y Diego Gentile en RELATOS SALVAJES

Erica Rivas y Diego Gen­tile en RELA­TOS SALVAJES

Damian Szif­fron como rea­li­za­dor y guio­nista vuelca una crea­ti­vi­dad remar­ca­ble en sus dife­ren­tes his­to­rias dotán­do­las en casi todas con un tono de franco humor enfo­cando la repre­sión interna de vio­len­cia que sale a relu­cir cuando frente a situa­cio­nes lími­tes el indi­vi­duo se encuen­tra desam­pa­rado o impo­tente para superar las difi­cul­ta­des emer­gen­tes; ade­más, todas las mise­rias, con­tra­dic­cio­nes, el doble dis­curso, la dis­pli­cen­cia y el cinismo que se anidan en el ser humano apa­re­cen en un relato que aun­que espe­cí­fi­ca­mente se refiera al modus vivendi de los argen­ti­nos, tiene dimen­sión uni­ver­sal y es eso lo que con­tri­buye a que cual­quier espec­ta­dor pueda fácil­mente iden­ti­fi­carse con la suerte corrida por sus personajes.

El pri­mer seg­mento que es el más corto trans­cu­rre en la clase eje­cu­tiva de un vuelo comer­cial, donde una modelo (María Marull) enta­bla una con­ver­sa­ción con un crí­tico musi­cal (Dario Gran­di­netti) y al men­cio­narse el nom­bre de “Pas­ter­nak”, un indi­vi­duo cono­cido por ambos, inme­dia­ta­mente todos los demás pasa­je­ros se encuen­tran por coin­ci­den­cia vin­cu­la­dos con este per­so­naje ausente, pro­du­cién­dose situa­cio­nes des­me­di­das den­tro de un marco de irre­sis­ti­ble hila­ri­dad. En el segundo capí­tulo se puede con­tem­plar cómo una empleada de un res­tau­rante (Julieta Zyl­ber­berg) ubi­cado en un para­dor de ruta des­cu­bre que su único cliente (César Bor­dón) ha sido el ines­cru­pu­loso usu­rero que ha cau­sado la muerte de su padre, lo que habrá de gene­rar una ori­gi­nal y mali­ciosa ven­ganza de parte de ella bajo el estí­mulo de la per­versa coci­nera (Rita Cor­tese) del esta­ble­ci­miento. La ter­cera parte está vin­cu­lada con la riva­li­dad que se pro­duce en una auto­pista cuando un con­duc­tor (Leo­nardo Sba­ra­glia) aven­taja al otro (Wal­ter Donado); con un desen­lace alta­mente inven­tivo, Szi­fron se revela como un exce­lente narra­dor. El cuarto epi­so­dio relata las des­ven­tu­ras que sufre un honesto inge­niero (Ricardo Darín) cuyo coche es injus­ta­mente con­fis­cado por mal esta­cio­na­miento y el via cru­cis que debe reco­rrer para poder res­ca­tarlo; la indig­na­ción que le pro­duce frente a una buro­cra­cia insen­si­ble con la que debe lidiar, habrá de gene­rarle un pro­fundo sen­ti­miento de ven­ganza que se tra­du­cirá en un inusi­tado acto de vio­len­cia. El quinto relato, el único que carece de humor y el más per­tur­ba­dor, cons­ti­tuye una crí­tica social a la vez que un cues­tio­na­miento moral al demos­trar cómo un padre (Oscar Mar­tí­nez) tra­tando de encu­brir el acci­dente auto­mo­vi­lís­tico pro­vo­cado por su hijo ado­les­cente (Alan Daicz), acepta la pro­po­si­ción de su abo­gado (Osmar Núñez) para que el jar­di­nero de la casa (Ger­mán de Silva) se res­pon­sa­bi­lice del cri­men a cam­bio de un impor­tante monto de dinero en pago; el acto des­nu­dará la corrup­ción de todos los invo­lu­cra­dos inclu­yendo a la pro­pia jus­ti­cia. La entrega final que se ubica den­tro del marco de una boda judía alcanza ribe­tes de mar­cada comi­ci­dad cuando la novia (Erica Rivas) des­cu­bre durante la fiesta que su novel marido (Diego Gen­tile) le ha sido infiel con una her­mosa joven que se encuen­tra entre las invitadas.

Con un des­plie­gue visual irre­pro­cha­ble, Szi­fron brinda al espec­ta­dor una come­dia negra inquie­tante, mor­daz y per­versa de gran cali­dad artís­tica a la vez que de amplia reper­cu­sión popu­lar, tal como lo fue en su momento El Secreto de sus Ojos (2009).

Deux jours, une nuit

Los Her­ma­nos Jean-Pierre y Luc Dar­denne, vete­ra­nos de este Fes­ti­val donde la mayo­ría de sus fil­mes fue­ron estre­na­dos mun­dial­mente, vuel­ven a ofre­cer con esta pelí­cula belga un cine de pro­fundo con­te­nido huma­nista abor­dando el tema de la desocu­pa­ción que es uno de los gran­des pro­ble­mas socia­les por los que atra­vie­san varios paí­ses de Europa. Marion Coti­llard anima a San­dra, una joven madre que tra­baja en una fábrica de pane­les sola­res y de la cual estuvo ausente por un largo período de licen­cia por enfer­me­dad. Al tra­tar de rein­te­grarse, se entera que durante su ausen­cia el patrón pro­puso a los emplea­dos supri­mir su puesto a cam­bio de una boni­fi­ca­ción de 1000 euros para cada uno de sus 16 com­pa­ñe­ros de tra­bajo. En una pri­mera vota­ción y por pre­sión del capa­taz la deci­sión de los emplea­dos es de acep­tar la pro­puesta pero la inter­ven­ción de un dele­gado sin­di­cal que sim­pa­tiza con San­dra logra que se haga una segunda vota­ción abierta en tres días más. A pesar de su estado de débil depre­sión y esti­mu­lada por su marido (Fabri­zio Ron­gione) San­dra se anima a librar una bata­lla con­tra el tiempo para que en el lapso de un fin de semana logre con­ven­cer a sus com­pa­ñe­ros para que voten por su permanencia.

La tarea de diri­girse per­so­nal­mente de puerta en puerta al encuen­tro con cada uno de sus cole­gas y rogar­les que le brin­den su apoyo en el momento de la vota­ción es lo que cons­ti­tuye la esen­cia de este remar­ca­ble film.

La maes­tría de los her­ma­nos Dar­denne con­siste en haber trans­for­mado la pre­misa de una sen­ci­lla his­to­ria en un film pro­fun­da­mente impac­tante sin caer en arti­fi­cio­sos sen­ti­men­ta­lis­mos; por el con­tra­rio, sin mora­lismo ni mani­queísmo alguno los Dar­denne pre­fie­ren expo­ner con sobrie­dad este dra­má­tico pro­blema social para que el espec­ta­dor lle­gue a con­cluir por sí mismo su valioso con­te­nido en donde no hay san­tos ni peca­do­res, sino sim­ple­mente seres huma­nos que no pre­ten­den el cielo sino el legí­timo dere­cho de un tra­bajo para poder man­te­nerse. El emo­tivo desen­lace del film es lo sufi­cien­te­mente elo­cuente como para com­pren­der que la dig­ni­dad humana no tiene pre­cio y por lo tanto no puede con­ver­tirse en un objeto de venta. Ade­más del mérito de los rea­li­za­do­res de haber ofre­cido una obra inte­li­gente y abor­da­ble, cabe des­ta­car la inter­pre­ta­ción excep­cio­nal de Coti­llard trans­mi­tiendo la vul­ne­ra­bi­li­dad, la angus­tia y el dolor de la pro­ta­go­nista, con­fir­mando así su auto­ri­dad de gran actriz.

Sils Maria

Juliette Binoche y Kristen Stewart  en SILS MARIA

Juliette Bino­che y Kris­ten Ste­wart en SILS MARIA

Oli­ver Assa­yas es otro direc­tor que ha visto el estreno de más de una decena de sus fil­mes en este Fes­ti­val donde Sils Maria se agrega a esa lista enfo­cando con psi­co­ló­gica pro­fun­di­dad la vida de una actriz exi­tosa que aun­que aún se encuen­tra en plena acti­vi­dad artís­tica ya no es lo sufi­cien­te­mente joven como para aspi­rar a cier­tos roles específicos.

El guión del rea­li­za­dor se cen­tra en Maria Enders (Juliette Bino­che), una actriz famosa que al comen­zar el relato se impone de la muerte de Wil­helm Mel­chior, un dra­ma­turgo con quien ella man­tuvo una afi­ni­dad espe­cial de tra­bajo y a quien con­si­dera su men­tor. Junto con su asis­tente Valen­tine (Kris­ten Ste­wart) viaja a los fune­ra­les que tie­nen lugar en Sils-Maria ubi­cado en los Alpes sui­zos. Es allí donde surge la idea de repo­ner en Lon­dres “Maloja Snake” una obra del des­a­pa­re­cido autor, donde veinte años atrás Maria logró un gran éxito inter­pre­tando a Sigrid, una joven que man­tiene una rela­ción les­biana con Helen, una mujer madura que la dobla en edad, que ter­mi­nará sui­ci­dán­dose. El pro­blema está en que Maria desea­ría seguir inter­pre­tando el mismo rol de antaño aún cuando por su edad debe acep­tar el papel de Helena, en tanto que Sigrid será inter­pre­tada por Jo-Ann (Chloe Grace Moretz), una chica de 20 años que está comen­zando su carrera en Holly­wood. La segunda parte del film trans­cu­rre en la man­sión de Mel­chior donde Maria y Valen­tina releen la obra adop­tando los per­so­na­jes res­pec­ti­vos Helen y Sigrid. Es allí donde el relato adquiere inten­si­dad dra­má­tica frente al juego de espe­jos que se va pro­du­ciendo donde los per­so­na­jes de fic­ción se van con­fun­diendo con quie­nes les dan vida. Al con­fron­tar el pasado con el pre­sente el film tran­sita en tópi­cos vin­cu­la­dos, entre otros, con el pasaje del tiempo, la juven­tud, la edad y la mortalidad.

Deci­di­da­mente de natu­ra­leza inte­lec­tual pero sin caer en el eli­tismo, el film ade­más de ofre­cer varias lec­tu­ras, mues­tra cómo el arte imita a la vida a la vez que tam­bién suele pro­du­cirse el efecto inverso.

La direc­ción de Assa­yas es estu­penda y pudo rodearse de un elenco bri­llante donde cada uno de sus inte­gran­tes ha sabido invo­lu­crarse de lleno en la piel de sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. Con una mara­vi­llosa foto­gra­fía de Yorick Le Saux, el público puede asi­mismo gozar la belleza de la región alpina donde trans­cu­rre su acción.

Tim­buktu

Una escena de TIMBUKTU

Una escena de TIMBUKTU

El direc­tor mau­ri­tano Abde­rrah­mane Sis­sako ofrece un dra­má­tico cua­dro sobre las funes­tas con­se­cuen­cias que adquiere el dog­ma­tismo reli­gioso ins­pi­rán­dose en la acción gue­rri­llera que tuvo lugar en julio de 2012 en Aghuel­hok; esa pequeña ciu­dad ubi­cada al norte de Malí, durante un breve período sufrió las con­se­cuen­cias del fana­tismo reli­gioso de yiha­dis­tas quie­nes lle­ga­ron a eje­cu­tar a una pareja con hijos por no haber estado casa­dos propiamente.

En la fic­ción, esta copro­duc­ción de Mali, Mau­ri­ta­nia y Fran­cia se desa­rro­lla en Tim­buktú, una ciu­dad que cae bajo el yugo de extre­mis­tas reli­gio­sos y en donde a tra­vés de suce­si­vas viñe­tas se va con­tem­plando a los into­ca­bles jue­ces reli­gio­sos musul­ma­nes apli­cando san­cio­nes por inocen­tes hechos come­ti­dos por la pobla­ción local al trans­gre­dir el código de con­ducta impuesto donde, por ejem­plo, se prohibe can­tar, tocar música, jugar al fút­bol, fumar o bien reír bajo la ame­naza de seve­ras sanciones.

Tra­tando de uti­li­zar un bajo per­fil emo­cio­nal, el direc­tor ilus­tra la forma en que el odio y la vio­len­cia se con­ju­gan de bru­tal manera donde las muje­res vio­la­das y los hom­bres sumi­sos de la pobla­ción local son tes­ti­gos de cas­ti­gos impues­tos por los inte­gris­tas musul­ma­nes como la apli­ca­ción de azo­tes por infrac­cio­nes meno­res o bien la lapi­da­ción por actos de adulterio.

Den­tro de lo que cons­ti­tuye un horro­roso aten­tado a los dere­chos huma­nos, este docu­mento surrea­lista fil­mado con máxima mesura e irre­pro­cha­ble len­guaje visual per­mite refle­xio­nar el modo en que la reli­gión puede ser mani­pu­leada o uti­li­zada como un ins­tru­mento capaz de lle­gar a des­truir la vida de inocen­tes per­so­nas. Curio­sa­mente, el film no pudo lle­gar en momento más apro­piado teniendo en con­si­de­ra­ción los tris­tes acon­te­ci­mien­tos que recien­te­mente tuvie­ron lugar en Nige­ria por el demen­cial grupo Boko Haram con el secues­tro de 300 ado­les­cen­tes de ese país.

Jimmy’s Hall

El vete­rano rea­li­za­dor bri­tá­nico Ken Loach retorna a Can­nes con un film menor den­tro de su fil­mo­gra­fía aun­que siem­pre tras­cen­dente teniendo en cuenta la acer­tada forma en que for­mula una denun­cia social tomando como refe­ren­cia un per­so­naje que tuvo gra­vi­ta­ción en Irlanda. Tra­ba­jando con su habi­tual guio­nista Paul Laverty, el film relata la verí­dica his­to­ria de James Gral­ton (Barry Ward), un líder comu­nista irlan­dés que habiendo estado expa­triado en los Esta­dos Uni­dos, retorna de Nueva York a su tie­rra natal de Irlanda en 1932, una década des­pués en que el país se inde­pen­dizó de Gran Bre­taña. Aco­gido cáli­da­mente por sus ami­gos que lo aguar­dan para reabrir el salón de baile local que ade­más cons­ti­tuye un cen­tro comu­ni­ta­rio cul­tu­ral donde se toca música de jazz, se escu­cha poe­sía, se efec­túan reunio­nes polí­ti­cas y tam­bién se prac­ti­can depor­tes. Todo ello es mal mirado por el ultra con­ser­va­dor cura pue­ble­rino (Jim Nor­ton) que hace todo lo posi­ble para con­ven­cer a sus feli­gre­ses sobre lo inquie­tante que resulta la exis­ten­cia de ese círculo de baile donde la danza resulta algo así como peca­mi­noso y agra­vado por la cir­cuns­tan­cia de que un comu­nista “anti-Cristo” esté al frente del mismo.

Barry Ward en JIMMY'S HALL

Barry Ward en JIMMY’S HALL

Nue­va­mente y des­pués de haberse visto Tim­buktu, aquí se pone en evi­den­cia cómo el manejo dis­cre­cio­nal de la reli­gión, en este caso el de la igle­sia cató­lica, puede aca­rrear con­se­cuen­cias lamen­ta­bles. Bien ambien­tado y pleno de bue­nos sen­ti­mien­tos, el film aun­que liviano logra entre­te­ner amplia­mente a la vez que cons­ti­tuye otro de los rela­tos de denun­cia social de Loach pre­go­nando por el dere­cho a la disi­den­cia como forma de expre­sar el libre pen­sa­miento del ser humano y el de poder actuar de manera diferente.

Saint Lau­rent

Gaspard Ulliel en SAINT LAURENT

Gas­pard Ulliel en SAINT LAURENT

A pocos meses de haberse juz­gado Yves Saint Lau­rent de Jalil Les­pert ahora se conoce una nueva ver­sión de Ber­trand Bone­llo sobre el céle­bre dise­ña­dor de modas. Esta pro­duc­ción fran­cesa sola­mente con­si­dera un período espe­cial de su exis­ten­cia que trans­cu­rre desde 1967 a 1976 pero sin pro­fun­di­zar en la com­pleja per­so­na­li­dad del artista. En forma epi­dér­mica y epi­só­dica des­taca aspec­tos de su vida pri­vada tor­tuosa y emo­cio­nal­mente vul­ne­ra­ble carac­te­ri­zada por su adic­ción a las dro­gas, la bebida, las orgías sexua­les y su obse­sión amo­rosa con Jac­ques de Bas­cher (Louis Garrel). Lo más intere­sante de esta pro­duc­ción son las secuen­cias vin­cu­la­das con su taller de tra­bajo, la mues­tra de sus colec­cio­nes y las esce­nas de dra­má­tica con­fron­ta­ción con su pareja Pie­rre Bergé (Jéré­mie Renier). Con una dura­ción de 2 horas y media, el film se torna fati­gante debido a una rea­li­za­ción poco des­ta­ca­ble, un guión ende­ble y la débil carac­te­ri­za­ción de Gas­pard Ulliel como YSL; sola­mente hacia el final cuando el artista pre­senta su colec­ción de 1974, el film cobra cierto impulso pero de todos modos no alcanza a com­pen­sar la falta de emo­ción gene­ral que pre­va­lece en el relato.

The Homes­man

Tommy Lee Jones y Hilary Swank en THE HOMESMAN

Tommy Lee Jones y Hilary Swank en THE HOMESMAN

Nue­va­mente Tommy Lee Jones da mues­tras de ser un con­su­mado rea­li­za­dor tal como lo demos­tró en su ópera prima The Three Burials of Mel­quia­des Estrada (2005) que habién­dose tam­bién estre­nado en Can­nes obtuvo el pre­mio al mejor actor y al mejor guión. En esta nueva incur­sión donde ade­más de diri­gir tam­bién enca­beza el reparto, Lee Jones des­cribe con fineza el espí­ritu de una época y la deter­mi­na­ción y coraje de la gente a tra­vés los per­so­na­jes que se apre­cian en este muy buen western

Basado en la novela The Shoo­tist de Glen­don Swart­hout, el relato se ubica en 1854 y gira en torno de Mary Bee Cuddy (Hilary Swank), una sol­te­rona pio­nera de gran cora­zón y nota­ble valor que decide tomar bajo su res­pon­sa­bi­li­dad el tras­lado desde Nebraska hasta Iowa de tres muje­res men­tal­mente ines­ta­bles. En el trans­curso del viaje de Nebraska a Iowa, lugar de des­tino, Mary salva la vida de George Briggs (Lee Jones); a cam­bio de ese acto de nobleza el taci­turno indi­vi­duo acepta acom­pa­ñarla en su misión, com­par­tiendo la dura expe­rien­cia de tener que superar los peli­gros de dife­rente índole atra­ve­sando la vasta región de la Fron­tera Americana.

Con el logrado desem­peño de sus pro­ta­go­nis­tas más la acer­tada cola­bo­ra­ción entre otros de Meryl Streep, James Spa­der, Miranda Otto y John Lith­gow, carac­te­ri­zando a seres huma­nos sin­ce­ros y autén­ti­cos, Lee Jones ha logrado un film lírico, emo­tivo y muy bien rela­tado que se ve real­zado por la exce­lente foto­gra­fía de Rodrigo Prieto.

The Search 

Abdul Mamatusuiev y Bérénice Bejo en THE SEARCH

Abdul Mama­tu­suiev y Béré­nice Bejo en THE SEARCH

Aún con los ecos pro­ve­nien­tes del gran triunfo obte­nido con L’Artiste (2011), Michel Haza­na­vi­cius ha deci­dido incur­sio­nar en un pro­yecto total­mente dife­rente, explo­rando las mise­rias de una gue­rra. Ins­pi­rado muy libre­mente en el film del mismo nom­bre de Fred Zin­ne­mann rea­li­zado en 1948, The Search es un film que se nutre de bue­nas inten­cio­nes pero que no llega a con­for­mar por­que su con­te­nido melo­dra­má­tico es enfa­ti­zado a tra­vés de arti­fi­cios des­ti­na­dos a mani­pu­lar al espectador.

El guión escrito por su rea­li­za­dor desa­rro­lla la acción durante la segunda gue­rra que tuvo lugar en Che­che­nia en 1999. La masa­cre pro­vo­cada por la inva­sión rusa a dicha región motiva a que se entre­cru­cen los des­ti­nos de varios per­so­na­jes. Así, Hadji (Abdul-Khalim Mama­tu­suiev), un pequeño húer­fano de 9 años que ha logrado sal­varse del ase­si­nato per­pe­trado a sus padres es res­ca­tado y colo­cado en un orfa­nato de la Cruz Roja a cargo de la res­pon­sa­ble local (Annette Bening); huyendo del lugar, el niño sale al encuen­tro de Carole (Béré­nice Bejo) quien es una alta fun­cio­na­ria repre­sen­tante de la Unión Euro­pea que denun­cia las atro­ci­da­des de la gue­rra y decide pro­te­ger al menor; otros per­so­na­jes inclu­yen a Raissa (Zukhra Duish­vili), la her­mana mayor de Hadji quien trata de ubi­car al pequeño den­tro de la con­fu­sión y dis­per­sión de los civi­les en pro­cura del éxodo; simul­tá­nea­mente se encuen­tra Kolia (Maxim Eme­lia­nov), un joven ruso músico de 20 años, enro­lado en el ejér­cito de su país y que queda con­ver­tido en un des­pia­dado ase­sino a causa de la guerra.

Este film fran­cés de indu­da­ble con­te­nido polí­tico tiene un claro men­saje paci­fi­ca­dor denun­ciando los horro­res de la gue­rra y la iner­cia de las ins­ti­tu­cio­nes euro­peas res­pon­sa­bles de actuar; sin embargo, ese pro­pó­sito se diluye por su natu­ra­leza extre­ma­da­mente didác­tica y exce­si­va­mente sen­ti­men­ta­lista que echa por tie­rra los bue­nos sen­ti­mien­tos de Haza­na­vi­cius. A su favor cabe des­ta­car la nota­ble actua­ción del pequeño actor che­che­nio Mamat­suiev que a pesar de que per­ma­nezca mudo durante la mayor parte del metraje, su expre­sivo ros­tro trans­mite las trau­má­ti­cas emo­cio­nes vivi­das por la pér­dida de sus padres.

The Cap­tive 

Ryan Reynolds en THE CAPTIVE

Ryan Rey­nolds en THE CAPTIVE

Ahon­dando en temas que son habi­tua­les en la fil­mo­gra­fía del direc­tor cana­diense Atom Ego­yan, su reciente tra­bajo vuelve a con­si­de­rar aspec­tos vin­cu­la­dos con la desa­pa­ri­ción, cul­pa­bi­li­dad, abuso infan­til y en este caso con el poder del inter­net y sus imá­ge­nes. Esen­cial­mente, la his­to­ria escrita por el rea­li­za­dor y David Fra­ser se refiere a la desa­pa­ri­ción de una menor y lo que acon­tece 8 años des­pués del lamen­ta­ble suceso cuando cier­tas indi­ca­cio­nes hacen pre­su­mir que la ahora ado­les­cente está con vida; eso motiva a que sus angus­tia­dos padres y las auto­ri­da­des poli­cia­les tra­ten de dilu­ci­dar sobre lo acon­te­cido y el para­dero de la menor.

El com­plejo tema del secues­tro y cau­ti­ve­rio por parte de una banda de pedó­fi­los de inocen­tes víc­ti­mas es en prin­ci­pio intere­sante aun­que lo que se observa en Cap­ti­ves no resulta gra­ti­fi­cante. La his­to­ria rela­tada en forma frag­men­tada e inú­til­mente entre­ve­rada, la debi­li­dad de unir las dife­ren­tes pie­zas del rom­pe­ca­be­zas pro­puesto, su falta de pro­fun­di­dad agra­vada por situa­cio­nes des­ca­be­lla­das, moti­van a que este film se torne des­con­cer­tante. Las actua­cio­nes de Ryan Rey­nolds, Rosa­rio Daw­son, Scott Speed­man y Ale­xia Fast son correc­tas pero de nin­gún modo pue­den sal­var las incon­sis­ten­cias de un relato que en última ins­tan­cia peca de banal y es fácil­mente olvi­da­ble. Por lo que ante­cede parece extraño que este thri­ller haya sido selec­cio­nado para com­pe­tir en el Festival.

Still The Water

Jun Yoshinaga y Nijiro Murakami en STILL THE WATER

Jun Yos­hi­naga y Nijiro Mura­kami en STILL THE WATER

Este film japo­nés de la rea­li­za­dora y guio­nista Naomi Kawase cons­ti­tuye un serio intento de des­cri­bir la comu­ni­ca­ción del hom­bre con la natu­ra­leza tomando como refe­ren­cia la isla japo­nesa de Amami. El relato es una his­to­ria de amor entre dos ado­les­cen­tes (Nijiro Mura­kami, Jun Yos­hi­naga) y la forma como ambos se vin­cu­lan con sus res­pec­ti­vas fami­lias, espe­cial­mente en el caso de ella cuya madre está por morir.

El men­saje de este íntimo film es que a tra­vés del pasaje del tiempo la vida sigue inexo­ra­ble­mente su rumbo más allá de los dife­ren­tes con­tra­tiem­pos que el ser humano tenga que enfren­tar. De ritmo desigual, el relato se torna de a ratos dema­siado lán­guido a tra­vés de esce­nas repe­ti­ti­vas pero en todo caso hay aspec­tos que moti­van su inte­rés como la forma en que se expo­nen las rela­cio­nes entre gente de dife­ren­tes gene­ra­cio­nes. Su con­te­nido lírico donde lo mís­tico y espi­ri­tual se fun­den ade­cua­da­mente, así como su des­ta­ca­ble belleza visual con­tri­buye a que Still The Water pueda ser apre­ciado por un público selectivo.

Voce Humana

Sophia Loren en VOCE HUMANA

Sop­hia Loren en VOCE HUMANA

Este cor­to­me­traje ita­liano del rea­li­za­dor Edoardo Ponti ha sido dedi­cado a su madre, la mito­ló­gica Sop­hia Loren que lo inter­preta. Ins­pi­rada en la céle­bre pieza de Jean Coc­teau donde apa­rece una sola actriz en escena, el drama se cen­tra en Angela, una mujer que encon­trán­dose en el cre­púsculo de su exis­ten­cia, man­tiene una última con­ver­sa­ción tele­fó­nica con el hom­bre que ama. A tra­vés de inten­sos 25 minu­tos, la gran dama del cine ita­liano demues­tra que toda­vía está en plena forma para trans­mi­tir toda la inten­si­dad con­te­nida en el relato de Cocteau.

Habiendo estado pre­sente, la actriz fue cáli­da­mente aplau­dida al final de su pro­yec­ción y pos­te­rior­mente vol­vió a apa­re­cer en pan­ta­lla en la exce­lente copia res­tau­rada del film de Vit­to­rio de Sica Matri­mo­nio a la Ita­liana que en 1964 pro­ta­go­nizó junto a Mar­ce­llo Mastroianni, basado en la obra Filu­mena Mar­tu­rano de Eduardo De Filippo.

Para los Devo­tos de Woody Allen

FADING GIGOLO. Esta­dos Uni­dos, 2013. Un film escrito y diri­gido por John Turturro

¿Quién puede ima­gi­narse a John Tur­tu­rro ani­mando a un ser­vi­dor sexual de muje­res y Woody Allen como su inigua­la­ble con­se­jero? Pues bien, si alguien duda de ello Fading Gigolo está para probarlo.

En su quinta incur­sión como rea­li­za­dor Tur­tu­rro deci­dió co-protagonizar este film teniendo como aso­ciado nada menos que a Woody Allen en una de sus raras incur­sio­nes donde él no dirige; si bien su nom­bre podrá atraer a la audien­cia que lo sigue fiel­mente, lo cierto es que esta come­dia sexual no tiene la sufi­ciente enver­ga­dura como para con­for­mar por com­pleto debido a que Tur­tu­rro en cali­dad de guio­nista no logra ela­bo­rar una his­to­ria sufi­cien­te­mente ima­gi­na­tiva y sólida como para que se dis­tinga de las típi­cas come­dias de situa­cio­nes que sue­len verse en la televisión.

 Woody Allen y John Turturro

Woody Allen y John Turturro

El relato que trans­cu­rre en Nueva York pre­senta a Fio­ra­vante (Tur­tu­rro), un modesto flo­rista, y a Murray (Allen), su amigo de larga data quien es el dueño de una libre­ría que está por cerrar por falta de acti­vi­dad comer­cial. Preo­cu­pado por su situa­ción finan­ciera, Murray des­cu­bre una veta impor­tante para hacer dinero cuando la Dra. Par­ker (Sha­ron Stone), su der­ma­tó­loga, le comenta que está intere­sada en un ménage à trois donde su sexy amiga Selima (Sofía Ver­gara) está dis­puesta a par­ti­ci­par. Sin pér­dida de tiempo Murray con­vence a su amigo de cola­bo­rar en este affaire remu­ne­rado, donde como ges­tor de esta ope­ra­ción cobrará un por­cen­taje del monto que lle­gue a percibir.

Así comienza una sin­gu­lar acti­vi­dad eco­nó­mica para Fio­ra­vante como el impro­vi­sado Don Juan y para su amigo como el impro­ba­ble pro­xe­neta tra­tando de abor­dar a clien­tas madu­ras quie­nes deseo­sas de satis­fa­cer sus deseos sexua­les no tie­nen empa­cho de pagar por los favo­res reci­bi­dos. Todo parece cam­biar cuando Fio­ra­vante conoce a Avi­gal (Vanessa Para­dis), una joven viuda judía orto­doxa con 6 hijos, y se va ges­tando un romance entre ambos. La situa­ción se com­plica cuando Dovi (Lieb Sch­rei­ber), una suerte de poli­cía de la comu­ni­dad jasí­dica que tam­bién está intere­sado en ella, observa lo que está sucediendo.

En una his­to­ria dema­siado liviana y este­reo­ti­pada así como difí­cil de ser con­ce­bida realís­ti­ca­mente, el tema de la pros­ti­tu­ción mas­cu­lina es super­fi­cial­mente con­si­de­rado; sin embargo, lo res­ca­ta­ble del film es el nivel de inter­pre­ta­ción donde los acto­res supe­ran amplia­mente a los per­so­na­jes que carac­te­ri­zan. A pesar de la pre­sen­cia de dos sen­sua­les actri­ces como Stone y Ver­gara quie­nes vuel­can a sus roles con­si­de­ra­ble sen­si­bi­li­dad, esta come­dia no des­borda ni se excede desde una óptica sexual. Por su parte Para­dis, trans­mite muy bien la natu­ra­leza de una mujer ávida de afec­tos que por per­te­ne­cer y some­terse a los prin­ci­pios de la comu­ni­dad a la cual per­te­nece, ha per­ma­ne­cido enclaus­trada y apar­tada del mundo exte­rior, per­ci­biendo ahora una espe­ranza de mejor vida al abrirse hacia el hom­bre que la trata con gen­ti­leza y ama­bi­li­dad. En cuanto a sus dos pro­ta­go­nis­tas, Tur­tu­rro con­vence como el gigoló a pesar suyo, en tanto que Allen carac­te­ri­zando al sin­gu­lar pro­xe­neta de edad madura se defiende muy bien con sus impro­vi­sa­das y gra­cio­sas ocu­rren­cias com­pen­sando de este modo las limi­ta­cio­nes del guión.

Con­clu­sión: Con momen­tos de franco humor y con algu­nas situa­cio­nes de mani­fiesta ter­nura, Tur­tu­rro ha logrado una modesta come­dia pica­resca sen­ti­men­tal, muy bien actuada, que con­for­mará a una audien­cia no dema­siado exi­gente.  Jorge Gut­man

Una Buena Come­dia Deportiva

MILLION DOLLAR ARM. Esta­dos Uni­dos, 2014. Un film de Craig Gillespie

Esta pelí­cula res­ponde a aqué­llas que dejan una agra­da­ble sen­sa­ción de bie­nes­tar por­que con­tri­buye a reani­mar el espí­ritu y ade­más por­que es siem­pre esti­mu­lante con­tem­plar a per­so­na­jes sanos y de noble espí­ritu como algu­nos de los que se encuen­tran aquí.

Basado en una his­to­ria real de J. B. Berns­tein, un agente depor­tivo que trató de revi­ta­li­zar su empresa a tra­vés de un curioso recurso, el rea­li­za­dor Craig Gilles­pie apro­ve­cha a su favor el buen guión de Tom McCarthy para ofre­cer en poco más de dos horas un relato emo­tivo con remi­nis­cen­cias del osca­ri­zado film bri­tá­nico Slum­dog Millo­naire (2008).

Jon Hamm

Jon Hamm

Tra­tando de man­te­ner a flote la com­pa­ñía que posee en Cali­for­nia junto con su socio Aash (Aasif Mandvi), Berns­tein (Jon Hamm) es cons­ciente sobre la nece­si­dad de encon­trar una rápida solu­ción para loca­li­zar bue­nos beis­bo­lis­tas que satis­fa­gan a sus clien­tes. Como la ima­gi­na­ción agu­diza el inge­nio, des­pués de haber visto por la tele­vi­sión el exce­lente desem­peño de mucha­chos de la India jugando al cri­quet, Berns­tein cree que de allí podrían obte­nerse bue­nos lan­za­do­res de béis­bol pro­fe­sio­na­les para tra­ba­jar en los Esta­dos Uni­dos. A fin de imple­men­tar su idea, decide via­jar a Mum­bai junto con un cas­ca­rra­bias des­cu­bri­dor de nue­vos valo­res (Alan Arkin) para orga­ni­zar un Reality Show; el pro­pó­sito es que a tra­vés de una sin­gu­lar com­pe­ten­cia a nivel nacio­nal deno­mi­nada “Million Dollar Arm” se encon­trará un efi­ciente can­di­dato beis­bo­lista que podrá tener la opor­tu­ni­dad de via­jar a los Esta­dos Uni­dos e ingre­sar a una de las más impor­tan­tes ligas de dicho deporte.

Des­pués de haber selec­cio­nado a dos jóve­nes fina­lis­tas, Rinku Singh (Suraj Sharma) y Dinesh Patel (Mad­hur Mit­tal), con­tando con la ayuda de un entu­siasta asis­tente y tra­duc­tor indio (Pito­bash), Berns­tein retorna con el grupo a Los Ángeles.

A par­tir de allí, comienza el pro­ceso de pre­pa­ra­ción de los mucha­chos a cargo del entre­na­dor beis­bo­lista Tom House (Bill Pax­ton) así como la adap­ta­ción de Rinku y Dinesh a un medio cul­tu­ral tan dife­rente al del ambiente humilde al que per­te­ne­cen en su ciu­dad natal. Si bien la his­to­ria es pre­de­ci­ble, por­que los que siguen las vici­si­tu­des del béis­bol ame­ri­cano saben de ante­mano su desen­lace, Gilles­pie trata de evi­tar los este­reo­ti­pos del género mos­trando por el con­tra­rio los ras­gos de dig­ni­dad y hones­ti­dad que ani­man a estos ado­les­cen­tes indios que van des­cu­briendo ante sus ojos un mundo com­ple­ta­mente nuevo y sor­pren­dente con sen­ti­mien­tos ambi­va­len­tes; así, la diná­mica exis­tente en la gran metró­poli donde aca­ban de lle­gar les resulta sor­pren­dente e incluso exci­tante pero al pro­pio tiempo les pro­duce una cierta alie­na­ción y con­fu­sión de valo­res que les hace recor­dar con nos­tal­gia el terruño del cual pro­vie­nen. Esa misma huma­ni­dad des­tila en el resto de los per­so­na­jes comen­zando por Berns­tein quien con su per­so­na­li­dad caris­má­tica logra infun­dir una ter­nura insos­pe­chada, des­pués de haber dejado de lado una acti­tud incons­cien­te­mente egoísta para lle­gar a com­pren­der y lograr que Rinku y Dinesch pue­dan final­mente adqui­rir mayor con­fianza en sí mismos.

La pre­sen­cia feme­nina se mani­fiesta en Brenda, (Lake Bell), una joven doc­tora quien con su acti­tud gene­rosa y com­pren­siva logra ganarse con faci­li­dad la sim­pa­tía y afecto de Rinku y Dinesh como así tam­bién el cora­zón de Bernstein.

Siendo este film un pro­ducto de los estu­dios Dis­ney, podría quizá espe­rarse un poco de sen­ti­men­ta­lismo arti­fi­cial; sin embargo eso no ocu­rre aquí, por­que a pesar de tra­tarse de un relato que trata de atraer con su encanto y dul­zura a la fami­lia en su con­junto con la genuina inocen­cia de los jóve­nes indios, el film ilus­tra con hones­ti­dad la coli­sión cul­tu­ral exis­tente entre Mum­bay y Los Ánge­les, como así tam­bién la volun­tad sin­cera de dos mucha­chos deseo­sos de repre­sen­tar con orgu­llo a su país den­tro de las gran­des ligas ame­ri­ca­nas de béisbol.

Con­clu­sión: Una come­dia depor­tiva que aun­que no innove en el género está ins­pi­rada en bue­nos sen­ti­mien­tos a tra­vés de un relato bien narrado que se ase­meja a un emo­tivo cuento de hadas, excepto que en este caso todos sus per­so­na­jes son reales. Jorge Gut­man

Un Genial Dra­ma­turgo y un Excep­cio­nal Actor

LES AIGUI­LLES ET L’OPIUM – Autor: Robert Lepage – Direc­ción: Robert Lepage - Elenco: Marc Labrè­che, Welles­lely Rober­tson IIIDeco­ra­dos: Carl Fillion – Ves­tua­rio: Fra­nçois St-Aubin — Ilu­mi­na­ción: Bruno Matte – Diseño Sonoro: Jean-Sébastien Côté – Imá­ge­nes: Lio­nel Arnould . Dura­ción : 1hora 40 minu­tos (sin entre­acto). Repre­sen­ta­cio­nes: Hasta el 18 de junio de 2014 en el Théâ­tre du Nou­veau Monde (www.tnm.qc.ca)

Cró­nica de Jorge Gutman

Foto de Jean-François Gratton

Foto de Jean-François Gratton

¿Qué es lo que no es Robert Lepage? Esta pre­gunta viene al caso cuando se está frente a un dra­ma­turgo, direc­tor tea­tral, excep­cio­nal direc­tor de ópera capaz de asom­brar con los mon­ta­jes escé­ni­cos que lleva a cabo como lo probó hace poco tiempo en el Metro­po­li­tan Opera House con la des­lum­brante puesta de la tetra­lo­gía wag­ne­riana de El Ani­llo de los Nibe­lun­gos; a ello cabría aña­dir la de rea­li­za­dor cine­ma­to­grá­fico, actor y fun­da­dor de Ex Machina que es una com­pa­ñía de pro­duc­ción dedi­cada a espec­tácu­los de alta cali­dad. La reca­pi­tu­la­ción que ante­cede sobre los dis­tin­tos aspec­tos que abarca su labor crea­tiva viene al caso al juz­gar la repo­si­ción de la obra Les Aigui­lles et L’Opium que creara en 1991 y que siguió repre­sen­tán­dola hasta 1994, fecha en que Marc Labrè­che lo ha reem­pla­zado para seguir trans­mi­tiendo la gran riqueza de su texto.

No he visto la ver­sión ori­gi­nal de la obra pero lo cierto es que esta recrea­ción de la pieza con­ce­bida por Lepage cons­ti­tuye un ver­da­dero acon­te­ci­miento tea­tral al tener en cuenta la ori­gi­nal e inge­niosa direc­ción escé­nica, sus jugo­sos diá­lo­gos y la estu­penda inter­pre­ta­ción que Labrè­che hace de su per­so­naje. La trama comienza en 1989 con el viaje que Robert, un actor de Que­bec, efec­túa a París a fin de par­ti­ci­par en un docu­men­tal sobre el legen­da­rio trom­pe­tista Miles Davis(1926 – 1991). Ubi­cán­dose en un hotel de Saint-Germain-de Prés, en la misma habi­ta­ción que años atrás habían com­par­tido Jean-Paul Sar­tre y Simone de Beau­voir y que tam­bién lo había hecho la musa exis­ten­cia­lista Juliette Gréco, comien­zan a sur­gir los recuer­dos que retro­trae la acción a 1949.

Ese es el año en que Davis es invi­tado a Fran­cia para actuar en el Fes­ti­val Inter­na­cio­nal de Jazz de París; allí, ade­más de des­cu­brir los encan­tos de la ciu­dad luz el músico se encuen­tra fas­ci­nado con el vibrante mundo inte­lec­tual del lugar, lle­gando a cono­cer, entre otros refe­ren­tes de la cul­tura, a Sar­tre y a Gréco de quien se enamora pro­fun­da­mente; pre­ci­sa­mente, la rup­tura sen­ti­men­tal con la can­tante hará que Davis se vuel­que a la heroína. Simul­tá­nea­mente, en el mismo período, el cele­brado poeta fran­cés Jean Coc­teau (1989 – 1963) arriba a Nueva York y es ahí donde escribe su famosa “Carta a los Ame­ri­ca­nos”; tam­bién la obra hace refe­ren­cia a su afi­ción al opio que se ori­ginó con la muerte de su pro­te­gido poeta Ray­mond Radiguet.

El valor de esta pieza tea­tral con sus his­to­rias de amor entre­cru­za­das reside en la habi­li­dad del dra­ma­turgo de haber sabido fusio­nar la pre­sen­cia de dos mitos cul­tu­ra­les del siglo XX a tra­vés de un texto bri­llante que no tiene des­per­di­cios ade­más de ori­gi­nar situa­cio­nes de un humor franco y espon­tá­neo al que resulta impo­si­ble de resis­tir. Pero es muy impor­tante des­ta­car que el tra­bajo de Lepage se encuen­tra real­zado por el des­plie­gue tec­no­ló­gico empleado que logra mara­vi­llas en la la uti­li­za­ción del espa­cio escé­nico. Valién­dose de un cubo gira­to­rio abierto e incli­nado que está ado­sado al esce­na­rio, el espec­ta­dor tiene la sen­sa­ción de estar asi­si­tiendo a un espec­táculo cine­ma­to­grá­fico en ter­cera dimen­sión; a tra­vés de esa visión uno queda des­lum­brado con­tem­plando la habi­ta­ción del hotel donde Robert se aloja, su tra­bajo en el estu­dio donde presta su voz al docu­men­tal, la pre­sen­cia de Miles actuando frente al público en París y su música creada para el film Ascen­sor para el Cadalso (1958) de Louis Malle con algu­nas esce­nas del mismo donde asoma el ros­tro de Jeanne Moreau, así como el depar­ta­mento de Coc­teau en Nueva York.

Como ya se ha ade­lan­tado, el público tiene opor­tu­ni­dad de apre­ciar la inol­vi­da­ble inter­pre­ta­ción de Labrè­che donde en un doble rol, el actor logra fas­ci­nar a la vez que emo­cio­nar ape­lando a genui­nos recur­sos. Como Robert, trans­mite la vul­ne­ra­bi­li­dad de un hom­bre que frente al dolor de un amor per­dido trata de repo­nerse del mismo; ani­mando a Coc­teau, es capaz de meterse en su piel imi­tando con pre­ci­sión sus ade­ma­nes y su aflau­tada voz; ade­más, dado el con­texto esce­no­grá­fico, el actor se con­vierte en un buen acró­bata con los movi­mien­tos y des­pla­za­mien­tos que debe rea­li­zar para man­te­ner el ade­cuado el equi­li­brio en las dife­ren­tes esce­nas que se van suce­diendo. Por su parte, Welles­ley Rober­tson III anima al bri­llante trom­pe­tista afro­ame­ri­cano y aun­que no le cabe diá­logo alguno cum­ple una pres­ta­ción con­vin­cente a tra­vés del len­guaje cor­po­ral. Cabe acla­rar que la trom­peta es eje­cu­tada por Craig L. Pedersen.

Con­clu­sión: Una obra fas­ci­nante, una puesta en escena des­lum­brante y un actor excep­cio­nal logran aunarse para que el público de Mon­treal dis­frute de un exce­lente espec­táculo.

Una Mulata Retra­tada en un Buen Film de Epoca

BELLE. Gran Bre­taña, 2013. Un film de Amma Asante

Un relato deli­ca­da­mente tra­tado sobre algu­nos aspec­tos socia­les pre­va­le­cien­tes en la Gran Bre­taña del siglo XVIII es lo que ofrece el drama de época Belle de carác­ter bio­grá­fico diri­gido por Amma Asante.

Gugut Mbatha-Raw y Sam Reid

Gugut Mbatha-Raw y Sam Reid

El relato que comienza en 1769 está lige­ra­mente basado en Dido Eli­za­beth Belle (Gugut Mbatha-Raw), la hija ile­gí­tima del capi­tán Sir John Lind­say (Matt­hew Goode) y de una esclava negra del Caribe. Al morir su madre, su padre la envía a vivir a la casa de sus tíos, el aris­to­crá­tico juez Lord Mans­field (Tom Wil­kin­son) y su señora Lady Mans­field (Emily Wat­son), para que cui­den de ella dado que él debe retor­nar a pro­se­guir sus fun­cio­nes en la Real Armada. El pri­mer encuen­tro de Belle con su nueva fami­lia pro­duce una no disi­mu­lada sor­presa por parte de sus parien­tes al obser­var el color de su piel. De todos modos ella es acep­tada como miem­bro de la fami­lia reci­biendo una buena edu­ca­ción, aun­que eso no impide que en cier­tas oca­sio­nes sea dis­cri­mi­nada como cuando no puede sen­tarse a cenar en la misma mesa en la oca­sión en que sus parien­tes reci­ben a dis­tin­gui­dos invitados. 

A medida que trans­cu­rre el tiempo Belle va a adap­tán­dose a las carac­te­rís­ti­cas del ambiente como así tam­bién a res­pe­tar las for­ma­li­da­des y los códi­gos socia­les impe­ran­tes que for­man parte del estilo de vida de sus anfi­trio­nes. En todo caso, su exis­ten­cia encuen­tra gran solaz en la estre­cha amis­tad com­par­tida con Lady Eli­za­beth Murray (Sarah Gadon), su media prima, quien tam­bién es criada por los Mans­field y a quien ella con­si­dera como su her­mana adop­tiva. Todo cam­bia para Belle cuando a la muerte de su padre ella hereda una gran for­tuna y es allí donde los pre­jui­cios socia­les y racia­les pare­ce­rían que­dar de lado al otor­garle la com­pleta liber­tad de codearse con los miem­bros de los altos círcu­los aristocráticos.

Simul­tá­nea­mente, el relato enfoca la arista román­tica de Belle con John Davi­nier (Sam Reid), un idea­lista e inte­li­gente abo­gado, moti­vado polí­ti­ca­mente y apren­diz de Lord Mans­field. El film adquiere un matiz dra­má­tico cuando en 1783 el juez debe inter­ve­nir en el caso de la masa­cre del Zong, un buque car­guero que tra­ficó más de 100 escla­vos afri­ca­nos y que fue­ron aho­ga­dos en el mar inten­cio­nal­mente por sus due­ños a fin de cobrar sus res­pec­ti­vos segu­ros de vida. El vere­dicto adop­tado por Lord Mans­field abri­ría el camino para que la escla­vi­tud fuese eli­mi­nada por com­pleto de Gran Bretaña.

Puede que el guión de Misan Sagay no se ajuste feha­cien­te­mente a la vera­ci­dad de los hechos aquí con­tem­pla­dos, pero en todo caso el film está muy bien rela­tado y en muchas oca­sio­nes pare­ciera estar basado en la lite­ra­tura de Jane Aus­ten, por la forma en que están plan­tea­dos los aspec­tos socia­les. No menos impor­tante es el acer­tado enfo­que de la rea­li­za­dora abor­dando la dis­cri­mi­na­ción racial así como el tema de la escla­vi­tud, demos­trando cómo el nego­cio del trá­fico de escla­vos con­tri­buyó gran­de­mente en la posi­ción eco­nó­mica de un sec­tor de la pobla­ción. Todos los aspec­tos seña­la­dos están tra­ta­dos con nota­ble sobrie­dad den­tro del con­texto de un período his­tó­rico en el que que­dan refle­ja­das las con­tra­dic­cio­nes de una socie­dad en vías de pro­fun­dos cam­bios. En cuanto al nivel de actua­ción, tanto Mbatha-Raw en el papel pro­ta­gó­nico como el resto del elenco trans­mi­ten com­pleta con­vic­ción a sus res­pec­ti­vos roles. 

Con­clu­sión: Un deco­roso film de época den­tro del marco de la socie­dad inglesa de la segunda mitad del siglo XVIII. Jorge Gut­man