PROMIS LE CIEL Túnez-Francia-Qatar, 2025. Un film de Erige Sehiri. 92 minutos.
Después de su ópera prima Sous les figues (2022) que fue presentada en la Quincena de Cineastas de Cannes, la directora Erige Sehiri imprime nuevamente su fina sensibilidad femenina en Promis le ciel abordando a tres emigrantes tunecinas, provenientes de diferentes lugares de África.

Estelle Kenza Dpgbo y Aissa Maiga
En un guión de la cineasta compartido con Anna Clennik y Malika Cécile Louati, se observa en un comienzo a Marie (Aissa Maiga) protegiendo a Kenza (Estelle Kenza Dpgbo), una niña huérfana cuyos padres probablemente perecieron en el naufragio del bote en que se hallaban. Además de actuar como madre adoptiva y de ese modo superar la pena causada por la pérdida de su propia hija, esta mujer negra inmigrante que reside desde hace una década en Túnez sin haber logrado aún la documentación pertinente, es una pastora evangelista de una iglesia local cuyos feligreses migrantes viviendo en condiciones difíciles confían en su prédica.
En su casa igualmente conviven otras dos mujeres también de raza negra. Una de ellas es Naney (Déborah Christelle Naney) quien para mantenerse se dedica a traficar bebidas alcohólicas y su aspiración mayor es la de poder reunir el dinero suficiente para traer a Túnez a su hija adolescente que reside en Côte d’Ivoire. La más joven de las tres es Jolie (Laetitia Ky), una brillante estudiante de ingeniería cuya familia aguarda que una vez diplomada pueda vislumbrar un futuro auspicioso.
A dichos personajes centrales se agrega Foued (Foued Zaazaa), un hombre blanco de mediana edad que a través de un pasado no muy agradable mantiene una relación amigable con Naney. Asimismo se halla Ismael (Mohamed Grayaá), el dueño de departamento en que habita Marie, quien expresa su inquietud por temer que la policía pueda descubrir que aloja a gente sin documentación legal.
El relato describe las trayectorias en común y en forma separada de las tres protagonistas tratando de ajustarse a una cultura diferente, sobre todo en lo que respecta al credo religioso. Igualmente ellas deben afrontar el marcado racismo prevaleciente como asimismo la política gubernamental que opuesta a ofrecer residencia legal a la indocumentada migración, utiliza la fuerza policial para efectuar arrestos en las calles. Es así que el cielo prometido al que alude el título del film está lejos de convertirse en una vida color de rosa, sin que la iglesia pueda resolver los problemas que afligen a los migrantes, no obstante el sentimiento de hermandad que los une.
Sin subrayado melodramático, la directora ofrece una escena emotiva cuando Marie se ve forzada a entregar a su querida Kenza a un hogar que alberga a la infancia huérfana.
Sehiri aporta notable autenticidad a esta historia en la medida que en varias instancias se asemeja a un documental. A ello cabe agregar que dirigió un sólido elenco encabezado por Maiga, Naney y Ky quienes plenamente se involucran en sus respectivos personajes. No menos importante son los veraces diálogos contenidos en el bien articulado guión y en especial por ofrecer una visión no muy difundida acerca de la política migratoria vigente en Túnez.
En esencia, sin llegar a un nivel de excepción, la cineasta brinda un meritorio film que destilando un notable contenido humano permite empatizar con las peripecias incurridas por sus personajes. Jorge Gutman