Crónica de Jorge Gutman
Ah Girl (Singapur)
Es poco frecuente juzgar filmes provenientes de Singapur de allí que resulta placentero poder apreciar el film de la singapuriense realizadora y guionista Ang Geck Geck Priscilla, ofreciendo una historia inspirada en su propia infancia.

AH GIRL
Varias veces el cine ha enfocado el efecto que causa en menores cuando sus progenitores están separados y en este caso mediante un estilo distintivo este hecho es considerado por la realizadora a través de un relato ficticio.
La acción transcurre en Singapur hacia mediados de la década del 90 siguiendo la trayectoria de Swee Swee (Xuan Jing Ong), una vivaz niña de 7 años quien junto a su hermanita Ah Tian (Sydney Wong), están inmersas en los problemas que atraviesan sus inmaduros progenitores cuyo matrimonio se ha desintegrado. Las dos hermanas están alojadas en un pequeño departamento habitado por su ensimismado padre (James Seah) y su cascarrabias abuela (Doreen Toh), que se encarga de cuidarlas. En tanto su madre (Carrie Wong) que vive con otro hombre, sin ser consciente de que sus hijas necesitan un verdadero cariño maternal, solamente las visita los fines de semana y tratando de congraciarse con ellas les trae obsequios y a veces las lleva a su casa.
Swee Swee que es bien madura atendiendo a su edad, alterna su vida en la escuela, jugando, con otros niños, a la vez que a veces no deja de mostrar su rebeldía frente a situaciones que se producen en el seno familiar; esa soledad interior es atenuada con el gran afecto hacia su hermana que es recíproco, y es por eso que teme que Ah Thian pueda vivir en otro lugar.
Aunque hay un momento dramático que se produce frente a un accidente sufrido por Swee Swee, lo que más trasciende es que con pequeños pero efectivos detalles el film ilustra cómo los padres no son conscientes de la necesidad experimentada por las hermanitas cuando requieren ser escuchadas y sin saber cómo pueden procurar ayuda.
Con sobriedad y sin melodramatismo alguno, en su primer largometraje la novel cineasta efectúa una convincente puesta escénica que acertadamente refleja la experiencia infantil a través del impacto recibido como consecuencia de los conflictos vividos por sus progenitores. Resulta asimismo apreciable la notable autenticidad lograda en las actuaciones de Xuan Jing Ong y Sydney Wong permitiendo que esta agridulce y a la vez cálida comedia dramática adquiera un completo realismo.
Violence du corps de l’autre (Canadá).
En su décimo séptimo trabajo Denis Côté reafirma una vez más de ser el más radical y uno de los más talentosos cineastas de Canadá. Esta extraña, enigmática y un tanto misteriosa película guionizada por el realizador podrá resultar a cierta audiencia un tanto incómoda de presenciar pero sin duda no dejará de apreciar la curiosa y a la vez enigmática manera de tratar el peliagudo tema de la mortalidad.

VIOLENCE DU CORPS DE L’AUTRE
Larissa Corriveau que ya interpretó varios filmes del cineasta aquí retorna animando a Mira, una mujer extraña y misteriosa a la vez cuyo semblante no deja traslucir lo que está pasando por su mente. Sin mucho diálogos en su primera parte, la trama la expone recorriendo con su miniván las carreteras canadienses acompañada de Mario, su perro faldero. En cada parada se acerca a personas que han requerido eutanasia suministrándoles un brebaje preparado para lograr la muerte asistida.
Poco tiempo después habrá de develarse que ella cumple su trabajo comisionado por Ludo (Philippe Rebbot), un hombre que habita en una casa ubicada en una zona forestal y que está acompañado por Madeleine (Amélie Dallaire); en el momento en que ella lo visita esas dos personas excéntricas y de libre espíritu están celebrando una fiesta con amigos de los cuales Mira se mantiene marginada. El relato adquiere particular tensión cuando su empleador le encomienda su próxima misión vinculada con Pierric (Xavier Bergeron); la íntima relación que ella mantiene con este joven pleno de energía y un tanto inestable, le permitirá reflexionar acerca del sentido que le significa actuar como “el ángel de la muerte” y poder redefinir su identidad.
Corriveau logra una estupenda caracterización de su enigmático personaje donde no obstante los escasos diálogos que mantiene, permite transmitir lo que experimenta en su imprevisible estado mental, aportando una singular riqueza emocional. Asimismo se destaca el resto del reparto, integrado entre otros nombres por Gabrielle Lazure, Pierrette Robitaille, Eve Pressault y Christian Lapointe.
Côté consigue que el espectador quede atrapado en esta oscura historia que filmada en 16 milímetros se ve realzada por la fotografía de Vincent Biron que le otorga una apropiada textura difusamente granulada.
En esencia queda como resultado una obra absorbente y ciertamente estimulante del prolífico cineasta que deja abierta la pregunta de si acaso existe una muerte sin violencia alguna.
Children Untold (Japón).
Inaugurando la sección Platform este drama de la remarcable directora y guionista japonesa Miwa Nishikawa deja una muy positiva impresión al encarar con gran sensibilidad las consecuencias de menores desprotegidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

CHILDREN UNTOLD
El guión de la cineasta está ambientado en agosto de 1945 en la ciudad de Tokio inmediatamente después de haber concluído el trágico conflicto bélico. La atención está centrada en Kotoko (Ami Koyae), una niña de 12 años que habiendo sido una magnífica estudiante, ahora se halla desprovista de sus padres que murieron en la guerra. Completamente desolada sin saber quén es realmente ella o a quien pertenece, creyendo que su condición femenina la volverá demasiado vulnerable, como estrategia de supervivencia oculta su género adoptando la fisonomía de un chico. Consecuentemente, se junta con otros niños de condición similar, que tratan de solventar sus necesidades recurriendo a trabajos menores, robos y vinculándose con un mafioso líder local del crimen organizado (Junichi Okada) para que los proteja.
La visión de Nishikawa en mucho se asemeja al cine del neorrealismo italiano de la década del 40 enfocando a niños víctimas del abandono social. En ese aspecto, aquí sin sentimentalismo alguno la directora implícitamente efectúa una crítica de los organismos oficiales de no considerar debidamente a menores que quedaron librados de la mano de Dios en la posguerra.
Si bien el metraje se prolonga durante dos horas y media, la habilidosa puesta escénica permite que la película mantenga permanentemente la atención del espectador. Asimismo es destacable el mérito de la cineasta de haber reunido un remarcable elenco encabezado por la admirable caracterización de la debutante actriz Koyae quien con sus 13 años de edad ha logrado transmitir intensamente el sentimiento de una niña desamparada en procura de su identidad; asimismo es destacable la participación de Fumi Nikaido en el rol de la ex profesora de Kotoko, expresando con completa convicción el esfuerzo desplegado por encontrarla. En un breve papel el actor Koji Yakusho sale airoso como el pescador de algas marinas que se encarga de cuidar a los indefensos niños.
Como corolario de este apreciable drama histórico en los créditos finales se indica que se registró 120.000 huérfanos a través de Japón después de la guerra del Pacífico Asiático, aunque la exacta cifra permanece incierta. Numerosos niños fueron abandonados quedando sujetos a la violencia, al hambre y a la soledad sin haber sido dados en protección ni compensados por parte del gobierno. Muchos sobrevivientes murieron sin haber podido contar sus historias vividas en las estaciones de trenes y en las calles.
Head to Head (Irán-Alemania)
Después de haber realizado tres cortos, la realizadora Ghasideh Golmakani debuta en este largometraje cuyo propósito es el de reivindicar a la mujer iraní a fin de colocarla al mismo nivel que su contraparte masculina.

HEAD TO HEAD
La historia enfoca a Bahar (Mehnoosh Safari), una renombrada directora iraní quien está en el proceso de filmación de una película en la que participan cuatro actores que deben portar vestimenta femenina complementada con el uso de pañuelos en sus cabezas, tal como su uso es obligatorio para el sexo femenino. La filmación realizada ilegalmente se repite innumerables veces dado que Bahar exige de su elenco una completa naturalidad femenina lo que le resulta difícil de lograr.
Si bien la intención de la realizadora mediante la inversión de roles resulta clara demostrando a través de la ridiculización la arbitrariedad existente en Irán, las situaciones absurdas reflejadas originan en principio algunos momentos humorísticos pero a costa de la continua repetición de las mismas escenas, el efecto prontamente se desvanece.
La abierta crítica de la censura existente en Irán ya ha sido expuesta excelentemente por cineastas femeninas iraníes que han resistido la censura iraní, como por ejemplo lo ha demostrado magníficamente Maryam Moghaddam en la premiada comedia dramática My Favourite Cake (2024), así como Pegah Ahangarani en su remarcable documental Rehearsals for a Revolution, premiado este año en Cannes. Sin embargo, la sátira política de Golmakani no alcanza el mismo impacto, en parte debido a que lo expuesto aquí podía haberse logrado en un cortometraje, dado que a pesar de su breve duración de 78 minutos, la falta de fluidez conspira para que su film llegue a iimpresionar