Un intere­san­te film arqueológico

EL ABRA­ZO DE LA SER­PIEN­TE. Colom­bia-Vene­zue­la-Argen­ti­na, 2015. Un film de Ciro Guerra.

Este film con­fir­ma la soli­dez que ha adqui­ri­do el cine colom­biano en los últi­mos años. Audaz en su con­cep­ción y su lugar de fil­ma­ción, en pleno cora­zón del Ama­zo­nas, el direc­tor Ciro Gue­rra narra un cau­ti­van­te rela­to a tra­vés de dos his­to­rias paralelas.

El guión del rea­li­za­dor escri­to y Jac­ques Tou­le­mon­de Vida, se cen­tra en dos cien­tí­fi­cos occi­den­ta­les, el explo­ra­dor ale­mán Theor Koch-Grun­berg (Jan Bij­voet) y el botá­ni­co ame­ri­cano Richard Evans Schul­tes (Brion­ne Davis), quie­nes via­jan al Ama­zo­nas en pro­cu­ra de una plan­ta con pro­pie­da­des cura­ti­vas. El pri­me­ro en hacer­lo es el explo­ra­dor Koch-Grun­berg en 1909 quien, gra­ve­men­te enfer­mo, con su guía Man­du­ca (Yauen­kü Migue) con­tra­tan al nati­vo cha­mán Kara­ma­ka­te (Nil­bio Torres) para que los ayu­de en la bús­que­da; 40 años des­pués la tra­ve­sía es empren­di­da por Evans Schul­tes quien con­tan­do con la asis­ten­cia del mis­mo cha­mán (Anto­nio Boli­va­re) tra­ta de com­ple­tar la inves­ti­ga­ción de su antecesor.

EL ABRAZO DE LA SERPIENTEEste rela­to antro­po­ló­gi­co a la vez que evo­ca­ti­vo y poé­ti­co, refle­ja la difi­cul­tad de poder com­pren­der los pode­res de la natu­ra­le­za en un mun­do caó­ti­co y revuel­too; al pro­pio tiem­po, se refie­re implí­ci­ta­men­te a los nega­ti­vos efec­tos del colo­nia­lis­mo don­de el hom­bre blan­co va arra­san­do una pobla­ción nati­va en vías de extin­ción. Entre un cli­ma rea­lis­ta y mági­co este fas­ci­nan­te film per­mi­te una refle­xión sobre la coli­sión de culturas.

Para con­cluir es nece­sa­rio resal­tar la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía en blan­co y negro de David Galle­go brin­dan­do una logra­da inten­si­dad visual a tra­vés de los con­tras­tes de luz y som­bra, que difí­cil­men­te se hubie­se logra­do si este film hubie­se sido roda­do en colores.

Con esta pelí­cu­la, el direc­tor con­fir­ma una vez más la madu­rez que ya había demos­tra­do en La Som­bra del Cami­nan­te (2004) y Los Via­jes del Vien­to (2009. Jor­ge Gutman

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