Ínti­ma His­to­ria Personal

ROME­RÍA. Espa­ña-Ale­ma­nia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Car­la Simón. 112 minutos

Tras haber impre­sio­na­do con su remar­ca­ble tra­ba­jo en Verano 1993 (2017) y pos­te­rior­men­te con Alca­rràs (2022) que obtu­vo el Oso de Oro en el fes­ti­val de Ber­lín, es aho­ra con Rome­ría que la rea­li­za­do­ra cata­la­na Car­la Simón rati­fi­ca su indis­cu­ti­ble talen­to median­te una vigo­ro­sa his­to­ria semi autobiográfica.

La cineas­ta ha expe­ri­men­ta­do en su vida la enor­me pena de haber per­di­do a sus padres a cau­sa del Sida cuan­do la cruel afec­ción no solo azo­tó a la comu­ni­dad LGTB sino tam­bién a quie­nes eran adic­tos a la dro­ga. Es así que con este dra­ma fami­liar, ella tra­ta de recrear qué es lo que ha sen­ti­do en su vida sin la pre­sen­cia de sus padres biológicos.

Llú­cia Garcia

La acción que trans­cu­rre duran­te 5 días de julio de 2004 pre­sen­ta a Mari­na Piñei­ro (Llú­cia Gar­cia), que aho­ra tie­ne 18 años (la mis­ma edad de Simón en ese año) y que habien­do que­da­do huér­fa­na ha sido cui­da­da y cria­da por la fami­lia de su madre en Bar­ce­lo­na. Con su gran voca­ción hacia el cine, aspi­ra obte­ner una beca para efec­tuar los estu­dios uni­ver­si­ta­rios per­ti­nen­tes; para ello es nece­sa­rio que pre­sen­te la docu­men­ta­ción de su naci­mien­to regis­tra­da por su padre. Es así que via­ja a Vigo don­de en un prin­ci­pio sale al cor­dial encuen­tro de su afa­ble tío Lois (Tris­tan Ulloa), su espo­sa Deni­se (Celi­ne Tyll) y sus pri­mos. Al tra­mi­tar la obten­ción del cer­ti­fi­ca­do men­cio­na­do acon­te­ce que en la par­ti­da de defun­ción de su padre Alfon­so ‑apo­da­do Fon- no apa­re­ce que haya teni­do una hija y es enton­ces que Mari­na debe con­tac­tar a sus abue­los paternos.

Para la joven, la visi­ta a Vigo tie­ne igual­men­te el pro­pó­si­to de inda­gar sobre la vida de sus pro­ge­ni­to­res que no lle­gó a cono­cer. Par­te de esa infor­ma­ción es sumi­nis­tra­da por su pri­mo Nuño (Mitch), el hijo de Lois, como asi­mis­mo de su tío Iago (Alber­to Gar­cía). Cuan­do final­men­te lle­ga a vin­cu­lar­se con su abue­lo Alfon­so Piñei­ro (José Egi­do), figu­ra patriar­cal que osten­ta una cuan­tio­sa for­tu­na como due­ño de los asti­lle­ros que lle­van su nom­bre, así como a su des­agra­da­ble abue­la Rosa­lía (Mari­na Tron­co­so), la recep­ción no es del todo cor­dial; ellos supo­nen que la nie­ta lle­gó en pro­cu­ra de dine­ro y en prin­ci­pio exis­te cier­ta resis­ten­cia en cam­biar los docu­men­tos ofi­cia­les dado que tra­tan de igno­rar o más bien olvi­dar a su hijo que fue ocul­ta­do social­men­te por su toxi­co­ma­nía que lo con­du­jo hacia la malig­na afección.

En su rela­to Simón emplea una narra­ti­va des­do­bla­da en dos perío­dos dife­ren­tes; uno de los mis­mos es el actual, el otro perío­do es el sus­ten­ta­do por las car­tas y las ano­ta­cio­nes regis­tra­das en el dia­rio de su madre; es así que median­te la recrea­ción de mági­cas esce­nas se obser­va a los padres de Mari­na (tam­bién inter­pre­ta­dos por Mitch y Lúcia Gar­cia) des­de 1982, radian­tes de la feli­ci­dad que los une, dis­fru­tan­do de los paseos marí­ti­mos de Gali­cia, así como el mutuo comien­zo de la adic­ción a la heroí­na has­ta cul­mi­nar en el fatal des­en­la­ce de Fon en 1992 y de su mujer unos años después.

A tra­vés de una his­to­ria nutri­da en el mar­co de una fami­lia dis­fun­cio­nal, a modo de catar­sis Mari­na con­si­gue recons­truir el pasa­do a tra­vés de su actual exis­ten­cia; este cau­ti­van­te per­so­na­je que es el alter ego de la cineas­ta, lle­ga final­men­te a com­pren­der por­qué sus padres nun­ca la han con­tac­ta­do duran­te sus pri­me­ros años de vida en Barcelona.

En el nume­ro­so elen­co la cineas­ta ha con­se­gui­do que la debu­tan­te Llú­cia Gar­cia remar­ca­ble­men­te trans­mi­te median­te expre­si­vos silen­cios las vici­si­tu­des de su per­so­na­je en pro­cu­ra de cubrir su incom­ple­ta iden­ti­dad. El film se ve real­za­do por la esplen­do­ro­sa foto­gra­fía de Hélè­ne Lou­vart cap­tan­do el bello pano­ra­ma marí­ti­mo de Gali­cia así como la acer­ta­da músi­ca de Ernest Pipó.

Median­te una muy bue­na narra­ción, Simón logra una sen­si­ble y con­mo­ve­do­ra come­dia dra­má­ti­ca refle­jan­do su muy ínti­ma his­to­ria per­so­nal que sin duda algu­na ame­ri­ta su visión. Jor­ge Gutman

Pre­vi­si­ble Dra­ma Romántico

CON­NE­MA­RA. Fran­cia, 2025. Un film de Alex Lutz. 115 minutos

El con­tras­te de la gran metró­po­li pari­si­na con la vida en una ciu­dad más peque­ña así como una adúl­te­ra rela­ción román­ti­ca son dos temas que se empa­re­jan en Con­ne­ma­ra. El film diri­gi­do por Alex Lutz está basa­do en la acla­ma­da nove­la homó­ni­ma de Nicols Mathieu publi­ca­da en 2022, aun­que su adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fi­ca no logra el mis­mo impacto.

Méla­nie Thierry y Bas­tien Bouillion

El guión del cineas­ta escri­to con Amé­lia Guya­der y Hadrien Bichet comien­za pre­sen­tan­do a Hélè­ne (Méla­nie Thierry), una con­sul­to­ra pari­si­na que con sus 40 años de edad expe­ri­men­ta un exhaus­ti­vo ago­ta­mien­to en el ejer­ci­cio de su pro­fe­sión. Es así que con su mari­do Phi­lip­pe (Gré­gory Mon­tel) y sus dos hijas pre­ado­les­cen­tes retor­na a Épi­nal (una ciu­dad ubi­ca­da en el nor­des­te de Fran­cia), don­de trans­cu­rrió par­te de su infan­cia y ado­les­cen­cia. Pero ese regre­so no le per­mi­te recu­pe­rar un equi­li­brio ade­cua­do para seguir ade­lan­te a pesar de asis­tir a sesio­nes con una psi­có­lo­ga; por otra par­te tam­po­co se vis­lum­bra algún indi­cio que pue­da refle­jar pro­ble­mas en su entorno familiar.

La situa­ción de esta mujer adquie­re un impor­tan­te cam­bio cuan­do detec­ta a Chris­tophe (Bas­tien Boui­llon), quien fue un com­pa­ñe­ro del liceo que se dis­tin­guió como juga­dor de hoc­key sobre hie­lo al que en su momen­to ado­ró y que aho­ra jue­ga para el equi­po local. Reme­mo­ran­do esos años de juven­tud, ese encuen­tro gene­ra­rá entre ambos un apa­sio­na­do víncu­lo amoroso.

Gran par­te de la segun­da mitad del rela­to se cen­tra en dicha rela­ción román­ti­ca entre­la­za­da con aspec­tos per­so­na­les de Chris­tophe quien es divor­cia­do, tie­ne a su car­go un hijo de 7 años y a su anciano padre (Jac­ques Gam­blin) que sufre de demen­cia senil.

Tal como está plan­tea­do, el rela­to se vale de recuer­dos que se pre­sen­tan de mane­ra frag­men­ta­da en el que se repi­ten en dema­sía esce­nas de entre­na­mien­tos y par­ti­dos de hoc­key, así como en el aspec­to román­ti­co las secuen­cias ínti­mas de sus dos pro­ta­go­nis­tas se reite­ran sin que apor­te la enver­ga­du­ra nece­sa­ria capaz de emo­cio­nar. A eso se agre­ga el hecho de que realís­ti­ca­men­te resul­ta difí­cil de com­pren­der cómo pue­de pasar des­aper­ci­bi­do para Phi­lip­pe el adul­te­rio de su mujer tenien­do en cuen­ta su ausen­cia por lar­gas horas fue­ra del hogar.

Lo que vigo­ri­za al film es la pro­li­ja pues­ta escé­ni­ca de Lutz evi­tan­do recar­gar las tin­tas en efec­tis­mos melo­dra­má­ti­cos; asi­mis­mo aun­que de mane­ra indi­rec­ta refle­ja la dife­ren­cia que emer­ge entre la vida más humil­de y tran­qui­la de Épi­nal (caso Chris­tophe) y la de la gran metró­po­li don­de un mayor nivel eco­nó­mi­co pue­de con­du­cir a un des­equi­li­brio emo­cio­nal (caso Hélè­ne). En el elen­co es des­ta­ca­ble la ajus­ta­da carac­te­ri­za­ción de Méla­nie Thierry, quien con gran sen­si­bi­li­dad trans­mi­te los sen­ti­mien­tos con­tra­dic­to­rios y dudas que envuel­ven a su per­so­na­je; en pape­les secun­da­rias se dis­tin­guen Gam­blin y la bre­ve apa­ri­ción de Clé­men­ti­ne Cela­rié carac­te­ri­zan­do a la madre de Helène.

En suma, aun­que este pre­vi­si­ble dra­ma román­ti­co imbui­do de cier­ta melan­co­lía no alcan­za a impre­sio­nar como debie­ra, se deja ver por los aspec­tos favo­ra­bles men­cio­na­dos. Jor­ge Gutman

Pro­cu­ran­do la Identificación

UNI­DEN­TI­FIED. Ara­bia Sau­di­ta, 2025. Un film de Hai­faa Al Man­sour. 100 minutos.

No es nada fre­cuen­te apre­ciar fil­mes de Ara­bia Sau­di­ta, aun­que eso no resul­ta extra­ño tenien­do en cuen­ta que recién en 2012 la direc­to­ra sau­di­ta Hai­faa Al Man­sour rodó Wadj­da que ha sido la pri­me­ra pelí­cu­la efec­tua­da en el país y que obtu­vo una muy bue­na recep­ción por par­te de la crí­ti­ca espe­cia­li­za­da. Des­pués de haber rea­li­za­do Mary She­lley (2017) y The Per­fect Can­di­da­te (2019), la cineas­ta retor­na con Uni­den­ti­fied, un thri­ller con­tem­po­rá­neo que trans­cu­rre en Riad.

Mila Alzah­ra­ni

El guión de Al Man­sour escri­to con Brad Nie­mann exhi­be en su comien­zo el cuer­po sin vida de una ado­les­cen­te en una región desér­ti­ca de Ara­bia Sau­di­ta. Como se tra­ta de una mujer, Majid (Sha­fi Alharthi), el jefe poli­cial encar­ga­do de la inves­ti­ga­ción, enco­mien­da a Nawal (Mila Alzah­ra­ni) que se diri­ja al lugar don­de se encuen­tra la víc­ti­ma. Nawal es una emplea­da del recin­to poli­cial ubi­ca­do en el nor­te de Riad que efec­túa tareas admi­nis­tra­ti­vas; no obs­tan­te al con­tem­plar a la víc­ti­ma y a efec­tos de que la mis­ma no sea sepul­ta­da en una tum­ba anó­ni­ma dado que nadie ha recla­ma­do su cuer­po, deci­de inves­ti­gar por su cuen­ta. Sien­do ella una mujer divor­cia­da y aca­rrean­do la pena de haber per­di­do a su bebi­ta, el ase­si­na­to de la joven la impre­sio­na sobre­ma­ne­ra; estan­do aten­ta a la infor­ma­ción de un pod­cast sobre los crí­me­nes no resuel­tos alre­de­dor del mun­do, ella sin haber sido entre­na­da como detec­ti­ve se empe­ña en con­se­guir la iden­ti­fi­ca­ción de la víc­ti­ma como asi­mis­mo de quién cau­só su muerte.

La tena­ci­dad y deter­mi­na­ción empren­di­da por Nawal la lle­va en prin­ci­pio a tra­tar de obte­ner datos de la escue­la de ense­ñan­za media don­de la joven pudo efec­tuar sus estu­dios y aun­que no logra mayor infor­ma­ción por par­te de la auto­ri­dad esco­lar, a tra­vés de una de las alum­nas obtie­ne los datos de la joven ase­si­na­da: es así que lle­ga a saber que la víc­ti­ma lla­ma­da Amal per­te­ne­ció a una fami­lia de exce­len­te posi­ción eco­nó­mi­ca y que pre­via­men­te a con­traer enla­ce en un matri­mo­nio con­cer­ta­do tuvo un encuen­tro con un mis­te­rio­so hom­bre. El asun­to adquie­re ten­sión en el momen­to en que Nawal lle­ga a con­tac­tar a la madre de Amal (Fat­ma Alsha­reef) quien rehú­sa man­te­ner el due­lo por su hija muer­ta por­que apa­ren­te­men­te pro­vo­có humi­lla­ción a su familia.

Pro­si­guien­do con su tarea y a pesar de que su supe­rior tra­ta de disua­dir­la en rea­li­zar una labor que for­mal­men­te no le corres­pon­de, Nawal con­si­gue lograr su adhe­sión al pro­veer­le impor­tan­tes pis­tas para el desa­rro­llo de la investigación.

Envuel­to en un cli­ma que adquie­re sus­pen­so a medi­da que avan­za el rela­to su des­en­la­ce adop­ta una vuel­ta de giro ines­pe­ra­do que en vez de enri­que­cer temá­ti­ca­men­te la his­to­ria pro­pues­ta, crea en el espec­ta­dor una sen­sa­ción de des­con­cier­to al obli­gar­lo a replan­tear lo que ha vis­to anteriormente.

De todos modos lo tras­cen­den­te de este thri­ller radi­ca en expo­ner la con­di­ción feme­ni­na en una socie­dad que con­fi­na a la mujer a roles secun­da­rios; es pre­ci­sa­men­te lo que expe­ri­men­ta Nawal vivien­do en un sis­te­ma patriar­cal que rehú­sa silen­ciar ver­da­des rele­van­tes que ata­ñen a su sexo. En tal sen­ti­do, que­da cla­ro que cuan­do se pro­du­ce la des­apa­ri­ción de muje­res o bien casos de femi­ni­ci­dio, la cul­tu­ra sau­di­ta no adju­di­ca la impor­tan­cia debida.

Más allá de la obje­ción refe­ri­da a la ambi­gua con­clu­sión pro­vis­ta por el guión, la cineas­ta logra un film entre­te­ni­do en don­de se des­ta­ca la exce­len­te actua­ción pro­ta­gó­ni­ca de Mila Alzah­ra­ni. Jor­ge Gutman

Migran­tes Indocumentados

PRO­MIS LE CIEL Túnez-Fran­cia-Qatar, 2025. Un film de Eri­ge Sehi­ri. 92 minutos.

Des­pués de su ópe­ra pri­ma Sous les figues (2022) que fue pre­sen­ta­da en la Quin­ce­na de Cineas­tas de Can­nes, la direc­to­ra Eri­ge Sehi­ri impri­me nue­va­men­te su fina sen­si­bi­li­dad feme­ni­na en Pro­mis le ciel abor­dan­do a tres emi­gran­tes tune­ci­nas, pro­ve­nien­tes de dife­ren­tes luga­res de África.

Este­lle Ken­za Dpg­bo y Ais­sa Maiga

En un guión de la cineas­ta com­par­ti­do con Anna Clen­nik y Mali­ka Céci­le Loua­ti, se obser­va en un comien­zo a Marie (Ais­sa Mai­ga) pro­te­gien­do a Ken­za (Este­lle Ken­za Dpg­bo), una niña huér­fa­na cuyos padres pro­ba­ble­men­te pere­cie­ron en el nau­fra­gio del bote en que se halla­ban. Ade­más de actuar como madre adop­ti­va y de ese modo supe­rar la pena cau­sa­da por la pér­di­da de su pro­pia hija, esta mujer negra inmi­gran­te que resi­de des­de hace una déca­da en Túnez sin haber logra­do aún la docu­men­ta­ción per­ti­nen­te, es una pas­to­ra evan­ge­lis­ta de una igle­sia local cuyos feli­gre­ses migran­tes vivien­do en con­di­cio­nes difí­ci­les con­fían en su prédica.

En su casa igual­men­te con­vi­ven otras dos muje­res tam­bién de raza negra. Una de ellas es Naney (Débo­rah Chris­te­lle Naney) quien para man­te­ner­se se dedi­ca a tra­fi­car bebi­das alcohó­li­cas y su aspi­ra­ción mayor es la de poder reu­nir el dine­ro sufi­cien­te para traer a Túnez a su hija ado­les­cen­te que resi­de en Côte d’Ivoire. La más joven de las tres es Jolie (Lae­ti­tia Ky), una bri­llan­te estu­dian­te de inge­nie­ría cuya fami­lia aguar­da que una vez diplo­ma­da pue­da vis­lum­brar un futu­ro auspicioso.

A dichos per­so­na­jes cen­tra­les se agre­ga Foued (Foued Zaa­zaa), un hom­bre blan­co de media­na edad que a tra­vés de un pasa­do no muy agra­da­ble man­tie­ne una rela­ción ami­ga­ble con Naney. Asi­mis­mo se halla Ismael (Moha­med Gra­yaá), el due­ño de depar­ta­men­to en que habi­ta Marie, quien expre­sa su inquie­tud por temer que la poli­cía pue­da des­cu­brir que alo­ja a gen­te sin docu­men­ta­ción legal.

El rela­to des­cri­be las tra­yec­to­rias en común y en for­ma sepa­ra­da de las tres pro­ta­go­nis­tas tra­tan­do de ajus­tar­se a una cul­tu­ra dife­ren­te, sobre todo en lo que res­pec­ta al cre­do reli­gio­so. Igual­men­te ellas deben afron­tar el mar­ca­do racis­mo pre­va­le­cien­te como asi­mis­mo la polí­ti­ca guber­na­men­tal que opues­ta a ofre­cer resi­den­cia legal a la indo­cu­men­ta­da migra­ción, uti­li­za la fuer­za poli­cial para efec­tuar arres­tos en las calles. Es así que el cie­lo pro­me­ti­do al que alu­de el títu­lo del film está lejos de con­ver­tir­se en una vida color de rosa, sin que la igle­sia pue­da resol­ver los pro­ble­mas que afli­gen a los migran­tes, no obs­tan­te el sen­ti­mien­to de her­man­dad que los une.

Sin sub­ra­ya­do melo­dra­má­ti­co, la direc­to­ra ofre­ce una esce­na emo­ti­va cuan­do Marie se ve for­za­da a entre­gar a su que­ri­da Ken­za a un hogar que alber­ga a la infan­cia huérfana.

Sehi­ri apor­ta nota­ble auten­ti­ci­dad a esta his­to­ria en la medi­da que en varias ins­tan­cias se ase­me­ja a un docu­men­tal. A ello cabe agre­gar que diri­gió un sóli­do elen­co enca­be­za­do por Mai­ga, Naney y Ky quie­nes ple­na­men­te se invo­lu­cran en sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. No menos impor­tan­te son los vera­ces diá­lo­gos con­te­ni­dos en el bien arti­cu­la­do guión y en espe­cial por ofre­cer una visión no muy difun­di­da acer­ca de la polí­ti­ca migra­to­ria vigen­te en Túnez.

En esen­cia, sin lle­gar a un nivel de excep­ción, la cineas­ta brin­da un meri­to­rio film que des­ti­lan­do un nota­ble con­te­ni­do humano per­mi­te empa­ti­zar con las peri­pe­cias incu­rri­das por sus per­so­na­jes. Jor­ge Gutman

Alta Cos­tu­ra

COUTU­RE. Fran­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Ali­ce Wino­cour. 103 minutos

La Fashion Week que anual­men­te se efec­túa en París, es el esce­na­rio de fon­do en el cual la direc­to­ra Ali­ce Wino­cour en Coutu­re cen­tra su aten­ción en las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por varios per­so­na­jes invo­lu­cra­dos en ese acontecimiento.

Ange­li­na Jolie

Al comen­zar el rela­to se obser­va a Maxi­me Wal­ker (Ange­li­na Jolie), una direc­to­ra esta­dou­ni­den­se lle­gan­do a la capi­tal fran­ce­sa para fil­mar un video sobre los por­me­no­res de la Sema­na de la Moda; des­pués de ser reci­bi­da por los orga­ni­za­do­res del mis­mo ella es pre­sen­ta­da a Anton (Louis Garrell), el direc­tor de foto­gra­fía. Alllí ambién se encuen­tra la joven Ada (Anyier Anei), una estu­dian­te de far­ma­cia pro­ve­nien­te de Nai­ro­bi, que nun­ca se había ale­ja­do de su hogar y que ha sido con­tra­ta­da para par­ti­ci­par como una de las mode­los. En ese entorno tam­bién par­ti­ci­pa  Angè­le (Ella Rumpf) que es la maqui­lla­do­ra de las mani­quíes aun­que su pro­pó­si­to es el de deve­nir literata.

Wino­cour con­cen­tra gran par­te de esta his­to­ria en Maxi­me quien ines­pe­ra­da­men­te reci­be el lla­ma­do de su médi­co ame­ri­cano quien le comu­ni­ca que la biop­sia que le fue rea­li­za­da antes de par­tir a Fran­cia refle­ja la posi­bi­li­dad de un cán­cer de pecho y soli­ci­ta ver­la; al encon­trar­se fue­ra de Esta­dos Uni­dos, el doc­tor le reco­mien­da que vea al can­ce­ró­lo­go fran­cés Lau­rent Han­sen (Vin­cent Lin­don). Es allí que emer­gen los momen­tos más dra­má­ti­cos del film, en la medi­da que el oncó­lo­go al exa­mi­nar las imá­ge­nes de la biop­sia con­si­de­ra que es suma­men­te nece­sa­rio que ella se some­ta de inme­dia­to a un tra­ta­mien­to qui­mio­te­ra­péu­ti­co; a pesar de que Maxi­me desea pos­ter­gar­lo para cuan­do fina­li­ce su pró­xi­mo film, la res­pues­ta que obtie­ne es que su salud se encuen­tra en gra­ve ries­go si se pos­po­ne el tra­ta­mien­to. En las con­ver­sa­cio­nes que man­tie­ne tele­fó­ni­ca­men­te con su hija ado­les­cen­te que resi­de en Esta­dos Uni­dos, ella le ocul­ta lo que le suce­de en tan­to que reci­be el apo­yo de Anton con quien lle­ga a inti­mar románticamente.

En cuan­to a Ada, ella com­prue­ba la acti­tud soli­da­ria de la gen­te con la que se rela­cio­na, sobre todo con una mode­lo de Ucra­nia que le trans­mi­te su expe­rien­cia de esca­par del con­flic­to béli­co que sacu­de a su país. Por su par­te, Angè­le, como ambi­cio­sa escri­to­ra espe­ra reu­nir en un libro los escri­tos que efec­túa acer­ca de lo que va obser­van­do duran­te el desa­rro­llo del evento.

Refle­jan­do aspec­tos de la vida pro­fe­sio­nal y per­so­nal de las tres muje­res, lo que más tras­cien­de es la estu­pen­da carac­te­ri­za­ción que Jolie logra de su per­so­na­je; la popu­lar actriz en una de las mejo­res inter­pre­ta­cio­nes de su carre­ra, trans­mi­te el inmen­so con­flic­to que atra­vie­sa Maxi­me don­de la pre­ser­va­ción que requie­re su gra­ve tumor es a cos­ta de dejar a un cos­ta­do su crea­ti­vi­dad artís­ti­ca. A su lado es pon­de­ra­ble la actua­ción de Lin­don quien con com­ple­ta natu­ra­li­dad adop­ta el com­por­ta­mien­to del oncó­lo­go tra­tan­do a su paciente.

Curio­sa­men­te, en lo que ata­ñe al uni­ver­so de la moda, más allá de apre­ciar la labor rea­li­za­da en el taller de cos­tu­ra por su dise­ña­do­ra Chris­ti­ne (Garan­ce Mari­llier) y las demás cos­tu­re­ras en la con­fec­ción de los ves­ti­dos, es muy poco lo que en tal sen­ti­do el film apor­ta. Aun­que sin lle­gar a pro­fun­di­zar el mun­do de la alta cos­tu­ra, la cali­bra­da pues­ta escé­ni­ca de Wino­cour con­si­gue man­te­ner el inte­rés de las his­to­rias ínti­mas del trío pro­ta­gó­ni­co, sobre­sa­lien­do la con­mo­ve­do­ra y muy huma­na de Maxi­me que a tra­vés de la exce­len­te inter­pre­ta­ción de Jolie ame­ri­ta su visión. Jor­ge Gutman