Ínti­ma His­to­ria Personal

ROME­RÍA. Espa­ña-Ale­ma­nia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Car­la Simón. 112 minutos

Tras haber impre­sio­na­do con su remar­ca­ble tra­ba­jo en Verano 1993 (2017) y pos­te­rior­men­te con Alca­rràs (2022) que obtu­vo el Oso de Oro en el fes­ti­val de Ber­lín, es aho­ra con Rome­ría que la rea­li­za­do­ra cata­la­na Car­la Simón rati­fi­ca su indis­cu­ti­ble talen­to median­te una vigo­ro­sa his­to­ria semi autobiográfica.

La cineas­ta ha expe­ri­men­ta­do en su vida la enor­me pena de haber per­di­do a sus padres a cau­sa del Sida cuan­do la cruel afec­ción no solo azo­tó a la comu­ni­dad LGTB sino tam­bién a quie­nes eran adic­tos a la dro­ga. Es así que con este dra­ma fami­liar, ella tra­ta de recrear qué es lo que ha sen­ti­do en su vida sin la pre­sen­cia de sus padres biológicos.

Llú­cia Garcia

La acción que trans­cu­rre duran­te 5 días de julio de 2004 pre­sen­ta a Mari­na Piñei­ro (Llú­cia Gar­cia), que aho­ra tie­ne 18 años (la mis­ma edad de Simón en ese año) y que habien­do que­da­do huér­fa­na ha sido cui­da­da y cria­da por la fami­lia de su madre en Bar­ce­lo­na. Con su gran voca­ción hacia el cine, aspi­ra obte­ner una beca para efec­tuar los estu­dios uni­ver­si­ta­rios per­ti­nen­tes; para ello es nece­sa­rio que pre­sen­te la docu­men­ta­ción de su naci­mien­to regis­tra­da por su padre. Es así que via­ja a Vigo don­de en un prin­ci­pio sale al cor­dial encuen­tro de su afa­ble tío Lois (Tris­tan Ulloa), su espo­sa Deni­se (Celi­ne Tyll) y sus pri­mos. Al tra­mi­tar la obten­ción del cer­ti­fi­ca­do men­cio­na­do acon­te­ce que en la par­ti­da de defun­ción de su padre Alfon­so ‑apo­da­do Fon- no apa­re­ce que haya teni­do una hija y es enton­ces que Mari­na debe con­tac­tar a sus abue­los paternos.

Para la joven, la visi­ta a Vigo tie­ne igual­men­te el pro­pó­si­to de inda­gar sobre la vida de sus pro­ge­ni­to­res que no lle­gó a cono­cer. Par­te de esa infor­ma­ción es sumi­nis­tra­da por su pri­mo Nuño (Mitch), el hijo de Lois, como asi­mis­mo de su tío Iago (Alber­to Gar­cía). Cuan­do final­men­te lle­ga a vin­cu­lar­se con su abue­lo Alfon­so Piñei­ro (José Egi­do), figu­ra patriar­cal que osten­ta una cuan­tio­sa for­tu­na como due­ño de los asti­lle­ros que lle­van su nom­bre, así como a su des­agra­da­ble abue­la Rosa­lía (Mari­na Tron­co­so), la recep­ción no es del todo cor­dial; ellos supo­nen que la nie­ta lle­gó en pro­cu­ra de dine­ro y en prin­ci­pio exis­te cier­ta resis­ten­cia en cam­biar los docu­men­tos ofi­cia­les dado que tra­tan de igno­rar o más bien olvi­dar a su hijo que fue ocul­ta­do social­men­te por su toxi­co­ma­nía que lo con­du­jo hacia la malig­na afección.

En su rela­to Simón emplea una narra­ti­va des­do­bla­da en dos perío­dos dife­ren­tes; uno de los mis­mos es el actual, el otro perío­do es el sus­ten­ta­do por las car­tas y las ano­ta­cio­nes regis­tra­das en el dia­rio de su madre; es así que median­te la recrea­ción de mági­cas esce­nas se obser­va a los padres de Mari­na (tam­bién inter­pre­ta­dos por Mitch y Lúcia Gar­cia) des­de 1982, radian­tes de la feli­ci­dad que los une, dis­fru­tan­do de los paseos marí­ti­mos de Gali­cia, así como el mutuo comien­zo de la adic­ción a la heroí­na has­ta cul­mi­nar en el fatal des­en­la­ce de Fon en 1992 y de su mujer unos años después.

A tra­vés de una his­to­ria nutri­da en el mar­co de una fami­lia dis­fun­cio­nal, a modo de catar­sis Mari­na con­si­gue recons­truir el pasa­do a tra­vés de su actual exis­ten­cia; este cau­ti­van­te per­so­na­je que es el alter ego de la cineas­ta, lle­ga final­men­te a com­pren­der por­qué sus padres nun­ca la han con­tac­ta­do duran­te sus pri­me­ros años de vida en Barcelona.

En el nume­ro­so elen­co la cineas­ta ha con­se­gui­do que la debu­tan­te Llú­cia Gar­cia remar­ca­ble­men­te trans­mi­te median­te expre­si­vos silen­cios las vici­si­tu­des de su per­so­na­je en pro­cu­ra de cubrir su incom­ple­ta iden­ti­dad. El film se ve real­za­do por la esplen­do­ro­sa foto­gra­fía de Hélè­ne Lou­vart cap­tan­do el bello pano­ra­ma marí­ti­mo de Gali­cia así como la acer­ta­da músi­ca de Ernest Pipó.

Median­te una muy bue­na narra­ción, Simón logra una sen­si­ble y con­mo­ve­do­ra come­dia dra­má­ti­ca refle­jan­do su muy ínti­ma his­to­ria per­so­nal que sin duda algu­na ame­ri­ta su visión. Jor­ge Gutman