Negli­gen­cia Infantil

NÉGLI­GEN­CE. Cana­dá, 2025. Un film de Demian Fui­ca. 93 minutos.

Un tema de hon­do con­te­ni­do social y deci­di­da­men­te inquie­tan­te es lo que el rea­li­za­dor Demian Fui­ca en Négli­gen­ce, aun­que los resul­ta­dos obte­ni­dos no lle­gan a satis­fa­cer como cabría esperar.

En los cré­di­tos ini­cia­les se lee que cada sema­na la negli­gen­cia infan­til pro­du­ce la muer­te de 2 niños en Ale­ma­nia, 3 en Fran­cia, 4 en Japón y 27 en Esta­dos Uni­dos. En lo que res­pec­ta a Cana­dá 6 de 10 infan­tes sufren de una u otra for­ma de negli­gen­cia y en la pro­vin­cia de Que­bec en 2023 y 2024 han sido con­fir­ma­dos 40 mil casos.

Tenien­do en cuen­ta las esca­lo­frian­tes cifras e ins­pi­ra­do en un acon­te­ci­mien­to real, el rea­li­za­dor basa­do en su pro­pio guión com­par­ti­do con Leo­nar­do Fui­ca y Valé­rie Nadeau expo­ne un dra­ma judi­cial en el que se reve­la los efec­tos pro­du­ci­dos por la negli­gen­cia parental.

Félix Legault y Méla­nie Elliott

El film comien­za en un tri­bu­nal de jus­ti­cia don­de son some­ti­dos a jui­cio Frank y su mujer Ruby quie­nes son incul­pa­dos por la des­preo­cu­pa­ción ejer­ci­da hacia su peque­ño hijo Joey. A tra­vés de flash­backs que van y vuel­ven en for­ma reite­ra­da, el rela­to sigue los pasos del menor cuya vida es pla­ga­da por la des­afo­ra­da vio­len­cia con­yu­gal de sus pro­ge­ni­to­res que reper­cu­ten en su com­ple­to aban­dono y ais­la­mien­to. El dra­ma se inten­si­fi­ca a con­se­cuen­cia de un inci­den­te trá­gi­co pro­du­ci­do en un bar en el que el niño es un invo­lun­ta­rio tes­ti­go del des­afor­tu­na­do com­por­ta­mien­to adop­ta­do por sus padres.

Si bien las audien­cias que se van suce­dien­do duran­te el jui­cio van ilus­tran­do las devas­ta­do­ras con­se­cuen­cias de la seve­ra reali­dad que atra­vie­sa Joey y cómo la desa­pren­si­va con­duc­ta de sus padres influ­ye nega­ti­va­men­te en su vida, la narra­ti­va errá­ti­ca y dis­per­sa del cineas­ta afec­ta el nivel de con­cen­tra­ción del espec­ta­dor. En todo caso, a pesar de la obje­ción apun­ta­da y sin obvia­men­te reve­lar el vere­dic­to del jui­cio, este dra­ma bien inten­cio­na­do tra­ta de ilus­trar las defi­cien­cias de un sis­te­ma social indi­fe­ren­te a la pro­tec­ción de la infan­cia. Ade­más de las con­vin­cen­tes carac­te­ri­za­cio­nes de Gabriel Coles y Méla­nie Elliot como los abu­si­vos padres y del menor Félix Legault en el papel del silen­cio­so e ino­cen­te Joey cabe des­ta­car en roles de apo­yo las com­pe­ten­tes actua­cio­nes de Syl­vie Legault como la jue­za, Guil­beault, Ali­ce Clé­ment, Mirei­lle Léves­que, Dave Camp­bell, Luca Asse­lin, Cédric Gos­se­lin, Nico­las Paquin, Deano Cla­vet, Jus­tin Spy­ce y Maria­ne Oli­via. Jor­ge Gutman

Una Boda Inusual

MILLE SECRETS MILLE DAN­GERS. Cana­dá, 2025. Un film de Phi­lip­pe Falar­deau. 119 minutos

En su noveno film como rea­li­za­dor Phi­lip­pe Falar­deau ofre­ce en Mille Screts Mille Dan­gers una his­to­ria basa­da en la auto­bio­grá­fi­ca nove­la homó­ni­ma del escri­tor Alain Farah publi­ca­da en 2021.

Neil Elias y Rose-Marie Perreault

En la adap­ta­ción rea­li­za­da por el cineas­ta en cola­bo­ra­ción con Farah el rela­to que trans­cu­rre en Mon­treal enfo­ca las vici­si­tu­des que atra­vie­sa Alain (Neil Elias) de 28 años de edad en la jor­na­da de su casa­mien­to. Si bien se sue­le decir que el día que una per­so­na con­trae matri­mo­nio es el más bello de su vida, eso dis­ta de acon­te­cer con Alain, quien poco antes de la cele­bra­ción de la boda con su novia Vir­gi­nie (Rose-Marie Perreault), expe­ri­men­ta ata­ques de extre­ma ansie­dad ante el serio temor de no poder res­pon­der a las expec­ta­ti­vas que de él se aguar­da. A todo ello se agre­ga su males­tar esto­ma­cal ori­gi­na­do por la enfer­me­dad de Crohn que lo fuer­za a con­su­mir per­ma­nen­te­men­te medi­ca­men­tos que de modo alguno solu­cio­nan el problema.

De mane­ra nada con­ven­cio­nal, el rela­to que no está estruc­tu­ra­do lineal­men­te se des­pla­za en casi su pri­me­ra mitad a tra­vés del tiem­po median­te los recuer­dos frag­men­ta­rios que pasan por la memo­ria de Alain con acon­te­ci­mien­tos vivi­dos en su infan­cia y par­ti­cu­lar­men­te en sus años ado­les­cen­tes. Es así que entre otros aspec­tos se asis­te al des­en­can­to pro­du­ci­do por un ami­go que lo lle­ga a trai­cio­nar, su pri­me­ra atrac­ción sen­ti­men­tal, la ten­sa rela­ción vivi­da con sus divor­cia­dos padres inmi­gran­tes, Elías (Geor­ges Khab­baz) pro­ce­den­te de Egip­to y Yolan­de (Hiam Abou Che­didd) del Líbano, como asi­mis­mo al víncu­lo que man­tie­ne con su pri­mo Édouard (Has­san Mah­bou­ba) que si bien por una par­te es enma­ra­ña­do al pro­pio tiem­po es en cier­ta for­ma el que tes­ti­mo­nia sus des­ve­los y pesares.

Pasan­do a la boda en sí mis­ma, tan­to la cere­mo­nia reli­gio­sa como la recep­ción pos­te­rior adquie­ren un tono alo­ca­do gene­ran­do algu­nas situa­cio­nes deci­di­da­men­te cómi­cas aun­que de nin­gún modo cari­ca­tu­res­cas. Tenien­do en cuen­ta la den­si­dad del libro de Farah, la pues­ta escé­ni­ca de Falar­deau cum­ple su obje­ti­vo en res­pe­tar la esen­cia de su con­te­ni­do. Es así que resul­ta meri­to­rio que el rea­li­za­dor haya logra­do trans­mi­tir el asfi­xian­te cli­ma que envuel­ve al pro­ta­go­nis­ta y el modo en que sus irre­suel­tos trau­mas vivi­dos en el pasa­do reper­cu­ten en el pre­sen­te ante las pre­sio­nes a las que está suje­to. A su vez, igual­men­te loa­ble es la ilus­tra­ción del film en refle­jar el com­por­ta­mien­to y acti­tu­des cul­tu­ra­les de la diás­po­ra liba­ne­sa de Quebec.

Falar­deau ha con­vo­ca­do un equi­po acto­ral de nota­ble nivel comen­zan­do por Elias quien con com­ple­ta con­vic­ción trans­mi­te la angus­tia y sufri­mien­to de su per­so­na­je al no poder evi­tar la pre­sión cul­tu­ral que lo embar­ga; a pesar de que este anti­hé­roe no resul­ta muy sim­pá­ti­co, con todo logra que la audien­cia empa­ti­ce con su per­so­na. En otros roles de impor­tan­cia, Mah­bou­ba se luce como el ami­go de lar­ga data de Alain, Khab­baz des­ti­la ter­nu­ra en el dis­cur­so que pro­nun­cia a en la cena de la boda, Che­did trans­mi­te brío como la vis­to­sa Yolan­de, en tan­to que Perreault con­ven­ce como la novia de nota­ble madu­rez que ser­vi­rá como sos­tén de su pro­me­ti­do. En el elen­co tam­bién par­ti­ci­pan Rose-Anne Déry como la mejor ami­ga de Vir­gi­nie, Nata­lie Tan­nous ani­man­do a la ner­vio­sa pri­ma sol­te­ra, Paul Ahma­ra­ni como el pecu­liar den­tis­ta de Alain y Mike Clay como el disc joc­key de la fiesta.

En con­clu­sión, sin ser excep­cio­nal el cineas­ta logra una hones­ta come­dia dra­má­ti­ca en don­de se vale de una inusual boda para efec­tuar un buen estu­dio carac­te­ro­ló­gi­co del per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co. Jor­ge Gutman

Un Nos­tál­gi­co Final

DOWN­TON ABBEY: THE GRAND FINA­LE. Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film de Simon Cur­tis. 123 minutos

Este film de Simon Kur­tis es la con­ti­nua­ción de Down­ton Abbey A New Era rea­li­za­da en 2022 y que comen­zó con Down­ton Abey en 2019; es así que tal como lo enun­cia su títu­lo Down­ton Abbey: The Grand Fina­le es la con­clu­sión de la tri­lo­gía basa­da en la exi­to­sa serie tele­vi­si­va con­ce­bi­da y escri­ta por el renom­bra­do nove­lis­ta bri­tá­ni­co Julian Fello­wes a lo lar­go de seis tem­po­ra­das, entre 2010 y 2015. En tal sen­ti­do cabe seña­lar que como un retra­to de la aris­to­crá­ti­ca socie­dad bri­tá­ni­ca hacia el final de una era, esta sun­tuo­sa pro­duc­ción cum­ple amplia­men­te su propósito.

Una esce­na del film

El guión de Fello­wes con­ti­núa ubi­can­do la acción en 1930 con el esce­na­rio cen­tral del cas­ti­llo cam­pes­tre de Down­ton Abbey don­de habi­tan Lord Robert Craw­ley (Hugh Bone­vi­lle) y su espo­sa Cora (Eli­za­beth McGo­vern). El comien­zo del rela­to enfo­ca a dicho matri­mo­nio que atra­vie­sa un momen­to difí­cil debi­do a que su hija Lady Mary (Miche­lle Doc­kery) se divor­cia de su mari­do Henry Tal­bot (Matthew Goo­de) por haber­la enga­ña­do. Ese hecho escan­da­li­za a la alta socie­dad por trans­gre­dir los valo­res mora­les impe­ran­tes y en con­se­cuen­cia Mary que­da mar­gi­na­da del círcu­lo social. A su vez las difi­cul­ta­des finan­cie­ras de la fami­lia agre­gan más leña al fuego.

Sin entrar a rela­tar las varias sub­tra­mas que emer­gen de la plu­ma de Fello­wes, el film adquie­re rele­van­cia al ilus­trar cómo el trans­cur­so del tiem­po demues­tra que el mun­do está cam­bian­do; es así que los miem­bros de la noble­za deben ajus­tar­se con los nue­vos hábi­tos que con­fi­gu­ra la tran­si­ción de la socie­dad tra­di­cio­nal a la moder­na, aspec­tos que tam­bién influi­rán en el com­por­ta­mien­to que habrá de pre­va­le­cer entre amos y sirvientes.

Nutri­do de los jugo­sos diá­lo­gos pro­vis­tos por el inge­nio­so guión, el rea­li­za­dor ha reu­ni­do en su vas­to elen­co a varios artis­tas que han par­ti­ci­pa­do en el capí­tu­lo pre­vio; ade­más de incluir a Bon­ne­vi­lle, McGo­vern y en espe­cial la sóli­da actua­ción de Doc­kery, retor­nan Allen Leech como el radi­cal repu­bli­cano irlan­dés Tom Bran­son, Domi­nic West como el pre­su­mi­do actor Guy Dex­ter, Robert James-Collier ani­man­do al mayor­do­mo Tho­mas Barrow, Jim Car­ter com­po­nien­do al anti­guo encar­ga­do Tomas Barrow y Phy­llis Logan como su espo­sa Elsie. Al repar­to se incor­po­ran en esta opor­tu­ni­dad Ales­san­dro Nivo­la, Paul Gia­mat­ti, Joely Richard­son y Simon Rus­sel Bea­le; a esos nom­bres se agre­ga el de Arty Froushan encar­nan­do a Noel Coward, el úni­co per­so­na­je real, cuyas obser­va­cio­nes socia­les que emer­gen en las nove­las del excep­cio­nal escri­tor se ajus­tan ade­cua­da­men­te a la temá­ti­ca del film.

En su aspec­to for­mal el film impre­sio­na por su rique­za visual. Entre otros aspec­tos, la cáma­ra del fotó­gra­fo Ben Smithard ilus­tra el mag­ní­fi­co esplen­dor de High­cle­re Castle don­de Down­ton Abbey fue fil­ma­do; no menos impre­sio­nan­te es el lujo­so ves­tua­rio de Anna Robins y a ello cabe aña­dir el mag­ní­fi­co dise­ño de pro­duc­ción de Donald Woods con sus impo­nen­tes decorados.

Como es bien sabi­do en el film pre­ce­den­te el per­so­na­je de la viu­da con­de­sa y matriar­ca fami­liar Vio­le­ta Craw­ley inter­pre­ta­do por la legen­da­ria Mag­gie Smith falle­ce y ese hecho en cier­ta for­ma pre­mo­ni­to­ria acon­te­ció real­men­te con el dece­so de la excep­cio­nal actriz en sep­tiem­bre de 2024. Es así que este film que ha sido dedi­ca­do a la gran dama bri­tá­ni­ca des­ti­la una inevi­ta­ble nostalgia.

En suma, Cur­tis ha logra­do un bro­che de oro con esta remar­ca­ble pin­tu­ra de épo­ca que cier­ta­men­te satis­fa­rá amplia­men­te a una audien­cia selec­ti­va. Jor­ge Gutman

Rup­tu­ra Conyugal

THE ROSES. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film de Jay Roach. 106 minutos

La desin­te­gra­ción de un matri­mo­nio bien ave­ni­do es lo que el rea­li­za­dor Jay Roach con­si­de­ra en The Roses. Su con­te­ni­do ha sido guio­ni­za­do por Tony McNa­ma­ra basa­do en la nove­la The War of the Roses de Warren Adler que ya fue con­si­de­ra­do en el film homó­ni­mo de 1989 de Danny DeVi­to con Michael Dou­glas y Kath­leen Turner.

El rela­to pre­sen­ta al arqui­tec­to Theo Rose (Bene­dict Cum­ber­batch) y a su ama­da y exce­len­te coci­ne­ra Ivy (Oli­via Col­man) quie­nes han vivi­do feli­ces por espa­cio de una déca­da jun­to con sus dos hijos Hat­tie (Hala Fin­ley) y Roy (Wells Rap­pa­port). Aspi­ran­do a nue­vos hori­zon­tes, ambos deja­ron su resi­den­cia en Ingla­te­rra para des­pla­zar­se a Men­do­cino, Cali­for­nia. Mien­tras que la carre­ra de Theo adquie­re vue­lo, ella se ocu­pa del hogar y cui­da­do de los chi­cos. Con todo, con­si­de­ran­do las dotes culi­na­rias de su espo­sa y dado su éxi­to pro­fe­sio­nal que le redi­túa muy bue­nos ingre­sos él le com­pra un res­tau­ran­te don­de natu­ral­men­te Ivy será la chef.

La situa­ción se alte­ra cuan­do a cau­sa de una des­afor­tu­na­da tor­men­ta se des­tru­ye por com­ple­to un impre­sio­nan­te museo que Theo dise­ñó. Eso pro­vo­ca su caí­da en des­gra­cia con la con­se­cuen­cia de que­dar des­em­plea­do; pero en todo caso revir­tien­do los roles tra­di­cio­na­les, él se ocu­pa aho­ra del hogar y sus hijos mien­tras que Ivy es la que pro­vee los ingre­sos finan­cie­ros, sobre todo tenien­do en cuen­ta que el res­tau­ran­te a su car­go ha cobra­do enor­me pres­ti­gio por las exce­len­tes crí­ti­cas recibidas.

Si en prin­ci­pio los cam­bian­tes roles del matri­mo­nio fun­cio­nan, a medi­da que el éxi­to de Ivy supera amplia­men­te las expec­ta­ti­vas aguar­da­das, los egos de la pare­ja comien­zan a agrie­tar su esta­bi­li­dad; ese aspec­to está muy bien tra­ta­do por el rea­li­za­dor. Sin embar­go, el film satis­fa­ce media­na­men­te debi­do a que el tra­ta­mien­to impre­so por Roach resul­ta errá­ti­co, eso se evi­den­cia más cuan­do adop­ta el tono de his­té­ri­ca far­sa que no ope­ra en favor del mismo.

Cier­ta­men­te las remar­ca­bles actua­cio­nes de Col­man y Cum­ber­batch con­tri­bu­yen a resal­tar esta come­dia negra, aun­que a medi­da que el rela­to avan­za sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes tien­den a resul­tar des­agra­da­bles; en todo caso eso poco impor­ta por­que ambos talen­to­sos intér­pre­tes con­vin­cen­te­men­te trans­mi­ten sus con­flic­ti­vos sen­ti­mien­tos demos­tran­do cómo el amor y la des­truc­ción gene­ra­da por el odio pue­den lle­gar a coexis­tir en el colap­so con­yu­gal. En roles de apo­yo se luce Alli­son Jan­ney como la abo­ga­da de divor­cio de Ivy, en tan­to que Andy Sam­berg y Kate McKin­non se desem­pe­ñan con correc­ción ani­man­do a un matri­mo­nio ami­go de los Rose que igual­men­te no están exen­tos de pro­ble­mas similares.

Dicho lo que pre­ce­de, sin ser dema­sia­do exi­gen­te el film de Roach se deja ver a pesar de que en par­te se resien­te por las obje­cio­nes men­cio­na­das. Jor­ge Gutman

Un Dra­ma Autobiográfico

MÉXI­CO 86. Méxi­co, 2024. Un film escri­to y diri­gi­do por César Díaz. 84 minutos

Des­pués de haber obte­ni­do la Cáma­ra de Oro en el Fes­ti­val de Can­nes de 2019 con su ópe­ra pri­ma Nues­tras Madres, el cineas­ta gua­te­mal­te­co César Díaz retor­na enfo­can­do un dra­ma auto­bio­grá­fi­co ins­pi­ra­do en el amor man­te­ni­do a su madre.

Matheo Lab­bé y Béré­ni­ce Bejo

La pelí­cu­la se cen­tra en la omi­no­sa dic­ta­du­ra vivi­da por Gua­te­ma­la y es pre­ci­sa­men­te que la pelí­cu­la comien­za en 1976 cuan­do el país atra­vie­sa uno de los momen­tos más dolo­ro­sos de su his­to­ria. Es allí que María (Béré­ni­ce Bejo), una fer­vien­te acti­vis­ta polí­ti­ca quq habien­do sido tes­ti­go del ase­si­na­to de su igual­men­te mili­tan­te mari­do, con­si­de­ra que para no seguir su mis­ma suer­te debe dejar el país y exi­lar­se a Méxi­co. Es así que su hiji­to recien­te­men­te naci­do que­da a car­go de su madre Euge­nia (Julie­ta Egu­rro­la) quien será res­pon­sa­ble de su crianza.

De inme­dia­to la acción se tras­la­da a la capi­tal del país azte­ca en 1986, año en que la ciu­dad es la anfi­trio­na del cam­peo­na­to mun­dial de fút­bol aun­que la eufo­ria vivi­da por su pobla­ción ape­nas se refle­ja en el rela­to. Allí sigue vivien­do María quien adop­tan­do el nom­bre de Julia con­ti­núa des­ple­gan­do su mili­tan­cia polí­ti­ca al pro­pio tiem­po que ocu­tan­do su labor clan­des­ti­na tra­ba­ja en una influ­yen­te revis­ta mexi­ca­na que se ocu­pa de hacer cono­cer lo que acon­te­ce en Gua­te­ma­la con los sal­va­jes escua­dro­nes de la muerte.

Su exis­ten­cia cobra nue­va dimen­sión con la lle­ga­da a Méxi­co de Euge­nia y su nie­to Mar­co (Matheo Lab­bé) de 10 años. Aho­ra, el chi­co no podrá regre­sar a Gua­te­ma­la con su abue­la ya que por razo­nes de salud ella no está en con­di­cio­nes de con­ti­nuar ocu­pán­do­se de él, muy a su pesar Mar­co es ins­crip­to como alumno en una escue­la local. Alec­cio­na­do por su madre, el chi­co adop­ta un dife­ren­te nom­bre y man­tie­ne estric­to cui­da­do de no reve­lar su identidad.

La situa­ción se vuel­ve muy com­pli­ca­da, cuan­do Miguel (Leo­nar­do Ortiz­gris), un acti­vis­ta mexi­cano que cola­bo­ra con María (Julia), la exhor­ta a que envíe a su hijo a Cuba por razo­nes de segu­ri­dad, aun­que en prin­ci­pio ella se resis­te a hacer­lo. Cuan­do lle­ga­do el momen­to en que ambos des­cu­bren que son vigi­la­dos por agen­tes del ser­vi­cio gua­te­mal­te­co, madre e hijo huyen de su hogar a fin de sal­var sus vidas; eso fuer­za a María a tener que adop­tar una drás­ti­ca deci­sión refe­ren­te a Marco.

El rea­li­za­dor deja abier­ta la dis­cu­sión sobre has­ta qué pun­to el idea­lis­mo de lucha para denun­ciar lo que ocu­rre en su tie­rra natal pre­do­mi­na sobre la res­pon­sa­bi­li­dad mater­nal. Tenien­do en cuen­ta que su acti­vis­mo polí­ti­co pue­de cau­sar serios trau­mas al menor, que­da la duda de si es posi­ble com­pa­ti­bi­li­zar esa tarea con traer ino­cen­tes cria­tu­ras al mundo.

Si bien es pre­vi­si­ble el desa­rro­llo de los acon­te­ci­mien­tos, el film de Díaz se dis­tin­gue por su sobrie­dad; es así que sin ape­lar a gran­di­lo­cuen­cia algu­na ni caer en un gra­tui­to sen­ti­men­ta­lis­mo, gene­ra un cli­ma de legí­ti­ma emo­ción, en par­te agra­cia­do por su sóli­do elen­co. Bejo con­vin­cen­te­men­te trans­mi­te el sen­tir de una mujer cur­ti­da por la acción des­ple­ga­da duran­te varios años de com­ba­tir la san­grien­ta dic­ta­du­ra, en tan­to que Lab­bé es suma­men­te expre­si­vo con su natu­ral actua­ción vivien­do en la clan­des­ti­ni­dad y sien­do invo­lun­ta­rio tes­ti­go de lo que está acon­te­cien­do; por su par­te Egu­rro­la al igual que el res­to del repar­to en roles de apo­yo con­vin­cen­te­men­te satis­fa­cen en sus res­pec­ti­vos roles.

En esen­cia Díaz obtie­ne una pelí­cu­la muy bien rea­li­za­da en la que basa­da en sus expe­rien­cias vivi­das ilus­tra el alto cos­to en que incu­rren quie­nes sacri­fi­can sus vidas en aras de una cau­sa jus­ta. Jor­ge Gutman