El Dolor de una Madre

JULIETA. España, 2016. Un film escrito y diri­gido por Pedro Almodóvar

Des­pués del tras­pié de su malo­grada come­dia Los Aman­tes Pasa­je­ros, Pedro Almo­dó­var retorna con Julieta explo­rando una vez más el alma feme­nina, un uni­verso que domina amplia­mente. Aun­que no del todo per­fecto, el público puede apre­ciar un buen melo­drama carac­te­ri­zado por su sobrie­dad y contención.

Si bien el guión le per­te­nece, el cineasta man­chego se ha basado en tres cuen­tos bre­ves de la cele­brada escri­tora cana­diense y Pre­mio Nóbel de Lite­ra­tura (2013) Alice Munro (“Chance”, “Soon”, y “Silence”), donde el des­tino y el silen­cio cobran vital importancia.

El tema gira en torno a la rela­ción materno-filial, tal como Almo­dó­var lo abordó en Todo Sobre Mi Madre donde una mujer debe enfren­tar su pasado al haber per­dido a su hijo en un trá­gico acci­dente. En este caso tam­bién se asiste a una pér­dida mater­nal pero con carac­te­rís­ti­cas diferentes.

Emma Suárez

Emma Suá­rez

Cuando el relato comienza en la época actual apa­rece Julieta (Emma Suá­rez), una mujer de apro­xi­ma­da­mente 50 años de sem­blante melan­có­lico que viviendo en Madrid está a punto de dejar la ciu­dad para tras­la­darse a Por­tu­gal con Lorenzo (Dario Gran­di­netti), su pareja. El des­tino quiere que un día antes de par­tir ines­pe­ra­da­mente se encuen­tre en la calle con Bea (Miche­lle Jen­ner), que años atrás había sido la mejor amiga de su hija Antía (inter­pre­tado en dis­tin­tas eta­pas de su vida por Pris­ci­lla Del­gado y Blanca Pares); ella le cuenta que por azar y des­pués de muchos años sin verse en Ita­lia des­cu­brió a Antía con sus 3 hijos donde esta­ban pasando sus vaca­cio­nes. Pron­ta­mente el espec­ta­dor se impone que Julieta no tuvo noti­cias de su hija durante los últi­mos 12 años. Frente a esa nove­dad que la impacta enor­me­mente, Julieta cam­bia drás­ti­ca­mente sus pla­nes y decide no acom­pa­ñar a Lorenzo para seguir resi­diendo en Madrid y alqui­lar un depar­ta­mento en el mismo edi­fi­cio donde ella junto con su hija habían vivido antes de su par­tida; allí, Julieta comienza a escri­bir una carta a Antia donde en la misma pasa revista a su vida pasada.

De este modo Almo­dó­var estruc­tura su relato ubi­cán­dolo 30 años atrás donde se sabrá cómo la joven Julieta (ahora inter­pre­tada por Adriana Ugarte) conoce en un acci­den­tado viaje en tren a Xoan (Daniel Grao), un pes­ca­dor que vive en Gali­cia; des­pués de un íntimo y pasio­nal encuen­tro man­te­nido con él, ella queda emba­ra­zada y pos­te­rior­mente acep­tará la invi­ta­ción de Xoan de con­vi­vir con él. Tras el naci­miento de Antía, Julieta desem­pe­ñán­dose a gusto como pro­fe­sora de lite­ra­tura clá­sica lleva una vida armo­niosa y apa­ci­ble como devota esposa y entra­ña­ble madre. Una serie de acon­te­ci­mien­tos pos­te­rio­res incluye una tra­ge­dia que la col­mará de pena; la situa­ción se agra­vará cuando Antía, que ya tiene 18 años, decide bus­car refu­gio en un retiro espi­ri­tual de los Piri­neos y aban­dona a su madre sin que­rer reve­larle dónde se encuentra.

Aun­que el relato capta la aten­ción del espec­ta­dor; el mismo no alcanza toda la reso­nan­cia emo­cio­nal que merece debido a que el per­so­naje de Antía está des­cripto en forma esque­má­tica. No hay nin­gún indi­cio a lo largo de la trama que demues­tre alguna grieta entre madre e hija durante el período de su infan­cia y ado­les­cen­cia; más bien acon­tece lo con­tra­rio. Es así que tanto para Julieta como para el público cons­ti­tuye un enigma saber lo que ha moti­vado a Antía de haber que­rido olvi­dar por com­pleto a su madre. Cuando el mis­te­rio final­mente se dilu­cida, las cau­sas gene­ra­das a la dis­tan­cia entre madre e hija y que nunca habían sido expli­ci­ta­das no lle­gan a ser muy convincentes.

A pesar de la obje­ción pre­ce­dente, el rea­li­za­dor a tra­vés de una sen­ci­lla pero efi­caz narra­ción per­mite expre­sar la angus­tia, desola­ción, amar­gura y un sen­ti­miento de culpa inde­fi­nida que abate a Julieta frente a la pér­dida vir­tual de su hija. En tal sen­tido ha sido muy impor­tante la con­tri­bu­ción de Suá­rez y Ugarte en el papel titu­lar así como el homo­gé­neo elenco que las rodea; entre algu­nos nom­bres des­ta­ca­bles, ade­más de Gran­di­netti, se encuen­tran Inma Cuesta como una escul­tora amiga de Xoan y la vete­rana y siem­pre efi­caz Rossy de Palma carac­te­ri­zando en un rol clave a una excén­trica ama de lla­ves que recela de Julieta.

El refi­nado estilo visual del rea­li­za­dor siem­pre es apre­cia­ble con­tando en este caso con la asis­ten­cia de Antxon Gómez en los dise­ños de pro­duc­ción y Jean-Claude Larrieu en la impe­ca­ble foto­gra­fía. Apro­piada es tam­bién la música de Alberto Igle­sias quien tra­tando de real­zar el espe­ran­za­dor final de reden­ción de esta his­to­ria la acom­paña con el tema musi­cal “Si no te vas” de Cuco Sán­chez inter­pre­tado cáli­da­mente por Cha­vela Vargas.

Sin que este drama alcance el nivel logrado en La Flor de mi Secreto, Todo sobre mi Madre, Hable con Ella o Vol­ver, la impronta de este Almo­dó­var maduro abor­dando el dolor mater­nal se halla pre­sente y sin duda com­pla­cerá a sus fie­les segui­do­res. 
Jorge Gutman

Exce­len­tes Acto­res en un Drama Familiar

FEN­CES. Esta­dos Uni­dos, 2016. Un film de Den­zel Washington

August Wil­son es el autor de Fen­ces que escrita en 1983 obtuvo el Pre­mio Pulit­zer y en 1987 fue estre­nada en Broad­way. En oca­sión de su repo­si­ción en 2010 fue­ron Den­zel Washing­ton y Viola Davis quie­nes ani­ma­ron los pape­les cen­tra­les mere­ciendo ambos el pre­mio Tony al mejor actor y a la mejor actriz de ese año. Es ahora, que en su ter­cera incur­sión como cineasta Washing­ton eli­gió esa obra para ser tras­la­dada a la pan­ta­lla donde tanto él como Davis cubren los mis­mos roles repre­sen­ta­dos en el teatro.

Denzel Washington y Viola Davis

Den­zel Washing­ton y Viola Davis

Ambien­tada en la década del 50 en un subur­bio de la ciu­dad de Pit­ts­burgh la pieza refleja el modus vivendi de la comu­ni­dad afro­ame­ri­cana de la época. A pesar de que pue­den exis­tir algu­nos atis­bos racis­tas que afec­tan a esa comu­ni­dad, el pro­pó­sito cen­tral de la obra es ilus­trar el sen­ti­miento de un hom­bre que en una etapa madura de su vida no puede ocul­tar la frus­tra­ción de lo que no fue y pudo haber sido.

Washing­ton inter­preta a Troy Max­son de 53 años de edad, casado hace 18 años con Rose (Davis) y viviendo con su hijo ado­les­cente Cory (Jovan Adepo). Desem­pe­ñán­dose como reco­lec­tor de resi­duos, su sala­rio no es sig­ni­fi­ca­tivo aun­que de todos modos per­mite que su fami­lia viva decen­te­mente y no falte comida en su modesta casa. De natu­ra­leza auto­ri­ta­ria y un tanto misó­gino eso no impide que con­ti­nua­mente demues­tre un gran cariño hacia su mujer al cual ella le retri­buye; dado su carác­ter locuaz ade­más de su caris­má­tica pre­sen­cia, de algún modo Troy cons­ti­tuye la figura patriar­cal de su hogar. En su mundo se encuen­tra tam­bién su hijo adulto Lyons (Rus­sell Hornsby), pro­ducto de un matri­mo­nio ante­rior, su her­mano Gabriel (Mykelti William­son), men­tal­mente des­equi­li­brado por una herida reci­bida en la segunda gue­rra mun­dial, y Jim Bono (Step­hen Hen­der­son), su bona­chón amigo blanco y com­pa­ñero de trabajo.

Si bien logra ser pro­mo­vido como con­duc­tor del camión de reco­lec­ción y ser la pri­mera per­sona negra que logra ese puesto, hay ele­men­tos de su vida pasada que hacen de Troy una per­sona inter­na­mente no satis­fe­cha; eso es debido a que en el pasado había sido un impor­tante juga­dor de béis­bol en una liga negra, pero nunca pudo con­cre­tar su sueño de for­mar parte de un equipo mayor debido a la barrera impuesta por el color de su piel. Es en parte por esa razón que se opone tenaz­mente a que Cory siga una carrera como fut­bo­lista por la que el mucha­cho siente una pro­funda voca­ción; eso no excluye que en el fondo Troy expe­ri­mente cierto celo de que su hijo pudiera lograr lo que él no consiguió.

La mar­cada desave­nen­cia y ten­sión entre padre e hijo cons­ti­tuye un ele­mento con­flic­tivo del relato; con todo, el ver­da­dero nudo dra­má­tico se pro­duce cuando sala a relu­cir una faceta de Troy hasta enton­ces des­co­no­cida que cam­bia por com­pleto el orden pre­va­le­ciente hasta ese momento. De allí en más queda demos­trado que no sola­mente Cory pueda sen­tirse menos­ca­bado por un padre tirá­nico sino que tam­bién Rose encuen­tra que en el fondo ella con­vi­vió con un hom­bre que a pesar de amarlo, ha sufrido los cole­ta­zos de su ambi­guo com­por­ta­miento que le impi­dió mate­ria­li­zar sus pro­pios sueños.

Washing­ton logró trans­mi­tir al film la fuerza expre­siva del sólido texto a pesar de haber tenido que lidiar con un guión que no puede disi­mu­lar su ori­gen tea­tral. Pero lo que más tras­ciende de esta pelí­cula son las extra­or­di­na­rias inter­pre­ta­cio­nes del rea­li­za­dor y de Davis. Aun­que el actor ya había demos­trado ser un intér­prete de raza, este film es sin duda su carta de triunfo carac­te­ri­zando a un hom­bre des­con­tento y malo­grado que en última ins­tan­cia ha sido el artí­fice de su pro­pio des­tino; a su lado, la actua­ción de Davis es nada menos que des­co­llante en un rol pro­fun­da­mente con­mo­ve­dor que alcanza su cli­max en una des­ga­rra­dora a la vez que memo­ra­ble escena cuando des­pués de haberse sen­tido repri­mida en gran parte de su vida con­si­gue final­mente con­fron­tar a su volá­til esposo.

Dicho lo que ante­cede, Fen­ces satis­fará ple­na­mente al público selec­tivo.
Jorge Gut­man

Un Padre Desconocido

LE FILS DE JEAN. Francia-Canadá, 2016. Un film de Pie­rre Lioret

Libre­mente adap­tado de la novela de Jean-Paul Dubois Si ce libre me rap­pro­chait de toi, el rea­li­za­dor fran­cés Phi­lippe Lio­ret enfoca el tema de la iden­ti­dad ya con­si­de­rado por el cine en otras oca­sio­nes. En este caso, a pesar de un guión un tanto desigual el relato man­tiene inte­rés por la intriga gene­rada per­mi­tiendo que el espec­ta­dor siga aten­ta­mente su desarrollo.

Gabriel Arcand y Pierre Deladonchamps

Gabriel Arcand y Pie­rre Deladonchamps

La his­to­ria enfoca a Mat­hieu (Pie­rre Dela­don­champs), de 33 años de edad que cre­ció en Fran­cia junto con su madre ya des­a­pa­re­cida pero que nunca llegó a cono­cer ni saber quién fue su padre. El film comienza con un lla­mado que en París Mat­hieu recibe de Mon­treal donde se le comu­nica que Jean, su des­co­no­cido pro­ge­ni­tor cana­diense acaba de morir. Dis­puesto a asis­tir a sus fune­ra­les, viaja de inme­diato a Canadá. En el aero­puerto es reci­bido por Pie­rre (Gabriel Arcand), un médico de Que­bec que fue gran amigo de Jean, que le pide al recién lle­gado que no revele su filia­ción a sus dos her­ma­nas­tros Sam (Pierre-Yves Car­di­nal) y Ben (Patrick Hivon). Debido a que su padre murió aho­gado en el lago y el cuerpo de Jean aún no ha sido loca­li­zado, la trama sigue los pasos del joven tra­tando de man­te­ner una apro­xi­ma­ción con sus her­ma­nas­tros, aun­que ocul­tando su iden­ti­dad, tal como se lo pidió Pie­rre; sim­ple­mente se limita a decir­les que fue amigo del des­a­pa­re­cido y que se encuen­tra allí para tra­tar de ayu­dar a encon­trar el cadáver.

Este es el típico film donde avan­zar más en deta­lles sería dema­siado indis­creto para quie­nes deseen verlo. No obs­tante, puede anti­ci­parse que la curio­si­dad radica en saber quién ha sido Jean, por­qué en vida nunca trató de ubi­car a su hijo, la razón por la que sus her­ma­nas­tros igno­ran la exis­ten­cia de Mat­hieu y que a su vez él no pueda reve­lar quién ver­da­de­ra­mente es; a todo eso, no menos impor­tante es cono­cer cuál ha sido el papel que durante todo ese lapso jugó Pierre.

Aun­que todos los inte­rro­gan­tes plan­tea­dos ten­drán su expli­ca­ción, los secre­tos de fami­lia muy bien guar­da­dos resul­tan un tanto dis­cu­ti­bles. Lo que valo­riza al film es que las expli­ca­cio­nes dadas no se mate­ria­li­zan en pala­bras; así, la iden­ti­dad de Mat­hieu y la rela­ción exis­tente con su padre bio­ló­gico que­dan expre­sa­das en ges­tos suti­les que en última ins­tan­cia es lo que el ciné­filo apre­cia y agra­dece al realizador.

Como es habi­tual queda resal­tada la óptima inter­pre­ta­ción del vete­rano actor que­be­quense Arcand; igual­mente es muy con­vin­cente Dela­don­champs en el rol pro­ta­gó­nico así como el resto del reparto inclu­yendo a Car­di­nal, Hivon, Marie-Thérèse For­tin como la cálida mujer de Pie­rre y Cat­he­rine de Léan ani­mando a la hija del médico que man­tiene una comu­ni­ca­ción espe­cial con Mathieu.

En esen­cia, Le fils de Jean es un deli­cado drama psi­co­ló­gico inti­mista sobre la bús­queda de un padre des­co­no­cido que des­tila gran huma­ni­dad y que merece ser visto. Jorge Gut­man

Nos­tál­gica Come­dia Musical

LA LA LAND. Esta­dos Uni­dos, 2016. Un film escrito y diri­gido por Damien Chazelle

El rea­li­za­dor Damien Cha­ze­lle deseoso de evo­car las come­dias musi­ca­les de la época de oro de Holly­wood, decide abor­dar ese género con La La Land, una liviana pelí­cula impreg­nada de bue­nos sentimientos.

La escena que abre el film antes de que se pasen los cré­di­tos trans­cu­rre en una auto­pista de Los Ánge­les donde el con­glo­me­rado trá­fico impide que los autos pue­dan avan­zar; de allí emer­gen sus frus­tran­tes moto­ris­tas ofre­ciendo un número de danza acom­pa­ña­dos de la música que emerge de la radio de los coches. Si bien el baile se pro­longa más allá de la cuenta, téc­ni­ca­mente está bien resuelto y visual­mente ofrece un cen­te­lleante esplen­dor aun­que lo que luego pro­si­gue prác­ti­ca­mente no tenga rela­ción con esta pre­sen­ta­ción musical.

Emma Stone y Ryan Gosling

Emma Stone y Ryan Gosling

El relato que se desa­rro­lla a lo largo de un año tiene como pro­ta­go­nis­tas a Emma Stone y Ryan Gos­ling ani­mando a Mía y Sebas­tián. Ella tra­baja en un bar pero su voca­ción de actriz la lleva a pre­sen­tarse a dis­tin­tas prue­bas para demos­trar su talento aun­que fra­casa en el intento. Por su parte Sebas­tián es un músico afi­cio­nado al jazz a quien la suerte no le acom­paña mucho; así en la pri­mera escena en que se lo con­tem­pla en un res­tau­rante tocando en el piano can­cio­nes de Navi­dad, llega a ser des­pe­dido por su dueño (JK Sim­mons) debido al poco éxito logrado.

Des­pués de dos inten­tos en que ambos jóve­nes se cru­zan en el camino sin lograr comu­ni­ca­ción, un ter­cer encuen­tro per­mite en que lle­guen a cono­cerse, se sien­tan mutua­mente atraí­dos y que al poco tiempo lle­guen a amarse.

Esa es la excusa argu­men­tal para que reme­mo­rando nos­tál­gi­ca­mente al Holly­wood de antaño, el espec­ta­dor con­tem­ple a los tor­to­li­tos can­tando y bai­lando por las calles noc­tur­nas de Los Ánge­les a la luz de la luna; en otra secuen­cia poé­tica, efec­túan una visita al Pla­ne­ta­rio del Obser­va­to­rio Grif­fith donde des­car­tando la ley de gra­ve­dad ambos dan­zan al con­juro del cielo estrellado.

Si bien las esce­nas men­cio­na­das tie­nen un tono deci­di­da­mente román­tico, lo que se observa es abso­lu­ta­mente fan­ta­sioso comen­zando por la gran metró­poli de las estre­llas de cine donde aquí apa­rece como si fuese una ciu­dad ima­gi­na­ria. Es pre­ci­sa­mente ahí donde el film se bifurca en dos cami­nos dife­ren­tes: por una parte los temas musi­ca­les que no están sufi­cien­te­mente injer­ta­dos en el libreto, brin­dan al film un clima de ensueño, pero cuando la música se ausenta el argu­mento no tiene fuerza dra­má­tica. El único con­flicto del relato se pro­duce en su última parte y radica en la elec­ción que ambos jóve­nes debe­rán rea­li­zar, ya sea seguir por cami­nos sepa­ra­dos para con­so­li­dar sus carre­ras pro­fe­sio­na­les, o en cam­bio con­si­de­rar prio­ri­ta­ria­mente el amor que los une.

Las actua­cio­nes de Stone y Gos­ling son irre­pro­cha­bles y la exce­lente quí­mica exis­tente entre ellos ade­más de gene­rar cali­dez per­mite que sean con­si­de­ra­dos como una autén­tica pareja román­tica. En cuanto a las can­cio­nes con­ce­bi­das por Jus­tin Hur­witz con letra de Benj Pasek y Jus­tin Paul, las mis­mas son acep­ta­bles pero de nin­guna manera memo­ra­bles, con la sola excep­ción de “City of Stars”, una muy agra­da­ble balada que se repite fre­cuen­te­mente a lo largo del relato.

Es loa­ble el intento per­se­guido por Cha­ze­lle de incur­sio­nar en un género difí­cil y que según parece no genera dema­siado entu­siasmo en la juven­tud de la pre­sente gene­ra­ción; en tal sen­tido es posi­ble que esta situa­ción se revierta aten­diendo a la mag­ní­fica coreo­gra­fía del film, la riqueza visual de cier­tas esce­nas con colo­res exu­be­ran­tes, los bue­nos núme­ros de jazz y sobre todo por la gran sim­pa­tía que des­pier­tan sus protagonistas.

Sin que de modo alguno alcance el óptimo nivel de “An Ame­ri­can in París” ((1951) de Vin­cent Mine­lli, “Sin­ging in the rain” (1952) de Stan­ley Donen y Gene Kelly, o bien el de la mara­vi­llosa pelí­cula can­tada “Les para­pluies de Cher­bourg” (1964) de Jac­ques Demy, La La Land con­fi­gura un buen entre­te­ni­miento capaz de satis­fa­cer al gran público. 
Jorge Gutman

Un Devoto Médico Rural

MÉDE­CIN DE CAM­PAGNE. Fran­cia, 2016. Un film de Tho­mas Lilti

Es muy raro encon­trar a una per­sona que habiendo desa­rro­llado su carrera pro­fe­sio­nal como médico en un momento dado se con­vierta en rea­li­za­dor cine­ma­to­grá­fico. Ese es el caso de Tho­mas Lilti donde vol­cando su expe­rien­cia doc­to­ral ha rea­li­zado hace dos años Hipp­po­crate rela­tando lo que acon­tece en el mundo hos­pi­ta­la­rio; ahora dirige su mirada a un vete­rano médico que dedica su vida a aten­der a enfer­mos que viven en una comu­ni­dad rural de algún lugar ubi­cado en la cam­piña fran­cesa. Con­tando con un buen guión co-escrito con Baya Kasmi, el rea­li­za­dor ha logrado uno de los fil­mes más nobles y huma­nos que se haya visto en el trans­curso de 2016.

François Cluzet y Marianne Denicourt

Fra­nçois Clu­zet y Marianne Denicourt

Jean-Pierre Wer­ner (Fra­nçois Clu­zet) es un doc­tor de pue­blo de mediana edad brin­dado ínte­gra­mente a su pro­fe­sión y man­te­niendo con sus pacien­tes una rela­ción par­ti­cu­lar en donde efec­túa visi­tas a domi­ci­lio para aque­llos enfer­mos que no pue­den tras­la­darse al hos­pi­tal donde tra­baja. Con gran sen­si­bi­li­dad humana y social, Wer­ner com­prende que en la cam­piña en que se desen­vuelve los luga­re­ños que pre­ci­san de él para ser aus­cul­ta­dos tam­bién encuen­tran a un inter­lo­cu­tor cálido capaz de com­pren­der sus pro­ble­mas y necesidades.

Al comen­zar el relato vemos que Jean-Pierre recibe el diag­nós­tico de uno de los cole­gas del hos­pi­tal donde se impone que padece de un tumor cere­bral que puede ser mor­tal y que por esa razón se le reco­mienda que dis­mi­nuya su carga de tra­bajo. Sin embargo, esa noti­cia no le impide pro­se­guir su rutina dia­ria como si nada hubiese pasado; evi­tando que alguien se entere del mal que le aflige, lo impor­tante para él es seguir estando al ser­vi­cio de sus pacientes.

La situa­ción se com­plica un poco, cuando el hos­pi­tal decide que Nat­ha­lie Dele­zia (Marianne Deni­court), una médica recién reci­bida y que ante­rior­mente se había desem­pe­ñado como enfer­mera, coopere con Wer­ner. Cre­yendo que es irreem­pla­za­ble y que puede bas­tarse por sí mismo, Wer­ner se siente molesto de tener que acep­tar a alguien que lo secunde y es por ello que no es muy ama­ble con ella; con todo Nat­ha­lie es com­pren­siva y está dis­puesta a tolerarlo.

Lilti ofrece un docu­mento rea­lista a la vez que social sobre una acti­vi­dad pro­fe­sio­nal donde los cui­da­dos a domi­ci­lio en las cam­pi­ñas cada vez son menos fre­cuen­tes. Pero más allá de cierto com­pro­miso polí­tico que pudo haber ins­pi­rado al rea­li­za­dor hay al pro­pio tiempo una autén­tica com­pe­ne­tra­ción de qué es lo más con­ve­niente en deter­mi­na­dos casos para solu­cio­nar la gra­ve­dad de un enfermo; así, entra a con­si­de­rar acerca del dere­cho que le asiste a una per­sona anciana que ago­niza de que­rer morir en su hogar en lugar de que ocu­rra en un cen­tro hospitalario.

A tra­vés de un exce­lente movi­miento de cámara que­dan refle­ja­dos en ges­tos y mira­das las acti­tu­des asu­mi­das por los per­so­na­jes de esta his­to­ria. Sin caer en fal­sos dra­ma­tis­mos, este film se carac­te­riza por su gran nobleza abor­dando pro­fund­mente la psi­co­lo­gía de sus per­so­na­jes. En tal sen­tido Clu­zet es un actor que supo cap­tar muy bien a un hom­bre que des­pliega una gran bon­dad y gene­ro­si­dad al que poco le importa arries­gar su grave estado de salud cuando se trata de sumi­nis­trar asis­ten­cia a sus pacien­tes. Por su parte Deni­court tam­bién sobre­sale como la efi­ciente cola­bo­ra­dora con quien Wer­ner lle­gará final­mente a com­ple­men­tarse profesionalmente.

En esen­cia, con este film sen­ci­llo, deli­cado, de gran emo­ti­vi­dad y sal­pi­cado con cier­tas notas de buen humor, Lilti rinde tri­buto a los abne­ga­dos médi­cos rura­les de Fran­cia. Jorge Gut­man