Eva­lua­ción y Pre­mios del Fes­ti­val de Can­nes 2016

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

En la edi­ción que con­clu­yó el domin­go pasa­do la selec­ción de fil­mes que inte­gra­ron la sec­ción com­pe­ti­ti­va resul­tó con­si­de­ra­ble­men­te supe­rior a la de los últi­mos años. De 21 títu­los con­cur­san­tes hubo algu­nos de exce­len­te cali­dad aun­que a la hora de los pre­mios la mayo­ría de los mis­mos que­da­ron exclui­dos; así, este año hubo un mar­ca­do divor­cio entre la opi­nión de la crí­ti­ca y la de los miem­bros que inte­gra­ron el jura­do oficial.

 Hayley Squires and Dave Johns en I, DANIEL BLAKE

Hay­ley Squi­res and Dave Johns en I, DANIEL BLAKE

He aquí la con­si­de­ra­ción de las dis­tin­cio­nes más impor­tan­tes. La codi­cia­da Pal­ma de Oro fue adju­di­ca­da al film I, Daniel Bla­ke del direc­tor bri­tá­ni­co Ken Loach. Este cineas­ta logra el pre­mio máxi­mo des­pués de haber­lo obte­ni­do hace 10 años con The Wind that Sha­kes the Bar­ley. Como es habi­tual en Loach, un rea­li­za­dor total­men­te com­pro­me­ti­do con un cine social, aquí brin­da otro ejem­plo de su preo­cu­pa­ción hacia los sec­to­res más inde­fen­sos de la socie­dad en la que vive.

Este film con­mue­ve por su hones­ti­dad y abso­lu­ta sin­ce­ri­dad demos­tran­do cómo la buro­cra­cia que se des­en­vuel­ve den­tro de los orga­nis­mos esta­ta­les es capaz de humi­llar y desin­te­grar a ino­cen­tes indi­vi­duos. Siem­pre tra­ba­jan­do en cola­bo­ra­ción con Paul Laverty en cali­dad de guio­nis­ta, el rea­li­za­dor sigue los pasos de Daniel Bla­ke (Dave Johns), un noble car­pin­te­ro sexa­ge­na­rio y viu­do que sufre de pro­ble­mas coro­na­rios que le impi­den tra­ba­jar; para ello recu­rre a los ser­vi­cios de ayu­da social a fin de obte­ner una pen­sión de inva­li­dez; pero la tarea no es tan sen­ci­lla como pare­ce por­que para valer­se del for­mu­la­rio de admi­sión tie­ne que obte­ner­lo en línea don­de encuen­tra difi­cul­ta­des para lograr su obje­ti­vo por­que no es muy ducho en el mane­jo de inter­net. Duran­te el cal­va­rio que atra­vie­sa Daniel cono­ce a Katie (Hay­ley Squi­res), una joven madre sol­te­ra que para evi­tar que sus niños sean colo­ca­dos en hoga­res sus­ti­tu­tos está obli­ga­da a acep­tar un alo­ja­mien­to a 450 km. de su ciu­dad natal; entre ambos sur­gi­rá un mutuo apo­yo y soli­da­ri­dad enfren­tan­do los pro­ble­mas que atraviesan.

Loach ofre­ce un remar­ca­ble film de gran huma­nis­mo que pro­du­ce indig­na­ción y rabia com­pro­ban­do cómo la maqui­na­ria del gobierno tra­ta des­con­si­de­ra­da­men­te a la gen­te des­po­seí­da que se encuen­tra impo­ten­te para obte­ner la ayu­da reque­ri­da. En esen­cia, ésta es otra denun­cia del gran rea­li­za­dor sobre la injus­ti­cia sufri­da por las cla­ses socia­les más humil­des de su país.

El Gran Pre­mio del Jura­do, el segun­do en orden de impor­tan­cia, corres­pon­dió a Jus­te le fin du mon­de del joven direc­tor cana­dien­se Xavier Dolan. Esta dis­tin­ción fue real­men­te ines­pe­ra­da dado que en opor­tu­ni­dad de su pre­sen­ta­ción divi­dió mar­ca­da­men­te a la crí­ti­ca don­de la mayor par­te de la mis­ma resul­tó deci­di­da­men­te nega­ti­va. Basa­do en la pie­za tea­tral epó­ni­ma de Jean-Luc-Lagar­ce, su adap­ta­ción al cine resul­ta está­ti­ca; su tra­ma gira en torno de un autor gay de 35 años (Gas­pard Ulliel) que des­pués de 12 años de ausen­cia regre­sa a su hogar con la inten­ción de anun­ciar a sus fami­lia­res su pró­xi­ma e irre­me­dia­ble muer­te. Al lle­gar, lo espe­ran su estra­fa­la­ria madre (Natha­lie Baye), rebel­de her­ma­na (Léa Sey­doux), pro­vo­ca­ti­vo y rabio­so her­mano (Vin­cen­te Cas­sell) y la sumi­sa y mal­tra­ta­da espo­sa de éste últi­mo (Marion Cotillard).

Cons­trui­da a base de pri­me­ros gran­des pla­nos que cubren casi toda la pan­ta­lla, el rela­to se desa­rro­lla en el mar­co de una atmós­fe­ra don­de pre­va­le­cen el resen­ti­mien­to, cruel­dad. ata­ques ver­ba­les, his­te­ria e insul­tos de los miem­bros de la fami­lia que no hacen más que atur­dir al espec­ta­dor como así tam­bién al per­so­na­je visi­tan­te que con­tem­pla casi en for­ma inmu­ta­ble lo que está suce­dien­do. Todo ese asfi­xian­te dra­ma se ve inte­rrum­pi­do con algu­na can­ción dis­pues­ta a cal­mar el cli­ma de ten­sión exis­ten­te, así como con cier­tos pre­cio­sis­mos visua­les carac­te­rís­ti­cos del cine de Dolan. En suma, un film falli­do que aun­que bien rea­li­za­do care­ce de pro­fun­di­dad y final­men­te fatiga.

El film Ame­ri­can Honey, copro­duc­ción de Gran Bre­ta­ña y Esta­dos Uni­dos, obtu­vo el Pre­mio del Jura­do. La direc­to­ra bri­tá­ni­ca Andrea Arnold en su pri­me­ra incur­sión en el cine ame­ri­cano ofre­ce un rela­to que adop­ta las carac­te­rís­ti­cas de un road movie.

La tra­ma se cen­tra en Star (Sasha Lane), una mucha­cha de 19 años pro­ve­nien­te de una fami­lia dis­fun­cio­nal; habien­do cono­ci­do por azar a Jake (Shia LaBeouf) que for­ma par­te de un gru­po de jóve­nes ven­de­do­res iti­ne­ran­tes de sus­crip­cio­nes de revis­tas, ella se une al mis­mo con la inten­ción de mejo­rar su nivel de vida. Esa es la excu­sa para que esta juve­nil ban­da vaya reco­rrien­do diver­sas ciu­da­des ubi­ca­das en el medio oes­te ame­ri­cano y la rea­li­za­do­ra apro­ve­che para resal­tar algu­nos ras­gos cul­tu­ra­les de la región visitada.

Tran­si­tan­do por terre­nos explo­ra­dos en otras pelí­cu­las seme­jan­tes, este film se deja ver por la bue­na inter­pre­ta­ción de con­jun­to, así como tam­bién por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Rob­bie Ryan; con todo, su dura­ción de más de dos horas y media se hace sen­tir debi­do a algu­nas esce­nas que se repi­ten inne­ce­sa­ria­men­te y por la ausen­cia de inci­den­tes con situa­cio­nes de pal­pi­tan­te emoción.

El pre­mio al mejor direc­tor resul­tó com­par­ti­do por Cris­tian Mun­giu, res­pon­sa­ble del film rumano Baca­lau­reat y Oli­vier Assa­yas por la pelí­cu­la fran­ce­sa Per­so­nal Shop­per. Se tra­ta de dos pelí­cu­las com­ple­ta­men­te dife­ren­tes en temá­ti­ca e inclu­so en lo que a rea­li­za­ción se refiere.

 Adrian Titieni y Maria Drăgus en BACALAUREAT

Adrian Titie­ni y Maria Dră­gus en BACALAUREAT

Sin lle­gar al nivel de la obra maes­tra 4 meses, 3 sema­nas, 2 días que en 2007 ganó la Pal­ma de Oro, Mun­giu logra con Baca­lau­reat uno de los mejo­res fil­mes que se han vis­to este año. El rela­to mues­tra cómo cier­tas mani­fes­ta­cio­nes cul­tu­ra­les de la épo­ca comu­nis­ta aún per­sis­ten en los momen­tos actua­les a tra­vés del com­por­ta­mien­to que adop­ta su per­so­na­je prin­ci­pal, Romeo (Adrian Titie­ni), un médi­co de alre­de­dor de 50 años que goza de gran inte­gri­dad pro­fe­sio­nal y que nun­ca ati­nó a efec­tuar com­pro­mi­sos que pudie­ran afec­tar su nor­ma de conducta.

En un deter­mi­na­do momen­to, las cir­cuns­tan­cias lo impul­san a adop­tar un com­por­ta­mien­to un tan­to dife­ren­te en su inten­to de lograr que su hija Eli­za (Maria Dră­gus) aprue­be los últi­mos exá­me­nes nece­sa­rios de gra­dua­ción para que de este modo pue­da estu­diar en Lon­dres; para ase­gu­rar que ella obten­ga un resul­ta­do satis­fac­to­rio, Romeo acu­de a medios éti­ca­men­te cues­tio­na­bles en don­de sin que­rer­lo se encuen­tra sal­pi­ca­do por cier­tos vicios que afec­tan a la socie­dad post-comu­nis­ta como sería el “inter­cam­bio de favo­res o ser­vi­cios prestados”.

A tra­vés de otros inci­den­tes que acon­te­cen en el exce­len­te guión del rea­li­za­dor y su esme­ra­da pues­ta en esce­na, este nota­ble film per­mi­te que el espec­ta­dor se intro­duz­ca de lleno en la his­to­ria relatada.

Tenien­do en cuen­ta los méri­tos del film rumano comen­ta­do, cues­ta com­pren­der que el jura­do haya igual­men­te pre­mia­do a Oli­vier Assa­yas. Con todo el res­pe­to que mere­ce este rea­li­za­dor fran­cés, la his­to­ria que pro­po­ne en Per­so­nal Shop­per care­ce de lógi­ca a pesar de la loa­ble inten­ción de inter­nar­se en un cam­po deli­ca­do e impre­ci­so como lo es el del espi­ri­tis­mo. La tra­ma gira en torno de Mau­reen (Kris­ten Ste­wart) una pari­si­na que se desem­pe­ña como com­pra­do­ra de ropas y joyas valio­sas para Kyra (Nora Von Walds­tät­ten) quien es una cele­bri­dad mun­dial en el cam­po de la moda. Al haber per­di­do recien­te­men­te a su her­mano geme­lo de 27 años de edad muer­to de un ata­que car­día­co y tenien­do en cuen­ta que él era un médium, tra­ta de comu­ni­car­se con su espí­ri­tu usan­do fun­da­men­tal­men­te su telé­fono inte­li­gen­te. No es nece­sa­rio agre­gar más deta­lles sal­vo seña­lar que en esta opor­tu­ni­dad Assa­yas brin­da un rela­to que ade­más de irrea­lis­ta y abu­rri­do lle­ga a un des­en­la­ce com­ple­ta­men­te decep­cio­nan­te que mere­ció algu­nos abu­cheos al con­cluir la exhi­bi­ción de prensa.

El film ira­ní Forushan­de (The Sales­man) de Asghar Farha­di obtu­vo dos galar­do­nes. Uno de ellos al mejor guión escri­to por el rea­li­za­dor y el otro al mejor actor atri­bui­do a Shahab Hos­sei­ni; este intér­pre­te carac­te­ri­za a un pro­fe­sor que tras el ata­que que su mujer ha sufri­do en su casa por par­te de un des­co­no­ci­do, vuel­ca toda su ener­gía tra­tan­do de dilu­ci­dar el caso. Por no haber podi­do ver este film no pue­do efec­tuar una eva­lua­ción del mis­mo; con todo, esta pelí­cu­la ha sido obje­to de una bue­na recep­ción crí­ti­ca, aspec­to que no resul­ta extra­ño tenien­do en cuen­ta los muy bue­nos ante­ce­den­tes de Farha­di quien con A Sepa­ra­tion, su obra maes­tra, ganó el Oscar al mejor film extran­je­ro de 2011.

El pre­mio a la mejor inter­pre­ta­ción feme­ni­na fue adju­di­ca­do a Jaclyn Jose por el film Ma’Rosa, pelí­cu­la fili­pi­na de Bri­llan­te Men­do­za. Sin alcan­zar la nota­ble inten­si­dad logra­da en Kina­tay por el que en 2009 obtu­vo el pre­mio a la mejor direc­ción, Men­do­za des­cri­be el medio social y cul­tu­ral impe­ran­te en los barrios más pobres de Mani­la. Jose ani­ma a Rosa Reyes due­ña de un alma­cén de ramos gene­ra­les jun­to con su mari­do Ernes­to (Andi Eigen­mann). Como acti­vi­dad adi­cio­nal para que la fami­lia pue­da sub­sis­tir, ambos com­ple­men­tan los ingre­sos dedi­cán­do­se a la ven­ta de dro­gas has­ta que un buen día la poli­cía se ente­ra y los arresta.

 Jaclyn Jose en MA’ROSA

Jaclyn Jose en MAROSA

El con­flic­to dra­má­ti­co se desa­rro­lla den­tro del recin­to poli­cial don­de los fun­cio­na­rios fuer­zan a la pare­ja a denun­ciar al pro­vee­dor de la dro­ga y pos­te­rior­men­te a entre­gar­les 50 mil pesos a fin de no ir a la cár­cel. Es allí don­de los dos hijos Erwin (Joma­ri Ange­les) y Jack­son (Felix Roco), y la hija Raquel (Andi Eigen­mann) rea­li­za­rán todos los esfuer­zos nece­sa­rios para libe­rar a sus padres; para ello tra­ta­rán de reu­nir el dine­ro deman­da­do aun­que eso impli­que que uno de los her­ma­nos ten­ga que pros­ti­tuir­se para con­se­guir una par­te del mismo.

Den­tro de un medio don­de la corrup­ción poli­cial pare­cie­ra ser un “modus viven­di”, el film cons­ti­tu­ye una bue­na pin­tu­ra de la vida de los estra­tos más bajos de la socie­dad fili­pi­na, don­de las pocas o nulas opcio­nes de la gen­te pobre moti­va que la amo­ra­li­dad se impon­ga para poder sobrevivir.

El pre­mio de la FIPRES­CI para la sec­ción ofi­cial ha sido con­ce­di­do a Toni Erd­mann, copro­duc­ción ale­ma­na-aus­tría­ca de Maren Ade. Este mag­ní­fi­co film resul­tó una agra­da­ble sor­pre­sa para el públi­co asis­ten­te en la medi­da que la rea­li­za­do­ra ale­ma­na ha logra­do un rela­to de indu­da­ble cali­dad que se des­ta­ca por su refres­can­te humor a lo lar­go de su desarrollo.

Peter Simonischek en TONI ERDMANN

Peter Simo­nis­chek en TONI ERDMANN

La his­to­ria con­ce­bi­da por Ade se cen­tra en Win­fried (Peter Simo­nis­chek), un excén­tri­co músi­co jubi­la­do que quie­re a su hija Ines (San­dra Hüller), una joven alta­men­te adic­ta a su tra­ba­jo; para evi­tar que su empleo la alie­ne y pue­da con­ver­tir­se en una per­so­na más huma­ni­za­da, Win­fried deja Ale­ma­nia para diri­gir­se a Buca­rest don­de ella tra­ba­ja para una fir­ma inter­na­cio­nal de con­sul­to­ría; es allí don­de asu­me el nom­bre de Tony Erd­mann y a par­tir de ese momen­to comien­za a jugar­le a Ines varias bro­mas “pesa­das” don­de a la pos­tre lle­ga­rá a con­so­li­dar­se una rela­ción más inti­ma y per­so­nal entre los dos.

A tra­vés de situa­cio­nes impo­si­bles de pre­de­cir, este hila­ran­te film con­tie­ne algu­nos momen­tos impa­ga­bles de gra­cia que ha moti­va­do que duran­te la exhi­bi­ción de pren­sa rea­li­za­da el públi­co aplau­die­ra fuer­te­men­te en dos opor­tu­ni­da­des; una de las mis­mas es cuan­do en una fies­ta padre e hija espon­tá­nea­men­te ento­nan una can­ción de Whit­ney Hous­ton; la otra es cuan­do Ines impro­vi­sa una fies­ta don­de los invi­ta­dos deben lle­gar sin ropa algu­na. Con exce­len­tes inter­pre­ta­cio­nes de Simo­nis­chek y Hüller, ésta es una de las mejo­res pelí­cu­las com­pe­ti­ti­vas del Fes­ti­val aun­que el jura­do la haya igno­ra­do por completo.

La Pal­ma de Oro al mejor cor­to­me­tra­je corres­pon­dió al film espa­ñol Time­co­de del rea­li­za­dor cata­lán Juan­jo Gimé­nez. El guión ha sido co-escri­to por Gimé­nez y Pere Alta­mi­ra y en la fil­ma­ción han par­ti­ci­pa­do los alum­nos de la Escue­la de Cine de Reus, don­de el direc­tor es docente.

Una Pal­ma de Oro hono­ra­ria ha sido otor­ga­da al actor Jean-Pie­rre Léaud, que empe­zó su carre­ra como niño en el memo­ra­ble film de Fra­nçois Truf­faut de 1959 Los 400 Golpes.

En cuan­to a la Cáma­ra de Oro, dis­tin­ción atri­bui­da a la mejor ópe­ra pri­ma pre­sen­ta­da en cual­quie­ra de las sec­cio­nes del fes­ti­val, la pelí­cu­la pre­mia­da ha sido Divi­nes de Hou­da Benyamina.

Den­tro de los fil­mes pre­sen­ta­dos en la sec­ción Un Cer­tain Regard, The Hap­piest Day in the Life of Olli Mäki del direc­tor fin­lan­dés Juho Kuos­ma­nen obtu­vo el pre­mio mayor. Fil­ma­do en blan­co y negro, y con un guión del rea­li­za­dor, el agra­da­ble rela­to narra una his­to­ria real que trans­cu­rre en Hel­sin­ki en 1962. Olli Maki (Jark­ko Lah­ti) de 26 años de edad es un boxea­dor fin­lan­dés al que se le pre­sen­ta la opor­tu­ni­dad de poder enfren­tar al cam­peón mun­dial de Esta­dos Uni­dos (John Bos­co Jr.) y con­ver­tir­se en una suer­te de héroe nacio­nal en el caso de ganar la contienda.

Jarkko Lahti en THE HAPPIEST DAY IN THE LIFE OF OLLI MÄKI

Jark­ko Lah­ti en THE HAP­PIEST DAY IN THE LIFE OF OLLI MÄKI

Muy lejos de los tra­di­cio­na­les com­ba­tes entre dos boxea­do­res ya vis­tos en nume­ro­sos fil­mes, aquí el inte­rés del rea­li­za­dor es narrar en for­ma pacien­te y minu­cio­sa todas las alter­na­ti­vas que pre­ce­den al gran match. Así entre otros aspec­tos se des­ta­can los esfuer­zos rea­li­za­dos por su entre­na­dor Elis Ask (Eero Milo­noff) para que Olli baje de peso, el rol desem­pe­ña­do por los patro­ci­na­do­res del even­to, las con­fe­ren­cias de pren­sa que tie­nen lugar, así como las rela­cio­nes que man­tie­ne Olli con su novia Rai­ja (Oona Airo­la) don­de ella más desea­ría estar en la zona rural don­de habi­ta que vivir el aje­treo de Hel­sin­ki duran­te los pre­pa­ra­ti­vos. En el inter­tan­to, Olli atra­vie­sa cier­tas com­pli­ca­cio­nes que se van resol­vien­do satis­fac­to­ria­men­te a medi­da que se acer­ca la gran fecha del 17 de agos­to de 1962 en que ten­drá lugar el encuen­tro pugi­lís­ti­co. Sin nece­si­dad de anti­ci­par quién será el gana­dor del even­to, pue­de afir­mar­se que el direc­tor logra una come­dia ple­na de encan­to, humor, melan­co­lía y autén­ti­ca emo­ción como así teñi­da de un roman­ti­cis­mo inusual don­de que­da bien mani­fes­ta­do el sin­ce­ro amor entre Olli y Rai­ja. La foto­gra­fía es exce­len­te así como la repro­duc­ción de época.

Uno de los fil­mes de gran cali­dad del fes­ti­val ha sido Pater­son de Jim Jar­mush. Estruc­tu­ra­do en capí­tu­los que trans­cu­rren a lo lar­go de una sema­na, des­de la pri­me­ra ima­gen el públi­co que­da atra­pa­do por la nota­ble carac­te­ri­za­ción que Adam Dri­ver logra ani­man­do a Pater­son quien por rara coin­ci­den­cia vive en la ciu­dad del mis­mo nom­bre de New Jer­sey. El es un apo­ca­do cho­fer de auto­bús que lle­va una vida metó­di­ca y cro­no­me­tra­da al lado de su ama­da y dul­ce novia Lau­ra (Golshif­teh Faraha­ni). Así, todos los días se des­pier­ta a las 6 y 15 de la maña­na, abra­za a Lau­ra en tan­to que ella le rela­ta su últi­mo sue­ño. El hobby de Pater­son es escri­bir poe­sías en su cua­derno de notas ins­pi­rán­do­se en las con­ver­sa­cio­nes que oye de los pasa­je­ros mien­tras está via­jan­do, como así tam­bién de lo que va obser­van­do a su alre­de­dor. Lue­go de la jor­na­da habi­tual de tra­ba­jo, cena con Lau­ra y des­pués saca a pasear a su perro al pro­pio tiem­po que apro­ve­cha para acer­car­se a un bar local a fin de tomar una cer­ve­za, hablar con el due­ño del bar y encon­trar­se con los clien­tes habituales.

 Adam Driver en PATERSON

Adam Dri­ver en PATERSON

Aun­que todo parez­ca repe­ti­ti­vo y podría lle­gar a abu­rrir, Jar­mush logra el mila­gro de que el film adquie­ra un tono líri­co cau­ti­van­te que con­ta­gia al espec­ta­dor gra­ta­men­te. Entre varias de las razo­nes que con­tri­bu­yen al encan­to de este film se encuen­tran la for­ma sim­ple pero efec­ti­va en que el direc­tor tri­bu­ta un home­na­je a la poe­sía, la des­crip­ción impe­ca­ble de sus dos per­so­na­jes prin­ci­pa­les y el modo tierno en que se mani­fies­ta la rela­ción de la pare­ja. Así, él es un indi­vi­duo intro­ver­ti­do, de no muchas pala­bras al hablar pero no exen­to de sen­ti­mien­tos que se mani­fies­tan inte­rior­men­te, en tan­to que ella es radian­te, entu­sias­ta y opti­mis­ta y ade­más de apo­yar en todo lo que Pater­son hace, logra una enor­me satis­fac­ción hacien­do pas­te­li­tos o bien tocan­do guitarra.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, todo lo que ofre­ce esta melan­có­li­ca come­dia ame­ri­ca­na resul­ta con­vin­cen­te y lo impor­tan­te para remar­car es que a pesar de no exis­tir vio­len­cia ni acción des­me­su­ra­da en su rela­to como tam­po­co el empleo de efec­tos espe­cia­les, Jar­mush ha obte­ni­do un exce­len­te film impreg­na­do de opti­mis­mo exal­tan­do el amor por la poe­sía y la mara­vi­lla de vivir.

El gran direc­tor ita­liano Mar­co Belloc­chio se vale de la nove­la auto­bio­grá­fi­ca del perio­dis­ta Mas­si­mo Gra­me­lli­ni para narrar en Fai bei sog­ni los efec­tos trau­má­ti­cos que con­lle­van acon­te­ci­mien­tos vivi­dos duran­te la infancia.

Barbara Ronchi y Nicolo Cabras en FAI BEI SOGNI

Bar­ba­ra Ron­chi y Nico­lo Cabras en FAI BEI SOGNI

La adap­ta­ción rea­li­za­da por el rea­li­za­dor jun­to con Valia San­te­lla y Edoar­do Albi­na­ti, ubi­ca al rela­to en Turin en 1969 don­de se pue­de apre­ciar cómo exis­te una gran comu­ni­ca­ción y cari­ño entre Mas­si­mo (Nico­lo Cabras), un niño de nue­ve años de edad y su madre (Bar­ba­ra Ron­chi). Ese ambien­te feliz se detie­ne brus­ca­men­te cuan­do en for­ma ines­pe­ra­da su pro­ge­ni­to­ra mue­re y el chi­co rehú­sa acep­tar esa terri­ble pér­di­da, a pesar de que el cura local le dice que ella se encuen­tra muy bien en el paraí­so celestial.

Cuan­do la acción se tras­la­da hacia la déca­da del 90 se ve a Mas­si­mo (Vale­rio Mas­tan­drea) desem­pe­ñán­do­se como un efi­cien­te perio­dis­ta para un impor­tan­te dia­rio quien des­pués de haber sido corres­pon­sal de gue­rra en Sara­je­vo comien­za a sufrir ata­ques de páni­co; a todo ello cuan­do se pre­pa­ra para ven­der el depar­ta­men­to de sus padres, revi­ve el dra­má­ti­co pasa­do vin­cu­la­do con su madre. Es ahí don­de jue­ga un rol impor­tan­te la pre­sen­cia de una abne­ga­da médi­ca (Béré­ni­ce Bejo) que tra­ta de cica­tri­zar las heri­das emo­cio­na­les de Massimo.

Ese pro­ce­so angus­tio­so está efi­caz­men­te rela­ta­do por Belloc­chio quien expri­mió la rique­za de la nove­la ori­gi­nal demos­tran­do cómo los años infan­ti­les que­dan fuer­te­men­te impreg­na­dos en la memo­ria de una per­so­na adul­ta y de qué mane­ra la des­apa­ri­ción repen­ti­na de una madre pue­de reper­cu­tir a tra­vés del tiem­po en la vida de un hijo. Las con­mo­ve­do­ras actua­cio­nes de Mas­tan­drea y Bejo refuer­zan los valo­res de este film per­mi­tien­do que el públi­co se iden­ti­fi­que fácil­men­te con la suer­te de sus personajes.

Entre otros fil­mes meri­to­rios del fes­ti­val se des­ta­ca Sie­ra­ne­va­da don­de el direc­tor Cris­ti Puiu ofre­ce un retra­to rea­lis­ta de una exten­di­da fami­lia ruma­na que se reúne en un api­ña­do depar­ta­men­to de Buca­rest para una comi­da con moti­vo de la con­me­mo­ra­ción del falle­ci­mien­to del patriar­ca fami­liar ocu­rri­do tiem­po atrás. El encuen­tro fami­liar per­mi­ti­rá que aflo­ren los resen­ti­mien­tos escon­di­dos entre los inte­gran­tes del gru­po a tra­vés de alter­ca­dos, dis­cu­sio­nes y des­en­cuen­tros al abor­dar temas per­so­na­les ade­más de otros de natu­ra­le­za polí­ti­ca y reli­gio­sa. En últi­ma ins­tan­cia, este film pone de mani­fies­to las fobias y rece­los de la con­di­ción huma­na a tra­vés del micro­cos­mos de esta uni­dad fami­liar. Con lar­gos pla­nos secuen­cias en don­de la cáma­ra de Puiu sigue a cada uno de los nume­ro­sos per­so­na­jes del rela­to, se asis­te a una tra­gi­co­me­dia absur­da des­ga­rra­do­ra a la vez que apasionante.

 Una escena de SIERANEVADA

Una esce­na de SIERANEVADA

El rea­li­za­dor y guio­nis­ta Jeff Nichols con­si­de­ra en Loving la ver­da­de­ra his­to­ria de Richard y Mil­dred Loving, una pare­ja ame­ri­ca­na don­de ella es negra pero no él, cuyo matri­mo­nio que tuvo lugar en junio de 1958 ori­gi­nó una dura bata­lla legal. El con­flic­to se debe a que por vivir en el segre­ga­do esta­do de Vir­gi­nia, los aman­tes novios ‑con un hijo en camino- no pue­den casar­se allí por tra­tar­se de la unión de dos per­so­nas de dife­ren­te raza. De allí que deci­den con­traer nup­cias en Washing­ton D.C pero cuan­do deci­den retor­nar a Vir­gi­nia son arres­ta­dos y la úni­ca for­ma de evi­tar la pri­sión es que ambos opten por dejar el lugar don­de nacie­ron y cre­cie­ron duran­te un lap­so de 25 años. Des­pués de casi 10 años de ardua lucha por par­te de abo­ga­dos, dife­ren­tes medios de difu­sión y de orga­ni­za­cio­nes des­ti­na­das a defen­der los dere­chos cívi­cos, la Cor­te Supre­ma de Esta­dos Uni­dos se pro­nun­cia eli­mi­nan­do la fla­gran­te injus­ti­cia de haber con­si­de­ra­do ile­gal a un acto de amor legítimo.

 Ruth Negga y Joel Edgerton en LOVING

Ruth Neg­ga y Joel Edger­ton en LOVING

La maes­tría del rea­li­za­dor es haber logra­do un film que lejos de gran­di­lo­cuen­te es sufi­cien­te­men­te sutil en su sobria narra­ti­va refle­jan­do el dolor emo­cio­nal de dos seres ino­cen­tes cuyo úni­co deli­to es el de estar casa­dos. Las actua­cio­nes de Joel Eder­ton y Ruth Neg­ga son impe­ca­bles en la carac­te­ri­za­ción que rea­li­zan de los pro­ta­go­nis­tas de este muy buen melo­dra­ma racial.

En lo que con­cier­ne al cine de Amé­ri­ca Lati­na, se ha podi­do juz­gar dos tra­ba­jos nota­bles pro­ce­den­tes de Chi­le y uno de Bra­sil. Uno de los fil­mes chi­le­nos es Neru­da de Pablo Larraín cuyas pelí­cu­las pre­ce­den­tes -Tony Mane­ro, No, El Club- tuvie­ron posi­ti­va reper­cu­sión en los fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les. En este caso, una vez más Larraín con­fir­ma su gran madu­rez como rea­li­za­dor narran­do algu­nos epi­so­dios de Neru­da, aun­que poco tie­nen que ver con la reali­dad; de allí que el film debe ser con­si­de­ra­do como una mera fan­ta­sía don­de la per­so­na­li­dad del Pre­mio Nóbel de lite­ra­tu­ra que­da desmitificada.

 Luis Gnecco en NERUDA

Luis Gnec­co en NERUDA

Ubi­can­do la acción hacia el final de la déca­da de los años 40, en su comien­zo se lo ve al poe­ta (Luis Gnec­co) ocu­pan­do el car­go de sena­dor en el Con­gre­so y como acé­rri­mo comu­nis­ta fus­ti­ga al gobierno de turno por haber­se ali­nea­do con la polí­ti­ca de Esta­dos Uni­dos. Sus crí­ti­cas lo con­vier­ten en enemi­go del Esta­do y es así que a par­tir de allí Larrain con el apo­yo del libre­tis­ta Gui­ller­mo Cal­de­rón con­vier­ten al rela­to en una suer­te de film negro. Por temor a ser encar­ce­la­do como trai­dor a la patria, Neru­da jun­to con su abne­ga­da mujer Delia del Carril (Mer­ce­des Morán) resuel­ven esca­par. Cla­ro está que el gobierno enco­mien­da a Oscar Pelu­chon­neau (Gael Gar­cía Ber­nal), un tor­pe poli­cía ins­pec­tor, para que cap­tu­re al fugi­ti­vo. De este modo casi todo el metra­je se carac­te­ri­za por la per­se­cu­ción del impla­ca­ble per­se­gui­dor tra­tan­do de ubi­car al fugitivo.

Este jue­go del gato y el ratón es lo que otor­ga rit­mo, humor y pasión al rela­to. Eso no impi­de que a tra­vés de la his­to­ria que­den resal­ta­das algu­nas face­tas del escri­tor quien como un buen hedo­nis­ta no pue­de dejar de lado algu­nos pla­ce­res bur­gue­ses que con­tra­di­cen sus prin­ci­pios ideo­ló­gi­cos, su incli­na­ción hacia el cham­pag­ne, como así tam­bién su pro­cli­vi­dad hacia las pros­ti­tu­tas; cla­ro está que eso no exclu­ye su volun­tad de con­ver­tir­se en un pala­dín de la libertad.

Bien arti­cu­la­do e inob­je­ta­ble­men­te narra­do, Larrain ofre­ce un film que a pesar de su natu­ra­le­za jugue­to­na no está exen­to de cier­ta viru­len­cia al pro­pio tiem­po que des­plie­ga una ori­gi­nal inven­ti­va que sin dudas delei­ta­ría a Neru­da si hubie­se teni­do la posi­bi­li­dad de contemplarlo.

Poe­sía Sin Fin de Ale­jan­dro Jodo­rowsky es el otro film chi­leno que logró una cáli­da aco­gi­da de crí­ti­ca y públi­co. Así como en La Dan­za de la Reali­dad (2013) el cineas­ta abor­da­ba su infan­cia, esta pelí­cu­la cons­ti­tu­ye una con­ti­nua­ción de aqué­lla con­si­de­ran­do la tra­yec­to­ria vivi­da por el autor en sus años de juven­tud. Lejos de con­ver­tir­se en una tra­di­cio­nal auto­bio­gra­fía, Jodo­rowsky ape­la a dife­ren­tes recur­sos no con­ven­cio­na­les para trans­mi­tir sus memo­rias e impre­sio­nes vivi­das duran­te esos años trans­cu­rri­dos en la déca­da del 40.

Alejandro Jodorowsky en POESIA SIN FIN

Ale­jan­dro Jodo­rowsky en POE­SIA SIN FIN

Cuan­do su fami­lia se muda de Toco­pi­lla, su ciu­dad natal, a San­tia­go, el ado­les­cen­te mucha­cho (Jere­mías Hers­ko­vits) sien­te el rigor de su padre machis­ta (Bron­tis Jodo­rowsky) que quie­re que él lle­gue a ser médi­co y de mane­ra brus­ca le cer­ce­na sus ambi­cio­nes inte­lec­tua­les como así tam­bién le res­trin­ge la lec­tu­ra de cier­tos auto­res, como es el caso de Fede­ri­co Gar­cía Lor­ca; eso será la cau­sa del resen­ti­mien­to de Ale­jan­dro hacia su padre dado que a toda cos­ta quie­re cas­trar­lo en su aspi­ra­ción de lle­gar a ser poe­ta. Con todo, a pesar de la seve­ri­dad pater­na, él habrá de resis­tir­la y comen­za­rá bien pron­to a sumer­gir­se en el mun­do artís­ti­co y lite­ra­rio san­tia­guino a tra­vés de un pro­ce­so de madu­ra­ción que va expe­ri­men­tan­do a medi­da que pasan los años. Es así que el Ale­jan­dro adul­to (Adan Jodo­rowsky) se vin­cu­la­rá con las figu­ras inte­lec­tua­les de la épo­ca como la poe­ti­sa “punk” Ste­lla Díaz (Pame­la Flo­res), el poe­ta Enri­que Lihn (Lean­dro Taub) y otros inte­lec­tua­les que años des­pués lle­ga­ron a tras­cen­der en la lite­ra­tu­ra de Amé­ri­ca Latina.

Si bien el film cons­ti­tu­ye de por sí un acto poé­ti­co demos­tran­do de qué for­ma la poe­sía para Jodo­rowsky pue­de trans­mi­tir amor y enri­que­cer espi­ri­tual­men­te a una per­so­na, el autor refle­ja en últi­ma ins­tan­cia el mar­ca­do resen­ti­mien­to hacia su padre; eso alcan­za un ten­so cli­max cuan­do a pasos de embar­car­se para París a fin de ini­ciar una nue­va eta­pa de su vida, su padre tra­ta de impe­dir­le que via­je ori­gi­nan­do una des­pe­di­da entre vio­len­ta y emo­ti­va a la vez.

For­mal­men­te el direc­tor dota al rela­to con un con­te­ni­do sen­sual al pro­pio tiem­po que recons­tru­ye for­mi­da­ble­men­te los luga­res don­de vivió valién­do­se de fotos de ese enton­ces. Inge­nio­so y due­ño de una gran crea­ti­vi­dad, mara­vi­llan las esce­nas cir­cen­ses que Jodo­rovsky intro­du­ce en el rela­to como así tam­bién el rea­lis­mo mági­co al que ape­la en cier­tas ins­tan­cias logran­do mara­vi­llo­sos efec­tos ilu­so­rios. Este bello film fue muy aplau­di­do en la fun­ción de prensa.

Tras la gra­ta impre­sión deja­da por el direc­tor y guio­nis­ta bra­si­le­ño Kleer Men­do­nça Filho con su exce­len­te debut en Au Som au Redor (2012), retor­na aho­ra con Aqua­rius. Sin el rigu­ro­so esti­lo for­mal que carac­te­ri­zó a su film pre­ce­den­te, su tema gira en torno de la agre­si­va espe­cu­la­ción del mer­ca­do inmo­bi­lia­rio de Recife.

 Sonia Braga en AQUARIUS

Sonia Bra­ga en AQUARIUS

El rela­to enfo­ca a Cla­ra (Sonia Bra­ga), una crí­ti­ca musi­cal jubi­la­da de 65 años de edad que pro­vie­ne de una acau­da­la­da fami­lia de Reci­fe; vivien­do con­for­ta­ble­men­te en un anti­guo depar­ta­men­to de un edi­fi­cio de dos pisos deno­mi­na­do “Aqua­rius”, ubi­ca­do en una pri­vi­le­gia­da zona y con una esplén­di­da vis­ta al océano, Cla­ra no tie­ne inten­ción algu­na de dejar el lugar don­de resi­de para seguir allí has­ta el final de sus días. Esa es la razón por la cual recha­za abier­ta­men­te la pro­pues­ta de com­pra hecha por Die­go (Hum­ber­to Carrao), un ambi­cio­so e ines­cru­pu­lo­so pro­mo­tor de una empre­sa cons­truc­to­ra que ya ha adqui­ri­do todos los res­tan­tes depar­ta­men­tos y solo le res­ta con­se­guir el de ella para echar aba­jo el edi­fi­cio y cons­truir un moderno con­do­mi­nio. La resis­ten­cia de la mujer en ven­der su vivien­da y la con­fron­ta­ción con los intere­ses de la con­tra­par­te cons­ti­tu­yen la esen­cia del rela­to que con­du­ce a un sor­pre­si­vo des­en­la­ce. Apar­te del tema cen­tral, el direc­tor efec­túa un buen estu­dio de la per­so­na­li­dad de Cla­ra en sus víncu­los de fami­lia, sobre todo con el recuer­do de una tía a quien qui­so mucho. En todo caso, lo más impor­tan­te del film es la inter­pre­ta­ción de Sonia Bra­ga quien per­so­ni­fi­ca con brío a una mujer de gran vita­li­dad que habien­do que­da­do mar­ca­da por el estig­ma de un cán­cer sufri­do duran­te una impor­tan­te par­te de su vida, es capaz de man­te­ner su dig­ni­dad intac­ta y deter­mi­na­da a mar­char hacia ade­lan­te a pesar de los obs­tácu­los que se pre­sen­ten en su camino.