Alta Cos­tu­ra

COUTU­RE. Fran­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Ali­ce Wino­cour. 103 minutos

La Fashion Week que anual­men­te se efec­túa en París, es el esce­na­rio de fon­do en el cual la direc­to­ra Ali­ce Wino­cour en Coutu­re cen­tra su aten­ción en las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por varios per­so­na­jes invo­lu­cra­dos en ese acontecimiento.

Ange­li­na Jolie

Al comen­zar el rela­to se obser­va a Maxi­me Wal­ker (Ange­li­na Jolie), una direc­to­ra esta­dou­ni­den­se lle­gan­do a la capi­tal fran­ce­sa para fil­mar un video sobre los por­me­no­res de la Sema­na de la Moda; des­pués de ser reci­bi­da por los orga­ni­za­do­res del mis­mo ella es pre­sen­ta­da a Anton (Louis Garrell), el direc­tor de foto­gra­fía. Alllí ambién se encuen­tra la joven Ada (Anyier Anei), una estu­dian­te de far­ma­cia pro­ve­nien­te de Nai­ro­bi, que nun­ca se había ale­ja­do de su hogar y que ha sido con­tra­ta­da para par­ti­ci­par como una de las mode­los. En ese entorno tam­bién par­ti­ci­pa  Angè­le (Ella Rumpf) que es la maqui­lla­do­ra de las mani­quíes aun­que su pro­pó­si­to es el de deve­nir literata.

Wino­cour con­cen­tra gran par­te de esta his­to­ria en Maxi­me quien ines­pe­ra­da­men­te reci­be el lla­ma­do de su médi­co ame­ri­cano quien le comu­ni­ca que la biop­sia que le fue rea­li­za­da antes de par­tir a Fran­cia refle­ja la posi­bi­li­dad de un cán­cer de pecho y soli­ci­ta ver­la; al encon­trar­se fue­ra de Esta­dos Uni­dos, el doc­tor le reco­mien­da que vea al can­ce­ró­lo­go fran­cés Lau­rent Han­sen (Vin­cent Lin­don). Es allí que emer­gen los momen­tos más dra­má­ti­cos del film, en la medi­da que el oncó­lo­go al exa­mi­nar las imá­ge­nes de la biop­sia con­si­de­ra que es suma­men­te nece­sa­rio que ella se some­ta de inme­dia­to a un tra­ta­mien­to qui­mio­te­ra­péu­ti­co; a pesar de que Maxi­me desea pos­ter­gar­lo para cuan­do fina­li­ce su pró­xi­mo film, la res­pues­ta que obtie­ne es que su salud se encuen­tra en gra­ve ries­go si se pos­po­ne el tra­ta­mien­to. En las con­ver­sa­cio­nes que man­tie­ne tele­fó­ni­ca­men­te con su hija ado­les­cen­te que resi­de en Esta­dos Uni­dos, ella le ocul­ta lo que le suce­de en tan­to que reci­be el apo­yo de Anton con quien lle­ga a inti­mar románticamente.

En cuan­to a Ada, ella com­prue­ba la acti­tud soli­da­ria de la gen­te con la que se rela­cio­na, sobre todo con una mode­lo de Ucra­nia que le trans­mi­te su expe­rien­cia de esca­par del con­flic­to béli­co que sacu­de a su país. Por su par­te, Angè­le, como ambi­cio­sa escri­to­ra espe­ra reu­nir en un libro los escri­tos que efec­túa acer­ca de lo que va obser­van­do duran­te el desa­rro­llo del evento.

Refle­jan­do aspec­tos de la vida pro­fe­sio­nal y per­so­nal de las tres muje­res, lo que más tras­cien­de es la estu­pen­da carac­te­ri­za­ción que Jolie logra de su per­so­na­je; la popu­lar actriz en una de las mejo­res inter­pre­ta­cio­nes de su carre­ra, trans­mi­te el inmen­so con­flic­to que atra­vie­sa Maxi­me don­de la pre­ser­va­ción que requie­re su gra­ve tumor es a cos­ta de dejar a un cos­ta­do su crea­ti­vi­dad artís­ti­ca. A su lado es pon­de­ra­ble la actua­ción de Lin­don quien con com­ple­ta natu­ra­li­dad adop­ta el com­por­ta­mien­to del oncó­lo­go tra­tan­do a su paciente.

Curio­sa­men­te, en lo que ata­ñe al uni­ver­so de la moda, más allá de apre­ciar la labor rea­li­za­da en el taller de cos­tu­ra por su dise­ña­do­ra Chris­ti­ne (Garan­ce Mari­llier) y las demás cos­tu­re­ras en la con­fec­ción de los ves­ti­dos, es muy poco lo que en tal sen­ti­do el film apor­ta. Aun­que sin lle­gar a pro­fun­di­zar el mun­do de la alta cos­tu­ra, la cali­bra­da pues­ta escé­ni­ca de Wino­cour con­si­gue man­te­ner el inte­rés de las his­to­rias ínti­mas del trío pro­ta­gó­ni­co, sobre­sa­lien­do la con­mo­ve­do­ra y muy huma­na de Maxi­me que a tra­vés de la exce­len­te inter­pre­ta­ción de Jolie ame­ri­ta su visión. Jor­ge Gutman

Mor­daz Sáti­ra Teatral

En otra de las pro­duc­cio­nes del Natio­nal Thea­tre de Lon­dres, el públi­co ten­drá opor­tu­ni­dad de juz­gar Les Liai­sons Dan­ge­reu­ses que se pre­sen­tó este año has­ta el pasa­do 6 de junio.

Ësta es una pie­za de tea­tro deci­di­da­men­te fres­ca y agra­da­ble de con­tem­plar a pesar de su con­te­ni­do amo­ral. La mis­ma tie­ne su ori­gen en la nove­la epis­to­lar de Cho­der­los de Laclos publi­ca­da hacia fina­les del siglo 18 en don­de que­dan expues­tas las andan­zas de un per­ver­so dúo de la noble­za fran­ce­sa de esa épo­ca. Sin embar­go es en 1985 cuan­do Chris­topher Ham­pton resuel­ve adap­tar­la dán­do­le un bri­llo inigua­la­do al pun­to tal que hoy día se le atri­bu­ye la auto­ria de la misma.

Han­nah van der Westhuy­sen y Les­ley Man­vi­lle. (Foto: Sarah Lee)

¿A qué se debe la popu­la­ri­dad de esta obra? Sin duda a la auda­cia que Ham­pton impri­me a la nove­la a tra­vés de dife­ren­tes situa­cio­nes escé­ni­cas nutri­das de diá­lo­gos mor­da­ces en don­de que­dan expues­tos los ingre­dien­tes libi­di­no­sos de dos seres que uti­li­zan el sexo como un cruel meca­nis­mo de venganza.

En una bre­ve sinop­sis, la obra gira en torno a la intri­ga for­ja­da por la mar­que­sa de Mer­teuil quien resuel­ve ven­gar­se de su ex aman­te al saber que habrá de des­po­sar a Céci­le Volan­ges, una joven ino­cen­te recién sali­da del con­ven­to: al sen­tir­se des­pe­cha­da, ella le pro­pon­drá al liber­tino viz­con­de Val­mont –quien tiem­po atrás fue otro de sus aman­tes- para que seduz­ca a Céci­le des­po­ján­do­la de su vir­gi­ni­dad antes de su enlace.

Sin embar­go, Val­mont tie­ne otros pla­nes como el de con­quis­tar a Mada­me de Tour­vel, una mujer casa­da de inta­cha­ble moral, sin sos­pe­char que en el plan dia­bó­li­co con­ce­bi­do come­te­ría el gran error de lle­gar a enamorarse.

Aidan Tur­ner y Moni­ca Bar­ba­ro. (Foto: Sarah Lee)

Como una mor­daz sáti­ra don­de el jue­go fal­so del amor se entre­mez­cla con la mani­pu­la­ción, el deseo, la trai­ción y el pode­ro­so imán de la sexua­li­dad, esta pie­za ‑no exen­ta de un áci­do humor- está muy lejos de ase­me­jar­se a las obras de vode­vil del tea­tro fran­cés; por el con­tra­rio, den­tro un tono de apa­ren­te come­dia demues­tra has­ta qué pun­to la mani­pu­la­ción y un cruel maquia­ve­lis­mo son capa­ces de infli­gir serios daños a terceros.

La pie­za está diri­gi­da por Marian­ne Elliott y el elen­co está inte­gra­do por Aidan Tur­ner en el rol del mag­né­ti­co muje­rie­go Val­mont, Les­ley Man­vi­lle en el papel de la intri­gan­te y cíni­ca mar­que­sa Mer­teuil, Moni­ca Bar­ba­ro ani­ma a Mada­me de Tour­vel en tan­to que Han­nah van der Westhuy­sen inter­pre­ta a la ino­cen­te Cécile.

La trans­mi­sión en direc­to se efec­tua­rá en cines selec­cio­na­dos del cir­cui­to Cine­plex el 25 de junio y se vol­ve­rá a difun­dir el 27 de junio. Para infor­ma­ción adi­cio­nal sobre hora­rios y salas per­ti­nen­tes pre­sio­ne aquí.

Encan­ta­dor Retorno

TOY STORY 5. Esta­dos Uni­dos, 2026. Un film de Andrew Stan­ton con la cola­bo­ra­ción de Ken­na Harris. 102 minutos.

Es inusual que una fran­qui­cia man­ten­ga su cali­dad a tra­vés de suce­si­vas entre­gas; es así que cons­ti­tu­ye un gran pla­cer com­pro­bar que el film ani­ma­do Toy Story de 1995, que tuvo su con­ti­nua­ción en 1999 para ofre­cer su ter­cer seg­men­to en 2010 y pos­te­rior­men­te en 2019, man­tie­ne ple­na­men­te su vita­li­dad con Toy Story 5. 

Una esce­na del film

Andrew Stan­ton que ha sido el guio­nis­ta de los capí­tu­los pre­ce­den­tes, es aho­ra el rea­li­za­dor a la vez que el libre­tis­ta jun­to con Ken­na Harris de la pre­sen­te his­to­ria en la que el públi­co de toda edad pue­de seguir dis­fru­tan­do de las andan­zas de los céle­bres jugue­tes enfren­tan­do los ava­ta­res de los ade­lan­tos tecnológicos.

La tími­da Bon­nie (Scar­lett Spears) de ocho años sigue jugan­do con los que­ri­dos muñe­cos que le había deja­do su her­mano, inclu­yen­do a la vaque­ra Jes­sie (Joan Cusack) que es su jugue­te pre­fe­ri­do, su lade­ro caba­llo Bull­se­ye (Alan Cum­ming). el cow­boy Woody (Tom Hanks), el astro­nau­ta Buss Light­year (Tim Allen) y el res­to de la pan­di­lla. Sin embar­go ella no con­si­gue rela­cio­nar­se con ami­gui­tos de su edad quie­nes ya han deja­do de lado sus chi­ches; es por eso que sus padres le rega­lan una table­ta numé­ri­ca par­lan­te lla­ma­da Lily­pad (Gre­ta Lee). De allí en más Bon­nie se entu­sias­ma con la mis­ma al pun­to tal que deja de lado a sus ama­dos jugue­tes. En la medi­da que la table­ta inte­li­gen­te alte­ra la armo­nía de los jugue­tes, la intré­pi­da Jes­sie y sus com­pin­ches están deter­mi­na­dos a tomar car­tas en el asun­to para recon­quis­tar a su dueña.

Es evi­den­te que en esta era digi­tal des­de la tem­pra­na edad los chi­cos se afe­rran de lleno a los apa­ra­tos emer­gen­tes de la tec­no­lo­gía actual en la que la extre­ma depen­den­cia de su uso lle­ga a cau­sar la preo­cu­pa­ción de los padres; sin embar­go, en la expo­si­ción de este com­ple­jo pro­ble­ma Stan­ton es muy sutil en su tra­ta­mien­to evi­tan­do demo­ni­zar a Lily­pad sino en cam­bio lograr que su uso ayu­de a socia­li­zar a Bon­nie, quien final­men­te encuen­tra en Bla­ze (Mykail-Miche­lle Harris), una ami­ga poco mayor que ella.

Incues­tio­na­ble­men­te, los estu­dios de ani­ma­ción Pixar han logra­do la haza­ña de con­ti­nuar fas­ci­nan­do a gran­des y chi­cos al mis­mo tiem­po que emo­cio­nar por la gran sen­si­bi­li­dad que des­ti­lan los per­so­na­jes de esta tra­ma; por aña­di­du­ra no fal­tan los hila­ran­tes momen­tos de humor apor­ta­dos por Smarty Pants (Conan 0’Brien), el dis­po­si­ti­vo elec­tró­ni­co con voz orien­ta­do al aprendizaje.

Las voces que acom­pa­ñan a los entra­ña­bles per­so­na­jes resul­tan irre­pro­cha­bles como asi­mis­mo lo es el nivel de exce­len­cia visual; en tal sen­ti­do, el equi­po de Pixar uti­li­za la avan­za­da tec­no­lo­gía con ima­gi­na­ción y crea­ti­vi­dad artís­ti­ca al ser­vi­cio de un rela­to don­de los ado­ra­bles jugue­tes logran una inigua­la­ble dimen­sión Jhuma­na.

La músi­ca de Randy New­man cobra vida incor­po­ran­do la can­ción I Knew it I knew com­pues­ta por Tay­lor Swift que se des­ta­ca en los cré­di­tos fina­les del film.

En suma, Stan­ton como direc­tor y guio­nis­ta ha logra­do reafir­mar la exce­len­cia de esta fran­qui­cia y es por eso que sería desea­ble que la mis­ma con­ti­núe median­te una pró­xi­ma entre­ga.  Jor­ge Gutman

Bello Poé­ti­co Film

UN ÉTÉ EN HIVER / TWO SEA­SONS, TWO STRAN­GERS. Japón, 2025. Un film de Sho Miya­ke. 89 minutos

Lo bueno si bre­ve dos veces bueno. Ese refrán per­mi­te apli­car­se a Un Éte en Hiver, un film con­tem­pla­ti­vo y mini­ma­lis­ta del rea­li­za­dor japo­nés Sho Miya­ke que ha gana­do reco­no­ci­mien­to inter­na­cio­nal dado que esta pelí­cu­la ha sido mere­ci­da­men­te dis­tin­gui­da con el Leo­par­do de Oro en el fes­ti­val de Locarno de 2025.

Shim Eun-kyung

En la narra­ción de la his­to­ria Miya­ke se basó en la adap­ta­ción rea­li­za­da por el escri­tor Yoshiha­ru Tau­ge de sus nove­las ilus­tra­das, Mr. Ben and His Igloo y A view of the Sea­si­de.  En la pri­me­ra par­te del rela­to se obser­va a Li (Shim Eun-kyung), una guio­nis­ta sur­co­rea­na resi­den­te en Japón que tra­ta de emer­ger de su blo­queo auto­ral escri­bien­do el guión de una pelí­cu­la que trans­cu­rre en verano.

Den­tro del esque­ma de un film den­tro de otro se obser­va a Nagi­sa (Yumi Kawai), una joven japo­ne­sa que visi­tan­do una región cos­te­ra cono­ce a Natsuo (Man­sa­ku Taka­da), un luga­re­ño quien como ella son seres soli­ta­rios; en ese encuen­tro de dos extra­ños, median­te silen­cios y con­ver­sa­cio­nes cami­nan­do por la pla­ya cada uno de ellos va com­par­tien­do sus con­flic­tos y dudas, emer­gien­do un víncu­lo entre amis­to­so y román­ti­co capaz de supe­rar la sole­dad que los ani­ma. Pron­ta­men­te se apre­cia que el guión de Li se plas­mó en un film que se pro­yec­ta en un amplio salón uni­ver­si­ta­rio, don­de al final de la pro­yec­ción ella y el direc­tor (inter­pre­ta­do por Miya­ke) están suje­tos a un deba­te por par­te de los estu­dian­tes, don­de en res­pues­ta a las pre­gun­tas for­mu­la­das se apre­cia que la guio­nis­ta no se sien­te segu­ra de sí misma.

Pos­te­rior­men­te, a fin de salir de su encie­rro men­tal, en el invierno Lí empren­de un via­je a una zona turís­ti­ca mon­ta­ño­sa cubier­ta de nie­ve, logran­do encon­trar una posa­da veni­da a menos que está a car­go de su due­ño Ben­zo (Shi­ni­chi Tsutsu­mi). Con este enig­má­ti­co hom­bre de media­na edad, ella esta­ble­ce una sin­gu­lar rela­ción en don­de cada uno tie­ne algo que ofre­cer al otro; así Ben­zo ate­núa su vida soli­ta­ria gra­cias a la pre­sen­cia de Li a quien le pide que escri­ba una his­to­ria sobre él y su hos­te­ría, en tan­to que ella com­prue­ba que el efec­ti­vo nexo logra­do con Ben­zo, le per­mi­ti­rá supe­rar su cri­sis de escri­to­ra para pro­se­guir con más fir­me­za como guionista.

Adop­tan­do un rit­mo cal­mo y sereno y ale­ján­do­se de una con­ven­cio­nal narra­ción, Miya­ke cons­tru­ye un bello melan­có­li­co y poé­ti­co film demos­tran­do la impor­tan­cia de la cone­xión huma­na como medio de emer­ger de una inco­mu­ni­ca­ción que en últi­ma ins­tan­cia gene­ra una frus­tran­te sole­dad. Refor­zan­do los valo­res de su tra­ba­jo, en los fac­to­res téc­ni­cos de pro­duc­ción el cineas­ta con­tó con la sober­bia foto­gra­fía de Yuta Tsu­ki­na­ga y el dise­ño sono­ro de Taka­mitsu Kawai que aso­cián­do­se armo­nio­sa­men­te al con­te­ni­do del rela­to con­si­guen impac­tar al espec­ta­dor. Jor­ge Gutman

Inti­ma Cró­ni­ca Familiar

QUI BRI­LLE AU COM­BAT. Fran­cia, 2025. Un film de Joséphi­ne Japy. 96 minutos

Una ínti­ma cró­ni­ca fami­liar es lo que se apre­cia en Qui bri­lle au com­bat, el pri­mer lar­go­me­tra­je de la actriz Joséphi­ne Japy rela­tan­do una afec­ción gené­ti­ca que en la vida real expe­ri­men­ta su her­ma­na menor. Esta auto­bio­gra­fía guio­ni­za­da por la novel cineas­ta jun­ta­men­te con Oli­vier Torres adop­ta un carác­ter fic­cio­nal aun­que en varias ins­tan­cias se tie­ne la sen­sa­ción de asis­tir a un docu­men­tal debi­do a la auten­ti­ci­dad que des­ti­la esta dra­má­ti­ca historia.

Méla­nie Lau­rent, Sarah Pachoud y Angé­li­na Woreth

La narra­ción intro­du­ce a la audien­cia en el seno de la fami­lia Rous­seau inte­gra­da por Gilles (Pie­rre-Yves Car­di­nal), su espo­sa Made­lei­ne (Méla­nie Lau­rent) y sus hijas Marion (Angé­li­na Woreth) de 17 años de edad y Ber­ti­lle (Sarah Pachoud) dos años menor. A tra­vés de la mira­da de Marion (alter ego de la direc­to­ra) se con­tem­pla cómo este núcleo fami­liar frá­gil­men­te equi­li­bra su exis­ten­cia debi­do a que Ber­ti­lle sufre el sín­dro­me de Phe­lan-McDer­mid, un tras­torno gené­ti­co del neu­ro­de­sa­rro­llo. Esa situa­ción que se ase­me­ja a un raro autis­mo con­du­ce a que la ado­les­cen­te adop­te una con­duc­ta deci­di­da­men­te anor­mal que se refle­ja entre otros aspec­tos en no hablar, cami­nar todo el tiem­po, cubrir su ros­tro de comi­da como si se tra­ta­ra de un bebé que en tal sen­ti­do es tra­ta­da por su madre; a todo ello el impre­ci­so diag­nós­ti­co reci­bi­do es que ella pue­de dejar de exis­tir en cual­quier momento.

Esa seve­ra dis­ca­pa­ci­ta­ción con­du­ce a los res­tan­tes miem­bros de la fami­lia tener que sobre­lle­var el tre­men­do peso de la con­vi­ven­cia brin­dán­do­le a Ber­ti­lle el mayor apo­yo posi­ble a la vez que tra­tan­do de man­te­ner la for­ta­le­za nece­sa­ria para supe­rar los obs­tácu­los de su dis­ca­pa­ci­dad. En dicha comu­ni­dad fami­liar, es admi­ra­ble la devo­ción de Made­lei­ne ocu­pán­do­se de su hija, así como Marion sin­tien­do un inmen­so cari­ño por su her­ma­na menor y res­pon­sa­bi­li­zán­do­se por ella tra­ta de armo­ni­zar su deseo de eman­ci­pa­ción como avan­za­da ado­les­cen­te. En cuan­to a Gilles, al ale­jar­se del caó­ti­co hogar para sumer­gir­se en su dia­rio tra­ba­jo encuen­tra la mane­ra de ate­nuar su esta­do anímico.

A tra­vés de suce­si­vas viñe­tas se asis­te a los por­me­no­res del estrés vivi­do por esta fami­lia, man­te­nien­do una cons­tan­te aler­ta por la impre­vi­si­bi­li­dad de los actos de Ber­ti­lle. No obs­tan­te la situa­ción des­crip­ta, la rea­li­za­do­ra impri­mien­do una nota­ble soli­dez narra­ti­va evi­ta el pate­tis­mo resal­tan­do las situa­cio­nes dra­má­ti­cas de mane­ra con­te­ni­da, sin que por ello que­den ausen­tes las emo­cio­nes expe­ri­men­ta­das por sus per­so­na­jes. La úni­ca obser­va­ción del rela­to resi­de en el roman­ce de Marion con un hom­bre de mayor edad (Félix Kysyl) que nada agre­ga al tema central.

Uno de los indu­da­bles valo­res del film resi­de en su impe­ca­ble elen­co, en el que se dis­tin­guen la excep­cio­nal actua­ción de Pachoud en el difí­cil rol que impo­ne la carac­te­ri­za­ción de Ber­ti­lle, la fir­me­za de Lau­rent com­po­nien­do a la estoi­ca madre y la ajus­ta­da com­po­si­ción de Woreth trans­mi­tien­do con com­ple­ta con­vic­ción a la abne­ga­da Marion.

Este rea­lis­ta dra­ma tra­ta­do con suma deli­ca­de­za, remar­ca­ble sen­si­bi­li­dad y abso­lu­ta natu­ra­li­dad, demues­tra la madu­rez de la novel rea­li­za­do­ra, crean­do favo­ra­bles expec­ta­ti­vas para futu­ros pro­yec­tos fíl­mi­cos que resuel­va enca­rar. Jor­ge Gutman