Con­cluyó el Fes­ti­val de Cannes

Cró­nica de Jorge Gut­man

Ante­ayer fina­lizó la sep­tua­gé­sima edi­ción de este Fes­ti­val donde la selec­ción de las pelí­cu­las de la com­pe­ten­cia ofi­cial ha sido muy ende­ble al punto tal que algu­nas de ellas fue­ron objeto de abu­cheo en su pri­mera pre­sen­ta­ción para la prensa.

Aun­que cier­tos fil­mes son deci­di­da­mente bue­nos, nin­guno de los mis­mos alcanza el nivel de obra maes­tra como se espera cuando uno asiste a Can­nes. Otro hecho sig­ni­fi­ca­tivo es que durante el trans­curso de estos 11 días no hubo título alguno que haya mere­cido el con­senso gene­ral de la crí­tica para ser galar­do­nado con el pre­mio máximo por lo que resultó una incóg­nita saber de qué modo el jurado pre­si­dido por Pedro Almo­dó­var iba a pro­nun­ciarse en la cere­mo­nia de clau­sura. Deve­lada la incóg­nita, he aquí los fil­mes premiados.

La Palma de Oro fue adju­di­cada a The Square (Suecia-Alemania-Francia-Dinamarca-Estados Uni­dos) del rea­li­za­dor sueco Ruben Ostlund. Este cineasta que en 2014 impre­sionó gra­ta­mente con Force Majeure, en este caso este film no logra alcan­zar la misma soli­dez y cohe­ren­cia de aquél a pesar de con­tar con algu­nos momen­tos intere­san­tes y reide­ros. El relato cons­ti­tuye una paro­dia al mundo del arte con­tem­po­rá­neo a tra­vés de la inau­gu­ra­ción de una expo­si­ción por parte del direc­tor artís­tico del museo quien a lo largo del metraje atra­viesa situa­cio­nes tra­gi­có­mi­cas; en última ins­tan­cia, el pro­pó­sito del rea­li­za­dor es el de refle­jar en forma surrea­lista los pre­jui­cios y con­tra­dic­cio­nes de la inte­lec­tual bur­gue­sía sueca.

THE SQUARE

THE SQUARE

El Grand Prix, segundo pre­mio en orden de impor­tan­cia, corres­pon­dió al film 120 Bat­te­ments par minute (Fran­cia) del rea­li­za­dor Robin Cam­pi­llo que fue muy bien reci­bido por la prensa. El relato lúci­da­mente con­si­dera la lucha empren­dida por un grupo de mili­tan­tes del Act Up-Paris en los inicios de la década del 90 con­tra las auto­ri­da­des de Fran­cia y los labo­ra­to­rios far­ma­céu­ti­cos frente a la pasi­vi­dad e indi­fe­ren­cia adop­tada en momen­tos en que el SIDA azota en forma des­pia­dada; en su accio­nar, esta orga­ni­za­ción fun­dada en 1989 trató de defen­der los dere­chos de quie­nes por­ta­ban el HIV como así tam­bién de la gente con­ta­giada por el temi­ble virus. Si bien el film man­tiene en su mayor parte una estruc­tura coral, en los tra­mos fina­les adquiere con­si­de­ra­ble fuerza ilus­trando la rela­ción sen­ti­men­tal de un joven del grupo no afec­tado por el virus con otro miem­bro sero­po­si­tivo que se encuen­tra en estado de agonía.

120 BATTEMENTS PAR MINUTE

120 BAT­TE­MENTS PAR MINUTE

El Pre­mio del Jurado fue otor­gado a Love­less (Rusia-Francia – Bél­gica) que a jui­cio de quien escribe estas líneas ha sido el mejor film de la com­pe­ten­cia ofi­cial. En el mismo el direc­tor ruso Andrey Zvya­gin­tsev con­cen­tra su aten­ción en la vio­lenta rela­ción exis­tente de Boris y Zhenya, una pareja a punto de divor­ciarse quie­nes tie­nen un hijo de 12 años del cual nin­guno de los dos desea hacerse cargo. El chico es lo sufi­cien­te­mente per­cep­tivo de la falta de amor y cariño de sus pro­ge­ni­to­res y es así que un buen día des­a­pa­rece del hogar; es allí donde los desamo­ra­dos padres reac­cio­nan con fir­meza y deses­pe­ra­ción tra­tando de lograr su para­dero. Simul­tá­nea­mente con esa bús­queda, el direc­tor pinta sutil­mente el caos ético y moral impe­rante en la Rusia post comunista.

El pre­mio a la mejor direc­ción corres­pon­dió a Sofía Cop­pola por The Begui­led (Esta­dos Uni­dos); es un remake de la pelí­cula rea­li­zada por Don Sie­gel en 1971 basada en la novela de Tho­mas Culli­nan publi­cada en 1964 y cuya acción trans­cu­rre en la época de la Gue­rra de Sece­sión de los Esta­dos Uni­dos. El rol cen­tral es asu­mido por Colin Farrell ani­mando a un sol­dado de la Unión que habiendo que­dado mal­he­rido encuen­tra refu­gio en un pen­sio­nado de jóve­nes muje­res ubi­cado en el estado de Vir­gi­nia; a par­tir de allí se ini­cia un per­verso juego de seduc­ción teniendo en cuenta que las don­ce­llas se encuen­tran obse­sio­na­das con la figura varo­nil del ines­pe­rado visi­tante. Dra­má­ti­ca­mente lograda y esti­lís­ti­ca­mente ele­gante, Cop­pola logra con esta pelí­cula uno de los mejo­res tra­ba­jos de su carrera como cineasta.

El pre­mio a la mejor actriz corres­pon­dió a la actriz Diane Kru­ger, pro­ta­go­nista del film de Fatih Akin In the Fade (Alemania-Francia), donde ella carac­te­riza con gran inten­si­dad a una dolo­rida mujer ale­mana y madre cuyo marido y pequeño hijo sucum­ben en la agen­cia de via­jes que poseen por el esta­llido de una bomba casera colo­cada por una pareja de cri­mi­na­les neonazis.

El tro­feo al mejor actor corres­pon­dió a Joa­quin Phoe­nix como pro­ta­go­nista del film You Were Never Really Here (Gran Bretaña-Francia-Estados Uni­dos) de la direc­tora esco­cesa Lynne Ram­say; Phoe­nix anima a un experto ase­sino a sueldo que es con­tra­tado para res­ca­tar a una ado­les­cente de 14 años (Eka­te­rina Sam­so­nov) que ha sido secues­trada por una red de pros­ti­tu­ción de menores.

En cuanto al mejor guión el pre­mio fue com­par­tido por el direc­tor griego Yoros Lant­hi­mos de The Killing of a Sacred Deer (Irlanda) y Efthy­mis Filip­pou como el libre­tista de “You Were Never Really Here. Otros pre­mios inclu­yen el del 70° aniver­sa­rio con­ce­dido a la actriz Nicole Kid­man que este año par­ti­cipó en dos fil­mes de la com­pe­ten­cia y la Palma de Oro al mejor cor­to­me­traje que fue asig­nado a A Gentle Night (China) de Qiu Yang.

La Caméra d’Or, pre­mio atri­buido al mejor pri­mer film pre­sen­tado en cual­quiera de las sec­cio­nes de la Selec­ción Ofi­cial así como en la Semana de la Crí­tica y la Quin­cena de los Rea­li­za­do­res, corres­pon­dió a Jeune Femme (Fran­cia) de Leó­nor Serrai­lle. En un inob­je­ta­ble guión escrito por la joven rea­li­za­dora, se siguen las andan­zas de Paula, una chica de 31 años cuya vida frí­vola ter­mina cuando es recha­zada por su pareja, un fotó­grafo con el que con­vi­vió durante una década. A su regreso a París des­pués de una larga ausen­cia, sin recur­sos finan­cie­ros ni fami­lia a la cual acu­dir, le tocará vivir una serie de paté­ti­cas expe­rien­cias, siem­pre ape­gada a su gato, en dife­ren­tes alo­ja­mien­tos o bien tener que some­terse a tra­ba­jos en los que carece de pre­pa­ra­ción alguna. Si bien en apa­rien­cia el film podía haber adop­tado un carác­ter dra­má­tico, el resul­tado es una diná­mica come­dia agra­ciada por la exce­lente inter­pre­ta­ción de Lae­ti­tia Dosch carac­te­ri­zando a Paula; resulta difí­cil no empa­ti­zar con su com­por­ta­miento cuasi his­té­rico y su des­bor­dante per­so­na­li­dad donde a pesar de estar afec­ti­va­mente herida se encuen­tra dis­puesta a comen­zar una nueva vida asu­miendo una acti­tud positiva.

Como siem­pre suele acon­te­cer, algu­nos meri­to­rios fil­mes que­da­ron con las manos vacías. Entre los mis­mos se encuen­tra Won­ders­truck de Tod Hay­nes (Esta­dos Uni­dos), una her­mosa fábula basada en la novela de Brian Selz­nick. El relato está estruc­tu­rado en dos his­to­rias que trans­cu­rren para­le­la­mente en épocas dife­ren­tes. En la pri­mera de ellas que trans­cu­rre en 1927 y está fil­mada en blanco y negro, se asiste a las vici­si­tu­des de una niña sorda de 14 años (Milli­cent Sim­monds) que se des­plaza Nueva York para tra­tar de encon­trar a una estre­lla de cine (Julianne Moore). La otra his­to­ria que se desa­rro­lla en 1977 con­si­dera a un niño de 12 años (Oakes Fegley) que es huér­fano de madre (Miche­lle Williams) y que a causa de un acci­dente ha per­dido la audi­ción; como nunca ha lle­gado a cono­cer a su padre, desde Min­ne­sota se dirige a Nueva York para tra­tar de ubi­car su para­dero. El direc­tor logra que las dos sub­tra­mas que­den muy bien ensam­bla­das en su poé­tico desen­lace. Ade­más de la exce­lente par­ti­ci­pa­ción de Sim­monds y Fegley infun­diendo ter­nura y sen­si­bi­li­dad en sus res­pec­ti­vas carac­te­ri­za­cio­nes, los valo­res del film se refuer­zan con la buena labor de mon­taje per­mi­tiendo que sin sal­tos ni fisura alguna se pueda asis­tir al viaje pen­du­lar del tiempo y los impe­ca­bles dise­ños de pro­duc­ción repro­du­ciendo la ciu­dad neo­yor­kina de los años 20 y 70.

Ape­lando a algu­nos temas ya enfo­ca­dos en su rica fil­mo­gra­fía el gran direc­tor aus­tríaco Michael Haneke ofrece en Happy End (Francia-Alemania-Austria) un sólido relato donde lanza sus dar­dos al com­por­ta­miento de una fami­lia de la alta bur­gue­sía que habita en Calais. Allí se encuen­tra Geor­ges (Jean-Louis Trin­tig­nant), el anciano patriarca que creó una impor­tante empresa de cons­truc­ción, su hija Anne (Isa­be­lle Hup­pert) que está a cargo de la misma y su ines­ta­ble nieto Pie­rre (Franz Rogowski). En ese grupo de fami­lia igual­mente se encuen­tran Tho­mas (Mat­hieu Kas­so­vitz), el her­mano de Anne junto con Eve (Fan­tine Har­duin), una niña de 13 años pro­ducto de su pri­mer matri­mo­nio, y su segunda mujer .Anais (Laura Ver­lin­den). Es Eve que a pesar de su corta edad, observa el pro­ceso de desin­te­gra­ción de su fami­lia cons­ta­tando el adul­te­rio de su padre, el derrumbe de su abuelo que desea morir, los secre­tos y men­ti­ras encu­bier­tas, las hipo­cre­sías y com­pla­cen­cias reinan­tes así como la total indi­fe­ren­cia de sus mayo­res frente a lo que acon­tece a su alre­de­dor. Con la maes­tría acos­tum­brada, Haneke retrata la vio­len­cia latente donde cual­quier ele­mento inci­den­tal puede hacerla esta­llar tal como se com­pro­bará en un momento clave del relato. El título del film no puede ser más iró­nico puesto que en la visión som­bría de Haneke, tomando como refe­ren­cia la fami­lia des­cripta, no existe pre­ci­sa­mente un final feliz.

HAPPY END

HAPPY END

Otro film que quedó con las manos vacías es la inte­li­gente come­dia de Hong Sang­soo The Day After (Corea del Sur). El pro­lí­fico direc­tor ape­lando a un len­guaje cine­ma­to­grá­fico con remi­nis­cen­cias del inol­vi­da­ble direc­tor fran­cés Eric Roh­mer ofrece una delei­tosa come­dia de equí­vo­cos den­tro del marco de una sen­ci­lla his­to­ria en la que pre­do­mina un cuar­teto román­tico. Fil­mado en blanco y negro, el relato de Hong pre­senta a Areum (Kim Min­hee), una joven que comienza a tra­ba­jar como asis­tente de Bong­wan (Kwon Haehyo), el patrón de una pequeña edi­to­rial. El man­tiene una rela­ción adúl­tera con Chang­sook (Kim Saeb­yuk), que es la per­sona a quien Areum está reem­pla­zando. Cuando sos­pe­chando de la infi­de­li­dad de su marido, la esposa de Bong­wan (Cho Yun­hee) llega intem­pes­ti­va­mente a la ofi­cina cree que es Areum la mujer con quien Bong­wan la engaña. Cuando tiempo des­pués su amante retoma su tra­bajo des­pla­zando a Areum, la enga­ñada mujer se tran­qui­liza al saber que ella ya no está más. A tra­vés de este inge­nioso juego sos­te­nido por nota­bles acto­res, esta pequeña his­to­ria, a pesar de sus pocas secuen­cias, adquiere un dina­mismo sor­pren­dente debido a la agi­li­dad que el direc­tor imprime a la misma.

Den­tro de los fil­mes pre­sen­ta­dos en Un Cer­tain Regard cabe des­ta­car A Man of Inte­grity (Irán), que con toda jus­ti­cia fue dis­tin­guido con el Pri­mer Pre­mio en esta segunda sec­ción ofi­cial. El direc­tor iraní Moham­med Rasou­lof exa­mina lúci­da­mente los valo­res pre­va­le­cien­tes en el seno de una socie­dad inmo­ral que en última ins­tan­cia no es otra que la de su país; al hacerlo plan­tea un gran inte­rro­gante sobre cómo es posi­ble man­te­ner la inte­gri­dad per­so­nal cuando las cir­cuns­tan­cias obli­gan a uno a tener que doble­garse al sis­tema impe­rante o de lo con­tra­rio sucumbir.

A MAN OF INTEGRITY

A MAN OF INTEGRITY

El relato que per­te­nece al direc­tor pre­senta a Reza (Reza Akh­laghi­rad) un hom­bre de 35 años y como lo anti­cipa el título del film es una per­sona de sóli­dos prin­ci­pios mora­les. Lejos de las gran­des urbes habita en una remota pequeña pobla­ción ubi­cada al norte del país donde en la pequeña granja que posee explota peces de agua dulce junto con su mujer (Sou­da­beh Bei­zaee). Todo mar­cha­ría tran­quila y nor­mal­mente si no fuese por­que una codi­ciosa cor­po­ra­ción quiere ejer­cer el con­trol de la región y para ello desea com­prarle a Reza su granja y terreno a lo cual éste se niega. Claro está que las pre­sio­nes son muy gran­des, sobre todo por­que esta pode­rosa com­pa­ñía cuenta con el apoyo de los jefes loca­les, la poli­cía, jue­ces, alcalde y otras auto­ri­da­des del lugar dis­pues­tas a com­par­tir los bene­fi­cios e intere­ses de la misma. A medida que el relato pro­gresa se apre­cia cómo la ten­sión va aumen­tando para Reza, sobre todo teniendo en cuenta que su esposa adop­tando una acti­tud más prag­má­tica cree que es inú­til resis­tirse a los opre­so­res y que más vale la pena tra­tar de nego­ciar con ellos. Lo intere­sante de esta his­to­ria es que a tra­vés de la misma se va evi­den­ciando cómo el temor de la gente motiva a que no tenga otra salida que iden­ti­fi­carse con el ver­da­dero poder corrupto del que trata de esca­par. ¿Es posi­ble que exista otra opción para man­te­ner la inte­gri­dad indi­vi­dual cuando las orga­ni­za­cio­nes ins­ti­tu­cio­na­les adop­tan acti­tu­des mafiosas?

El cau­ti­vante tema, la manera arti­cu­lada en que Rasou­lof relata esta his­to­ria de con­te­nido social y la muy buena actua­ción de su elenco con­vier­ten a este film en uno de los más impor­tan­tes pro­ve­nien­tes de Irán que por el momento allí no puede exhi­birse dado que se encuen­tra prohi­bido por la censura.

Otro de los fil­mes des­ta­ca­dos de Un Cer­tain Regard y dis­tin­gido por el Jurado de la Crí­tica Inter­na­cio­nal es Clo­se­ness (Rusia), ópera prima de Kan­te­mir Bala­gov. El relato trans­cu­rre en 1998 en el marco de una pequeña pobla­ción judía ubi­cada en el norte de Rusia que con­vive con una comu­ni­dad musul­mana. La acción se cen­tra en. Ilana (Darya Zhov­ner), una chica judía de 24 años que tra­baja en el taller de su padre (Artem Tsy­pin). El con­flicto dra­má­tico se pro­duce cuando su her­mano David (Venia­min Kats) que está a punto de anun­ciar su com­pro­miso es secues­trado junto con su novia. Cuando los cap­to­res deman­dan una suma de dinero para su libe­ra­ción la reac­ción de la comu­ni­dad es dis­par, que­dando expues­tas las bon­da­des y mise­rias de la natu­ra­leza humana. Den­tro de ese con­texto Iliana, que siente ser una hija secun­da­ria en el afecto de sus padres, es reque­rida para que haga el sacri­fi­cio de some­terse a un matri­mo­nio arre­glado a fin de obte­ner el importe nece­sa­rio para res­ca­tar a David. Valién­dose de pri­me­ros pla­nos y con una inquieta cámara en mano Bala­gov ofrece un vigo­roso drama rea­lista que remite a cier­tos fil­mes de los her­ma­nos Dar­denne, expo­niendo a una joven de libre espí­ritu que debe enfren­tar la dura reali­dad del medio social que la circunda.

CLOSENESS

CLO­SE­NESS

Par­ti­ci­pa­ción Lati­noa­me­ri­cana

Aun­que nin­gún film de Amé­rica Latina par­ti­cipó en la com­pe­ten­cia ofi­cial, hubo varios que se cono­cie­ron en las res­tan­tes sec­cio­nes del fes­ti­val. He aquí la reseña de algu­nos de ellos.

La ópera prima La Novia del Desierto (Argentina-Chile) de Ceci­lia Atán y Vale­ria Pivato ha sido una ver­da­dera reve­la­ción a juz­gar por la cálida recep­ción reci­bida en su pro­yec­ción de prensa. La his­to­ria con­ce­bida por las rea­li­za­do­res narra en tono de tra­gi­co­me­dia la odi­sea de Teresa (Pau­lina Gar­cía), una mujer de 54 años cuya mayor parte de su vida trans­cu­rrió tra­ba­jando como empleada domés­tica en Bue­nos Aires pero que dejó de hacerlo cuando sus due­ños se vie­ron obli­ga­dos a ven­der la casa. En con­se­cuen­cia, para no estar des­em­pleada a esta altura de su vida, se ve obli­gada a acep­tar un tra­bajo simi­lar con una fami­lia que reside en San Juan. Cuando el ómni­bus que la con­duce al lugar de des­tino sufre una ave­ría durante el tra­yecto, en la for­zada parada ubi­cada no lejos del san­tua­rio de la Difunta Correa, ella pierde el bolso que lle­vaba con­sigo; en esa cir­cuns­tan­cia conoce a Miguel (Clau­dio Rissi), un ven­de­dor bona­chón que se mueve en su casa rodante y está dis­puesta a ayu­darle en la recu­pe­ra­ción del objeto per­dido. Durante esa bús­queda que se va demo­rando va aflo­rando un sen­ti­miento de mutua atrac­ción en donde ella, que hasta el momento no había cono­cido el amor, anida la espe­ranza de que su vida podría cam­biar para mejor. Sin recu­rrir a cli­ché alguno y con un final abierto, Atán y Pivato des­cri­ben con suma fineza a rela­ción a tra­vés de un relato con­ciso que se enri­quece a medida que va desa­rro­llán­dose, debido en gran parte a la remar­ca­ble expre­si­vi­dad de sus dos pro­ta­go­nis­tas. De este modo, el público asiste a un film emo­tivo y enternecedor.

LA NOVIA DEL DESIERTO

LA NOVIA DEL DESIERTO

Uno de los fil­mes que fue alta­mente pro­mo­vido antes de su pre­sen­ta­ción es La Cor­di­llera (Argentina-Francia), ter­cer opus del direc­tor argen­tino San­tiago Mitre. El tema gira en torno de las peri­pe­cias atra­ve­sa­das por Her­nán Blanco (Ricardo Darín), un novel pre­si­dente que sin tener expe­rien­cia polí­tica ante­rior debe asis­tir a una reunión cum­bre regio­nal que se cele­brará en Chile; ahí se dis­cu­tirá la polí­tica ener­gé­tica a seguir por la región y la cons­ti­tu­ción de una orga­ni­za­ción lati­noa­me­ri­cana petro­lera que tenga una gra­vi­ta­ción simi­lar como la de la OPEC a nivel mun­dial. Pre­vio a su par­tida, una nota som­bría le preo­cupa cuando su ex yerno acusa a su par­tido de cier­tas manio­bras no muy lim­pias. A la lle­gada al hotel mon­ta­ñoso del país tras­an­dino se impone que exis­ten dos posi­cio­nes com­ple­ta­mente diver­gen­tes sobre el tema a deba­tir, donde la visión del pre­si­dente mexi­cano (Daniel Gimé­nez Cacho) se opone a la del man­da­ta­rio de Bra­sil (Leo­nardo Franco), con­si­de­rado como el empe­ra­dor lati­noa­me­ri­cano debido al pre­do­mi­nio y peso polí­tico que tiene en la región. Es allí que Blanco ten­drá que adop­tar una deci­sión difí­cil a la hora de votar, situa­ción que resulta aún más com­pli­cada frente a la inter­fe­ren­cia de un repre­sen­tante de Esta­dos Uni­dos (Chris­tian Sla­ter) que trata de influir en la posi­ción que se estará debatiendo.

Si acaso ese hubiera sido el tema cen­tral del film podría decirse que lo que se mues­tra es una pin­tura bien rea­lista de lo que real­mente suele acon­te­cer en este tipo de reunio­nes, donde se recu­rre a con­fa­bu­la­cio­nes, ardi­des y demás juga­rre­tas polí­ti­cas emplea­das en tales cir­cuns­tan­cias a fin de lograr el apoyo nece­sa­rio en el momento de rea­li­zarse la vota­ción de la pro­puesta. Sin embargo, el relato se bifurca al intro­du­cir una his­to­ria que trans­cu­rre para­le­la­mente pero que de haber sido pres­cin­dida, se habría ganado mayor inten­si­dad en el resul­tado glo­bal del film; ésta gira en torno de la hija del pre­si­dente Blanco (Dolo­res Fonzi) que llega al hotel donde se encuen­tra en un estado de gran ines­ta­bi­li­dad emo­cio­nal; eso motiva a que sea objeto de un raro tra­ta­miento tera­péu­tico de hip­no­sis rea­li­zado por un psi­quia­tra chi­leno (Alfredo Cas­tro) a par­tir de allí se ori­gi­nan situa­cio­nes fan­ta­sio­sas que podrían for­mar parte de otro film com­ple­ta­mente diferente.

Los dise­ños de pro­duc­ción del film son real­mente nota­bles y las actua­cio­nes del elenco inter­na­cio­nal enca­be­zado por Darín son impecables.

Cier­ta­mente Michel Franco es un joven direc­tor que ha logrado mere­cido reco­no­ci­miento en Can­nes, sobre todo hace dos años cuando fue pre­miado por su guión en el film Chro­nic. Aquí nue­va­mente ha estre­nado Las Hijas de Abril (México) un drama que aun­que bien rea­li­zado, su his­to­ria dista de satis­fa­cer. La trama gira en torno de Clara (Joanna Lare­qui) de 34 años y su her­mana menor Vale­ria (Ana Vale­ria Bece­rril) de 17 años, viviendo en Puerto Vallarta. Cuando ésta última, ha que­dado emba­ra­zada en su rela­ción con Mateo (Enri­que Arri­zon) un mucha­cho de su misma edad, ambos deci­den no inte­rrum­pir la ges­ta­ción. A todo ello, Abril (Emma Suá­rez), la madre espa­ñola, que man­tiene una dis­tante rela­ción con sus hijas, arriba al lugar y al ente­rarse de la con­di­ción de Vale­ria, está dis­puesta a ayu­darla en la crianza de su futura nie­tita. Cuando el bebé nace, Abril adopta una acti­tud com­ple­ta­mente des­con­cer­tante al mos­trarse como un ser mons­truoso capaz de lle­gar a lími­tes insos­pe­cha­bles; así, sin el menor reparo sus­trae la cria­tura de su hija como así tam­bién no tiene empa­cho alguno para sedu­cir a su yerno. A medida que el film pro­gresa, situa­cio­nes dis­pa­ra­ta­das se van suce­diendo con­vir­tién­dolo en un pedes­tre relato de horror. Aun­que Emma Suá­rez, recien­te­mente elo­giada en “Julieta” de Almo­dó­var, cum­ple una buena labor como la mal­dita pro­ge­ni­tora, el guión del rea­li­za­dor le impide lograr que su des­hu­ma­ni­zado per­so­naje adquiera vero­si­mi­li­tud. Cabe acla­rar que no obs­tante las obje­cio­nes que merece la crí­tica rea­li­zada, este film obtuvo el Pre­mio del Jurado en la sec­ción Una Cierta Mirada.

LAS HIJAS DE ABRIL

LAS HIJAS DE ABRIL

La debu­tante rea­li­za­dora y guio­nista Nata­lia Santa deja una impre­sión muy favo­ra­ble con La Defensa del Dra­gón (Colom­bia). Con gran huma­ni­dad, Santa ilus­tra la vida coti­diana de tres hom­bres mayo­res que son ami­gos entre sí viviendo en la ciu­dad de Bogotá. El prin­ci­pal per­so­naje es Samuel (Gon­zalo de Sagar­mi­naga), un pro­fe­sor de aje­drez para quien este juego cons­ti­tuye su pasión y podría afir­marse que es tam­bién su razón de vida; ade­más de ser pro­fe­sor y un pro­di­gio en la mate­ria, todos los sába­dos a las 4 de la tarde par­ti­cipa jugando en el club de aje­drez Lás­ker ubi­cado en el cen­tro de la capi­tal colom­biana; es allí donde tiene como uno de sus con­trin­can­tes a su amigo Mar­cos (Manuel Nava­rro) quien es un médico homeó­pata adicto al póker; final­mente el ter­cero del trío es Joa­quín (Her­nán Mén­dez), un depre­sivo relo­jero. Estos tres hom­bres viven en un mundo que pre­cede al de la actual era digi­tal y a tra­vés de sus vidas reclui­das como seres soli­ta­rios que temen fra­ca­sar, la direc­tora logra una his­to­ria suma­mente atra­yente enfo­cando las carac­te­rís­ti­cas dis­tin­ti­vas de sus tres per­so­na­jes; así, en esca­sos 80 minu­tos el público llega a cono­cer­los muy bien y sobre todo a empa­ti­zar con los mis­mos. Den­tro de esa his­to­ria es intere­sante obser­var cómo el aje­drez desem­peña un papel pro­ta­gó­nico per­mi­tiendo desa­fiar y esti­mu­lar la inte­li­gen­cia de sus juga­do­res con las estra­te­gias que están obli­ga­dos a adop­tar para sobre­sa­lir en el mismo. Más allá de que se sepa cómo se mue­ven en el tablero las pie­zas de aje­drez, lo cierto es que el público se halla frente a un film amplia­mente gra­ti­fi­cante donde se des­taca la nota­ble madu­rez de Santa en su pri­mer tra­bajo profesional.

Otra intere­sante pelí­cula es La Fami­lia (Venezuela-Chile-Noruega), pri­mer lar­go­me­traje de Gus­tavo Ron­dón Cór­dova ofre­ciendo un retrato poco com­pla­ciente de algu­nos sec­to­res des­fa­vo­re­ci­dos de Cara­cas. El relato del rea­li­za­dor vene­zo­lano intro­duce a Pedro (Reg­gie Reyes), un chico de 12 años, de humilde extrac­ción social viviendo en un barrio inse­guro; cuando otro mucha­cho de su misma edad que habita en la zona trata de sus­traerle su telé­fono celu­lar blan­diendo un arma ame­na­za­dora, Pedro logra zafarse del mismo hirién­dolo en su nuca. Frente a esta dra­má­tica situa­ción y temiendo una ven­ganza, su padre Andrés (Gio­vanni Gar­cía) decide que tie­nen que dejar el barrio y tra­tar de bus­car refu­gio en otro lugar. Esa cir­cuns­tan­cia se presta para que Andrés y su hijo pue­dan lle­gar a cono­cerse mejor cimen­tando de este modo el lazo paterno-filial frente a la ausen­cia de una madre. El film refleja el clima de ten­sión exis­tente en una ciu­dad en cri­sis donde las con­di­cio­nes de mise­ria pro­mue­ven la vul­ne­ra­bi­li­dad de comu­ni­da­des mar­gi­na­les aban­do­na­das de la mano de Dios. Con efi­cien­tes intér­pre­tes no pro­fe­sio­na­les, el direc­tor ha logrado un drama social de con­si­de­ra­ble interés.

LA FAMILIA

LA FAMI­LIA

En Los Perros (Chile-Francia) la rea­li­za­dora Mar­cela Said aborda las secue­las del régi­men de Pino­chet refle­jando el enfren­ta­miento que ideo­ló­gi­ca­mente existe entre dife­ren­tes ban­dos de la pobla­ción de Chile. La direc­tora se cen­tra en Mariana (Anto­nia Zegers) una mujer de apro­xi­ma­da­mente 40 años que per­te­ne­ciendo a la alta clase de la bur­gue­sía se encuen­tra atra­pada con un marido (Rafael Spre­gel­burd) al que no quiere y un padre mani­pu­la­dor (Ale­jan­dro Sie­ve­king) que la des­pre­cia; en tal sen­tido, su frus­tra­ción pro­viene por per­te­ne­cer a una fami­lia que ella evi­den­te­mente no eli­gió. Su des­con­tento encuen­tra com­pen­sa­ción en su entu­siasmo por la equi­ta­ción donde se siente atraída por Juan (Alfredo Cas­tro) su entre­na­dor; este sexa­ge­na­rio indi­vi­duo es un ex coro­nel sos­pe­chado de exac­cio­nes come­ti­das al haberse desem­pe­ñado como jefe de un cen­tro de repre­sión en la época de la dic­ta­dura. A tra­vés de los ele­men­tos seña­la­dos, el film actua­liza el tema de la memo­ria his­tó­rica y la manera en que la jus­ti­cia ha actuado dejando impune a quie­nes habiendo come­tido atro­ci­da­des huma­nas tran­si­tan libre­mente como si nada hubiera pasado. Abor­dando a Mariana, la direc­tora ha logrado des­cri­bir una com­pleja per­so­na­li­dad que al remo­ver los lazos del pasado trata de des­em­ba­ra­zarse de las ata­du­ras que la ligan con el mundo social que la rodea inun­dado de men­ti­ras e hipocresías.