Un Fas­ci­nante Drama Deportivo

FOX­CAT­CHER. Esta­dos Uni­dos, 2014. Un film de Ben­nett Miller

Difí­cil ima­gi­nar que un film de ambiente depor­tivo alcance mati­ces con­si­de­ra­ble­mente dra­má­ti­cos como los que se mues­tran en Fox­cat­cher, pero cuando lo que acon­tece en su relato está basado en inima­gi­na­bles hechos ver­da­de­ra­mente acon­te­ci­dos uno debe ren­dirse a la evi­den­cia. Ade­más de su exce­lente direc­ción, lo que le mere­ció a Ben­nett Miller haber obte­nido el pre­mio en tal carác­ter en el último fes­ti­val de Can­nes, el film se dis­tin­gue tam­bién por la remar­ca­ble inter­pre­ta­ción del trío cen­tral de acto­res que par­ti­ci­pan en el mismo.

Steve Carrell y Channing Tatum

Steve Carrell y Chan­ning Tatum

Miller, quien ya exploró exi­to­sa­mente el béis­bol en Money­ball (2011), vuelve a incur­sio­nar ahora enfo­cando su aten­ción en el deporte de la lucha libre tomando como refe­ren­cia a dos her­ma­nos, Mark (Chan­ning Tatum) y David Schultz (Mark Ruf­falo) quie­nes se han dis­tin­guido por haber sido galar­do­na­dos con meda­llas de oro en los Jue­gos Olím­pi­cos de Los Ánge­les de 1984.

El film ilus­tra la buena rela­ción afec­tiva entre ambos her­ma­nos aun­que cada uno de ellos siguiera un camino inde­pen­diente. David que lle­vaba una vida fami­liar apa­ci­ble con su esposa Nancy (Sienna Miller) y sus dos hijos, fue más popu­lar que Mark por haber logrado meda­llas con­quis­ta­das en otros cer­tá­me­nes de gran rele­van­cia como los Cam­peo­na­tos del Mundo, Jue­gos Pan­ame­ri­ca­nos, etc. Por su parte, Mark con­si­de­raba que la figura de su her­mano mayor cons­ti­tuía pro­fe­sio­nal­mente una som­bra para él y en cierta forma sen­tía cierta insa­tis­fac­ción como per­sona no rea­li­zada ple­na­mente en su vida, excepto cuando trans­mi­tía su voca­ción depor­tiva a sus alum­nos de la escuela primaria.

El des­tino deter­mina un cam­bio de rumbo para Mark cuando en 1987 el filán­tropo mul­ti­mi­llo­na­rio John du Pont, (Steve Carell) –quien fue un renom­brado patro­ci­na­dor de la Fede­ra­ción de Lucha– se interesa por él invi­tán­dolo a inte­grar un grupo de depor­tis­tas de lucha libre; su pro­pó­sito era el de for­mar un equipo bien pre­pa­rado para com­pe­tir en los Jue­gos Olím­pi­cos de 1988 en Seúl y lograr una impor­tante vic­to­ria para los Esta­dos Uni­dos. Acep­tando la pro­puesta, Mark se des­plaza a Pen­sil­va­nia para resi­dir en la gran man­sión de du Pont donde dis­pone de un gran com­plejo de entre­na­miento deportivo.

El vínculo per­so­nal que man­tiene el filán­tropo con Mark es uno de los aspec­tos más impor­tan­tes del relato; tanto durante el período de entre­na­miento como fuera del mismo queda cla­ra­mente esta­ble­cida la sumi­sión del depor­tista frente a su bene­fac­tor quien se revela como un sutil mani­pu­la­dor que lo induce a acom­pa­ñarlo en sus hábi­tos de con­sumo de dro­gas; es allí que el mag­ní­fico guión de E. Max Frye y Dan Fut­ter­man deja entre­ver los ras­gos par­ti­cu­la­res de la per­so­na­li­dad de du Pont sugi­riendo un acer­ca­miento homo­eró­tico hacia Mark que está muy bien plan­teado. La con­vi­ven­cia adquiere carac­te­rís­ti­cas más den­sas cuando el anfi­trión quiere que Mark con­venza a su her­mano para que par­ti­cipe del equipo depor­tivo como entre­na­dor, hecho que al poco tiempo se con­creta con el arribo de David y su fami­lia a la resi­den­cia de du Pont. De aquí en más se pro­duce una diná­mica rela­ción entre los 3 per­so­na­jes, donde un extraño clima se va creando cuando el dueño de casa deja de lado a Mark y mani­fiesta implí­ci­ta­mente su pre­fe­ren­cia por David.

El deve­nir de los acon­te­ci­mien­tos pos­te­rio­res se tra­duce en un sober­bio drama psi­co­ló­gico que va creando un clima de sos­te­nida ten­sión donde que­dan expre­sa­dos los fuer­tes lazos fra­ter­na­les, los celos y las mani­fes­ta­cio­nes oscu­ras de la con­ducta humana del excén­trico bene­fac­tor que con­du­cen a un trá­gico desenlace.

Tanto Chan­ning como Ruf­falo bri­llan en sus res­pec­ti­vos pape­les, pero por la natu­ra­leza del per­so­naje ani­mado por Carrell, este actor ofrece una des­co­llante carac­te­ri­za­ción de su per­so­naje, tanto en los ras­gos físi­cos con la ayuda de una pró­te­sis en su nariz como en los mati­ces emo­cio­na­les de la com­pleja, excén­trica y deli­rante per­so­na­li­dad de du Pont.

Con­clu­sión: Un muy buen estu­dio de carac­te­res den­tro del marco de un drama psi­co­ló­gico mag­ní­fi­ca­mente rela­tado e inter­pre­tado. Jorge Gut­man

Agri­dulce His­to­ria de Amor Otoñal

PARTY GIRL. Fran­cia, 2014. Un film escrito y diri­gido por Marie Ama­chou­keli, Claire Bur­ger y Samuel Theis.

. Angélique Litzenburger

Angé­li­que Litzenburger

Este film que este año fue dis­tin­guido con la Cámara de Oro –pre­mio a la mejor ópera prima pre­sen­tada en el Fes­ti­val de Can­nes– se carac­te­riza por estar ins­pi­rado en la vida de su ver­da­dera pro­ta­go­nista Angé­li­que Lit­zen­bur­ger; unido a ello, habría que agre­gar que de los tres rea­li­za­do­res del film, Marie Ama­chou­keli, Claire Bur­ger y Samuel Theis, éste último es el hijo de Angé­li­que y parte de los acto­res no pro­fe­sio­na­les están inte­gra­dos por miem­bros de su fami­lia. De allí que el resul­tado de este relato podría enca­si­llarse en una suerte de cine de reali­dad (cinéma verité) o bien como un docu­men­tal, aun­que esté con­ce­bido como una his­to­ria de ficción.

El tema cen­tral gira en torno de Angé­li­que (Lit­zen­bur­ger inter­pre­tán­dose a sí misma), quien es una dama sexa­ge­na­ria que durante toda su vida activa se desem­peñó como caba­re­tera de un club noc­turno ubi­cado en la ciu­dad fran­cesa de Metz, cerca de la fron­tera con Ale­ma­nia; su tarea con­sis­tía en socia­li­zar con la clien­tela mas­cu­lina para hacer­los con­su­mir bebi­das alcohó­li­cas del esta­ble­ci­miento. Esa acti­vi­dad la sigue desa­rro­llando cuando el film se ini­cia, en donde se la mues­tra com­par­tiendo con otras com­pa­ñe­ras del lugar; todo ese ambiente está des­cripto deli­ca­da­mente sin la inclu­sión de esce­nas sexua­les. Uno de los aspec­tos intere­san­tes del relato es que a pesar de la vida que ha lle­vado Angé­li­que pudo for­mar una fami­lia inte­grada por 4 hijos, de los cua­les tres de ellos, Sam (Samuel Theis) Mario (Mario Theis) y Séve­rine (Séve­rine Lit­zen­bur­ger) han man­te­nido un con­tacto per­ma­nente con ella, a dife­ren­cia de Cynt­hia (Cynt­hia Lit­zen­bur­ger) quien a los 6 años de edad fue apar­tada de su madre para vivir en el hogar de una fami­lia sustituta.

El ele­mento que moto­riza la his­to­ria es la pre­sen­cia de Michel (Joseph Bour), un cliente que en el pasado fre­cuentó el caba­ret y que sin­tiendo un pro­fundo amor por Angé­li­que le pro­pone casa­miento; habiendo sida sor­pren­dida por tal anun­cio y con­si­de­rando que no se trata de una broma, ella final­mente asiente aun­que no muy con­ven­cida del paso deci­sivo que adop­tará al tener que modi­fi­car por com­pleto su estilo de vida. A par­tir de allí ambos viven jun­tos aguar­dando el momento en que se casa­rán for­mal­mente. Un gran dilema se le pre­senta a esta sen­si­ble mujer cuando a medida que van trans­cu­rriendo los días pre­vios a la boda, com­prueba que lo que la liga al bon­da­doso Michel es un esti­ma­ble cariño pero que en última ins­tan­cia no es amor lo que siente por él. ¿Cuál es la deci­sión que adop­tará? ¿Casarse con un hom­bre que le pro­di­gará amor, com­pa­ñe­rismo, res­peto y con­fort, o por el con­tra­rio desis­tir de la boda y con­ti­nuar viviendo como lo ha hecho hasta ahora?

Lo impor­tante del relato es el can­dor vol­cado en el mismo y la natu­ra­li­dad de todos los inte­gran­tes que lo ani­man. Así hay nume­ro­sas esce­nas nota­ble­mente genui­nas que sin sen­ti­men­ta­lismo alguno logran con­si­de­ra­ble reso­nan­cia; entre las mis­mas se puede citar la comida fami­liar en que Angé­li­que pre­senta a algu­nos de sus hijos y nie­tos a su novio, el emo­tivo reen­cuen­tro que man­tiene con Cynt­hia en el hogar de la fami­lia sus­ti­tuta, y/o bien cuando en un momento muy espe­cial cada uno de los hijos expresa con sin­ce­ras pala­bras el amor que siente hacia su madre.

A pesar de las inter­pre­ta­cio­nes abso­lu­ta­mente con­vin­cen­tes de su elenco, por la impor­tan­cia de sus roles sobre­sa­len Angé­li­que quien con gran inten­si­dad trans­mite la gran duda que la anima sobre cómo afron­tar su vida futura, y Bour que pro­yecta mara­vi­llo­sa­mente la nobleza cabal de un hom­bre que en el otoño de su exis­ten­cia cree haber encon­trado la feli­ci­dad al lado de la mujer que ama.

Con­clu­sión: Una íntima his­to­ria rea­lista que con per­so­na­jes deci­di­da­mente agra­da­bles logra crear una gran empa­tía con el público.  Jorge Gut­man 

De Nebraska a Iowa

THE HOMES­MAN. Esta­dos Uni­dos, 2014. Un film de Tommy Lee Jones

Nue­va­mente Tommy Lee Jones da mues­tras de ser un con­su­mado rea­li­za­dor tal como lo demos­tró en su ópera prima The Three Burials of Mel­quia­des Estrada (2005) que habién­dose estre­nado en Can­nes obtuvo el pre­mio al mejor actor y al mejor guión. En su segunda incur­sión detrás de la cámara donde tam­bién enca­beza el reparto, Lee Jones des­cribe con fineza el espí­ritu de una época a tra­vés de un muy buen wes­tern feme­nino. Sin que exista romance de por medio como en prin­ci­pio se pudiera pre­ver, y uti­li­zando una mode­rada vio­len­cia sin caer en des­bor­des efec­tis­tas, el rea­li­za­dor ha cons­truido meticu­losa­mente un film sobrio, inno­va­dor, nada pre­de­ci­ble y de cali­dad supe­rior, capaz de satis­fa­cer a una audien­cia selectiva.

 Hilary Swank y Tommy Lee Jones en THE HOMESMAN

Hilary Swank y Tommy Lee Jones en THE HOMESMAN

Basado en la novela The Shoo­tist de Glen­don Swart­hout publi­cada en 1988, el relato del rea­li­za­dor escrito con Kie­ran Fitz­ge­rald y Wes­ley Oli­ver se ubica en 1854, diez años antes de la Gue­rra Civil, y gira en torno de Mary Bee Cuddy (Hilary Swank), una sol­te­rona pio­nera de gran cora­zón y nota­ble valor que decide tomar bajo su res­pon­sa­bi­li­dad el tras­lado de tres muje­res (Miranda Otto, Grace Gum­mer, Sonja Rich­ter) men­tal­mente ines­ta­bles por dife­ren­tes razo­nes, desde Nebraska hasta una igle­sia de Iowa. En el trans­curso del largo viaje Mary salva de la horca a George Briggs (Lee Jones), un deser­tor del ejér­cito; a cam­bio de ese acto de nobleza el taci­turno indi­vi­duo acepta acom­pa­ñarla en su misión, com­par­tiendo la dura expe­rien­cia de tener que superar los peli­gros de dife­rente índole atra­ve­sando la vasta región de la Fron­tera Americana.

Swank, en el más impor­tante rol que le ha tocado asu­mir desde su bri­llante desem­peño en Million Dollar Baby (2004), se intro­duce ple­na­mente en la piel de la ave­zada pio­nera dotada de una remar­ca­ble for­ta­leza a la vez que capaz de con­tro­lar sus emo­cio­nes; ella logra una espe­cial quí­mica al lado del anti­hé­roe vaquero per­so­ni­fi­cado muy bien por el rea­li­za­dor. Ade­más de sus pro­ta­go­nis­tas prin­ci­pa­les, los roles secun­da­rios están con­vin­cen­te­mente per­so­ni­fi­ca­dos inclu­yendo a la vete­rana y siem­pre gran actriz Meryl Streep como la mujer de un minis­tro meto­dista, James Spa­der, Tim Blake Nel­son y John Lith­gow, entre otros.

Lee Jones es uno de los con­ta­dos direc­to­res capaz de repro­du­cir en un wes­tern las haza­ñas de gente indó­mita y per­se­ve­rante con par­ti­cu­lar sen­si­bi­li­dad lírica sin ape­lar a sofis­ti­ca­dos pre­cio­sis­mos. Entre los fac­to­res téc­ni­cos de pro­duc­ción es nece­sa­rio des­ta­car la mag­ní­fica direc­ción de foto­gra­fía del remar­ca­ble artista mexi­cano Rodrigo Prieto obte­niendo un relato bella­mente fil­mado, así como tam­bién la valiosa con­tri­bu­ción musi­cal del com­po­si­tor Marco Beltrami.

Con­clu­sión: Un remar­ca­ble relato del viejo oeste esta­dou­ni­dense que con­firma a Tommy Lee Jones como uno de los rea­li­za­do­res ame­ri­ca­nos más impor­tan­tes.  Jorge Gut­man

La Teo­ría del Todo

THE THEORY OF EVERYT­HING. Gran Bretaña-Estados Uni­dos, 2014. Un film de James Marsh

Este dra­má­tico film cons­ti­tuye una exce­lente cró­nica de la vida del gran físico bri­tá­nico Step­hen Haw­king abar­cando su matri­mo­nio con una excep­cio­nal mujer, sus inves­ti­ga­cio­nes vin­cu­la­das con el estu­dio del uni­verso y su cruel enfer­me­dad que lo ha con­ver­tido a tem­prana edad en un ser com­ple­ta­mente muti­lado. Gra­cias a la exce­lente direc­ción de James Marsh quien se vale del guión de Ant­hony McCar­ten que está basado en el relato auto­bio­grá­fico de Jane Haw­king Tra­ve­llling to Infi­nity: My Life With Step­hen, la his­to­ria guarda per­fecta cohe­sión y cons­ti­tuye una lec­ción única de vida al demos­trar cómo con­tra viento y marea un hom­bre en con­di­cio­nes infra­hu­ma­nas puede superar obs­tácu­los insal­va­bles para con­ver­tirse en una excep­cio­nal per­so­na­li­dad científica.

Eddie Redmayne y Felicity Jones en THE THEORY OF EVERYTHING

Eddie Red­mayne y Feli­city Jones en THE THEORY OF EVERYTHING

El joven Haw­king (Eddie Red­mayne) es en 1963 un bri­llante estu­diante de post­grado en la renom­brada uni­ver­si­dad de Cam­bridge donde sus teo­rías sobre cos­mo­lo­gía, a fin de encon­trar una expli­ca­ción sobre el uni­verso mediante elu­cu­bra­das ecua­cio­nes mate­má­ti­cas, lle­gan a asom­brar a sus com­pa­ñe­ros así como a sus pro­fe­so­res. Es durante esa época que llega a cono­cer a Jane Wilde (Feli­city Jones) y los dos se enamo­ran per­di­da­mente; sin embargo, esa feli­ci­dad no será dura­dera cuando como con­se­cuen­cia de una caída, Step­hen es diag­nos­ti­cado con la Escle­ro­sis Late­ral Amio­tró­fica (el mal de Lou Geh­rig), una enfer­me­dad neu­ro­de­ge­ne­ra­tiva que afecta a la acti­vi­dad mus­cu­lar volun­ta­ria sin dañar el cere­bro. Se le vati­cina un pro­nós­tico de vida de no más de dos años infor­mán­dole que durante ese período expe­ri­men­tará un suce­sivo empeo­ra­miento del mal que lo aqueja. A pesar de todo, en 1965 se casa con Jane y de esa unión nace­rán 3 hijos.

La cró­nica de la vida matri­mo­nial durante un lapso de 25 años está muy bien narrada aun­que sin entrar en deta­lle alguno sobre la inti­mi­dad sexual de la pareja; lo que sí se des­taca es la dedi­ca­ción total de Jane hacia su marido esti­mu­lán­dolo a con­cluir su carrera lo que lo con­duce a obte­ner su PHD con un tra­bajo que invo­lu­cra su teo­ría ini­cial sobre la crea­ción del uni­verso; ade­más es ella la que no solo cui­dará de su cón­yuge sino quien lle­vará ade­lante el hogar y la edu­ca­ción de sus hijos. Entre tanto, el empeo­ra­miento físico de Step­hen implica tener que movi­li­zarse con una silla de rue­das y gra­dual­mente se hará más difi­cul­toso enten­der lo que dice; nada de ello impide con­ti­nuar con sus inves­ti­ga­cio­nes, efec­tuar diser­ta­cio­nes y reci­bir mere­ci­dos home­na­jes por su con­tri­bu­ción cien­tí­fica. El paso del tiempo implica haber logrado ven­cer a la muerte aun­que no a la enfer­me­dad, sobre todo cuando en 1985 es afec­tado por una grave pul­mo­nía y Jane es la encar­gada de tomar una difi­ci­lí­sima deci­sión sobre si des­co­nec­tar a Step­hen del apa­rato que lo man­tiene vivo o some­terlo a una tra­queo­to­mía que le qui­tará por com­pleto el habla; optando por este segundo camino, ella per­mite que su marido pueda seguir viviendo, valerse de un sin­te­ti­za­dor vocal para poder comu­ni­carse y seguir apor­tando la riqueza de sus investigaciones.

Las difi­cul­ta­des tanto de quien con­vive con esa terri­ble enfer­me­dad como de quien debe cui­darlo podría dar lugar a un film depri­mente y lacri­mó­geno. Afor­tu­na­da­mente, nada de eso ocu­rre por­que el relato está expuesto con sobrie­dad, con­te­niendo momen­tos de humor que ate­núan su drama.

Red­mayne ofrece una inter­pre­ta­ción de gran enver­ga­dura donde ade­más del estruen­doso esfuerzo físico que requiere su papel, –algo com­pa­ra­ble con lo que Daniel Day Lewis ofre­ciera en My Left Foot (1989) y Mat­hieu Ama­ric en Le Scap­han­dre et le papi­llon (2007)-, el actor se aden­tra por com­pleto en la psi­co­lo­gía de un hom­bre que lucha ince­san­te­mente para no que­dar atra­pado en la enfer­me­dad que lo con­sume. Aun­que de dife­rente natu­ra­leza, tam­bién emo­ciona la com­po­si­ción que Jones rea­liza como la mujer plena de for­ta­leza y gran­deza que se brinda con devo­ción hacia su marido, a pesar de que el matri­mo­nio se disol­vió en 1991.

Como hecho para­do­jal y asom­broso de la natu­ra­leza, el hom­bre que a los 21 años quedó sen­ten­ciado a morir, vive aún con sus 72 años de edad, teniendo en su haber la publi­ca­ción de varios libros, entre ellos A Brief His­tory of Time (Breve His­to­ria del Tiempo) publi­cado en 1988 con 10 millo­nes de copias ven­di­das a nivel mun­dial donde se refiere a la natu­ra­leza del tiempo y sobre si el uni­verso es infi­nito o tiene límites.

Con­clu­sión: Un drama alec­cio­na­dor y esti­mu­lante que citando las pala­bras de Haw­king se puede afir­mar que “a pesar de lo malo que la vida pueda pare­cer, cuando hay vida existe espe­ranza”. Esa es la lec­ción que deja este nota­ble film. Jorge Gut­man

El Arte de la Diplomacia

DIPLO­MA­TIE. Francia-Alemania, 2014. Un film de Vol­ker Schlondorff

En base a la exi­tosa obra de tea­tro Diplo­ma­tie del dra­ma­turgo fran­cés Cyril Gely, el rea­li­za­dor Vol­ker Sch­lon­dorff la tras­lada a la pan­ta­lla con los mis­mos acto­res que en 2011 la repre­sen­ta­ron en el esce­na­rio del tea­tro Made­leine de París, habiendo reci­bido elo­gio­sos comen­ta­rios crí­ti­cos; de allí que no llega a sor­pren­der que tanto Niels Ares­trup como André Dus­so­llier, amplia­mente fami­lia­ri­za­dos con sus res­pec­ti­vos roles, ofrez­can dos inter­pre­ta­cio­nes magis­tra­les repro­du­ciendo el drama de los últi­mos días de ocu­pa­ción del régi­men nazi en Francia.

Niels Arestrup y André Dussollier en DIPLOMATIE

Niels Ares­trup y André Dus­so­llier en DIPLOMATIE

No es la pri­mera vez que este tema es tra­tado en el cine dado que en 1966 René Clé­ment lo había con­si­de­rado en ¿Arde París? (Paris brûle-t-il?); en todo caso, esta ver­sión es más inti­mista invo­lu­crando al espec­ta­dor en una sus­tan­ciosa con­ver­sa­ción que tiene lugar entre sus dos per­so­na­jes principales.

La acción se desa­rro­lla en 1944 en París cuando resulta inmi­nente la lle­gada del ejér­cito aliado para reto­mar el con­trol de la ciu­dad en manos de los ale­ma­nes. Durante la noche del 24 al 25 de agosto en su des­pa­cho del lujoso Hotel Meu­rice de la rue Rivoli se encuen­tra en su des­pa­cho el gene­ral nazi Die­trich von Chol­titz (Ares­trup), quien como coman­dante de las fuer­zas de ocu­pa­ción de Ale­ma­nia se halla ata­reado en ulti­mar los pre­pa­ra­ti­vos para la des­truc­ción de la capi­tal de Fran­cia, según las estric­tas órde­nes reci­bi­das de Hitler; la ope­ra­ción con­sis­ti­ría en la eli­mi­na­ción de los prin­ci­pa­les puen­tes que sobre el río Sena unen las már­ge­nes izquierda y dere­cha de la misma, así como la explo­sión de los mara­vi­llo­sos monu­men­tos que sim­bo­li­zan su excep­cio­nal cul­tura arqui­tec­tó­nica (Opera, Tour Eif­fel, Lou­vre, Notre Dame, Place de la Con­corde, entre otros). Ese acto sig­ni­fi­caba para el Füh­rer geno­cida ejer­cer su ven­ganza con­tra las fuer­zas enemi­gas que deja­ron en rui­nas a la ciu­dad de Berlín.

La ines­pe­rada visita que rea­liza el cón­sul de Sue­cia Raoul Nord­ling (Dus­so­llier) a von Chol­titz durante esas horas deci­si­vas cons­ti­tuye la médula del relato. Aun­que esa reunión en reali­dad nunca tuvo lugar, lo cierto es que ambos indi­vi­duos se habían cono­cido pre­via­mente cuando Nord­ling nego­ció con el ale­mán el inter­cam­bio de pri­sio­ne­ros polí­ti­cos ale­ma­nes y fran­ce­ses.

La pieza tea­tral así como el film, refleja el duelo ver­bal que se pro­duce entre Nord­ling y von Chol­titz; el pri­mero apela a sus dotes de con­su­mado diplo­má­tico para disua­dir a su inter­lo­cu­tor de come­ter una vio­lenta agre­sión cri­mi­nal que ade­más de ser abso­lu­ta­mente gra­tuita y sin sen­tido impli­cará la muerte de millo­nes de vidas inocen­tes. El gene­ral arguye que como coman­dante y buen sol­dado per­te­ne­ciente a una ter­cera gene­ra­ción fami­liar de mili­ta­res está para cum­plir las órde­nes sin contradecirlas.

¿Cómo puede superarse esta gran dico­to­mía exis­tente entre la fuerza de la razón y la del estricto cum­pli­miento de obe­dien­cia sin ofre­cer resistencia?Precisamente, uno de los méri­tos de este film reside en la impor­tan­cia que adquiere la riqueza de los diá­lo­gos que durante poco más de una hora no cesan de con­ci­tar la aten­ción cada vez más cre­ciente de la audien­cia. Si bien el coman­dante sabe que tiene la sar­tén por el mango en la rela­ción man­te­nida con el diplo­má­tico, len­ta­mente llega a com­pren­der que lo que está por come­ter ten­drá al final de la gue­rra con­no­ta­cio­nes extre­ma­da­mente nega­ti­vas tanto para él como para su fami­lia. Por su parte, no es menor la tarea que Nord­ling trata de rea­li­zar cuando lle­gado a un momento clave de la con­ver­sa­ción él no sabe cómo res­pon­der a von Chol­titz cuando le pre­gunta qué haría si estu­viera en su lugar.

Ade­más del cau­ti­vante diá­logo, el film se des­taca por la excep­cio­nal actua­ción de Duso­llier y Ares­trup des­ple­gando un duelo de tita­nes. El pri­mero es impa­ga­ble como la per­sona pro­vista de una excep­cio­nal huma­ni­dad y encanto, que habiendo vivido en París, una ciu­dad que ama inten­sa­mente, trata de modi­fi­car la deci­sión del gene­ral a tra­vés de una per­sua­sión increí­ble que le per­mita abrir su cora­zón humano a la vez que su ros­tro denota la com­pren­sión del dilema en que se encuen­tra su inter­lo­cu­tor. Por su parte, la per­so­ni­fi­ca­ción que rea­liza Ares­trup es de anto­lo­gía; a pesar de que su papel impide la crea­ción de sim­pa­tía alguna, no menos cierto es que su actua­ción es magis­tral, sobre todo en los momen­tos fina­les cuando comienza a tras­lu­cir el tre­mendo peso emo­cio­nal que con­lleva tener que sus­pen­der una orden y las con­se­cuen­cias a las cua­les deberá atenerse.

Sch­lon­dorff como rea­li­za­dor deja campo libre al luci­miento de sus acto­res pero al pro­pio tiempo con­si­gue disi­mu­lar la estruc­tura tea­tral de la pieza –prác­ti­ca­mente con­fi­nada en una sola habi­ta­ción con excep­ción de pocos exte­rio­res– para que en nin­gún momento el desa­rro­llo de las con­ver­sa­cio­nes se tor­nen monó­to­nas. En suma, el con­su­mado rea­li­za­dor ha sabido muy bien adap­tar la obra de Gely (con­jun­ta­mente con el autor) para ofre­cer un film de per­ma­nente interés.

Con­clu­sión: Aun­que fuera tan solo por la actua­ción de Niels Ares­trup y André Dus­so­llier, este film es deci­di­da­mente reco­men­da­ble. Jorge Gut­man