Una Duda que Corroe

45 YEARS. Gran Bre­taña, 2015. Un film diri­gido y escrito por Andrew Haigh

De máxima sen­ci­llez, sin pre­ten­sión alguna pero alta­mente efec­tivo es este sobrio film de Andrew Haigh que radio­gra­fía la vida de una pareja oto­ñal donde des­pués de haber con­vi­vido por espa­cio de cua­tro déca­das y media se enfrenta a una situa­ción ines­pe­rada con estre­san­tes efec­tos emo­cio­na­les. Si bien las vici­si­tu­des de la rela­ción con­yu­gal han sido minu­cio­sa­mente exa­mi­na­das en exce­len­tes títu­los, como lo fue­ron entre otros Esce­nas de la Vida Con­yu­gal (1973) de Ing­mar Berg­man y Amour (2012) de Michael Haneke, 45 years es una pelí­cula rele­vante aun­que sin alcan­zar un cariz dra­má­ti­ca­mente profundo.

Tom Courtenay y Charlotte Rampling

Tom Cour­te­nay y Char­lotte Rampling

El relato del realli­za­dor basado en el cuento In Anot­her Coun­try de David Cons­tan­tine enfoca a Geoff (Tom Cour­te­nay) y Kate (Char­lotte Ram­pling), un matri­mo­nio de edad madura ya jubi­lado –ella como maes­tra de escuela y él como eje­cu­tivo de empresa– que tran­qui­la­mente ven trans­cu­rrir sus días en una casa cam­pes­tre ubi­cada en Nor­folk al este de Ingla­te­rra; nada se sabe de lo que acon­te­ció durante la larga con­vi­ven­cia, salvo que a pesar de la inexis­ten­cia de hijos, ellos han per­ma­ne­cido uni­dos y apa­ren­te­mente feli­ces. Cuando la acción se ini­cia están a pocos días de cele­brar con sus ami­gos más alle­ga­dos los 45 años de matri­mo­nio. La pla­ci­dez exis­tente se quie­bra con la recep­ción de una carta donde Geoff queda noti­fi­cado que el cadá­ver de Katia, su ex novia ale­mana falle­cida en un acci­dente de alpi­nismo acon­te­cido hace 50 años en Suiza, ha apa­re­cido muy bien pre­ser­vado en un gla­ciar suizo. Aun­que en un prin­ci­pio esa noti­cia no altera a Kate, la misma con­mo­ciona a su esposo quien comienza a mani­fes­tar algu­nos sig­nos de intran­qui­li­dad. Gra­dual y sutil­mente el agui­jón de la duda va reper­cu­tiendo en Kate; si bien ella sabía de la rela­ción sen­ti­men­tal que su cón­yuge man­tuvo con Katia años antes de haberla cono­cido, le resulta un tanto curioso que a él le hubie­ran noti­fi­cado la apa­ri­ción del cadá­ver por haber sido con­si­de­rado el fami­liar o pariente más cer­cano. Más aún, es lla­ma­tivo que a par­tir de ese momento, Geoff acuda al alti­llo de la casa en la mitad de la noche inte­rrum­piendo su sueño para hur­gar en foto­gra­fías que ha ido guar­dando en el tiempo. Rea­li­zando una labor un tanto detec­ti­vesca ella, en ausen­cia de Geoff, revisa las foto­gra­fías de Katia que él había tomado donde una de las mis­mas le llega a impactar.

Si bien durante ese pro­ceso, las demos­tra­cio­nes de afecto y cariño siguen evi­den­cián­dose en el matri­mo­nio y los pre­pa­ra­ti­vos para la cele­bra­ción con­ti­núan su curso nor­mal, Kate no puede des­pren­derse de la inquie­tud que siente. Fun­da­men­tal­mente, ella se pre­gunta si acaso durante la larga vida en común el amor que reci­bió de Geoff era ver­da­de­ra­mente genuino o si bien estaba des­ti­nado a la des­a­pa­re­cida Katia.

Como espec­ta­dor de los hechos men­cio­na­dos uno queda abso­lu­ta­mente con­ven­cido de que a pesar de cier­tos ocul­ta­mien­tos, Geoff amó y sigue amando a Kate; con todo, esta mujer no está ente­ra­mente con­ven­cida de ello. Es ahí que uno se pre­gunte cómo es posi­ble que el fan­tasma del pasado pueda per­tur­bar su feli­ci­dad. En todo caso, en mate­ria de sen­ti­mien­tos nin­guna per­sona puede cam­biar a otra sobre lo que irra­cio­nal­mente expe­ri­menta en su vida inte­rior o lo que pasa por su mente.

El direc­tor narra su his­to­ria en forma con­te­nida donde las emo­cio­nes aflo­ran inter­na­mente sin que exis­tan dis­cu­sio­nes agrias, ame­na­zan­tes o dra­má­ti­cas. Más aún, si bien es difí­cil cata­lo­gar el género de este film, se podría afir­mar que el con­flicto dra­má­tico trans­cu­rre de manera tran­quila, repo­sada, aun­que el espec­ta­dor queda impli­cado de lo que acon­tece con sus personajes.

Si es mérito del rea­li­za­dor el haber logrado un film ama­ble, gen­til y cui­da­do­sa­mente cons­truido sin ape­lar a fal­sos sen­ti­men­ta­lis­mos, gran parte de la fuerza del mismo des­cansa en la cali­dad inter­pre­ta­tiva de sus pro­ta­go­nis­tas. Cour­te­nay se dis­tin­gue en un per­so­naje no muy comu­ni­ca­tivo pero lo sufi­cien­te­mente con­vin­cente para trans­mi­tir la ter­nura que lo carac­te­riza; así, uno de los momen­tos más emo­ti­vos es cuando en la fiesta pro­nun­cia un dis­curso expre­sando que la mejor deci­sión de su vida ha sido ele­gir a Kate como su com­pa­ñera a la que le agra­dece todo el apoyo que le brindó en el trans­curso del vínculo con­yu­gal. Por su parte la labor de Ram­pling es nada menos que excep­cio­nal; en la medida que el guión fun­da­men­tal­mente se cen­tra en la vul­ne­ra­bi­li­dad de Kate, es admi­ra­ble apre­ciar su ros­tro refle­jando su honda sen­si­bi­li­dad en dife­ren­tes ins­tan­cias, ya sea mien­tras toma un baño de inmer­sión, se encuen­tra en la cama antes de tra­tar de con­ci­liar el sueño, o bien obser­vando las acti­tu­des de su marido para tra­tar de salir de su ago­biante duda. No menos impor­tante es la quí­mica que ambos acto­res logran con sus carac­te­ri­za­cio­nes; basta con­tem­plar sus recí­pro­cas mira­das, tra­tando de revi­vir ínti­ma­mente la pasión de vie­jos tiem­pos, o bien ver­los bai­lar en su hogar y/o en la fiesta de aniver­sa­rio al com­pás de la música del her­moso tema Smoke Gets in Your Eyes ento­nado por el popu­lar con­junto The Plat­ters de los años 50, para cap­tar el entra­ña­ble lazo que los une.

Con­clu­sión: Un tierno y emo­tivo film, bien diri­gido y estu­pen­da­mente inter­pre­tado. Jorge Gut­man

Apa­sio­nante y Audaz

Cró­nica de Jorge Gut­man

PELLÉAS ET MÉLI­SANDE – Autor: Mau­rice Mae­ter­linck — Direc­ción: Chris­tian Lapointe — Ase­so­ría Dra­má­tica: Andréane Roy – Elenco: Syl­vio Arriola, Marc Béland, Lise Cas­ton­guay, Sop­hie Des­ma­rais, Éric Robi­doux, Paul Savoie, Gabriel Szabo — Esce­no­gra­fía: Gene­viève Lizotte — Ves­tua­rio: Elen Ewing – Ilu­mi­na­ción: Mar­tin Sirois – Video: Lio­nel Arnould — Música Ori­gi­nal: Nico­las Bas­que – Acce­so­rios: Claire Renaud. Dura­ción: 1 hora 45 minu­tos, sin inter­me­dio. Repre­sen­ta­cio­nes: Hasta el 6 de febrero de 2016 en el Théâ­tre du Nou­veau Monde (www.tnm.qc.ca)

Trans­gre­diendo las estruc­tu­ras tea­tra­les con­ven­cio­na­les, el inven­tivo y van­guar­dista direc­tor Chris­tian Lapointe ofrece una ver­sión per­so­nal, audaz y deci­di­da­mente fas­ci­nante de Pelléas et Méli­sande, obra de tea­tro sim­bo­lista creada en 1893 por el autor belga Mau­rice Mae­ter­linck. Si bien este elo­cuente drama se encuen­tra aso­ciado a la difun­dida y valiosa ópera que Debussy adaptó sobre el mismo, su fre­cuen­cia como repre­sen­ta­ción tea­tral no lo ha sido tanto. Afor­tu­na­da­mente, la pro­duc­ción del TNM es alta­mente meri­to­ria para satis­fac­ción de los aman­tes del buen tea­tro con esta pieza mag­ní­fi­ca­mente cons­truida y dotada de un expre­sivo len­guaje lírico.

Éric Robidoux y Sophie Desmarais (Foto de Yves Renaud)

Éric Robi­doux y Sop­hie Des­ma­rais (Foto de Yves Renaud)

Así como Mater­linck en su momento osó desa­fiar el estilo artís­tico de la lite­ra­tura natu­ra­lista –empa­ren­tada con el rea­lismo– para reem­pla­zarlo con el sim­bo­lismo –que pre­ci­sa­mente uti­liza el sím­bolo como ins­tru­mento literario-, Lapointe, aso­ciado con esa corriente innova la repre­sen­ta­ción tea­tral con­ven­cio­nal para trans­for­marla en un mala­ba­rismo donde el tea­tro se entre­mez­cla con el cine e incluso con el con­cierto de música rock. Lo que ante­cede no implica que se esté pres­cin­diendo del con­te­nido argu­men­tal, sino que el amor apa­sio­nado de los per­so­na­jes que brin­dan el título a la pieza, adopta aquí un tra­ta­miento espe­cial donde el direc­tor intenta y logra que el espec­ta­dor atra­viese una par­ti­cu­lar expe­rien­cia sen­so­rial antes que mera­mente intelectual.

De par­tida, uno pare­ciera estar asis­tiendo a una forma tea­tral está­tica, pero como suele suce­der a menudo con Lapointe, las apa­rien­cias enga­ñan. Así, pron­ta­mente comienza a evi­den­ciarse el des­plie­gue téc­nico donde los ros­tros de sus pro­ta­go­nis­tas reci­tando sus par­la­men­tos frente a un micró­fono, que­dan resal­ta­dos simul­tá­nea­mente gra­cias a las pro­yec­cio­nes en video; ese efecto logrado a tra­vés de gran­des pla­nos per­mite al público con­tem­plar la inten­si­dad expre­siva de los acto­res carac­te­ri­zando a sus personajes.

Marc Béland y Sophie Desmarais (Foto de Yves Renaud)

Marc Béland y Sop­hie Des­ma­rais (Foto de Yves Renaud)

Con todo, más allá de la des­crip­ción de la para­fer­na­lia téc­nica, deci­di­da­mente impre­sio­nante, ade­más de la fluida puesta escé­nica de Lapointe, esta pieza se valo­riza por su estu­pendo elenco de 7 intér­pre­tes. Éric Robi­doux con­firma una vez más su talento artís­tico ofre­ciendo una inter­pre­ta­ción vis­ce­ral, caris­má­tica y admi­ra­ble de Pelléas; cola­bo­rando por cuarta vez con Lapointe, se apre­cia de inme­diato la com­pli­ci­dad exis­tente entre ambos donde el joven actor se aden­tra cabal­mente en la psi­co­lo­gía del per­so­naje, ade­más de demos­trar que es un con­su­mado can­tante rockero. No menos gra­ti­fi­cante resulta con­tem­plar a Sop­hie Des­ma­rais quien trans­mite con con­vic­ción el aire melan­có­lico, enig­má­tico, frá­gil y vapo­roso que invade a Méli­sande en tanto que Marc Béland –com­ple­tando el trío pro­ta­gó­nico– ofrece una sólida pres­ta­ción como el celoso y ven­ga­tivo prín­cipe Golaud quien con cier­tas remi­nis­cen­cias del Otelo sha­kes­pe­riano des­en­ca­de­nará la tra­ge­dia de esta pieza. En roles de apoyo se encuen­tran los res­tan­tes cua­tro acto­res que ya han cola­bo­rado con el direc­tor en ante­rio­res tra­ba­jos suyos; aquí nue­va­mente rati­fi­can su esme­rado ofi­cio en la carac­te­ri­za­ción de sus res­pec­ti­vos personajes.

En otros ren­glo­nes vin­cu­la­dos con la pro­duc­ción de esta pieza cabe des­ta­car la impe­ca­ble esce­no­gra­fía de Gene­viève Lizotte que recrea la atmós­fera mis­te­riosa del texto ori­gi­nal, donde los deco­ra­dos cuen­tan con ori­gi­na­les maque­tas en minia­tu­ras apor­ta­das por Claire Renaud. Elo­gios simi­la­res merece el tra­bajo de ilu­mi­na­ción de Mar­tin Sirois así como la con­tri­bu­ción de Nico­las Bas­que quien creó una música dis­tin­tiva basada en temas de Debussy, Fauré y Schön­berg, entre otros compositores.

En esen­cia, Lapointe ha logrado que el público quede ple­na­mente sumer­gido en el uni­verso poé­tico de una obra bella y aus­tera que con sus mara­vi­llo­sas imá­ge­nes lo trans­porta en un viaje mis­te­rioso y fas­ci­nante. Una exce­lente velada teatral.

Inge­nioso Film de Animación

ANO­MA­LISA. Esta­dos Uni­dos, 2015. Un film de Char­lie Kauf­man y Duke Johnson

Si bien Char­lie Kauf­man es muy cono­cido por el inge­nio que demos­trara como guio­nista en Being John Malko­vich (1999), Adap­ta­tion (2002) y Eter­nal Suns­hine Of The Spotless Mind (2004), en Ano­ma­lisa –con la co-dirección de Duke John­son– ofrece un film fas­ci­nante a la vez que tras­cen­dente por su con­te­nido. Rati­fi­cando su gran poder de ima­gi­na­ción en el guión que le per­te­nece basado en su pro­pia obra de tea­tro, Kauf­man brinda un relato de ani­ma­ción de gran huma­ni­dad apli­cando la téc­nica del stop-motion.

ANOMALISALa his­to­ria pre­senta a Michael Stone (David The­wlis), un con­fe­ren­cista moti­va­cio­nal y autor de libros que vive en Los Ánge­les con su mujer e hijo, aun­que no muy satis­fe­cho en su matri­mo­nio, que atra­viesa la cri­sis exis­ten­cial de la mediana edad. En viaje de nego­cios, llega a Cin­cin­nati para ofre­cer una con­fe­ren­cia sobre el ser­vi­cio a la clien­tela. Des­pués de haberse regis­trado en el hotel, para ate­nuar su abu­rri­miento decide lla­mar a una mujer que había aban­do­nado 10 años atrás; sin embargo, ese reen­cuen­tro se frus­tra cuando ella des­cu­bre que Michael sola­mente pre­tende obte­ner sus favo­res sexua­les. La situa­ción se torna más favo­ra­ble cuando llega a cono­cer a Lisa (Jen­ni­fer Jason Leigh), una chica tímida que se aloja en el mismo hotel y que mani­fiesta gran admi­ra­ción por él des­pués de haber leído un libro suyo; lo que comienza como un inocente flir­teo va con­vir­tién­dose en algo más serio, hasta que final­mente surge entre ambos una impro­ba­ble rela­ción amo­rosa no exenta de con­te­nido eró­tico que deviene anó­mala por las carac­te­rís­ti­cas asumidas.

A dife­ren­cia de otras pelí­cu­las ani­ma­das, la pre­sente es exclu­si­va­mente para adul­tos con un con­te­nido que deja impor­tante espa­cio para la refle­xión al ilus­trar melan­có­li­ca­mente el vacío exis­ten­cial, la difi­cul­tosa comu­ni­ca­ción humana, la sole­dad así como la alie­na­ción atra­ve­sada por Michael. Den­tro de ese con­texto y a pesar de tra­tarse de un film de ani­ma­ción, los per­so­na­jes trans­mi­ten un sor­pren­dente verismo mer­ced a la téc­nica empleada de tomar imá­ge­nes fijas suce­si­vas de la reali­dad. Muy bueno es el apoyo que pres­tan con sus voces The­wlis y Jason Leigh como así tam­bién Tom Noo­nan para el resto de los per­so­na­jes; en tal sen­tido, los rea­li­za­do­res han obte­nido de sus acto­res una mag­ní­fica contribución.

Con­clu­sión: El film cons­ti­tuye una cau­ti­vante expe­rien­cia para el público que lo con­tem­pla que, ade­más de dis­fru­tarlo, lo deja pen­sando sobre el men­saje que ofrece: la fallida des­per­so­na­li­za­ción que aqueja al género humano de la socie­dad con­tem­po­rá­nea, vol­vién­dolo extraño y ajeno frente al mundo que lo cir­cundaJorge Gut­man

Per­tur­ba­dor Drama del Holocausto

SON OF SAUL (Saul Fia). Hun­gría, 2015. Un film de Lászlo Nemes.

En su pri­mer lar­go­me­traje el direc­tor hún­garo Lászlo Nemes evi­den­cia en Son of Saul una con­si­de­ra­ble madu­rez abor­dando el tema del Holo­causto. A pesar del gran número de pro­duc­cio­nes vis­tas sobre este dolo­roso tópico, el relato de Clara Royer escrito con la cola­bo­ra­ción del rea­li­za­dor demues­tra que no todo está dicho sobre el mismo, exis­tiendo aún mate­rial impor­tante para ser explo­rado. Teniendo en cuenta que Nemes nació en 1977, poco más de tres déca­das des­pués de haber ter­mi­nado el con­flicto bélico donde parte de su fami­lia fue ase­si­nada en Aus­ch­witz, es nota­ble apre­ciar el impac­tante rea­lismo que emplea para trans­mi­tir el horror de una época nefasta. Así, con pro­fun­di­dad inusual ana­liza hasta dónde llega el com­por­ta­miento humano en la afe­rrada lucha por la sobre­vi­ven­cia frente a situa­cio­nes extremas.

Geza Röhrig

Geza Röh­rig

El fic­ti­cio relato se con­cen­tra en Saul Aus­län­der (Geza Röh­rig), un judío hún­garo que en octu­bre de 1944 es uno de los miem­bros del Son­der­kom­mando. Esta bri­gada espe­cial está inte­grada por selec­ti­vos pri­sio­ne­ros judíos quie­nes ais­la­dos del resto del campo de con­cen­tra­ción de Auschiwitz-Birkenau se encuen­tran for­za­dos a cola­bo­rar en las tareas de exter­mi­nio de sus pares que imple­menta el régi­men nazi; a cam­bio de dicha labor, ven exten­di­das sus vidas por algu­nos meses más por­que a la pos­tre tam­bién serán eje­cu­ta­dos. El tra­bajo de estos obre­ros de la muerte con­siste en reci­bir a las víc­ti­mas que van lle­gando al lugar y escol­tar­las a la cámara de gas; des­pués de haber sido asfi­xia­dos, extraen sus cuer­pos iner­tes, los inci­ne­ran y final­mente espar­cen las ceni­zas. La rutina de Saul se ve alte­rada cuando des­cu­bre que uno de los cadá­ve­res que debe cre­mar es el de un chico al que él cree reco­no­cer o qui­zás ima­gi­nar –nunca queda claro– como su hijo. Mien­tras que en el comando se está ges­tando una revuelta gene­ral, en medio del caos exis­tente el cons­ter­nado padre rea­liza una misión impo­si­ble; la misma con­siste en evi­tar que el cuerpo de su hijo sea con­su­mido por el fuego, encon­trar un rabino que recite el “kadish” –ple­ga­ria prin­ci­pal de la reli­gión judía para hon­rar a los muer­tos– y ofre­cerle a con­ti­nua­ción una digna sepultura.

Con cámara en mano otor­gando a su relato un ritmo ver­ti­gi­noso y febril, Nemes ha logrado un film de escaso diá­logo y gran inten­si­dad dra­má­tica; sin recu­rrir a sen­ti­men­ta­lismo alguno, en lugar de expo­ner a las víc­ti­mas frente a las cáma­ras, el rea­li­za­dor sugiere lo que está acon­te­ciendo, gene­rando un clima de envol­vente angus­tia. En su tra­bajo cuenta con el apoyo visual de la esme­rada foto­gra­fía de Mát­yás Erdély y los logra­dos efec­tos sono­ros de Tamás Zányi donde pre­do­mi­nan los mur­mu­llos, gri­tos, ruido de balas y las mez­cla­das con­ver­sa­cio­nes en off man­te­ni­das por pri­sio­ne­ros y guar­dia­nes en varios idiomas.

Men­ción espe­cial merece el tra­bajo de Röh­rig quien prác­ti­ca­mente está pre­sente a lo largo del film; este poeta hún­garo que debuta como actor pro­yecta admi­ra­ble­mente la ima­gen de Saul, un hom­bre que alie­nado en lo que rea­liza e igno­rando lo que acon­tece a su alre­de­dor, llega a adqui­rir con­cien­cia y res­ca­tar la dimen­sión humana de su per­sona al tra­tar de de expiar su culpa frente al cadá­ver de su hijo.

A pesar de que en algu­nos momen­tos el relato se vuelve efec­tista, el film se dis­tin­gue por su for­mal rigu­ro­si­dad y dis­tin­tivo estilo, a la vez que cala hon­da­mente en el ánimo del espec­ta­dor. En esen­cia, este tenso y per­tur­ba­dor drama que cuenta con un inte­li­gente tra­ta­miento cine­ma­to­grá­fico es de visión obli­gada para los aman­tes del buen cine.
Jorge Gut­man

El Gran Desafío

THE WALK. Esta­dos Uni­dos, 2015. Direc­ción: Robert Zeme­ckis. Dis­tri­bu­ción: Sony Pic­tu­res Home Enter­tain­ment (2016)

En opor­tu­ni­dad de su estreno nos hemos refe­rido al espec­táculo exce­lente que ofrece este film. Ahora, en opor­tu­ni­dad de su edi­ción en video a tra­vés de varios for­ma­tos, inclu­yendo el Blu-ray 3D, Blu-ray y el Ultra Vio­leta, existe la posi­bi­li­dad para quien no lo haya visto de apre­ciar esta pelí­cula o bien de vol­ver a dis­fru­tar de la misma. Aun­que la sen­sa­cio­nal hazaña rea­li­zada por Phi­lippe Petit el 7 de agosto de 1974 tran­si­tando sobre un cable de acero entre las dos torres del enton­ces World Trade Cen­tre, ya fue con­si­de­rada en el exce­lente docu­men­tal Man On Wire (2008), esta ver­sión de fic­ción de Robert Zeme­ckis se des­taca por méri­tos pro­pios por su cali­dad y por­que a tra­vés de la tec­no­lo­gía digi­tal crea una ilu­sión de admi­ra­ble rea­lismo per­mi­tiendo que el espec­ta­dor realice ese increí­ble viaje junto con el osado funambulista.

Joseph Gordon-Levitt

Joseph Gordon-Levitt

En las pri­me­ras esce­nas se con­tem­pla al joven Petit (Joseph Gordon-Levitt), un mímico rea­li­zando pirue­tas de acro­ba­cia para el público que tran­sita por las calles de París; cuando leyendo un dia­rio se entera de que las torres geme­las de Nueva York están pró­xi­mas a inau­gu­rarse, se pose­siona con la idea de cami­nar por una cuerda que una a ambas torres. A pesar de que esa idea es en prin­ci­pio com­ple­ta­mente alo­cada con­tará con el apoyo de Annie (Char­lotte Le Bon), una joven tro­va­dora ambu­lante con quien pos­te­rior­mente se unirá sen­ti­men­tal­mente, Papa Rudy (Ben Kings­lley), un anti­guo vete­rano men­tor cir­cense con expe­rien­cia en cami­nar por la cuerda floja y Jean-Louis (Cle­mont Sibony), un agra­da­ble joven fotó­grafo. Tras varios expe­ri­men­tos de ensayo, algu­nos falli­dos, final­mente logra con­cre­tar su funam­bu­lismo a tra­vés de las torres de la Cate­dral Notre Dame. De allí, nada lo parará para que junto a Annie y Jean-Louis via­jen a Nueva York, pro­visto de todo un pesado equipo nece­sa­rio para las ins­ta­la­cio­nes que debe­rán ser rea­li­za­das. Superando los incon­ve­nien­tes de aduana y con la cola­bo­ra­ción de otros cóm­pli­ces neo­yor­ki­nos, entre ellos Barry (Steve Valen­tine) que tra­baja en uno de los pisos de la Torre Norte, comienza la difí­cil etapa de preparación.

De no haberse tra­tado de un hecho real, uno podría dudar de que los tra­ba­jos clan­des­ti­nos rea­li­za­dos en el inte­rior del World Trade Cen­ter, como con­tra­ban­dear el mate­rial a uti­li­zar y bur­lar a los agen­tes de segu­ri­dad, entre otros hechos, haya sido fac­ti­ble. Si hasta aquí, Neme­ckis ha sabido crear una con­si­de­ra­ble ten­sión, el gran y ver­da­dero espec­táculo comienza en el momento en que Petit ini­cia su paseo desde la terraza del piso 110 de una de las torres para diri­girse a la opuesta. Los 17 minu­tos siguien­tes de metraje, apo­ya­dos por los mag­ní­fi­cos efec­tos visua­les, que aún que­dan más resal­ta­dos con­tem­plando este video en 3D, crea un extra­or­di­na­rio sus­penso capaz de cor­tar el aliento; el espec­ta­dor queda estu­pe­facto al obser­var la silueta de un indi­vi­duo que se va des­pla­zando sin pro­tec­ción alguna por esa cuerda de acero con una vara sos­te­nida en sus manos a 400 metros de altura, gozando en forma serena, pla­cen­tera y sublime de la proeza que está rea­li­zando, a tra­vés de varias cami­na­tas de ida y venida de una torre a la otra.

En esen­cia, el direc­tor brinda aquí un home­naje a la valen­tía y deter­mi­na­ción de una per­sona cuyas fan­ta­sías logra­ron trans­for­marse en reali­dad; igual­mente es un cálido tri­buto a la ciu­dad de Nueva York obser­vada desde las nubes. Espe­cia­les elo­gios mere­cen los exce­len­tes efec­tos espe­cia­les repro­du­ciendo el World Trade Cen­ter, la foto­gra­fía de Dariusz Wolski y los dise­ños de pro­duc­ción de Naomi Shohan.

En lo que con­cierne al video, éste se des­taca por la cali­dad del sonido (DTS-HD Mas­ter Audio 5.1) como así tam­bién por las imá­ge­nes logra­das en mate­ria de cla­ri­dad y con colo­res bien defi­ni­dos repro­du­ciendo ade­cua­da­mente lo que se ha visto en las pan­ta­llas de los cines.

Intere­san­tes resul­tan los extras con que viene acom­pa­ñado el video donde ade­más de algu­nas esce­nas eli­mi­na­das, en los for­ma­tos 3D Blu-Ray y Blu-Ray se inclu­yen tres cor­tos que per­mi­ten al público interio­ri­zarse sobre deta­lles de la fil­ma­ción. En “First Steps –Lear­ning to Walk the Wire”, se apre­cia cómo el ver­da­dero Phi­lippe Le Petit enseñó a Gordon-Levitt a man­te­ner el equi­li­brio entre los pies y el cuerpo que lo sos­tiene a medida que va avan­zando sobre el cable. En otros comen­ta­rios el maes­tro expresa su gran satis­fac­ción por la forma en que el actor “apren­dió” el ofi­cio per­mi­tiendo que el film adqui­riese autén­tico rea­lismo. En “Pillars of Sup­port” se alude a la impor­tan­cia del equipo que acom­pañó a Le Petit para lograr su asom­brosa hazaña; en tal sen­tido el corto pre­senta a los acto­res que carac­te­ri­za­ron a los per­so­na­jes y que cons­ti­tu­ye­ron ver­da­de­ros pila­res de apoyo al apa­sio­nado héroe. Final­mente en “The Ama­zing Walk” el rea­li­za­dor Robert Zeme­ckis explica la manera en que digi­tal­mente se han podido repro­du­cir la inol­vi­da­ble cami­nata, las des­a­pa­re­ci­das torres –que sin duda con­fie­ren el esce­na­rio cen­tral para esta proeza– y la forma en que el film fue con­ver­tido en 3D.

El video puede apre­ciarse tanto en su ver­sión ori­gi­nal inglesa, como tam­bién en fran­cés, por­tu­gués, espa­ñol y tai­lan­dés: asi­mismo dis­pone de sub­ti­tu­laje en los men­cio­na­dos idio­mas, inclu­yendo tam­bién el chino, can­to­nés, indo­nés y coreano. Los extras sola­mente dis­po­nen de sub­tí­tu­los en inglés. Jorge Gut­man