TIFF 2026. Fil­mes Eva­lua­dos (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

El Ser Que­ri­do (Espa­ña-Fran­cia)

Una vez más Rodri­go Soro­go­yen rati­fi­ca su remar­ca­ble talen­to de rea­li­za­dor con la entre­ga de su recien­te lar­go­me­tra­je en el que abor­da la rela­ción de un padre cineas­ta con su dis­tan­cia­da hija actriz. El tema se ase­me­ja al lau­rea­do film Sen­ti­men­tal Value (2025) de Joa­chim Trier aun­que tan­to el esti­lo como la narra­ti­va difieren.

EL SER QUERIDO

Con su habi­tual co-guio­nis­ta Isa­bel Peña, Soro­go­yen ofre­ce una remar­ca­ble esce­na ini­cial que trans­cu­rre en tiem­po real duran­te 20 minu­tos; eso acon­te­ce en un res­tau­ran­te don­de Este­ban Mar­tí­nez (Javier Bar­dem), un pres­ti­gio­so direc­tor de cine, se encuen­tra con su hija Emi­lia (Vic­to­ria Luen­go) a quien no ha vis­to des­de hace 13 años, cuan­do ella era aún peque­ña. Resi­dien­do en New York, ha regre­sa­do a Madrid con el pro­pó­si­to de fil­mar una pelí­cu­la deno­mi­na­da Desier­to que trans­cu­rre en el Saha­ra que había sido una pro­vin­cia espa­ño­la de ultra­mar antes de haber­se inde­pen­di­za­do. Ese encuen­tro hace que Este­ban le ofrez­ca a Emi­lia el papel pro­ta­gó­ni­co que podrá ser­vir­le para afir­mar­se como actriz sin que has­ta aho­ra le haya ren­di­do fru­tos en esa acti­vi­dad. La reu­nión per­mi­te refle­jar el resen­ti­mien­to que la joven sien­te hacia su padre; la razón se debe a que su madre (Núria Prims), igual­men­te actriz, fue aban­do­na­da por Este­ban des­pués de haber rea­li­za­do en la déca­da del 90 su pri­mer film, para ini­ciar en Esta­dos Uni­dos una nue­va fami­lia con una mujer esta­dou­ni­den­se con quien tie­ne dos hijos. Aun­que no muy con­ven­ci­da de la pro­po­si­ción de su padre, Emi­lia final­men­te acep­ta la invi­ta­ción cuan­do él con con­si­de­ra­ble ter­nu­ra le mani­fies­ta que quie­re ayudarla.

El res­to del metra­je trans­cu­rre en el set de fil­ma­ción y es allí don­de se sigue las vici­si­tu­des de un enma­ra­ña­do roda­je don­de Este­ban acos­tum­bra­do a man­te­ner una auto­ri­ta­ria dis­ci­pli­na, moti­va a que en algu­nos casos ape­lan­do a un cier­to humor las esce­nas se repi­tan varias veces ponien­do a prue­ba la rela­ción man­te­ni­da con su equi­po acto­ral don­de entre sus inte­gran­tes pre­do­mi­na la solidaridad.

La fil­ma­ción alcan­za máxi­ma ten­sión en una esce­na que tie­ne lugar duran­te un almuer­zo don­de par­ti­ci­pan los inte­gran­tes del elen­co; allí Este­ban se mues­tra extre­ma­da­men­te exi­gen­te tra­tan­do de que el con­su­mo de la comi­da adquie­ra la mayor natu­ra­li­dad y en ese aspec­to no satis­fe­cho de cómo el per­so­na­je de su hija la deglu­te, la reac­ción de Emi­lia hace que el víncu­lo con su padre tien­da a res­que­bra­jar­se con la inten­ción de aban­do­nar el rodaje.

Fun­da­men­tal­men­te, el núcleo cen­tral de El Ser Que­ri­do radi­ca en los con­tra­dic­to­rios sen­ti­mien­tos que van sur­gien­do entre un padre deseo­so de redi­mir su cul­pa por el amor hacia su hija en tan­to que ella no pue­de ate­nuar su ani­mo­si­dad por las heri­das que aún per­ma­ne­cen abiertas.

Ade­más de su tema estu­pen­da­men­te rela­ta­do por Soro­go­yen, la for­ta­le­za del film radi­ca asi­mis­mo en la admi­ra­ble carac­te­ri­za­ción que Bar­dem y Luen­go logran de sus per­so­na­jes. El nota­ble actor cons­tru­ye al domi­nan­te rea­li­za­dor de mane­ra remar­ca­ble refle­jan­do la ambi­va­len­cia de su com­por­ta­mien­to abu­si­vo y a veces vio­len­to del que no pue­de des­pren­der­se, com­bi­na­do con la dosis de cari­ño nece­sa­ria a fin de lograr el per­dón de su hija; por su par­te es igual­men­te enco­mia­ble el tra­ba­jo de Luen­go en un papel nutri­do de resen­ti­mien­to por la ausen­cia de su pro­ge­ni­tor en gran par­te de su vida. La úni­ca obje­ción que mere­ce el tra­ba­jo del rea­li­za­dor es el de haber recu­rri­do a dis­tin­tos for­ma­tos de fil­ma­ción, entre­mez­clan­do secuen­cias de color con otras en blan­co y negro, sin que ello agre­gue sig­ni­fi­ca­ción a su con­te­ni­do. De todos modos, ese fac­tor no lle­ga a ate­nuar los valo­res de esta huma­na y emo­ti­va come­dia dramática.

Ceni­za en la Boca México-España)

En su cuar­ta incur­sión detrás de la cáma­ra, Die­go Luna ofre­ce un film cuya temá­ti­ca adquie­re rele­van­te vigencia.

CENI­ZA EN LA BOCA

La pelí­cu­la basa­da en la nove­la Ceni­za en la Boca de la escri­to­ra mexi­ca­na Bren­da Nava­rro publi­ca­da en 2022 y que ha sido adap­ta­da por el rea­li­za­dor con la cola­bo­ra­ción de Abia Cas­ti­llo y Die­go Raba­sa, comien­za en Méxi­co. Allí en tem­pra­nas horas del día, Isa­bel (Adria­na Paz), aban­do­na a su mari­do y a sus hijos Luci­la y Die­go para ini­ciar una nue­va vida en Espa­ña. Es enton­ces cuan­do varios años des­pués Luci­la (Anna Díaz) que ya tie­ne 20 años jun­to con su ado­les­cen­te her­mano Die­go (Ser­gio Bau­tis­ta) via­jan a Madrid para reen­con­trar a su madre. Evi­den­te­men­te, hay bue­nas razo­nes para que la joven resien­ta a su madre, por haber deja­do a la fami­lia, don­de des­de enton­ces has­ta el pre­sen­te Luci­la asu­mió la figu­ra mater­nal al cui­dar y pro­te­ger a su her­mano menor.

Mien­tras que Die­go encuen­tra difi­cul­tad de adap­ta­ción a la nue­va vida, para Luci­la rea­li­zan­do tra­ba­jos meno­res, su expe­rien­cia en la capi­tal espa­ño­la no le gra­ti­fi­ca y es así que indu­ci­da por su ami­ga Jime­na (Lau­ra Gómez) deci­de via­jar a Bar­ce­lo­na; sin embar­go, ade­más del esfuer­zo en apren­der el len­gua­je cata­lán, tam­po­co allí con­si­gue satis­fa­cer las expec­ta­ti­vas aguar­da­das has­ta que una situa­ción ines­pe­ra­da la fuer­za a regre­sar a Méxi­co; con todo el retorno a la tie­rra natal la hace sen­tir des­co­nec­ta­da con el mun­do exterior.

Si bien el tema de la inmi­gra­ción ha sido tra­ta­do por el cine en varias opor­tu­ni­da­des, el cineas­ta le insu­fla con­si­de­ra­ble soli­dez demos­tran­do que no siem­pre el lugar de des­tino ofre­ce un futu­ro pro­mi­so­rio; ese aspec­to muy bien tra­ta­do se entre­mez­cla con otros rela­cio­na­dos con los víncu­los fami­lia­res, la xeno­fo­bia, el des­arrai­go, la per­di­da de la iden­ti­dad y espe­cial­men­te las des­igual­da­des eco­nó­mi­cas que expe­ri­men­tan los inmigrantes.

A pesar de cier­tas impre­ci­sio­nes del guión y la no pro­fun­di­za­ción de los per­so­na­jes secun­da­rios, Luna demues­tra su habi­li­dad narra­ti­va per­mi­tien­do que el film logre la empa­tía del espec­ta­dor, en gran medi­da debi­do a su homo­gé­neo elen­co, con espe­cial rele­van­cia de la impre­sio­na­ble inter­pre­ta­ción pro­ta­gó­ni­ca de Díaz.

Our Loves (Israel)

La incur­sión de Israel en Gaza como con­se­cuen­cia del cruel aten­ta­do de Hamas ha moti­va­do que el cine israe­lí no logre la difu­sión de otro­ra en los más impor­tan­tes fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les. Sin embar­go el TIFF es la excep­ción en don­de en el fes­ti­val que aca­ba de con­cluir, el públi­co asis­ten­te tuvo la opor­tu­ni­dad de apre­ciar Our Loves del renom­bra­do rea­li­za­dor Avi Nesher y que como es habi­tual en su fil­mo­gra­fía aquí pre­do­mi­na nue­va­men­te su con­te­ni­do humano.

En un guión que le per­te­ne­ce en el que Nesher reco­gió infor­ma­ción de algu­nos de los sobre­vi­vien­tes del 7 de octu­bre de 2023, la his­to­ria con­ce­bi­da trans­cu­rre duran­te 3 jor­na­das enfo­can­do a varios per­so­na­jes israe­líes que atra­vie­san con­flic­tos per­so­na­les. Es así que el 6 de octu­bre vemos al ya reti­ra­do poli­cía Sha­bi (Sha­lom Michaelsh­vi­li), que atra­vie­sa un com­pli­ca­do divor­cio de Neta (Hagar Damon) y que por ello no man­tie­ne la cus­to­dia de su hijo ado­les­cen­te Oz (Ita­mar Pin­to) y de su hija Liri (Noa Cohen) algu­nos años mayor, don­de ambos no quie­ren estar con él. Otro caso es el Sapir (Daniel Gim­pel), una mujer reli­gio­sa que repen­ti­na­men­te es recha­za­da por su novio y teme ser mar­gi­na­da de su comu­ni­dad. Asi­mis­mo se sale al encuen­tro de la ofi­cial Milly (Magi Azar­zar) que vive des­de hace tiem­po una muy bue­na rela­ción amo­ro­sa con San­dra (Hadas Yaron) pero ese víncu­lo ella lo ocul­ta a su con­ser­va­do­ra madre Yvo­ne (Eve­lin Hagoel). A su vez Nic­co (Yaniv Bit­ton) se pre­pa­ra como agen­te de segu­ri­dad en el fes­ti­val de músi­ca que tie­ne lugar en esa fecha, sin saber lo que el des­tino habrá de depararle.

Lo que acon­te­ce el 7 de octu­bre en el kibutz Nir Oz con la inva­sión de Hamas toman­do 251 rehe­nes, pro­du­cien­do la muer­te de apro­xi­ma­da­men­te 1200 israe­líes como asi­mis­mo la bata­lla vio­len­ta que emer­ge de la mili­cia pales­ti­na y el ejér­ci­to israe­lí, ya es bien cono­ci­do a tra­vés de docu­men­ta­les que han con­si­de­ra­do esta tra­ge­dia. Con todo, lo que esta his­to­ria resal­ta es cómo la masa­cre pro­du­ci­da cam­bió por com­ple­to la per­cep­ción de gen­te corrien­te que ha podi­do sal­var su vida; es así que duran­te la jor­na­da del 8 de octu­bre, se con­tem­pla a Sha­bi vien­do a su hija Liri que ha sufri­do gra­ves lesio­nes y deses­pe­ra­da­men­te logra asis­ten­cia médi­ca en el cen­tro hos­pi­ta­la­rio gra­cias al equi­po médi­co lide­ra­do por el doc­tor Man­sour (Hisham Sulei­man); estas secuen­cias son alta­men­te con­mo­ve­do­ras, ilus­tran­do sin fal­so sen­ti­men­ta­lis­mo cómo la diver­gen­cia mari­tal que­da de lado, como al pro­pio tiem­po Sha­bi obtie­ne el reco­no­ci­mien­to de su hijo por el esfuer­zo des­ple­ga­do en sal­var a su que­ri­da her­ma­na. No menos emo­ti­vo resul­ta con­tem­plar cómo la madre de Milli sabía de su vincu­lo homo­se­xual que la une a San­dra, acep­tán­do­la como a una hija más.

He aquí un rela­to coral ambi­cio­so refle­jan­do acer­ta­da­men­te la resi­lien­cia de sus per­so­na­jes ilus­tran­do cómo emer­ge la comu­ni­ca­ción huma­na y la soli­da­ri­dad de los seres que­ri­dos inde­pen­dien­te­men­te de que exis­ta un víncu­lo bio­ló­gi­co. En suma el rea­li­za­dor brin­da una his­to­ria narra­da con suti­le­za y agra­cia­da de su exce­len­te equi­po acto­ral que per­mi­te afir­mar cómo el genuino amor es capaz de unir a la gen­te en situa­cio­nes desesperantes.

Vicen­ti­na Pede Dis­cul­pas (Bra­sil)

Más de una vez se ha seña­la­do que una excep­cio­nal inter­pre­ta­ción pue­de ate­nuar el impac­to de una pelí­cu­la medio­cre; con todo, en este caso la magis­tral actriz Reja­ne Faria real­za este con­mo­ve­dor film del cineas­ta bra­si­le­ño Gabriel Martins.

VICEN­TI­NA PEDE DISCULPAS

Nada hace pre­su­mir de lo que acon­te­ce­rá en las pri­me­ras esce­nas del rela­to don­de se obser­va a un con­duc­tor de auto­bús de Belo Hori­zon­te trans­por­tan­do a nume­ro­sos pasa­je­ros. A los pocos minu­tos ocu­rre lo ines­pe­ra­do cuan­do el vehícu­lo cae des­de un via­duc­to oca­sio­nan­do la muer­te del con­duc­tor y de dece­nas de personas.

Natu­ral­men­te la tra­ge­dia adquie­re cono­ci­mien­to públi­co a tra­vés de los medios de comu­ni­ca­ción y es asi que la sep­tua­ge­na­ria Vicen­ti­na (Reja­ne Faria) reci­be con dolor la muer­te de su que­ri­do hijo Wes­ley que ha sido el con­duc­tor del auto­bús. En la medi­da que a tra­vés de las inves­ti­ga­cio­nes rea­li­za­das por las auto­ri­da­des se sugie­re que el bru­tal acci­den­te se debió a que Wes­ley inten­tó sui­ci­dar­se, Vicen­ti­na como madre se sien­te res­pon­sa­ble de lo acon­te­ci­do; imbui­da de un pro­fun­do sen­ti­mien­to de cul­pa obtie­ne las direc­cio­nes de los deu­dos de las per­so­nas falle­ci­das y es así que diri­gién­do­se a cada uno de los mis­mos al enfren­tar­los les pide dis­cul­pas, tra­tan­do de obte­ner el per­dón en nom­bre de su hijo.

Gran par­te del metra­je se desa­rro­lla a lo lar­go de las visi­tas que rea­li­za Vicen­ti­na y resul­ta intere­san­te obser­var las dis­tin­tas reac­cio­nes que ella obtie­ne de sus entre­vis­ta­dos en don­de la com­pa­sión y empa­tía de algu­nos se opo­ne al vio­len­to recha­zo de otros. En una de las secuen­cias más emo­ti­vas se con­tem­pla cómo Vicen­ti­na asis­te a la sim­bó­li­ca cere­mo­nia fes­te­jan­do el nona­gé­si­mo ani­ver­sa­rio de una ancia­na que falle­ció a cau­sa del accidente.

La his­to­ria con­ce­bi­da por el guión del rea­li­za­dor, refle­ja que para su pro­ta­go­nis­ta la cul­pa que la aba­te cons­ti­tu­ye una for­ma de sobre­lle­var el due­lo que difí­cil­men­te ter­mi­na­rá de cica­tri­zar. Evi­tan­do un for­za­do sen­ti­men­ta­lis­mo el film de Mar­tins tras­lu­ce aca­ba­da­men­te la sen­si­bi­li­dad de una mujer bus­can­do encon­trar un sen­ti­do a su vida como con­se­cuen­cia de la tra­ge­dia. La des­co­llan­te e inten­sa carac­te­ri­za­ción logra­da por Faria some­tién­do­se por com­ple­to en la per­so­na­li­dad de Vicen­ti­na per­mi­te que esta huma­na pelí­cu­la tras­cien­da hon­da­men­te en el áni­mo del espectador.