Recuer­dos de Infancia

RENOIR. Japón-Fran­cia- Sin­ga­pur-Fili­pi­nas-Indo­ne­sia-Qatar, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Chie Haya­ka­wa. 120 minutos

Des­pués de haber incur­sio­na­do como direc­to­ra en el cor­to­me­tra­je Nia­ga­ra (2014) y pos­te­rior­men­te elo­gia­da en la sec­ción Un cer­tain regard en Can­nes con su ópe­ra pri­ma Plan 75 (2022), la direc­to­ra japo­ne­sa Chie Haya­ka­wa retor­na con Renoir que el año pasa­do par­ti­ci­pó en la com­pe­ten­cia ofi­cial de dicho pres­ti­gio­so fes­ti­val. Como se ha dado en otros casos de cineas­tas ins­pi­ra­dos en su infan­cia, la direc­to­ra se basó en suce­sos vivi­dos en la suya cuan­do su padre ado­le­ció de una gra­ve enfermedad.

Yui Suzu­ki

La his­to­ria se ubi­ca en los subur­bios de Tokio hacia fina­les de la déca­da del 80 don­de Fuki (Yui Suzu­ki), una niña de 11 años, expe­ri­men­ta la sole­dad de tener a su padre Kei­ji (Lily Franky) hos­pi­ta­li­za­do pade­cien­do de un tumor ter­mi­nal; por su par­te la rela­ción con su madre Uta­ko (Hika­ri Ishi­da) no es lo sufi­cien­te­men­te comu­ni­ca­ti­va por­que para man­te­ner su hogar ella se encuen­tra inmer­sa tra­ba­jan­do como super­vi­so­ra de una com­pa­ñía y ade­más vive angus­tia­da por la dolen­cia de su espo­so. Es así que para con­tra­rres­tar la ausen­cia de su fami­lia Fuki se afe­rra a su des­bor­dan­te ima­gi­na­ción, en gran medi­da ali­men­ta­da con su obse­sión por la muer­te; en tal sen­ti­do en la voz en off ella se pre­gun­ta si real­men­te se sien­te pena por la per­so­na que mue­re o en cam­bio por el vacío que deja en uno mis­mo, por lo que lo mejor es no llo­rar para nada; eso a su vez se com­ple­men­ta con uno de sus escri­tos que lo titu­la “Qui­sie­ra ser huér­fa­na” , hecho que lla­ma la aten­ción de la escue­la a la que asis­te. Simul­tá­nea­men­te la niña se invo­lu­cra en diver­sas situa­cio­nes que refle­jan un extra­ño com­por­ta­mien­to; así ade­más de su rela­ción con una com­pa­ñe­ra de escue­la (Yuu­mi Kaway), su incur­sión en la tele­pa­tía hace que se ofrez­ca como hip­no­ti­za­do­ra de su vecino, o bien en una ins­tan­cia más arries­ga­da esta­ble­ce una cita tele­fó­ni­ca con un pedó­fi­lo (Ryô­ta Ban­dô) a quien lle­ga a visi­tar­lo, crean­do una esce­na de con­si­de­ra­ble tensión.

Cabe acla­rar que el títu­lo del film se debe a que en una esce­na de esca­sos segun­dos Fuki obser­va la repro­duc­ción de la pin­tu­ra “La Peti­te Fille au ruban bleu” rea­li­za­da por el céle­bre artis­ta impre­sio­nis­ta Pie­rre-Augus­te Renoir.

La pelí­cu­la es cons­trui­da median­te una serie de epi­so­dios frag­men­ta­dos que sin una espe­cí­fi­ca ila­ción a veces resul­tan no muy fáci­les de seguir. En con­se­cuen­cia su dis­per­sa narra­ción que en par­tes se vuel­ve difu­sa requie­re pacien­cia para invo­lu­crar­se por com­ple­to en este dra­ma fami­liar; en tal aspec­to hay una vital esce­na rese­ñan­do el víncu­lo que man­tie­ne la japo­ne­si­ta Fuki con su pro­fe­so­ra de inglés don­de apren­de el len­gua­je del due­lo con­ver­san­do en ese idioma.

Sin lle­gar al nivel de su tra­ba­jo pre­ce­den­te Haya­ka­wa per­mi­te que su sen­si­ble pro­pues­ta basa­da en sus recuer­dos tras­cien­da por la impe­ca­ble actua­ción de la peque­ña Suzu­ki quien apor­tan­do su sere­na mira­da ple­na­men­te se pose­sio­na del vai­vén emo­cio­nal de su per­so­na­je duran­te el pro­ce­so de madu­ra­ción enfren­tan­do final­men­te el dece­so de su padre. En suma, a pesar de sus alti­ba­jos, el film no exen­to de sen­si­bi­li­dad logra atraer la aten­ción del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman