En Pro­cu­ra del Arca Perdida

RAI­DERS OF THE LOST ARK.

Con­si­de­ra­da como una de las mejo­res pelí­cu­las de acción Rai­ders of the Lost Ark será repues­ta en los pró­xi­mos días den­tro de la serie Clas­sic Films de Cineplex.

Esta pro­duc­ción ame­ri­ca­na de 1981 diri­gi­da por Ste­ven Spiel­berg cuen­ta con un guión pre­pa­ra­do por Law­ren­ce Kas­dan en base a una his­to­ria con­ce­bi­da por Geor­ge Lucas y Phi­lip Kauf­man. Todos ellos son garan­tía de un cine de cali­dad, como así lo demos­tró el logro obte­ni­do en este film.

Harri­son Ford

Uno de los pun­ta­les del rela­to es la pre­sen­cia pro­ta­gó­ni­ca de Harri­son Ford quien ya había sido muy bien juz­ga­do en Star Wars. En esta oca­sión, Ford ofre­ce su caris­ma para carac­te­ri­zar al ague­rri­do arqueó­lo­go y aven­tu­re­ro cono­ci­do como India­na Jones quien en 1936 es con­tra­ta­do por el gobierno de Esta­dos Uni­dos para ubi­car el Arca Per­di­da don­de se hallan las tablas de los 10 man­da­mien­tos; según la leyen­da posee un con­si­de­ra­ble poder en su inte­rior y quien dis­pon­ga del mis­mo será inven­ci­ble. Lo que se tra­ta de evi­tar es que Hitler pue­da adue­ñar­se del mis­mo y que le per­mi­ta ganar la gue­rra que habrá de emprender.

La irre­pro­cha­ble pues­ta escé­ni­ca de Spiel­berg, un logra­do mon­ta­je, un impe­ca­ble dise­ño de pro­duc­ción y la mag­ní­fi­ca músi­ca de John Williams per­mi­ten que el ágil rela­to jamás des­fa­llez­ca en sus dos horas de dura­ción. Con momen­tos de logra­da ten­sión uni­dos a esce­nas de roman­ce y sar­cás­ti­co humor, se asis­te a un entre­te­ni­mien­to de cali­dad supe­rior capaz de satis­fa­cer a cual­quier tipo de audiencia.

Ade­más de Ford el repar­to se com­ple­ta con Karen Allen, Paul Free­man, Ronald Lacey, John Rhys-Davies, Vic Tablian, Denholm Elliott, Wolf Kah­ler, Alfred Moli­na, Geor­ge Harris, Don Fellows, William Hoot­kins, Tut­te Lem­kov, Eddie Tagoe, Anthony Hig­gins y Frank Marshall.

El film será exhi­bi­do en las salas de Cine­plex a par­tir del 2 de junio de 2023.

La Magia de Mozart

DIE ZAU­BER­FLÖ­TE

En la últi­ma trans­mi­sión de la tem­po­ra­da 2022 – 2023 des­de el Met a los cines del mun­do, se podrá ver La Flau­ta Mági­ca (en ale­mán Die Zau­ber­flö­te), de Mozart con libre­to en ale­mán de Ema­nuel Schi­ka­ne­der, com­pues­ta de dos actos.

Tho­mas Olie­mans y Law­ren­ce Brown­lee (Foto: Karen Almond / Met Opera)

Esta ha sido la últi­ma crea­ción líri­ca que fue esce­ni­fi­ca­da por el genio de Salz­bur­go y estre­na­da en Vie­na el 30 de sep­tiem­bre de 1791 a esca­sos dos meses antes de su tem­pra­na muer­te. La gran popu­la­ri­dad de esta ópe­ra es debi­do a que Mozart ha ima­gi­na­do un cuen­to de hadas don­de el aspec­to cómi­co se con­ju­ga con otros más serios en el mar­co de un fas­tuo­so espectáculo..

En una bre­ví­si­ma sín­te­sis, la his­to­ria con­ce­bi­da por Schi­ka­ne­der pre­sen­ta al prín­ci­pe Tamino quien salien­do al cru­ce de la Rei­na de la Noche, ella le mues­tra una foto de su hija Pami­na que se halla secues­tra­da por el sumo sacer­do­te Saras­tro; cuan­do Tamino la obser­va se que­da ena­mo­ra­do per­di­da­men­te de la joven; es así que la Rei­na le pro­me­te entre­gar­le la mano de Pami­na, si él con­si­gue res­ca­tar­la. Para lograr ese pro­pó­si­to, Tamino jun­to con Papa­geno, el caza­dor de pája­ros, se inter­nan en los domi­nios de Saras­tro, comen­zan­do de allí en más una gran aven­tu­ra que nin­guno de los dos había sos­pe­cha­do y en don­de nada resul­ta­rá como al prin­ci­pio pare­cía ser.

Erin Mor­ley y Kathryn Lewek (Foto: Karen Almond / Met Opera)

Den­tro de esa tra­ma, no fal­ta­rán los ele­men­tos mági­cos que alien­tan a esta ópe­ra inclu­yen­do bes­tias sal­va­jes, par­tes can­ta­das, her­mo­sas can­cio­nes, den­tro de un mar­co que con­tra­po­nien­do el bien con el mal, la ópe­ra des­ti­la un sor­pren­den­te huma­nis­mo, nota­ble espi­ri­tua­li­dad, des­ta­can­do final­men­te el triun­fo del indi­so­lu­ble amor de dos pare­jas. En últi­ma ins­tan­cia, la his­to­ria de esta fábu­la adquie­re reso­nan­cia universal.

Hablan­do de la músi­ca, Mozart ha con­ce­bi­do arias mag­ní­fi­cas para cada per­so­na­je don­de algu­nas de ellas se carac­te­ri­zan por su gran difi­cul­tad téc­ni­ca; por ejem­plo, cabe citar el aria de O zit­tre nicht can­ta­da por la Rei­na de la Noche. Sin duda algu­na, la cua­li­dad de las mis­mas resi­de en su rique­za meló­di­ca y por ser fácil­men­te distinguibles.

Law­ren­ce Brown­lee y Erin Mor­ley (Foto: Karen Almond / Met Opera)

Esta nue­va pro­duc­ción del renom­bra­do direc­tor bri­tá­ni­co Simon McBur­ney efec­tuan­do su debut en el Met, actua­li­za la acción al pre­sen­te incor­po­ran­do los efec­tos de video crea­dos por Bla­ke Haber­man, los efec­tos sono­ros, como asi­mis­mo acro­ba­cias para resal­tar el color y la fan­ta­sía impreg­na­da en la esplen­do­ro­sa fábu­la mozartiana.

La direc­ción musi­cal está a car­go de la nota­ble direc­to­ra Natha­lie Stutz­mann con el foso orques­tal ele­va­do don­de los músi­cos pue­den ser obser­va­dos por la audien­cia y a su vez per­mi­tien­do una inter­ac­ción más direc­ta con los artis­tas que se hallan en el escenario.

En los prin­ci­pa­les roles, el cali­fi­ca­do elen­co está inte­gra­do por la soprano Erin Mor­ley (Pami­na), el tenor Law­ren­ce Brown­lee (Tamino) el barí­tono Tho­mas Olie­mans en su debut para el Met (Papa­geno), la soprano Kathryn Lewek (Rei­na de la Noche), el bajo Stephen Milling (Saras­tro) y el tenor Bren­ton Ryan (Monos­ta­tos, laca­yo de Sarastro).

La esce­no­gra­fía está a car­go de Michael Levi­ne, el dise­ño del ves­tua­rio es de Nicky Gilli­brand, la ilu­mi­na­ción per­te­ne­ce a Jean Kal­man, en tan­to que Fin Ross es res­pon­sa­ble del dise­ño de proyección.

La ópe­ra es can­ta­da y habla­da en ale­mán con sub­tí­tu­los en inglés. Su difu­sión será rea­li­za­da en direc­to y alta fide­li­dad el 3 de junio de 2023 a tra­vés de Cana­dá en los cines de Cine­plex. Habrá trans­mi­sio­nes en dife­ri­do el 24 de junio de 2023. Para infor­ma­ción de los cines par­ti­ci­pan­tes y los hora­rios loca­les de trans­mi­sión pre­sio­ne aquí

Una Fami­lia en Transición

L’IMMENSITÁ. Ita­lia-Fran­cia, 2022. Un film de Ema­nue­le Cria­le­se. 97 minutos

Nue­va­men­te la estu­pen­da Pené­lo­pe Cruz vuel­ve a fas­ci­nar en un film ita­liano como ya lo ha hecho en el pasa­do con Non Muo­ve­re (2004), To Rome with Love (2012) y Venu­to al Mun­do (2012). Con L’Immensitá, quin­to tra­ba­jo del direc­tor Ema­nue­le Cria­le­se, la actriz vuel­ca su his­trio­nis­mo en una his­to­ria que se desa­rro­lla en la ciu­dad de Roma en la déca­da del 70.

Pené­lo­pe Cruz

La his­to­ria con­ce­bi­da por el rea­li­za­dor jun­to con Fran­ces­ca Manie­ri y Vit­to­rio Moro­ni se cen­tra en Cla­ra (Cruz) quien jun­to con su mari­do Feli­ce (Vin­cen­zo Ama­to) se han muda­do recien­te­men­te de piso. El matri­mo­nio vive en cri­sis y a pesar de las infi­de­li­da­des del tem­pe­ra­men­tal jefe de fami­lia, son sus tres hijos lo que moti­va a Cla­ra a no des­ha­cer el lazo conyugal.

No obs­tan­te el pro­ta­go­nis­mo de Cruz, a su vez es impor­tan­te el rol que desem­pe­ña Lua­na Giu­lia­ni ani­man­do a Adria­na, la hija mayor de 12 años que comien­za a iden­ti­fi­car­se como un varón y es por ello que pre­fie­re cam­biar de nom­bre por el de Andrea (en Ita­lia dicho nom­bre per­te­ne­ce al géne­ro mas­cu­lino). Así ella ve que una luz se aso­ma cuan­do cono­ce a la joven Sara (Pene­lo­pe Nie­to Con­ti) y comien­za con ella un ten­ta­ti­vo romance.

Aun­que Cla­ra, men­tal­men­te frá­gil y con un comien­zo de depre­sión, se halla des­con­ten­ta al igual que Andrea, eso se ate­núa a tra­vés de la pre­sen­cia per­ma­nen­te de la músi­ca que brin­da la tele­vi­sión ‑aún en blan­co y negro- difun­dien­do las can­cio­nes de la famo­sa estre­lla Rafae­lla Carrà; así, la entra­ña­ble madre y sus tres hijos se embar­can en ani­ma­dos jue­gos musi­ca­les en los que Cla­ra con pelu­ca hace las veces de la popu­lar cantautora.

Cria­le­se ofre­ce un buen retra­to de la socie­dad misó­gi­na de su épo­ca a tra­vés del per­so­na­je de Cla­ra, la repri­mi­da ama de casa menos­ca­ba­da por su mari­do machis­ta, así como abor­da el tema de la cri­sis de iden­ti­dad de Andrea como con­se­cuen­cia de la dis­fo­nía de géne­ro, en esa épo­ca poco menos que tabú; en tal sen­ti­do el rea­li­za­dor refle­ja su pro­pia expe­rien­cia, habien­do decla­ra­do que él es hom­bre trans­gé­ne­ro, en oca­sión de la pre­sen­ta­ción de su film en el fes­ti­val de Vene­cia de 2022.

La subli­me Cruz, actuan­do bai­lan­do y can­tan­do resal­ta el amor incon­di­cio­nal de una mam­ma ita­lia­na hacia sus tres vás­ta­gos: en tan­to que la joven Giu­lia­ni es una gran reve­la­ción en su pro­mi­so­rio debut mode­lan­do su com­ple­jo per­so­na­je con suma precisión.

Con un meticu­loso cui­da­do en la pues­ta escé­ni­ca, en esta pelí­cu­la auto­bio­grá­fi­ca el direc­tor logra un film per­so­nal y dis­tin­ti­vo que nutri­do de momen­tos suma­men­te emo­ti­vos per­mi­te que el públi­co se sumer­ja en los temas enfo­ca­dos. Jor­ge Gutman

Encan­ta­do­ra Fantasía

THE LITTLE MER­MAID. Esta­dos Uni­dos, 2023. Un film de Rob Marshall. 135 minutos

Si bien per­ma­ne­ce en la memo­ria el bello film de ani­ma­ción La Sire­ni­ta de 1989, basa­do en, el céle­bre cuen­to de Hans Chris­tian Ander­sen publi­ca­do en 1837, eso no va en des­me­dro de los méri­tos de la actual ver­sión del rea­li­za­dor Rob Marshall. Este afa­ma­do cineas­ta quien brin­dó mag­ní­fi­cos musi­ca­les, entre otros Chica­go (2002), Into the Woods (2014) y Mary Pop­pins Returns (2018), en esta ver­sión de The Little Mer­maid con­ju­ga acer­ta­da­men­te la ani­ma­ción con la acción real incor­po­ran­do nue­vos ele­men­tos a fin de dis­fru­tar de esta encan­ta­do­ra fantasía.

Halle Bai­ley

En el guión del rea­li­za­dor escri­to con­jun­ta­men­te con David Magee y Ron Cle­ments, Halle Bai­ley ani­ma a Ariel, la bella prin­ce­si­ta acuá­ti­ca hija de Tri­tón, el rey del Mar. Ella anhe­la gozar de la vida como un ser humano, deseo que se inten­si­fi­ca cuan­do aso­mán­do­se a la super­fi­cie res­ca­ta al joven prín­ci­pe Eric de morir aho­ga­do en el mar a cau­sa del nau­fra­gio de su buque en el que se encon­tra­ba y de quien de inme­dia­to se ena­mo­ra. Des­obe­de­cien­do a su padre ella hace un pac­to con Úrsu­la, la malé­fi­ca pul­po bru­ja del mar, por el cual la des­pren­de­rá de sus alas para dar­le pier­nas huma­nas a fin de que pue­da cami­nar en tie­rra fir­me por un perío­do de tres días; ahí debe­rá encon­trar a su ama­do prín­ci­pe y con­se­guir que él la bese sin saber que ella es una sire­na; si no lo logra Ariel vol­ve­rá al rei­no del mar y cede­rá su her­mo­sa voz a Úrsula.

Hay varios fac­to­res que enri­que­cen al film don­de uno de los mis­mos es el irre­pro­cha­ble guión cuyos per­so­na­jes están muy bien dia­gra­ma­dos y carac­te­ri­za­dos por un elo­gio­so elen­co. Ade­más de la remar­ca­ble actua­ción de Bai­ley ani­man­do y can­tan­do con brío a la pro­ta­go­nis­ta igual­men­te se dis­tin­guen entre otros intér­pre­tes Javier Bar­dem (Tri­ton), Melis­sa McCarthy (Úrsu­la), Jonah Hau­wer-King (el prín­ci­pe Eric), Noma Dumez­we­ni (la rei­na Seli­na), Art Malik (Sir Grimsby) y las acer­ta­das voces de Daveed Diggs (el can­gre­jo Sebas­tian), Awk­wa­fi­na (la gavio­ta Scuttle) y Jacob Trem­blay (el pez Flounder).

Otro ele­men­to impor­tan­te es la bella músi­ca del com­po­si­tor Alan Men­ken con la con­tri­bu­ción del letris­ta Howard Ash­man, cuyas can­cio­nes impul­san el desa­rro­llo de la acción. Así, entre los núme­ros ya cono­ci­dos de la pelí­cu­la de 1989 se encuen­tran el clá­si­co Under the Sea, la encan­ta­do­ra bala­da Part of Your World remar­ca­ble­men­te ento­na­da por Bai­ley, así como la atrac­ti­va Kiss the Girl.  En esta ver­sión se agre­gan atrac­ti­vas can­cio­nes apor­ta­das por el com­po­si­tor y letris­ta Lin-Manuel Miran­da, como es el caso de Wild Unchar­ted Water, For the First Time, Poor Unfor­tu­na­te Souls y The Scuttle­butt.

Los aspec­tos téc­ni­cos del film tam­bién con­tri­bu­yen a valo­ri­zar­lo sien­do nece­sa­rio resal­tar la remar­ca­ble foto­gra­fía de Dion Bee­be y su equi­po logran­do cap­tar las esce­nas que trans­cu­rren en el ilu­so­rio mun­do sub­ma­rino así como la vio­len­ta tor­men­ta que se des­ata en el mar y el nau­fra­gio del bar­co; a ello se aña­de el mag­ní­fi­co dise­ño de pro­duc­ción de John Myh­re, como tam­bién el efi­caz tra­ba­jo de edi­ción de Wyatt Smith favo­re­cien­do la flui­dez y dina­mis­mo del espectáculo.

Con una estu­pen­da rea­li­za­ción visual y sono­ra, Rob Marshall logra que esta ver­sión de “La Sire­ni­ta” sea una de las mejo­res pelí­cu­las que emer­gen de la fac­to­ría Dis­ney, per­mi­tien­do que la audien­cia, sobre todo la juve­nil, que­de amplia­men­te gra­ti­fi­ca­da des­pués de su visión. Jor­ge Gutman

Amo­ra­les Embaucadores

MAS­CA­RA­DE. Fran­cia, 2022. Un film escri­to y diri­gi­do por Nico­las Bedos. 134 minutos

Con su cuar­to film el rea­li­za­dor Nico­las Bedos ofre­ce una come­dia de esca­sa con­vic­ción que tie­ne como esce­na­rio a la Cos­ta Azul. Así pre­vio a los cré­di­tos ini­cia­les se lee un comen­ta­rio atri­bui­do a Somer­set Maugham afir­man­do que “La Rivie­ra Fran­ce­sa es un lugar solea­do para gen­te som­bría”; de lo que se pue­de apre­ciar en Mas­ca­ra­de pare­ce­ría que el remar­ca­ble autor bri­tá­ni­co tenía razón.

Pie­rre Niney y Mari­ne Vacth

Uno de los per­so­na­jes de esta his­to­ria es Adrien (Pie­rre Niney), un joven que habien­do sido bai­la­rín debi­do a un acci­den­te de moto­ci­cle­ta ha deci­di­do vivir como gigo­ló de Mar­ta Duval (Isa­be­lle Adja­ni). Ella ha sido una remar­ca­ble actriz del pasa­do y cuya muy bue­na situa­ción eco­nó­mi­ca le per­mi­te vivir en una mag­ní­fi­ca man­sión de la Cos­ta Azul rodea­da de per­so­nal de ser­vi­cio. Cuan­do en una recep­ción ofre­ci­da por Mar­ta, Adrien cono­ce a Mar­got (Mari­ne Vacth), una joven de des­lum­bran­te belle­za que más bien se ase­me­ja a una pros­ti­tu­ta de lujo, comien­za entre ambos un apa­sio­na­do víncu­lo sexual.

Mar­got, que pro­vie­ne de un medio des­fa­vo­re­ci­do y es madre sol­te­ra de una niña, aspi­ra a una vida mejor. Con ese pro­pó­si­to astu­ta­men­te per­sua­de a Adrien para des­po­jar a dos víc­ti­mas y hacer­se de su for­tu­na a fin de vivir hol­ga­da­men­te. Por una par­te Adrien tra­ta­rá de dis­po­ner de las joyas de Martha y de los impor­tan­tes cua­dros pic­tó­ri­cos de su colec­ción. Por su par­te, el blan­co de Mar­got es Simon (Fra­nçois Clu­zet), un hom­bre casa­do de edad madu­ra y rico due­ño de una agen­cia inmo­bi­lia­ria que tie­ne como clien­tes a inte­gran­tes de la cla­se pudien­te del lugar; para atraer­lo, Mar­got se hace pasar por una expa­tria­da ingle­sa dis­pues­ta a com­prar por su inter­me­dio un lujo­so piso en la Rivie­ra; no tar­da­rá mucho para sedu­cir­lo y apa­sio­nar­lo sexualmente.

Si bien el direc­tor se pro­po­ne ilus­trar la deca­den­cia de una socie­dad opu­len­ta guia­da pri­mor­dial­men­te por el dine­ro y el sexo, la his­to­ria con­ce­bi­da por Bedos que es narra­da median­te flash­backs care­ce de vero­si­mi­li­tud al estar nutri­da de situa­cio­nes incohe­ren­tes. Así el com­por­ta­mien­to de los amo­ra­les embau­ca­do­res, a tra­vés de suce­si­vos enga­ños, simu­la­cio­nes y trai­cio­nes, resul­tan poco creí­bles a la vez que es difí­cil empa­ti­zar con los mismos.

Sin que el sus­pen­so lle­gue a cobrar fuer­za por el ende­ble guión, lo más apre­cia­ble del film es su sóli­do repar­to. Niney se luce como el vivi­dor esta­fa­dor, Vacth con­ven­ce como la maquia­vé­li­ca mani­pu­la­do­ra, Adja­ni está impe­ca­ble como la excén­tri­ca y alcohó­li­ca actriz que en par­te trae a la memo­ria el inol­vi­da­ble per­so­na­je inter­pre­ta­do por Glo­ria Swan­son en Sun­set Bou­le­vard (1950) de Billy Wil­der, en tan­to que el vete­rano Clou­zet per­sua­de como el per­so­na­je capaz de brin­dar cier­ta huma­ni­dad al rela­to. El repar­to se com­ple­ta con Lau­ra Moran­te como la due­ña de un hotel dis­pues­ta a sal­dar cuen­tas pen­dien­tes con su ex aman­te, Emma­nue­lle Devos como la mujer de Simon y Char­les Ber­ling como el asis­ten­te de Marta.

De ele­gan­te pre­sen­ta­ción pero sin mayor emo­ción, esta falli­da mas­ca­ra­da no lle­ga a tras­cen­der. Jor­ge Gutman