Una Insa­tis­fac­to­ria Come­dia Dramática

THIS IS WHERE I LEAVE YOU. Esta­dos Uni­dos, 2014. Un film de Shawn Levy

Basado en la novela del mismo nom­bre de 2009 de Jonat­han Trop­per, quien tam­bién la adaptó para el cine, This Is Where I leave You es un film que ade­más de ser ano­dino se ase­meja a una situa­ción de come­dia medio­cre cuya ausen­cia de ins­pi­ra­ción sume al espec­ta­dor en un letargo de apro­xi­ma­da­mente 2 horas.

La reunión de fami­lia pro­vo­cada por el deceso de uno de sus miem­bros es la pro­po­si­ción de este film que curio­sa­mente se ase­meja a August: Osage County (2013) donde se efec­túa un cui­da­doso retrato de una fami­lia ame­ri­cana com­ple­ta­mente dis­fun­cio­nal frente a la muerte del patriarca fami­liar. Aquí ocu­rre algo pare­cido pero con la dife­ren­cia sus­tan­cial de que lo que se apre­cia es un con­junto de situa­cio­nes que bor­dean en la cari­ca­tura y que impi­den efec­tuar un aná­li­sis pro­fundo de este relato.

Tina Fey  y Jason Baterman

Tina Fey y Jason Baterman

El per­so­naje eje de esta his­to­ria es Judd Alt­man (Jason Bate­man), un pro­duc­tor radial que acaba de des­cu­brir la infi­de­li­dad de su esposa y que sin alcan­zar a reco­brarse del hecho recibe un lla­mado tele­fó­nico donde se entera que su padre falle­ció. Como con­se­cuen­cia decide inme­dia­ta­mente regre­sar a su hogar de la infan­cia y acom­pa­ñar junto con sus tres her­ma­nos (Tina Fey, Corey Stoll, Adam Dri­ver) a su excén­trica madre (Jane Fonda) para los fune­ra­les. Al lle­gar allí los hijos se impo­nen de que el falle­cido quiso que la fami­lia obser­vara el ritual de la fe judía deno­mi­nado shiva, donde des­pués del entie­rro y durante 7 días los deu­dos reuni­dos pue­dan salir de la etapa de gran dolor reci­biendo el con­suelo de los fami­lia­res y ami­gos y de este modo estar mejor pre­pa­ra­dos para seguir ade­lante. Todo lo que acon­tece durante ese período de for­zada con­vi­ven­cia está nutrido por situa­cio­nes nada con­vin­cen­tes en donde no fal­tan amo­res del pasado, frus­tra­cio­nes matri­mo­nia­les, enfer­me­da­des y otros inci­den­tes expues­tos en tono de pobre come­dia den­tro del neu­ró­tico grupo familiar.

Para un film que cuenta en su elenco a come­dian­tes de nivel, ade­más de la pre­sen­cia de la vete­rana actriz Jane Fonda, el público podría aguar­dar algo más sus­tan­cioso; todos ellos son muy talen­to­sos, sin embargo el insa­tis­fac­to­rio guión y la direc­ción poco diná­mica de Shawn Levy impide que exista quí­mica alguna entre los per­so­na­jes ni emo­ción alguna capaz de sus­ci­tar interés.

Con­clu­sión: Un film ausente de agu­deza que pre­tende ser irre­ve­rente y gra­cioso a par­tir de una pre­misa dra­má­tica pero que resulta fallido en su pro­pó­sito. Jorge Gut­man

Fes­ti­val du Nou­veau Cinéma

Cró­nica de Jorge Gutman

La cua­dra­gé­sima ter­cera edi­ción del Fes­ti­val du Nou­veau cinéma que tiene lugar entre el 8 y el 19 de octu­bre ofrece 380 fil­mes de los cua­les 152 son lar­go­me­tra­jes. Teniendo en cuenta que los títu­los pro­vie­nen de 55 paí­ses, el público ten­drá la opor­tu­ni­dad de asis­tir a una variada gama de pelí­cu­las refle­jando la impor­tan­cia que adquiere en este momento la crea­ción cine­ma­to­grá­fica inter­na­cio­nal a tra­vés de la visión de algu­nos renom­bra­dos rea­li­za­do­res como Jean Luc Godard, David Cro­nen­berg, Pedro Costa, Lisan­dro Alonso, Vol­ker Sch­lön­dorff, Amos Gitai, entre otros.

El fes­ti­val se inau­gura con el film The Good Lie de Phi­lippe Falar­deau que fue muy bien aco­gido en el reciente fes­ti­val de Toronto, con un tema que gira en torno de la expe­rien­cia de refu­gia­dos suda­ne­ses en los Esta­dos Uni­dos. Por su parte, la mues­tra será clau­su­rada con la pro­yec­ción de The Salt of the Earth de Wim Wen­ders y Juliano Ribeiro, enfo­cando la vida del impor­tante fotó­grafo bra­si­leño Sebas­tiao Salgado.

Divi­dido en varias sec­cio­nes, la de la Com­pe­ten­cia Inter­na­cio­nal incluye 15 títu­los de los cua­les hay dos de Que­bec: Félix et Meira de Maxime Giroux, que recien­te­mente obtuvo en Toronto el pre­mio al mejor film cana­diense y que aborda el romance de una mujer de la comu­ni­dad judía jasí­dica con un hom­bre fran­có­fono y L’amour au temps de la gue­rre civile, de Rodri­gue Jean tra­tando la pros­ti­tu­ción mas­cu­lina en Mon­treal. Entre otros fil­mes de la com­pe­ten­cia figu­ran Gente de Bien (Colom­bia) de Franco Lolli, sobre un niño de 10 años que es dejado por su madre para vivir tem­po­ral­mente con su dis­tan­ciado padre; Vio­let (Bélgica-Holanda), donde el rea­li­za­dor Bas Devos encara un drama ado­les­cente sobre el sen­ti­miento de culpa; Difret, de Zere­se­nay Beh­rane Mehan (Etio­pía) que cons­ti­tuye una nove­dad para el público de Mon­treal juz­gando por pri­mera vez un film de un país afri­cano de escasa pro­duc­ción cine­ma­to­grá­fica; She’s Lost Con­trol (Esta­dos Uni­dos), donde la rea­li­za­dora ale­mana Anja Mar­quardt trata el tema de los tera­peu­tas sexua­les mediante la rela­ción espe­cial esta­ble­cida entre una pro­fe­sio­nal y uno de sus clien­tes; Spar­ta­cus et Cas­san­dra (Fran­cia), un docu­men­tal de Ioa­nis Nuguet que con­si­dera a dos niños gita­nos que deben optar entre vivir en la calle con sus padres o en cam­bio reci­bir una edu­ca­ción formal.

En la cate­go­ría Pre­sen­ta­ción Espe­cial están inclui­dos títu­los de vete­ra­nos rea­li­za­do­res y/o de fil­mes pre­sen­ta­dos en otros fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les. De los 27 títu­los sedes­ta­can Adieu au lan­gage (Fran­cia), de Jean-Luc Godard; The Voi­ces (Esta­dos Unidos-Alemania), de Mar­jane Satrapi con la inter­pre­ta­ción de Ryan Rey­nolds y Anna Ken­drick; Wild (Esta­dos Uni­dos), de Jean-Marc Vallée; Ana Ara­bia (Israel) de Amos Gitai, Boy­choir (Esta­dos Uni­dos), de Fra­nçois Girard con Dus­tin Hoff­man como pro­ta­go­nista; Jauja (Argen­tina), de Lisan­dro Alonso con la actua­ción de Vigo Mor­ten­sen; Night­cra­wler (Esta­dos Uni­dos), de Dan Gil­roy e inter­pre­tado por Jake Gyllen­haal; la pri­mi­cia mun­dial de Love Pro­ject (Canadá) de la rea­li­za­dora Carole Laure; Still the Water (Japón), de Nami Kawase; Ana Ara­bia (Israel), de Amos Gitai; 71 (Gran Bre­taña), de Yann Demange.

En la sec­ción Pano­rama, que gene­ral­mente apunta a exhi­bir lo mejor del cine mun­dial inde­pen­diente, se habrán de pro­yec­tar 39 pelí­cu­las. Entre ellas están 7’ rue de la folie (Bél­gica), de Rha­lib Jawad; Ela volta na quinta (Bra­sil) de André Novais; The Tribe (Ucra­nia), de Myros­lav Sla­boshpy­ts­kiy; la ópera prima de Ana Lily Amir­pour A Girl Walks Home Alone at Night (Esta­dos Uni­dos); El Ardor (Argentina-México-Brasil-Francia), de Pablo Fen­drik con la actua­ción de Gael Gar­cía Ber­nal; Refu­giado (Argen­tina), de Diego Ler­man, The Owners (Kazakhs­tán), de Abdikhan Yerzh­nov; Mes sou­liers rou­ges (Irán), de Sara Ras­ter­gar; Scheherazada’s Diary (El Líbano), de Zeina Dac­ca­che; Foreign Bodies (Ita­lia), de Mirko Loca­te­lli; Stea­di­ness (Aus­tria), de Lisa Weber.

Para quie­nes estén incli­na­dos por un cine radi­cal y van­guar­dista la sec­ción Tem­psø ofrece 17 títu­los donde entre los mis­mos figura el film musi­cal Tokyo Tribe (Japón), de Sion Sono. Otros fil­mes de la sec­ción son: Realité (Fran­cia), de Quen­tin Dupieux; The World of Kanako (Japón), de Tet­suya Kans­hima; Fires on the Plain (Japón), de Shinya Tsu­ka­moto; Der Samou­rai (Ale­ma­nia), de Till Kleinert.

Los fil­mes de la pro­vin­cia de Que­bec y de Canadá par­ti­ci­pan en la sec­ción Focus con 16 títu­los, inclu­yendo The Price we Pay, de Harold Crooks quien exa­mina la eva­sión fis­cal de cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les invir­tiendo en los deno­mi­na­dos paraí­sos fis­ca­les del extran­jero. Entre otros títu­los de la sec­ción se encuen­tran: Antoine et Marie, de Jimmy Larou­che abor­dando la droga de la vio­la­ción, Nou­ve­lles, Nou­ve­lles, de Oli­vier Godin, sobre un poli­cía vuelto a la vida que trata de loca­li­zar a su hija des­a­pa­re­cida; Gurov et Anna, de Rap­hael Oue­llette en la cual una estu­diante y un pro­fe­sor man­tie­nen una tóxica rela­ción amo­rosa; La géné­ra­tion porn, de Pas­cal Plante sobre un grupo de ami­gos que se reúnen 5 años des­pués de haber fina­li­zado sus estu­dios secundarios.

El fes­ti­val con­tem­pla home­na­jes a Robin Williams, Lau­ren Bacall, Jean-Claude Lau­zon, Peter Win­to­nick, Pedro Costa, entre otros, como así tam­bién la retros­pec­tiva de 5 clá­si­cos fil­mes res­tau­ra­dos: Parlez-nous d’amour (1976) de Jean-Claude Lord; Liste Noire (1995) de Jean-Marc Vallé; The Big Red One: The Recons­truc­tion (2004) de Samuel Fuller; Tit Coq (1953) de Gra­tien Géli­nas y René Dela­croix; y el inol­vi­da­ble drama de Mar­cel Carné Le jour se lève (1939).

Para infor­ma­ción acerca de las salas de pro­yec­ción y la pro­gra­ma­ción hora­ria, visi­tar el sitio: www.nouveaucinema.ca

Dos Famo­sos Personajes

PETER ET ALICE – Autor: John Logan - Direc­ción:Hugo Bélan­ger – Elenco: Béa­trice Picard, Carl Poli­quin, Félix Beaulieu-Duchesneau, Marie-Eve Milot, Éric Paul­hus, Sébas­tien René, Jean-Guy Viau — Deco­ra­dos: Gene­viève Lizotte — Ves­tua­rio: Patrice Charbonneau-Brunelle – Ilu­mi­na­ción: Luc Prai­rie – Música: Patrice d’Aragon Dura­ción: 1h50 (sin entre­acto). Repre­sen­ta­cio­nes: Hasta el 18 de octu­bre de 2014 en el Théâ­tre Jean-Duceppe (www.duceppe.com)

Tomando como refe­ren­cia a James Matt­hew Barrie, autor de Peter Pan (1904) y Lewis Carroll (cuyo ver­da­dero nom­bre fue Char­les Lut­widge Dod­son), crea­dor de Ali­cia en el País de las Mara­vi­llas (1865), John Logan recrea un encuen­tro que tuvo lugar entre los pro­ta­go­nis­tas de estas dos obras para espe­cu­la­ti­va­mente ofre­cer una mirada nos­tál­gica de cómo han sido sus vidas.

Béatrice Picard, Félix Beaulieu-Duscheneau y Carl Poliquin (Foto de : François Brunelle)

Béa­trice Picard, Félix Beaulieu-Duscheneau y Carl Poli­quin (Foto de : Fra­nçois Brunelle)

En junio de 1932, en el marco de la parte tra­sera de la libre­ría Bum­pus de Lon­dres se hallan Alice Lid­dell Har­grea­ves (Béa­trice Picard), una mujer octo­ge­na­ria y Peter Lle­welyn Davies (Carl Poli­quin), de apro­xi­ma­da­mente 30 años de edad donde se efec­túa una expo­si­ción cele­brando el cen­te­na­rio del naci­miento de Lewis Carroll; ella ha sido la musa ins­pi­ra­dora cuando a los 10 años de edad per­mi­tió a su autor con­ce­bir a la famosa Ali­cia que deam­bu­lará en un mítico mundo fan­tás­tico y está a punto de publi­car sus memo­rias en torno a ese hecho; él por su parte es un edi­tor que per­mi­tió a J.M. Barrie crear el famoso per­so­naje del adulto que se resiste a cre­cer y que ahora se encuen­tra intere­sado por las memo­rias de la anciana. Si bien en un comienzo Alice demues­tra cierta resis­ten­cia frente al joven, una vez ven­cida la frial­dad ini­cial se pro­duce un diá­logo entre ambos y es allí que Logan ima­gina lo que pudo haber sido ese encuentro.

Reme­mo­rando el pasado, pare­ciera que nin­guno de los dos tuvo una vida fácil y en esas con­ver­sa­cio­nes ambos pro­ta­go­nis­tas tra­tan de libe­rar los demo­nios inter­nos que han afec­tado sus res­pec­ti­vas infan­cias y juven­tud en parte adju­di­cada a la expe­rien­cia atra­ve­sada por Peter durante sus años de ser­vi­cio mili­tar durante la pri­mera guerra.

Esen­cial­mente no hay mucho más que la obra qui­siera expre­sar, pero lo que se des­taca en ella es cómo la reali­dad se entre­mez­cla con la fan­ta­sía y a par­tir de allí van sur­giendo los auto­res de ambas obras como tam­bién los per­so­na­jes de ambos cuen­tos que los ani­man dando lugar a un viaje sin­gu­lar. Más que una obra de con­te­nido dra­má­tico en el fondo se trata de una fan­ta­sía donde la vida pare­ce­ría imi­tar al arte a tra­vés de un juego de espe­jos ori­gi­nal­mente concebidos.

Esta obra des­cansa fun­da­men­tal­mente en la dimen­sión que los acto­res brin­dan a sus per­so­na­jes. Cuando esta pieza se estrenó el año pasado en Lon­dres tuvo como atrac­tivo fun­da­men­tal la pre­sen­cia de esa gran dama de la escena que es Judy Dench y que está muy con­sus­tan­ciada con los tra­ba­jos del autor. En este caso se puede afir­mar que Béa­trice Picard ofrece una exce­lente carac­te­ri­za­ción de su per­so­naje, mien­tras que el resto del elenco no des­en­tona al lado de ella.

Hugo Bélan­ger entre­mez­cla la acción pre­sente con las esce­nas de fan­ta­sía logrando un ade­cuado equi­li­brio a tra­vés del cruce de per­so­na­li­da­des de per­so­na­jes reales y fic­ti­cios. En otros aspec­tos los deco­ra­dos así como la ilu­mi­na­ción crean el clima ade­cuado para que resulte con­vin­cente lo que acon­tece en el escenario.

Con­clu­sión: Sin que se trate de una obra dema­siado tras­cen­dente, la con­jun­ción de los fac­to­res men­cio­na­dos con­tri­buye a una satis­fac­to­ria velada tea­tral. Jorge Gut­man

Un Fes­ti­val Remarcable

Cró­nica de Jorge Gutman

El Fes­ti­val Inter­na­cio­nal de Cine de Toronto (TIFF) con­cluído el 14 de sep­tiem­bre rati­ficó una vez más que es un acon­te­ci­miento imper­di­ble para la indus­tria cine­ma­to­grá­fica, la crí­tica espe­cia­li­zada y para el enorme público que acude a las salas para ver los fil­mes como tam­bién para encon­trar de cerca a los artis­tas inter­na­cio­na­les quie­nes con su pre­sen­cia enga­la­nan esta gran mues­tra cultural.

 Benedict Cumberbatch en THE IMITATION GAME

Bene­dict Cum­ber­batch en THE IMI­TA­TION GAME

Como bien es sabido el TIFF no es com­pe­ti­tivo pero exis­ten cier­tos pre­mios rele­van­tes. Entre los mis­mos figura el Pre­mio del Público (People’s Choice Award) que corres­ponde al film pre­fe­rido votado por los espec­ta­do­res y que este año fue adju­di­cado a la copro­duc­ción de Esta­dos Uni­dos con Gran Bre­taña The Imi­ta­tion Game del direc­tor noruego Mor­ten Tyl­dum; como ya se anti­cipó opor­tu­na­mente, el tema gira en torno al gran mate­má­tico bri­tá­nico Alan Turing quien durante la Segunda Gue­rra fue con­tra­tado por su país para que junto con un equipo de exper­tos lograra des­ci­frar el código Enigma empleado por los nazis. Este meri­to­rio film cuenta con una muy buena inter­pre­ta­ción de Bene­dict Cum­ber­batch en el rol cen­tral y su con­si­de­ra­ción crí­tica será efec­tuada en opor­tu­ni­dad de su estreno comer­cial pro­gra­mado para noviem­bre. El mejor film cana­diense recayó en Félix et Meira de Maxime Giroux cuya acción trans­cu­rre en Mon­treal y se refiere al inusual romance de una mujer casada judía y jasí­dica con un hom­bre secu­lar fran­có­fono; esta pelí­cula será eva­luada cuando se exhiba en sala a prin­ci­pios del pró­ximo año.

Richard Gere en TIME OUT OF MIND

Richard Gere en TIME OUT OF MIND

La Fede­ra­ción de la Prensa Cine­ma­to­grá­fica (FIPRESCI) adju­dicó dos pre­mios. Uno de ellos corres­pon­diente a la sec­ción Dis­co­very fue dis­cer­nido a la pro­duc­ción fran­cesa May Alla Bless France!; esta ópera prima de Abd Al Malik es un relato auto­bio­grá­fico del rea­li­za­dor que se refiere a cómo las ense­ñan­zas del Islam logra­ron cam­biar su vida con­vir­tién­dolo en un renom­brado músico y escri­tor polí­tico. El otro pre­mio corres­pon­diente al pro­grama Spe­cial Pre­sen­ta­tions fue adju­di­cado al drama esta­dou­ni­dense Time Out of Mind; en este film el direc­tor Oren Mover­man ana­liza el grave pro­blema social de la gente sin hogar (home­less) que deam­bula por Man­hat­tan, cen­tra­li­zando su his­to­ria en un vaga­bundo sin techo –exce­len­te­mente inter­pre­tado por Richard Gere-; es sin duda uno de los mejo­res títu­los vis­tos en el TIFF y será ana­li­zado exten­si­va­mente en oca­sión de su estreno.

He aquí, un breve comen­ta­rio sobre algu­nos fil­mes inter­na­cio­na­les que he tenido oca­sión de ver.

Ronald Zehrfeld y Nina Hoss en PHOENIX

Ronald Zehr­feld y Nina Hoss en PHOENIX

Phoe­nix (Ale­ma­nia) con­firma a Chris­tian Pet­zold como uno de los más impor­tan­tes direc­to­res euro­peos. Rati­fi­cando la madu­rez demos­trado en Bar­bara (2012), Pet­zold ofrece un muy buen melo­drama ambien­tado en Ber­lín a poco tiempo de haber con­cluido la Segunda Gue­rra. Abor­dando los efec­tos del con­flicto bélico así como los pro­ble­mas de iden­ti­dad y per­te­nen­cia con el pasado y los sen­ti­mien­tos de culpa, el direc­tor relata la his­to­ria de Nelly (Nina Hoss), una can­tante judía sobre­vi­viente del holo­causto que acaba de recu­pe­rarse de una ciru­gía facial que le recons­truyó su ros­tro. Su pro­pó­sito es el de loca­li­zar a su marido Johnny (Ronald Zehr­feld) sin saber que él logró divor­ciarse de ella. Cuando el encuen­tro se pro­duce, sin que Johnny la reco­nozca debido a su nueva fiso­no­mía y ade­más por estar con­ven­cido de que Nelly está muerta, le pro­pone a ella que asuma el rol de su supues­ta­mente des­a­pa­re­cida esposa para com­par­tir la heren­cia dejada por la fami­lia de su ex esposa ase­si­nada por los nazis. Ella acepta el ofre­ci­miento con­vir­tién­dose así en impos­tora de sí misma por el amor que guarda por Johnny a pesar de los pre­sun­tos rumo­res de que fue él quien la denun­ció a la Ges­tapo; de todo ese intrín­gu­lis se va desa­rro­llando una his­to­ria de sólido sus­penso con una deci­dida carga emo­cio­nal pero rela­tada sin sen­ti­men­ta­lismo alguno. El desen­lace es excep­cio­nal­mente ima­gi­na­tivo con una escena final que no nece­sita de diá­logo alguno pero de gran expre­si­vi­dad. Un nota­ble film.

La bana­li­dad humana queda mag­ní­fi­ca­mente refle­jada en el melan­có­lico film de Roy Ander­son A Pigeon Sat On A Branch Reflec­ting On Exis­tence (Suecia-Noruega-Francia-Alemania). A tra­vés de 39 esce­nas el rea­li­za­dor intro­duce dife­ren­tes viñe­tas que sin tener vin­cu­la­ción alguna con­fi­gu­ran una mirada sagaz sobre el com­por­ta­miento que los mor­ta­les pue­den asu­mir en su actua­ción coti­diana. Entre algu­nas de las situa­cio­nes curio­sas se puede obser­var tres gra­cio­sos encuen­tros con la muerte, una niña con Sín­drome de Down reci­tando en un esce­na­rio un extraño poema, la reapa­ri­ción del rey sueco Car­los XII en un con­texto moderno, un marino pro­ble­ma­ti­zado por una cita anu­lada, una pro­fe­sora de fla­menco ofre­ciendo cari­cias muy par­ti­cu­la­res a uno de sus alum­nos, una velada esco­lar para niños con nece­si­da­des espe­cia­les y la pelea de una pareja en una playa. Con todo, los momen­tos más recu­rren­tes y gra­cio­sos del film invo­lu­cran a un dúo de excén­tri­cos ven­de­do­res (Hol­ger Anders­son, Nils West­blom) que labo­rio­sa­mente tra­tan de ofre­cer artícu­los de entre­te­ni­miento que inclu­yen col­mi­llos de vam­pi­ros, muñe­qui­tos que ríen y más­ca­ras joco­sas. Como su título lo indica, esta nota­ble pelí­cula invita a refle­xio­nar sobre la forma absurda de la con­ducta humana y que por más ridí­cula que apa­rezca en cier­tas acti­tu­des, en última ins­tan­cia refleja la reali­dad de la gran come­dia humana.

Riccardo Leonelli y Agata Buzek en FOREIGN BODY

Ric­cardo Leo­ne­lli y Agata Buzek en FOREIGN BODY

Krzysz­tof Zanussi es el autor de Foreign Body (Polo­nia) exa­mi­nando la forma en que la reli­gión y el mate­ria­lismo de la hora actual pue­den entrar en coli­sión. Tra­tado como un drama psi­co­ló­gico el vete­rano rea­li­za­dor enfoca en su relato a Ángelo (Ric­cardo Leo­ne­lli), un joven ita­liano quien en Polo­nia se enamora pro­fun­da­mente de Kasia (Agata Buzek) una chica polaca que a pesar de que tam­bién lo ama decide con­ver­tirse en monja; con el pro­pó­sito de que pueda lle­gar a disua­dirla para no tomar los hábi­tos, el joven se muda a una ciu­dad cerca del con­vento donde ella se pre­para para su nueva forma de vida. Simul­tá­nea­mente, Ángelo entra a tra­ba­jar en una impor­tante com­pa­ñía donde Kris (Agnieszka Gro­chowska), su ambi­ciosa jefa, no guarda escrú­pulo alguno con tal de lle­gar a la cima del poder y al pro­pio tiempo tra­tar de con­quis­tar sexual­mente a su nuevo empleado. Todo ese esce­na­rio es el marco para que el direc­tor explore el com­por­ta­miento ético de algu­nas cor­po­ra­cio­nes emer­gen­tes en Polo­nia y la manera en que los valo­res del antaño país comu­nista aún tie­nen vigen­cia en el pre­sente, ocul­tando crí­me­nes huma­ni­ta­rios come­ti­dos en el pasado. Entre­mez­clando la reli­gión y el idea­lismo con la cínica per­ver­si­dad del capi­ta­lismo moderno, pare­ciera que en la visión de Zanussi no hay mucho para fes­te­jar en los paí­ses del este de Europa. En esen­cia, este cineasta ofrece un buen film donde, como lo ha mani­fes­tado en buena parte de su fil­mo­gra­fía, sigue intere­sán­dose en los valo­res mora­les que rigen y afec­tan a su país.

Fra­nçois Ozon retorna al cine con Une nou­ve­lle amie (Fran­cia) un ele­gante y des­pre­jui­ciado film en donde el guión que le per­te­nece basado en una obra de Ruth Ren­dell se aden­tra en las mis­te­rio­sas rami­fi­ca­cio­nes adop­ta­das por el com­por­ta­miento sexual del ser humano. En las pri­me­ras esce­nas se con­tem­pla la gran amis­tad exis­tente desde la infan­cia que une a Laura (Isilde Le Besco) con Claire (Anais Demous­tier) donde ambas se casa­ron prác­ti­ca­mente en forma simul­tá­nea. Cuando Laura se enferma gra­ve­mente y en su lecho de muerte le pide a su amiga que vele por su marido David (Romain Duris) y su bebé, ella está com­ple­ta­mente dis­puesta a cum­plir con su volun­tad. Cuando días des­pués del sepe­lio, Claire llega ines­pe­ra­da­mente al hogar de David, des­cu­bre al des­con­so­lado viudo ves­tido con ropas que per­te­ne­cie­ron a su difunta esposa mien­tras le ofrece el bibe­rón a su hijito; allí él con­fiesa a Claire que él siem­pre dis­frutó de posar como mujer. Aun­que el punto de par­tida resiste cre­di­bi­li­dad, el encanto de este ele­gante film reside en el modo que el relato está cons­truido y la con­si­de­ra­ble mesura y aplomo que emplea Ozon al abor­dar el deli­cado tema del tra­ves­tismo y las con­fu­sio­nes de la sexualidad.

Charlotte Gainsbourg y Benoît Poelvoorde en 3 COEURS

Char­lotte Gains­bourg y Benoît Poel­voorde en 3 COEURS

Explo­rando las con­no­ta­cio­nes mora­les que se pro­du­cen en el seno de un matri­mo­nio, 3 Coeurs (Fran­cia) de Benoit Jac­quot plan­tea un sin­gu­lar trián­gulo amo­roso. Cuando el ins­pec­tor fis­cal Marc (Benoît Poel­voorde) llega a per­der su tren en una pequeña ciu­dad pro­vin­cial, conoce casual­mente a Syl­vie (Char­lotte Gains­bourg) y se esta­blece entre ambos una rápida atrac­ción lo que con­duce a que acuer­den reen­con­trarse en París en pocos días más; cuando por razo­nes impre­vis­tas el encuen­tro no se pro­duce, una desilu­sio­nada Syl­vie regresa a sus pagos para inme­dia­ta­mente mudarse con su novio a los Esta­dos Uni­dos. Cuando Marc retorna nue­va­mente al lugar donde cono­ció a Syl­vie para tra­tar de ubi­carla, se topa con Sop­hie (Chara Mas­troianni), igno­rando que se trata de su her­mana, y habién­dose enamo­rado de ella la des­posa al poco tiempo. El tiempo trans­cu­rre sin que Syl­vie haya visto por foto o por Inter­net el ros­tro de Marc y es así que cuando ella retorna a Fran­cia, los dos des­cu­bren la trampa que el des­tino les ten­dió aun­que ocul­tando a Sop­hie que en el pasado se habían cono­cido. Como la atrac­ción entre ambos aún per­siste, de allí en más el relato trans­cu­rre den­tro de un marco de gran ten­sión donde la incóg­nita reside en saber cómo se resol­verá el con­flicto de los tres per­so­na­jes invo­lu­cra­dos en esta maraña amo­rosa. Con algu­nas remi­nis­cen­cias de cier­tos melo­dra­mas ame­ri­ca­nos, la his­to­ria no decae en momento alguno per­mi­tiendo a Benoit des­cri­bir a sus per­so­na­jes aun­que sin juz­gar su mora­li­dad. Intere­sante en su con­cep­ción, el desen­lace puede que sea dis­cu­ti­ble pero en todo caso ese aspecto no dis­mi­nuye la impre­sión posi­tiva del film.

El cine de Amé­rica Latina estuvo muy bien repre­sen­tado, sobre todo en lo que hace a la selec­ción de fil­mes pro­ce­den­tes de Argen­tina. Entre 4 de los títu­los a ser men­cio­na­dos figura La Prin­cesa de Fran­cia, cuarto film del joven y ver­sá­til rea­li­za­dor Matías Piñeiro quien siente una par­ti­cu­lar pre­di­lec­ción en revi­sar algu­nas de las obras de Sha­kes­peare como lo ha hecho con Viola (2012) y en su corto metraje Rosa­linda (2010). En este caso, ofrece una ori­gi­nal narra­ción donde entre­mez­cla reali­dad con fan­ta­sía ape­lando a un grupo de acto­res que desean rea­li­zar una ver­sión radial de Tra­ba­jos de Amor Per­di­dos (Love’s labour Lost) que el inmor­tal autor escri­bió hacia fina­les del siglo XVI; todo ello se com­ple­menta con refe­ren­cias musi­ca­les de la Pri­mera Sin­fo­nía de Schu­mann y pin­tu­ras de William Bou­gue­reau. Con una cámara que se mueve flui­da­mente otor­gando dina­mismo al relato, se asiste a una come­dia diná­mica en base a una estruc­tura ame­na­mente repe­ti­tiva siguiendo el punto de vista de cada uno de sus per­so­na­jes que el genial Bardo segu­ra­mente habría aprobado.

Otro film satis­fac­to­rio de Argen­tina es Dos Dis­pa­ros de Mar­tín Rejt­man donde Mariano (Rafael Feder­man), un ado­les­cente de 16 años, impul­si­va­mente decide sui­ci­darse con dos dis­pa­ros de pis­tola aun­que sobre­vive mila­gro­sa­mente. Lo que sigue des­pués es una come­dia deli­cio­sa­mente absurda por las excén­tri­cas situa­cio­nes que se pro­du­cen en las rela­cio­nes que el mucha­cho man­tiene con sus fami­lia­res como con­se­cuen­cia de su acti­tud –espe­cial­mente con su madre (Susana Pam­pín) que se ocupa de remo­ver todos los obje­tos filo­sos de la casa-, su par­ti­ci­pa­ción en el cuar­teto musi­cal de flauta dulce que inte­gra, así como con otros per­so­na­jes que van incor­po­rán­dose a un relato estruc­tu­rado en base a varias sub­tra­mas; lejos de su dra­má­tica pre­misa ini­cial, el film adopta un humor seco y muy efec­tivo que no dejará indi­fe­rente a los cinéfilos.

L. Sbaraglia, C. Kid y M. Silva en AIRE LIBRE

L. Sba­ra­glia, C. Kid y M. Silva en AIRE LIBRE

En Aire Libre la direc­tora argen­tina Anahi Ber­neri enfoca a un joven matri­mo­nio (Leo­nardo Sba­ra­glia, Celeste Cid) de clase media que lo tiene todo en tér­mi­nos eco­nó­mi­cos y de apa­rente feli­ci­dad con­yu­gal; sin embargo esa con­vi­ven­cia se va dete­rio­rando al imple­men­tarse el sueño lar­ga­mente deseado con­sis­tente en la cons­truc­ción de una casa en un lugar ale­jado del mun­da­nal ruido de la gran ciu­dad; lenta pero pro­gre­si­va­mente cada una de las par­tes se va sepa­rando sin tener en cuenta la pre­sen­cia del hijito (Máximo Silva) de 7 años que final­mente es cui­dado por la abuela materna (Fabiana Can­tilo). Éste es un triste drama con­yu­gal, muy bien exa­mi­nado por la direc­tora, quien opta por ofre­cer un desen­lace acer­ta­da­mente abierto como para que cada espec­ta­dor medite sobre el deli­cado equi­li­brio que es nece­sa­rio man­te­ner para que una rela­ción de pareja no zozobre.

De inte­rés mul­ti­cul­tu­ral es la ópera prima La Salada de Juan Mar­tín Hsu donde mediante 3 his­to­rias para­le­las se des­cribe a un grupo de inmi­gran­tes inte­grado por sur­co­rea­nos, boli­via­nos y un tai­wa­nés con­vi­viendo con argen­ti­nos en un mer­cado mul­ti­tu­di­na­rio que inti­tula al film. A pesar de algún que otro alti­bajo narra­tivo, la his­to­ria des­tila auten­ti­ci­dad por la buena carac­te­ri­za­ción de sus per­so­na­jes y ade­más resulta loa­ble en su inten­ción de cerrar la bre­cha cul­tu­ral entre dife­ren­tes comu­ni­da­des, bre­gando de este modo por la no dis­cri­mi­na­ción, xeno­fo­bia o racismo.

Con un len­guaje aus­tero y des­pro­visto de sen­ti­men­ta­lismo, los direc­to­res Kris­tina Gro­zeva y Petar Val­cha­nov abor­dan en The Les­son (Bulgaria-Grecia) un sobrio drama humano refle­jando el doble están­dar que puede asu­mir la con­ducta humana en con­di­cio­nes apre­mian­tes. En una estu­penda inter­pre­ta­ción Mar­gita Gos­heva anima a Nadezdha, una edu­ca­dora de una pequeña ciu­dad búl­gara quien con fir­mes prin­ci­pios trans­mite a su clase la hones­ti­dad que debe pre­va­le­cer en su com­por­ta­miento; esa cir­cuns­tan­cia se pone en evi­den­cia cuando trata de des­en­mas­ca­rar a uno de sus alum­nos que ha robado una bille­tera. Para­le­la­mente a esta situa­ción, Nadezhda está ase­diada con pro­ble­mas finan­cie­ros, teniendo esca­sa­mente tres días para can­ce­lar el importe que su banco le había pres­tado a fin de que su pro­pie­dad no sea recu­pe­rada por el mismo. Ade­más de enfo­car algu­nos aspec­tos difi­cul­to­sos de su entorno fami­liar, la his­to­ria se cen­tra en la angus­tia que la embarga para cum­plir con sus deu­das, lo que la lleva a adop­tar medi­das extre­mas que ponen a prueba su inte­gri­dad moral. A tra­vés de una mirada no muy com­pla­ciente de la Bul­ga­ria post comu­nista, los direc­to­res mues­tran algu­nos aspec­tos que asume la corrup­ción exis­tente así como la vul­ne­ra­bi­li­dad de los sec­to­res más débi­les de la socie­dad frente a los duros emba­tes de la difí­cil situa­ción económica.

Un epi­so­dio his­tó­rico que tuvo lugar en junio de 1941 cuando los habi­tan­tes de Esto­nia, Leto­nia y Litua­nia fue­ron bru­tal­mente depor­ta­dos a Sibe­ria por las fuer­zas sovié­ti­cas quie­nes el año ante­rior habían ane­xado dichos paí­ses, es con­si­de­rado en In the Cross­wind (Esto­nia), ópera prima de Martti Heide. Para su ilus­tra­ción, el joven rea­li­za­dor enfoca los emba­tes físi­cos y emo­cio­na­les sufri­dos por una madre esto­niana (Laura Peter­son) quien junto con su pequeña hijita aguarda poder reunirse con su marido sol­dado. Con una exce­lente foto­gra­fía, este sólido film de fic­ción se ase­meja al de un genuino docu­men­tal refle­jando el tes­ti­mo­nio de una triste época sufrida por el pue­blo báltico.

 Una escena del documental SONGS FROM THE NORTH

Una escena del docu­men­tal SONGS FROM THE NORTH

El cine docu­men­tal es otra de las face­tas que el TIFF selec­ciona cui­da­do­sa­mente en su pro­gra­ma­ción anual y es así que den­tro de los impor­tan­tes fil­mes pre­sen­ta­dos tuve acceso a dos de los mis­mos. Uno de ellos es Songs From The North (Esta­dos Unidos-Corea del Sur– Por­tu­gal) donde la docu­men­ta­lista y fotó­grafa sur­co­reana Soon-Mi Yoo tuvo oca­sión de visi­tar Corea del Norte para cap­tar imá­ge­nes a la vez que pene­trar en el cora­zón de una región que la mayo­ría de las veces es objeto de dis­tor­sión por la ima­gen pro­pa­gan­dís­tica que se ofrece de la misma. En los tres via­jes efec­tua­dos y tran­si­tando por zonas deci­di­da­mente inter­dic­tas por el régi­men de Kim II-Sung, la mul­ti­dis­ci­pli­na­ria rea­li­za­dora –que cuenta con una vasta expe­rien­cia en lo que con­cierne a la his­to­ria polí­tica de Corea– per­mite que a tra­vés de un valioso mate­rial de archivo el público pueda impo­nerse en la forma más obje­tiva posi­ble sobre la vida coti­diana de una pobla­ción donde prác­ti­ca­mente se sabe muy poco de ella al estar ais­lada del resto del mundo. En esen­cia, la rea­li­za­dora ofrece un docu­mento agudo, sen­si­ble y muy per­ti­nente que se limita a mos­trar la reali­dad exis­tente sin que las con­si­de­ra­cio­nes ideo­ló­gi­cas pue­dan com­pro­me­ter el obje­tivo propuesto.

La rea­li­za­dora israelí Tamara Erde enfoca en This Is My Land (Fran­cia) la forma en que el con­flicto israelí-palestino es ense­ñado en las escue­las de Israel y en la de los terri­to­rios ocu­pa­dos. Habiendo cre­cido y edu­cado en una un cole­gio público israelí, ella nunca tuvo oca­sión de impo­nerse sobre la his­to­ria desde una visión pales­tina; por esa razón, se pro­puso fil­mar un docu­men­tal abor­dando ambos sis­te­mas edu­ca­cio­na­les. A pesar de que tuvo res­tric­cio­nes de fil­mar en las escue­las públi­cas de Israel, deci­dió superar el incon­ve­niente visi­tando esta­ble­ci­mien­tos inde­pen­dien­tes israe­líes que se adhie­ren al currí­cu­lum nacio­nal, ade­más de los que impe­ran en las escue­las pales­ti­nas. La cámara sigue sus pasos en seis esta­ble­ci­mien­tos, inclu­yendo una escuela de ense­ñanza media de Haifa, otra escuela tal­mú­dica, una israelí donde asis­ten estu­dian­tes árabes y judíos, un cole­gio en la ciu­dad pales­tina de Rama­llah, una escuela árabe en Ibi­lin y otra en un campo de refu­gia­dos. Con la par­ti­ci­pa­ción de edu­ca­do­res israe­líes y pales­ti­nos en sus res­pec­ti­vas cla­ses, se ilus­tra cómo los orí­ge­nes his­tó­ri­cos de la zona y las impli­ca­cio­nes reli­gio­sas sub­ya­cen­tes van for­mando a los jóve­nes estu­dian­tes dán­do­les una visión dife­rente según sea la edu­ca­ción reci­bida en las escue­las israe­líes o pales­ti­nas a las que asis­ten. Aun­que la rea­li­za­dora evita adop­tar posi­ción alguna y su enfo­que sea la de neu­tral obser­va­dora, el espec­ta­dor tiene la impre­sión de que la for­ma­ción reci­bida por los alum­nos no con­tri­buye mucho para que se pueda encon­trar una solu­ción a la dra­má­tica cri­sis que aflige a la región.

Arriba el Telón para el TIFF

Cró­nica de Jorge Gutman

Tal como estaba pro­gra­mado ayer se inau­guró con todo el gla­mour de los gran­des acon­te­ci­mien­tos la 39° edi­ción del TIFF con la exhi­bi­ción de The Judge (Esta­dos Uni­dos) del direc­tor David Dob­kin. Hasta el 14 de sep­tiem­bre, día en que fina­liza esta mues­tra, un impre­sio­nante número de repre­sen­tan­tes de la indus­tria del cine se con­gre­gará en esta ciu­dad. Una mues­tra de los acto­res y rea­li­za­do­res invi­ta­dos que ven­drán a pre­sen­tar y pro­mo­cio­nar sus pelí­cu­las incluye a Bill Murrray, Mark Ruf­falo, Adam Sand­ler, Char­lotte Gains­bourg, Alan Rick­man, Jen­ni­fer Anis­ton, Jake Gyllen­hall, Kate Wins­let, Den­zel Washing­ton, Béré­nice Bejo, Julianne Moore, Robert Dow­ney Jr., Steve Carrell, Michael Dou­glas, Diane Kea­ton, Melissa Leo, Dus­tin Hoff­man, Al Pacino, Vanessa Red­grave, John Tra­volta, Adam Sand­ler, Chan­ning Tatum, Xavier Dolan, James Franco, Mela­nie Lau­rent, Ethan Hawke, Oli­vier Assa­yas, Lau­rent Can­tet, Michael Moore y muchos más. Entre los nom­bres impor­tan­tes que par­ti­ci­pa­rán en con­ver­sa­cio­nes con el público asis­tente figu­ran los de Reese Wit­hers­poon, Juliette Bino­che, Richard Gere, Robert Duvall, Jon Ste­wart, David Thorpe, Julie Tay­mor y Antoine Fuqua.

Se pro­yec­ta­rán 285 lar­go­me­tra­jes y 108 cor­tos pro­ve­nien­tes de 79 paí­ses. De los lar­go­me­tra­jes 143 corres­pon­den a pri­mi­cias mun­dia­les y 34 son estre­nos inter­na­cio­na­les. De acuerdo a lo que ya se había anti­ci­pado opor­tu­na­mente el film de clau­sura será A Little Chaos (Gran Bre­taña) de Alan Rick­man con Kate Wins­let como protagonista.

Kate Winslet en A LITTLE CHAOS

Kate Wins­let en A LITTLE CHAOS

A con­ti­nua­ción se ofrece una rápida visión de algu­nos fil­mes que EL POPU­LAR ya ha tenido opor­tu­ni­dad de ver, inclu­yendo cier­tos títu­los vis­tos en Can­nes y que fue­ron bre­ve­mente comen­ta­dos en su oportunidad.

Canadá

Julianne Côte y Catherine St-Laurent en TU DORS NICOLE

Julianne Côte y Cat­he­rine St-Laurent en TU DORS NICOLE

Stép­hane Lafleur ofrece en Tu Dors Nicole un film de humor seco que des­cribe a Nicole (Julianne Côte), una intro­ver­tida chica de 20 años que durante sus vaca­cio­nes de verano retorna con Véro­ni­que (Cat­he­rine St-Laurent), su mejor amiga, a la casa de sus padres mien­tras ellos se encuen­tran ausen­tes. La per­ma­nen­cia de ambas se ve alte­rada con la lle­gada al lugar de su her­mano mayor Rémi (Marc-André Gron­din), un bate­rista que lidera una banda de músi­cos inte­grada con otros dos com­pa­ñe­ros (Fran­cis La Haye, Simon Larou­che).
El film se com­pone de una serie de viñe­tas y/o inci­den­tes que van deno­tando la desorien­ta­ción de Nicole sobre lo que aguarda del futuro; en prin­ci­pio su inten­ción es de via­jar con su amiga a Islan­dia para huir de la rutina que la embarga. Lafleur ilus­tra la com­pleja etapa de tran­si­ción que atra­viesa esta joven donde ya no es más una ado­les­cente pero tam­poco alcanzó la madu­rez sufi­ciente para enfo­car la vida con la res­pon­sa­bi­li­dad de un adulto. Sin que exis­tan hechos remar­ca­ble­mente impor­tan­tes que le otor­guen un con­te­nido dra­má­tico, el film se des­taca por su sobria narra­ción no exenta de con­te­nido poé­tico donde se apre­cia el estilo dis­tin­tivo del director.

Map to the Stars de David Cro­nen­berg es un film estruc­tu­rado en forma coral cuya acción trans­cu­rre en Los Ánge­les pre­sen­tando a varios per­so­na­jes del mundo de Holly­wood. Entre los mis­mos se encuen­tran una madura y neu­ró­tica actriz (Julianne Moore) que busca deses­pe­ra­da­mente una opor­tu­ni­dad para asu­mir el rol pro­ta­gó­nico de la nueva ver­sión de un film en donde años atrás su madre (Sarah Gadon) había enca­be­zado el reparto, una joven tímida (Mía Wasi­kowska) con un triste pasado de piró­mana que llega a Holly­wood pro­ce­dente de Flo­rida tra­tando de ubi­car a su her­mano (Evan Bird) quien es un astro de 13 años, de natu­ra­leza inaguan­ta­ble y des­pre­cia­ble, un con­duc­tor de limu­si­nas (Robert Pat­tin­son) aspi­rante a actor; un cele­brado psi­co­te­ra­peuta (John Cusack) y su mujer empre­sa­ria (Oli­via Williams).
Cro­nen­berg ofrece un relato al que no le falta sexo, incesto, mani­pu­la­ción, per­ver­sión y exa­cer­bada vio­len­cia, donde nin­gún per­so­naje es huma­na­mente res­ca­ta­ble. Con situa­cio­nes que a veces no son del todo cohe­ren­tes, queda como balance una ácida e impia­dosa come­dia negra que lanza sus dar­dos con­tra los famo­sos que ilu­mi­nan el fir­ma­mento de Hollywood.

Aun­que ya estre­nado en la pro­vin­cia de Que­bec, llega como pri­mi­cia para el resto de Canadá el reciente film de Denys Arcand Le règne de la beauté. Este direc­tor, que en el pasado ofre­ció títu­los tan memo­ra­bles como Déclin de l’empire amé­ri­cain, Jésus de Mon­tréal e Inva­sions bar­ba­res, aquí no logra insu­flar a su relato la enver­ga­dura nece­sa­ria como para que tras­cienda de la media­nía. La his­to­ria gira en torno de un joven arqui­tecto (Éric Bru­neau) quien con­vive en per­fecta armo­nía con su esposa (Méla­nie Thie­rry) en una bella man­sión de la región de Char­le­voix, hasta que en un viaje que rea­liza a Toronto conoce a una joven (Mela­nie Mer­kosky) con quien ini­cia un affaire sen­ti­men­tal.
El pro­blema de esta pelí­cula es que los per­so­na­jes care­cen de la pro­fun­di­dad nece­sa­ria como para empa­ti­zar con el drama de los mis­mos; ni la aven­tura extra­ma­tri­mo­nial del arqui­tecto, ni tam­poco la depre­sión de la cual es objeto su esposa logran con­mo­ver debido a un guión carente de enver­ga­dura. Si bien hay cierto humor que des­tila en sus diá­lo­gos, alguna que otra obser­va­ción sobre la socie­dad actual y un pano­rama visual des­ta­cando la belleza de los esce­na­rios natu­ra­les donde ha sido fil­mado, la falta de emo­ción es el gran obs­táculo que vuelve al film des­en­car­nado, frío y a la pos­tre olvidable.

Amé­rica Latina

Alina Rodríguez y Armando Valdés Freire en CONDUCTA

Alina Rodrí­guez y Armando V. Freire en CONDUCTA

Con­ducta (Cuba) del direc­tor Ernesto Dara­nas es un her­moso y con­mo­ve­dor film donde se prueba una vez más la forma en que un edu­ca­dor puede influir en sus alum­nos. La trama cen­tral gira en torno de Chala (Armando Val­dés Freire), un niño de 11 años per­tur­bado por vivir en un ambiente mísero, no exento de vio­len­cia y teniendo por aña­di­dura una madre (Yuliet Cruz) mono­pa­ren­tal dro­ga­dicta. Car­mela (Alina Rodrí­guez) es su abne­gada maes­tra de sexto grado por quien el mucha­cho siente un gran res­peto pero cuando ella enferma y es reem­pla­zada por una nueva pro­fe­sora, el niño es tras­la­dado a una escuela correc­cio­nal por pro­ble­mas de con­ducta como resul­tado del hogar dis­fun­cio­nal en el que se desenvuelve.

Den­tro del marco de un film rea­lista y pro­fun­da­mente humano, Dara­nas apro­ve­cha la his­to­ria plan­teada para ilus­trar al pro­pio tiempo algu­nas falen­cias que aque­jan al sis­tema edu­ca­cio­nal cubano, como es el caso de la buro­cra­cia, la into­le­ran­cia exis­tente al depor­tar a una exce­lente alumna de La Habana por­que a pesar de ser cubana no tiene resi­den­cia legal en esa ciu­dad, así como otras situa­cio­nes del vivir coti­diano donde que­dan refle­ja­dos cier­tos pre­jui­cios social­mente ins­ti­tu­cio­na­li­za­dos que son capa­ces de cau­sar per­ni­cio­sos daños. Éste es uno de los mejo­res fil­mes cuba­nos de los últi­mos años.

Viggo Mortensen en JAUJA

Viggo Mor­ten­sen en JAUJA

La pelí­cula Jauja (Argentina-Dinamarca), gana­dora del pre­mio de la FIPRESCI en la cate­go­ría Un Cer­tain Regard del último Fes­ti­val de Can­nes, cons­ti­tuye como todos los fil­mes de Lisan­dro Alonso una pro­puesta radi­cal y aus­tera aun­que más acce­si­ble que sus pre­ce­den­tes tra­ba­jos.
Tra­ba­jando por pri­mera vez con acto­res pro­fe­sio­na­les el rea­li­za­dor efec­túa un viaje al pasado his­tó­rico de Argen­tina y, aun­que no hay nada que el film espe­cí­fi­ca­mente aclare, tiene como con­texto la Con­quista del Desierto por parte del hom­bre blanco con la matanza de indí­ge­nas acae­cida en la década del 80 del siglo XIX. Al sur de Argen­tina llega el capi­tán danés Dine­sen (Viggo Mor­ten­sen) con su hija de 14 años (Viilb­jork Malling Agger) lide­rando una expe­di­ción inte­grada por un grupo de mili­ta­res pobre­mente ves­ti­dos; cuando la ado­les­cente des­a­pa­rece por haberse fugado con un joven sol­dado, el colé­rico y deses­pe­rado padre ini­cia un viaje mon­tado a caba­llo con el pro­pó­sito de loca­li­zarla. A medida que Dine­sen se va inter­nando en un terreno com­ple­ta­mente inex­plo­rado del desolado desierto pata­gó­nico, el pai­saje –que cons­ti­tuye un copro­ta­go­nista del relato– va adqui­riendo un carác­ter surrea­lista y en muchos momen­tos la atmós­fera que el direc­tor va gene­rando se ase­meja a algu­nos de los cuen­tos del gran escri­tor Jorge Luis Bor­ges.
La última parte del film, donde el capi­tán sale al encuen­tro de una anciana (Ghita Norby) en una cueva, adquiere una dimen­sión mis­te­riosa a la vez que meta­fí­sica dejando al espec­ta­dor intri­gado. Exce­lente la con­tri­bu­ción rea­li­zada por el direc­tor de foto­gra­fía fin­lan­dés Timo Salminen.

Pano­rama Inter­na­cio­nal 

Teniendo en cuenta que en Israel una mujer casada que quiera divor­ciarse debe obte­ner el con­sen­ti­miento de su marido para hacerlo, los cineas­tas her­ma­nos Ronit y Shlomi Elka­betz con­si­de­ran dicha situa­ción en Gett, The Trial of Viviane Amsa­lem (Israel).

Ronit Elkabetz y Menashe Noy en GETT, THE TRIAL OF VIVIANE AMSALEM

Ronit Elka­betz y Menashe Noy en GETT, THE TRIAL OF VIVIANE AMSALEM

A tra­vés de casi dos horas, el público queda sumer­gido en la sala de audien­cia de una corte rabí­nica donde debe dilu­ci­darse la situa­ción de un marido que se niega a con­ce­der la sepa­ra­ción que su esposa le ha soli­ci­tado por no desear seguir con­vi­viendo con él. A pesar de que casi todo el relato trans­cu­rre en un solo ambiente, el film apa­siona por su tema y su estu­pendo diá­logo ilus­trando el anacro­nismo de una ins­ti­tu­ción que prác­ti­ca­mente deni­gra a la mujer al tener que depen­der de los capri­chos de su cón­yuge para que la libere del vínculo con­yu­gal. Las exce­len­tes actua­cio­nes de Ronit Elka­betz en el rol de la frus­trada esposa, Simon Abka­rian como su marido, Menashe Noy en el papel del abo­gado defen­sor y Eli Gorns­tein como el rabino, valo­ri­zan con­si­de­ra­ble­mente a este film que por la forma en que está expuesto más se ase­meja a un docu­men­tal que a uno de ficción.

La huelga decre­tada por el sin­di­cato nacio­nal de los mine­ros en Gran Bre­taña durante el gobierno de Mar­ga­ret That­cher dejó pro­fun­das hue­llas. Es en ese esce­na­rio que Matt­hew War­chus se ins­piró para rea­li­zar Pride (Gran Bre­taña) narrando una his­to­ria de fic­ción en base a per­so­na­jes reales.

Una escena de PRIDE

Una escena de PRIDE

El mesu­rado relato se cen­tra en los esfuer­zos rea­li­za­dos por un grupo inte­grado por acti­vis­tas gays y les­bia­nas en 1984 a fin de reco­lec­tar fon­dos para ayu­dar a sub­ve­nir las nece­si­da­des de los mine­ros huel­guis­tas. Sin embargo, los pre­jui­cios socia­les exis­ten­tes con res­pecto a los homo­se­xua­les con­tri­bu­ye­ron a que en prin­ci­pio esos ges­tos de extra­or­di­na­ria gene­ro­si­dad no fue­ran bien­ve­ni­dos por la Unión Nacio­nal de Mine­ros, hecho que resultó agra­vado a medida que el SIDA iba adqui­riendo mar­cada visi­bi­li­dad. Sin embargo, la visita que el grupo rea­liza a Dulais Valley, una pequeña pobla­ción de mine­ros del sur de Gales, cam­bia gra­dual­mente los acon­te­ci­mien­tos poniendo de mani­fiesto una extra­or­di­na­ria comu­ni­ca­ción entre ambas comu­ni­da­des.
He aquí un film pro­fun­da­mente emo­tivo, muy bien rea­li­zado, con un mag­ní­fico elenco (Ben Sch­net­zer, George Mackay, Bill Nighy, Imelda Staun­ton), que remarca el orgu­llo de quie­nes adop­tando una orien­ta­ción sexual dife­rente demues­tran poseer un enco­mia­ble espí­ritu de soli­da­ri­dad humana.

A pesar de su dura­ción de 3 horas y 16 minu­tos y de su estruc­tura tea­tral, Win­ter Sleep (Tur­quía) de Bilge Cey­lan es un film exce­lente y que así lo reco­no­ció el jurado ofi­cial del último Fes­ti­val de Can­nes al adju­di­carle la Palma de Oro.
El relato ins­pi­rado en Anton Che­jov y con remi­nis­cen­cias del cine de Ing­mar Berg­man (Esce­nas de la Vida Con­yu­gal) se desa­rro­lla en una pequeña aldea de las este­pas de Cap­pa­do­cia y se cen­tra en Aydin (Haluk Bil­gi­ner), un actor reti­rado y dueño de un hotel allí encla­vado en donde se ins­tala para escri­bir una his­to­ria del tea­tro turco. Este nota­ble drama cons­ti­tuye un pro­fundo y absor­bente ensayo sobre la con­di­ción humana así como una meticu­losa obser­va­ción de las dife­ren­tes y a veces con­flic­ti­vas cla­ses socia­les de Tur­quía que en muchos aspec­tos alcanza dimen­sión universal.

El direc­tor mau­ri­tano Abde­rrah­mane Sis­sako ofrece en Tim­buktu (Mali-Mauritania-Francia) un estre­me­ce­dor cua­dro sobre las funes­tas con­se­cuen­cias que adquiere el dog­ma­tismo reli­gioso ins­pi­rán­dose en la acción gue­rri­llera que tuvo lugar en julio de 2012 en Aghuel­hok; esa pequeña ciu­dad ubi­cada al norte de Malí, sufrió durante un breve período las con­se­cuen­cias del fana­tismo reli­gioso de yiha­dis­tas quie­nes lle­ga­ron a eje­cu­tar a una pareja con hijos por no haber estado pro­pia­mente casa­dos.
Tra­tando de uti­li­zar un bajo per­fil emo­cio­nal, el direc­tor ilus­tra la forma en que el odio y la vio­len­cia se con­ju­gan de bru­tal manera donde las muje­res vio­la­das y los hom­bres sumi­sos de la pobla­ción local son tes­ti­gos de cas­ti­gos impues­tos por los inte­gris­tas musul­ma­nes como la apli­ca­ción de azo­tes por infrac­cio­nes meno­res o bien la lapi­da­ción por actos de adul­te­rio.
Den­tro de lo que cons­ti­tuye un horro­roso aten­tado a los dere­chos huma­nos, este docu­mento surrea­lista fil­mado con máxima mesura e irre­pro­cha­ble len­guaje visual per­mite refle­xio­nar el modo en que la reli­gión puede ser mani­pu­leada o uti­li­zada como un ins­tru­mento capaz de lle­gar a des­truir la vida de inocen­tes personas.

Deux jours, une nuit.

Con Deux tours, une Nuit (Bél­gica) los her­ma­nos Jean-Pierre y Luc Dar­denne, vuel­ven a recu­rrir en un cine de pro­fundo con­te­nido huma­nista abor­dando el tema de la desocu­pa­ción que es uno de los gran­des pro­ble­mas socia­les por los que atra­vie­san varios paí­ses euro­peos. Marion Coti­llard anima a San­dra, una joven madre que tra­baja en una fábrica de pane­les sola­res y de la cual estuvo ausente por un largo período de licen­cia por enfer­me­dad. Al tra­tar de rein­te­grarse, se entera que durante su ausen­cia el patrón pro­puso a los emplea­dos supri­mir su puesto a cam­bio de una boni­fi­ca­ción de 1000 euros para cada uno de sus 16 com­pa­ñe­ros de tra­bajo. El ele­mento que impulsa el desa­rro­llo de la trama es la bata­lla que San­dra libra con­tra el tiempo para que en el trans­curso de un fin de semana pueda con­ven­cer a cada uno de sus cole­gas a fin de que en el momento de la vota­ción lo hagan renun­ciando a la boni­fi­ca­ción ofre­cida a fin de que ella pueda con­ser­var su empleo.
La maes­tría de los her­ma­nos Dar­denne con­siste en haber trans­for­mado la pre­misa de una sen­ci­lla his­to­ria en una obra inte­li­gente y abor­da­ble sin caer en arti­fi­cio­sos sen­ti­men­ta­lis­mos; por el con­tra­rio, sin mora­lismo ni mani­queísmo alguno los Dar­denne pre­fie­ren expo­ner con sobrie­dad este dra­má­tico pro­blema social. Nadie que­dará indi­fe­rente al valioso con­te­nido de este film donde no hay san­tos ni peca­do­res, sino sim­ple­mente seres huma­nos que no pre­ten­den el cielo sino el legí­timo dere­cho de un tra­bajo honesto para poder man­te­nerse. Exce­lente inter­pre­ta­ción de Coti­llard en el rol central.