Con­flic­to de Lealtades

OMARPales­ti­na, 2013. Un film de Hany Abu-Assad

El rea­li­za­dor Hany Abu-Assad naci­do en Israel aun­que de ori­gen pales­tino es cono­ci­do por­que su ter­cer film Para­di­se Now en 2005 reci­bió el Gol­den Glo­be a la mejor pelí­cu­la extran­je­ra a la vez que fue nomi­na­do al Oscar en simi­lar cate­go­ría. Aho­ra, con Omar, nue­va­men­te nomi­na­da al Oscar den­tro de esa con­di­ción, es con­si­de­ra­do como uno de los más impor­tan­tes rea­li­za­do­res pro­ve­nien­tes de la tumul­tuo­sa región del Medio Orien­te. Así como lo ha hecho en sus títu­los pre­ce­den­tes, el con­flic­to ára­be-israe­lí es el telón de fon­do uti­li­za­do para rela­tar una his­to­ria que aun­que no ofrez­ca algo dife­ren­te a lo ya cono­ci­do, está bien cons­trui­da como para que el inte­rés se man­ten­ga a lo lar­go de poco más de hora y media.

 Adam Bakri Y Leem Lubany

Adam Bakri Y Leem Lubany

Tras ilus­trar los difí­ci­les movi­mien­tos que se deben rea­li­zar para tran­si­tar de un lado hacia el otro de la Cis­jor­da­nia debi­do a la exis­ten­cia de un muro cons­trui­do por Israel por razo­nes de segu­ri­dad, el rela­to se cen­tra en Omar (Adam Bakri), un joven pana­de­ro que des­pués de sus horas de tra­ba­jo dia­ria­men­te uti­li­za su habi­li­dad de tre­pa­dor para esqui­var la mura­lla de 10 metros y poder reu­nir­se con sus ami­gos de infan­cia Amjad (Samer Bisha­rat) y Tarek (Eyad Hou­ra­ni) como así tam­bién con su her­ma­na menor Nad­ja (Leem Lubany) de quien está pro­fun­da­men­te enamorado.

En un rápi­do bos­que­jo de la vida coti­dia­na que se des­en­vuel­ve en los terri­to­rios ocu­pa­dos, el rea­li­za­dor no tie­ne empa­cho en des­cri­bir a los sol­da­dos israe­líes como sádi­cos tor­tu­ra­do­res, a juz­gar por lo que tres uni­for­ma­dos rea­li­zan con Omar cuan­do lo detie­nen en la ruta de un camino y lo humi­llan sin razón algu­na en for­ma inhumana.

El fac­tor que impul­sa el desa­rro­llo de la acción es un ata­que de los jóve­nes a un pues­to de con­trol israe­lí que cul­mi­na con la muer­te de uno de sus sol­da­dos y en don­de Omar es el úni­co que es arres­ta­do por la poli­cía; des­pués de haber sido físi­ca­men­te tor­tu­ra­do a fin de que reve­le la iden­ti­dad de sus cama­ra­das, un agen­te israe­lí (Waleed F. Zuai­ter) lo libe­ra con­di­cio­nal­men­te para actuar como infor­man­te a fin de loca­li­zar y cas­ti­gar a los auto­res del hecho. Es allí que Omar se encuen­tra en la dis­yun­ti­va de tener que trai­cio­nar a sus ami­gos con la con­se­cuen­cia de per­der para siem­pre a la chi­ca que tan­to quie­re, o vol­ver a la cár­cel para pasar allí el res­to de sus días.

El dile­ma que atra­vie­sa un infor­man­te ya ha sido con­si­de­ra­do varias veces por el cine pero dado el urti­can­te tras­fon­do polí­ti­co exis­ten­te, en este caso la his­to­ria va alcan­zan­do carac­te­rís­ti­cas más inten­sas que lo habi­tual; eso se debe en gran par­te a la muy bue­na carac­te­ri­za­ción que el direc­tor logra de sus acto­res no pro­fe­sio­na­les, con espe­cial men­ción para Bakri quien trans­mi­te acer­ta­da­men­te la angus­tia inte­rior de su per­so­na­je fren­te al con­flic­to de leal­ta­des al que se ve expues­to. Todo ello con­du­ce a que el rela­to adquie­ra un genuino sus­pen­so don­de no resul­ta pre­de­ci­ble saber de qué modo Omar resol­ve­rá el difí­cil pro­ble­ma que le agobia.

Con­clu­sión: El film atrae como thri­ller psi­co­ló­gi­co; con todo, resul­ta impo­si­ble no aso­ciar­lo ideo­ló­gi­ca­men­te. Así, el rea­li­za­dor pales­tino uti­li­za esta his­to­ria para que a tra­vés de un rela­to ágil pue­da expre­sar los sen­ti­mien­tos de su pue­blo fren­te a la ocu­pa­ción israe­lí; no obs­tan­te, habría resul­ta­do opor­tuno man­te­ner el equi­li­brio nece­sa­rio para no expo­ner con tan­ta cru­de­za la con­duc­ta de las fuer­zas de segu­ri­dad israe­lí que apa­re­cen aquí como per­pe­tra­do­res des­pro­vis­tos de huma­ni­dad y sen­ti­mien­to Jor­ge Gutman

Pom­pe­ya en un Des­di­bu­ja­do Film

POM­PEII (Esta­dos Uni­dos- Ale­ma­nia-Cana­dá, 2014). Un film de Paul W. S. Anderson

Varios fil­mes ya han con­si­de­ra­do la des­truc­ción de la ciu­dad de Pom­pe­ya que tuvo lugar 79 años antes de la era cris­tia­na debi­do a la erup­ción del vol­cán Vesu­bio. Sin embar­go el rea­li­za­dor Paul W.S. Ander­son cre­yó que podía resul­tar intere­san­te abor­dar nue­va­men­te el tema don­de esa tra­ge­dia sir­vie­se como telón de fon­do y a su vez como des­en­la­ce de una his­to­ria de amor en la Roma anti­gua. El resul­ta­do es un film extre­ma­da­men­te medio­cre don­de resul­ta increí­ble que hayan cola­bo­ra­do varios libre­tis­tas (Janet Scott Bat­chler, Lee Bat­chler, Michael Robert John­son) para pro­du­cir una tra­ma de esca­sa ima­gi­na­ción y de diá­lo­gos tan pobres que en más de una oca­sión pro­du­cen son­ri­sas no intencionadas.

Kit Harington

Kit Harington

El film rela­ta la des­afor­tu­na­da vida de un joven cel­ta que cuan­do niño fue tes­ti­go del ase­si­na­to de su fami­lia por un gene­ral que inva­dió y arra­só el pue­blo don­de vivía. Huér­fano y sin rum­bo fijo es hecho escla­vo por los roma­nos y con el correr de los años el adul­to Milo (Kit Haring­ton) ha sido con­ver­ti­do en gla­dia­dor y cuan­do comien­za el film es envia­do des­de Roma a Pom­pe­ya jun­to con otros escla­vos para que en oca­sión de las fies­tas del vino entre­ten­gan a la gen­te local con uno de los leta­les espec­tácu­los cir­cen­ses. Una cir­cuns­tan­cia ines­pe­ra­da hace que en esa mis­ma ruta conoz­ca a Cas­sia (Emily Brow­ning), hija de un rico matri­mo­nio de quien se ena­mo­ra y ella por su par­te se sien­te con­quis­ta­da por la noble­za de sus sentimientos.

El con­flic­to se pre­sen­ta para Milo cuan­do debe supe­rar serios incon­ve­nien­tes. Por una par­te, la difí­cil posi­bi­li­dad de que dada su fal­ta de liber­tad pue­da unir su vida a la de la joven noble; para peor, suce­de que Cor­vus (Kei­fer Suther­land), un pode­ro­so y corrup­to sena­dor romano, gus­ta de Cas­sia y se pro­po­ne hacer­la su espo­sa aun­que ella lo recha­ce con fir­me­za. Como el guión no se carac­te­ri­za por ser ima­gi­na­ti­vo, nada mejor enton­ces que Cor­vus haya sido pre­ci­sa­men­te el gene­ral que mató a los padres de Milo y que inten­si­fi­que en el joven su sed de venganza.

Si se obser­va al film como uno de acción moti­va­da por la lucha de gla­dia­do­res, el resul­ta­do es deci­di­da­men­te cha­to com­pa­ra­do con tan­tos otros que mos­tra­ron estos cruen­tos com­ba­tes con mayor maes­tría, con solo recor­dar el film osca­ri­za­do Gla­dia­dor (2000) de Rid­ley Scott. Des­de el ángu­lo román­ti­co, la rela­ción sen­ti­men­tal de Milo y Cas­sia care­ce de ten­sión a pesar de los obs­tácu­los interpuestos.

Que­da aún por con­si­de­rar qué es lo que apor­ta el rela­to como film “catás­tro­fe”. Eso se pre­sen­ta en el alar­ga­dí­si­mo tra­mo final don­de se tra­ta de impre­sio­nar al espec­ta­dor con la piro­tec­nia de los efec­tos espe­cia­les al mos­trar la fre­né­ti­ca erup­ción del vol­cán sepul­tan­do a la ciu­dad con sus lavas y ceni­zas. Indu­da­ble­men­te, no es de des­es­ti­mar lo que se ha logra­do median­te las imá­ge­nes compu­tado­ri­za­das aun­que el for­ma­to 3D en este caso no con­tri­bu­ye a real­zar el esplen­dor visual; con todo, como cine de desas­tre han habi­do rela­tos muy supe­rio­res como lo fue­ron entre otros The Posei­don Adven­tu­re (1972), The Towe­ring Inferno (1974) o más recien­te­men­te The Impos­si­ble (2012). Pero aquí el pro­ble­ma se agra­va por­que en su desa­rro­llo se acu­mu­lan una serie de incon­gruen­cias don­de, entre la pobla­ción que huye deses­pe­ra­da­men­te bus­can­do un lugar de pro­tec­ción, se obser­va a nues­tro héroe luchan­do a muer­te con su gran enemi­go Cor­vus y al pro­pio tiem­po tra­tan­do de res­ca­tar de los escom­bros a su ama­da Cas­sia antes que el Vesu­vio con­clu­ya su devas­ta­do­ra tarea.

Con­clu­sión: Sin una his­to­ria de enver­ga­du­ra que sus­ten­te el rela­to, con per­so­na­jes ano­di­nos que impi­den el luci­mien­to del elen­co e insa­tis­fac­to­rios diá­lo­gos, este film solo podrá inte­re­sar a un públi­co poco dis­cri­mi­na­to­rio.  Jor­ge Gutman

Sie­te Mis­te­rio­sos Bultos

7 Cajas. Para­guay, 2012. Un film de Juan Car­los Mane­glia y Tana Schémbori 

A pesar de que la cine­ma­to­gra­fía de Para­guay es inci­pien­te com­pa­ra­da con otras de Amé­ri­ca Lati­na, este film de Juan Car­los Mane­glia y Tana Schém­bo­ri demues­tra que cuan­do hay ima­gi­na­ción y talen­to es posi­ble lograr un rela­to de entre­te­ni­mien­to superior.

Celso Franco

Cel­so Franco

La inge­nio­sa his­to­ria escri­ta por Mane­glia ubi­ca la acción en el caó­ti­co mer­ca­do muni­ci­pal de Asun­ción don­de todo tipo de pro­duc­tos es posi­ble adqui­rir inclu­yen­do artícu­los elec­tró­ni­cos. Es allí que se encuen­tra Víc­tor (Cel­so Fran­co), un ado­les­cen­te de 17 años de edad que tra­ta de ganar­se la vida trans­por­tan­do con su carre­ti­lla los bie­nes com­pra­dos por los clien­tes. Al obser­var en un pues­to del lugar que se pasa por la tele­vi­sión un film de Holly­wood, inme­dia­ta­men­te fan­ta­sea con la posi­bi­li­dad de lograr fama y for­tu­na en el cine; es por eso que como pri­mer paso anhe­la poder reu­nir el dine­ro nece­sa­rio para com­prar un telé­fono celu­lar y cáma­ra de video que lo ayu­da­ría a lan­zar su carre­ra de actor. Den­tro de un micro­mun­do alta­men­te com­pe­ti­ti­vo don­de hay más que un carre­ti­lle­ro tra­ba­jan­do en la zona, no obs­tan­te encuen­tra su opor­tu­ni­dad cuan­do una per­so­na le encar­ga trans­por­tar 7 cajas, cuyo con­te­ni­do des­co­no­ce, a un lugar ubi­ca­do a 8 cua­dras del mer­ca­do. La remu­ne­ra­ción no deja de ser ten­ta­do­ra por cuan­to dicho trans­por­te habrá de repor­tar­le 100 dóla­res; la inge­nui­dad encu­bier­ta de iro­nía hace que como anti­ci­po de su tra­ba­jo reci­ba el 50 % de la suma total pero a tra­vés de la mitad de un bille­te ame­ri­cano con la con­di­ción que la mitad fal­tan­te del papel bille­te le será entre­ga­do cuan­do el trans­por­te lle­gue a destino. 

A tra­vés de una pre­mi­sa intere­san­te, los rea­li­za­do­res han logra­do insu­flar a la narra­ción un rit­mo flui­do y de asom­bro­sa vita­li­dad. Así en el tra­yec­to van sur­gien­do com­pli­ca­cio­nes don­de Víc­tor se las ve en aprie­to cuan­do le roban una de las cajas, pier­de el celu­lar que le había sido pres­ta­do para comu­ni­car­se en caso de nece­si­dad y por aña­di­du­ra se ve per­se­gui­do tan­to por corrup­tos poli­cías como por peli­gro­sos delin­cuen­tes intere­sa­dos en las mis­te­rio­sas cajas. 

Den­tro de un film de con­si­de­ra­ble sus­pen­so y diná­mi­ca acción, el inte­rés se man­tie­ne cons­tan­te­men­te no solo por la his­to­ria en sí mis­ma sino tam­bién por­que la atmós­fe­ra dis­tin­ti­va logra­da con el super­po­bla­do mer­ca­do y sus múl­ti­ples labe­rin­tos ori­gi­na un cli­ma de ten­sión tur­bu­len­ta que no cesa has­ta su impre­de­ci­ble y satis­fac­to­rio desenlace.

Con­clu­sión: Un thri­ller inge­nio­so con muy bue­nas secuen­cias de acción con­fi­gu­ran­do un entre­te­ni­mien­to de nivel supe­rior.  Jor­ge Gutman

Las Abne­ga­das Muje­res de Verdún

MOTHERHOU­SE. Autor: David Fen­na­rio – Direc­ción: Jeremy Tay­lor con la cola­bo­ra­ción de David Fen­na­rio — . Elen­co: Holly Gauthier-Fran­kel, Delphi­ne Bien­ve­nu, Ber­na­det­te For­tin, Stepha­nie McKen­na — Deco­ra­dos y Ves­tua­rio: Lau­ren­ce Mon­geauAn­ne-Séguin Poi­rier – Ilu­mi­na­ción: Peter Spi­ke Lyne – Dura­ción: 90 minu­tos (sin entre­ac­to) — Repre­sen­ta­cio­nes: has­ta el 23 de mar­zo de 2014. (http://www.centaurtheatre.com/)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

A tra­vés de las últi­mas déca­das el dra­ma­tur­go David Fen­na­rio ha man­te­ni­do un exi­to­so víncu­lo con el Tea­tro Cen­taur don­de la mayo­ría de sus pie­zas tea­tra­les han sido allí mun­dial­men­te estre­na­das con con­si­de­ra­ble reper­cu­sión popu­lar. Como un escri­tor preo­cu­pa­do por los pro­ble­mas socia­les, en esta opor­tu­ni­dad pre­sen­ta una obra vin­cu­la­da con los ecos de con­flic­tos béli­cos, que tuvie­ron reper­cu­sión en Ver­dún, uno de los dis­tri­tos de la cla­se pro­le­ta­ria de la ciu­dad de Montreal.

Holly Gauthier-Frankel

olly Gauthier-Fran­kel

Tenien­do en cuen­ta que este año se cum­ple el cen­te­na­rio de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial Fen­na­rio se ins­pi­ró para escri­bir su obra en una foto de archi­vo de 1916; en la mis­ma apa­re­cía un con­si­de­ra­ble núme­ro de muje­res emplea­das por la Bri­tish Muni­tions Supply Com­pany, una fábri­ca de muni­cio­nes loca­li­za­da en Ver­dún, reu­ni­das en la cafe­te­ría del lugar duran­te su hora de almuer­zo. Ese hecho le hizo recor­dar a su pro­pia madre quien años des­pués duran­te la Segun­da Gue­rra, fue una de las tra­ba­ja­do­ras del mis­mo esta­ble­ci­mien­to. Así, el autor deseó ren­dir tri­bu­to a las abne­ga­das madres, espo­sas, her­ma­nas y otras muje­res que debie­ron tra­ba­jar dura­men­te mien­tras que sus mari­dos, hijos y fami­lia­res varo­nes se encon­tra­ban luchan­do en los cam­pos de bata­lla de la con­vul­sio­na­da Europa.

La pie­za que no está estruc­tu­ra­da lineal­men­te se vale de un per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co feme­nino (Holly Gauthier-Fran­kel) que con más de 100 años de edad va rela­tan­do en for­ma de monó­lo­go las expe­rien­cias por ella vivi­das en esa épo­ca que de algún modo repre­sen­ta a todas aque­llas muje­res tra­ba­ja­do­ras que atra­ve­sa­ron por situa­cio­nes simi­la­res. El rela­to se com­ple­men­ta con la par­ti­ci­pa­ción de tres otros per­so­na­jes (Delphi­ne Bien­ve­nu, Ber­na­det­te For­tin, Stepha­nie McKen­na) como si se tra­ta­ra de un coro griego.

Estric­ta­men­te con­si­de­ra­da, la obra tie­ne una natu­ra­le­za erran­te, frag­men­ta­ria y no muy defi­ni­da que, aun­que noble en sus inten­cio­nes por su men­sa­je anti­bé­li­co, más se ase­me­ja a un ensa­yo sobre refle­xio­nes per­so­na­les del autor des­en­te­rran­do ves­ti­gios de la gue­rra que a un tra­ba­jo estric­ta­men­te ela­bo­ra­do para un públi­co deseo­so de apre­ciar en una vela­da tea­tral algo de mayor gra­vi­ta­ción. Ni la músi­ca fol­cló­ri­ca de acom­pa­ña­mien­to eje­cu­ta­da en vio­lín por For­tin ni tam­po­co las imá­ge­nes foto­grá­fi­cas refle­ja­das como telón de fon­do con­tri­bu­yen a com­pen­sar las obser­va­cio­nes señaladas.

A nivel inter­pre­ta­ti­vo Gauthier-Fran­kel ofre­ce sufi­cien­tes mati­ces expre­si­vos en su rela­to, aun­que suje­ta a las limi­ta­cio­nes impues­tas por el tex­to. Algo pare­ci­do pue­de seña­lar­se de la pues­ta en esce­na de Jeremy Tay­lor quien ha logra­do brin­dar la sufi­cien­te flui­dez como para que este monó­lo­go no resul­te monótono.

Una His­to­ria de Amor Fraternal

SUN­DER­LANDAutor: Clé­ment Koch — Direc­ción y Adap­ta­ción: Ser­ge Pos­ti­go – Elen­co: Cathe­ri­ne-Anne Tou­pin, Eloi Archam­Bau­doin, Kari­ne Belly, Fré­dé­ric Blan­chet­te, Deb­bie Lynch-Whi­te, Marie-Clau­de Michaud, Marie-Ève­Mi­lot, Henry Par­do — Deco­ra­dos: Jonas Veroff Bochard — Ves­tua­rio: Daniel For­tin – Ilu­mi­na­ción: Matthieu Lari­vée – Músi­ca: Chris­tian Tho­mas. Dura­ción: 1h35 (sin entre­ac­to). Repre­sen­ta­cio­nes: Has­ta el 29 de mar­zo de 2014 en el Théâ­tre Ducep­pe (www.duceppe.com)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Aun­que Clé­ment Koch sea fran­cés su visi­ta a Sun­der­land, ciu­dad por­tua­ria del nor­des­te de Ingla­te­rra, le ins­pi­ró para escri­bir una pie­za que tie­ne como telón de fon­do las carac­te­rís­ti­cas socia­les del lugar.

Del mis­mo modo en que el cine bri­tá­ni­co a tra­vés de algu­nos pro­mi­nen­tes direc­to­res como Ken Loach y/o Michael Leigh, entre otros, han abor­da­do las vici­si­tu­des de la cla­se tra­ba­ja­do­ra con­tem­po­rá­nea de Gran Bre­ta­ña, Clé­ment tra­tó de ofre­cer un pano­ra­ma simi­lar pro­cu­ran­do dotar a la pie­za de la nota huma­nis­ta y el humor nece­sa­rio como para que la his­to­ria rela­ta­da no des­bor­de en un pate­tis­mo depri­men­te. Como la ver­sión juz­ga­da en el recien­te estreno de la Com­pa­ñía Ducep­pe es una adap­ta­ción rea­li­za­da para el públi­co de Qué­bec, es difí­cil que su apre­cia­ción pue­da resul­tar tan posi­ti­va como la logra­da por la ori­gi­nal pues­ta en esce­na en opor­tu­ni­dad de su estreno mun­dial en París en 2011 don­de obtu­vo una gran aco­gi­da de crí­ti­ca y público.

La tra­ma que trans­cu­rre en Sun­der­land sigue los pasos de Sally Mawin (Cathe­ri­ne-Anne Tou­pin, foto adjun­ta), una humil­de mujer sin mucha edu­ca­ción que tie­ne a su cui­da­do a su que­ri­da her­ma­na Jill (Marie-Ève­Mi­lot), quien dis­ca­pa­ci­ta­da por un cier­to autis­mo, requie­re de aten­ción espe­cial al no exis­tir nadie más que se ocu­pe de ella dado que la madre se ha sui­ci­da­do hace tiem­po atrás y la figu­ra del padre bri­lla por su ausencia.Catherine-Anne Toupin y Marie-ÈveMilot

Como Sally se encuen­tra des­em­plea­da por­que la fábri­ca don­de tra­ba­ja­ba cerró sus puer­tas, la visi­ta­do­ra social (Deb­bie Lynch-Whi­te) ame­na­za con reti­rar la cus­to­dia de su her­ma­na; en con­se­cuen­cia, para que Sally pue­da seguir man­te­nien­do a Jill es nece­sa­rio que demues­tre ser capaz de gene­rar un ingre­so. La solu­ción al pro­ble­ma con­sis­te en obte­ner una entra­da de dine­ro con­vir­tién­do­se en madre por­ta­do­ra para una pare­ja gay lon­di­nen­se (Hen­ri Par­do, Eloi Archam­Bau­doin). Ade­más de la intri­ga prin­ci­pal rese­ña­da la pie­za está mati­za­da con la pre­sen­cia de Ruby (Kari­ne Belly), una ami­ga de Sally con quien com­par­te la vivien­da y que como ope­ra­do­ra tele­fó­ni­ca se ocu­pa de efec­tuar lla­ma­das eró­ti­cas para ganar­se un ingre­so; tam­bién se encuen­tra Gaven (Fré­dé­ric Blan­chet­te), el buen ami­go de la fami­lia quien como apa­sio­na­do del fút­bol –úni­ca dis­trac­ción del lugar- lle­va a Jill a pre­sen­ciar algu­nos partidos

Si la inten­ción del autor es brin­dar una come­dia social don­de pri­ma el amor fra­ter­nal incon­di­cio­nal así como el espí­ri­tu de soli­da­ri­dad de sus per­so­na­jes, el pro­pó­si­to que­da des­di­bu­ja­do; eso es debi­do a que en su afán de sazo­nar el dra­ma de la des­ocu­pa­ción con situa­cio­nes gra­cio­sas que ali­vien la ten­sión, Ser­ge Pos­ti­go apos­tó por una pues­ta en esce­na de carac­te­rís­ti­cas cari­ca­tu­res­cas cuyos per­so­na­jes hablan­do con len­gua­je poco refi­na­do care­cen de la pro­fun­di­dad nece­sa­ria como para que des­pier­ten com­pa­sión o se pue­da el públi­co con­mi­se­rar con sus pesa­res. Cier­ta­men­te, a tra­vés de situa­cio­nes cómi­cas, a veces de dudo­so gus­to, la risa se hace pre­sen­te pero dilu­yen­do el dra­ma social que afli­ge al pro­le­ta­ria­do des­fa­vo­re­ci­do de Sunderland. 

Que­da como sal­do un tibio entre­te­ni­mien­to que si bien cuen­ta con inter­pre­ta­cio­nes correc­tas las mis­mas no alcan­zan a brin­dar la emo­ción nece­sa­ria que sub­ya­ce en el espí­ri­tu de esta pieza.