Legen­da­ria His­to­ria de Amor

BRO­KE­BACK MOUN­TAIN 

Cele­bran­do el vigé­si­mo ani­ver­sa­rio de su estreno, Cine­plex repon­drá en su ciclo de Clas­sic Films, la exce­len­te pelí­cu­la Bro­ke­back Moun­tain del galar­do­na­do rea­li­za­dor Ang Lee.

Heath Led­ger y Jake Gyllenhaal)

Resul­ta admi­ra­ble que el direc­tor tai­wa­nés vivien­do en los Esta­dos Uni­dos refor­mu­la­ra magis­tral­men­te los códi­gos impe­ran­tes en las pelí­cu­las de cow­boys; tal es el caso de Ang Lee quien en este subli­me film narra una his­to­ria de amor sin­gu­lar entre dos vaque­ros den­tro del mar­co de un idí­li­co y majes­tuo­so pai­sa­je rodea­do por las mon­ta­ñas que dan títu­lo al film.

El wes­tern es un géne­ro muy par­ti­cu­lar don­de se hace difí­cil des­pren­der­se de la tra­di­cio­nal ima­gen mas­cu­li­na del cow­boy. De allí que es pre­ci­so reu­nir un talen­to y una duc­ti­li­dad muy espe­cial para que una his­to­ria román­ti­ca homo­se­xual se aco­mo­de en ese con­tex­to y pue­da evi­tar cual­quier atis­bo de gro­se­ría, cha­ba­ca­ne­ría, mal gus­to inve­ro­si­mi­li­tud y sobre todo de cur­si­le­ría; Ang Lee lo ha con­se­gui­do cabal­men­te en un film que podrá ser apre­cia­do por una audien­cia adul­ta que ame el buen cine y acu­da a ver­lo libre de pre­jui­cios o preconceptos.

Miche­lle Williams

El rela­to basa­do en un bre­ve cuen­to de Anne Proulx escri­to en 1997 y adap­ta­do para la pan­ta­lla por Larry McMurtry y Dia­na Ossa­na comien­za en 1963 y se extien­de por un perío­do de 20 años. En Sig­nal, Wyo­ming, dos jóve­nes vaque­ros, Ennis Del Mar (Heath Led­ger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), lle­gan a cono­cer­se cuan­do son con­tra­ta­dos por el ran­che­ro del lugar (Randy Quaid) para vigi­lar un reba­ño de ove­jas que pas­tan en Bro­ke­back Moun­tain. Los dos son de poco hablar, aun­que Jack al ser algo más locuaz que Ennis ayu­da a ven­cer sus inhi­bi­cio­nes sur­gien­do así un diá­lo­go entre los mismos.

En una fría noche y cuan­do Ennis está tiri­tan­do de frío, Jack lo invi­ta a dor­mi­tar en su car­pa, sur­gien­do allí lo ines­pe­ra­do cuan­do sus cuer­pos se jun­tan y se pro­du­ce una des­car­ga sexual no planeada.

Den­tro de un esti­lo de máxi­ma sobrie­dad, Lee logra que esa rela­ción amo­ro­sa se con­vier­ta en una autén­ti­ca his­to­ria pasio­nal total­men­te creí­ble gra­cias a las gran­des inter­pre­ta­cio­nes que ha logra­do de sus dos pro­ta­go­nis­tas. Led­ger, en espe­cial, bri­lla en el rol de una per­so­na vul­ne­ra­ble por haber per­di­do a sus padres en la infan­cia y que cria­do por sus her­ma­nos no logró nada impor­tan­te en su vida por la limi­ta­ción de sus medios; su intros­pec­ción, difi­cul­tad expre­si­va al hablar y la impo­si­bi­li­dad de no saber mane­jar sus ambi­va­len­tes sen­ti­mien­tos, están exce­len­te­men­te mani­fes­ta­dos sobre todo en un rol don­de jue­gan mucho más las expre­sio­nes físi­cas que las pala­bras, como por ejem­plo en la inol­vi­da­ble esce­na con que cie­rra el film. Por su par­te Gyllenhaal trans­mi­te muy bien el ímpe­tu y deseo de Jack de aban­do­nar a su fami­lia para vivir con Ennis aun­que éste últi­mo, más con­te­ni­do y prag­má­ti­co, le hará notar la impo­si­bi­li­dad de su propuesta.

Los per­so­na­jes feme­ni­nos ‑que gene­ral­men­te no tie­nen mayor tras­cen­den­cia en las pelí­cu­las de vaque­ros- adquie­ren aquí sig­ni­fi­can­te gra­vi­ta­ción, espe­cial­men­te en el caso de Miche­lle Williams quien como Alma logra expre­sar su dolor inte­rior al haber des­cu­bier­to el lazo que une a su mari­do con Jack sin que aquél lo sepa, deci­dien­do man­te­ner un silen­cio abso­lu­to para no soca­var la dig­ni­dad familiar.

Los esce­na­rios natu­ra­les cons­ti­tu­yen un ele­men­to fun­da­men­tal en la his­to­ria del film. El bello para­je mon­ta­ño­so que brin­da el mar­co román­ti­co de la his­to­ria es real­men­te sobre­co­ge­dor y la exce­len­te foto­gra­fía de Rodri­go Prie­to lo cap­ta en toda su majes­tuo­si­dad. En otros rubros, la músi­ca ori­gi­nal del com­po­si­tor Gus­ta­vo San­tao­la­lla cum­ple su come­ti­do den­tro del con­tex­to del relato.

En resu­men, esta tris­te e inusual his­to­ria román­ti­ca cap­ta la aten­ción del que lo ve por la enor­me vida inte­rior de sus per­so­na­jes y por­que los sen­ti­mien­tos de amor, pér­di­da, dolor y frus­tra­ción son uni­ver­sa­les e intrín­se­cos a la natu­ra­le­za humana.

El film será repues­to en las salas de Cine­plex el 21, 22 y 23 de junio de 2025.

Para Siem­pre Feliz

SUPER HAPPY FORE­VER. Japón-Fran­cia, 2024. Un film de Kohei Iga­rashi. 94 minutos

Como alter­na­ti­va a las super­pro­duc­cio­nes de Holly­wood que revis­te la car­te­le­ra de los cines duran­te la eta­pa esti­val, el ciné­fi­lo tie­ne como opción apre­ciar Super Happy Fore­ver, el cuar­to film del madu­ro rea­li­za­dor japo­nés Kohei Iga­rashi. De natu­ra­le­za con­tem­pla­ti­va y nutri­do de nota­ble melan­co­lía, el direc­tor abor­da el tema de la feli­ci­dad sobre qué es lo que per­mi­te que la mis­ma se aden­tre en el espí­ri­tu humano.

Hiro­ki Sano y Nai­ru Yamamoto

La his­to­ria basa­da en el guión del cineas­ta escri­to con­jun­ta­men­te con Koi­chi Kubo­de­ra ubi­ca la acción en la zona cos­te­ra de la ciu­dad de Izu ubi­ca­da al oes­te de Tokio y su narra­ti­va trans­cu­rre entre dos perío­dos tem­po­ra­les que al estar muy bien cohe­sio­na­dos per­mi­te seguir su tra­ma sin mayor dificultad.

El comien­zo se desa­rro­lla en 2023 cuan­do Sano (Hiro­ki Sano) retor­na a la ciu­dad cos­te­ra don­de pro­fun­da­men­te ena­mo­ra­do de su mujer Nagi (Nai­ru Yama­mo­to), lamen­ta su recien­te ines­pe­ra­da muer­te. Esti­mu­la­do por su gran ami­go Miya­ta (Yoshi­no­ri Miya­ta) se encuen­tra ocu­pan­do la mis­ma habi­ta­ción del hotel en que su espo­sa esta­ba hos­pe­da­da en 2018. Tra­tan­do de encon­trar un solaz a la pena de Sano, Miya­ta que tie­ne como pro­pó­si­to rea­li­zar un semi­na­rio sobre la feli­ci­dad, tra­ta de apo­yar­lo a fin de reac­ti­var­le su decaí­do esta­do anímico.

La acción se retro­trae a 2018 don­de en el hotel cita­do se encuen­tra la inde­pen­dien­te fotó­gra­fa pro­fe­sio­nal Nagi quien lle­ga a cono­cer a los dos ami­gos que están pasan­do igual­men­te unos días de vaca­cio­nes. Pron­ta­men­te se esta­ble­ce una atrac­ción entre ella y Sano y de allí que él encuen­tra en ella al gran amor de su vida. Es así que acu­dien­do a su memo­ria y tra­tan­do de reco­lec­tar los pre­cio­sos momen­tos vivi­dos con su mujer, se apre­cia cómo flo­re­ció el roman­ce, los lar­gos paseos rea­li­za­dos en la pla­ya y en el cen­tro de la ciu­dad, que con­tri­bu­ye­ron a que él fue­se un hom­bre feliz. En la medi­da que el rela­to entron­ca el pre­sen­te con el pasa­do, que­da abier­ta la pre­gun­ta si esa cone­xión a tra­vés de los her­mo­sos recuer­dos pue­dan per­mi­tir­le supe­rar su sole­dad y vol­ver a expe­ri­men­tar la sen­sa­ción de feli­ci­dad de los últi­mos 5 años.

Uno de los fac­to­res vita­les del film resi­de en las ten­sio­nes no refle­ja­das pero que están muy bien expues­tas por las imá­ge­nes, don­de el rea­li­za­dor logra de este modo gene­rar el impac­to emo­cio­nal en el espec­ta­dor. A ello se agre­ga la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de Wata­ru Takahashi cap­tan­do la fuer­za sur­gi­da de las aguas mari­nas con sus esplen­do­ro­sos colo­res, que muy bien se aso­cia con la atrac­ti­va músi­ca de Dai­go Saku­ra­gi hacién­do­nos escu­char la her­mo­sa can­ción “Beyond the Sea”.

La inter­pre­ta­ción del trío pro­ta­gó­ni­co es inob­je­ta­ble y a ello se agre­ga la par­ti­ci­pa­ción de Hoang Nhu Quynh en el rol de An, la inmi­gran­te cama­re­ra viet­na­mi­ta de la pie­za ocu­pa­da por Nagi, quien lle­gó a Japón vis­lum­bran­do un mejor por­ve­nir del ofre­ci­do en su tie­rra natal..

En esen­cia, he aquí un film sutil y ele­gan­te­men­te rea­li­za­do que en su sen­ci­lla apa­rien­cia está impreg­na­do de un apre­cia­ble con­te­ni­do poé­ti­co y que sin ape­lar a gran­di­lo­cuen­cia algu­na es capaz de gra­ti­fi­car a una selec­ti­va audien­cia. Jor­ge Gutman

Un Buen Melodrama

LA PIE VOLEU­SE. Fran­cia, 2024. Un film de Robert Gué­di­guian. 100 minutos

El vete­rano rea­li­za­dor Robert Gué­di­guian que ha tras­cen­di­do por impri­mir una visión huma­nis­ta a sus tra­ba­jos, en su vigé­si­mo cuar­to opus La Pie Voleu­se rati­fi­ca nue­va­men­te su posi­ción ofre­cien­do un buen melo­dra­ma.. Como en gran par­te de su fil­mo­gra­fía la acción trans­cu­rre en el peque­ño pue­blo pes­que­ro de L’Estaque, al oes­te de Mar­se­lla, don­de Gue­di­guian nació y sigue man­te­nien­do un pro­fun­do cari­ño hacia el lugar.

Aria­ne Asca­ri­de y Jean-Pie­rre Darrousin

Nue­va­men­te cuen­ta en su elen­co con su musa y gran com­pa­ñe­ra Aria­ne Asca­ri­de así como con Jean Pie­rre Darrou­sin y Gérard Mey­lan, sus fie­les cómplices.

La par­te cen­tral de la his­to­ria con­ce­bi­da por Gué­di­guian y Ser­ge Vallet­ti, pre­sen­ta a la sexa­ge­na­ria María (Asca­ri­de), que como tra­ba­ja­do­ra social se dedi­ca a cui­dar a ancia­nos y a rea­li­zar para ellos las com­pras de ali­men­ta­ción nece­sa­rias. En su vida per­so­nal no man­tie­ne una satis­fac­to­ria rela­ción con su mari­do ludó­pa­ta Bruno (Mey­lan) quien con como jubi­la­do, mal­gas­ta su dine­ro en los jue­gos incu­rrien­do en gran­des deu­das a las que ella debe solventar.

La gran satis­fac­ción de esta mujer es pro­por­cio­na­da por su nie­ti­to Nico­las (Thor­vald Son­der­gaard) quien se pre­pa­ra para par­ti­ci­par en un con­cur­so de piano en el con­ser­va­to­rio de músi­ca local. A fin de sufra­gar los gas­tos que impli­ca el arrien­do del piano y los hono­ra­rios de su pro­fe­sor, María recu­rre a peque­ños hur­tos mone­ta­rios y la sus­trac­ción de che­ques al señor Mou­reau (Darrou­sin), uno de sus ancia­nos pacien­tes con­fi­na­dos a una silla de rue­das y que nun­ca sale de su hogar. Para María esa acti­tud deci­di­da­men­te repro­cha­ble es com­pen­sa­da por la devo­ción que ella le dedi­ca al coci­nar­le sus pla­tos favo­ri­tos que inclu­ye el pes­ca­do fri­to pre­fe­ri­do, ade­más de brin­dar­le un sin­ce­ro afec­to. Un com­por­ta­mien­to simi­lar es el que ella man­tie­ne con otros ancia­nos a su cui­da­do, estan­do siem­pre dis­pues­ta a brin­dar­les su apo­yo cuan­do lo requieren.

La situa­ción adquie­re un nivel dra­má­ti­co cuan­do Lau­rent (Gré­goi­re Leprin­ce-Rin­guet), el hijo de Moreau que no man­tie­ne una bue­na rela­ción con él pero está encar­ga­do de sus finan­zas, des­cu­bre el des­fal­co come­ti­do por Maria.

Lo que pro­si­gue del rela­to es pre­fe­ri­ble no reve­lar­lo sal­vo el des­ta­car que Gué­di­guian no juz­ga el com­por­ta­mien­to amo­ral de María, per­mi­tien­do que cada espec­ta­dor ten­ga su pro­pia opi­nión de lo que con­tem­pla. En líneas gene­ra­les, el cineas­ta man­tie­ne un rit­mo flui­do que per­mi­te seguir diná­mi­ca­men­te el desa­rro­llo del film: la úni­ca obje­ción es el román­ti­co adul­te­rio que emer­ge de la rela­ción román­ti­ca entre Lau­rent y Jen­ni­fer (Mari­lou Aus­si­lloux), la hija de María, que se apar­ta del nudo cen­tral de esta emo­ti­va historia.

La pelí­cu­la tras­cien­de por expo­ner los acha­ques y las defi­cien­cias que pue­de aca­rrear la vejez y el abu­so al que pue­den ser some­ti­dos quie­nes físi­ca­men­te no pue­den movi­li­zar­se. Pero en todo caso, la vida segui­rá su cur­so para María y sus ancia­nos quie­nes al menos encuen­tran un solaz con­tem­plan­do en L’Estaque el majes­tuo­so mar azu­la­do del Mediterráneo.

Sin lle­gar a ser un film excep­cio­nal, de todos modos es meri­to­rio el tra­ta­mien­to impre­so por Gué­di­guian narran­do una his­to­ria que sin recu­rrir a gol­pes bajos per­mi­te la com­ple­ta empa­tía de la audien­cia, más no sea por la nota­ble quí­mi­ca logra­da entre Asca­ri­de y Darrou­sin en sus res­pec­ti­vos per­so­na­jes. Jor­ge Gutman

Los Amo­res de una Casamentera

MATE­RIA­LISTS. Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Celi­ne Song. 116 minutos

Des­pués de su exi­to­so film román­ti­co Past Lives (2023), la direc­to­ra Celi­ne Song en su segun­do tra­ba­jo Mate­ria­lists incur­sio­na en el mis­mo tema aun­que sin resul­ta­dos sufi­cien­te­men­te convincentes.

Chris Evans,Dakota John­son y Pedro Pascal

La cineas­ta pre­sen­ta a Lucy (Dako­ta John­son), una ambi­cio­sa casa­men­te­ra de 35 años de edad tra­ba­jan­do para una renom­bra­da agen­cia ubi­ca­da en Manhat­tan. En su comien­zo resul­ta intere­san­te exa­mi­nar la idio­sin­cra­sia de esta tarea, don­de se con­si­de­ran las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas de las per­so­nas en pro­cu­ra de pare­ja, inclu­yen­do la edad, altu­ra, ideo­lo­gía polí­ti­ca, inte­li­gen­cia, incli­na­ción o no a cons­ti­tuir una fami­lia y otros tópi­cos que van sur­gien­do a tra­vés de la inter­me­dia­ción de Lucy. Su dedi­ca­ción pro­fe­sio­nal como media­do­ra es reco­no­ci­da por Vio­let (Marin Ire­land), la direc­to­ra de la agen­cia, así como es cele­bra­da por sus cole­gas cuan­do logra con­cre­tar su noveno engan­che. En todo caso, para esta exi­to­sa casa­men­te­ra cada clien­te se tra­du­ce en una mera tran­sac­ción comercial.

La his­to­ria de Song adquie­re un matiz dife­ren­te cuan­do Lucy cono­ce en una fies­ta de casa­mien­to a Harry (Pedro Pas­cal), un atrac­ti­vo adi­ne­ra­do indi­vi­duo, sur­gien­do de inme­dia­to una mutua atrac­ción. Coin­ci­den­te­men­te en esa oca­sión Lucy reen­cuen­tra a John (Chris Evans), su ex pare­ja con el que con­vi­vió duran­te 5 años y cuya rela­ción se esfu­mó debi­do a que ella no lle­gó a tole­rar su situa­ción eco­nó­mi­ca­men­te humilde.

En prin­ci­pio todo pare­ce­ría indi­car que Lucy encon­tró su gran amor en Harry, gozan­do de las como­di­da­des de su fas­tuo­so con­do­mi­nio, la vida millo­na­ria que osten­ta y el dis­fru­te del encuen­tro cor­po­ral. Un inci­den­te impre­vis­to sur­ge cuan­do Sophie (Zoe Win­ters), una de las clien­tas de Lucy, es obje­to de un mal tra­ta­mien­to en el encuen­tro con un poten­cial cor­te­jan­te; esa crí­ti­ca situa­ción moti­va a que ella reexa­mi­ne su con­vic­ción román­ti­ca y lle­gue a la con­clu­sión que no es amor lo que la une a Harry. A par­tir de ese momen­to, ella renue­va su vida sen­ti­men­tal con John a pesar de los incon­ve­nien­tes del pasa­do y su negli­gi­ble con­di­ción económica.

Aun­que bien inten­cio­na­da, la cineas­ta no logra narra­ti­va­men­te con­ven­cer el com­por­ta­mien­to errá­ti­co de Lucy, en lo que se refie­re a lo que ella desea sen­ti­men­tal­men­te con­cre­tar en su vida. Todo pare­ce­ría que­dar expues­to acer­ca de si el “amor” debe estar res­pal­da­do por el mate­ria­lis­mo del dine­ro y des­pro­vis­to de ver­da­de­ro cari­ño, o aca­so la situa­ción inversa.

Con un final com­pla­cien­te y pre­vi­si­ble, esta visión con­tem­po­rá­nea del amor care­ce rele­van­cia. A pesar de una bue­na com­po­si­ción acto­ral de John­son, Pas­cal y Evans, no exis­te una ver­da­de­ra quí­mi­ca ni comu­ni­ca­ción emo­ti­va entre la pro­ta­go­nis­ta en su rela­ción con Harry y John. Más allá de una direc­ción correc­ta de Song y la logra­da foto­gra­fía de Sha­bier Kirch­ner cap­tan­do los sun­tuo­sos luga­res en que trans­cu­rre la acción, el film sin ser medio­cre no lle­ga a tras­cen­der. Jor­ge Gutman

El Fotó­gra­fo del Apartheid

ERNEST COLE: LOST AND FOUND. Esta­dos Uni­dos, 2024. Un film de Raoul Peck. 105 minutos.

El remar­ca­ble direc­tor hai­tiano Raoul Peck, quien fue­ra un des­ta­ca­do polí­ti­co en su país natal para dedi­car­se pos­te­rior­men­te al cine, ya ha dado mues­tras de su talen­to abor­dan­do per­so­na­li­da­des que con­si­de­ra­ron el tema de la dis­cri­mi­na­ción racial. Así en el docu­men­tal I Am Not Your Negro (2016) con­si­de­ró el pro­ble­ma del racis­mo en Esta­dos Uni­dos, a tra­vés de James Bald­win (1924 – 1987), un emi­nen­te escri­tor e inte­lec­tual afro­ame­ri­cano que dedi­có impor­tan­tes años de su vida a ana­li­zar este urti­can­te tema. En esta opor­tu­ni­dad Peck exa­mi­na al excep­cio­nal fotó­gra­fo suda­fri­cano Ernest Cole (1940 – 1990), exi­lia­do en Esta­dos Unidos.

Ernest Cole

En 2017 ha sido des­cu­bier­to en la bóve­da de un ban­co de Esto­col­mo más de 60 mil nega­ti­vos de fotos de Cole cap­ta­das en 35 milí­me­tros que se habían con­si­de­ra­do per­di­das; ese acon­te­ci­mien­to ha sido el moti­vo que ins­pi­ró a Peck para rea­li­zar este docu­men­tal. Para su imple­men­ta­ción el direc­tor ha ela­bo­ra­do un guión en base a escri­tos del artis­ta como asi­mis­mo reco­gien­do tes­ti­mo­nios de sus ami­gos y fami­lia­res y en espe­cial de la impor­tan­te cola­bo­ra­ción obte­ni­da de Les­lie Matlai­sa­ne, el sobrino de Cole quien tuvo a su car­go la super­vi­sión de las fotos halla­das en Sue­cia. En con­se­cuen­cia el film revi­ve a Cole a tra­vés de la remar­ca­ble voz del actor LaKeith Stan­fi­eld a car­go de la narración.

Des­de sus pri­me­ros años de exis­ten­cia Cole fue tes­ti­go de la humi­lla­ción y vejá­me­nes sufri­dos por la comu­ni­dad negra de Sudá­fri­ca quien esta­ba obli­ga­da a ganar­se su pan tra­ba­jan­do al ser­vi­cio de sus racis­tas patro­nes blan­cos. Su pasión por la foto­gra­fía moti­vó que su cáma­ra cons­ti­tu­ye­ra su ins­tru­men­to vital de tra­ba­jo y con ella fue cap­tan­do dra­má­ti­cas fotos refle­jan­do esa dis­cri­mi­na­ción. En 1966 se tras­la­da a New York y habien­do sido emplea­do por Drum Maga­zi­ne con­si­gue reco­pi­lar las fotos denun­cian­do el apartheid que fue­ron publi­ca­das en el libro Hou­se of Bon­da­ge, cuya gran reper­cu­sión lo con­vir­tió en uno de los gran­des artis­tas negros de su generación.

Sin embar­go, duran­te los pri­me­ros años de su estan­cia en la gran metró­po­li, don­de el país vive la lar­ga lucha del movi­mien­to por los dere­chos civi­les, el artis­ta cons­ta­ta que la segre­ga­ción racial hacia los afro­ame­ri­ca­nos no es muy dife­ren­te de la exis­ten­te en Sudá­fri­ca; eso lo vuel­ve a docu­men­tar con su cáma­ra al igual que en sus via­jes rea­li­za­dos a varias ciu­da­des de Esta­dos Unidos.

En esen­cia, Peck refle­ja la sole­dad y ais­la­mien­to que Cole expe­ri­men­ta al pro­pio tiem­po que sien­te una pro­fun­da nos­tal­gia por su tie­rra y el deseo de retor­nar aun­que es cons­cien­te que resul­ta impo­si­ble de hacer­lo. Simul­tá­nea­men­te el film ilus­tra los acon­te­ci­mien­tos acae­ci­dos duran­te ese perío­do en Sudá­fri­ca, así como el boi­cot inter­na­cio­nal reci­bi­do por el detes­ta­ble sis­te­ma racial. Curio­sa­men­te, cuan­do nue­vos vien­tos soplan en en el país afri­cano con el fin del apartheid y la libe­ra­ción de Nel­son Man­de­la en febre­ro de 1990, seis días des­pués un cán­cer cobra la vida de Cole.

El docu­men­ta­lis­ta logra un vibran­te film muy bien cons­trui­do y exce­len­te­men­te edi­ta­do por Ale­xan­dra Strauss a la vez que cons­ti­tu­ye un mere­ci­do home­na­je al memo­ra­ble artis­ta dejan­do un lega­do a las nue­vas gene­ra­cio­nes con sus anto­ló­gi­cas fotos. En los cré­di­tos fina­les se mani­fies­ta que Peck dedi­ca este tra­ba­jo “en memo­ria de todos aqué­llos que mue­ren en el exi­lio”. Jor­ge Gutman