Basí­li­cas Papales

ST. PETER’S AND THE PAPAL BASI­LI­CAS OF ROME

En otras de las trans­mi­sio­nes efec­tua­das desde las gale­rías del mundo, en esta opor­tu­ni­dad se podrá juz­gar el film ita­liano San Pedro y las Basí­li­cas Papa­les de Roma (San Pie­tro e le Basi­li­che Papali di Roma) diri­gido por Luca Viotto y copro­du­cido por el Cen­tro Tele­vi­sivo del Vaticano.

Según se anti­cipa, el docu­men­tal ha estado ins­pi­rado en el jubi­leo espe­cial pro­cla­mado por el Papa Fran­cisco el pasado 8 de diciem­bre donde el Pon­tí­fice abrió las puer­tas de la Puerta Santa de la Basí­lica de San Pedro.

Valién­dose del poder de la última tec­no­lo­gía exis­tente y gra­cias al empleo de heli­cóp­te­ros, dro­nes y bra­zos mecá­ni­cos que pue­den alcan­zar los 50 metros, el docu­men­tal captó imá­ge­nes aéreas de Roma como así tam­bién otras iné­di­tas que tes­ti­mo­nian la gran­deza inte­rior y exte­rior de las basí­li­cas de San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extra­mu­ros. Así, este viaje de 90 minu­tos de dura­ción per­mi­tirá al espec­ta­dor efec­tuar un reco­rrido de estos cua­tro majes­tuo­sos edi­fi­cios com­bi­nando las obras de arte de ines­ti­ma­ble valor que allí se encuen­tran con la his­to­ria, espi­ri­tua­li­dad y la arquitectura.

SAN PEDRO DEL VATICANO

SAN PEDRO DEL VATICANO

Cabe seña­lar que San Pedro cuya cons­truc­ción tuvo lugar entre 1506 y 1626 es la igle­sia más grande del mundo y con­si­de­rada como el más sagrado de los tem­plos cató­li­cos; a pesar de no ser una cate­dral cons­ti­tuye un lugar popu­lar de pere­gri­naje Según la tra­di­ción cató­lica, la Basí­lica es el sitio donde está ente­rrado el após­tol San Pedro que fue el pri­mer Papa y Obispo de Roma. La basí­lica de San Pedro tam­bién es famosa por los tra­ba­jos lega­dos por impor­tan­tes artis­tas del rena­ci­miento como Miche­lan­gelo, Raf­fae­llo, Bra­mante y San­ga­llo, entre otros.

San Juan de Letrán

San Juan de Letrán

San Juan de Letrán (San Gio­vanni in Late­rano) es la igle­sia más anti­gua del mundo occi­den­tal y fue fun­dada en el siglo IV por Cons­tan­tino el Grande. Dedi­cada a Juan Bau­tista y Juan el Evan­ge­lista, es tam­bién la cate­dral de Roma.

San Pablo Extramuros

San Pablo Extramuros

San Pablo Extra­mu­ros (San Paolo Fuori Le Mura) es la segunda basí­lica más grande de las cua­tro. Fue fun­dada por el empe­ra­dor romano Cons­tan­tino I sobre el lugar de entie­rro de San Pablo, con­vir­tién­dola de este modo en un sitio de peregrinaje.

Santa María La Mayor

Santa María La Mayor

Santa María la Mayor (Santa Maria Mag­giore) es la igle­sia más grande de Roma dedi­cada a la Vir­gen María y una de las pri­me­ras en haber sido eri­gida en su honor.

St. Peter’s and the Papal Basi­li­cas of Rome, narrado por exper­tos en la mate­ria y fil­mado en 3D, será exhi­bido en Canadá en los cines per­te­ne­cien­tes a CINE­PLEX el jue­ves 9 de junio. Habrá otra exhi­bi­ción el domingo 12 de junio pero a tra­vés del for­mato 2D. Para hora­rios y salas par­ti­ci­pan­tes pre­sione aquí y aquí

A Tra­vés del Espejo

ALICE THROUGH THE LOO­KING GLASS. Esta­dos Uni­dos, 2016. Un film de James Robin

Des­pués de haber dis­fru­tado el film de Tim Bur­ton Alice in Won­der­land (2010) se conoce ahora su secuela Alice Through the Loo­king Glass diri­gida en este caso por James Bobin. Si a veces el enun­ciado de que “segun­das par­tes nunca fue­ron bue­nas” resulta dis­cu­ti­ble, algo de eso hay en esta pelí­cula que carece de la magia nece­sa­ria que carac­te­rizó al film precedente.

ALICE THROUGH THE LOOKING GLASSEn el entre­ve­rado guión de Linda Wool­ver­ton, se la ve a Alice (Mia Wasi­kowska) algu­nos años des­pués como capi­tana de la embar­ca­ción que per­te­ne­ció a su difunto padre nave­gando los mares; al retor­nar a Lon­dres se encuen­tra con algu­nos obs­tácu­los refe­ren­tes a su carrera y es así que resuelve dejar tie­rra firme para retor­nar nue­va­mente al País de las Mara­vi­llas a tra­vés de un espejo mágico.

Al lle­gar a des­tino se encuen­tra con que su muy que­rido amigo, el Som­bre­rero Loco (Johnny Deep), está sumido en una pro­funda depre­sión por­que está con­ven­cido de que su fami­lia que ha sido víc­tima de una tra­ge­dia acon­te­cida largo tiempo atrás aún vive. Ansiosa por ayu­darlo, nues­tra heroína decide retor­nar al pasado para ras­trear el para­dero de sus padres y saber qué es lo que acon­te­ció con ellos. Para lograr su come­tido, Ali­cia ten­drá que enfren­tarse con el Sr. Tiempo (Sacha Baron Cohen) a fin de sus­traerle la cro­nós­fera que está en su pose­sión y que es el arte­facto que le per­mi­tirá via­jar a tra­vés del tiempo.

A par­tir de ese momento el guión de Wool­ver­ton adopta varios giros para crear situa­cio­nes poco lógi­cas y que de nin­guna manera se corres­pon­den con la obra lite­ra­ria de Lewis Carroll. En con­se­cuen­cia, las aven­tu­ras que Ali­cia atra­viesa en el mundo para­lelo que le hace soñar y sen­tirse reno­vada así como la gale­ría de per­so­na­jes reales y ani­ma­dos que salen a su encuen­tro no con­ser­van en este film el fas­ci­nante encanto del film de Burton.

Aun­que el relato diste de pro­du­cir exci­ta­ción hay que reco­no­cer que exis­ten con­ta­das secuen­cias bien logra­das pero en líneas gene­ra­les, Robin se vale de las imá­ge­nes gene­ra­das por compu­tadora (CGI) y del empleo de efec­tos visua­les para real­zar las debi­li­da­des del guión. Si bien nada puede obje­tarse a la actua­ción, entre otros, de Wasi­kowska, Baron Cohen, Helena Bon­ham Car­ter como la mal­vada Reina Roja y la de Anne Hat­ha­way como su her­mana la Reina Blanca, lo cierto es que no alcan­zan a ele­var el nivel del film.

He aquí un film que se apoya en los aspec­tos téc­ni­cos para tras­cen­der y que brinda un pro­ducto lujoso en tér­mi­nos de colo­res, ves­tua­rio y maqui­llaje, aun­que el for­mato IMAX 3D no resalta en este caso su visión. Como relato es mode­ra­da­mente entre­te­nido pero en última ins­tan­cia no posee la crea­ti­vi­dad y vita­li­dad nece­sa­ria para que deje impor­tan­tes hue­llas en la memo­ria del espec­ta­dor. Jorge Gut­man

Eva­lua­ción y Pre­mios del Fes­ti­val de Can­nes 2016

Cró­nica de Jorge Gut­man

En la edi­ción que con­cluyó el domingo pasado la selec­ción de fil­mes que inte­gra­ron la sec­ción com­pe­ti­tiva resultó con­si­de­ra­ble­mente supe­rior a la de los últi­mos años. De 21 títu­los con­cur­san­tes hubo algu­nos de exce­lente cali­dad aun­que a la hora de los pre­mios la mayo­ría de los mis­mos que­da­ron exclui­dos; así, este año hubo un mar­cado divor­cio entre la opi­nión de la crí­tica y la de los miem­bros que inte­gra­ron el jurado oficial.

 Hayley Squires and Dave Johns en I, DANIEL BLAKE

Hay­ley Squi­res and Dave Johns en I, DANIEL BLAKE

He aquí la con­si­de­ra­ción de las dis­tin­cio­nes más impor­tan­tes. La codi­ciada Palma de Oro fue adju­di­cada al film I, Daniel Blake del direc­tor bri­tá­nico Ken Loach. Este cineasta logra el pre­mio máximo des­pués de haberlo obte­nido hace 10 años con The Wind that Sha­kes the Bar­ley. Como es habi­tual en Loach, un rea­li­za­dor total­mente com­pro­me­tido con un cine social, aquí brinda otro ejem­plo de su preo­cu­pa­ción hacia los sec­to­res más inde­fen­sos de la socie­dad en la que vive.

Este film con­mueve por su hones­ti­dad y abso­luta sin­ce­ri­dad demos­trando cómo la buro­cra­cia que se desen­vuelve den­tro de los orga­nis­mos esta­ta­les es capaz de humi­llar y desin­te­grar a inocen­tes indi­vi­duos. Siem­pre tra­ba­jando en cola­bo­ra­ción con Paul Laverty en cali­dad de guio­nista, el rea­li­za­dor sigue los pasos de Daniel Blake (Dave Johns), un noble car­pin­tero sexa­ge­na­rio y viudo que sufre de pro­ble­mas coro­na­rios que le impi­den tra­ba­jar; para ello recu­rre a los ser­vi­cios de ayuda social a fin de obte­ner una pen­sión de inva­li­dez; pero la tarea no es tan sen­ci­lla como parece por­que para valerse del for­mu­la­rio de admi­sión tiene que obte­nerlo en línea donde encuen­tra difi­cul­ta­des para lograr su obje­tivo por­que no es muy ducho en el manejo de inter­net. Durante el cal­va­rio que atra­viesa Daniel conoce a Katie (Hay­ley Squi­res), una joven madre sol­tera que para evi­tar que sus niños sean colo­ca­dos en hoga­res sus­ti­tu­tos está obli­gada a acep­tar un alo­ja­miento a 450 km. de su ciu­dad natal; entre ambos sur­girá un mutuo apoyo y soli­da­ri­dad enfren­tando los pro­ble­mas que atraviesan.

Loach ofrece un remar­ca­ble film de gran huma­nismo que pro­duce indig­na­ción y rabia com­pro­bando cómo la maqui­na­ria del gobierno trata des­con­si­de­ra­da­mente a la gente des­po­seída que se encuen­tra impo­tente para obte­ner la ayuda reque­rida. En esen­cia, ésta es otra denun­cia del gran rea­li­za­dor sobre la injus­ti­cia sufrida por las cla­ses socia­les más humil­des de su país.

El Gran Pre­mio del Jurado, el segundo en orden de impor­tan­cia, corres­pon­dió a Juste le fin du monde del joven direc­tor cana­diense Xavier Dolan. Esta dis­tin­ción fue real­mente ines­pe­rada dado que en opor­tu­ni­dad de su pre­sen­ta­ción divi­dió mar­ca­da­mente a la crí­tica donde la mayor parte de la misma resultó deci­di­da­mente nega­tiva. Basado en la pieza tea­tral epó­nima de Jean-Luc-Lagarce, su adap­ta­ción al cine resulta está­tica; su trama gira en torno de un autor gay de 35 años (Gas­pard Ulliel) que des­pués de 12 años de ausen­cia regresa a su hogar con la inten­ción de anun­ciar a sus fami­lia­res su pró­xima e irre­me­dia­ble muerte. Al lle­gar, lo espe­ran su estra­fa­la­ria madre (Nat­ha­lie Baye), rebelde her­mana (Léa Sey­doux), pro­vo­ca­tivo y rabioso her­mano (Vin­cente Cas­sell) y la sumisa y mal­tra­tada esposa de éste último (Marion Cotillard).

Cons­truida a base de pri­me­ros gran­des pla­nos que cubren casi toda la pan­ta­lla, el relato se desa­rro­lla en el marco de una atmós­fera donde pre­va­le­cen el resen­ti­miento, cruel­dad. ata­ques ver­ba­les, his­te­ria e insul­tos de los miem­bros de la fami­lia que no hacen más que atur­dir al espec­ta­dor como así tam­bién al per­so­naje visi­tante que con­tem­pla casi en forma inmu­ta­ble lo que está suce­diendo. Todo ese asfi­xiante drama se ve inte­rrum­pido con alguna can­ción dis­puesta a cal­mar el clima de ten­sión exis­tente, así como con cier­tos pre­cio­sis­mos visua­les carac­te­rís­ti­cos del cine de Dolan. En suma, un film fallido que aun­que bien rea­li­zado carece de pro­fun­di­dad y final­mente fatiga.

El film Ame­ri­can Honey, copro­duc­ción de Gran Bre­taña y Esta­dos Uni­dos, obtuvo el Pre­mio del Jurado. La direc­tora bri­tá­nica Andrea Arnold en su pri­mera incur­sión en el cine ame­ri­cano ofrece un relato que adopta las carac­te­rís­ti­cas de un road movie.

La trama se cen­tra en Star (Sasha Lane), una mucha­cha de 19 años pro­ve­niente de una fami­lia dis­fun­cio­nal; habiendo cono­cido por azar a Jake (Shia LaBeouf) que forma parte de un grupo de jóve­nes ven­de­do­res iti­ne­ran­tes de sus­crip­cio­nes de revis­tas, ella se une al mismo con la inten­ción de mejo­rar su nivel de vida. Esa es la excusa para que esta juve­nil banda vaya reco­rriendo diver­sas ciu­da­des ubi­ca­das en el medio oeste ame­ri­cano y la rea­li­za­dora apro­ve­che para resal­tar algu­nos ras­gos cul­tu­ra­les de la región visitada.

Tran­si­tando por terre­nos explo­ra­dos en otras pelí­cu­las seme­jan­tes, este film se deja ver por la buena inter­pre­ta­ción de con­junto, así como tam­bién por la mag­ní­fica foto­gra­fía de Rob­bie Ryan; con todo, su dura­ción de más de dos horas y media se hace sen­tir debido a algu­nas esce­nas que se repi­ten inne­ce­sa­ria­mente y por la ausen­cia de inci­den­tes con situa­cio­nes de pal­pi­tante emoción.

El pre­mio al mejor direc­tor resultó com­par­tido por Cris­tian Mun­giu, res­pon­sa­ble del film rumano Baca­lau­reat y Oli­vier Assa­yas por la pelí­cula fran­cesa Per­so­nal Shop­per. Se trata de dos pelí­cu­las com­ple­ta­mente dife­ren­tes en temá­tica e incluso en lo que a rea­li­za­ción se refiere.

 Adrian Titieni y Maria Drăgus en BACALAUREAT

Adrian Titieni y Maria Dră­gus en BACALAUREAT

Sin lle­gar al nivel de la obra maes­tra 4 meses, 3 sema­nas, 2 días que en 2007 ganó la Palma de Oro, Mun­giu logra con Baca­lau­reat uno de los mejo­res fil­mes que se han visto este año. El relato mues­tra cómo cier­tas mani­fes­ta­cio­nes cul­tu­ra­les de la época comu­nista aún per­sis­ten en los momen­tos actua­les a tra­vés del com­por­ta­miento que adopta su per­so­naje prin­ci­pal, Romeo (Adrian Titieni), un médico de alre­de­dor de 50 años que goza de gran inte­gri­dad pro­fe­sio­nal y que nunca atinó a efec­tuar com­pro­mi­sos que pudie­ran afec­tar su norma de conducta.

En un deter­mi­nado momento, las cir­cuns­tan­cias lo impul­san a adop­tar un com­por­ta­miento un tanto dife­rente en su intento de lograr que su hija Eliza (Maria Dră­gus) apruebe los últi­mos exá­me­nes nece­sa­rios de gra­dua­ción para que de este modo pueda estu­diar en Lon­dres; para ase­gu­rar que ella obtenga un resul­tado satis­fac­to­rio, Romeo acude a medios ética­mente cues­tio­na­bles en donde sin que­rerlo se encuen­tra sal­pi­cado por cier­tos vicios que afec­tan a la socie­dad post-comunista como sería el “inter­cam­bio de favo­res o ser­vi­cios prestados”.

A tra­vés de otros inci­den­tes que acon­te­cen en el exce­lente guión del rea­li­za­dor y su esme­rada puesta en escena, este nota­ble film per­mite que el espec­ta­dor se intro­duzca de lleno en la his­to­ria relatada.

Teniendo en cuenta los méri­tos del film rumano comen­tado, cuesta com­pren­der que el jurado haya igual­mente pre­miado a Oli­vier Assa­yas. Con todo el res­peto que merece este rea­li­za­dor fran­cés, la his­to­ria que pro­pone en Per­so­nal Shop­per carece de lógica a pesar de la loa­ble inten­ción de inter­narse en un campo deli­cado e impre­ciso como lo es el del espi­ri­tismo. La trama gira en torno de Mau­reen (Kris­ten Ste­wart) una pari­sina que se desem­peña como com­pra­dora de ropas y joyas valio­sas para Kyra (Nora Von Walds­tät­ten) quien es una cele­bri­dad mun­dial en el campo de la moda. Al haber per­dido recien­te­mente a su her­mano gemelo de 27 años de edad muerto de un ata­que car­díaco y teniendo en cuenta que él era un médium, trata de comu­ni­carse con su espí­ritu usando fun­da­men­tal­mente su telé­fono inte­li­gente. No es nece­sa­rio agre­gar más deta­lles salvo seña­lar que en esta opor­tu­ni­dad Assa­yas brinda un relato que ade­más de irrea­lista y abu­rrido llega a un desen­lace com­ple­ta­mente decep­cio­nante que mere­ció algu­nos abu­cheos al con­cluir la exhi­bi­ción de prensa.

El film iraní Forus­hande (The Sales­man) de Asghar Far­hadi obtuvo dos galar­do­nes. Uno de ellos al mejor guión escrito por el rea­li­za­dor y el otro al mejor actor atri­buido a Shahab Hos­seini; este intér­prete carac­te­riza a un pro­fe­sor que tras el ata­que que su mujer ha sufrido en su casa por parte de un des­co­no­cido, vuelca toda su ener­gía tra­tando de dilu­ci­dar el caso. Por no haber podido ver este film no puedo efec­tuar una eva­lua­ción del mismo; con todo, esta pelí­cula ha sido objeto de una buena recep­ción crí­tica, aspecto que no resulta extraño teniendo en cuenta los muy bue­nos ante­ce­den­tes de Far­hadi quien con A Sepa­ra­tion, su obra maes­tra, ganó el Oscar al mejor film extran­jero de 2011.

El pre­mio a la mejor inter­pre­ta­ción feme­nina fue adju­di­cado a Jaclyn Jose por el film Ma’Rosa, pelí­cula fili­pina de Bri­llante Men­doza. Sin alcan­zar la nota­ble inten­si­dad lograda en Kina­tay por el que en 2009 obtuvo el pre­mio a la mejor direc­ción, Men­doza des­cribe el medio social y cul­tu­ral impe­rante en los barrios más pobres de Manila. Jose anima a Rosa Reyes dueña de un alma­cén de ramos gene­ra­les junto con su marido Ernesto (Andi Eigen­mann). Como acti­vi­dad adi­cio­nal para que la fami­lia pueda sub­sis­tir, ambos com­ple­men­tan los ingre­sos dedi­cán­dose a la venta de dro­gas hasta que un buen día la poli­cía se entera y los arresta.

 Jaclyn Jose en MA’ROSA

Jaclyn Jose en MAROSA

El con­flicto dra­má­tico se desa­rro­lla den­tro del recinto poli­cial donde los fun­cio­na­rios fuer­zan a la pareja a denun­ciar al pro­vee­dor de la droga y pos­te­rior­mente a entre­gar­les 50 mil pesos a fin de no ir a la cár­cel. Es allí donde los dos hijos Erwin (Jomari Ange­les) y Jack­son (Felix Roco), y la hija Raquel (Andi Eigen­mann) rea­li­za­rán todos los esfuer­zos nece­sa­rios para libe­rar a sus padres; para ello tra­ta­rán de reunir el dinero deman­dado aun­que eso impli­que que uno de los her­ma­nos tenga que pros­ti­tuirse para con­se­guir una parte del mismo.

Den­tro de un medio donde la corrup­ción poli­cial pare­ciera ser un “modus vivendi”, el film cons­ti­tuye una buena pin­tura de la vida de los estra­tos más bajos de la socie­dad fili­pina, donde las pocas o nulas opcio­nes de la gente pobre motiva que la amo­ra­li­dad se imponga para poder sobrevivir.

El pre­mio de la FIPRESCI para la sec­ción ofi­cial ha sido con­ce­dido a Toni Erd­mann, copro­duc­ción alemana-austríaca de Maren Ade. Este mag­ní­fico film resultó una agra­da­ble sor­presa para el público asis­tente en la medida que la rea­li­za­dora ale­mana ha logrado un relato de indu­da­ble cali­dad que se des­taca por su refres­cante humor a lo largo de su desarrollo.

Peter Simonischek en TONI ERDMANN

Peter Simo­nis­chek en TONI ERDMANN

La his­to­ria con­ce­bida por Ade se cen­tra en Win­fried (Peter Simo­nis­chek), un excén­trico músico jubi­lado que quiere a su hija Ines (San­dra Hüller), una joven alta­mente adicta a su tra­bajo; para evi­tar que su empleo la aliene y pueda con­ver­tirse en una per­sona más huma­ni­zada, Win­fried deja Ale­ma­nia para diri­girse a Buca­rest donde ella tra­baja para una firma inter­na­cio­nal de con­sul­to­ría; es allí donde asume el nom­bre de Tony Erd­mann y a par­tir de ese momento comienza a jugarle a Ines varias bro­mas “pesa­das” donde a la pos­tre lle­gará a con­so­li­darse una rela­ción más intima y per­so­nal entre los dos.

A tra­vés de situa­cio­nes impo­si­bles de pre­de­cir, este hila­rante film con­tiene algu­nos momen­tos impa­ga­bles de gra­cia que ha moti­vado que durante la exhi­bi­ción de prensa rea­li­zada el público aplau­diera fuer­te­mente en dos opor­tu­ni­da­des; una de las mis­mas es cuando en una fiesta padre e hija espon­tá­nea­mente ento­nan una can­ción de Whit­ney Hous­ton; la otra es cuando Ines impro­visa una fiesta donde los invi­ta­dos deben lle­gar sin ropa alguna. Con exce­len­tes inter­pre­ta­cio­nes de Simo­nis­chek y Hüller, ésta es una de las mejo­res pelí­cu­las com­pe­ti­ti­vas del Fes­ti­val aun­que el jurado la haya igno­rado por completo.

La Palma de Oro al mejor cor­to­me­traje corres­pon­dió al film espa­ñol Time­code del rea­li­za­dor cata­lán Juanjo Gimé­nez. El guión ha sido co-escrito por Gimé­nez y Pere Alta­mira y en la fil­ma­ción han par­ti­ci­pado los alum­nos de la Escuela de Cine de Reus, donde el direc­tor es docente.

Una Palma de Oro hono­ra­ria ha sido otor­gada al actor Jean-Pierre Léaud, que empezó su carrera como niño en el memo­ra­ble film de Fra­nçois Truf­faut de 1959 Los 400 Golpes.

En cuanto a la Cámara de Oro, dis­tin­ción atri­buida a la mejor ópera prima pre­sen­tada en cual­quiera de las sec­cio­nes del fes­ti­val, la pelí­cula pre­miada ha sido Divi­nes de Houda Benyamina.

Den­tro de los fil­mes pre­sen­ta­dos en la sec­ción Un Cer­tain Regard, The Hap­piest Day in the Life of Olli Mäki del direc­tor fin­lan­dés Juho Kuos­ma­nen obtuvo el pre­mio mayor. Fil­mado en blanco y negro, y con un guión del rea­li­za­dor, el agra­da­ble relato narra una his­to­ria real que trans­cu­rre en Hel­sinki en 1962. Olli Maki (Jarkko Lahti) de 26 años de edad es un boxea­dor fin­lan­dés al que se le pre­senta la opor­tu­ni­dad de poder enfren­tar al cam­peón mun­dial de Esta­dos Uni­dos (John Bosco Jr.) y con­ver­tirse en una suerte de héroe nacio­nal en el caso de ganar la contienda.

Jarkko Lahti en THE HAPPIEST DAY IN THE LIFE OF OLLI MÄKI

Jarkko Lahti en THE HAP­PIEST DAY IN THE LIFE OF OLLI MÄKI

Muy lejos de los tra­di­cio­na­les com­ba­tes entre dos boxea­do­res ya vis­tos en nume­ro­sos fil­mes, aquí el inte­rés del rea­li­za­dor es narrar en forma paciente y minu­ciosa todas las alter­na­ti­vas que pre­ce­den al gran match. Así entre otros aspec­tos se des­ta­can los esfuer­zos rea­li­za­dos por su entre­na­dor Elis Ask (Eero Milo­noff) para que Olli baje de peso, el rol desem­pe­ñado por los patro­ci­na­do­res del evento, las con­fe­ren­cias de prensa que tie­nen lugar, así como las rela­cio­nes que man­tiene Olli con su novia Raija (Oona Airola) donde ella más desea­ría estar en la zona rural donde habita que vivir el aje­treo de Hel­sinki durante los pre­pa­ra­ti­vos. En el inter­tanto, Olli atra­viesa cier­tas com­pli­ca­cio­nes que se van resol­viendo satis­fac­to­ria­mente a medida que se acerca la gran fecha del 17 de agosto de 1962 en que ten­drá lugar el encuen­tro pugi­lís­tico. Sin nece­si­dad de anti­ci­par quién será el gana­dor del evento, puede afir­marse que el direc­tor logra una come­dia plena de encanto, humor, melan­co­lía y autén­tica emo­ción como así teñida de un roman­ti­cismo inusual donde queda bien mani­fes­tado el sin­cero amor entre Olli y Raija. La foto­gra­fía es exce­lente así como la repro­duc­ción de época.

Uno de los fil­mes de gran cali­dad del fes­ti­val ha sido Pater­son de Jim Jar­mush. Estruc­tu­rado en capí­tu­los que trans­cu­rren a lo largo de una semana, desde la pri­mera ima­gen el público queda atra­pado por la nota­ble carac­te­ri­za­ción que Adam Dri­ver logra ani­mando a Pater­son quien por rara coin­ci­den­cia vive en la ciu­dad del mismo nom­bre de New Jer­sey. El es un apo­cado cho­fer de auto­bús que lleva una vida metó­dica y cro­no­me­trada al lado de su amada y dulce novia Laura (Gols­hif­teh Farahani). Así, todos los días se des­pierta a las 6 y 15 de la mañana, abraza a Laura en tanto que ella le relata su último sueño. El hobby de Pater­son es escri­bir poe­sías en su cua­derno de notas ins­pi­rán­dose en las con­ver­sa­cio­nes que oye de los pasa­je­ros mien­tras está via­jando, como así tam­bién de lo que va obser­vando a su alre­de­dor. Luego de la jor­nada habi­tual de tra­bajo, cena con Laura y des­pués saca a pasear a su perro al pro­pio tiempo que apro­ve­cha para acer­carse a un bar local a fin de tomar una cer­veza, hablar con el dueño del bar y encon­trarse con los clien­tes habituales.

 Adam Driver en PATERSON

Adam Dri­ver en PATERSON

Aun­que todo parezca repe­ti­tivo y podría lle­gar a abu­rrir, Jar­mush logra el mila­gro de que el film adquiera un tono lírico cau­ti­vante que con­ta­gia al espec­ta­dor gra­ta­mente. Entre varias de las razo­nes que con­tri­bu­yen al encanto de este film se encuen­tran la forma sim­ple pero efec­tiva en que el direc­tor tri­buta un home­naje a la poe­sía, la des­crip­ción impe­ca­ble de sus dos per­so­na­jes prin­ci­pa­les y el modo tierno en que se mani­fiesta la rela­ción de la pareja. Así, él es un indi­vi­duo intro­ver­tido, de no muchas pala­bras al hablar pero no exento de sen­ti­mien­tos que se mani­fies­tan inte­rior­mente, en tanto que ella es radiante, entu­siasta y opti­mista y ade­más de apo­yar en todo lo que Pater­son hace, logra una enorme satis­fac­ción haciendo pas­te­li­tos o bien tocando guitarra.

Glo­bal­mente con­si­de­rado, todo lo que ofrece esta melan­có­lica come­dia ame­ri­cana resulta con­vin­cente y lo impor­tante para remar­car es que a pesar de no exis­tir vio­len­cia ni acción des­me­su­rada en su relato como tam­poco el empleo de efec­tos espe­cia­les, Jar­mush ha obte­nido un exce­lente film impreg­nado de opti­mismo exal­tando el amor por la poe­sía y la mara­vi­lla de vivir.

El gran direc­tor ita­liano Marco Belloc­chio se vale de la novela auto­bio­grá­fica del perio­dista Mas­simo Gra­me­llini para narrar en Fai bei sogni los efec­tos trau­má­ti­cos que con­lle­van acon­te­ci­mien­tos vivi­dos durante la infancia.

Barbara Ronchi y Nicolo Cabras en FAI BEI SOGNI

Bar­bara Ron­chi y Nicolo Cabras en FAI BEI SOGNI

La adap­ta­ción rea­li­zada por el rea­li­za­dor junto con Valia San­te­lla y Edoardo Albi­nati, ubica al relato en Turin en 1969 donde se puede apre­ciar cómo existe una gran comu­ni­ca­ción y cariño entre Mas­simo (Nicolo Cabras), un niño de nueve años de edad y su madre (Bar­bara Ron­chi). Ese ambiente feliz se detiene brus­ca­mente cuando en forma ines­pe­rada su pro­ge­ni­tora muere y el chico rehúsa acep­tar esa terri­ble pér­dida, a pesar de que el cura local le dice que ella se encuen­tra muy bien en el paraíso celestial.

Cuando la acción se tras­lada hacia la década del 90 se ve a Mas­simo (Vale­rio Mas­tan­drea) desem­pe­ñán­dose como un efi­ciente perio­dista para un impor­tante dia­rio quien des­pués de haber sido corres­pon­sal de gue­rra en Sara­jevo comienza a sufrir ata­ques de pánico; a todo ello cuando se pre­para para ven­der el depar­ta­mento de sus padres, revive el dra­má­tico pasado vin­cu­lado con su madre. Es ahí donde juega un rol impor­tante la pre­sen­cia de una abne­gada médica (Béré­nice Bejo) que trata de cica­tri­zar las heri­das emo­cio­na­les de Massimo.

Ese pro­ceso angus­tioso está efi­caz­mente rela­tado por Belloc­chio quien expri­mió la riqueza de la novela ori­gi­nal demos­trando cómo los años infan­ti­les que­dan fuer­te­mente impreg­na­dos en la memo­ria de una per­sona adulta y de qué manera la desa­pa­ri­ción repen­tina de una madre puede reper­cu­tir a tra­vés del tiempo en la vida de un hijo. Las con­mo­ve­do­ras actua­cio­nes de Mas­tan­drea y Bejo refuer­zan los valo­res de este film per­mi­tiendo que el público se iden­ti­fi­que fácil­mente con la suerte de sus personajes.

Entre otros fil­mes meri­to­rios del fes­ti­val se des­taca Sie­ra­ne­vada donde el direc­tor Cristi Puiu ofrece un retrato rea­lista de una exten­dida fami­lia rumana que se reúne en un api­ñado depar­ta­mento de Buca­rest para una comida con motivo de la con­me­mo­ra­ción del falle­ci­miento del patriarca fami­liar ocu­rrido tiempo atrás. El encuen­tro fami­liar per­mi­tirá que aflo­ren los resen­ti­mien­tos escon­di­dos entre los inte­gran­tes del grupo a tra­vés de alter­ca­dos, dis­cu­sio­nes y des­en­cuen­tros al abor­dar temas per­so­na­les ade­más de otros de natu­ra­leza polí­tica y reli­giosa. En última ins­tan­cia, este film pone de mani­fiesto las fobias y rece­los de la con­di­ción humana a tra­vés del micro­cos­mos de esta uni­dad fami­liar. Con lar­gos pla­nos secuen­cias en donde la cámara de Puiu sigue a cada uno de los nume­ro­sos per­so­na­jes del relato, se asiste a una tra­gi­co­me­dia absurda des­ga­rra­dora a la vez que apasionante.

 Una escena de SIERANEVADA

Una escena de SIERANEVADA

El rea­li­za­dor y guio­nista Jeff Nichols con­si­dera en Loving la ver­da­dera his­to­ria de Richard y Mil­dred Loving, una pareja ame­ri­cana donde ella es negra pero no él, cuyo matri­mo­nio que tuvo lugar en junio de 1958 ori­ginó una dura bata­lla legal. El con­flicto se debe a que por vivir en el segre­gado estado de Vir­gi­nia, los aman­tes novios –con un hijo en camino– no pue­den casarse allí por tra­tarse de la unión de dos per­so­nas de dife­rente raza. De allí que deci­den con­traer nup­cias en Washing­ton D.C pero cuando deci­den retor­nar a Vir­gi­nia son arres­ta­dos y la única forma de evi­tar la pri­sión es que ambos opten por dejar el lugar donde nacie­ron y cre­cie­ron durante un lapso de 25 años. Des­pués de casi 10 años de ardua lucha por parte de abo­ga­dos, dife­ren­tes medios de difu­sión y de orga­ni­za­cio­nes des­ti­na­das a defen­der los dere­chos cívi­cos, la Corte Suprema de Esta­dos Uni­dos se pro­nun­cia eli­mi­nando la fla­grante injus­ti­cia de haber con­si­de­rado ile­gal a un acto de amor legítimo.

 Ruth Negga y Joel Edgerton en LOVING

Ruth Negga y Joel Edger­ton en LOVING

La maes­tría del rea­li­za­dor es haber logrado un film que lejos de gran­di­lo­cuente es sufi­cien­te­mente sutil en su sobria narra­tiva refle­jando el dolor emo­cio­nal de dos seres inocen­tes cuyo único delito es el de estar casa­dos. Las actua­cio­nes de Joel Eder­ton y Ruth Negga son impe­ca­bles en la carac­te­ri­za­ción que rea­li­zan de los pro­ta­go­nis­tas de este muy buen melo­drama racial.

En lo que con­cierne al cine de Amé­rica Latina, se ha podido juz­gar dos tra­ba­jos nota­bles pro­ce­den­tes de Chile y uno de Bra­sil. Uno de los fil­mes chi­le­nos es Neruda de Pablo Larraín cuyas pelí­cu­las pre­ce­den­tes -Tony Manero, No, El Club– tuvie­ron posi­tiva reper­cu­sión en los fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les. En este caso, una vez más Larraín con­firma su gran madu­rez como rea­li­za­dor narrando algu­nos epi­so­dios de Neruda, aun­que poco tie­nen que ver con la reali­dad; de allí que el film debe ser con­si­de­rado como una mera fan­ta­sía donde la per­so­na­li­dad del Pre­mio Nóbel de lite­ra­tura queda desmitificada.

 Luis Gnecco en NERUDA

Luis Gnecco en NERUDA

Ubi­cando la acción hacia el final de la década de los años 40, en su comienzo se lo ve al poeta (Luis Gnecco) ocu­pando el cargo de sena­dor en el Con­greso y como acé­rrimo comu­nista fus­tiga al gobierno de turno por haberse ali­neado con la polí­tica de Esta­dos Uni­dos. Sus crí­ti­cas lo con­vier­ten en enemigo del Estado y es así que a par­tir de allí Larrain con el apoyo del libre­tista Gui­llermo Cal­de­rón con­vier­ten al relato en una suerte de film negro. Por temor a ser encar­ce­lado como trai­dor a la patria, Neruda junto con su abne­gada mujer Delia del Carril (Mer­ce­des Morán) resuel­ven esca­par. Claro está que el gobierno enco­mienda a Oscar Pelu­chon­neau (Gael Gar­cía Ber­nal), un torpe poli­cía ins­pec­tor, para que cap­ture al fugi­tivo. De este modo casi todo el metraje se carac­te­riza por la per­se­cu­ción del impla­ca­ble per­se­gui­dor tra­tando de ubi­car al fugitivo.

Este juego del gato y el ratón es lo que otorga ritmo, humor y pasión al relato. Eso no impide que a tra­vés de la his­to­ria que­den resal­ta­das algu­nas face­tas del escri­tor quien como un buen hedo­nista no puede dejar de lado algu­nos pla­ce­res bur­gue­ses que con­tra­di­cen sus prin­ci­pios ideo­ló­gi­cos, su incli­na­ción hacia el cham­pagne, como así tam­bién su pro­cli­vi­dad hacia las pros­ti­tu­tas; claro está que eso no excluye su volun­tad de con­ver­tirse en un pala­dín de la libertad.

Bien arti­cu­lado e inob­je­ta­ble­mente narrado, Larrain ofrece un film que a pesar de su natu­ra­leza jugue­tona no está exento de cierta viru­len­cia al pro­pio tiempo que des­pliega una ori­gi­nal inven­tiva que sin dudas delei­ta­ría a Neruda si hubiese tenido la posi­bi­li­dad de contemplarlo.

Poe­sía Sin Fin de Ale­jan­dro Jodo­rowsky es el otro film chi­leno que logró una cálida aco­gida de crí­tica y público. Así como en La Danza de la Reali­dad (2013) el cineasta abor­daba su infan­cia, esta pelí­cula cons­ti­tuye una con­ti­nua­ción de aqué­lla con­si­de­rando la tra­yec­to­ria vivida por el autor en sus años de juven­tud. Lejos de con­ver­tirse en una tra­di­cio­nal auto­bio­gra­fía, Jodo­rowsky apela a dife­ren­tes recur­sos no con­ven­cio­na­les para trans­mi­tir sus memo­rias e impre­sio­nes vivi­das durante esos años trans­cu­rri­dos en la década del 40.

Alejandro Jodorowsky en POESIA SIN FIN

Ale­jan­dro Jodo­rowsky en POE­SIA SIN FIN

Cuando su fami­lia se muda de Toco­pi­lla, su ciu­dad natal, a San­tiago, el ado­les­cente mucha­cho (Jere­mías Hers­ko­vits) siente el rigor de su padre machista (Bron­tis Jodo­rowsky) que quiere que él lle­gue a ser médico y de manera brusca le cer­cena sus ambi­cio­nes inte­lec­tua­les como así tam­bién le res­tringe la lec­tura de cier­tos auto­res, como es el caso de Fede­rico Gar­cía Lorca; eso será la causa del resen­ti­miento de Ale­jan­dro hacia su padre dado que a toda costa quiere cas­trarlo en su aspi­ra­ción de lle­gar a ser poeta. Con todo, a pesar de la seve­ri­dad paterna, él habrá de resis­tirla y comen­zará bien pronto a sumer­girse en el mundo artís­tico y lite­ra­rio san­tia­guino a tra­vés de un pro­ceso de madu­ra­ción que va expe­ri­men­tando a medida que pasan los años. Es así que el Ale­jan­dro adulto (Adan Jodo­rowsky) se vin­cu­lará con las figu­ras inte­lec­tua­les de la época como la poe­tisa “punk” Ste­lla Díaz (Pamela Flo­res), el poeta Enri­que Lihn (Lean­dro Taub) y otros inte­lec­tua­les que años des­pués lle­ga­ron a tras­cen­der en la lite­ra­tura de Amé­rica Latina.

Si bien el film cons­ti­tuye de por sí un acto poé­tico demos­trando de qué forma la poe­sía para Jodo­rowsky puede trans­mi­tir amor y enri­que­cer espi­ri­tual­mente a una per­sona, el autor refleja en última ins­tan­cia el mar­cado resen­ti­miento hacia su padre; eso alcanza un tenso cli­max cuando a pasos de embar­carse para París a fin de ini­ciar una nueva etapa de su vida, su padre trata de impe­dirle que viaje ori­gi­nando una des­pe­dida entre vio­lenta y emo­tiva a la vez.

For­mal­mente el direc­tor dota al relato con un con­te­nido sen­sual al pro­pio tiempo que recons­truye for­mi­da­ble­mente los luga­res donde vivió valién­dose de fotos de ese enton­ces. Inge­nioso y dueño de una gran crea­ti­vi­dad, mara­vi­llan las esce­nas cir­cen­ses que Jodo­rovsky intro­duce en el relato como así tam­bién el rea­lismo mágico al que apela en cier­tas ins­tan­cias logrando mara­vi­llo­sos efec­tos ilu­so­rios. Este bello film fue muy aplau­dido en la fun­ción de prensa.

Tras la grata impre­sión dejada por el direc­tor y guio­nista bra­si­leño Kleer Men­do­nça Filho con su exce­lente debut en Au Som au Redor (2012), retorna ahora con Aqua­rius. Sin el rigu­roso estilo for­mal que carac­te­rizó a su film pre­ce­dente, su tema gira en torno de la agre­siva espe­cu­la­ción del mer­cado inmo­bi­lia­rio de Recife.

 Sonia Braga en AQUARIUS

Sonia Braga en AQUARIUS

El relato enfoca a Clara (Sonia Braga), una crí­tica musi­cal jubi­lada de 65 años de edad que pro­viene de una acau­da­lada fami­lia de Recife; viviendo con­for­ta­ble­mente en un anti­guo depar­ta­mento de un edi­fi­cio de dos pisos deno­mi­nado “Aqua­rius”, ubi­cado en una pri­vi­le­giada zona y con una esplén­dida vista al océano, Clara no tiene inten­ción alguna de dejar el lugar donde reside para seguir allí hasta el final de sus días. Esa es la razón por la cual rechaza abier­ta­mente la pro­puesta de com­pra hecha por Diego (Hum­berto Carrao), un ambi­cioso e ines­cru­pu­loso pro­mo­tor de una empresa cons­truc­tora que ya ha adqui­rido todos los res­tan­tes depar­ta­men­tos y solo le resta con­se­guir el de ella para echar abajo el edi­fi­cio y cons­truir un moderno con­do­mi­nio. La resis­ten­cia de la mujer en ven­der su vivienda y la con­fron­ta­ción con los intere­ses de la con­tra­parte cons­ti­tu­yen la esen­cia del relato que con­duce a un sor­pre­sivo desen­lace. Aparte del tema cen­tral, el direc­tor efec­túa un buen estu­dio de la per­so­na­li­dad de Clara en sus víncu­los de fami­lia, sobre todo con el recuerdo de una tía a quien quiso mucho. En todo caso, lo más impor­tante del film es la inter­pre­ta­ción de Sonia Braga quien per­so­ni­fica con brío a una mujer de gran vita­li­dad que habiendo que­dado mar­cada por el estigma de un cán­cer sufrido durante una impor­tante parte de su vida, es capaz de man­te­ner su dig­ni­dad intacta y deter­mi­nada a mar­char hacia ade­lante a pesar de los obs­tácu­los que se pre­sen­ten en su camino.

El Encanto de Susan Sarandon

THE MEDD­LER. Esta­dos Uni­dos, 2015. Un film escrito y diri­gido por Lorene Scafaria

Una vez más este film prueba cómo en cier­tos casos la pujante fuerza expre­siva de una exce­lente inter­pre­ta­ción puede valo­ri­zarlo. En esta come­dia dra­má­tica de la direc­tora Lorene Sca­fa­ria es Susan Saran­don, la vete­rana y gran actriz que le da vita­li­dad a la his­to­ria aquí planteada.

Susan Sarandon y Rose Byrne

Susan Saran­don y Rose Byrne

El guión que per­te­nece a la rea­li­za­dora está basado en algu­nas expe­rien­cias per­so­na­les man­te­ni­das con su madre; ahora bien, si la rela­ción materno-filial es su telón de fondo, lo cierto es que las aven­tu­ras por las que atra­viesa la pro­ta­go­nista del relato son lo que cons­ti­tuye la esen­cia del mismo.

Saran­don anima a Mar­nie Miner­vini, una mujer domi­ci­liada en Nueva Jer­sey que enviudó hace dos años. Para estar cerca de Lori (Rose Byrne), su única y adulta hija que vive en Los Ánge­les resuelve tras­la­darse allá para ini­ciar una nueva etapa de su exis­ten­cia. Lo pri­mero que se evi­den­cia es que la joven no tolera algu­nas acti­tu­des de su madre, como ser lle­gar a su casa sin anun­cio pre­vio o bien cuando intenta ali­viarle el dolor que sufre por la rup­tura que tuvo con su novio Jacob (Jason Ritter).

Tra­tando de son­sa­car aspec­tos de la vida de Lori que pudie­ran ser­virle para ayu­darla mejor, Mar­nie acude a su tera­peuta (Amy Lan­de­cker), aun­que las sesio­nes de tera­pia poco con­tri­bu­yen a solu­cio­nar el problema.

Cuando su hija se ausenta a Nueva York para tra­ba­jar como guio­nista en un pro­grama piloto para la tele­vi­sión, Mar­nie encuen­tra dife­ren­tes medios para demos­trar a sí misma que su vida tiene sen­tido. Así, esti­mula a Frank (Jerrod Car­mi­chael), un joven empleado del lugar donde com­pró un telé­fono inte­li­gente y le ayudó a mane­jarlo, para que estu­die en la uni­ver­si­dad a fin de optar por un futuro mejor. Al pro­pio tiempo y debido a su afluente con­di­ción eco­nó­mica here­dada de su marido, ella adopta acti­tu­des gene­ro­sas como rega­lar un I pad a una de las ami­gas de su hija que está en vís­pe­ras de dar a luz; tam­bién demues­tra su buena dis­po­si­ción con otra chica amiga de Lory (Cecile Strong) finan­cián­dole parte de los gas­tos de su inmi­nente boda y com­por­tán­dose como una madre sus­ti­tuta con el cariño que le brinda. Como buena sama­ri­tana, parte de su tiempo es des­ti­nado a desem­pe­ñarse como volun­ta­ria en un hos­pi­tal local para ofre­cer su ayuda, com­pa­ñía y afecto a una anciana inter­nada con difi­cul­ta­des de movimiento.

Desde el ángulo sen­ti­men­tal, Mar­nie aun­que de edad madura goza de buena pre­sen­cia, resulta atrac­tiva en su com­por­ta­miento social y ésas son bue­nas razo­nes para que cier­tos cor­te­jan­tes de su misma edad estén dis­pues­tos a lograr su com­pa­ñía. Entre ellos, el que mejor aspi­ra­ción tiene para alcan­zar este pro­pó­sito es Rady Zip­per (JK Simons), un reti­rado agente de poli­cía que ahora dedica su tiempo a criar galli­nas en su finca; los encuen­tros entre ambos demues­tran que existe un sen­ti­miento mutuo aun­que en prin­ci­pio Mar­nie se resiste a invo­lu­crarse román­ti­ca­mente debido al recuerdo y pesar que aún le causa la muerte de su esposo a quien ella bien que­ría durante los 40 años de vida en común.

El relato está armado en fun­ción de las dife­ren­tes viñe­tas que ofrece y si bien no exis­ten ver­da­de­ros con­flic­tos que pudie­ran otor­garle ten­sión dra­má­tica, el encanto del mismo radica en Saran­don. No hay un solo gesto o paso que da que no suene ver­da­dero; esa com­pul­sión de hacer el bien a ter­ce­ros resulta real­mente conmovedora.

En líneas gene­ra­les, esta sen­ti­men­tal his­to­ria evita des­bor­dar en cari­ca­tu­ras a pesar de ofre­cer momen­tos de impe­ca­ble humor. Lo que resulta sor­pren­dente es que a pesar de que el per­so­naje de la hija –que no es otra que el de la rea­li­za­dora– no apa­rece como muy sim­pá­tica que se diga en la medida que no alcanza a apre­ciar el pro­fundo afecto y cariño que su madre quiere brin­darle, en este relato Sca­fa­ria la pon­dera a tra­vés de la gran nobleza que emerge del per­so­naje de Marnie.

Sin ser un film extra­or­di­na­rio, The Medd­ler se deja ver con mucho agrado y sim­pa­tía por la vera­ci­dad ema­nada de sus per­so­na­jes y por la gran labor de Saran­don en un papel al que le brinda, cali­dez, ter­nura y sim­pa­tía. Jorge Gut­man

Un Thri­ller Psicológico

MARY­LAND. Francia-Bélgica, 2015. Un film de Alice Winocour

La rea­li­za­dora Alice Wino­cour aborda en este film los efec­tos trau­má­ti­cos de los vete­ra­nos de gue­rra que retor­nan a la vida civil. El per­so­naje pro­ta­gó­nico es Vin­cent (Matt­hias Schoe­naerts) un sol­dado fran­cés que recien­te­mente regresó de Afga­nis­tán inte­grando el cuerpo mili­tar de una misión espe­cial de Fran­cia; como muchos de sus ex cole­gas, es víc­tima de un sín­drome post-traumático, lo que motiva que la per­cep­ción de los acon­te­ci­mien­tos que trans­cu­rren en su nueva vida pue­dan resul­tar alte­ra­dos y frag­men­ta­dos de la reali­dad cotidiana.

Matthias Schoenaerts

Matt­hias Schoenaerts

De inme­diato obtiene un tra­bajo como guar­dia de segu­ri­dad acom­pa­ñando a otros vete­ra­nos de gue­rra en una fas­tuosa fiesta rea­li­zada en una opu­lenta man­sión –Mary­land– que per­te­nece a Wha­lid (Percy Kemp), un hom­bre de nego­cios de gran for­tuna del Líbano. Cuando éste debe par­tir al extran­jero por razo­nes de tra­bajo no muy “san­tas”, Vin­cent es reclu­tado como guar­daes­pal­das para pro­te­ger la segu­ri­dad de su esposa Jes­sie (Diane Kru­ger) y del preado­les­cente hijo.

Dada la ansie­dad de Vin­cent donde todo lo que observa a su alre­de­dor puede resul­tar sos­pe­choso o peli­groso, muy pronto per­cibe, o qui­zás cree per­ci­bir, una ame­naza por parte de ase­si­nos que ron­dan la man­sión. Es allí que en un estado de para­noia va extra­yendo su expe­rien­cia mili­tar del pasado para man­te­ner a Jes­sie, su hijo y a él mismo fuera de todo peligro.

Este drama psi­co­ló­gico con­ce­bido por Wino­cour y el co-guionista Jean-Stéphane Bron va adop­tando en su segunda parte el carác­ter de un mode­rado thri­ller aun­que sin alcan­zar la debida ten­sión como para que adqui­riese mayor impor­tan­cia; a todo ello, la ambi­gua rela­ción sur­gida entre el pro­tec­tor y la bella Jes­sie resulta opa­cada y de poco inte­rés. A lo ante­rior debe agre­garse la exis­ten­cia de nume­ro­sos hilos suel­tos que le res­tan cre­di­bi­li­dad, con­du­ciendo a un desen­lace poco satis­fac­to­rio ade­más de frustrante.

En mate­ria de actua­ción, Schoe­naerts repro­duce muy bien la ima­gen de un hom­bre per­tur­bado que no puede elu­dir de su mente los esce­na­rios de la gue­rra. Por su parte la actua­ción de Kru­ger es correcta aun­que su per­so­naje, tibia­mente desa­rro­llado, no adquiere mayor gravitación.

Com­pen­sando en parte las obje­cio­nes seña­la­das, téc­ni­ca­mente el film se dis­tin­gue por la foto­gra­fía de Geor­ges Lechap­tois quien con­tri­buye a lograr muy bue­nas imá­ge­nes visua­les y por los exce­len­tes efec­tos sono­ros de Gesaf­fels­tein tra­tando de recons­truir lo que bulle en la mente tras­to­cada de Vin­cent. Jorge Gut­man