PARQUE LEZAMA. Argentina, 2026. Un film escrito y dirigido por Juan José Campanella basado en la obra teatral I’am Not Rappaport de Herb Gardner. 115 minutos. Disponible en Netflix
Once años después del gran éxito teatral de Argentina obtenido con Parque Lezama, el diestro realizador Juan José Campanella efectuó la adaptación cinematográfica volviendo a dirigirla con la valiosa colaboración de los mismos actores que la interpretaron en la escena.
No obstante que la pieza ya había sido trasladada al cine por su autor en 1996, esta versión se destaca por la impronta personal de Campanella donde la acción en lugar de transcurrir en el Central Park de New York, aquí se desarrolla en el bonito Parque Lezama de la ciudad de Buenos Aires.

Luis Brandoni y Eduardo Blanco
Allí, en un banco del parque se reúnen dos ancianos que responden a opuestas personalidades. Uno de ellos es León Schwartz (Luis Brandoni), un idealista octogenario jubilado que había sido un militante de izquierda; él se ubica en el mismo banco en el que diariamente acude el anciano Antonio Cardoso (Eduardo Blanco) que no obstante su avanzada edad trabaja en la caldera de un edificio cercano.
En un principio Antonio no ve con agrado la presencia de León porque prefiere estar solo; con todo a través de los encuentros que se suceden en el mismo lugar, mediante mutuas concesiones ambas partes terminarán coincidiendo. En el intercambio de las conversaciones mantenidas no están exentos entre otros temas, el de la vejez y su secuela, la fragilidad física del cuerpo, la soledad, el temor de perder la independencia personal, así como la irrespetuosidad de la joven generación hacia las personas de la tercera edad.
Una de las preocupaciones de Antonio es la de perder su empleo dispuesto por el administrador del inmueble (Agustín Aristarán) en el que trabaja. Por su parte León enfrenta una relación poco armoniosa con su hija (Verónica Palaccini) quien tratando de protegerlo no desea que él se maneje por su cuenta.
Sin incurrir en el riesgo de una pieza filmada, Campanella permite que la película adquiera considerable fluidez a través de algunos movimientos de cámara como también por un satisfactorio montaje por él realizado. Asimismo, el origen teatral se matiza con la presencia de algunos personajes como la de un joven ladronzuelo (Alan Fernández), así como la de una chica ex drogadicta (Manuela Menéndez) amenazada por un violento narcotraficante (Matías Alarcón).
Similar a lo acontecido con el espectáculo teatral, la película adquiere un relevante brillo con las excepcionales actuaciones de sus dos protagonistas. La composición de Brandoni es nada menos que estupenda quien en su papel de fabulador agrega la dosis de humor necesaria que armoniza maravillosamente con el tema central del relato; así como compulsivo mentiroso frente a su contraparte, entre sus diversas anécdotas le cuenta que ha sido director de una película que ganó el premio máximo en Cannes. Por su parte, la caracterización lograda por Blanco merece asimismo un cálido aplauso animando al individuo conservador y pragmático Antonio que no tiene otra opción que la de escuchar los imaginativos relatos del pícaro León. En la genuina expresividad traslucida en los rostros de ambos actores, se genera una excelente química creando de este modo la empatía de la audiencia que los observa.
En suma, Campanella ha logrado una nostálgica comedia dramática impregnada de inmensa ternura que sin acudir a golpes bajos legítimamente emociona.
Jorge Gutman