ONCE UPON A TIME IN GAZA. Francia, Palestina, Alemania, Portugal, Jordania, Qatar, 2025. Un film de Arab Nasser y Tarzan Nasser. 88 minutos
Después de la favorable recepción crítica recibida en Gaza Mon Amour (2020), los hermanos gemelos palestinos Arab y Tarzan Nasser brindan con Once Upon a Time in Gaza un film de connotación política. Como su título lo indica, la historia transcurre en Gaza, en donde el escenario de fondo acerca del conflicto con Israel se entremezcla con situaciones de humor, acción, violencia y drama.

Majd Eid et Nader Abd Alhay
En un brevísimo prólogo del guión de los directores compartido con Amar Nasser y Marie Legrand, se escucha fuera de cámara la voz en off del Presidente Trump manifestando su intención de convertir a la Franja de Gaza en un paraíso turístico. De inmediato la acción se retrotrae a 2007 en donde Osama (Majd Eid), es un taxista local de mediana edad quien a fin de aumentar sus ingresos se dedica a traficar pastillas analgésicas obtenidas en diversas farmacias presentando falsas prescripciones médicas. Así en el pequeño restaurante de falafel que ha instalado junto con su joven amigo estudiante Yahya (Nader Abd Alhay), se las ingenia para satisfacer el pedido de sus clientes, colocando los comprimidos medicinales en el interior de los sándwiches de pita.
El negocio de estos compinches, donde en principio todo transcurre sin mayor problema, origina situaciones risueñas. La rutina normal se interrumpe cuando Abou Sami (Ramzi Maqdisi), un corrupto policía local, para no denunciar esa ilegal actividad quiere convertir a Osama en su informante; al rechazar la proposición del agente, se crea entre ambos una confrontación que desemboca en un acontecimiento dramático que para beneficio del lector de estas líneas no conviene revelar.
Después de la primera parte un tanto alargada la historia se desarrolla en 2009 en donde daría la impresión de asistir a un film diferente, aunque en última instancia no es así. El Ministro de Cultura del gobierno de Hamas desea que se realice la primera película de acción en la que se refleje que Gaza permanece firme contra la agresión israelí al propio tiempo que destaque la personalidad de un mártir palestino muerto en la guerra. Para ello, el designado director del film (Issaq Elias) en un encuentro callejero con Yahya lo invita a que sea el protagonista dado que su fisonomía es muy parecida a la del héroe desaparecido.
El rodaje de Rebel, el título del film, origina situaciones de comedia en la medida que Yahya carece de experiencia alguna en la materia, obligando al director a repetir algunas secuencias a fin de que el actor imprima mayor convicción a su personaje. Asimismo, la producción carece de efectos especiales para las secuencias de acción bélica y es por lo tanto necesario recurrir a verdaderas armas de fuego que en cierta forma atemorizan a los integrantes del elenco que animan a los soldados israelíes. Al margen del rodaje, la aparición del policía Sami que fue promovido a comandante y su reencuentro con Yahya motiva que la historia central del relato adquiera el tono de un thriller.
Aunque varias veces la cinematografía ha recurrido a la filmación de una película dentro de otra, en este caso la narración entre la realidad y la ficción no logra un satisfactorio ensamble como tampoco existe una convincente cohesión entre la primera y segunda parte del film; a ello se agregan ciertas situaciones inconsistentes como asimismo un precipitado desenlace que no adquiere la necesaria envergadura dramática.
La conflagración del lamentable conflicto entre palestinos e israelíes no constituye la esencia del film aunque eso no impide que a través de diarios, material de archivo con noticias televisivas de la época, así como explosiones y bombardeos, quede reflejado el drama de Gaza brindando un sentido político a esta historia. Por razones obvias, la película ha sido filmada en Jordania, siendo encomiable el despliegue visual logrado por el director de fotografía Christophe Graillot así como el diseño de producción de los hermanos cineastas.
En el elenco Majid Eid se luce como el ingenioso y carismático traficante de tranquilizantes en tanto que Nader Abd Alhay remarcablemente contrasta la personalidad de Yahya que en principio tímido y servicial con el transcurso del tiempo se convierte en un popular actor de cine; por su parte Ramzi Maqdisi es muy convincente como el villano de esta historia.
No obstante sus altibajos, la humanidad que destila el film a través de la sólida amistad de Osama y Yahya así como la acertada ilustración de la dramática vida diaria imperante en Gaza alientan su visión. Jorge Gutman