FAN­TA­SIA 2016

Cró­nica de Jorge Gutman

Un evento muy cele­brado del verano de Mon­treal es el fes­ti­val Fan­ta­sia que en esta edi­ción que comenzó el 14 de julio y con­cluye el 3 de agosto cele­bró sus 20 años de exis­ten­cia con la pre­sen­ta­ción de 145 lar­go­me­tra­jes y alre­de­dor de 300 cor­tos pro­ve­nien­tes de 40 paí­ses. Si bien en su pri­mera época esta mues­tra estuvo cen­trada en la pre­sen­ta­ción de un género de cine enfo­cado hacia fil­mes fan­tás­ti­cos pro­ve­nien­tes en su mayo­ría de Asia, con el trans­curso del tiempo su pro­gra­ma­ción se ha ido diver­si­fi­cando; así, ade­más de cum­plir con su obje­tivo prin­ci­pal, las pelí­cu­las selec­cio­na­das tam­bién abar­ca­ron una amplia gama de temas que con­ci­ta­ron el inte­rés de una entu­siasta audiencia.

A con­ti­nua­ción se ofrece una breve eva­lua­ción de 10 de los fil­mes exhi­bi­dos comen­zando con Three (Hong Kong-China) del renom­brado direc­tor John­nie To. En este thri­ller el rea­li­za­dor efec­túa una muy buena des­crip­ción de per­so­na­jes a tra­vés de un relato que trans­cu­rre exclu­si­va­mente en un recinto hos­pi­ta­la­rio donde se desem­peña la devota neu­ro­ci­ru­jana Tong (Vicki Zhao). Ahí llega Shun (Louis Koo), un peli­groso cri­mi­nal (Wallace Chung) quien se encuen­tra gra­ve­mente herido con una bala en la cabeza; la doc­tora que está dis­puesta a ope­rarlo lo antes posi­ble se encuen­tra con el esco­llo inter­puesto por el ins­pec­tor poli­cial Chan (Zhao Wei) quien a toda costa quiere extraer del herido infor­ma­ción sobre sus cóm­pli­ces en el delito cometido.

Zhao Wei en THREE

Zhao Wei en THREE

La ten­sión se pro­duce en la medida que Shun no está dis­puesto a ofre­cer dato alguno a Chan y la exhausta doc­tora evi­den­cia con­si­de­ra­ble ansie­dad para cum­plir con su deber de asis­tir al paciente lo que la ubica en una posi­ción incó­moda con el ins­pec­tor. El relato alcanza su cli­max cuando los gangs­ters se infil­tran dis­fra­za­dos al hos­pi­tal para res­ca­tar al herido pro­du­cién­dose un vio­lento enfren­ta­miento. Den­tro del marco de un film de acción no exento de cierto con­te­nido psi­co­ló­gico, el rea­li­za­dor relata la his­to­ria flui­da­mente y para ello cuenta con una muy buena actua­ción de sus prin­ci­pa­les protagonistas.

Aun­que en prin­ci­pio no lo parezca, el cine de horror es un género difí­cil de enca­rar para que el pro­pó­sito de lograr miedo, dis­gusto, repug­nan­cia o inco­mo­di­dad lle­gue a emo­cio­nar legí­ti­ma­mente al público que gusta del mismo. En el caso de la cine­ma­to­gra­fía de habla his­pana, ade­más de algu­nos cineas­tas nota­bles que lo han logrado, como por ejem­plo Gui­llermo del Toro (Cro­nos en 1992, El espi­nazo del Dia­blo en 2001) y Juan Anto­nio Bayona (El Orfa­nato, 2007), Daniel de la Vega es otro de los rea­li­za­do­res que pue­den ser incor­po­ra­dos a dicha lista debido a su lograda fil­mo­gra­fía en este campo. Sin que su quinto film alcance el nivel de obra maes­tra, Ataud Blanco (Argen­tina) es un sólido entre­te­ni­miento narrado con nota­ble pul­cri­tud reuniendo los atri­bu­tos que requiere un film de terror.

El comienzo pre­senta a Vir­gi­nia (Julieta Car­di­nale), una joven madre, que se lanza a la ruta junto a su hijita Rebeca (Fio­rela Duranda) con el pro­pó­sito de ini­ciar una nueva vida puesto que ella ha deci­dido aban­do­nar a su marido por sen­tirse infe­liz en su matri­mo­nio. Cuando en un alto del camino, deja a la niña en la cafe­te­ría por bre­ves ins­tan­tes, a su regreso encuen­tra que ella ha des­a­pa­re­cido. Al notar que la pequeña se halla secues­trada en el inte­rior de un camión que tran­sita en el camino, Vir­gi­nia deses­pe­ra­da­mente se lanza en su per­se­cu­ción para res­ca­tarla. Ese es el ele­mento que impulsa la acción del relato en el efi­ciente guión con­ce­bido por Adrián y Ramiro Gar­cía Bogliano.

Julieta Cardinale en ATAUD BLANCO

Julieta Car­di­nale en ATAUD BLANCO

Por razo­nes de dis­cre­ción, no es con­ve­niente ade­lan­tar lo que pro­si­gue salvo anti­ci­par que el público queda sumer­gido en un clima de fan­ta­sía muy bien urdido donde no fal­tan ele­men­tos super­na­tu­ra­les y la pre­sen­cia de una secta dia­bó­lica capaz de sus­ci­tar repug­nan­cia a tra­vés de los ritos prac­ti­ca­dos con niños secuestrados.

La breve dura­ción del relato de poco más de una hora no ha per­mi­tido la plena pro­fun­di­za­ción de sus nume­ro­sos per­so­na­jes; con todo, de la Vega obtuvo de Car­di­nale una lograda pres­ta­ción trans­mi­tiendo la angus­tia vivida por una madre que está dis­puesta a rea­li­zar lo impo­si­ble para sal­var a su hijita. Creando una atmós­fera de per­sis­tente ten­sión y con algu­nos giros de tuerca del guión que impi­den pre­de­cir su desen­lace, este drama maca­bro es otra prueba que corro­bora la madu­rez de un direc­tor que sabe cómo satis­fa­cer a un público ávido de un cine impreg­nado de fuer­tes emociones.

La situa­ción de una joven men­tal­mente enferma que ale­vo­sa­mente se con­vierte en una ase­sina incons­ciente es lo que dra­ma­ti­zan los nove­les direc­to­res Petr Kazda y Tomas Wein­reb en I, Olga Hep­na­rova (Repú­blica Checa-Polonia-Eslovaquia) basán­dose en el ver­da­dero aten­tado cri­mi­nal acae­cido el 10 de Julio de 1973 en Praga.

El guión de los direc­to­res ilus­tra la his­to­ria de Olga Hep­na­rova (Micha­lina Ols­zanska) cuya vida tumul­tuosa se debió en gran parte a pro­ble­mas de des­equi­li­brio emo­cio­nal que a los 13 años la indu­cen a un intento de sui­ci­dio; ese hecho motiva a que sea inter­nada en un hos­pi­tal psi­quiá­trico donde es objeto de bru­ta­les ata­ques por parte de otros pacien­tes y sin que su pro­blema de ines­ta­bi­li­dad men­tal haya logrado superarse. Los años siguien­tes mues­tra a la joven viviendo un pro­ceso de deca­den­cia y alie­na­ción cre­ciente donde sus únicos momen­tos de satis­fac­ción son brin­da­dos a tra­vés de las rela­cio­nes sexua­les man­te­ni­das como les­biana con otras jóve­nes. Pro­fun­da­mente des­ga­nada y viviendo prác­ti­ca­mente como si fuera una muerta viviente a causa de una pro­funda depre­sión ‚a los 22 años con­du­ciendo un camión arre­mete con­tra un grupo de tran­seún­tes cau­sando la muerte de una vein­tena de per­so­nas; su acto motivó a que fuese con­de­nada a la pena de muerte.

Michalina Olszanska en I, OLGA HEPNAROVA

Micha­lina Ols­zanska en I, OLGA HEPNAROVA

El film rodado en blanco y negro logra brin­dar mayor inten­si­dad al dra­má­tico relato; con todo, al adop­tar un estilo dema­siado sobrio y con­te­nido, los rea­li­za­do­res no con­si­guen que el relato infunda la emo­ción nece­sa­ria para que el público pueda con­mi­se­rarse de la suerte corrida por su pro­ta­go­nista, sobre todo al no que­dar cla­ra­mente expuesto cuá­les fue­ron las razo­nes que la impul­sa­ron a come­ter la bru­tal tra­ge­dia. Con todo es apre­cia­ble el tra­bajo rea­li­zado por los rea­li­za­do­res, sobre todo al haber con­tado con la par­ti­ci­pa­ción de Micha­lina Ols­zanska quien logra una exce­lente carac­te­ri­za­ción de la des­afor­tu­nada Olga.

Un ama­ble retrato fami­liar es lo que se observa en la sim­pá­tica come­dia What a Won­der­ful Family! (Japón) de Yoii Yamada. El relato se cen­tra en el matri­mo­nio inte­grado por Shuzo (Isao Has­hi­zume) y su esposa Tomiko (Kazuko Yos­hi­yuki) quie­nes ya lle­van 50 años de vida en común. Con el paso del tiempo Tomiko ha estado tole­rando las acti­tu­des egoís­tas de su esposo más adicto a la bebida que a dedi­carle la aten­ción que merece como su com­pa­ñera y devota ama de casa. Para col­mar el vacío expe­ri­men­tado, ella ha seguido un curso de escri­tura crea­tiva que la ha hecho sen­tir que exis­ten otros medios alter­na­ti­vos de vol­car su ener­gía sin depen­der sumi­sa­mente de su marido Así, en el día de sus cum­plea­ños la mujer sor­prende a su cón­yuge cuando le soli­cita como un regalo para tal oca­sión de que le firme el for­mu­la­rio de divor­cio que ya tenía pre­pa­rado. Obvia­mente, el pedido sor­prende a Shuzo como tam­bién a sus tres hijos adul­tos quie­nes tra­tan de deter­mi­nar la razón que ha lle­vado a su madre a adop­tar seme­jante acti­tud. En última ins­tan­cia y res­pon­diendo al título del film, la san­gre no llega al río en la medida que el relato busca pre­ser­var la esta­bi­li­dad familiar.

El direc­tor trata afec­ti­va­mente a sus per­so­na­jes ilus­trando con ama­ble humor los alti­ba­jos que pue­den pro­du­cirse en el seno de una fami­lia japo­nesa así como la impor­tan­cia de man­te­ner una rela­ción con­yu­gal basada en el res­peto y con­si­de­ra­ción mutua.

Un drama his­tó­rico que des­pierta inte­rés es The Throne (Corea del Sur) que se basa en hechos reales acae­ci­dos en Corea durante la era Joseon cuando en 1762 el rey Yeon­gio (Song Kang-ho) toma la audaz deci­sión de ence­rrar vivo en un cajón cerrado de madera a su único hijo de 27 años, el prín­cipe here­dero Sado (Yoo Ah-in), con­de­nán­dolo de este modo a morir de ham­bre, sed y caren­cia de aire. El direc­tor Lee Joon-ik ofrece una tra­ge­dia sha­kes­pe­riana donde que­dan resal­ta­das las moti­va­cio­nes que indu­cen al rey a come­ter un abe­rrante fili­ci­dio. Gran parte del relato mues­tra cómo el rey se dis­tan­cia de su hijo al que ter­mina des­pre­ciando por su falta de inte­rés hacia el estu­dio y por no memo­ri­zar los ver­sos de Con­fu­cio que cons­ti­tu­yen el pilar del reinado; al pro­pio tiempo Sado en cali­dad de regente cri­tica la adop­ción de cri­te­rios polí­ti­cos sus­ten­ta­dos por su padre al defen­der los intere­ses de la nobleza en detri­mento de los pobres

Song Kang-ho en THE THRONE

Song Kang-ho en THE THRONE

Ade­más de su con­te­nido temá­tico, irre­pro­ca­ble elenco y mag­ní­fica puesta escé­nica, el film se valo­riza por sus exce­len­tes dise­ños de pro­duc­ción, inclu­yendo la impe­ca­ble repro­duc­ción de época en que trans­cu­rre la acción.

En su segunda pelí­cula como rea­li­za­dor Kike Mai­llo ofrece en Toro (España) un thri­ller que tiene como esce­na­rio la bella región de Anda­lu­cía, abor­dando un tema de mafio­sos donde las leal­ta­des y trai­cio­nes se con­fun­den permanentemente,

En una rápida sinop­sis puede ade­lan­tarse que Toro (Mario Casas) por haber estado impli­cado en un robo come­tido hace cinco años está pró­ximo a salir de la pri­sión que lo retuvo durante ese lapso; su buen com­por­ta­miento ha per­mi­tido que en los últi­mos meses esté gozando de una dia­ria liber­tad con­di­cio­nal con el com­pro­miso de retor­nar por la noche al esta­ble­ci­miento car­ce­la­rio. Dis­puesto a redi­mirse y reini­ciar su vida como un hono­ra­ble ciu­da­dano y pró­ximo a casarse con Estre­lla (Ingrid Gar­cía Jons­son) y cons­ti­tuir un hogar, sus pla­nes se ven tras­to­ca­dos frente a la lla­mada urgente de López (Luis Tosar), su her­mano mayor delin­cuente quien le pide que le ayude a res­ca­tar a su hija (Clau­dia Canal Merino) que fue secues­trada por Romero (José Sacris­tán), un psi­có­pata ase­sino, y sus secua­ces a quie­nes les adeuda una con­si­de­ra­ble suma de dinero que no dispone.

Mario Casas en TORO

Mario Casas en TORO

Si bien mucho de lo que sucede resiste cre­di­bi­li­dad, Mai­llo imprime a Toro un ritmo diná­mico creando la atmós­fera nece­sa­ria para que el sus­penso, drama, acción a gra­nel y una cuota dosi­fi­cada de vio­len­cia per­mi­tan man­te­ner el inte­rés a lo largo del relato. Cier­ta­mente, aun­que la pelí­cula inter­pre­tada por un buen elenco dista de ser per­fecta den­tro de sus pre­ten­sio­nes con­forma un entre­te­ni­miento capaz de satis­fa­cer a los aman­tes del género.

El debu­tante rea­li­za­dor para­guayo David Clay Díaz ofrece en Ago­nie (Alemania-Austria) un relato que trans­cu­rre en Viena enfo­cando a dos jóve­nes que no se cono­cen entre sí, con per­so­na­li­da­des dife­ren­tes como así tam­bién el medio social al cual per­te­ne­cen. Uno de esos mucha­chos es Chris­tian (Samuel Sch­nei­der) quien vive con su madre de clase media y como estu­diante de leyes dedica lar­gas horas al estu­dio a fin de lle­gar a ser juez. El otro, menos ambi­cioso y per­te­ne­ciente a un ambiente más humilde, es Alex (Ale­xan­der Srts­chin) quien habita en un depar­ta­mento junto a sus padres y una her­mana menor.

Demos­trando sepa­ra­da­mente cómo trans­cu­rre la vida ruti­na­ria de cada uno de ellos, el film trata de refle­jar los sen­ti­mien­tos de claus­tro­fo­bia y desilu­sión que estos jóve­nes expe­ri­men­tan así como un resen­ti­miento ambi­guo que alber­gan hacia sus res­pec­ti­vos padres; sin embargo, la narra­ción poco fluida y sin foco pre­ciso no logra con­ven­cer. Eso resulta agra­vado por el acto de vio­len­cia que en forma ines­pe­rada y sin jus­ti­fi­ca­ción alguna comete Chris­tian lo que con­tri­buye a un desen­lace que se des­vin­cula por com­pleto del plan­teo ini­cial del relato. Final­mente, resulta un enigma el título del film por­que nin­guno de sus dos per­so­na­jes prin­ci­pa­les ago­niza durante el mismo.

Un muy buen docu­men­tal que recons­truye un triste suceso acae­cido hace medio siglo en el cam­pus de la Uni­ver­si­dad de Texas de la ciu­dad de Aus­tin, es lo que se apre­cia en el remar­ca­ble docu­men­tal Tower (Esta­dos Uni­dos) de Keith Maitland.

Si lamen­ta­ble­mente a tra­vés de las últi­mas déca­das las matan­zas efec­tua­das en uni­ver­si­da­des de Esta­dos Uni­dos, como así tam­bién la acon­te­cida en Diciem­bre de 1989 en la Uni­ver­si­dad de Mon­treal, ha moti­vado que esas crue­les noti­cias ya no resul­ten nove­do­sas, lo cierto es que en su momento, la tra­ge­dia de Aus­tin impactó extra­or­di­na­ria­mente a la pobla­ción americana.

El 1 de Agosto de 1966, Char­les Whit­man, un psi­có­pata ex mili­tar de 25 años, logra lle­gar a la torre de la uni­ver­si­dad donde bien apro­vi­sio­nado de armas mata a 3 per­so­nas que se encon­tra­ban en su inte­rior y pos­te­rior­mente desde el mira­dor de la torre dis­para a dies­tra y sinies­tra cau­sando la muerte de otras 12 per­so­nas y 32 heri­dos que se encon­tra­ban tran­si­tado por el campus.

Una escena de TOWER

Una escena de TOWER

En una armo­niosa com­bi­na­ción de ani­ma­ción rotos­có­pica, mate­rial de archivo, foto­gra­fías y entre­vis­tas a algu­nas de las per­so­nas sobre­vi­vien­tes y tes­ti­gos de la cala­mi­dad pro­du­cida, Maitland inte­li­gen­te­mente dis­puso de esas valio­sas fuen­tes de infor­ma­ción para repro­du­cir la tra­ge­dia de la fecha men­cio­nada. Todo el pánico, con­fu­sión, caos y terror pro­du­cido cobra inusi­tada sen­sa­ción real en este fas­ci­nante docu­mento refle­jando no solo su som­brío tema sino tam­bién des­ta­cando el con­te­nido humano que emerge del relato al pro­pio tiempo que per­mite una vez más refle­xio­nar sobre la cruel natu­ra­leza de la violencia.

El direc­tor y guio­nista E J-yong, sor­prende gra­ta­mente con The Bac­chus Lady (Corea del Sur) enfo­cando con nota­ble sen­si­bi­li­dad y mesura varia­dos aspec­tos de la reali­dad social de la Repú­blica de Corea.

De lo que se infiere en este film casi la mitad de la gente de la ter­cera edad vive en este país asiá­tico en con­di­cio­nes de pobreza; tal es la situa­ción de So-Young (Youn Yuh-jung), la pro­ta­go­nista del relato. Ella es una mujer de 65 años de Seúl que en su juven­tud se ganaba la vida como pros­ti­tuta en las bases mili­ta­res de Esta­dos Uni­dos; la difí­cil situa­ción eco­nó­mica que atra­viesa motiva a que retome su anti­gua pro­fe­sión cuyos clien­tes son hom­bres de edad simi­lar que por lo gene­ral lle­van una vida soli­ta­ria y sin mayor exci­ta­ción. Simul­tá­nea­mente el film con­si­dera la sin­gu­lar rela­ción que ella esta­blece con Min-Ho (Choi Hyun-jun), un niño a quien le ofrece hogar y pro­tec­ción en la medida que su madre se encuen­tra en pri­sión; en tal sen­tido, la pre­sen­cia del chico le recuerda acon­te­ci­mien­tos del pasado cuando ella tuvo que ceder en adop­ción a su pro­pio hijo que nunca llegó a conocer.

Choi Hyun-jun y Youn Yuh-jung en THE BACCHUS LADY

Choi Hyun-jun y Youn Yuh-jung en THE BAC­CHUS LADY

A medida que el relato pro­si­gue van sur­giendo otras face­tas de la per­so­na­li­dad de So-Young quien tras­ciende como una mujer de gran nobleza que suele ser reque­rida por gente mayor en estado ter­mi­nal para que la asista a morir con dig­ni­dad a tra­vés de la euta­na­sia. Con la actua­ción mara­vi­llosa de Youn Yuh-jung en el rol pro­ta­gó­nico, la acer­tada direc­ción de E J-yon, el film per­mite que el público de Occi­dente se imponga sobre algu­nas duras reali­da­des y temas tabúes que afli­gen a sec­to­res mar­gi­na­les de la socie­dad coreana, ilus­tra­dos con impe­ca­ble sobriedad.

Kiki, El Amor Se Hace (España) de Paco León, es una come­dia sexual trans­gre­sora que puede ser com­pa­ra­daa con aqué­llas que Pedro Almo­dó­var solía delei­tar en sus pri­me­ros años como rea­li­za­dor. En este caso, León que tam­bién asume uno de los roles pro­ta­gó­ni­cos, ha con­ce­bido un guión escrito junto con Josh Law­son y Fer­nando Pérez donde se desa­rro­llan varias his­to­rias simul­tá­neas vin­cu­la­das con algu­nos feti­chis­mos del ser humano al empren­der una rela­ción sexual. Par­tiendo de la base de que la exci­ta­ción es un ele­mento impor­tante a la hora de inti­mar en pareja, la trama que se ubica en el verano madri­leño engloba cinco his­to­rias pin­to­res­cas que pro­du­cen con­si­de­ra­ble hila­ri­dad. En una de las mis­mas, Nata­lia (Nata­lia Molina) a pesar de tener buena rela­ción con su pareja Alex (Alex Gar­cía), solo logra el orgasmo cuando es ata­cada o robada por un ter­cero a mano armada; en otra his­to­ria, Ana (Ana Katz) y Paco (el rea­li­za­dor León), recu­rren a un club sexual de inter­cam­bio de pare­jas para reani­mar su pasión sexual que comienza a extin­guirse des­pués de varios años de vida en común. Un ter­cer seg­mento pre­senta a Anto­nio (Luis Callejo), cuya mujer (María Can­de­la­ria) solo logra exci­tarse cuando ve a gente llo­rando. No menos curioso es el caso de José Luis (Luis Ber­mejo), un ciru­jano plás­tico, que ve des­per­tado su deseo sexual cuando en mitad de la noche con­tem­pla a Paloma (Mary Paz Sayago), su esposa invá­lida, pro­fun­da­mente dor­mida y enton­ces está bien dis­puesto para hacerle el amor. El último de los rela­tos se refiere a San­dra (Ale­xan­dra Jimé­nez) una joven sorda cuya exci­ta­ción sexual se pro­duce frente a cual­quier tela de seda.

Belén Cuesta, Paco León y Ana Katz en KIKI, EL AMOR SE HACE

Belén Cuesta, Paco León y Ana Katz en KIKI, EL AMOR SE HACE

La única obje­ción que merece este film es cierta falta de suti­leza que con­duce a que algu­nas esce­nas resul­ten de dudoso gusto. En todo caso, las natu­ra­les actua­cio­nes que León obtiene de su homo­gé­neo elenco como así tam­bién el diná­mico ritmo que imprime a su relato, per­mi­ten que la audien­cia goce con esta deli­ciosa eró­tica come­dia y que en cier­tos casos pueda iden­ti­fi­carse con algu­nos de sus personajes