La Pasión en el Arte

EAS­TER IN ART

En el mar­co de la serie Exhi­bi­tion on Screen, el rea­li­za­dor bri­tá­ni­co Phi­lip Grabsky, muy cono­ci­do por haber brin­da­do más de trein­ta remar­ca­bles docu­men­ta­les de gran­des maes­tros del arte, aho­ra retor­na con Eas­ter In Art enfo­can­do a Jesucristo.

Eas­ter in Art (Foto: exhibitiononscreen.com)

La vida, muer­te y resu­rre­ción de Jesús de Naza­reth ha sido y sigue sien­do un even­to his­tó­ri­co refle­ja­do en la Biblia y que ha tras­cen­di­do cul­tu­ral­men­te. Es así que a tra­vés de los tiem­pos el arte lo ha refle­ja­do median­te sus diver­sas mani­fes­ta­cio­nes. Grabsky explo­ra este acon­te­ci­mien­to a tra­vés de las obras rea­li­za­das por Cara­vag­gio, Rafael, Da Vin­ci, Rem­brandt, Miche­lan­ge­lo, Rubens, Dalí, Munch y muchos más; ellos han plas­ma­do en sus pin­tu­ras, escul­tu­ras y vitra­les dife­ren­tes aspec­tos de Cris­to trans­cu­rri­dos duran­te la Sema­na Santa.

Todos estos tra­ba­jos se encuen­tran expues­tos en las salas de los más impor­tan­tes museos del mun­do; con todo, lo que dis­tin­gue a este docu­men­tal es que al no ser posi­ble que físi­ca­men­te estas artís­ti­cas crea­cio­nes pue­dan ser reu­ni­das en un úni­co espa­cio, Grabsky deci­dió tras­la­dar su cáma­ra a Israel, Esta­dos Uni­dos y a dife­ren­tes sitios de Euro­pa para su fil­ma­ción y así per­mi­tir que el espec­ta­dor apre­cie en su con­jun­to 100 obras de arte. El docu­men­tal cuen­ta con la par­ti­ci­pa­ción de varios exper­tos de arte quie­nes se refie­ren sobre las dife­ren­tes visio­nes que han teni­do los auto­res para trans­mi­tir la Pasión de Cris­to en sus res­pec­ti­vas obras.

Esta expo­si­ción artís­ti­ca será exhi­bi­da en las salas de Cine­plex a par­tir del 2 de abril. Para infor­ma­ción adi­cio­nal pre­sio­ne aquí 

El Genio de la Libertad

CHAR­LIE CHA­PLIN, LE GÉNIE DE LA LIBER­TÉ. Fran­cia, 2020. Un film de Yves Jeu­land. 145 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les de lefifa.com arts.film.

Con más de 30 nota­bles docu­men­ta­les rea­li­za­dos, el direc­tor Yves Jeu­land retor­na aho­ra con un excep­cio­nal tra­ba­jo dedi­ca­do al genial Char­les Cha­plin efec­tua­do para la tele­vi­sión de Fran­cia. El guión de Jeu­land y Fra­nçois Aymé, per­mi­te seguir el tra­yec­to de Cha­plin (1889 – 1977) des­de sus humil­des orí­ge­nes en Ingla­te­rra has­ta su dece­so en Sui­za, con espe­cial énfa­sis a su inva­lua­ble labor profesional.

A dife­ren­cia de otros docu­men­ta­les aquí no hay nin­gu­na per­so­na entre­vis­ta­da dado que lo exhi­bi­do es nutri­do por un extra­or­di­na­rio mate­rial de archi­vo pro­ve­nien­te del cine y la tele­vi­sión como asi­mis­mo extrac­tos de fil­ma­ción pri­va­dos per­te­ne­cien­tes a la fami­lia del actor. Más allá de una mera reco­pi­la­ción es impor­tan­te des­ta­car el esfuer­zo rea­li­za­do por sus auto­res que impli­có apro­xi­ma­da­men­te 3 años de tra­ba­jo y casi un año de edi­ción rea­li­za­do de mane­ra remar­ca­ble por la mon­ta­jis­ta Syl­vie Bour­get. Con­se­cuen­te­men­te, el espec­ta­dor acom­pa­ña­do por la voz huma­na en off del actor Mathieu Amalric es guia­do a tra­vés del desa­rro­llo de este remar­ca­ble documental.

Entre los aspec­tos salien­tes de los archi­vos se des­ta­ca sus comien­zos a tem­pra­na edad en los music-halls de Lon­dres, su paso por París y pos­te­rior­men­te lle­ga­da a Esta­dos Uni­dos en 1910. En pleno auge del cine mudo comen­zó su actua­ción en nume­ro­sos cor­tos uti­li­zan­do en todos ellos el emble­má­ti­co per­so­na­je del pobre vaga­bun­do Char­lot ‑su alter ego- con su clá­si­co som­bre­ro y bas­tón que habría de acom­pa­ñar­lo por más de dos déca­das. Con su popu­la­ri­dad con­quis­ta­da en dichos cor­tos, lle­ga el momen­to en que desea lograr su inde­pen­den­cia y apro­ve­char al máxi­mo su crea­ti­vi­dad de artis­ta sin res­tric­ción de nin­gu­na índo­le; es así que en 1919 fun­da la com­pa­ñía Uni­ted Artists jun­to con la popu­lar actriz Mary Pick­ford, el céle­bre rea­li­za­dor D.W. Grif­fith y el actor y direc­tor Dou­glas Fair­banks quien fue su gran amigo.

Des­pués de The Kid (El Pibe, 1921), el pri­mer con­mo­ve­dor lar­go­me­tra­je que lan­zó a la fama al actor infan­til Jac­kie Coogan, para Cha­plin el cie­lo es el úni­co lími­te. Como noto­ria cele­bri­dad de Holly­wood y del cine mun­dial diri­ge y actúa en su obra maes­tra The Gold Rush (La Qui­me­ra del Oro, 1925) en don­de el docu­men­tal resal­ta la inol­vi­da­ble esce­na en que el erra­bun­do Char­lot acu­cia­do por el ham­bre, pre­pa­ra como pla­to de comi­da su pro­pio zapa­to. Resis­tién­do­se al adve­ni­mien­to del cine sono­ro sigue cen­trán­do­se en el mudo con la fil­ma­ción de la sen­si­ble come­dia sen­ti­men­tal Lime­light (Luces de la Ciu­dad, 1931), otro de sus gran­des éxi­tos. Des­pués de un año y medio de estan­cia en Euro­pa don­de es reci­bi­do como estre­lla mun­dial retor­na a Holly­wood para ofre­cer Modern Times (Tiem­pos Moderno, 1936); en ese film Cha­plin alu­de a las dife­ren­cias de cla­ses, mos­tran­do a su irre­sis­ti­ble per­so­na­je como un ins­tru­men­to del maqui­nis­mo indus­trial con­ver­ti­do en robot a tra­vés de la pro­duc­ción en serie.

La difí­cil situa­ción polí­ti­ca que sacu­de a Euro­pa con el adve­ni­mien­to del nazis­mo, le sir­ve de ins­pi­ra­ción para pre­pa­rar el guión de The Great Dic­ta­tor (El Gran Dic­ta­dor) que lo com­ple­ta el 10 de noviem­bre de 1938, el día siguien­te al de la “Noche de los Cris­ta­les Rotos” don­de el anti­se­mi­tis­mo vigen­te en Ale­ma­nia se hace sen­tir en toda su dimen­sión; es así que su visio­na­ria pelí­cu­la estre­na­da en 1940 y la pri­me­ra que rea­li­za para el cine sono­ro cons­ti­tu­ye una des­pia­da­da crí­ti­ca de Hitler y de todas las dic­ta­du­ras en gene­ral; a pesar de que el film reci­bió múl­ti­ples nomi­na­cio­nes de la Aca­de­mia de Holly­wood, Cha­plin fue dis­tin­gui­do en 1941 con un solo Oscar atri­bui­do al Mejor Guión Original.

Cua­tro fil­mes adi­cio­na­les segui­rían entre los fina­les de la déca­da del 40 y la del 50 don­de el títu­lo más des­ta­ca­do es Lime­light (Can­di­le­jas, 1952); en el mis­mo el pro­di­gio­so cineas­ta narra la his­to­ria de un paya­so y una bai­la­ri­na cuyas vidas se cru­zan des­cu­brien­do que a tra­vés de la mutua ayu­da sub­ya­ce el amor que sien­ten el uno por el otro.

El docu­men­tal igual­men­te alu­de a las acu­sa­cio­nes de comu­nis­ta de que fue obje­to Cha­plin por sim­pa­ti­zar con los rusos lo que moti­vó que en 1947 el Comi­té de Acti­vi­da­des Anti­ame­ri­ca­nas comen­za­ra su cace­ría de bru­jas a fin de que fue­se depor­ta­do. Cuan­do en 1952 par­te rum­bo a Ingla­te­rra, don­de es reci­bi­do con todos los hono­res, el FBI logró que le sea qui­ta­do el per­mi­so de resi­den­cia ame­ri­ca­na; sola­men­te logra retor­nar en 1972 median­te un visa­do de sólo 10 días para reci­bir el Oscar Hono­rí­fi­co por la tra­yec­to­ria de su bri­llan­te carre­ra. Si bien el docu­men­tal ofre­ce nume­ro­sas esce­nas con­mo­ve­do­ras, sus últi­mos 15 minu­tos con­tri­bu­yen para que al final de su visión uno que­de pro­fun­da­men­te emocionado.

Gra­cias a la cali­dad de la escri­tu­ra, a la selec­ción del mate­rial en don­de par­ti­ci­pó asi­mis­mo la docu­men­ta­lis­ta Aude Vasa­llo y a su extra­or­di­na­rio mon­ta­je, éste es uno de los mejo­res docu­men­ta­les que se haya rea­li­za­do en los últi­mos años. Aun­que los ciné­fi­los cono­cen en gran par­te la fil­mo­gra­fía de Cha­plin, el tra­ba­jo de Jeu­land y Ayme cons­ti­tu­ye un más que mere­ci­do tri­bu­to a esta figu­ra icó­ni­ca que como direc­tor, actor, guio­nis­ta y com­po­si­tor musi­cal a tra­vés de la magia del sép­ti­mo arte supo ofre­cer obras de gran huma­ni­dad así como de pene­tran­te con­te­ni­do social. Jor­ge Gutman

Un Emo­ti­vo Documental

BABEN­CO: TELL ME WHEN I DIE. Bra­sil, 2019. Un film de Bar­ba­ra Paz. 73 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les lefifa.com y arts.film

Hacien­do su debut como rea­li­za­do­ra, Bár­ba­ra Paz ‑la viu­da de Héc­tor Baben­co- ofre­ce un emo­ti­vo docu­men­tal dedi­ca­do a la tra­yec­to­ria del direc­tor argen­tino-bra­si­le­ño. Cuan­do muy enfer­mo y pre­sin­tien­do su inmi­nen­te muer­te Baben­co le dice “Yo ya he vivi­do mi muer­te y aho­ra lo que res­ta es hacer un film sobre eso”, la docu­men­ta­lis­ta satis­fa­ce su deseo median­te este logra­do film.

Cier­ta­men­te uno de los más impor­tan­tes rea­li­za­do­res de Amé­ri­ca Lati­na, Baben­co a los 38 años (1984) fue diag­nos­ti­ca­do de cán­cer lin­fá­ti­co por par­te de su ami­go y oncó­lo­go Dr. Drau­zio Vare­lla. Su pro­nós­ti­co de vida era de esca­sos meses pero el des­tino dis­pu­so de otro modo per­mi­tien­do que su enfer­me­dad se pro­lon­ga­ra por más de tres déca­das. Es así que Paz abor­da el docu­men­tal expo­nien­do las face­tas de una per­so­na que enfren­tan­do su mor­ta­li­dad trans­mi­te sus mie­dos, ansie­da­des y fun­da­men­tal­men­te su deseo de no inte­rrum­pir su tra­ba­jo para el cine que para él cons­ti­tu­yó la medi­ci­na más impor­tan­te para alar­gar su vida has­ta el momen­to en que en 2016 la muer­te aso­mó en su puerta.

A tra­vés de extrac­tos fil­ma­dos el docu­men­tal lo exhi­be en su infan­cia en Mar del Pla­ta, la ciu­dad don­de nació. Per­te­ne­cien­do a una fami­lia judía, Baben­co mani­fies­ta que a los 17 años deci­de dejar Argen­ti­na debi­do al anti­se­mi­tis­mo impe­ran­te para resi­dir en Bra­sil; en ese deve­nir no ocul­ta el pro­ble­ma de iden­ti­dad que debe afron­tar cuan­do en el país anfi­trión se lo con­si­de­ra argen­tino, en tan­to que en Argen­ti­na se lo supo­ne brasileño.

Pasan­do revis­ta a su fil­mo­gra­fía, Paz ilus­tra algu­nas esce­nas con clips de sus fil­mes inclu­yen­do entre otros a Pixo­te (1981), su pri­mer gran triun­fo en don­de con un tono docu­men­tal denun­cian­do la injus­ti­cia social el cineas­ta expo­ne a la juven­tud delin­cuen­te de Bra­sil y la for­ma en que es uti­li­za­da por la poli­cía corrup­ta para come­ter deli­tos. Su con­sa­gra­ción inter­na­cio­nal la obtie­ne con El Beso de la Mujer Ara­ña (1985), basa­da en la céle­bre nove­la de Manuel Puig, cuyo tras­la­do a la pan­ta­lla le cupo ser nomi­na­do como mejor direc­tor por la Aca­de­mia de Holly­wood y que le valió a William Hurt el pre­mio al mejor actor. No menos impor­tan­te ha sido Caran­di­rú (2003), basa­do en el libro del doc­tor Vare­lla, cuyo títu­lo se refie­re al tris­te­men­te céle­bre cen­tro de deten­ción de San Pablo que fue demo­li­do en 2002.

Paz igual­men­te pre­sen­ta a su espo­so en los tra­ta­mien­tos reci­bi­dos tan­to en el hos­pi­tal como en su domi­ci­lio y aun­que se lo ve como al típi­co pacien­te pos­tra­do débil­men­te des­pués de las sesio­nes de qui­mio­te­ra­pia, en esas esce­nas la direc­to­ra evi­ta tener com­pa­sión de su espo­so sino por el con­tra­rio des­ta­ca su ímpe­tu para seguir fil­man­do; en tal sen­ti­do su pós­tu­mo film Mi Ami­go Hin­dú (2015) mues­tra al per­so­na­je inter­pre­ta­do por Willem Dafoe como su alter ego: un direc­tor de cine pró­xi­mo a morir.

Mag­ní­fi­ca­men­te fil­ma­do en blan­co y negro y sin sen­ti­men­ta­lis­mo alguno, Paz ofre­ce un ínti­mo retra­to de un hom­bre des­nu­dan­do su alma, que a pesar de su máxi­ma fra­gi­li­dad físi­ca no clau­di­ca su pasión por el cine has­ta exha­lar el últi­mo res­pi­ro. Este con­mo­ve­dor film ha sido pre­mia­do como mejor docu­men­tal en el Fes­ti­val de Vene­cia de 2019 en oca­sión de su estreno mun­dial. Jor­ge Gutman

El Gran Cineasta

FELLI­NI NEVER ENDING (Felli­ni Fine Mai). Ita­lia 2019. Un docu­men­tal escri­to y diri­gi­do por Euge­nio Cap­puc­cio. 80 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les de lefifa.com arts.film

Con­me­mo­ran­do el cen­te­na­rio del naci­mien­to de Fede­ri­co Felli­ni (1920 – 1993), el rea­li­za­dor Euge­nio Cap­puc­cio deci­dió home­na­jear a su gran maes­tro con este docu­men­tal. Habien­do comen­za­do a tra­ba­jar como su asis­ten­te en Gin­ger y Fred (1986) con Mar­ce­llo Mas­troian­ni y Giu­liet­ta Mas­si­na, el docu­men­ta­lis­ta ofre­ce un retra­to del gran rea­li­za­dor ita­liano con resul­ta­dos mixtos.

En su pri­me­ra par­te se asis­te a un recuen­to de las pelí­cu­las más impor­tan­tes de su carre­ra con espe­cia­les refe­ren­cias a I Vite­llo­ni (1953), Amar­cord (1973) basa­da en Rimi­ni, su ciu­dad natal, una entre­vis­ta rea­li­za­da a Felli­ni en el set de fil­ma­ción de E La Nave Va (1983) e intro­du­cien­do algu­nas esce­nas de Le not­ti di Cabi­ria (1957) y La cit­tà delle don­ne (1980) . En esa revi­sión Cap­puc­cio se vale de mate­rial de archi­vo así como del tes­ti­mo­nio de varios de los cola­bo­ra­do­res y ami­gos de Felli­ni, inclu­yen­do entre otros a Ser­gio Rubi­ni, Danie­la Bar­bia­ni, Ferruc­cio Cas­tro­nuo­vo, Andrea de Car­lo, Vin­cen­zo Molli­ca, Gian­fran­co Ange­luc­ci y a su sobri­na Fran­ces­ca Fab­bri Fellini.

En esen­cia, esta rese­ña efec­tua­da por Cap­puc­cio no ofre­ce nada nue­vo de lo que ya se ha vis­to en otras oca­sio­nes; en ese aspec­to es más exhaus­ti­vo el exce­len­te docu­men­tal fran­co-ita­liano Felli­ni, Je suis un grand men­teur (2002) de Damian Pet­ti­grew don­de que­da resal­ta­da la excep­cio­nal fil­mo­gra­fía de Felli­ni así como sus méto­dos poco orto­do­xos de tra­ba­jo, su sin­gu­lar maes­tría esté­ti­ca y carac­te­rís­ti­cas de su personalidad.

Es en la segun­da mitad de este docu­men­tal don­de el rea­li­za­dor ofre­ce aspec­tos poco cono­ci­dos de Felli­ni vin­cu­la­dos con cier­tos pro­yec­tos fíl­mi­cos que no se con­cre­ta­ron. En la entre­vis­ta que Cap­puc­cio rea­li­za al dibu­jan­te e ilus­tra­dor ita­liano Milo Man­ra ‑que mere­ció el res­pe­to de Felli­ni– él expli­ca por­qué la ilus­tra­ción de su cuen­to sobre un via­je a Tulum no pudo imple­men­tar­se en un film. La pelí­cu­la tam­bién se refie­re al encuen­tro que Felli­ni desea­ba man­te­ner con el autor peruano Car­los Cas­ta­ñe­da des­pués de haber leí­do con gran entu­sias­mo su libro Las Ense­ñan­zas de Don Juan que desea­ba fil­mar y que tam­po­co se pudo con­cre­tar. Otro pro­yec­to malo­gra­do ha sido el del film que habría de lla­mar­se El Via­je de G. Mas­tor­na, basa­do en una his­to­ria surrealista.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, la figu­ra de Felli­ni siem­pre intere­sa pero en este caso el docu­men­tal no logra sus­ci­tar un entu­sias­mo mayor; de todos modos, cons­ti­tu­ye un hones­to home­na­je de Capuc­cio al remar­ca­ble cineas­ta des­ta­can­do ade­más de su remar­ca­ble crea­ti­vi­dad artís­ti­ca, sus apre­cia­bles cua­li­da­des huma­nas. Jor­ge Gutman

El Genial Compositor

BEETHO­VEN RELOA­DED. Ale­ma­nia, 2020. Un film de Andy Som­mer. 84 minu­tos. Dis­po­ni­ble en las pla­ta­for­mas digi­ta­les lefifa.com y arts.film 

Mucho se ha habla­do de Beetho­ven el año pasa­do en oca­sión del ses­qui­cen­te­na­rio de su naci­mien­to. Con todo, jamás resul­ta sufi­cien­te pon­de­rar su mag­ní­fi­co lega­do; de allí que este mag­ní­fi­co docu­men­tal de Andy Som­mer con guión de Julia Spi­no­la es capaz de lle­gar al corazón.

Como se comen­ta en el film, Beetho­ven expre­sa un increí­ble ran­go de emo­cio­nes en la medi­da que su músi­ca es con­si­de­ra­da como un espe­jo de la exis­ten­cia huma­na. Sus com­po­si­cio­nes se encuen­tran entre las más eje­cu­ta­das y escu­cha­das en el mun­do con melo­días que cual­quier neó­fi­to en la mate­ria pue­de ento­nar­las con facilidad.

¿Qué es lo que hace a Beetho­ven tan espe­cial? La res­pues­ta está en que su músi­ca es uni­ver­sal y atem­po­ral, tal es así que sue­na como si hubie­se sido com­pues­ta hoy día.

A tra­vés de diver­sos capí­tu­los el docu­men­tal con­si­de­ra la tra­yec­to­ria del excep­cio­nal com­po­si­tor a par­tir de sus pri­me­ros logros cuan­do en 1778, a los 7 años de edad hace su pri­me­ra apa­ri­ción públi­ca como pia­nis­ta en Bonn su ciu­dad natal.

Más allá de rese­ñar su bio­gra­fía, la pelí­cu­la enfa­ti­za cómo su músi­ca reper­cu­te en dife­ren­tes luga­res del mun­do. Así en Japón ‑un país de gran cul­tu­ra musical‑, la nove­na sin­fo­nía ha sido eje­cu­ta­da más de mil veces e impre­sio­na con­tem­plar una esce­na en don­de un coro mul­ti­tu­di­na­rio can­ta a viva voz “todos los hom­bres son her­ma­nos” de la céle­bre Oda a la Ale­gria del movi­mien­to final. Asi­mis­mo asom­bra com­pro­bar cómo el míti­co com­po­si­tor influ­ye en la vida de niños y ado­les­cen­tes que habi­tan en los subur­bios de la ciu­dad de Cape­town en Sudá­fri­ca; emo­cio­na ver­los acom­pa­ñan­do al tenor Siya­bon­ga Maqun­go en algu­nas de las bellas can­cio­nes beetho­ve­nia­nas bajo la direc­ción del direc­tor de ópe­ra suda­fri­cano Kobie van Rens­burg; es allí don­de se cons­ta­ta el aura mági­ca de la cone­xión que se pro­du­ce entre el com­po­si­tor y su audiencia.

Ade­más de Tokio y Cape­town el docu­men­ta­lis­ta y su equi­po tras­la­dan al espec­ta­dor a otras ciu­da­des inclu­yen­do Tepli­ce, Lis­boa y obvia­men­te Vie­na, don­de el genial músi­co desa­rro­lló la mayor par­te de su crea­ti­vi­dad, para cap­tar la gran­de­za de su músi­ca. Así, entre las nume­ro­sas com­po­si­cio­nes del autor que se pue­den dis­fru­tar, eje­cu­ta­dos por con­jun­tos de cáma­ra y orques­tas sin­fó­ni­cas, se encuen­tran extrac­tos de las sona­tas Paté­ti­ca y Walds­tein para piano, la sona­ta para vio­lín N°7, el con­cier­to para piano N°3, dos cuar­te­tos de cuer­das, la ober­tu­ra Egmont, las sin­fo­nías N° 3, 4, 6 y la 9 ya men­cio­na­da, así como la Misa Solem­nis com­pues­ta en 1824 que cons­ti­tu­ye una de sus obras vanguardistas.

Para resal­tar su musi­ca Som­mer con­tó con la valio­sa con­tri­bu­ción de nume­ro­sas per­so­na­li­da­des del mun­do musi­cal quie­nes asi­mis­mo se refie­ren a algu­nas de las enfer­me­da­des que ha sufri­do, sobre todo la nefas­ta pér­di­da de la audi­ción y cómo la mis­ma gra­vi­tó en sus com­po­si­cio­nes. Entre algu­nos de los espe­cia­lis­tas par­ti­ci­pan­tes se encuen­tran el com­po­si­tor y cla­ri­ne­tis­ta Jörg Wid­mann, los pia­nis­tas Igor Levit y Mar­tin Helm­chen, la vio­li­nis­ta Raphaë­lle Moreau, la vio­lis­ta Cátia Ale­xan­dra San­tos, el oboís­ta Yann The­net, el direc­tor musi­cal Omer Meir Well­ber, la musi­có­lo­ga Ann-Katrin Zim­mer­mann y la escri­to­ra Chris­ti­ne Eichel.

Así como su gran popu­la­ri­dad se evi­den­ció en opor­tu­ni­dad de su muer­te acae­ci­da en Vie­na en 1827 don­de 20 mil per­so­nas asis­tie­ron a su fune­ral, el excep­cio­nal com­po­si­tor sigue sien­do vene­ra­do en todo el mun­do. A tra­vés de una pers­pec­ti­va moder­na, este valio­so docu­men­tal expli­ca las razo­nes por las que la músi­ca de Beetho­ven ha sido, es y segui­rá sien­do per­ti­nen­te. Jor­ge Gutman