QUI BRILLE AU COMBAT. Francia, 2025. Un film de Joséphine Japy. 96 minutos
Una íntima crónica familiar es lo que se aprecia en Qui brille au combat, el primer largometraje de la actriz Joséphine Japy relatando una afección genética que en la vida real experimenta su hermana menor. Esta autobiografía guionizada por la novel cineasta juntamente con Olivier Torres adopta un carácter ficcional aunque en varias instancias se tiene la sensación de asistir a un documental debido a la autenticidad que destila esta dramática historia.

Mélanie Laurent, Sarah Pachoud y Angélina Woreth
La narración introduce a la audiencia en el seno de la familia Rousseau integrada por Gilles (Pierre-Yves Cardinal), su esposa Madeleine (Mélanie Laurent) y sus hijas Marion (Angélina Woreth) de 17 años de edad y Bertille (Sarah Pachoud) dos años menor. A través de la mirada de Marion (alter ego de la directora) se contempla cómo este núcleo familiar frágilmente equilibra su existencia debido a que Bertille sufre el síndrome de Phelan-McDermid, un trastorno genético del neurodesarrollo. Esa situación que se asemeja a un raro autismo conduce a que la adolescente adopte una conducta decididamente anormal que se refleja entre otros aspectos en no hablar, caminar todo el tiempo, cubrir su rostro de comida como si se tratara de un bebé que en tal sentido es tratada por su madre; a todo ello el impreciso diagnóstico recibido es que ella puede dejar de existir en cualquier momento.
Esa severa discapacitación conduce a los restantes miembros de la familia tener que sobrellevar el tremendo peso de la convivencia brindándole a Bertille el mayor apoyo posible a la vez que tratando de mantener la fortaleza necesaria para superar los obstáculos de su discapacidad. En dicha comunidad familiar, es admirable la devoción de Madeleine ocupándose de su hija, así como Marion sintiendo un inmenso cariño por su hermana menor y responsabilizándose por ella trata de armonizar su deseo de emancipación como avanzada adolescente. En cuanto a Gilles, al alejarse del caótico hogar para sumergirse en su diario trabajo encuentra la manera de atenuar su estado anímico.
A través de sucesivas viñetas se asiste a los pormenores del estrés vivido por esta familia, manteniendo una constante alerta por la imprevisibilidad de los actos de Bertille. No obstante la situación descripta, la realizadora imprimiendo una notable solidez narrativa evita el patetismo resaltando las situaciones dramáticas de manera contenida, sin que por ello queden ausentes las emociones experimentadas por sus personajes. La única observación del relato reside en el romance de Marion con un hombre de mayor edad (Félix Kysyl) que nada agrega al tema central.
Uno de los indudables valores del film reside en su impecable elenco, en el que se distinguen la excepcional actuación de Pachoud en el difícil rol que impone la caracterización de Bertille, la firmeza de Laurent componiendo a la estoica madre y la ajustada composición de Woreth transmitiendo con completa convicción a la abnegada Marion.
Este realista drama tratado con suma delicadeza, remarcable sensibilidad y absoluta naturalidad, demuestra la madurez de la novel realizadora, creando favorables expectativas para futuros proyectos fílmicos que resuelva encarar. Jorge Gutman