Cine­ma­nia 2017

Cró­nica de Jorge Gut­man 

Desde el 2 hasta el 12 de noviem­bre se desa­rro­llará en Mon­treal la vigé­sima ter­cera edi­ción de Cine­ma­nia, el fes­ti­val que cen­tra su aten­ción en los fil­mes fran­có­fo­nos sub­ti­tu­la­dos en inglés. Con 54 tíutlos que habrán de pre­sen­tarse la mues­tra se inau­gura con Le sens de la fête, de Eric Tole­dano y Oli­vier Naka­che, y será clau­su­rada con la a pro­yec­ción de Au Revoir Là-Haut del rea­li­za­dor Albert Dupontel. 

El fes­ti­val con­tará con la pre­sen­cia de 20 artis­tas para la pre­sen­ta­ción de sus fil­mes y entre los mis­mos se encuen­tran dos invi­ta­dos de honor; uno de ellos es el vete­rano direc­tor Claude Lelouch quien pre­sen­tará Cha­cun sa vie y el otro cineasta es Michel Haza­na­vi­cius quien asis­tirá a la pro­yec­ción de su último film Le redou­ta­ble.

He aquí un breve comen­ta­rio de 10 de los fil­mes de ori­gen fran­cés presenciados.

Un relato de índole femi­nista es lo que se apre­cia en Aurore, segundo lar­go­me­traje de la direc­tora Blan­dine Lenoir en donde se refiere a la cri­sis exis­ten­cial que puede evi­den­ciar una mujer atra­ve­sando la mediana edad. Ins­pi­rán­dose un poco en su pro­pia expe­rien­cia, Lenoir enfoca a Aurore (Agnès Jaoui) quien con sus 50 años vive un pro­ceso de cam­bio en su exis­ten­cia que la hace sen­tir inse­gura de sí misma. Habién­dose sepa­rado recien­te­mente de su marido, pre­siente una inmi­nente sole­dad en la medida que su hija mayor Marina (Sarah Suco) la hará pronto abuela y es posi­ble que aban­done el hogar, así como la menor Lucie (Lou Roy-Lecollinet) le anun­cia su inten­ción de mudarse a Bar­ce­lona siguiendo a su novio. En mate­ria labo­ral, obli­gada a dejar su empleo de cama­rera en un bar debido a la excen­tri­ci­dad de su jefe, le resulta difí­cil a su edad encon­trar otro puesto que lo reem­place. A pesar de ese cua­dro poco alen­ta­dor, la rea­li­za­dora adopta un tono opti­mista demos­trando que siem­pre existe una puerta abierta en el camino que Aurore aún le aguarda tran­si­tar. Eso se pro­duce al reen­con­trar a Chris­tophe (Thi­bault De Mon­ta­lem­bert), un impor­tante gine­có­logo que en su juven­tud había sido su pri­mer amor; la pasión que por él siente unida a la posi­bi­li­dad de reanu­dar su vida sen­ti­men­tal, revi­ta­liza su fe al aguar­dar un por­ve­nir ven­tu­roso. Den­tro del marco des­cripto, la direc­tora desea borrar el falso mito de que des­pués de las 50 pri­ma­ve­ras una mujer madura ya no es pro­duc­tiva para la socie­dad. Sin ser dema­siado pro­funda, el espec­ta­dor asiste a una buena come­dia dra­má­tica que ade­más de refres­cante y cálida posee un fino humor, encon­trando en Agnès Jaoui a la intér­prete ideal para trans­mi­tir con­vin­cen­te­mente los vai­ve­nes expe­ri­men­ta­dos por su per­so­naje. 

Agnès Jaoui en AURORE

Estruc­tu­rado como cine den­tro del cine, Mat­hieu Amalric retorna en su doble con­di­ción de rea­li­za­dor y actor en un film que home­na­jea a Bar­bara (1930 – 1997 ), una de las can­tan­tes más famo­sas de Fran­cia que uti­lizó ese nom­bre como apodó artís­tico y bau­ti­zada como Moni­que Andrée Serf. Su nota­ble popu­la­ri­dad se debió fun­da­men­tal­mente a la cla­ri­dad de su diá­fana voz y a la gran emo­ción que trans­mi­tía a la audien­cia en la inter­pre­ta­ción de sus can­cio­nes. Sin que repre­sente una bio­gra­fía tra­di­cio­nal, Amalric decide incu­rrir en momen­tos cla­ves de su vida intro­du­ciendo el per­so­naje de Yves Zand (Amalric), un direc­tor cine­ma­to­grá­fico cuya devo­ción por la can­tante lo impulsa a rea­li­zar un film sobre ella; con tal pro­pó­sito elige a una actriz lla­mada Bri­gitte (Jeanne Bali­bar) para que la per­so­ni­fi­que. En esa recrea­ción se pasa revista a algu­nas face­tas de la vida de la can­tante, inclu­yendo su infan­cia abu­siva por un padre inces­tuoso, la difí­cil rela­ción man­te­nida con su madre (Aurore Clé­ment), su par­ti­ci­pa­ción artís­tica en ensa­yos, gra­ba­cio­nes y sobre todo reve­lando su pro­di­gioso talento en las can­cio­nes y en sus letras; den­tro de ese con­texto de fic­ción se asiste igual­mente a algu­nos entre­te­lo­nes que tie­nen lugar detrás de las cáma­ras. Tanto el film como el que se desa­rro­lla en su inte­rior adopta un ritmo caó­tico donde su narra­ción no siem­pre está bien cohe­sio­nada; con todo, lo que lo dis­tin­gue es la mag­ní­fica actua­ción de Bali­bar refle­jando el talento per­fec­cio­nista de Bar­bara. Ade­más del pare­cido físico que guarda con la “dama de negro” –como solía lla­marla su público-, en su con­di­ción de actriz, can­tante y pia­nista, resulta difí­cil dis­tin­guir entre la ver­da­dera Bár­bara y la que anima Bali­bar en la medida que trans­mite mara­vi­llo­sa­mente la per­so­na­li­dad del per­so­naje que inter­preta en la ficción.

Jeanne Bali­bar y Mat­hieu Amalric en BARBARA

Un tema de can­dente actua­li­dad es el que el novel direc­tor Nico­las Sil­hol aborda en Crise R.H. (Cor­po­rate) enfo­cando las arti­ma­ñas que algu­nas orga­ni­za­cio­nes empre­sa­ria­les sue­len recu­rrir para des­pren­derse de su per­so­nal. El guión del rea­li­za­dor y de Nico­las Fle­reau ubica la acción en el depar­ta­mento de Recur­sos Huma­nos de una gigan­tesca com­pa­ñía mul­ti­na­cio­nal de Fran­cia donde su gerente es Emi­lie (remar­ca­ble inter­pre­ta­ción de Céline Salette) una com­pe­tente joven que reporta a Step­hane (Lam­bert Wil­son), el direc­tor de la uni­dad. En la medida que la firma decide pres­cin­dir parte de su per­so­nal para redu­cir sus cos­tos, en lugar de recu­rrir al des­pido que impli­ca­ría asu­mir los gas­tos de indem­ni­za­ción, decide emplear un meca­nismo sutil con­sis­tente en pre­sio­nar a sus emplea­dos, ya sea trans­fi­rién­do­los a posi­cio­nes de menor cate­go­ría o bien des­pla­zán­do­los a otras sucur­sa­les fuera del lugar donde viven; de este modo, los afec­ta­dos tra­ba­ja­do­res optan por dejar volun­ta­ria­mente su empleo. En ese con­texto se encuen­tra Emi­lie cuando cum­pliendo con las pre­ci­sas ins­truc­cio­nes dadas por su jefe arrin­cona a un exce­lente empleado quien extre­ma­da­mente ago­biado por esta situa­cioón se sui­cida en la empresa. La situa­ción se com­plica cuando Marie (Vio­laine Fumeau), la ins­pec­tora labo­ral, comienza su inves­ti­ga­ción para deter­mi­nar la causa del fatal acci­dente.
En un relato muy bien narrado, el direc­tor con­si­gue crear una atrac­tiva intriga cen­trada en Emi­lie; ago­biada de culpa frente a lo acon­te­cido, ella debe deci­dir entre con­fe­sar las cau­sas del fatal acci­dente –libe­rando así el peso de su con­cien­cia aun­que eso le impli­que ser des­pe­dida de la compañía-, o en cam­bio ocul­tar la ver­dad para pre­ser­var su empleo. Ins­pi­rado por la reali­dad socio­eco­nó­mica de Fran­cia, el rea­li­za­dor denun­cia en este drama labo­ral la des­hu­ma­ni­za­ción de las gran­des orga­ni­za­cio­nes aco­sando emo­cio­nal y moral­mente a su per­so­nal; en tal sen­tido, el pro­pó­sito del film está amplia­mente logrado.

Céline Salette y Lam­bert Wil­son en CRISE R.H

Ape­lando a algu­nos temas ya enfo­ca­dos en su rica fil­mo­gra­fía el gran direc­tor aus­tríaco Michael Haneke ofrece en Happy End un sólido relato donde lanza sus dar­dos al com­por­ta­miento de una fami­lia de la alta bur­gue­sía que habita en Calais. Allí se encuen­tra Geor­ges (Jean-Louis Trin­tig­nant), el anciano patriarca que creó una impor­tante empresa de cons­truc­ción, su hija Anne (Isa­be­lle Hup­pert) que está a cargo de la misma y su ines­ta­ble nieto Pie­rre (Franz Rogowski). En ese grupo de fami­lia igual­mente se encuen­tran Tho­mas (Mat­hieu Kas­so­vitz), el her­mano de Anne junto con Eve (Fan­tine Har­duin), una niña de 13 años pro­ducto de su pri­mer matri­mo­nio y su segunda mujer Anais (Laura Ver­lin­den). Es Eve que a pesar de su corta edad, observa el pro­ceso de desin­te­gra­ción de su fami­lia cons­ta­tando el adul­te­rio de su padre, el derrumbe de su abuelo que desea morir, los secre­tos y men­ti­ras encu­bier­tas, las hipo­cre­sías y com­pla­cen­cias reinan­tes así como la total indi­fe­ren­cia de sus mayo­res frente a lo que acon­tece a su alre­de­dor. Con la maes­tría acos­tum­brada, Haneke retrata la vio­len­cia latente donde cual­quier ele­mento inci­den­tal puede hacerla esta­llar tal como se com­pro­bará en un momento clave del relato. El título del film no puede ser más iró­nico puesto que en la visión som­bría de Haneke, tomando como refe­ren­cia la fami­lia des­cripta no existe pre­ci­sa­mente un final feliz.

Jeune Femme (Mont­par­nasse Bien­ve­nue), la ópera prima de Léo­nor Serrai­lle, se dis­tin­gue por haber sido pre­miado con la Caméra d’Or en Can­nes. En un inob­je­ta­ble guión de la joven rea­li­za­dora, se siguen las andan­zas de Paula, una chica de 31 años cuya vida frí­vola ter­mina cuando es recha­zada por su pareja, un fotó­grafo con el que con­vi­vió durante una década. A su regreso a París des­pués de una larga ausen­cia, no dis­pone de recur­sos finan­cie­ros ni fami­lia a la cual acu­dir. Siem­pre ape­gada a su gato le toca vivir una serie de paté­ti­cas expe­rien­cias, ya sea cam­biando con­ti­nua­mente de alo­ja­miento o bien teniendo que some­terse a tra­ba­jos en los que carece de pre­pa­ra­ción alguna. Si bien en apa­rien­cia el film podía haber adop­tado un carác­ter dra­má­tico, el resul­tado es una diná­mica come­dia agra­ciada por la exce­lente inter­pre­ta­ción de Lae­ti­tia Dosch carac­te­ri­zando a Paula; resulta difí­cil no empa­ti­zar con su com­por­ta­miento cuasi his­té­rico y su des­bor­dante per­so­na­li­dad donde a pesar de estar afec­ti­va­mente herida se encuen­tra dis­puesta a comen­zar una nueva vida asu­miendo una acti­tud positiva.

Le Sens de la fête (C’est la vie) de Eric Tole­dano y Oli­vier Naka­che es una agra­da­ble come­dia dis­lo­cada, pro­ta­go­ni­zada por Jean-Pierre Bacri. El actor anima a Max, un cáte­rin con 30 años de expe­rien­cia en el ofi­cio, quien en esta opor­tu­ni­dad enfrenta un desa­fío impor­tante al ocu­parse de la pla­ni­fi­ca­ción de una fiesta fas­tuosa; él debe coor­di­nar los ele­men­tos nece­sa­rios –inclu­yendo comida, bebida, cama­re­ros, fotó­grafo, can­tante, maes­tro de cere­mo­nias, etc-, para una boda espec­ta­cu­lar que tiene lugar en un cas­ti­llo fran­cés del siglo XVII. Para que el acon­te­ci­miento resulte inol­vi­da­ble y adquiera el toque mágico deseado por los novios, nada puede que­dar librado al azar. Sin embargo, durante el trans­curso del día del casa­miento en que se desa­rro­lla el relato, los pre­pa­ra­ti­vos no van desa­rro­llán­dose del modo en que Max lo había pre­visto; así, van sur­giendo impre­vis­tos incon­tro­la­bles a tra­vés de dife­ren­tes desas­tres que se van suce­diendo, haciendo peli­grar el éxito del impor­tante evento. Con un ritmo fre­né­tico y caó­tico, el relato va pre­sen­tando una gale­ría de excén­tri­cos per­so­na­jes cuyo com­por­ta­miento genera risas a gra­nel. Aun­que el relato se des­ni­vela en algu­nas ins­tan­cias y es sin duda difí­cil­mente plau­si­ble, el resul­tado final es satis­fac­to­rio gra­cias a la efi­ca­cia de una sátira que pro­vee un sano humor y en donde lige­ra­mente se refleja cierta crí­tica social. Ade­más de Bacri, el cali­fi­cado elenco de este film coral incluye a Gilles Lellou­che, Vin­cent Macaigne, Jean-Paul Rouve, Eye Haï­dara, Ben­ja­min Lavernhe y la muy buena actriz cana­diense Suzanne Clément.

Todo el elenco de LE SENS DE LA FËTE

L’Amant d’un jour (Lover for a Day) es un muy buen film de Phi­lippe Garrell quien con gran natu­ra­li­dad y depu­rado estilo expone las rela­cio­nes amo­ro­sas sepa­ra­das de un padre y su hija den­tro del marco de una muy satis­fac­to­ria tra­gi­co­me­dia que trans­cu­rre en París. El direc­tor se cen­tra en tres per­so­na­jes y la diná­mica inter­re­la­ción esta­ble­cida entre los mis­mos. La joven Jeanne (Est­her Garrel, la hija del cineasta) de 23 años, se encuen­tra des­con­so­lada al haber sido aban­do­nada por su pareja. Es por eso que se tras­lada al depar­ta­mento de Gilles, (Éric Car­na­vaca), su padre cin­cuen­tón que se desem­peña como pro­fe­sor de filo­so­fía; lo que Jeanne igno­raba es que su pro­ge­ni­tor habita con Ariane (Louise Che­vi­llotte), una de sus jóve­nes alum­nas que tiene su misma edad. Por su parte, Ariane no tiene pre­jui­cio alguno por man­te­ner rela­cio­nes sexua­les con ter­ce­ros. En los suce­si­vos enre­dos que van sur­giendo, aflo­rando los celos, la infi­de­li­dad y en donde el ver­da­dero amor se con­tra­pone con el deseo, Garrel ofrece un lúcido film explo­rando dichos tópi­cos al pro­pio tiempo que resalta las dife­ren­cias gene­ra­cio­na­les. La pelí­cula fil­mada en blanco y negro queda real­zada por la buena foto­gra­fía de Renato Berta quien capta acer­ta­da­mente dife­ren­tes ambien­tes pari­si­nos que en esta oca­sión se encuen­tran des­pro­vis­tos del acos­tum­brado gla­mour que se suele apre­ciar en esta bella ciu­dad..

Aun­que en los últi­mos años se ha notado un pro­greso en mate­ria de igua­lar los dere­chos de la mujer con los del hom­bre, la rea­li­za­dora Tonie Mars­hall demues­tra en Numéro Une (Num­ber One) que el pro­pó­sito no está logrado total­mente. En este drama femi­nista Emma­nue­lle Devos carac­te­riza a Emma­nue­lle Blan­chey, una inge­niera de 40 años que debido a su inte­li­gen­cia y devo­ción al tra­bajo ha logrado posi­cio­narse en un alto nivel eje­cu­tivo en el seno de una cor­po­ra­ción de ener­gía ubi­cada en Fran­cia. Cuando llega la hora de reem­pla­zar al direc­tor gene­ral de la com­pa­ñía por razo­nes de salud, ella –esti­mu­lada por un grupo femi­nista– decide pos­tu­larse a ese puesto; si lo lograse sería la pri­mera repre­sen­tante del sexo débil de Fran­cia en ocu­par el máximo esca­la­fón de una impor­tante orga­ni­za­ción. A tra­vés de algu­nos pro­ble­mas per­so­na­les que atra­viesa Emma­nue­lle aun­que fun­da­men­tal­mente en la feroz com­pe­ten­cia enta­blada donde se intenta dañar su repu­tación, el film ilus­tra hasta qué punto se man­tiene el chau­vi­nismo mas­cu­lino para man­te­ner el esta­tus quo; queda por ver si acaso el mérito de una mujer puede impo­nerse a la miso­gi­nia machista. A pesar de que hay cier­tos des­ajus­tes narra­ti­vos, la direc­tora quien es igual­mente la autora del guión brinda un efi­caz thri­ller polí­tico resal­tando la cul­tura sexista del mundo cor­po­ra­tivo. Ade­más de la muy buena actua­ción de Devos enca­be­zando el elenco, tam­bién se des­ta­can Richard Berry, Suzanne Clé­ment y Ben­ja­min Biolay.

Emma­nue­lle Devos en NUMÉRO UNE

Le redou­ta­ble (Redoub­ta­ble) es una ligera come­dia que enfoca la rela­ción sen­ti­men­tal de Jean Luc Godard con Anne Wia­zemsky, quien fue la pro­ta­go­nista de La chi­noise (1967) y que des­pués se con­vir­tió en su segunda esposa. Basán­dose en la auto­bio­gra­fía Un an après de Wia­zemsky, el direc­tor Michel Haza­na­vi­cius enfoca la per­so­na­li­dad del enfant terri­ble de la nou­ve­lle vague. Como con­se­cuen­cia del fra­caso de crí­tica y público de la men­cio­nada pelí­cula, simul­tá­nea­mente con los acon­te­ci­mien­tos de mayo de 1968 donde Godard se invo­lu­cra en ese movi­miento de pro­testa revo­lu­cio­na­rio, Godard (Louis Garrel) medita sobre el rumbo a seguir en sus futu­ros pro­yec­tos. El film des­cribe la forma en que Anne (Stacy Mar­tin) en su breve matri­mo­nio con el direc­tor, lo evoca refle­jando sus dudas, angus­tias y tor­men­tos que lo con­du­je­ron a un intento de sui­ci­dio, y cómo su iden­ti­fi­ca­ción con la doc­trina maoísta reper­cu­tió en los fil­mes que pos­te­rior­mente realizó adop­tando un cri­te­rio radi­cal en el que rompe por com­pleto con el cine tra­di­cio­nal.
El rea­li­za­dor retrata a un Godard ego­cén­trico, nar­ci­sista e inte­lec­tual­mente arro­gante que menos­pre­cia a quie­nes no pien­san como él; al hacerlo, uti­liza un tono de humor sar­cás­tico que a veces bor­dea en lo cari­ca­tu­resco y que no siem­pre logra el pro­pó­sito per­se­guido. En esen­cia, sin tras­cen­der dema­siado, Haza­na­vi­cius brinda un relato livia­na­mente entre­te­nido que se apre­cia fun­da­men­tal­mente por la exce­lente carac­te­ri­za­ción que Garrel rea­liza de quien es con­si­de­rado como uno de los mayo­res pre­cur­so­res del cine de van­guar­dia. 

Habiendo sido calu­ro­sa­mente aco­gida en la Quin­cena de Rea­li­za­do­res de Can­nes la pelí­cula Un beau soleil inté­rieur (Let the Suns­hine In) res­ponde muy bien a su título dado que irra­dia una gran lumi­no­si­dad en la estu­penda actua­ción pro­ta­gó­nica de Juliette Bino­che. El film diri­gido por Claire Denis pre­senta a Isa­be­lle (Bino­che), una artista plás­tica divor­ciada que tiene a su cargo una niña de 10 años com­par­tida con su ex marido (Lau­rent Gré­vill). Aun­que desde su sepa­ra­ción no ha vuelto a vivir en pareja, eso no le impide para que oca­sio­nal­mente satis­faga sus deseos sexua­les con dife­ren­tes hom­bres. El guión de la rea­li­za­dora y Chris­tine Argot, basado en Frag­men­tos de un dis­cuso amo­roso de Roland Bart­hes, sigue sus peri­pe­cias sen­ti­men­ta­les en la bús­queda de un gran amor a tra­vés de los víncu­los man­te­ni­dos, entre otros, con un ban­quero casado (Xavier Beau­vois), un actor (Nico­las Duvau­che­lle) más joven que ella, y con un amigo del medio artís­tico (Bruno Podaly­des). Aun­que nin­guno de sus oca­sio­na­les aman­tes lle­ga­rán a col­mar su frus­tra­ción, final­mente encon­trará una luz de espe­ranza en un bri­llante tête à tête que man­tiene con Gérard Depar­dieu; haciendo el recuento de las aven­tu­ras amo­ro­sas por ella vivi­das, ese encuen­tro le per­mi­tirá reco­brar la con­fianza en sí misma al sur­gir en ella un sol inte­rior que le per­mi­tirá vis­lum­brar un futuro más opti­mista. En todo ese queha­cer Bino­che trans­mite todos los mati­ces de su vul­ne­ra­ble y frá­gil per­so­naje des­ti­lando una inmensa sen­si­bi­li­dad y ter­nura. En esen­cia, la rea­li­za­dora ofrece un cla­ri­vi­dente film que equi­li­bra armo­nio­sa­mente el drama con un pun­zante humor. 

Juliette Bino­che en UN BEAU SOLEIL INTÉRIEUR

Para una lista com­pleta de las pelí­cu­las pro­gra­ma­das, las salas y los hora­rios en que serán exhi­bi­das y todas las acti­vi­da­des vin­cu­la­das con el fes­ti­val, diri­girse al sitio  festivalcinemania.com