Inexo­ra­ble Decli­na­ción Mental

STILL ALICE. Esta­dos Uni­dos, 2014. Un film escrito y diri­gido por Richard Glat­zer y Wash Westmoreland

Aun­que gene­ral­mente los rela­tos fíl­mi­cos que des­pren­den lágri­mas son cali­fi­ca­dos con el des­pec­tivo mote de “lacri­mó­ge­nos”, hay veces en donde esta cali­fi­ca­ción resulta inapro­piada. Tal es el caso del mag­ní­fico melo­drama Still Alice, basado en el libro homó­nimo de Lisa Genova y adap­tado para el cine por sus rea­li­za­do­res Richard Glat­zer y Wash Wes­mo­re­land que no dejará a nadie indi­fe­rente por su extra­or­di­na­ria emo­ti­vi­dad y en donde es posi­ble que los ojos de cier­tos espec­ta­do­res segre­guen algu­nas lágri­mas con­tem­plando su desarrollo.

 Julianne Moore

Julianne Moore

Pocos días des­pués de que Alice (Julianne Moore), una bri­llante experta en lin­güís­tica y cate­drá­tica de la Uni­ver­si­dad de Colum­bia, cele­bra sus 50 años rodeada del cariño de su fami­lia en un res­tau­rante de Man­hat­tan, se encuen­tra de visita en la Uni­ver­si­dad de Los Ánge­les para una con­fe­ren­cia sobre un tema de su espe­cia­li­dad; en su diser­ta­ción olvida momen­tá­nea­mente una pala­bra sin que el epi­so­dio tras­cienda en el público asis­tente. Cuando regresa a Nueva York y prac­tica jog­ging en las calles de Man­hat­tan pierde momen­tá­nea­mente el sen­tido de orien­ta­ción; preo­cu­pada por lo suce­dido decide con­sul­tar a su médico. Tras unos exá­me­nes radio­ló­gi­cos, el con­clu­yente diag­nós­tico indica que se encuen­tra en los pri­me­ros esta­dios de Alz­hei­mer y que su con­di­ción irá empeo­rando con el paso del tiempo, lo que en el caso de ella será mas rápido por la tem­prana edad en que es afec­tada; para peor, es muy pro­ba­ble que por razo­nes gené­ti­cas la enfer­me­dad pueda ser here­dada por sus hijos.

De allí en más el relato sumerge al espec­ta­dor en todas las ins­tan­cias que va atra­ve­sando el per­so­naje cen­tral. Entre varios de sus momen­tos álgi­dos figura aquél en que Alice no pudiendo ocul­tar des­pués de un cierto tiempo lo que le está pasando, se lo comu­nica angus­tiada en medio de la noche a su marido (Alec Bald­win); no menos dra­má­tico es cuando el matri­mo­nio reúne a sus tres hijos adul­tos (Kris­ten Ste­wart, Kate Bos­worth, Hun­ter Parrish) para infor­mar­les sobre lo que está acon­te­ciendo con su madre, a la vez que les indu­cen a que reali­cen sus res­pec­ti­vos aná­li­sis para com­pro­bar si ellos pue­den que­dar afec­ta­dos en el futuro por este mal.

En el pro­ceso de valo­ra­ción de este nota­ble film no puede dejar de admi­tirse que su tema se presta al fácil sen­ti­men­ta­lismo. Sin embargo, los rea­li­za­do­res han cui­dado de que ello no ocu­rra pre­fi­riendo que la audien­cia siga el tra­yecto de Alice, la pro­gre­sión de su enfer­me­dad, su lucha para que­rer com­ba­tirla así como su enorme pena, a tra­vés de una narra­ción sobria aun­que deci­di­da­mente rea­lista. Si el guión ha logrado que el derro­tero de su pro­ta­go­nista reper­cuta con inne­ga­ble fuerza, eso puede en parte deberse a que Richard Glat­zer habiendo expe­ri­men­tado la escle­ro­sis late­ral amio­tró­fica (una enfer­me­dad dege­ne­ra­tiva de carác­ter neu­ro­mus­cu­lar) haya cap­tado en toda su dil­men­sión el espí­ritu de la novela original.

Julianne Moore ofrece la mejor actua­ción de su carrera pro­fe­sio­nal en la carac­te­ri­za­ción que rea­liza de Alice. Cui­dando de no extra­li­mi­tarse en su inter­pre­ta­ción, des­lum­bra con los dife­ren­tes mati­ces de su expre­sión facial dando vida a una mujer de gran inte­li­gen­cia que como lin­güista com­prende todos los meca­nis­mos inhe­ren­tes al len­guaje, siendo abso­lu­ta­mente cons­ciente de que su dete­rioro va afec­tando su habi­li­dad cuando las pala­bras van des­a­pa­re­ciendo de su habla. Aun­que trata deses­pe­ra­da­mente de no ren­dirse a la inexo­ra­ble enfer­me­dad, sabe muy bien lo que habrá de aguar­darla y es así que no puede ocul­tar su rabia, frus­tra­ción e impo­ten­cia al no poder rever­tir ni dete­ner el pro­ceso de su mal.

Acom­pa­ñando a Moore se encuen­tra Bald­win quien como el devoto y amante marido que siem­pre con­si­deró a su cón­yuge como la mujer más bella e inte­li­gente del mundo, llega un momento en que a pesar del amor y apoyo brin­dado com­prueba como len­ta­mente su matri­mo­nio va sufriendo tam­bién los emba­tes del Alzheimer.

Con­clu­sión: Un film afec­tivo, tierno y dolo­ro­sa­mente humano que ade­más de tra­tar con abso­luta hones­ti­dad los veri­cue­tos de una cruenta enfer­me­dad, vale la pena verlo por la con­sa­gra­to­ria actua­ción de Julianne Moore.  Jorge Gut­man

Cri­sis de un Actor Maduro

THE HUM­BLING. Esta­dos Uni­dos, 2014. Un film de Barry Levinson

Podrá tra­tarse de sim­ple coin­ci­den­cia pero resulta curioso com­pro­bar cómo The Hum­bling se ase­meja a Bird­man en lo que se refiere a la natu­ra­leza del per­so­naje pro­ta­gó­nico, con la dife­ren­cia de que el film de Ale­jan­dro Gon­zá­lez Iñá­rritu es deci­di­da­mente supe­rior a lo que el rea­li­za­dor Barry Levin­son ofrece aquí.

Al Pacino

Al Pacino

Al Pacino demues­tra nue­va­mente sus rele­van­tes con­di­cio­nes de actor per­mi­tiendo de este modo con­tra­rres­tar par­cial­mente las debi­li­da­des de esta desigual pelí­cula. Su trama que está basada en la novela del mismo nom­bre de Phi­lip Roth con un guión escrito por Buck Henry y Michal Zebede no es lo sufi­cien­te­mente atrac­tiva como para que lle­gue a una amplia audien­cia, ni tam­poco con­tiene los ele­men­tos nece­sa­rios para con­for­mar a un público selectivo.

Pacino anima a Simon Axler, un actor ego­cén­trico de 67 años de edad quien se encuen­tra en un estado de cri­sis exis­ten­cial al com­pro­bar que ya no goza de la popu­la­ri­dad de otros tiem­pos, a la vez que cree estar per­diendo sus con­di­cio­nes artís­ti­cas. Al comen­zar el relato sale a escena para repre­sen­tar la obra de Sha­kes­peare As you Like it y repen­ti­na­mente se arroja desde el esce­na­rio hacia la pla­tea del tea­tro. Sin deter­mi­nar exac­ta­mente si se trató de un acci­dente o un intento de sui­ci­dio, lo cierto es que es tras­la­dado a un cen­tro psi­quiá­trico de reha­bi­li­ta­ción; allí, en un grupo de tera­pia es abor­dado por Sybil (Nina Aranda), una mujer de la socie­dad que, habién­dolo visto actuar en un film inter­pre­tando a un ase­sino, le pide que mate a su marido por­que según ella abusó de su joven hija.

Dejando a un lado lo que ante­cede, el relato adopta otro rumbo cuando el actor des­pués de salir de la ins­ti­tu­ción, apa­ren­te­mente recu­pe­rado de sus ten­den­cias sui­ci­das y deci­dido a renun­ciar por com­pleto a la actua­ción, retorna a su gran man­sión de Con­nec­ti­cut. Allí recibe la visita de Pegeen (Greta Ger­wig), una mujer de 33 años que es hija de vie­jos ami­gos acto­res y a quien no había visto desde que tenía 10 años; ella le mani­fiesta haberse enamo­rado de él desde hace mucho tiempo, a pesar de ser les­biana. Ade­más de sedu­cir fácil­mente a Simon, des­pierta en él sen­ti­mien­tos amo­ro­sos insos­pe­cha­dos a la vez que logra ins­ta­larse en su casa. De allí en más, la vida del anfi­trión se ve entre­mez­clada con la apa­ri­ción de los padres de Pageen (Dianne Wiest, Dan Hedaya) exi­gién­dole que deje a su hija, así como con la visita de un tran­se­xual ex amante de la joven (Billy Porter).

Como lo que se con­tem­pla es a tra­vés de la visión de la mente emo­cio­nal­mente ines­ta­ble de Simon es difí­cil afir­mar si lo vivido con Pageen forma parte de su ima­gi­na­ción o si res­ponde a la reali­dad de los hechos; más aún, tam­poco se sabe si su inten­ción de retor­nar a las tablas para actuar en otra obra de Sha­kes­peare es ver­da­dera. De todos modos ni el enfo­que temá­tico de un indi­vi­duo inca­paz de sepa­rar su rol de actor con lo que acon­tece en su vida per­so­nal, como tam­poco el intento de retra­tar las fan­ta­sías sexua­les de un hom­bre maduro en estado deca­dente resul­tan con­vin­cen­tes en la pre­sente narración. .

A pesar de algu­nos momen­tos diver­ti­dos de su trama, la pelí­cula no llega a encon­trar su foco pre­ciso, sin saber si lo que se con­tem­pla es una sátira o más bien una tra­gi­co­me­dia fan­ta­siosa. De todos modos, las obje­cio­nes seña­la­das no des­me­re­cen la buena actua­ción de Ger­wig, ni menos aún la de Pacino cuyo exce­lente desem­peño ami­nora las debi­li­da­des del relato. Jorge Gut­man

Un Entra­ña­ble Oso

PAD­DING­TON. Gran Bretaña-Francia, 2014. Un film escrito y diri­gido por Paul King

Fusio­nando ade­cua­da­mente la actua­ción de per­so­na­jes en vivo con otros ani­ma­dos digi­tal­mente llega a la pan­ta­lla el oso Pad­ding­ton basado en el libro del escri­tor inglés Michael Bond “A Bear Called Pad­ding­ton” publi­cado en 1958. Aun­que en la lite­ra­tura infan­til no fal­tan ani­ma­les que hablen, lo cierto es que con su espe­cial encanto este ani­ma­lito par­lante logró atraer la aten­ción de millo­nes de lectores.

El oso PADDINGTON

El oso PADDINGTON

En su tras­lado al cine, el film sigue con­ser­vando la fres­cura y gra­cia del libro ori­gi­nal debido en gran parte a la buena adap­ta­ción rea­li­zada por el direc­tor Paul King quien brinda un agra­da­ble entre­te­ni­miento tanto para los niños que dis­fru­tan de las tra­ve­su­ras y aven­tu­ras del oso como para los adul­tos con­quis­ta­dos por el ameno relato.

Pad­ding­ton (voz de Ben Wis­haw) vive apa­ci­ble­mente con su tío Pas­tuzo (voz de Michael Gam­bon) y la tía Lucy (voz de Imelda Staun­ton) en una selva peruana; todo va bien hasta que a causa de un terre­moto ines­pe­rado es lle­vado por Lucy a un barco para que viaje a Lon­dres y pueda aspi­rar a un futuro mejor. La razón de haber ele­gido tal des­tino se debe a que años atrás sus tíos cono­cie­ron a un famoso explo­ra­dor bri­tá­nico (Tim Dow­nie) que visitó el lugar y al par­tir de allí les pro­me­tió que el día que deci­die­ran via­jar a Ingla­te­rra serían objeto de una cálida recep­ción. Des­pués de haber via­jado como poli­zonte, el joven turista arriba a Lon­dres para hallarse final­mente en la esta­ción ferro­via­ria de Pad­ding­ton com­ple­ta­mente solo y sin rumbo fijo hasta que sale al encuen­tro de la fami­lia Brown. Con su capa­ci­dad para hablar y domi­nando el idioma inglés, el via­jero se gana rápi­da­mente la sim­pa­tía de la mamá (Sally Haw­kins) y de los dos niños (Made­leine Harris, Samuel Jos­lin), aun­que el papá (Hugh Bon­ne­vi­lle) no logra al prin­ci­pio com­pa­de­cerse por él. Final­mente los Brown le ofre­cen alber­gue en su hogar y a par­tir de ese momento la rutina fami­liar se ve alte­rada con los invo­lun­ta­rios e inevi­ta­bles tro­pie­zos que causa el encan­ta­dor hués­ped. Para crear un poco de ten­sión y clima dra­má­tico al relato, no falta la pre­sen­cia de una astuta y des­pia­dada taqui­der­mista (Nicole Kid­man) que quiere cap­tu­rarlo para que forme parte de su colec­ción en el Museo de His­to­ria Natu­ral de Lon­dres; natu­ral­mente, como es de espe­rar la san­gre no llega al río.

Diri­gido con estilo clá­sico y gran fineza, esta fan­ta­sía adquiere un tono mágico atra­yente brin­dando meta­fó­ri­ca­mente algu­nas mora­le­jas alec­cio­na­do­ras, como el pro­ceso de adap­ta­ción que atra­viesa el ani­mal al tener que des­arrai­garse del medio cul­tu­ral al que per­te­ne­ció frente a otro modo de vida, como así tam­bién la soli­da­ri­dad y tole­ran­cia que encuen­tra en Lon­dres donde de huér­fano desam­pa­rado logra obte­ner un cálido y cari­ñoso nuevo hogar.

Con­clu­sión: Con logra­dos dise­ños de pro­duc­ción, un elenco homo­gé­neo satis­fac­to­rio, un humor que a veces raya en lo absurdo (en el buen sen­tido del tér­mino), su cuota de huma­ni­dad más la sim­pa­tía que irra­dia el que­rido per­so­naje, el film gana fácil­mente el cora­zón del espec­ta­dor. Jorge Gut­man

La Lec­ción de Ana

Cró­nica de Jorge Gutman

EL VALIOSO LEGADO DE UNA SEN­SI­BLE ADOLESCENTE

LE JOUR­NAL D’ANNE FRANK – Texto: Eric-Emmanuel Sch­mitt, basado en El Dia­rio de Ana Frank – Direc­ción: Lorraine Pin­tal - Elenco: Sébas­tien Dodge, Paul Dou­cet, Benoît Drouin-Germain, Jac­ques Girard, Marie-France Lam­bert, Kasia Mali­nowska, Sop­hie Pré­gent, Mylène St-Sauveur, Marie-Hélène Thi­bault — Deco­ra­dos: Danièle Léves­que – Ves­tua­rio: Marc Sené­cal – Ilu­mi­na­ción y con­cep­tos de video: Erwann Ber­nard – Música Ori­gi­nal y Arre­glos: Jorane. Dura­ción: 2 horas (sin entre­acto). Repre­sen­ta­cio­nes: Hasta el 13 de febrero de 2015 en el Théâ­tre du Nou­veau Monde (www.tnm.qc.ca)

Foto de Yves Renaud

Foto de Yves Renaud

Ver­da­de­ra­mente inte­li­gente ha sido la deci­sión de Lorraine Pin­tal, direc­tora artís­tica del TNM, de mon­tar ahora esta pieza para con­me­mo­rar el sep­tua­gé­simo aniver­sa­rio de la muerte de Ana Frank como así tam­bién los 75 años del comienzo de la Segunda Gue­rra Mun­dial. Al así hacerlo esta com­pa­ñía tea­tral rinde tri­buto a una extra­or­di­na­ria ado­les­cente que estaba lejos de supo­ner que su dia­rio per­so­nal lle­ga­ría a tras­cen­der mun­dial­mente a tra­vés de la lite­ra­tura, cine, tea­tro y tele­vi­sión, man­te­niendo vigen­cia con el paso del tiempo.

Uno de los aspec­tos sóli­dos de la pro­duc­ción que se comenta reside en la adap­ta­ción tea­tral rea­li­zada por el dra­ma­turgo Eric-Emmanuel Sch­mitt; res­pe­tando la esen­cia de la obra ori­gi­nal, intro­duce un pró­logo muy intere­sante teniendo en cuenta la pers­pec­tiva y visión del padre de Ana.

La pieza comienza cuando Otto Frank (Paul Dou­cet) habiendo logrado sal­varse del campo de con­cen­tra­ción de Aus­ch­witz donde su esposa murió retorna des­pués de la gue­rra a Ams­ter­dam con la espe­ranza de reen­con­trarse con sus hijas Ana y Mar­got Al ente­rarse de que ellas han muerto en los meses fina­les de la gue­rra, el gran dolor que siente es en parte ate­nuado cuando al retor­nar a su empresa Miep Gies (Sop­hie Pré­gent), la fiel empleada no judía que ayudó a la fami­lia durante su cau­ti­ve­rio, le entrega el dia­rio escrito por Ana que había reci­bido de él cuando cum­plió 13 años y que la poli­cía ale­mana había dejado aban­do­nado en el suelo des­pués de que los Frank fue­sen arres­ta­dos. Es ahí que Otto comienza su lec­tura y a medida que se impone de lo que su hija había escrito desde junio de 1942 hasta agosto de 1944 queda emo­ti­va­mente sor­pren­dido por la pro­fun­di­dad e ima­gi­na­ción de Ana y es así que el fan­tasma del pasado revive en su memo­ria los dos años en que la fami­lia vivió ence­rrada en un piso supe­rior anexo a su empresa para ocul­tarse de la Gestapo.

En el con­te­nido del dia­rio queda plas­mada la honda sen­si­bi­li­dad de su escri­tora expre­sando sus ínti­mos sen­ti­mien­tos y su amor por la vida a pesar de estar enclaus­trada en el escon­drijo con otras 7 per­so­nas que inclu­yen a sus padres (Dou­cet, Marie-France Lam­bert), su her­mana mayor (Kasia Mali­nowska), el matri­mo­nio Van Pels (Jac­ques Girard Van Pels, Marie-Hélène Thi­bault) y su hijo Peter (Benoît Drouin-Germain) de 16 años y un den­tista judío (Sébas­tien Dodge). A pesar de las cir­cuns­tan­cias nega­ti­vas que implica el encie­rro, la narra­ción no excluye, entre otras situa­cio­nes, algu­nos momen­tos de humor gene­ra­dos por la inso­por­ta­ble señora Van Pels, cier­tas aspe­re­zas de la ado­les­cente con su madre así como las pri­me­ras sen­sa­cio­nes amo­ro­sas que expe­ri­menta en su rela­ción con Peter.

Ade­más de la lograda adap­ta­ción de Sch­mitt, cabe des­ta­car la acer­tada puesta en escena de Lorraine Pin­tal quien diri­giendo a un inob­je­ta­ble elenco logra que sus acto­res trans­mi­tan ple­na­mente las varia­das emo­cio­nes y sin­sa­bo­res expe­ri­men­ta­dos durante el obli­gado cau­ti­ve­rio. No menos des­ta­ca­ble es el mini­ma­lista deco­rado de Danièle Léves­que que com­prende dos pisos uni­dos por una esca­lera, donde uno de los mis­mos repre­senta la ofi­cina de Otto y el otro es el escon­drijo donde están con­fi­na­dos los per­so­na­jes de esta his­to­ria. Para resal­tar el desa­rro­llo dra­má­tico de la narra­ción, la expe­rien­cia tea­tral se con­juga con un efi­caz len­guaje visual gra­cias al admi­ra­ble tra­bajo de Erwann Ber­nard quien con la apli­ca­ción de una sofis­ti­cada tec­no­lo­gía crea una visión cine­ma­to­grá­fica rea­lista del con­texto his­tó­rico del exter­mino nazi a tra­vés de fotos y mate­rial de archivo, inclu­yendo entre los mis­mos el trans­porte en tren de los judíos a los cam­pos de con­cen­tra­ción. La música de Jorane es otro ele­mento que fun­cio­nal­mente se aco­pla a los momen­tos dra­má­ti­cos del relato.

Más allá de la his­to­ria afec­tiva que une a un padre con su hija, la pieza deja a la huma­ni­dad el legado mara­vi­lloso de una sen­si­ble ado­les­cente que a pesar del cal­va­rio vivido con su fami­lia, se des­prende de su dia­rio que ella “cree en la bon­dad innata del ser humano, que la bru­ta­li­dad lle­gara a su fin y que la calma y la paz vol­ve­rán a reinar al mundo”.

Esta sublime y dra­má­tica pieza deja algu­nas impor­tan­tes lec­cio­nes a la nueva gene­ra­ción de este siglo a fin de que los horren­dos epi­so­dios del Holo­causto no vuel­van a repe­tirse. En tal sen­tido, su men­saje no puede ser más opor­tuno para que siguiendo la pré­dica de Ana, deba­mos alen­tar nues­tro opti­mismo de un mundo mejor a pesar del rebrote de vio­len­cia y anti­se­mi­tismo que aflige a Europa y a dife­ren­tes regio­nes del pla­neta en estos difí­ci­les momentos.

Con­clu­sión: Una obra de visión impres­cin­di­ble, real­zada por la cali­dad de pro­duc­ción de la pre­sente ver­sión de Eric Emma­nuel Schmitt.

Un Héroe Legendario

AME­RI­CAN SNI­PER. Esta­dos Uni­dos, 2014. Un film de Clint Eastwood.

Des­pués de haber incur­sio­nado en 2006 en dos bue­nos fil­mes béli­cos con Flags of Our Fat­hers y Let­ters From Iwo Jima, Clint East­wood repite esa expe­rien­cia enfo­cando a Chris Kyle, el más ave­zado fran­co­ti­ra­dor que haya tenido Esta­dos Uni­dos. El pro­pó­sito del film es des­cri­bir su com­pleja per­so­na­li­dad demos­trando hasta dónde puede lle­gar la devo­ción de un autén­tico patriota de ser­vir a su país.

Bradley Cooper

Brad­ley Cooper

Brad­ley Cooo­per per­so­ni­fica a Kyle y ya desde la pri­mera escena ofrece una pri­mera impre­sión de su per­sona cuando encon­trán­dose en Irak al ser­vi­cio de los SEAL (los equi­pos de mar, aire y tie­rra de la armada de los Esta­dos Uni­dos) desde el tejado de una casa apunta su arma hacia una mujer y su niño mien­tras se encuen­tran cami­nando dis­pues­tos a lan­zar una gra­nada a los mari­nes ubi­ca­dos a corta dis­tan­cia. Dejando en sus­penso si dis­pa­rará o no el gati­llo para evi­tar el aten­tado, la acción retro­cede a sus años de infan­cia en Texas y pos­te­rior­mente a la etapa de su juven­tud donde ya evi­den­cia con­di­cio­nes inna­tas de buen tira­dor; sobre­ven­drá des­pués su romance con la joven Taya (Sienna Miller) quien lle­gará a ser su esposa y poco tiempo des­pués de haberse con­mo­cio­nado por los epi­so­dios del 11 de sep­tiem­bre, surge su nece­si­dad de enro­larse en la fuerza armada de su país. Una vez reclu­tado es enviado a Irak y es allí que demues­tra sus con­di­cio­nes de experto fran­co­ti­ra­dor para aba­tir con su mili­mé­trica pun­te­ría en el campo de bata­lla a los insur­gen­tes enemi­gos a fin de pro­te­ger a sus com­pa­trio­tas. La mayor parte del relato trans­cu­rre pre­ci­sa­mente en el esce­na­rio bélico a tra­vés de 4 via­jes que Kyle efec­túa a Irak en donde al haber logrado un récord de 160 acer­ta­das pun­te­rías se con­vierte en leyenda viviente como el más letal fran­co­ti­ra­dor de Esta­dos Unidos.

Como lo hiciera en sus dos ante­rio­res fil­mes béli­cos, East­wood –tomando como refe­ren­cia el guión de Jason Hall en base a la auto­bio­gra­fía de Kyle de 2012– demues­tra la futi­li­dad de la gue­rra y la nece­dad de la vio­len­cia con­lle­vando innu­me­ra­bles pér­di­das de vidas. Pero al pro­pio tiempo, en el aná­li­sis que rea­liza del pro­ta­go­nista, logra trans­mi­tir la forma en que su actua­ción exi­tosa en favor del país ha sido alcan­zada a expen­sas de dejar en segundo lugar a su abne­gada mujer e hijos, hecho que queda muy bien refle­jado cuando al regre­sar a su hogar al tér­mino de cada misión se encuen­tra com­ple­ta­mente alie­nado al no poder dejar de lado a la gue­rra; así pare­ciera que se siente más cómodo luchando en Irak y arries­gando su vida, que estando rodeado por su fami­lia con el calor humano que emerge de la misma.

Como relato de gue­rra el film no agrega mucho a lo que ya se ha visto en oca­sio­nes pre­vias, pero lo que lo dis­tin­gue es el minu­cioso estu­dio de un sol­dado que per­ma­nen­te­mente se encuen­tra inmerso en el caos del com­bate y que ani­mado de un sen­ti­miento patrió­tico com­pensa la angus­tia emo­cio­nal que genera su inhu­mana acti­vi­dad. Al pro­pio tiempo, el rea­li­za­dor con­vin­cen­te­mente expone la difi­cul­tad de Kyle para rein­te­grarse a la vida civil.

Ade­más de la remar­ca­ble direc­ción de East­wood que dota a esta his­to­ria con un gran huma­nismo, el film cuenta con la nota­ble inter­pre­ta­ción de Cooper. El actor carac­te­riza exce­len­te­mente la fas­ci­nante per­so­na­li­dad de Kyle mos­trán­dolo como un hom­bre de natu­ra­leza aus­tera, intro­ver­tido e impi­diendo que cual­quier sen­ti­men­ta­lismo refleje sus emo­cio­nes inter­nas, dando como resul­tado un aca­bado retrato del per­so­naje a quien el des­tino le habría de depa­rar un trá­gico final des­pués de haber retor­nado sano y salvo a su hogar.

Con­clu­sión: Un sobrio film de East­wood tri­bu­tando un home­naje a un héroe de gue­rra con­ver­tido en leyenda.