Exce­lente Drama Ruso

LOVE­LESS. Rusia-Francia-Bélgica, 2017. Un film de Andrey Zvayagintsev

Cruel, devas­ta­dor, impre­sio­nante, paté­tico pero por sobre todo sublime. Estos adje­ti­vos, de nin­guna manera exa­ge­ra­dos, mere­cen apli­carse al extra­or­di­na­rio drama del direc­tor ruso Andrey Zvya­gin­tsev. Así como en cada uno de sus fil­mes pre­ce­den­tes a tra­vés de dife­ren­tes ángu­los ha retra­tado a la socie­dad rusa, aquí nue­va­mente la enfoca a tra­vés del micro­cos­mos de una uni­dad fami­liar desintegrada.

El guión del rea­li­za­dor y Oleg Negin ambienta la acción en 2012 en un subur­bio de Moscú y en su pri­mera ima­gen la foto­gra­fía de Mikhail Kri­ch­man capta mag­ní­fi­ca­mente el pano­rama nevado del invierno que es fun­cio­nal a la frial­dad asu­mida por los per­so­na­jes de esta historia.

Ale­xey Rozin

Alyosha (Mat­vey Novi­kov) es un niño de 12 años que retorna a su hogar des­pués de un día de escuela; al lle­gar al mismo es objeto del trato poco ama­ble que recibe de su madre Zhenya (Mar­yana Spi­vak); esta mujer com­parte el depar­ta­mento con su ex marido Boris (Ale­xey Rozin), donde ambos aguar­dan ven­derlo para pro­se­guir sus vidas sepa­ra­da­mente. En tal sen­tido, Boris está espe­rando un hijo de Masha (Marina Vasil­yeva) que es su nueva pareja, en tanto que Zhenya se apresta a con­vi­vir con Anton (Andris Keiss), un rico y ele­gante hom­bre de nego­cios de mediana edad de quien ella cree haber encon­trado al ver­da­dero amor de su vida.

En las agrias dis­cu­sio­nes que man­tiene el disuelto matri­mo­nio, uno de los tópi­cos se refiere a la tenen­cia de Alyosha; como nin­guno de los dos desea hacerse cargo de él, la solu­ción que encuen­tran es la de enviarlo a un inter­nado. El chico que man­te­nién­dose oculto oye la con­ver­sa­ción de sus padres, no puede evi­tar que las lágri­mas se des­pren­dan de su ros­tro al com­pren­der que él nunca ha sido algo más que un objeto para ellos; esa falta com­pleta de amor de sus pro­ge­ni­to­res –a la que alude el título del film– motiva a que se encuen­tre afec­ti­va­mente total­mente desprotegido.

El con­flicto cen­tral del relato comienza una mañana cuando la maes­tra de Alyosha comu­nica a a su madre que el niño no ha con­cu­rrido a la escuela por espa­cio de dos días; preo­cu­pada por la desa­pa­ri­ción, Zhenya se comu­nica con Boris y de allí en más comien­zan a dar parte a la auto­ri­dad poli­cial cuyo jefe declara no dis­po­ner del sufi­ciente per­so­nal para aten­der el caso ya que sus subal­ter­nos están abo­ca­dos a resol­ver los casos de vio­len­cia que se pro­du­cen a dia­rio; de allí que les sugiere que por inter­net loca­li­cen a una socie­dad de volun­ta­rios que se ocupa de ayu­dar a los afec­ta­dos en tales cir­cuns­tan­cias. De este modo el coor­di­na­dor (Ale­xey Fateev) del grupo inte­grado por un buen número de per­so­nas les brin­dan su cola­bo­ra­ción para ubi­car al menor, lo que incluye, entre otras medi­das, efec­tuar una visita a un aban­do­nado edi­fi­cio como así tam­bién visi­tar a la madre de Zhenya que vive en las afue­ras de Moscú donde qui­zás Alyosha pudo haberse refugiado.

A tra­vés de la infruc­tuosa bús­queda queda de mani­fiesto la fero­ci­dad y el indi­si­mu­lado ren­cor exis­tente entre estos padres que se ven obli­ga­dos a actuar jun­tos para loca­li­zar al menor. Aun­que nin­guno de los dos ofrece la mínima sim­pa­tía, es prin­ci­pal­mente repu­dia­ble la acti­tud de la mujer que abier­ta­mente con­fiesa que nunca había deseado tener a su hijo y si no abortó durante su emba­razo se debió sim­ple­mente a que temía hacerlo. Con todo, ese desamor y máximo des­pre­cio que estos dos per­so­na­jes trans­mi­ten al público se ate­núa en una escena cul­mi­nante; la misma se pro­duce cuando al ser lla­ma­dos a iden­ti­fi­car el cadá­ver de un menor en la mor­gue com­prue­ban que no es el de Aliosha y como con­se­cuen­cia de ese ali­vio ambos irrum­pen en un des­ga­rra­dor llanto.

Simul­tá­nea­mente a los hechos narra­dos, los medios de difu­sión van repor­tando las noti­cias coti­dia­nas del país en donde no están ausen­tes la vio­len­cia impe­rante, el nivel de corrup­ción de cier­tos fun­cio­na­rios y la situa­ción polí­tica de la parte de Ucra­nia inva­dida por Rusia.

Con una estu­penda des­crip­ción de sus per­so­na­jes, tanto Spí­vak como Rozin trans­mi­ten con total con­vic­ción el vía cru­cis vivido por estos des­hu­ma­ni­za­dos padres que sola­mente pien­san en sí mis­mos al dejar de lado la indis­cu­ti­ble res­pon­sa­bi­li­dad de brin­dar ter­nura, com­pren­sión y pro­tec­ción a su hijo; en pape­les secun­da­rios el resto del elenco ofrece una irre­pro­cha­ble actua­ción donde se des­taca el menor Mat­vey Novi­kov quien con­mueve pro­fun­da­mente en las pocas esce­nas en las que le corres­ponde participar.

Con una aus­tera y rigu­rosa puesta escé­nica, Zvya­gin­tsev ofrece un impia­doso docu­mento donde trans­mite el mar­cado indi­vi­dua­lismo, el can­dente egoísmo, la codi­cia por el dinero y el desamor latente como fac­to­res cla­ves que aque­jan a un medio social encap­su­lado en sí mismo y des­po­jado de la sen­si­bi­li­dad nece­sa­ria para apre­ciar el dolor ajeno.

Este film ha sido dis­tin­guido con el Pre­mio del Jurado en el fes­ti­val de Can­nes de 2017 y es uno de los cinco nomi­na­dos al Oscar a la mejor pelí­cula extran­jera. Jorge Gut­man

Cor­to­me­tra­jes de Fic­ción Nomi­na­dos al Oscar

Cró­nica de Jorge Gutman

1. DEKALB ELE­MEN­TARY. Esta­dos Uni­dos, 2017

Escrito y diri­gido por Reed Van Dyk, el relato de este corto se ins­pira en un caso real acon­te­cido en Atlanta, estado de Geor­gia. A una escuela ele­men­tal de esta ciu­dad llega ines­pe­ra­da­mente Ste­ven (Bo Mit­chel), un mucha­cho de alre­de­dor de 20 años de edad men­tal­mente ines­ta­ble por­tando un rifle semi­au­to­má­tico; en la ofi­cina de recep­ción, man­te­niendo como rehén a la secre­ta­ria Casan­dra (Tarra Rigs), la con­mina a que se comu­ni­que con el 911 –número de telé­fono para lla­ma­das de emer­gen­cia– y dé la orden de eva­cuar el edi­fi­cio; entre tanto ambos espe­ran que la poli­cía lle­gue al lugar. La mar­cada ten­sión creada va ate­nuán­dose en la medida que la joven logra exi­to­sa­mente mane­jar al mucha­cho y comienza a sen­tir com­pa­sión por su per­sona. En forma minu­ciosa, el direc­tor ofrece un relato absor­bente que por su forma narra­tiva adquiere el carác­ter de un docu­men­tal dada la natu­ra­li­dad y expre­si­vi­dad mani­fes­tada de Mit­chel y Rigs.

Bo Mit­chell en DEKALB ELEMENTARY

2. MY NEP­HEW EMMETT. Esta­dos Uni­dos, 2017

En 2009 el rea­li­za­dor y dra­ma­turgo Kevin Wil­son Jr. brindó en su pri­mera obra The Emmet Till Story una ilus­tra­ción del ase­si­nato de Emmett Louis Till, por supre­ma­cis­tas blan­cos. Con este impac­tante cor­to­me­traje el cineasta recrea el lamen­ta­ble epi­so­dio que tuvo lugar en el estado de Mis­sis­sippi el 28 de agosto de 1955. En ese fatí­dico día, el relato pre­senta al anciano afro­ame­ri­cano Mose Wright (L. B. Williams) cuando en mitad de la noche, ve su hogar inva­dido por Roy Bryant (Ethan Lea­ver­ton), de 24 años y su her­ma­nas­tro John William Milam (Dane Rho­des), de 36 años; estos dos cri­mi­na­les racis­tas pro­cu­ran encon­trar a su sobrino Emmett (Jos­hua Wright), un ado­les­cente de 14 años que viviendo en Chicago se encuen­tra de visita en lo de su tío; a él se le acusa por el delito come­tido al haber sil­bado a una bella mujer blanca. Estando su suerte sellada por ese acto, el film esboza en con­ta­dos minu­tos el mar­cado racismo pre­va­le­ciente en ese enton­ces en Esta­dos Uni­dos con espe­cial refe­ren­cia al lugar donde trans­cu­rre la acción. Ese omi­noso cri­men con­tri­buyó a for­jar el movi­miento de los dere­chos cívi­cos de Esta­dos Uni­dos que se con­cre­ta­ría una década después.

Per­fec­ta­mente encua­drado y dotado de una exce­lente foto­gra­fía, Wil­son Jr. obtiene un vigo­roso relato que cunde hon­da­mente en el ánimo del espectador.

L. B. Williams en MY NEP­HEW EMMETT

3. THE ELE­VEN O’CLOCK Aus­tra­lia, 2016

Este corto deci­di­da­mente hila­rante podría haberse deno­mi­nado ¿Quién es quién? El direc­tor aus­tra­liano Derin Seale valién­dose de un inge­nioso guión de Josh Law­son pre­senta a un deli­rante paciente de un psi­quia­tra quien se cree que es el facul­ta­tivo que debe aten­der a aquél. Pero a tra­vés de vuel­tas de giro mag­ní­fi­ca­mente cali­bra­das, el público se encuen­tra atra­pado sin saber a cien­cia cierta quién es el ver­da­dero psi­quia­tra y quién es el paciente que des­va­ría. Es en esa incer­ti­dum­bre donde des­cansa la inmensa gra­cia de esta ori­gi­nal his­to­ria pro­ta­go­ni­zada efi­cien­te­mente por Josh Law­son y Damon Herriman.

Josh Law­son y Damon Herriman.en THE ELE­VEN O’CLOCK

4. THE SILENT CHILD. Gran Bre­taña, 2017

Esta ópera prima de Chris Over­ton exuda pro­funda huma­ni­dad. Valién­dose del esme­rado guión de Rachel Shen­ton, el rea­li­za­dor retrata a Libby (Mai­sie Sly) de 4 años de edad quien padece de abso­luta sor­dera. Per­te­ne­ciente a una fami­lia de clase media, la cria­tura se encuen­tra inca­paz de man­te­ner una comu­ni­ca­ción con sus fami­lia­res viviendo por lo tanto en un mundo de silen­cio. Apro­xi­mán­dose al inicio de la etapa esco­lar la fami­lia encuen­tra en Joanne (la guio­nista Shen­ton), una asis­tente social, a la per­sona indi­cada para que Libby pueda hacerse enten­der. Con gran empeño y devo­ción de su parte Joanne comienza a ense­ñarle el len­guaje de los sig­nos y a tra­vés de los días el con­tacto entre ambas genera un lazo de pro­fundo afecto; la pequeña encuen­tra en la joven ins­truc­tora a la per­sona con quien puede trans­mi­tir los sen­ti­mien­tos que la alber­gan; a su vez Joanne se siente feliz no solo por ver que su labor logra fruc­ti­fi­car por los avan­ces que regis­tra esa niña de bri­llante inte­li­gen­cia sino tam­bién por el inmenso cariño que siente por ella. Sin embargo, Suzanne (Rachel Fiel­ding), la madre de Libby, encuen­tra que ella está siendo dejada de lado en el afecto de su hijita; su injus­ti­fi­cado egoísmo y celo mater­nal moti­van a que el pro­ceso de ense­ñanza quede abortado.

En solo 20 minu­tos Over­ton brinda una his­to­ria no dia­lo­gada de gran emo­ti­vi­dad que se des­taca por la exce­lente inter­pre­ta­ción de Sly y Shen­ton. Impo­si­ble de no con­mo­verse teniendo en con­si­de­ra­ción que ade­más de los méri­tos intrín­se­cos del film, Mai­sie es una niña bri­tá­nica que actual­mente tiene 6 años y que pade­ciendo real­mente de una mar­cada sor­dera se comu­nica mediante el len­guaje de los signos.

Mai­sie Sly y Rachel Shen­ton en THE SILENT CHILD

5. WATU WOTE. Alemania-Kenia, 2017

Katja Ben­rath debuta como rea­li­za­dora narrando una his­to­ria basada en un evento real; en la misma se evi­den­cia cómo las fric­cio­nes entre cris­tia­nos y musul­ma­nes pue­den lle­gar a superarse frente a situa­cio­nes límites.

Una escena de WATU VOTE

El relato que repro­duce un ata­que per­pe­trado en 2015 se cen­tra en Jua (Adelyne Wai­rimu), una joven cris­tiana de Kenia, quien aborda un ómni­bus de larga dis­tan­cia para visi­tar el pue­blo donde habita su madre enferma. Al aco­mo­darse en el vehículo poblado por musul­ma­nes y cris­tia­nos, ella se siente incó­moda de tener que estar sen­tada al lado de una maes­tra musul­mana. El drama se pro­duce cuando a mitad de camino, el ómni­bus es abor­dado por terro­ris­tas del grupo fun­da­men­ta­lista islá­mico Al-Shabaab, quie­nes han sido res­pon­sa­bles de nume­ro­sos ata­ques efec­tua­dos a tra­vés de Kenia y Soma­lia. Cuando los asal­tan­tes exi­gen que los cris­tia­nos que se encuen­tran en el ómni­bus se iden­ti­fi­quen con la inten­ción de eje­cu­tar­los, los pasa­je­ros musul­ma­nes demues­tran su soli­da­ri­dad con los per­se­gui­dos ofre­cién­do­les atuen­dos apro­pia­dos para pro­te­ger­los de una muerte segura. De este modo la soli­da­ri­dad y la tole­ran­cia pre­va­le­cen a los actos de terror y vio­len­cia per­mi­tiendo que los sen­ti­mien­tos huma­nos aflo­ren más allá de los dife­ren­tes cre­dos reli­gio­sos. Este exce­lente y alec­cio­na­dor cor­to­me­traje de Ben­rath per­mite que los 22 minu­tos del film que­den regis­tra­dos en la memo­ria del espectador.

Cor­to­me­tra­jes de Ani­ma­ción Nomi­na­dos al Oscar

Cró­nica de Jorge Gutman

1. DEAR BAS­KET­BALL. Esta­dos Uni­dos, 2017

En la vís­pera de su retiro, el famoso juga­dor de balon­cesto Kobe Bryant des­cribe su pasión por este deporte que comenzó desde su infan­cia. A tra­vés de 20 años de carrera pro­fe­sio­nal con el equipo de Los Ánge­les Lakers, el bas­quet­bo­lista expresa el modo en que él y su deporte logra­ron fusio­narse per­mi­tiendo que sus sue­ños de glo­ria alber­ga­dos en su juventud.se con­vir­tie­ran en reali­dad. He aquí un emo­tivo film rea­li­zado por Glen Keane, el gran ani­ma­dor, autor e ilus­tra­dor ame­ri­cano quien se des­tacó creando exce­len­tes per­so­na­jes ani­ma­dos para los estu­dios Disney.

2. GAR­DEN PARTY. Fran­cia, 2017

Los direc­to­res Flo­rian Babi­kian, Vin­cent Bayoux, Vic­tor Caire, Théop­hile Dufresne, Gabriel Grap­pe­ron y Lucas Nava­rro ofre­cen un sen­ci­llo dibujo ani­mado expo­niendo a un grupo de anfi­bios –que inclu­yen sapos, ranas y sala­man­dras– que mero­dean una vacía sun­tuosa man­sión y dis­fru­tan de las ricas comi­das que allí encuen­tran; en un momento dado lle­gan a des­cu­brir qué es lo que acon­te­ció con el dueño del lugar. Carac­te­ri­zado por su sen­ci­llez, aun­que sin ser excep­cio­nal, este corto resulta agradable.

3. LOU. Esta­dos Uni­dos, 2017

El novel rea­li­za­dor Dave Mullins logra un exce­lente corto ani­mado donde en no más de siete minu­tos narra una alec­cio­na­dora his­to­ria. El relato sigue los pasos de Lou, un guar­dián de una caja de obje­tos per­di­dos y encon­tra­dos que se halla en un jar­dín de infan­tes. Cuando un niño abu­sivo intenta qui­tar los jugue­tes a sus com­pa­ñe­ri­tos, Lou lo enfrenta brin­dán­dole una humana lec­ción al hacerle ver que se sen­tirá mucho mejor siendo gene­roso con el pró­jimo en lugar de apro­piarse de lo que no es suyo.

4. NEGA­TIVE SPACE. Fran­cia, 2017

Basado en un poema de Ron Koertge, los direc­to­res Max Por­ter y Ru Kawahata narran la his­to­ria de un padre que a pesar de estar casi siem­pre ausente del hogar por viaje de nego­cios, logra comu­ni­carse con su hijo ense­ñán­dole la ade­cuada forma de empa­car una maleta. Aun­que la pre­misa resulte un tanto impro­ba­ble no obs­tante per­mite refle­xio­nar de qué extra­ñas mane­ras pue­den exte­rio­ri­zarse los lazos afec­ti­vos entre padres e hijos. Uti­li­zando la téc­nica de ani­ma­ción “stop motion”, los rea­li­za­do­res han logrado esti­lís­ti­ca­mente un cor­to­me­traje impe­ca­ble con una con­clu­sión suma­mente emotiva.

5. REVOL­TING RHY­MES. Gran Bre­taña, 2017

Los direc­to­res Jakob Schuh y Jan Lachauer se han basado en el libro escrito por Roald Dahl e ilus­trado por Quen­tin Blake, para rela­tar varia­dos cuen­tos infan­ti­les entre­mez­cla­dos donde las som­brías rein­ter­pre­ta­cio­nes de sus per­so­na­jes no los hacen apro­pia­dos para niños de corta edad. Aun­que éste resulte el cor­to­me­traje ani­mado menos tras­ce­dente de los cinco nomi­na­dos, con todo es diver­tido y se dis­tin­gue por la par­ti­ci­pa­ción de Domi­nic West, David Walliams, Rob Bry­don, Tam­sin Greig, Ber­tie Car­vel, Rose Les­lie y Bel Powley quie­nes pres­tan su voz para los dife­ren­tes per­so­na­jes que emer­gen de los cuentos.

Real­mente Fantástica

UNA MUJER FAN­TÁS­TICA. Chile, 2017. Un film de Sebas­tián Lelio

Sebas­tián Lelio, uno los más impor­tan­tes rea­li­za­do­res lati­noa­me­ri­ca­nos, se carac­te­riza en pro­fun­di­zar el uni­verso feme­nino a tra­vés de per­so­na­jes muy bien des­crip­tos. Del mismo modo que en 2013 impre­sionó con Glo­ria, el año pasado vol­vió a abor­dar la com­ple­ji­dad humana de dos muje­res en el film bri­tá­nico Diso­be­dience así como tam­bién lo efec­tuó pre­via­mente con el emo­cio­nante drama Una Mujer Fan­tás­tica que aquí se comenta.

Daniela Vega

El relato pre­senta a Marina Vidal (Daniela Vega), una bella mujer de San­tiago de Chile que tra­baja como can­tante en un club noc­turno y que lleva una armo­niosa vida en común con Orlando (Fran­cisco Reyes), un hom­bre divor­ciado de 57 años de edad que es 20 años mayor que ella. Una noche des­pués de haber com­par­tido una comida cele­brando su cum­plea­ños, Orlando le ofrece como obse­quio un viaje en con­junto a las cata­ra­tas de Iguazú; al regre­sar al hogar esa dicha se inte­rrumpe cuando repen­ti­na­mente él es víc­tima de un aneu­risma fatal. Es allí donde queda en des­cu­bierto que en el pasado Marina había sido objeto de una ope­ra­ción qui­rúr­gica que la con­vir­tió de hom­bre en mujer.

Lelio, sir­vién­dose del guión escrito por él y Gon­zalo Maza, con gran suti­leza y sin gol­pes bajos ilus­tra las humi­lla­cio­nes de las que Marina es objeto a par­tir de la muerte de su pareja; así, un detec­tive (Ale­jan­dro Goic) de la Uni­dad de Fuerza de Inves­ti­ga­ción de Ofen­sas Sexua­les al dudar sobre la causa de la muerte de Orlando la somete a un deni­grante exa­men físico. Ese será el pri­mer paso del des­pre­cio sufrido en la medida que el mismo se inten­si­fi­cará por parte de Sonia (Aline Kup­pen­heim), la ex mujer del extinto, quien le niega el dere­cho de asis­tir a su fune­ral; por si eso no bas­tara Marina recibe el agra­vio de Bruno (Nico­lás Saa­ve­dra), el hijo de Orlando, al exi­girle que desa­loje lo antes posi­ble la vivienda en que habita. Sola­mente Gabo (Luis Gnecco), el her­mano del difunto, le demues­tra cierto respeto.

La exce­lente foto­gra­fía de Ben­ja­mín Echa­za­rreta logra el efecto per­se­guido por Lelio al cap­tar las expre­sio­nes de sus per­so­na­jes en sus míni­mos deta­lles, otor­gando de este modo un viso de máxima auten­ti­ci­dad, sobre todo en lo que con­cierne al angus­tiado ros­tro de Marina.

Com­pe­ne­trán­dose por com­pleto en la psi­co­lo­gía de la pro­ta­go­nista, el rea­li­za­dor logra de Daniela Vega una carac­te­ri­za­ción excep­cio­nal. Así como Pau­lina Gar­cía cau­tivó al público en Glo­ria, algo seme­jante acon­tece con esta tran­se­xual actriz  dando vida al drama que vive una mujer que a pesar de los agra­vios que sufre es capaz de man­te­ner su dig­ni­dad a toda prueba tra­tando de sobre­lle­var el mal­trato de la fami­lia de su amado com­pa­ñero; sin exa­ge­ra­ción alguna Vega con­si­gue que Marina resulte una mujer fan­tás­tica.

Ade­más de sus méri­tos, este film que mere­ció el pre­mio al mejor guión en el Fes­ti­val de Ber­lin de 2017 como así tam­bién el Pre­mio Ecu­mé­nico, ofrece amplio mar­gen para refle­xio­nar sobre su con­te­nido; a pesar de que en los últi­mos años hubo un sig­ni­fi­ca­tivo pro­greso acerca de la igual­dad de los dere­chos huma­nos, sin tener en cuenta la orien­ta­ción sexual o tran­se­xua­li­dad de una per­sona, lo que ilus­tra Lelio motiva a pen­sar que hasta el pre­sente la bata­lla no está del todo ganada. Jorge Gut­man

Un Film Fallido

THE 15:17 TO PARIS. Esta­dos Uni­dos, 2018. Un film de Clint Eastwood

Tal como lo hiciera en Ame­ri­can Sni­per (2014) y Sully (2016), el vete­rano direc­tor Clint East­wood nue­va­mente se ins­pira en acon­te­ci­mien­tos y per­so­na­jes reales en 15:17 to Paris para narrar el acto de heroísmo de tres mucha­chos, entre 22 y 23 años de edad, que logra­ron sal­var a los pasa­je­ros de un tren de un ata­que terro­rista. Des­afor­tu­na­da­mente, en esta oca­sión East­wood ofrece un film ende­ble en donde el aspecto más cues­tio­na­ble es la pobre adap­ta­ción que la novel guio­nista Dorothy Blys­kal efec­tuó del libro escrito por los héroes de este relato junto con Jef­frey E. Stern.

Spen­cer Stone y Alek Skarlatos

El vier­nes 21 de agosto de 2015, Spen­cer Stone, Alek Skar­la­tos y Ant­hony Sand­ler, tres ami­gos ame­ri­ca­nos de la infan­cia que se encuen­tran en Europa dis­fru­tando de sus vaca­cio­nes, deci­den via­jar en un tren de alta velo­ci­dad desde Ámster­dam a París. Des­pués de un pri­mer tramo apa­ci­ble, irrumpe Ayoub el-Khazzani (Ray Cora­sani), un terro­rista musul­mán car­gando un fusil auto­má­tico AK-47 y varias otras armas con la inten­ción de come­ter una masa­cre a las 500 per­so­nas que se encuen­tran a bordo. Des­pués de haber herido gra­ve­mente a un pasa­jero, Spen­cer –arries­gando su vida– y con la ayuda de sus dos cama­ra­das logran aba­tir al mer­ce­na­rio mania­tán­dolo; ade­más vuel­can sus esfuer­zos para auxi­liar al herido indi­vi­duo hasta el arribo de la poli­cía que tiene lugar en una esta­ción inter­me­dia del tra­yecto. Ese extra­or­di­na­rio gesto de valor y coraje de los jóve­nes motiva a que Fra­nçois Hollande, el pre­si­dente de Fran­cia, los con­de­core pos­te­rior­mente con la Legión de Honor.

Lo des­cripto tiene lugar en los últi­mos 15 minu­tos del film donde los valien­tes mucha­chos se inter­pre­tan a sí mis­mos repro­du­ciendo de este modo lo que han vivido dos años atrás. Los 80 minu­tos pre­ce­den­tes de este docu­drama ilus­tran de manera frag­men­ta­ria algu­nos aspec­tos de la infan­cia del trío en Sacra­mento y el fuerte lazo que los une; así que­dan refle­ja­dos algu­nos pro­ble­mas de con­ducta en la escuela cris­tiana donde asis­ten, las rela­cio­nes con sus madres, como así tam­bién los momen­tos de ocio en donde gozan jugando a la gue­rra, sobre todo Spen­cer quien demues­tra ser un apa­sio­nado de las répli­cas de las armas de fuego. Ya como adul­tos, el relato enfoca a Spen­cer y Alek quie­nes han optado por seguir una carrera mili­tar. mien­tras que Ant­hony se dedica a estu­diar. La acción salta a 2015, donde Spen­cer y Ant­hony se reen­cuen­tran para visi­tar Europa con esta­días en Vene­cia, Roma y luego en Ber­lín donde se les une Alek; el pró­ximo des­tino es Ámster­dam y de allí tie­nen pla­neado via­jar en tren a París.

Todo este largo preám­bulo que pre­cede al ata­que final es poco fun­cio­nal al pro­pó­sito per­se­guido por el film en la medida que East­wood no aporta infor­ma­ción alguna sobre los ante­ce­den­tes del cri­mi­nal. En líneas gene­ra­les, la caren­cia de intros­pec­ción psi­co­ló­gica de sus per­so­na­jes, unida a la falta de riqueza emo­cio­nal con­tri­buye a que se asista a un docu­drama narra­ti­va­mente des­di­bu­jado, carente de soli­dez dra­má­tica y sin mati­ces que alcan­cen a dis­tin­guirlo; si bien en sus tra­mos fina­les asoma cierto sus­penso por la ten­sión creada, eso no logra res­ca­tarlo de su media­nía. Sus esca­sos hallaz­gos radi­can en una muy buena repro­duc­ción del aten­tado abor­tado como asi­mismo en la inter­pre­ta­ción natu­ral de los tres ver­da­de­ros pro­ta­go­nis­tas del relato.

En con­clu­sión: Aun­que resulte loa­ble la inten­ción del rea­li­za­dor en ren­dir tri­buto a estas tres per­so­nas, los incon­ve­nien­tes apun­ta­dos con­du­cen a que este film resulte fallido. Jorge Gut­man