La Pér­di­da de la Audición

SOR­DA. Espa­ña, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Eva Liber­tad. 99 minutos.

Des­pués de haber logra­do un gran éxi­to en 2021 con su cor­to­me­tra­je Sor­da la direc­to­ra Eva Liber­tad efec­túa una con­ti­nua­ción del mis­mo en el homó­ni­mo lar­go­me­tra­je que tam­bién es pro­ta­go­ni­za­do por su her­ma­na Miriam Garlo.

Como lo anun­cia su títu­lo el tema es el de la sor­de­ra que impli­ca algo más que la pér­di­da de la audi­ción sino que a nivel social pue­de gene­rar barre­ras de comu­ni­ca­ción que deri­van en un posi­ble ais­la­mien­to de los seres que rodean a la per­so­na afec­ta­da. Es así que gra­cias a un minu­cio­so y esme­ra­do guión la direc­to­ra abor­da lo que acon­te­ce con Ánge­la (Gar­lo), una mujer afec­ta­da por la sordera.

Álva­ro Cer­van­tes y Miriam Garlo

En esta con­ti­nua­ción se la ve a ella que acom­pa­ña­da por su ama­do com­pa­ñe­ro Héc­tor (Álva­ro Cer­van­tes) que es oyen­te, espe­ran la ansia­da cria­tu­ra que está en ges­ta­ción. La úni­ca duda que asal­ta a la pare­ja es si el bebé ten­drá la mis­ma dis­ca­pa­ci­ta­ción; en todo caso duran­te ese perío­do de espe­ra que­da reite­ra­do cómo Héc­tor median­te el len­gua­je de los sig­nos se aco­pla por com­ple­to hacia Ánge­la. La noti­ca de la gra­ta nue­va es comu­ni­ca­da a los que­ri­dos padres oyen­tes (Ele­na Iru­re­ta y Joa­quín Nota­rio) de Ánge­la quie­nes fes­te­jan con ale­gría ese acon­te­ci­mien­to; al pare­cer, la úni­ca dis­cre­pan­cia exis­ten­te con ellos es que Ánge­la rehú­sa uti­li­zar audí­fo­nos. De todos modos en su vida labo­ral tra­ba­jan­do como cera­mis­ta, ella no tie­ne obs­tácu­lo alguno en la comu­ni­ca­ción con sus colegas.

No obs­tan­te la flui­da comu­ni­ca­ción man­te­ni­da por la pare­ja, está cla­ro que exis­te cier­to dis­tan­cia­mien­to de Héc­tor cuan­do su com­pa­ñe­ra se reúne con sus amis­ta­des igual­men­te sor­das, como lo pro­pio acon­te­ce con Ánge­la en los encuen­tros de Héc­tor con sus amigos.

Con­si­de­ra­ble ten­sión se pro­du­ce duran­te el pro­ce­so que atra­vie­sa esta mujer en el momen­to del par­to, don­de la cáma­ra de la cineas­ta fil­ma esa dra­má­ti­ca secuen­cia con máxi­ma deli­ca­de­za. Tras pro­du­cir­se el naci­mien­to de la bebi­ta lla­ma­da Ona que­da en sus­pen­so por saber si ella es o no sor­da; des­pués de dos meses el pedia­tra dic­ta­mi­na que es per­fec­ta­men­te oyen­te lo que moti­va pro­fun­da ale­gría en los padres.

De aquí en más, la dicha de Ánge­la va ami­no­rán­do­se al com­pro­bar que su rol mater­nal es en gran par­te absor­bi­do por Héc­tor al com­pro­bar la exce­len­te comu­ni­ca­ción exis­ten­te entre él y la niña. De nin­gún modo este noble y que­ri­do com­pa­ñe­ro tra­ta de sus­traer a su com­pa­ñe­ra del cari­ño de Ona, sino que va ocu­pán­do­se de las tareas que ella deja de lado. En ese intrín­gu­lis que se va cimen­tan­do, con gran sen­si­bi­li­dad la direc­to­ra expo­ne las con­tra­dic­cio­nes que embar­gan a esta madre al no poder evi­tar sus celos com­pro­ban­do que Héc­tor no nece­si­ta recu­rrir al len­gua­je de los sig­nos en la rela­ción man­te­ni­da con su hijita.

En la exce­len­te pues­ta escé­ni­ca de Liber­tad, ella sale airo­sa del ries­go asu­mi­do en eli­mi­nar el empleo del soni­do en la últi­ma par­te del rela­to, a fin de que el espec­ta­dor pue­da cap­tar mejor los silen­cios y la angus­tia inter­na de Ángela.

La cineas­ta ofre­ce un cua­dro de la vida real en la des­crip­ción de sus dos per­so­na­jes en don­de resul­ta difí­cil pre­ci­sar si Ánge­la es sus­cep­ti­ble de repro­che alguno por des­cui­dar invo­lun­ta­ria­men­te su rol mater­nal o si Héc­tor a pesar de su gran amor hacia su pare­ja es inca­paz de com­pren­der las difi­cul­ta­des que atra­vie­sa como madre.

La his­to­ria de la rea­li­za­do­ra bien pue­de ase­me­jar­se a un docu­men­tal tenien­do en con­si­de­ra­ción la auten­ti­ci­dad refle­ja­da en su con­te­ni­do y sobre todo por­que Gar­lo pade­ce sor­de­ra, sin que ello deme­ri­te el sobre­sa­lien­te desem­pe­ño brin­da­do en la carac­te­ri­za­ción de su per­so­na­je. Asi­mis­mo es pon­de­ra­ble la natu­ra­li­dad trans­mi­ti­da por Cer­van­tes como el devo­to com­pa­ñe­ro de Ánge­la, en tan­to que elo­gios simi­la­res mere­cen Iru­re­ta y Nota­rio en los roles secundarios.

Sin recu­rrir a gol­pes bajos, la rea­li­za­do­ra ofre­ce una remar­ca­ble pelí­cu­la nutri­da de gran huma­nis­mo y can­den­te emo­ción logran­do la com­ple­ta adhe­sión del espec­ta­dor. Jor­ge Gutman