Pro­te­gien­do a la Hija

MA FILLE TU SERAS LIBRE. Cana­dá, 2025. Un film de Bachir Ben­sad­dek . 89 minutos

Ancla­da en las tra­di­cio­nes medie­va­les, en algu­nos paí­ses es fre­cuen­te la con­cer­ta­ción de matri­mo­nios arre­gla­dos en don­de jóve­nes muje­res son casa­das con­tra su volun­tad. Ese es el tema con­si­de­ra­do por Bachir Ben­sad­dek en Ma fille tu seras libre, un inusi­ta­do dra­ma realista.

El guión de Marie Vien en su comien­zo trans­cu­rre a prin­ci­pios de siglo ubi­can­do la acción en Afga­nis­tán (la fil­ma­ción tuvo lugar en Chi­pre); ahí se obser­va al padre de la ado­les­cen­te Zar­mi­na (Effie Deme­triou) que a cam­bio de obte­ner un peda­zo de tie­rra y algu­nas vacas, la cede en matri­mo­nio a un hom­bre de 65 años de edad. La azo­ra­da madre (Are­zoo Aria­poor) tra­tan­do de pro­te­ger­la de un casa­mien­to for­za­do logra que ella pue­da eva­dir­se del país y lle­gar a Cana­dá gra­cias a los bue­nos ofi­cios del com­pa­trio­ta Adbu­llah (Pae­man Arian­tar). Con todo esa liber­tad tie­ne un pre­cio don­de que­da con­ve­ni­do de que si en el futu­ro la joven lle­ga a tener una hija, debe­rá con­traer enla­ce con el hijo de Adbu­llah que resi­de en Kabul.

Wazh­ma Bahar

La his­to­ria se tras­la­da a 2022 don­de la adul­ta Zar­mi­na (Wazh­ma Bahar) que resi­de en Mon­treal está casa­da con Hakim (Saboor Sahak) que es el her­mano de Adbu­llah. El matri­mo­nio tie­ne dos hijos, el varón Wahid (Firuz Ali Nazar) poseí­do de un tem­pe­ra­men­tal carác­ter y Mar­wa (Saba Vahed­you­sef) de 15 años de edad quien está com­pe­ne­tra­da con la cul­tu­ra canadiense.

El con­flic­to se pro­du­ce cuan­do se requie­re que el pac­to con­traí­do en el pasa­do sea con­cre­ta­do; eso impli­ca que Mar­wa es obli­ga­da a casar­se con su pri­mo, lo que ella con­tun­den­te­men­te recha­za. Es así que la his­to­ria de anta­ño vuel­ve a repe­tir­se don­de aho­ra es Zar­mi­na quien tra­ta de sal­va­guar­dar a Mar­wa, no obs­tan­te que su mari­do con­si­de­ra que es nece­sa­rio res­pe­tar el acuer­do por una cues­tión de honor ade­más de tener que evi­tar las con­se­cuen­cias que pue­de aca­rrear el incum­pli­mien­to de lo pactado.

De allí en más el film adquie­re una trá­gi­ca con­no­ta­ción don­de que­da expues­ta la tris­te situa­ción de las muje­res afga­nas supe­di­ta­das a cum­plir un papel de sumi­sión y obe­dien­cia impar­ti­das por sus cón­yu­ges. Ade­más del tema prin­ci­pal, el rela­to deja infe­rir algu­nos de los temas vin­cu­la­dos con la inmi­gra­ción don­de es nece­sa­rio con­ci­liar la cul­tu­ra del país anfi­trión con las raí­ces pre­va­le­cien­tes de la tie­rra natal.

Con una excep­cio­nal carac­te­ri­za­ción Bahar expre­sa la for­ta­le­za y resi­lien­cia de su per­so­na­je para que su hija sea libre y due­ña de su des­tino; en tal sen­ti­do resul­tan alta­men­te emo­ti­vas las esce­nas que Zar­mi­na man­tie­ne con Mar­wa, mag­ní­fi­ca­men­te inter­pre­ta­da por la joven Vahed­you­sef. Den­tro del cali­fi­ca­do elen­co asi­mis­mo se dis­tin­gue la talen­to­sa Julie Le Bre­ton ani­man­do con total con­vic­ción a la pro­fe­so­ra de fran­cés de Zar­mi­na a quien le brin­da su afec­to y apo­yo soli­da­rio fren­te a la difí­cil situa­ción que atraviesa.

Con una cui­da­da rea­li­za­ción de Ben­sad­dek, la soli­dez del film se ate­núa en su tra­yec­to final en la medi­da que el guión car­ga dema­sia­do las tin­tas con esce­nas de extre­ma­da vio­len­cia como la gene­ra­da por el her­mano de Mar­wa. No obs­tan­te esta suer­te de tra­ge­dia grie­ga arro­ja un sal­do posi­ti­vo capaz de sen­si­bi­li­zar al espec­ta­dor en la ilus­tra­ción de una insos­la­ya­ble reali­dad que des­afor­tu­na­da­men­te no es exclu­si­va de Afga­nis­tán. Jor­ge Gutman

Dos Extra­ños en un Parque

PAR­QUE LEZA­MA. Argen­ti­na, 2026. Un film escri­to y diri­gi­do por Juan José Cam­pa­ne­lla basa­do en la obra tea­tral I’am Not Rap­pa­port de Herb Gard­ner. 115 minu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

Once años des­pués del gran éxi­to tea­tral de Argen­ti­na obte­ni­do con Par­que Leza­ma, el dies­tro rea­li­za­dor Juan José Cam­pa­ne­lla efec­tuó la adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fi­ca vol­vien­do a diri­gir­la con la valio­sa cola­bo­ra­ción de los mis­mos acto­res que la inter­pre­ta­ron en la escena.

No obs­tan­te que la pie­za ya había sido tras­la­da­da al cine por su autor en 1996, esta ver­sión se des­ta­ca por la impron­ta per­so­nal de Cam­pa­ne­lla don­de la acción en lugar de trans­cu­rrir en el Cen­tral Park de New York, aquí se desa­rro­lla en el boni­to Par­que Leza­ma de la ciu­dad de Bue­nos Aires.

Luis Bran­do­ni y Eduar­do Blanco

Allí, en un ban­co del par­que se reúnen dos ancia­nos que res­pon­den a opues­tas per­so­na­li­da­des. Uno de ellos es León Sch­wartz (Luis Bran­do­ni), un idea­lis­ta octo­ge­na­rio jubi­la­do que había sido un mili­tan­te de izquier­da; él se ubi­ca en el mis­mo ban­co en el que dia­ria­men­te acu­de el anciano Anto­nio Car­do­so (Eduar­do Blan­co) que no obs­tan­te su avan­za­da edad tra­ba­ja en la cal­de­ra de un edi­fi­cio cercano.

En un prin­ci­pio Anto­nio no ve con agra­do la pre­sen­cia de León por­que pre­fie­re estar solo; con todo a tra­vés de los encuen­tros que se suce­den en el mis­mo lugar, median­te mutuas con­ce­sio­nes ambas par­tes ter­mi­na­rán coin­ci­dien­do. En el inter­cam­bio de las con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das no están exen­tos entre otros temas, el de la vejez y su secue­la, la fra­gi­li­dad físi­ca del cuer­po, la sole­dad, el temor de per­der la inde­pen­den­cia per­so­nal, así como la irres­pe­tuo­si­dad de la joven gene­ra­ción hacia las per­so­nas de la ter­ce­ra edad.

Una de las preo­cu­pa­cio­nes de Anto­nio es la de per­der su empleo dis­pues­to por el admi­nis­tra­dor del inmue­ble (Agus­tín Aris­ta­rán) en el que tra­ba­ja. Por su par­te León enfren­ta una rela­ción poco armo­nio­sa con su hija (Veró­ni­ca Palac­ci­ni) quien tra­tan­do de pro­te­ger­lo no desea que él se mane­je por su cuenta.

Sin incu­rrir en el ries­go de una pie­za fil­ma­da, Cam­pa­ne­lla per­mi­te que la pelí­cu­la adquie­ra con­si­de­ra­ble flui­dez a tra­vés de algu­nos movi­mien­tos de cáma­ra como tam­bién por un satis­fac­to­rio mon­ta­je por él rea­li­za­do. Asi­mis­mo, el ori­gen tea­tral se mati­za con la pre­sen­cia de algu­nos per­so­na­jes como la de un joven ladron­zue­lo (Alan Fer­nán­dez), así como la de una chi­ca ex dro­ga­dic­ta (Manue­la Menén­dez) ame­na­za­da por un vio­len­to nar­co­tra­fi­can­te (Matías Alarcón).

Simi­lar a lo acon­te­ci­do con el espec­tácu­lo tea­tral, la pelí­cu­la adquie­re un rele­van­te bri­llo con las excep­cio­na­les actua­cio­nes de sus dos pro­ta­go­nis­tas. La com­po­si­ción de Bran­do­ni es nada menos que estu­pen­da quien en su papel de fabu­la­dor agre­ga la dosis de humor nece­sa­ria que armo­ni­za mara­vi­llo­sa­men­te con el tema cen­tral del rela­to; así como com­pul­si­vo men­ti­ro­so fren­te a su con­tra­par­te, entre sus diver­sas anéc­do­tas le cuen­ta que ha sido direc­tor de una pelí­cu­la que ganó el pre­mio máxi­mo en Can­nes. Por su par­te, la carac­te­ri­za­ción logra­da por Blan­co mere­ce asi­mis­mo un cáli­do aplau­so ani­man­do al indi­vi­duo con­ser­va­dor y prag­má­ti­co Anto­nio que no tie­ne otra opción que la de escu­char los ima­gi­na­ti­vos rela­tos del píca­ro León. En la genui­na expre­si­vi­dad tras­lu­ci­da en los ros­tros de ambos acto­res, se gene­ra una exce­len­te quí­mi­ca crean­do de este modo la empa­tía de la audien­cia que los observa.

En suma, Cam­pa­ne­lla ha logra­do una nos­tál­gi­ca come­dia dra­má­ti­ca impreg­na­da de inmen­sa ter­nu­ra que sin acu­dir a gol­pes bajos legí­ti­ma­men­te emociona.
Jorge Gut­man

Una Tris­te y Rea­lis­ta Historia

TWO PRO­SE­CU­TORS. Fran­cia, Ale­ma­nia, Paí­ses Bajos, Leto­nia, Ruma­nia, Litua­nia, Ucra­nia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Ser­gei Loz­nit­sa. 102 minutos

El remar­ca­ble escri­tor y cineas­ta ucra­niano Ser­gei Loz­nit­sa ofre­ce en Two Pro­se­cu­tors un sói­do dra­ma denun­cian­do la opre­sión de la Unión Sovié­ti­ca bajo el coman­do de Stalin.

Basa­do en el libro del acti­vis­ta disi­den­te cien­tí­fi­co Georgy Demi­dov escri­to en 1969 pero publi­ca­do cua­tro déca­das des­pués, Loz­nit­sa es res­pe­tuo­so del con­te­ni­do impre­so por el escri­tor quien pasó varios años de su vida pri­sio­ne­ro en el gulag.

Ale­xandr Kuz­netsov en TWO PROSECUTORS

El rela­to fic­cio­nal pero que tris­te­men­te refle­ja la reali­dad de una épo­ca trans­cu­rre en 1937 en la ciu­dad rusa de Briansk en momen­tos en que el régi­men de terror esta­li­nis­ta se encuen­tra en su apo­geo. En una de las cár­ce­les de máxi­ma segu­ri­dad, un vie­jo pri­sio­ne­ro (Ivgeny Ter­letsky) es obli­ga­do a que­mar las car­tas escri­tas por otros con­vic­tos diri­gi­das a Sta­lin don­de le piden cle­men­cia argu­men­tan­do que son fie­les comu­nis­tas y que no han come­ti­do deli­to alguno; cum­plien­do con esa misión el pre­si­dia­rio cum­ple con la orden impar­ti­da pero sal­va­guar­da una de dichas misi­vas que lla­ma su aten­ción al estar escri­ta con san­gre por Step­niak (Ale­xan­der Filip­pen­ko) quien soli­ci­ta que lo visi­te el fis­cal de la ciu­dad por­que tie­ne impor­tan­tes noti­cias que hacer­le saber. Esa car­ta lle­ga a manos de Ale­xan­der Kor­nev (Ale­xandr Kuz­netsov), un joven abo­ga­do idea­lis­ta recien­te­men­te desig­na­do fis­cal quien se dis­po­ne a entre­vis­tar al autor de la misma.

Lle­ga­do a la pri­sión Kor­nev se enfren­ta con el obs­tácu­lo buro­crá­ti­co impues­to por un poco dis­pues­to guar­dián (Uldis Val­te­ris) quien tra­ta de con­ven­cer­lo de que no es pru­den­te que entre­vis­te a Step­niak, ale­gan­do que pade­ce de una enfer­me­dad infec­cio­sa que pue­de lle­gar a con­ta­giar­lo; sin embar­go el fis­cal no se inmu­ta e insis­te en rea­li­zar el encuen­tro; des­pués de una lar­ga espe­ra el direc­tor de la pri­sión (Vytau­tas Kaniu­so­mis) per­mi­te que esa entre­vis­ta se efec­túe. Es allí cuan­do el reclui­do anciano, a pesar de encon­trar­se gra­ve­men­te enfer­mo, en un exten­so monó­lo­go ade­más de decla­rar­se ino­cen­te de crí­me­nes no come­ti­dos le rela­ta cómo ha sido mal­tra­ta­do y tor­tu­ra­do por la NKVD, ‑la poli­cía secre­ta del esta­do sovié­ti­co- mos­trán­do­le las seve­ras cica­tri­ces de su cuerpo.

Impre­sio­na­do por el rela­to de Step­niak, a fin de pre­ser­var los prin­ci­pios del mar­xis­mo Kor­nev deci­de via­jar a Mos­cú para hacer­le ver al pro­cu­ra­dor gene­ral esta­tal Vishinsky (Ana­toly Belly) cómo la acción de los agen­tes de la poli­cía secre­ta pue­de lle­gar a afec­tar seria­men­te los fun­da­men­tos sus­ten­ta­dos por la revolución.

Sin entrar en ulte­rio­res deta­lles sobre el trans­cur­so de esa reu­nión y las impli­can­cias de la mis­ma, impor­ta des­ta­car la sobrie­dad emplea­da por Loz­nit­sa para expo­ner la facha­da de un sis­te­ma don­de la liber­tad indi­vi­dual que­da extin­gui­da por un des­hu­ma­ni­za­do régi­men de terror que ha cobra­do la vida de innu­me­ra­bles per­so­nas ino­cen­tes. En ese aspec­to el cineas­ta crea una den­sa atmós­fe­ra agra­cia­da por la estu­pen­da foto­gra­fía de Oleg Mulu que per­mi­te trans­mi­tir al espec­ta­dor el opro­bio­so cli­ma rei­nan­te de la tira­nía soviética.

A la enco­mia­ble maes­tría de la direc­ción y al exce­len­te guión del cineas­ta cabe agre­gar la acer­ta­da elec­ción efec­tua­da de los acto­res pro­ta­go­nis­tas de esta dra­má­ti­ca his­to­ria. De mane­ra con­te­ni­da pero cier­ta­men­te efec­ti­va Kuz­netsov expre­sa con com­ple­ta con­vic­ción la per­so­na­li­dad de un idea­lis­ta y bien inten­cio­na­do fis­cal con­ven­ci­do de que su labor repor­ta­rá posi­ti­vos resul­ta­dos a fin de con­ser­var los prin­ci­pios de la revo­lu­ción comu­nis­ta. Asi­mis­mo resul­ta sobre­sa­lien­te la carac­te­ri­za­ción obte­ni­da por Filip­pen­ko en don­de uno olvi­da que está vien­do al actor sino al real dolien­te prisionero.

Lamen­ta­ble­men­te no hay nada nove­do­so en el des­en­la­ce de esta tris­te y rea­lis­ta his­to­ria que refle­jan­do la tira­nía esta­li­nis­ta no se dife­ren­cia mucho de lo que acon­te­ce en la Rusia del siglo 21. Más allá de esta refle­xión que­da como resul­ta­do un valio­so docu­men­to alta­men­te reco­men­da­ble.  Jor­ge Gutman

Afron­tan­do la maternidad

JEU­NES MĖRES. Fran­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Jean-Pie­rre Dar­den­ne y Luc Dar­den­ne. 105 minutos

Una vez más los her­ma­nos Jean-Pie­rre y Luc Dar­den­ne brin­dan en Jeu­nes Mères una his­to­ria coral de hon­do con­te­ni­do social. Su aten­ción se cen­tra en jóve­nes madres sol­te­ras que per­ma­ne­cen en un alber­gue mater­nal ubi­ca­do en las cer­ca­nías de Liè­ge, don­de reci­ben apo­yo y los recur­sos nece­sa­rios para rein­ser­tar­se a la sociedad.

Una esce­na de JEU­NES MĖRES

En un muy bien des­crip­to guión de los vete­ra­nos cineas­tas se asis­te a la situa­ción que atra­vie­san cin­co chi­cas ado­les­cen­tes afron­tan­do la mater­ni­dad. Jes­si­ca (Babet­te Ver­beek) está muy pró­xi­ma a dar a luz, pero antes quie­re saber de su pro­ge­ni­to­ra bio­ló­gi­ca (India Nair) por­que ella fue dada en adop­ción al nacer, una situa­ción que jamás repe­ti­rá con su pro­pia bebi­ta asu­mien­do la res­pon­sa­bi­li­dad que le cabe como futu­ra madre.

Dife­ren­te es el caso de Per­la (Lucie Larue­lle), recien­te madre de Noe, tra­tan­do de con­ven­cer a Robin (Gun­ter Duret), el padre de la cria­tu­ra, de cons­ti­tuir una fami­lia aun­que él no acep­ta la idea. Otra de las jóve­nes madres es la ex adic­ta Julie (Elsa Hou­ben) que aguar­da retor­nar a la vida nor­mal jun­to con su pare­ja Dylan (Jef Jacobs) quien la apo­ya y desea casar­se con ella. Aria­ne (Janai­na Halloy) es una madre que quie­re ceder en adop­ción a su bebé a fin de que pue­da vis­lum­brar un futu­ro más pro­mi­so­rio, a pesar de la acti­tud nega­ti­va de su alcohó­li­ca madre Natha­lie (Chris­te­lle Cor­nil). Final­men­te se halla Nai­ma (Samia Hil­mi) quien está pre­pa­ra­da para dejar la ins­ti­tu­ción con su cria­tu­ra y rein­cor­po­rar­se a la socie­dad habien­do con­se­gui­do un empleo capaz de sol­ven­tar las necesidades.

Los her­ma­nos Dar­den­ne ya han demos­tra­do en su nota­ble fil­mo­gra­fía, la narra­ción de his­to­rias huma­nas que lle­gan legí­ti­ma­men­te a emo­cio­nar como nue­va­men­te lo rati­fi­can con esta rea­lis­ta cró­ni­ca imbui­da de máxi­ma auten­ti­ci­dad. Al pro­pio tiem­po es de apre­ciar el acier­to en haber con­vo­ca­do un plan­tel de sóli­dos intér­pre­tes, quie­nes trans­mi­ten abso­lu­ta vera­ci­dad  en sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. En esen­cia, el film deja tras­lu­cir un opti­mis­mo que se refle­ja en la últi­ma esce­na coro­na­da musi­cal­men­te con la céle­bre Mar­cha Tur­ca de Mozart.

Acos­tum­bra­dos a ser pre­mia­dos en Can­nes don­de se ha pre­sen­ta­do la mayo­ría de sus pelí­cu­las, en 2025 los her­ma­nos Dar­den­ne fue­ron dis­tin­gui­dos con el pre­mio al mejor guión, don­de esta come­dia dra­má­ti­ca par­ti­ci­pó en la sec­ción com­pe­ti­ti­va del pres­ti­gio­so fes­ti­val. Jor­ge Gutman

Ëra­se una vez.…

ONCE UPON A TIME IN GAZA. Fran­cia, Pales­ti­na, Ale­ma­nia, Por­tu­gal, Jor­da­nia, Qatar, 2025. Un film de Arab Nas­ser y Tar­zan Nas­ser. 88 minutos

Des­pués de la favo­ra­ble recep­ción crí­ti­ca reci­bi­da en Gaza Mon Amour (2020), los her­ma­nos geme­los pales­ti­nos Arab y Tar­zan Nas­ser brin­dan con Once Upon a Time in Gaza un film de con­no­ta­ción polí­ti­ca. Como su títu­lo lo indi­ca, la his­to­ria trans­cu­rre en Gaza, en don­de el esce­na­rio de fon­do acer­ca del con­flic­to con Israel se entre­mez­cla con situa­cio­nes de humor, acción, vio­len­cia y drama.

Majd Eid et Nader Abd Alhay

En un bre­ví­si­mo pró­lo­go del guión de los direc­to­res com­par­ti­do con Amar Nas­ser y Marie Legrand, se escu­cha fue­ra de cáma­ra la voz en off del Pre­si­den­te Trump mani­fes­tan­do su inten­ción de con­ver­tir a la Fran­ja de Gaza en un paraí­so turís­ti­co. De inme­dia­to la acción se retro­trae a 2007 en don­de Osa­ma (Majd Eid), es un taxis­ta local de media­na edad quien a fin de aumen­tar sus ingre­sos se dedi­ca a tra­fi­car pas­ti­llas anal­gé­si­cas obte­ni­das en diver­sas far­ma­cias pre­sen­tan­do fal­sas pres­crip­cio­nes médi­cas. Así en el peque­ño res­tau­ran­te de fala­fel que ha ins­ta­la­do jun­to con su joven ami­go estu­dian­te Yah­ya (Nader Abd Alhay), se las inge­nia para satis­fa­cer el pedi­do de sus clien­tes, colo­can­do los com­pri­mi­dos medi­ci­na­les en el inte­rior de los sánd­wi­ches de pita.

El nego­cio de estos com­pin­ches, don­de en prin­ci­pio todo trans­cu­rre sin mayor pro­ble­ma, ori­gi­na situa­cio­nes risue­ñas. La ruti­na nor­mal se inte­rrum­pe cuan­do Abou Sami (Ram­zi Maq­di­si), un corrup­to poli­cía local, para no denun­ciar esa ile­gal acti­vi­dad quie­re con­ver­tir a Osa­ma en su infor­man­te; al recha­zar la pro­po­si­ción del agen­te, se crea entre ambos una con­fron­ta­ción que desem­bo­ca en un acon­te­ci­mien­to dra­má­ti­co que para bene­fi­cio del lec­tor de estas líneas no con­vie­ne revelar.

Des­pués de la pri­me­ra par­te un tan­to alar­ga­da la his­to­ria se desa­rro­lla en 2009 en don­de daría la impre­sión de asis­tir a un film dife­ren­te, aun­que en últi­ma ins­tan­cia no es así. El Minis­tro de Cul­tu­ra del gobierno de Hamas desea que se reali­ce la pri­me­ra pelí­cu­la de acción en la que se refle­je que Gaza per­ma­ne­ce fir­me con­tra la agre­sión israe­lí al pro­pio tiem­po que des­ta­que la per­so­na­li­dad de un már­tir pales­tino muer­to en la gue­rra. Para ello, el desig­na­do direc­tor del film (Issaq Elias) en un encuen­tro calle­je­ro con Yah­ya lo invi­ta a que sea el pro­ta­go­nis­ta dado que su fiso­no­mía es muy pare­ci­da a la del héroe desaparecido.

El roda­je de Rebel, el títu­lo del film, ori­gi­na situa­cio­nes de come­dia en la medi­da que Yah­ya care­ce de expe­rien­cia algu­na en la mate­ria, obli­gan­do al direc­tor a repe­tir algu­nas secuen­cias a fin de que el actor impri­ma mayor con­vic­ción a su per­so­na­je. Asi­mis­mo, la pro­duc­ción care­ce de efec­tos espe­cia­les para las secuen­cias de acción béli­ca y es por lo tan­to nece­sa­rio recu­rrir a ver­da­de­ras armas de fue­go que en cier­ta for­ma ate­mo­ri­zan a los inte­gran­tes del elen­co que ani­man a los sol­da­dos israe­líes. Al mar­gen del roda­je, la apa­ri­ción del poli­cía Sami que fue pro­mo­vi­do a coman­dan­te y su reen­cuen­tro con Yah­ya moti­va que la his­to­ria cen­tral del rela­to adquie­ra el tono de un thriller.

Aun­que varias veces la cine­ma­to­gra­fía ha recu­rri­do a la fil­ma­ción de una pelí­cu­la den­tro de otra, en este caso la narra­ción entre la reali­dad y la fic­ción no logra un satis­fac­to­rio ensam­ble como tam­po­co exis­te una con­vin­cen­te cohe­sión entre la pri­me­ra y segun­da par­te del film; a ello se agre­gan cier­tas situa­cio­nes incon­sis­ten­tes como asi­mis­mo un pre­ci­pi­ta­do des­en­la­ce que no adquie­re la nece­sa­ria enver­ga­du­ra dramática.

La con­fla­gra­ción del lamen­ta­ble con­flic­to entre pales­ti­nos e israe­líes no cons­ti­tu­ye la esen­cia del film aun­que eso no impi­de que a tra­vés de dia­rios, mate­rial de archi­vo con noti­cias tele­vi­si­vas de la épo­ca, así como explo­sio­nes y bom­bar­deos, que­de refle­ja­do el dra­ma de Gaza brin­dan­do un sen­ti­do polí­ti­co a esta his­to­ria. Por razo­nes obvias, la pelí­cu­la ha sido fil­ma­da en Jor­da­nia, sien­do enco­mia­ble el des­plie­gue visual logra­do por el direc­tor de foto­gra­fía Chris­tophe Grai­llot así como el dise­ño de pro­duc­ción de los her­ma­nos cineastas.

En el elen­co Majid Eid se luce como el inge­nio­so y caris­má­ti­co tra­fi­can­te de tran­qui­li­zan­tes en tan­to que Nader Abd Alhay remar­ca­ble­men­te con­tras­ta la per­so­na­li­dad de Yah­ya que en prin­ci­pio tími­do y ser­vi­cial con el trans­cur­so del tiem­po se con­vier­te en un popu­lar actor de cine; por su par­te Ram­zi Maq­di­si es muy con­vin­cen­te como el villano de esta historia.

No obs­tan­te sus alti­ba­jos, la huma­ni­dad que des­ti­la el film a tra­vés de la sóli­da amis­tad de Osa­ma y Yah­ya así como la acer­ta­da ilus­tra­ción de la dra­má­ti­ca vida dia­ria impe­ran­te en Gaza alien­tan su visión. Jor­ge Gutman