CONNEMARA. Francia, 2025. Un film de Alex Lutz. 115 minutos
El contraste de la gran metrópoli parisina con la vida en una ciudad más pequeña así como una adúltera relación romántica son dos temas que se emparejan en Connemara. El film dirigido por Alex Lutz está basado en la aclamada novela homónima de Nicols Mathieu publicada en 2022, aunque su adaptación cinematográfica no logra el mismo impacto.

Mélanie Thierry y Bastien Bouillion
El guión del cineasta escrito con Amélia Guyader y Hadrien Bichet comienza presentando a Hélène (Mélanie Thierry), una consultora parisina que con sus 40 años de edad experimenta un exhaustivo agotamiento en el ejercicio de su profesión. Es así que con su marido Philippe (Grégory Montel) y sus dos hijas preadolescentes retorna a Épinal (una ciudad ubicada en el nordeste de Francia), donde transcurrió parte de su infancia y adolescencia. Pero ese regreso no le permite recuperar un equilibrio adecuado para seguir adelante a pesar de asistir a sesiones con una psicóloga; por otra parte tampoco se vislumbra algún indicio que pueda reflejar problemas en su entorno familiar.
La situación de esta mujer adquiere un importante cambio cuando detecta a Christophe (Bastien Bouillon), quien fue un compañero del liceo que se distinguió como jugador de hockey sobre hielo al que en su momento adoró y que ahora juega para el equipo local. Rememorando esos años de juventud, ese encuentro generará entre ambos un apasionado vínculo amoroso.
Gran parte de la segunda mitad del relato se centra en dicha relación romántica entrelazada con aspectos personales de Christophe quien es divorciado, tiene a su cargo un hijo de 7 años y a su anciano padre (Jacques Gamblin) que sufre de demencia senil.
Tal como está planteado, el relato se vale de recuerdos que se presentan de manera fragmentada en el que se repiten en demasía escenas de entrenamientos y partidos de hockey, así como en el aspecto romántico las secuencias íntimas de sus dos protagonistas se reiteran sin que aporte la envergadura necesaria capaz de emocionar. A eso se agrega el hecho de que realísticamente resulta difícil de comprender cómo puede pasar desapercibido para Philippe el adulterio de su mujer teniendo en cuenta su ausencia por largas horas fuera del hogar.
Lo que vigoriza al film es la prolija puesta escénica de Lutz evitando recargar las tintas en efectismos melodramáticos; asimismo aunque de manera indirecta refleja la diferencia que emerge entre la vida más humilde y tranquila de Épinal (caso Christophe) y la de la gran metrópoli donde un mayor nivel económico puede conducir a un desequilibrio emocional (caso Hélène). En el elenco es destacable la ajustada caracterización de Mélanie Thierry, quien con gran sensibilidad transmite los sentimientos contradictorios y dudas que envuelven a su personaje; en papeles secundarias se distinguen Gamblin y la breve aparición de Clémentine Celarié caracterizando a la madre de Helène.
En suma, aunque este previsible drama romántico imbuido de cierta melancolía no alcanza a impresionar como debiera, se deja ver por los aspectos favorables mencionados. Jorge Gutman