Cine­ma­nia 2017

Cró­nica de Jorge Gut­man 

Desde el 2 hasta el 12 de noviem­bre se desa­rro­llará en Mon­treal la vigé­sima ter­cera edi­ción de Cine­ma­nia, el fes­ti­val que cen­tra su aten­ción en los fil­mes fran­có­fo­nos sub­ti­tu­la­dos en inglés. Con 54 tíutlos que habrán de pre­sen­tarse la mues­tra se inau­gura con Le sens de la fête, de Eric Tole­dano y Oli­vier Naka­che, y será clau­su­rada con la a pro­yec­ción de Au Revoir Là-Haut del rea­li­za­dor Albert Dupontel. 

El fes­ti­val con­tará con la pre­sen­cia de 20 artis­tas para la pre­sen­ta­ción de sus fil­mes y entre los mis­mos se encuen­tran dos invi­ta­dos de honor; uno de ellos es el vete­rano direc­tor Claude Lelouch quien pre­sen­tará Cha­cun sa vie y el otro cineasta es Michel Haza­na­vi­cius quien asis­tirá a la pro­yec­ción de su último film Le redou­ta­ble.

He aquí un breve comen­ta­rio de 10 de los fil­mes de ori­gen fran­cés presenciados.

Un relato de índole femi­nista es lo que se apre­cia en Aurore, segundo lar­go­me­traje de la direc­tora Blan­dine Lenoir en donde se refiere a la cri­sis exis­ten­cial que puede evi­den­ciar una mujer atra­ve­sando la mediana edad. Ins­pi­rán­dose un poco en su pro­pia expe­rien­cia, Lenoir enfoca a Aurore (Agnès Jaoui) quien con sus 50 años vive un pro­ceso de cam­bio en su exis­ten­cia que la hace sen­tir inse­gura de sí misma. Habién­dose sepa­rado recien­te­mente de su marido, pre­siente una inmi­nente sole­dad en la medida que su hija mayor Marina (Sarah Suco) la hará pronto abuela y es posi­ble que aban­done el hogar, así como la menor Lucie (Lou Roy-Lecollinet) le anun­cia su inten­ción de mudarse a Bar­ce­lona siguiendo a su novio. En mate­ria labo­ral, obli­gada a dejar su empleo de cama­rera en un bar debido a la excen­tri­ci­dad de su jefe, le resulta difí­cil a su edad encon­trar otro puesto que lo reem­place. A pesar de ese cua­dro poco alen­ta­dor, la rea­li­za­dora adopta un tono opti­mista demos­trando que siem­pre existe una puerta abierta en el camino que Aurore aún le aguarda tran­si­tar. Eso se pro­duce al reen­con­trar a Chris­tophe (Thi­bault De Mon­ta­lem­bert), un impor­tante gine­có­logo que en su juven­tud había sido su pri­mer amor; la pasión que por él siente unida a la posi­bi­li­dad de reanu­dar su vida sen­ti­men­tal, revi­ta­liza su fe al aguar­dar un por­ve­nir ven­tu­roso. Den­tro del marco des­cripto, la direc­tora desea borrar el falso mito de que des­pués de las 50 pri­ma­ve­ras una mujer madura ya no es pro­duc­tiva para la socie­dad. Sin ser dema­siado pro­funda, el espec­ta­dor asiste a una buena come­dia dra­má­tica que ade­más de refres­cante y cálida posee un fino humor, encon­trando en Agnès Jaoui a la intér­prete ideal para trans­mi­tir con­vin­cen­te­mente los vai­ve­nes expe­ri­men­ta­dos por su per­so­naje. 

Agnès Jaoui en AURORE

Estruc­tu­rado como cine den­tro del cine, Mat­hieu Amalric retorna en su doble con­di­ción de rea­li­za­dor y actor en un film que home­na­jea a Bar­bara (1930 – 1997 ), una de las can­tan­tes más famo­sas de Fran­cia que uti­lizó ese nom­bre como apodó artís­tico y bau­ti­zada como Moni­que Andrée Serf. Su nota­ble popu­la­ri­dad se debió fun­da­men­tal­mente a la cla­ri­dad de su diá­fana voz y a la gran emo­ción que trans­mi­tía a la audien­cia en la inter­pre­ta­ción de sus can­cio­nes. Sin que repre­sente una bio­gra­fía tra­di­cio­nal, Amalric decide incu­rrir en momen­tos cla­ves de su vida intro­du­ciendo el per­so­naje de Yves Zand (Amalric), un direc­tor cine­ma­to­grá­fico cuya devo­ción por la can­tante lo impulsa a rea­li­zar un film sobre ella; con tal pro­pó­sito elige a una actriz lla­mada Bri­gitte (Jeanne Bali­bar) para que la per­so­ni­fi­que. En esa recrea­ción se pasa revista a algu­nas face­tas de la vida de la can­tante, inclu­yendo su infan­cia abu­siva por un padre inces­tuoso, la difí­cil rela­ción man­te­nida con su madre (Aurore Clé­ment), su par­ti­ci­pa­ción artís­tica en ensa­yos, gra­ba­cio­nes y sobre todo reve­lando su pro­di­gioso talento en las can­cio­nes y en sus letras; den­tro de ese con­texto de fic­ción se asiste igual­mente a algu­nos entre­te­lo­nes que tie­nen lugar detrás de las cáma­ras. Tanto el film como el que se desa­rro­lla en su inte­rior adopta un ritmo caó­tico donde su narra­ción no siem­pre está bien cohe­sio­nada; con todo, lo que lo dis­tin­gue es la mag­ní­fica actua­ción de Bali­bar refle­jando el talento per­fec­cio­nista de Bar­bara. Ade­más del pare­cido físico que guarda con la “dama de negro” –como solía lla­marla su público-, en su con­di­ción de actriz, can­tante y pia­nista, resulta difí­cil dis­tin­guir entre la ver­da­dera Bár­bara y la que anima Bali­bar en la medida que trans­mite mara­vi­llo­sa­mente la per­so­na­li­dad del per­so­naje que inter­preta en la ficción.

Jeanne Bali­bar y Mat­hieu Amalric en BARBARA

Un tema de can­dente actua­li­dad es el que el novel direc­tor Nico­las Sil­hol aborda en Crise R.H. (Cor­po­rate) enfo­cando las arti­ma­ñas que algu­nas orga­ni­za­cio­nes empre­sa­ria­les sue­len recu­rrir para des­pren­derse de su per­so­nal. El guión del rea­li­za­dor y de Nico­las Fle­reau ubica la acción en el depar­ta­mento de Recur­sos Huma­nos de una gigan­tesca com­pa­ñía mul­ti­na­cio­nal de Fran­cia donde su gerente es Emi­lie (remar­ca­ble inter­pre­ta­ción de Céline Salette) una com­pe­tente joven que reporta a Step­hane (Lam­bert Wil­son), el direc­tor de la uni­dad. En la medida que la firma decide pres­cin­dir parte de su per­so­nal para redu­cir sus cos­tos, en lugar de recu­rrir al des­pido que impli­ca­ría asu­mir los gas­tos de indem­ni­za­ción, decide emplear un meca­nismo sutil con­sis­tente en pre­sio­nar a sus emplea­dos, ya sea trans­fi­rién­do­los a posi­cio­nes de menor cate­go­ría o bien des­pla­zán­do­los a otras sucur­sa­les fuera del lugar donde viven; de este modo, los afec­ta­dos tra­ba­ja­do­res optan por dejar volun­ta­ria­mente su empleo. En ese con­texto se encuen­tra Emi­lie cuando cum­pliendo con las pre­ci­sas ins­truc­cio­nes dadas por su jefe arrin­cona a un exce­lente empleado quien extre­ma­da­mente ago­biado por esta situa­cioón se sui­cida en la empresa. La situa­ción se com­plica cuando Marie (Vio­laine Fumeau), la ins­pec­tora labo­ral, comienza su inves­ti­ga­ción para deter­mi­nar la causa del fatal acci­dente.
En un relato muy bien narrado, el direc­tor con­si­gue crear una atrac­tiva intriga cen­trada en Emi­lie; ago­biada de culpa frente a lo acon­te­cido, ella debe deci­dir entre con­fe­sar las cau­sas del fatal acci­dente –libe­rando así el peso de su con­cien­cia aun­que eso le impli­que ser des­pe­dida de la compañía-, o en cam­bio ocul­tar la ver­dad para pre­ser­var su empleo. Ins­pi­rado por la reali­dad socio­eco­nó­mica de Fran­cia, el rea­li­za­dor denun­cia en este drama labo­ral la des­hu­ma­ni­za­ción de las gran­des orga­ni­za­cio­nes aco­sando emo­cio­nal y moral­mente a su per­so­nal; en tal sen­tido, el pro­pó­sito del film está amplia­mente logrado.

Céline Salette y Lam­bert Wil­son en CRISE R.H

Ape­lando a algu­nos temas ya enfo­ca­dos en su rica fil­mo­gra­fía el gran direc­tor aus­tríaco Michael Haneke ofrece en Happy End un sólido relato donde lanza sus dar­dos al com­por­ta­miento de una fami­lia de la alta bur­gue­sía que habita en Calais. Allí se encuen­tra Geor­ges (Jean-Louis Trin­tig­nant), el anciano patriarca que creó una impor­tante empresa de cons­truc­ción, su hija Anne (Isa­be­lle Hup­pert) que está a cargo de la misma y su ines­ta­ble nieto Pie­rre (Franz Rogowski). En ese grupo de fami­lia igual­mente se encuen­tran Tho­mas (Mat­hieu Kas­so­vitz), el her­mano de Anne junto con Eve (Fan­tine Har­duin), una niña de 13 años pro­ducto de su pri­mer matri­mo­nio y su segunda mujer Anais (Laura Ver­lin­den). Es Eve que a pesar de su corta edad, observa el pro­ceso de desin­te­gra­ción de su fami­lia cons­ta­tando el adul­te­rio de su padre, el derrumbe de su abuelo que desea morir, los secre­tos y men­ti­ras encu­bier­tas, las hipo­cre­sías y com­pla­cen­cias reinan­tes así como la total indi­fe­ren­cia de sus mayo­res frente a lo que acon­tece a su alre­de­dor. Con la maes­tría acos­tum­brada, Haneke retrata la vio­len­cia latente donde cual­quier ele­mento inci­den­tal puede hacerla esta­llar tal como se com­pro­bará en un momento clave del relato. El título del film no puede ser más iró­nico puesto que en la visión som­bría de Haneke, tomando como refe­ren­cia la fami­lia des­cripta no existe pre­ci­sa­mente un final feliz.

Jeune Femme (Mont­par­nasse Bien­ve­nue), la ópera prima de Léo­nor Serrai­lle, se dis­tin­gue por haber sido pre­miado con la Caméra d’Or en Can­nes. En un inob­je­ta­ble guión de la joven rea­li­za­dora, se siguen las andan­zas de Paula, una chica de 31 años cuya vida frí­vola ter­mina cuando es recha­zada por su pareja, un fotó­grafo con el que con­vi­vió durante una década. A su regreso a París des­pués de una larga ausen­cia, no dis­pone de recur­sos finan­cie­ros ni fami­lia a la cual acu­dir. Siem­pre ape­gada a su gato le toca vivir una serie de paté­ti­cas expe­rien­cias, ya sea cam­biando con­ti­nua­mente de alo­ja­miento o bien teniendo que some­terse a tra­ba­jos en los que carece de pre­pa­ra­ción alguna. Si bien en apa­rien­cia el film podía haber adop­tado un carác­ter dra­má­tico, el resul­tado es una diná­mica come­dia agra­ciada por la exce­lente inter­pre­ta­ción de Lae­ti­tia Dosch carac­te­ri­zando a Paula; resulta difí­cil no empa­ti­zar con su com­por­ta­miento cuasi his­té­rico y su des­bor­dante per­so­na­li­dad donde a pesar de estar afec­ti­va­mente herida se encuen­tra dis­puesta a comen­zar una nueva vida asu­miendo una acti­tud positiva.

Le Sens de la fête (C’est la vie) de Eric Tole­dano y Oli­vier Naka­che es una agra­da­ble come­dia dis­lo­cada, pro­ta­go­ni­zada por Jean-Pierre Bacri. El actor anima a Max, un cáte­rin con 30 años de expe­rien­cia en el ofi­cio, quien en esta opor­tu­ni­dad enfrenta un desa­fío impor­tante al ocu­parse de la pla­ni­fi­ca­ción de una fiesta fas­tuosa; él debe coor­di­nar los ele­men­tos nece­sa­rios –inclu­yendo comida, bebida, cama­re­ros, fotó­grafo, can­tante, maes­tro de cere­mo­nias, etc-, para una boda espec­ta­cu­lar que tiene lugar en un cas­ti­llo fran­cés del siglo XVII. Para que el acon­te­ci­miento resulte inol­vi­da­ble y adquiera el toque mágico deseado por los novios, nada puede que­dar librado al azar. Sin embargo, durante el trans­curso del día del casa­miento en que se desa­rro­lla el relato, los pre­pa­ra­ti­vos no van desa­rro­llán­dose del modo en que Max lo había pre­visto; así, van sur­giendo impre­vis­tos incon­tro­la­bles a tra­vés de dife­ren­tes desas­tres que se van suce­diendo, haciendo peli­grar el éxito del impor­tante evento. Con un ritmo fre­né­tico y caó­tico, el relato va pre­sen­tando una gale­ría de excén­tri­cos per­so­na­jes cuyo com­por­ta­miento genera risas a gra­nel. Aun­que el relato se des­ni­vela en algu­nas ins­tan­cias y es sin duda difí­cil­mente plau­si­ble, el resul­tado final es satis­fac­to­rio gra­cias a la efi­ca­cia de una sátira que pro­vee un sano humor y en donde lige­ra­mente se refleja cierta crí­tica social. Ade­más de Bacri, el cali­fi­cado elenco de este film coral incluye a Gilles Lellou­che, Vin­cent Macaigne, Jean-Paul Rouve, Eye Haï­dara, Ben­ja­min Lavernhe y la muy buena actriz cana­diense Suzanne Clément.

Todo el elenco de LE SENS DE LA FËTE

L’Amant d’un jour (Lover for a Day) es un muy buen film de Phi­lippe Garrell quien con gran natu­ra­li­dad y depu­rado estilo expone las rela­cio­nes amo­ro­sas sepa­ra­das de un padre y su hija den­tro del marco de una muy satis­fac­to­ria tra­gi­co­me­dia que trans­cu­rre en París. El direc­tor se cen­tra en tres per­so­na­jes y la diná­mica inter­re­la­ción esta­ble­cida entre los mis­mos. La joven Jeanne (Est­her Garrel, la hija del cineasta) de 23 años, se encuen­tra des­con­so­lada al haber sido aban­do­nada por su pareja. Es por eso que se tras­lada al depar­ta­mento de Gilles, (Éric Car­na­vaca), su padre cin­cuen­tón que se desem­peña como pro­fe­sor de filo­so­fía; lo que Jeanne igno­raba es que su pro­ge­ni­tor habita con Ariane (Louise Che­vi­llotte), una de sus jóve­nes alum­nas que tiene su misma edad. Por su parte, Ariane no tiene pre­jui­cio alguno por man­te­ner rela­cio­nes sexua­les con ter­ce­ros. En los suce­si­vos enre­dos que van sur­giendo, aflo­rando los celos, la infi­de­li­dad y en donde el ver­da­dero amor se con­tra­pone con el deseo, Garrel ofrece un lúcido film explo­rando dichos tópi­cos al pro­pio tiempo que resalta las dife­ren­cias gene­ra­cio­na­les. La pelí­cula fil­mada en blanco y negro queda real­zada por la buena foto­gra­fía de Renato Berta quien capta acer­ta­da­mente dife­ren­tes ambien­tes pari­si­nos que en esta oca­sión se encuen­tran des­pro­vis­tos del acos­tum­brado gla­mour que se suele apre­ciar en esta bella ciu­dad..

Aun­que en los últi­mos años se ha notado un pro­greso en mate­ria de igua­lar los dere­chos de la mujer con los del hom­bre, la rea­li­za­dora Tonie Mars­hall demues­tra en Numéro Une (Num­ber One) que el pro­pó­sito no está logrado total­mente. En este drama femi­nista Emma­nue­lle Devos carac­te­riza a Emma­nue­lle Blan­chey, una inge­niera de 40 años que debido a su inte­li­gen­cia y devo­ción al tra­bajo ha logrado posi­cio­narse en un alto nivel eje­cu­tivo en el seno de una cor­po­ra­ción de ener­gía ubi­cada en Fran­cia. Cuando llega la hora de reem­pla­zar al direc­tor gene­ral de la com­pa­ñía por razo­nes de salud, ella –esti­mu­lada por un grupo femi­nista– decide pos­tu­larse a ese puesto; si lo lograse sería la pri­mera repre­sen­tante del sexo débil de Fran­cia en ocu­par el máximo esca­la­fón de una impor­tante orga­ni­za­ción. A tra­vés de algu­nos pro­ble­mas per­so­na­les que atra­viesa Emma­nue­lle aun­que fun­da­men­tal­mente en la feroz com­pe­ten­cia enta­blada donde se intenta dañar su repu­tación, el film ilus­tra hasta qué punto se man­tiene el chau­vi­nismo mas­cu­lino para man­te­ner el esta­tus quo; queda por ver si acaso el mérito de una mujer puede impo­nerse a la miso­gi­nia machista. A pesar de que hay cier­tos des­ajus­tes narra­ti­vos, la direc­tora quien es igual­mente la autora del guión brinda un efi­caz thri­ller polí­tico resal­tando la cul­tura sexista del mundo cor­po­ra­tivo. Ade­más de la muy buena actua­ción de Devos enca­be­zando el elenco, tam­bién se des­ta­can Richard Berry, Suzanne Clé­ment y Ben­ja­min Biolay.

Emma­nue­lle Devos en NUMÉRO UNE

Le redou­ta­ble (Redoub­ta­ble) es una ligera come­dia que enfoca la rela­ción sen­ti­men­tal de Jean Luc Godard con Anne Wia­zemsky, quien fue la pro­ta­go­nista de La chi­noise (1967) y que des­pués se con­vir­tió en su segunda esposa. Basán­dose en la auto­bio­gra­fía Un an après de Wia­zemsky, el direc­tor Michel Haza­na­vi­cius enfoca la per­so­na­li­dad del enfant terri­ble de la nou­ve­lle vague. Como con­se­cuen­cia del fra­caso de crí­tica y público de la men­cio­nada pelí­cula, simul­tá­nea­mente con los acon­te­ci­mien­tos de mayo de 1968 donde Godard se invo­lu­cra en ese movi­miento de pro­testa revo­lu­cio­na­rio, Godard (Louis Garrel) medita sobre el rumbo a seguir en sus futu­ros pro­yec­tos. El film des­cribe la forma en que Anne (Stacy Mar­tin) en su breve matri­mo­nio con el direc­tor, lo evoca refle­jando sus dudas, angus­tias y tor­men­tos que lo con­du­je­ron a un intento de sui­ci­dio, y cómo su iden­ti­fi­ca­ción con la doc­trina maoísta reper­cu­tió en los fil­mes que pos­te­rior­mente realizó adop­tando un cri­te­rio radi­cal en el que rompe por com­pleto con el cine tra­di­cio­nal.
El rea­li­za­dor retrata a un Godard ego­cén­trico, nar­ci­sista e inte­lec­tual­mente arro­gante que menos­pre­cia a quie­nes no pien­san como él; al hacerlo, uti­liza un tono de humor sar­cás­tico que a veces bor­dea en lo cari­ca­tu­resco y que no siem­pre logra el pro­pó­sito per­se­guido. En esen­cia, sin tras­cen­der dema­siado, Haza­na­vi­cius brinda un relato livia­na­mente entre­te­nido que se apre­cia fun­da­men­tal­mente por la exce­lente carac­te­ri­za­ción que Garrel rea­liza de quien es con­si­de­rado como uno de los mayo­res pre­cur­so­res del cine de van­guar­dia. 

Habiendo sido calu­ro­sa­mente aco­gida en la Quin­cena de Rea­li­za­do­res de Can­nes la pelí­cula Un beau soleil inté­rieur (Let the Suns­hine In) res­ponde muy bien a su título dado que irra­dia una gran lumi­no­si­dad en la estu­penda actua­ción pro­ta­gó­nica de Juliette Bino­che. El film diri­gido por Claire Denis pre­senta a Isa­be­lle (Bino­che), una artista plás­tica divor­ciada que tiene a su cargo una niña de 10 años com­par­tida con su ex marido (Lau­rent Gré­vill). Aun­que desde su sepa­ra­ción no ha vuelto a vivir en pareja, eso no le impide para que oca­sio­nal­mente satis­faga sus deseos sexua­les con dife­ren­tes hom­bres. El guión de la rea­li­za­dora y Chris­tine Argot, basado en Frag­men­tos de un dis­cuso amo­roso de Roland Bart­hes, sigue sus peri­pe­cias sen­ti­men­ta­les en la bús­queda de un gran amor a tra­vés de los víncu­los man­te­ni­dos, entre otros, con un ban­quero casado (Xavier Beau­vois), un actor (Nico­las Duvau­che­lle) más joven que ella, y con un amigo del medio artís­tico (Bruno Podaly­des). Aun­que nin­guno de sus oca­sio­na­les aman­tes lle­ga­rán a col­mar su frus­tra­ción, final­mente encon­trará una luz de espe­ranza en un bri­llante tête à tête que man­tiene con Gérard Depar­dieu; haciendo el recuento de las aven­tu­ras amo­ro­sas por ella vivi­das, ese encuen­tro le per­mi­tirá reco­brar la con­fianza en sí misma al sur­gir en ella un sol inte­rior que le per­mi­tirá vis­lum­brar un futuro más opti­mista. En todo ese queha­cer Bino­che trans­mite todos los mati­ces de su vul­ne­ra­ble y frá­gil per­so­naje des­ti­lando una inmensa sen­si­bi­li­dad y ter­nura. En esen­cia, la rea­li­za­dora ofrece un cla­ri­vi­dente film que equi­li­bra armo­nio­sa­mente el drama con un pun­zante humor. 

Juliette Bino­che en UN BEAU SOLEIL INTÉRIEUR

Para una lista com­pleta de las pelí­cu­las pro­gra­ma­das, las salas y los hora­rios en que serán exhi­bi­das y todas las acti­vi­da­des vin­cu­la­das con el fes­ti­val, diri­girse al sitio  festivalcinemania.com

Secre­tos Indiscretos

Cró­nica de Jorge Gut­man

LES SECRETS DE LA PETITE ITA­LIE – Autor: Steve Galluc­cio — Direc­ción: Moni­que Duceppe — Elenco: Davide Chiaz­zese, François-Xavier Dufour, Michel Dumont, Roger La Rue, Danièle Lorain, Marie Michaud y Pas­cale Mon­treuil – Esce­no­gra­fía y Acce­so­rios: Nor­mand Blais — Ves­tua­rio: Pierre-Guy Lapointe — Ilu­mi­na­ción: Éric Duval – Música: Chris­tian Tho­mas. Dura­ción: 1h 25, sin entre­acto. Repre­sen­ta­cio­nes: Hasta el 2 de diciem­bre de 2017 en el Théâ­tre Duceppe (www.duceppe.com)

Steve Galluc­cio que se dio a conoce como dra­ma­turgo con Mambo Ita­liano (2001) y Les Chro­ni­ques de Saint Léo­nard (2013) retorna aquí con Les Secrets de la Petite Ita­lie en donde una vez más cen­tra su relato en per­so­na­jes per­te­ne­cien­tes a la comu­ni­dad ita­liana de Mon­treal. Así como en Mambo Ita­liano abordó el tema de la homo­se­xua­li­dad den­tro del seno de una fami­lia ita­liana con­ser­va­dora, en este caso encara la tran­se­xua­li­dad. Al hacerlo urde una trama bas­tante discutible.

(Foto de Caro­line Laberge)

En el atar­de­cer de un domingo Tony (Roger La Rue), un hom­bre de mediana edad viviendo con su mujer Amanda y su nona­ge­na­rio padre Lino (Michel Dumont) que yace en silla de rue­das, está muy preo­cu­pado por­que su esposa aún no ha regre­sado al hogar; esa inquie­tud la trans­mite a sus alle­ga­dos que van lle­gando al lugar. Entre los mis­mos se encuen­tran su hijo Steve (Davide Chiaz­zese) y su esposa Cris­tina (Pas­cale Mon­treuil), Lia (Danièle Lorain) quien es amiga de la fami­lia y dueña de un café en la Pequeña Ita­lia como así tam­bién Mara (Marie Michaud), otra de las amis­ta­des del núcleo fami­liar. Durante la media hora ini­cial, el relato trans­cu­rre en con­ver­sa­cio­nes bana­les entre los allí pre­sen­tes donde la ansie­dad de Tony por saber de su mujer se vuelve más intensa. Hasta aquí no hay nada espe­cial para resal­tar salvo que los cli­sés abun­dan a gra­nel y como en sus ante­rio­res pie­zas Galluc­cio se solaza cari­ca­tu­ri­zando a sus per­so­na­jes donde en este caso recu­rre a diá­lo­gos que se esti­ran con situa­cio­nes de come­dia caren­tes de gracia.

Roger La Rue y Michel Dumont. (Foto de Caro­line Laberge)

La acción cobra impulso con la lle­gada de Marco (François-Xavier Dufuour), el hijo de Tony que a los 16 años de edad fue echado de su hogar a puro golpe por su padre por­que solía ves­tirse de mujer. En ese enton­ces esa acti­tud per­ma­ne­ció como un secreto de fami­lia por­que nunca vol­vió a men­cio­narse su nom­bre, como si no hubiese jamás exis­tido. La sor­presa es ahora muy grande cuando él irrumpe des­pués de 10 años de ausen­cia como Ivana tras haber cam­biado de sexo. Aun­que reci­bido fría­mente por los suyos que al prin­ci­pio no admi­ten reco­no­cerlo, ella comienza len­ta­mente a ven­garse por el sufri­miento pade­cido en ese inhu­mano des­tie­rro del que fue objeto. En el ajuste de cuen­tas que rea­liza gra­dual­mente Ivana va con­tro­lando la situa­ción del grupo que le rodea a tra­vés de las reve­la­cio­nes que van sur­giendo de su relato; allí que­dan expues­tas las men­ti­ras, con­tra­dic­cio­nes, infi­de­li­dad, des­ho­nes­ti­dad e hipo­cre­sía como asi­mismo los pre­jui­cios sexua­les de sus integrantes.

Como ya lo ha hecho en oca­sio­nes ante­rio­res, pare­ciera que el autor se com­place en des­cri­bir la mise­ria de fami­lias ita­lia­nas dis­fun­cio­na­les de Mon­treal; pero en este caso lo efec­túa acu­diendo a reso­lu­cio­nes melo­dra­má­ti­cas poco con­vin­cen­tes ten­dien­tes a crear una arti­fi­cial emo­ción. Con todo es nece­sa­rio con­si­de­rar que sólo dos per­so­na­jes resul­tan com­ple­ta­mente creí­bles. Uno de los mis­mos es Ivana que busca la acep­ta­ción tal cual ella es por parte de su des­al­mado padre; el otro per­so­naje enno­ble­ce­dor es el del anciano patriarca que logra con­mo­ver con los recuer­dos de los horro­res pasa­dos en la guerra.

El título de la obra des­pierta curio­si­dad por­que los “secre­tos” de su trama podrían tener lugar en cual­quier otro sitio de Mon­treal y no nece­sa­ria­mente “la petite Ita­lie”. Ade­más resulta muy curioso que sus per­so­na­jes no evi­den­cien el acento ita­liano carac­te­rís­tico de los habi­tan­tes de ese dis­trito sino que lo hacen con el típico acento quebequense.

Dadas las limi­ta­cio­nes de un texto poco con­vin­cente, los acto­res se desem­pe­ñan correc­ta­mente. De todos modos, por las razo­nes men­cio­na­das pre­via­mente se des­taca François-Xavier Dufuour brin­dando todos los mati­ces de un per­so­naje que des­pierta ter­nura, como así tam­bién la del vete­rano Michel Dumont como un anciano que a pesar de su seni­li­dad es lo sufi­cien­te­mente lucido para apre­ciar lo que acon­tece en el seno de su familia.

Con­clu­sión: Un drama a la ita­liana poco satisfactorio

Un Gran Educador

LES GRANDS ESPRITS. Fran­cia, 2016. Un film escrito y diri­gido por Oli­vier Ayache-Vidal

Una vez más el cine fran­cés con­si­dera el tema de la edu­ca­ción esco­lar a tra­vés de docen­tes que vuel­can su pasión para cum­plir con la noble misión de trans­mi­tir cono­ci­miento a quie­nes les asis­ten el legí­timo dere­cho de reci­bir una buena edu­ca­ción formal.

Denis Podaly­dès

En tal sen­tido Les Grands Esprits es un noble film donde el direc­tor Oli­ver Ayache-Vidal ofrece su visión per­so­nal sobre el fun­cio­na­miento del sis­tema edu­ca­cio­nal de Fran­cia. El per­so­naje cen­tral es Fra­nçois Fou­cault (Denis Podaly­dès), un buen y exi­gente pro­fe­sor de lite­ra­tura que se desem­peña en un pres­ti­gioso liceo de París. Razo­nes aje­nas a su volun­tad lo obli­gan a tener que acep­tar su trans­fe­ren­cia por un período de un año a una escuela sub­ur­bana donde el alum­nado está inte­grado por estu­dian­tes per­te­ne­cien­tes a fami­lias muy humil­des. A todas luces resulta evi­dente el gran con­traste socio-cultural que existe entre el medio ambiente en el que Fou­cault habi­tual­mente se desem­peña y el que ahora le toca actuar. Así debe afron­tar la difí­cil tarea de vin­cu­larse con un alum­nado com­ple­ta­mente indis­ci­pli­nado que le mani­fiesta su hos­ti­li­dad y des­con­fianza. Esa acti­tud no está exclu­si­va­mente diri­gida a él sino tam­bién es expe­ri­men­tada por sus otros cole­gas; de allí que no resulta extraño la inter­ven­ción del comité dis­ci­pli­na­rio del esta­ble­ci­miento apli­cando en cier­tos casos san­cio­nes de severa dureza.

Pron­ta­mente el docente cons­tata que sus méto­dos de ense­ñanza apli­ca­dos en París no se ajus­tan al nuevo ambiente esco­lar. Entre sus alum­nos más com­pli­ca­dos se encuen­tra Sey­dou (Abdou­laye Dia­llo), un ado­les­cente de ori­gen afri­cano con serios pro­ble­mas de con­ducta. Teniendo en claro que debe lidiar con estu­dian­tes pro­ve­nien­tes de hoga­res des­fa­vo­re­ci­dos Fou­cault adquiere plena viven­cia de la reali­dad social en que se está desen­vol­viendo; en con­se­cuen­cia, rea­liza el máximo esfuerzo para lograr el acer­ca­miento con el per­tur­ba­dor Sey­dou. La per­sis­ten­cia y buena volun­tad del pro­fe­sor per­mi­tirá que al fina­li­zar el año esco­lar haya logrado ele­var el espí­ritu del mucha­cho y de la clase en gene­ral como al pro­pio tiempo con­se­guirá expre­sar en mejor medida sus emo­cio­nes al refle­jar los nobles sen­ti­mien­tos que lo animan.

Este drama trans­mite veraz­mente la situa­ción que atra­vie­san los edu­ca­do­res como Fou­cault y sus cole­gas frente a un dis­cu­ti­ble sis­tema edu­ca­tivo donde no sola­mente enfren­tan la falta de apoyo de las auto­ri­da­des esco­la­res sino tam­bién la de los padres de los alumnos.

Con un guión cohe­rente y fluido del rea­li­za­dor, el film ofrece varios tópi­cos que se apres­tan a la refle­xión como así tam­bién para su dis­cu­sión pos­te­rior des­pués de su pro­yec­ción; entre ellos, surge la pre­gunta si acaso es mejor expul­sar a un ado­les­cente de la escuela debido a su con­ducta rebelde y expo­nerlo a que pueda lle­gar a a ser un poten­cial delin­cuente, o en cam­bio adop­tar medi­das más con­ci­lia­to­rias para tra­tar de pro­te­gerlo y con­se­guir que su edu­ca­ción le per­mita alcan­zar un futuro más venturoso.

Ayache-Vidal ha logrado un film serio y honesto de con­te­nido social con­tando con un buen elenco enca­be­zado por Podaly­dès quien mag­ní­fi­ca­mente tras­ciende cómo un edu­ca­dor de alma capaz de influir posi­ti­va­mente en la con­ducta y apren­di­zaje de sus alum­nos. Jorge Gut­man

Un Bello Home­naje a Yves Montand

Cró­nica de Jorge Gut­man

WIL­SON CHANTE MON­TAND.  –  Intér­prete: Lam­bert Wil­son —  Direc­ción Escé­nica: Chris­tian Schia­retti – - Direc­ción Musi­cal y Arre­glos: Bruno Fon­taine - Ilu­mi­na­ción: Tony Weber – Músi­cos: Bruno Fon­taine, Pierre-Alain Toca­nier, Chris­tophe Wallemme, Armance Quero, Roland Pin­sard, Bap­tiste Germ­ser – Dura­ción: 2 horas, sin entre­acto. Repre­sen­ta­cio­nes: Hasta el 5 de noviem­bre de 2017 en el Théâ­tre du Nou­veau Monde (www.tnm.qc.ca)

(Foto de Vin­cent Peters)

Des­pués de haber efec­tuado una exi­tosa gira en Fran­cia, el talen­toso actor fran­cés Lam­bert Wil­son llegó a Mon­treal para pre­sen­tar el mismo espec­táculo donde rinde un emo­tivo tri­buto al recor­dado actor y can­tante Yves Mon­tand a 26 años de su deceso.

Revi­viendo la per­so­na­li­dad de Mon­tand a tra­vés de su reper­to­rio musi­cal, Wil­son no se con­tentó con inter­pre­tar única­mente sus can­cio­nes pre­di­lec­tas sino que al mismo tiempo insertó poe­mas escri­tos por el renom­brado escri­tor Jorge Sem­prún, uno de sus gran­des ami­gos. De este modo lo que se con­tem­pla es un ori­gi­nal y valioso espec­táculo de tea­tro musical.

A par­tir del momento en que el come­diante hace su apa­ri­ción en el esce­na­rio logra impre­sio­nar viva­mente inter­pre­tando La Grande Cité, la pri­mera de un total de 26 can­cio­nes. De inme­diato comienza a con­tar la vida de Ivo Livi, el ver­da­dero nom­bre de Yves Mon­tand, nacido en Tos­cana en el hogar de una fami­lia humilde que emi­gró de Ita­lia a Fran­cia, a los pocos años de su naci­miento; es allí donde se refiere a las pri­me­ras expe­rien­cias atra­ve­sa­das en el país adop­tado en su con­di­ción de inmi­grante. La his­to­ria pro­se­guirá narrán­dose entre cada can­ción donde Wil­son con vehe­mente pasión y envi­dia­ble entu­siasmo trans­mite pal­pi­tante emo­ción a la pla­tea que lo observa.

(Foto de Vin­cent Peters)

Con su pre­sen­cia caris­má­tica que en mucho se ase­meja a la de Mon­tand, Wil­son con­firma que ade­más de exce­lente actor de cine es tam­bién un afian­zado voca­lista refle­jado en la cla­ri­dad de su tim­bre vocal y su per­fecta dic­ción. Entre otros clá­si­cos, se luce can­tando La Bicy­clette, Ā Paris, Le Temps des ceri­ses, Les Feui­lles mor­tes, así como algu­nos temas no muy cono­ci­dos como San­guine com­po­si­ción de Henri Cro­lla y Jac­ques Pré­vert, y Casse-tête, com­puesto por r Gébé y Philippe-Gérard. A tra­vés de sus ges­tos, des­pla­za­mien­tos, pasos de baile y ade­cua­dos brin­cos para resal­tar la letra con­te­nida en las dife­ren­tes melo­días, el tour de force del actor es sor­pren­dente, teniendo en cuenta que per­ma­nece en escena durante dos horas inin­te­rrum­pi­das; a lo largo del mismo su his­trio­nismo per­mite que en todo momento exista una total empa­tía entre él y la audiencia.

A los logros de Wil­son debe agre­garse la muy buena puesta escé­nica de Chris­tian Schia­retti quien con­tri­buyó para que este evento cobre nota­ble flui­dez. Igual­mente impor­tante es la con­tri­bu­ción del direc­tor musi­cal Bruno Fon­taine quien con sus arre­glos per­mite que la música adopte la moda­li­dad del jazz; ade­más, como exce­lente pia­nista inte­gra un con­junto con otros cinco ins­tru­men­tis­tas logrando que su banda musi­cal adquiera la fuerza de una pequeña orquesta sinfónica.

Con­clu­sión: Con sen­ci­llez y sofis­ti­ca­ción al mismo tiempo, el público asiste a un jubi­loso espec­táculo poé­tico musi­cal, donde Wil­son, sin imi­tarlo, revive de manera impe­ca­ble al inol­vi­da­ble Montand.

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Los Cole­ta­zos de la Guerra

THANK YOU FOR YOUR SER­VICE. Esta­dos Uni­dos, 2017. Un film de Jason Hall

En más de una opor­tu­ni­dad el cine ha con­si­de­rado el difí­cil pro­blema de adap­ta­ción de quie­nes han ser­vido en la gue­rra y que tra­tan de readap­tarse a la vida civil. Desde ese punto de vista Thank You For Your Ser­vice no aporta algo nove­doso; con todo llega a dis­tin­guirse por su buen guión y efi­ciente narración.

Haley Ben­nett y Miles Teller

El rea­li­za­dor Jason Hall se basó en el libro homó­nimo del perio­dista David Fin­kel para con­si­de­rar acon­te­ci­mien­tos que efec­ti­va­mente han ocu­rrido. La acción trans­cu­rre en 2007 donde des­pués de las pri­me­ras esce­nas de vio­len­cia que acon­te­cen en Irak, tres vete­ra­nos de gue­rra retor­nan jun­tos a sus hoga­res. De los tres, Adam Schu­mann (Miles Teller) que ha sido un sar­gento en Irak, es quien al prin­ci­pio se siente más con­for­ta­ble al reunirse con su esposa Sas­kia (Haley Ben­nett) y sus dos peque­ños hijos. Dife­rente es la situa­ción de sus dos cama­ra­das, Solo Aieti (Beu­lah Koale) y Will Waller (Joe Cole) quie­nes se encuen­tran hon­da­mente afec­ta­dos por el tras­torno de estrés pos­trau­má­tico. A los pocos minu­tos de metraje, Will quien se encuen­tra, psi­co­ló­gi­ca­mente per­tur­bado y amar­gado por­que com­prueba que su novia lo aban­donó, se quita la vida en su pre­sen­cia en una des­ga­rra­dora escena; por su parte, Solo, con serias lagu­nas en su memo­ria debido a heri­das que reci­bió en su cabeza, expe­ri­menta invo­lun­ta­rias explo­sio­nes de furia.

El relato que cen­tra su mayor aten­ción en Adam, refleja cómo len­ta­mente los recuer­dos de gue­rra, com­ple­jos y car­gos de con­cien­cia sobre situa­cio­nes acon­te­ci­das en Irak van con­vir­tién­dolo en un indi­vi­duo com­ple­ta­mente vul­ne­ra­ble, preso de alu­ci­na­cio­nes y que final­mente cae en un estado depre­sivo a pesar de con­tar con el extra­or­di­na­rio apoyo moral de su esposa.

Si bien estos sol­da­dos a su arribo son aco­gi­dos cáli­da­mente y pue­den ser mere­ce­do­res de meda­llas de gue­rra, la reali­dad es otra cuando desean reci­bir los bene­fi­cios de los pro­gra­mas de ayuda del Depar­ta­mento de Asun­tos de los Vete­ra­nos; es allí donde deben some­terse a una buro­cra­cia infer­nal y tener la pacien­cia de aguar­dar varios meses para obte­ner esos ser­vi­cios debido a los miles de pedi­dos de atraso existentes.

El direc­tor aborda estos dra­má­ti­cos tópi­cos en forma sobria y si bien no ofrece res­puesta alguna a los pro­ble­mas plan­tea­dos deja la impre­sión de que quie­nes pres­tan ser­vi­cio a la patria expo­niendo sus vidas, des­pués de reci­bir las gra­cias por los ser­vi­cios pres­ta­dos pasan al olvido o bien son con­si­de­ra­dos como un número más al reque­rir ayuda estatal.

En líneas gene­ra­les, la inter­pre­ta­ción es muy buena. Teller pro­vee elo­cuen­cia y nota­ble expre­si­vi­dad en su per­so­niaje, con­fir­mando sus dotes inter­pre­ta­ti­vas, tal como lo hiciera en  Whi­plash y recien­te­mente en Only The Brave (aún en car­tel); Koale ofrece total con­vic­ción trans­mi­tiendo las heri­das psi­co­ló­gi­cas y físi­cas sufri­das de su per­so­naje y Ben­nett –como la esposa de Adam– ofrece una carac­te­ri­za­ción plena de mati­ces al ver cómo la gue­rra lo ha afec­tado y de qué modo eso llega a reper­cu­tir en el ámbito matri­mo­nial y familiar.

Des­ta­cando la huma­ni­dad de sus per­so­na­jes, el direc­tor deja abierto un final espe­ran­za­dor rin­diendo un mere­cido tri­buto a los vete­ra­nos de gue­rra. Jorge Gut­man