TWO PROSECUTORS. Francia, Alemania, Países Bajos, Letonia, Rumania, Lituania, Ucrania, 2025. Un film escrito y dirigido por Sergei Loznitsa. 102 minutos
El remarcable escritor y cineasta ucraniano Sergei Loznitsa ofrece en Two Prosecutors un sóido drama denunciando la opresión de la Unión Soviética bajo el comando de Stalin.
Basado en el libro del activista disidente científico Georgy Demidov escrito en 1969 pero publicado cuatro décadas después, Loznitsa es respetuoso del contenido impreso por el escritor quien pasó varios años de su vida prisionero en el gulag.

Alexandr Kuznetsov en TWO PROSECUTORS
El relato ficcional pero que tristemente refleja la realidad de una época transcurre en 1937 en la ciudad rusa de Briansk en momentos en que el régimen de terror estalinista se encuentra en su apogeo. En una de las cárceles de máxima seguridad, un viejo prisionero (Ivgeny Terletsky) es obligado a quemar las cartas escritas por otros convictos dirigidas a Stalin donde le piden clemencia argumentando que son fieles comunistas y que no han cometido delito alguno; cumpliendo con esa misión el presidiario cumple con la orden impartida pero salvaguarda una de dichas misivas que llama su atención al estar escrita con sangre por Stepniak (Alexander Filippenko) quien solicita que lo visite el fiscal de la ciudad porque tiene importantes noticias que hacerle saber. Esa carta llega a manos de Alexander Kornev (Alexandr Kuznetsov), un joven abogado idealista recientemente designado fiscal quien se dispone a entrevistar al autor de la misma.
Llegado a la prisión Kornev se enfrenta con el obstáculo burocrático impuesto por un poco dispuesto guardián (Uldis Valteris) quien trata de convencerlo de que no es prudente que entreviste a Stepniak, alegando que padece de una enfermedad infecciosa que puede llegar a contagiarlo; sin embargo el fiscal no se inmuta e insiste en realizar el encuentro; después de una larga espera el director de la prisión (Vytautas Kaniusomis) permite que esa entrevista se efectúe. Es allí cuando el recluido anciano, a pesar de encontrarse gravemente enfermo, en un extenso monólogo además de declararse inocente de crímenes no cometidos le relata cómo ha sido maltratado y torturado por la NKVD, ‑la policía secreta del estado soviético- mostrándole las severas cicatrices de su cuerpo.
Impresionado por el relato de Stepniak, a fin de preservar los principios del marxismo Kornev decide viajar a Moscú para hacerle ver al procurador general estatal Vishinsky (Anatoly Belly) cómo la acción de los agentes de la policía secreta puede llegar a afectar seriamente los fundamentos sustentados por la revolución.
Sin entrar en ulteriores detalles sobre el transcurso de esa reunión y las implicancias de la misma, importa destacar la sobriedad empleada por Loznitsa para exponer la fachada de un sistema donde la libertad individual queda extinguida por un deshumanizado régimen de terror que ha cobrado la vida de innumerables personas inocentes. En ese aspecto el cineasta crea una densa atmósfera agraciada por la estupenda fotografía de Oleg Mulu que permite transmitir al espectador el oprobioso clima reinante de la tiranía soviética.
A la encomiable maestría de la dirección y al excelente guión del cineasta cabe agregar la acertada elección efectuada de los actores protagonistas de esta dramática historia. De manera contenida pero ciertamente efectiva Kuznetsov expresa con completa convicción la personalidad de un idealista y bien intencionado fiscal convencido de que su labor reportará positivos resultados a fin de conservar los principios de la revolución comunista. Asimismo resulta sobresaliente la caracterización obtenida por Filippenko en donde uno olvida que está viendo al actor sino al real doliente prisionero.
Lamentablemente no hay nada novedoso en el desenlace de esta triste y realista historia que reflejando la tiranía estalinista no se diferencia mucho de lo que acontece en la Rusia del siglo 21. Más allá de esta reflexión queda como resultado un valioso documento altamente recomendable. Jorge Gutman