TIFF 2026-Fil­mes Eva­lua­dos (1)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Ah Girl (Sin­ga­pur)

Es poco fre­cuen­te juz­gar fil­mes pro­ve­nien­tes de Sin­ga­pur de allí que resul­ta pla­cen­te­ro poder apre­ciar el film de la sin­ga­pu­rien­se rea­li­za­do­ra y guio­nis­ta Ang Geck Geck Pris­ci­lla, ofre­cien­do una his­to­ria ins­pi­ra­da en su pro­pia infancia.

AH GIRL

Varias veces el cine ha enfo­ca­do el efec­to que cau­sa en meno­res cuan­do sus pro­ge­ni­to­res están sepa­ra­dos y en este caso median­te un esti­lo dis­tin­ti­vo este hecho es con­si­de­ra­do por la rea­li­za­do­ra a tra­vés de un rela­to ficticio.

La acción trans­cu­rre en Sin­ga­pur hacia media­dos de la déca­da del 90 siguien­do la tra­yec­to­ria de Swee Swee (Xuan Jing Ong), una vivaz niña de 7 años quien jun­to a su her­ma­ni­ta Ah Tian (Syd­ney Wong), están inmer­sas en los pro­ble­mas que atra­vie­san sus inma­du­ros pro­ge­ni­to­res cuyo matri­mo­nio se ha desin­te­gra­do. Las dos her­ma­nas están alo­ja­das en un peque­ño depar­ta­men­to habi­ta­do por su ensi­mis­ma­do padre (James Seah) y su cas­ca­rra­bias abue­la (Doreen Toh), que se encar­ga de cui­dar­las. En tan­to su madre (Carrie Wong) que vive con otro hom­bre, sin ser cons­cien­te de que sus hijas nece­si­tan un ver­da­de­ro cari­ño mater­nal, sola­men­te las visi­ta los fines de sema­na y tra­tan­do de con­gra­ciar­se con ellas les trae obse­quios y a veces las lle­va a su casa.

Swee Swee que es bien madu­ra aten­dien­do a su edad, alter­na su vida en la escue­la, jugan­do, con otros niños, a la vez que a veces no deja de mos­trar su rebel­día fren­te a situa­cio­nes que se pro­du­cen en el seno fami­liar; esa sole­dad inte­rior es ate­nua­da con el gran afec­to hacia su her­ma­na que es recí­pro­co, y es por eso que teme que Ah Thian pue­da vivir en otro lugar.

Aun­que hay un momen­to dra­má­ti­co que se pro­du­ce fren­te a un acci­den­te sufri­do por Swee Swee, lo que más tras­cien­de es que con peque­ños pero efec­ti­vos deta­lles el film ilus­tra cómo los padres no son cons­cien­tes de la nece­si­dad expe­ri­men­ta­da por las her­ma­ni­tas cuan­do requie­ren ser escu­cha­das y sin saber cómo pue­den pro­cu­rar ayuda.

Con sobrie­dad y sin melo­dra­ma­tis­mo alguno, en su pri­mer lar­go­me­tra­je la novel cineas­ta efec­túa una con­vin­cen­te pues­ta escé­ni­ca que acer­ta­da­men­te refle­ja la expe­rien­cia infan­til a tra­vés del impac­to reci­bi­do como con­se­cuen­cia de los con­flic­tos vivi­dos por sus pro­ge­ni­to­res. Resul­ta asi­mis­mo apre­cia­ble la nota­ble auten­ti­ci­dad logra­da en las actua­cio­nes de Xuan Jing Ong y Syd­ney Wong per­mi­tien­do que esta agri­dul­ce y a la vez cáli­da come­dia dra­má­ti­ca adquie­ra un com­ple­to realismo.

Vio­len­ce du corps de l’autre (Cana­dá).

En su déci­mo sép­ti­mo tra­ba­jo Denis Côté reafir­ma una vez más de ser el más radi­cal y uno de los más talen­to­sos cineas­tas de Cana­dá. Esta extra­ña, enig­má­ti­ca y un tan­to mis­te­rio­sa pelí­cu­la guio­ni­za­da por el rea­li­za­dor podrá resul­tar a cier­ta audien­cia un tan­to incó­mo­da de pre­sen­ciar pero sin duda no deja­rá de apre­ciar la curio­sa y a la vez enig­má­ti­ca mane­ra de tra­tar el pelia­gu­do tema de la mortalidad.

VIO­LEN­CE DU CORPS DE L’AUTRE

Laris­sa Corri­veau que ya inter­pre­tó varios fil­mes del cineas­ta aquí retor­na ani­man­do a Mira, una mujer extra­ña y mis­te­rio­sa a la vez cuyo sem­blan­te no deja tras­lu­cir lo que está pasan­do por su men­te. Sin mucho diá­lo­gos en su pri­me­ra par­te, la tra­ma la expo­ne reco­rrien­do con su mini­ván las carre­te­ras cana­dien­ses acom­pa­ña­da de Mario, su perro fal­de­ro. En cada para­da se acer­ca a per­so­nas que han reque­ri­do euta­na­sia sumi­nis­trán­do­les un bre­ba­je pre­pa­ra­do para lograr la muer­te asistida.

Poco tiem­po des­pués habrá de deve­lar­se que ella cum­ple su tra­ba­jo comi­sio­na­do por Ludo (Phi­lip­pe Reb­bot), un hom­bre que habi­ta en una casa ubi­ca­da en una zona fores­tal y que está acom­pa­ña­do por Made­lei­ne (Amé­lie Dallai­re); en el momen­to en que ella lo visi­ta esas dos per­so­nas excén­tri­cas y de libre espí­ri­tu están cele­bran­do una fies­ta con ami­gos de los cua­les Mira se man­tie­ne mar­gi­na­da. El rela­to adquie­re par­ti­cu­lar ten­sión cuan­do su emplea­dor le enco­mien­da su pró­xi­ma misión vin­cu­la­da con Pie­rric (Xavier Ber­ge­ron); la ínti­ma rela­ción que ella man­tie­ne con este joven pleno de ener­gía y un tan­to ines­ta­ble, le per­mi­ti­rá refle­xio­nar acer­ca del sen­ti­do que le sig­ni­fi­ca actuar como “el ángel de la muer­te” y poder rede­fi­nir su identidad.

Corri­veau logra una estu­pen­da carac­te­ri­za­ción de su enig­má­ti­co per­so­na­je don­de no obs­tan­te los esca­sos diá­lo­gos que man­tie­ne, per­mi­te trans­mi­tir lo que expe­ri­men­ta en su impre­vi­si­ble esta­do men­tal, apor­tan­do una sin­gu­lar rique­za emo­cio­nal. Asi­mis­mo se des­ta­ca el res­to del repar­to, inte­gra­do entre otros nom­bres por Gabrie­lle Lazu­re, Pie­rret­te Robi­tai­lle, Eve Pres­sault y Chris­tian Lapointe.

Côté con­si­gue que el espec­ta­dor que­de atra­pa­do en esta oscu­ra his­to­ria que fil­ma­da en 16 milí­me­tros se ve real­za­da por la foto­gra­fía de Vin­cent Biron que le otor­ga una apro­pia­da tex­tu­ra difu­sa­men­te granulada.

En esen­cia que­da como resul­ta­do una obra absor­ben­te y cier­ta­men­te esti­mu­lan­te del pro­lí­fi­co cineas­ta que deja abier­ta la pre­gun­ta de si aca­so exis­te una muer­te sin vio­len­cia alguna.

Chil­dren Untold  (Japón).

Inau­gu­ran­do la sec­ción Plat­form este dra­ma de la remar­ca­ble direc­to­ra y guio­nis­ta japo­ne­sa Miwa Nishi­ka­wa deja una muy posi­ti­va impre­sión al enca­rar con gran sen­si­bi­li­dad las con­se­cuen­cias de meno­res des­pro­te­gi­dos al fina­li­zar la Segun­da Gue­rra Mundial.

CHIL­DREN UNTOLD

El guión de la cineas­ta está ambien­ta­do en agos­to de 1945 en la ciu­dad de Tokio inme­dia­ta­men­te des­pués de haber con­cluí­do el trá­gi­co con­flic­to béli­co. La aten­ción está cen­tra­da en Koto­ko (Ami Koyae), una niña de 12 años que habien­do sido una mag­ní­fi­ca estu­dian­te, aho­ra se halla des­pro­vis­ta de sus padres que murie­ron en la gue­rra. Com­ple­ta­men­te deso­la­da sin saber quén es real­men­te ella o a quien per­te­ne­ce, cre­yen­do que su con­di­ción feme­ni­na la vol­ve­rá dema­sia­do vul­ne­ra­ble, como estra­te­gia de super­vi­ven­cia ocul­ta su géne­ro adop­tan­do la fiso­no­mía de un chi­co. Con­se­cuen­te­men­te, se jun­ta con otros niños de con­di­ción simi­lar, que tra­tan de sol­ven­tar sus nece­si­da­des recu­rrien­do a tra­ba­jos meno­res, robos y vin­cu­lán­do­se con un mafio­so líder local del cri­men orga­ni­za­do (Juni­chi Oka­da) para que los proteja.

La visión de Nishi­ka­wa en mucho se ase­me­ja al cine del neo­rrea­lis­mo ita­liano de la déca­da del 40 enfo­can­do a niños víc­ti­mas del aban­dono social. En ese aspec­to, aquí sin sen­ti­men­ta­lis­mo alguno la direc­to­ra implí­ci­ta­men­te efec­túa una crí­ti­ca de los orga­nis­mos ofi­cia­les de no con­si­de­rar debi­da­men­te a meno­res que que­da­ron libra­dos de la mano de Dios en la posguerra.

Si bien el metra­je se pro­lon­ga duran­te dos horas y media, la habi­li­do­sa pues­ta escé­ni­ca per­mi­te que la pelí­cu­la man­ten­ga per­ma­nen­te­men­te la aten­ción del espec­ta­dor. Asi­mis­mo es des­ta­ca­ble el méri­to de la cineas­ta de haber reu­ni­do un remar­ca­ble elen­co enca­be­za­do por la admi­ra­ble carac­te­ri­za­ción de la debu­tan­te actriz Koyae quien con sus 13 años de edad ha logra­do trans­mi­tir inten­sa­men­te el sen­ti­mien­to de una niña des­am­pa­ra­da en pro­cu­ra de su iden­ti­dad; asi­mis­mo es des­ta­ca­ble la par­ti­ci­pa­ción de Fumi Nikai­do en el rol de la ex pro­fe­so­ra de Koto­ko, expre­san­do con com­ple­ta con­vic­ción el esfuer­zo des­ple­ga­do por encon­trar­la. En un bre­ve papel el actor Koji Yakusho sale airo­so como el pes­ca­dor de algas mari­nas que se encar­ga de cui­dar a los inde­fen­sos niños.

Como coro­la­rio de este apre­cia­ble dra­ma his­tó­ri­co en los cré­di­tos fina­les se indi­ca que se regis­tró 120.000 huér­fa­nos a tra­vés de Japón des­pués de la gue­rra del Pací­fi­co Asiá­ti­co, aun­que la exac­ta cifra per­ma­ne­ce incier­ta. Nume­ro­sos niños fue­ron aban­do­na­dos que­dan­do suje­tos a la vio­len­cia, al ham­bre y a la sole­dad sin haber sido dados en pro­tec­ción ni com­pen­sa­dos por par­te del gobierno. Muchos sobre­vi­vien­tes murie­ron sin haber podi­do con­tar sus his­to­rias vivi­das en las esta­cio­nes de tre­nes y en las calles.

Head to Head (Irán-Ale­ma­nia)

Des­pués de haber rea­li­za­do tres cor­tos, la rea­li­za­do­ra Gha­si­deh Gol­ma­ka­ni debu­ta en este lar­go­me­tra­je cuyo pro­pó­si­to es el de rei­vin­di­car a la mujer ira­ní a fin de colo­car­la al mis­mo nivel que su con­tra­par­te masculina.

HEAD TO HEAD

La his­to­ria enfo­ca a Bahar (Meh­noosh Safa­ri), una renom­bra­da direc­to­ra ira­ní quien está en el pro­ce­so de fil­ma­ción de una pelí­cu­la en la que par­ti­ci­pan cua­tro acto­res que deben por­tar ves­ti­men­ta feme­ni­na com­ple­men­ta­da con el uso de pañue­los en sus cabe­zas, tal como su uso es obli­ga­to­rio para el sexo feme­nino. La fil­ma­ción rea­li­za­da ile­gal­men­te se repi­te innu­me­ra­bles veces dado que Bahar exi­ge de su elen­co una com­ple­ta natu­ra­li­dad feme­ni­na lo que le resul­ta difí­cil de lograr.

Si bien la inten­ción de la rea­li­za­do­ra median­te la inver­sión de roles resul­ta cla­ra demos­tran­do a tra­vés de la ridi­cu­li­za­ción la arbi­tra­rie­dad exis­ten­te en Irán, las situa­cio­nes absur­das refle­ja­das ori­gi­nan en prin­ci­pio algu­nos momen­tos humo­rís­ti­cos pero a cos­ta de la con­ti­nua repe­ti­ción de las mis­mas esce­nas, el efec­to pron­ta­men­te se desvanece.

La abier­ta crí­ti­ca de la cen­su­ra exis­ten­te en Irán ya ha sido expues­ta exce­len­te­men­te por cineas­tas feme­ni­nas ira­níes que han resis­ti­do la cen­su­ra ira­ní, como por ejem­plo lo ha demos­tra­do mag­ní­fi­ca­men­te Mar­yam Moghad­dam en la pre­mia­da come­dia dra­má­ti­ca My Favou­ri­te Cake (2024), así como Pegah Ahan­ga­ra­ni en su remar­ca­ble docu­men­tal Rehear­sals for a Revo­lu­tion, pre­mia­do este año en Can­nes. Sin embar­go, la sáti­ra polí­ti­ca de Gol­ma­ka­ni no alcan­za el mis­mo impac­to, en par­te debi­do a que lo expues­to aquí podía haber­se logra­do en un cor­to­me­tra­je, dado que a pesar de su bre­ve dura­ción de 78 minu­tos, la fal­ta de flui­dez cons­pi­ra para que su film lle­gue a iimpresionar