Crónica de Jorge Gutman
He aquí el comentario de 6 filmes vistos en el Festival.
Plus que jamais (Luxemburgo-Francia-Alemania-Noruega)
El efecto de una grave enfermedad que puede afectar a una pareja bien constituida y el confrontamiento de una decisión existencial son dos tópicos intrínsicamente entrelazados que delicadamente aborda la directora franco-iraní Emily Atef en este emotivo melodrama.

Plus que jamais
Hélène (Vicky Krieps) y su marido Mathieu (Gaspard Ulliel) han vivido juntos y felices en Bordeaux durante varios años. Sin embargo la dicha se empaña cuando ella es afectada por una fibrosis pulmonar idiopática que le produce agudas crisis; si bien el dolor es momentáneamente apaciguado con la ayuda de un diminuto concentrador de oxígeno, lo cierto es que la existencia se torna insoportable para Hélène como a su vez todo permite prever que no le resta mucho tiempo de vida. Es allí que su amante compañero se esfuerza para ser positivo tratando de levantarle su moral y buscando una solución médica. De acuerdo al facultativo que la atiende existe la posibilidad de un trasplante pulmonar que depende de un donante compatible y nada asegura que no exista el riesgo de que su organismo lo rechace.
El relato adquiere un giro inesperado cuando Hélène tratando de identificar por internet a personas con similar problema al que le aqueja entra en contacto con un tal Mister (Bjorn Floberg), un hombre enfermo residente de Saeno en Noruega; en consecuencia decide viajar al país nórdico, a pesar de que su marido, sin saber el motivo, se siente desconcertado dado su endeble estado de salud y sobre todo porque ella no desea que la acompañe.
El remarcable guión de la realizadora y Lars Hubrich describe los sentimientos que animan a cada uno de sus dos personajes Por un lado, Hélène no quiere que su marido pueda sentir compasión por su estado no obstante el indestructible amor que lo une a él; rodeada del majestuoso fiordo de Saeno y de las altas montañas que lo rodean (bella fotografía de Yves Cape) ella encuentra la paz necesaria para afrontar por sí sola su drama. Desde la óptica de Mathieu aunque desgarrado por la pena que le produce la enfermedad de su mujer, a pesar suyo y debido igualmente a su gran amor hacia su moribunda mujer se siente obligado a respetar y aceptar su decisión.
La sobriedad de la directora permite apreciar una obra de gran sensibilidad que se magnifica por la excelente caracterización que Krieps y Ulliel logran de sus personajes. Al margen de este comentario, resulta lamentable que éste sea el trabajo póstumo del remarcable actor Gaspard Ulliel quien poco después de haberlo concluido fue víctima de un fatal accidente.
Un petit frère (Francia)
Con el buen antecedente de haber logrado la Cámara de Oro en 2017 con Jeune femme, la realizadora Léonor Serraille retorna con un tríptico sobre una familia migrante de África tratando de iniciar una nueva vida en Europa.

Un petit frère
El guión de la directora estructura su relato en 3 segmentos. El primero de los mismos se centra en Rose (Annabelle Lengronne), madre de cuatro hijos que en 1989 deja Côte d’Ivoire para inmigrar a Francia con sus dos vástagos menores, Jean (Sidy Fofana) y Ernest (Milan Doucansi), respectivamente de 10 y 5 años de edad. Ubicados en París, habitan temporalmente en casa de familiares en tanto que Rose trabaja como empleada en un hotel parisino aunque sin descuidar la educación de los chicos. En materia sentimental ella no quiere que nadie le imponga candidatos para rehacer su vida rechazando de este modo a un afable cortejante (Jean-Christophe Folly); en cambio no excluye su inclinación a flirtear y satisfacer su deseo sexual con varios amantes.
Sin progresión dramática el relato traslada la acción algunos años después a Rouen donde Rose estableció su residencia en la medida que Thierry (Thibaut Evrard) el hombre con quien convive, eside en dicha ciudad. En este segundo capítulo el foco de atención es Jean de 19 años (Stéphane Bak) quien en ausencia de su madre que trabaja en París y solo regresa los fines de semana para ver a sus hijos, es responsable del hogar y de cuidar a su hermano Ernest (Kenzo Sambin); esa situación termina presionándolo. En el capítulo final que transcurre una década posterior es Ernest (Ahmed Sylia), el protagonista a quien se lo observa como respetado profesor universitario de filosofía; él resiente de su madre por haber permitido que Jean haya regresado a África como así también por la vida tumultuosa que ella ha llevado lo que la fue apartando de sus hijos.
Si bien el comienzo del film es promisorio a medida que progresa va perdiendo impulso. A pesar de que la realizadora ha tratado de infundir ternura en la relación de la madre con sus hijos que queda muy bien esbozada en la escena final de Rose con Ernest, la objeción principal es la narración errática de esta historia. Así, saltando de segmento a segmento el racismo latente es apenas esbozado y la problemática de la inmigración en cuanto a las dificultades de adaptación y asimilación de Rose y sus hijos en Francia no produce la emoción necesaria para generar empatía.
Un beau matin (Francia-Alemania)
Con gran sensibilidad la directora Mia Hansen-Love e igualmente responsable del guión aborda las vicisitudes atravesadas por una mujer que debe afrontar las dificultades surgidas en el seno de su familia a la vez que trata de encontrar un nuevo amor que pueda iluminar su existencia.

Un beau matin
La protagonista de la historia es Sandra (Léa Seydoux), una competente traductora parisina de aproximadamente 40 años de edad que es viuda, madre de la pequeña Linn (Camille Leban Martins) e hija de Georg (Pascal Greggory) y de Françoise (Nicole Garcia) quienes están separados.
El conflicto central del relato se centra en la difícil situación que Sandra atraviesa al comprobar cómo su anciano padre, un eminente profesor de filosofía ya retirado, va perdiendo gradualmente la noción de la realidad al sufrir una enfermedad degenerativa cuya condición le imposibilita poder valerse por sí mismo al vivir sólo en su departamento. Aunque Sandra cuenta con la colaboración de su madre, es ella quien fundamentalmente debe sobrellevar este gran problema donde se impone la necesidad de internarlo en una decente residencia que pueda brindarle un confortable nivel en el crepúsculo de su existencia; claro está que para ello es preciso disponer de los medios financieros para lograrlo.
La tristeza de Sandra se atenúa cuando se reencuentra con Clément (Melvil Poupaud), un científico y amigo de antaño, en donde la relación amistosa prontamente genera un sólido vínculo romántico; pero aunque él está infelizmente casado y dispuesto a dejar a su mujer, al poco tiempo desiste de su propósito y es así que Sandra ve su romance extinguido.
Inspirada en laexperiencia vivida con su padre, la realizadora ofrece un entrañable film relatado con suma delicadeza al evitar que su tema derive en un lacrimógeno melodrama. El elenco es inmejorable con Seydoux confirmando una vez más su condición de gran actriz de Francia; a su lado es meritoria la composición lograda por Greggory en el difícil rol del enfermo padre así como la participación de la veterana Garcia brindando momentos de humor y la simpatía de Leban Martins. Con la filmación en 35 milímetros el remarcable director de fotografía Denis Lenoir capta muy bien los escenarios en que transcurre la acción.
I Fiori Persi (Luxemburgo)
En el marco de los filmes producidos en el Ducado de Luxemburgo, al que el Festival este año homenajea, resulta de interés apreciar este íntimo documental en el que el director Fabrizio Maltese rinde tributo a sus padres.
Residiendo en Luxemburgo, en plena crisis de la pandemia de marzo de 2020 el cineasta retorna a Italia, la tierra natal que dejó hace 23 años, dado que su padre ha sufrido una crisis cardíaca y requiere urgente operación. En un país donde muy poco le resulta conocido, su objetivo principal es consolar, animar y proteger a su madre de la angustia que le produce el no saber cómo resultará la intervención practicada a su marido. Si bien su padre se recobra de la cirugía y retorna a su hogar, el destino golpea fuertemente a la puerta cuando el desafortunado virus pandémico cobra la vida de su madre.
Maltese documenta su dolor mediante este drama personal impregnado de melancolía donde junto a su padre examina un álbum de fotografías registradas a través de una vida como al propio tiempo enfoca a su progenitor cuando visita el nicho de su querida esposa fallecida en abril de 2020. En esencia, mediante las penosas circunstancias atravesadas el realizador logra un expresivo documental testimoniando el gran amor de un hijo hacia sus padres.
As Bestas (España-Francia)
Basado en un hecho real acaecido en Madrid en 2010, el director Rodrigo Sorogoyen ofrece un thriller psicológico de remarcable nivel que ha sido cálidamente recibido por la crítica en oportunidad de su estreno mundial en Cannes.

As Bestas
El guión del cineasta con la colaboración de Isabel Peña traslada la acción a una región rural de Galicia donde procedentes de Francia allí se instalan Antoine Denis (Denis Minochet), su mujer Olga (Marina Fois) y su hija Marie (Marie Colomb); el propósito de la pareja es iniciar una nueva etapa de su existencia explotando la tierra en esa zona campestre a la vez que rehabilitar viejas casonas que se hallan en ruinoso estado.
La noble intención del matrimonio Denis de llevar una vida sana sin que nada pueda obstruir lo que la naturaleza puede ofrecer encuentra un serio obstáculo. Eso se produce por parte de una familia del pueblo integrada por los hermanos Xan (Luis Zahera) y Lorenzo Anta (Diego Anido) quienes junto a su anciana madre (Luisa Merelas) desean obtener las ventajas pecuniarias que les puede brindar una empresa decidida a instalar turbinas de viento para la generación de energía eléctrica. Ese hecho genera un clima de inusitada tensión en el enfrentamiento entre Antoine y los hermanos Anta que conduce a un punto de no retorno expresado en una violencia que los convierte en verdaderas bestias humanas.
Claramente Sorogoyen deja planteado el interrogante sobre los reales dueños de la tierra, si acaso son quienes vivieron allí durante la vida entera o si bien son los foráneos que llegan al lugar para explotarla como agricultores procurando un mejor porvenir. Ciertamente los lugareños viviendo en condiciones de pobreza quieren salir de la miseria obteniendo el dinero que les ofrecen las poderosas empresas que se aprovechan de su ignorancia.
El realizador ofrece una fascinante película cuya óptima narración mantiene a la audiencia en permanente vilo. La remarcable calidad de este drama rural reside en la excelente puesta escénica de Sorogoyen y en el impecable guión por la magnífica descripción de sus personajes. En cuanto a su elenco cabe destacar las notables caracterizaciones logradas por Denis Ménochet, Luis Zahera y sobre todo la de Marina Fois dando vida a una mujer de temple quien procurando justicia muestra su firme determinación en defender lo que le pertenece.
La Nuit du 12 (Francia)
En este drama policial el realizador Dominik Moll aborda un tema que de algún modo preocupa. Según se hace saber en los créditos iniciales Francia registra aproximadamente 800 homicidios por años de los cuales un 20% de los mismos no llegan a ser resueltos. Es así que el guión del realizador y Gilles Marchand basado en el libro de Pauline Guéna “18.3: Une année a la PJ”“considera de manera semificcional un horrendo crimen acaecido el 12 de octubre de 2016 y que llevó tres años en ser investigado.

La Nuit du 12
La historia comienza en la citada fecha en Grenoble cuando en plena noche la joven Clara (Lula Cotton Frapier) de 21 años de edad deja la casa de su gran amiga Nanie (Pauline Serieys); caminando por las desérticas y oscuras calles, después de haberle enviado con su teléfono un agradecimiento a Nanie un hombre encapuchado aborda a Clara rociándola con gasolina y prendiéndole fuego.
Después de que el cuerpo calcinado de la víctima es descubierto comienza el proceso de investigación policial con un equipo encabezado por Yohan Vives (Bastien Bouillon) quien ha asumido la dirección del departamento policial de la ciudad, acompañado del veterano inspector Marceau (Bouli Lanners) junto con la participación de otros colaboradores del recinto.
A partir del interrogatorio realizado a Nanie acerca de la personalidad de Clara, se llega a saber de las relaciones íntimas que ella mantuvo con gente de su edad y de ese modo, a la manera de las obras de suspenso de Agatha Christie, aparece un buen número de sospechosos aunque ninguno de los mismos aporta una prueba evidente de la autoría.
El gran mérito del filme reside en el procedimiento adoptado en esta exhaustiva y obsesiva búsqueda de ubicar al homicida donde la forma de los interrogatorios adopta un modo distintivo para cada uno de los involucrados con la occisa.
Tanto Lanners como Bouillon y Serieys ofrecen una convincente composición de sus respectivos roles dentro del marco de un elenco en el que igualmente se distringue Anouk Grinberg como una responsable jueza que considera que es un deber irrefutable de la sociedad el localizar a los asesinos.
El realizador sin descuidar el trasfondo humano de esta historia nutrida de detalles muy bien observados, permite que la misma sea seguida con marcado interés manteniendo una satisfactoria intriga hasta la escena final.