Un Ver­gon­zo­so Pasado

SUGAR­CA­NE. Esta­dos Uni­dos-Cana­dá, 2024. Un docu­men­tal de Julian Bra­ve Noi­se­Cat y Emily Kas­sie. 106 minutos.

Den­tro de los mejo­res docu­men­ta­les estre­na­dos en el año en cur­so, cier­ta­men­te Sugar­ca­ne es uno de ellos. Remar­ca­ble­men­te diri­gi­do por Julian Bra­ve Noi­se­Cat y Emily Kas­sie el film cala hon­da­men­te en el áni­mo de la audien­cia al abor­dar un abo­mi­na­ble tema vin­cu­la­do con la comu­ni­dad autóc­to­na de Canadá.

Una esce­na de SUGARCANE

Comen­zan­do en 1894, el gobierno cana­dien­se sepa­ró a chi­cos indí­ge­nas de sus fami­lias for­zán­do­los a asis­tir a las escue­las resi­den­cia­les.. Dichos esta­ble­ci­mien­tos tenían el pro­pó­si­to de des­arrai­gar a sus asis­ten­tes de la cul­tu­ra nati­va para ser adoc­tri­na­dos a la cul­tu­ra pre­va­le­cien­te en Cana­dá. Cabe seña­lar que esos cole­gios estu­vie­ron mane­ja­dos por la Igle­sia Cató­li­ca y que por muchos años, los alum­nos se refi­rie­ron sobre com­pa­ñe­ros desaparecidos.

Lo ate­rra­dor de esta situa­ción es que los crí­me­nes de la Igle­sia no habían sido ocul­ta­dos y sin embar­go el civi­li­za­do mun­do occi­den­tal no se pro­nun­ció al res­pec­to has­ta que en 2021 se des­cu­brie­ron en Cana­dá fosas clan­des­ti­nas no iden­ti­fi­ca­das don­de fue­ron sepul­ta­dos muchos niños de dichas escuelas.

Dicho lo que ante­ce­de es impor­tan­te des­ta­car que el rea­li­za­dor Noi­se­Cat ha sido uno de los que indi­rec­ta­men­te sufrie­ron el escar­nio vivi­do por sus fami­lia­res dado que su padre Ed, naci­do en 1959, ha sido el úni­co sobre­vi­vien­te de quie­nes fue­ron intro­du­ci­dos en el ces­to de basu­ra des­ti­na­do a la incineración.

A tra­vés de la minu­cio­sa labor de inves­ti­ga­ción rea­li­za­da por Whit­ney Spea­ring y Char­le­ne Belleau el docu­men­tal se cen­tra espe­cial­men­te en los tes­ti­mo­nios ofre­ci­dos por anti­guos alum­nos de la misión St. Joseph de Williams Lake en la pro­vin­cia de Bri­tish Colum­bia. Es así que se tie­ne opor­tu­ni­dad de asis­tir al tes­ti­mo­nio brin­da­do por varios sobre­vi­vien­tes de dicha misión inclu­yen­do entre otros a Larry Emi­le, Jean William, Laird Archie, Ceci­lia Paul y el del tes­ti­go Wes­ley Jackson.

En el rela­to adquie­ren gra­vi­ta­ción espe­cial los comen­ta­rios de Roger Gil­bert (apo­da­do Rick), anti­guo jefe de las Pri­me­ras Nacio­nes y devo­to cató­li­co, quien se refie­re sobre los crue­les pro­ce­di­mien­tos que han sido some­ti­dos los esco­la­res, inclu­yen­do la tor­tu­ra, infan­ti­ci­dio e inclu­so la vio­la­ción ejer­ci­da por los sacer­do­tes de turno; así, el mani­fes­tó que nació como con­se­cuen­cia de que su madre había sido abu­sa­da sexual­men­te por un repre­sen­tan­te de la San­ta Iglesia.

Como ges­to de recon­ci­lia­ción el Vati­cano invi­tó en 2022 a repre­sen­tan­tes de las nume­ro­sas comu­ni­da­des autóc­to­nas inclu­yen­do a Gil­bert, para una audien­cia con el Papa. En dicho encuen­tro el Sumo Pon­tí­fi­ce expre­sa su pesar de que miem­bros de la Igle­sia hayan come­ti­do seme­jan­tes crí­me­nes; en todo caso no obs­tan­te que para Rick eso cons­ti­tu­ye un cier­to con­sue­lo, lo expre­sa­do por el San­to Padre no es más que un ges­to polí­ti­ca­men­te correc­to pero sin que ofre­cie­ra com­pen­sa­ción algu­na por los igno­mi­nio­sos peca­dos del clero.

Denun­cian­do una atroz reali­dad, los docu­men­ta­lis­tas brin­dan un con­mo­ve­dor docu­men­to inob­je­ta­ble­men­te rea­li­za­do que gene­ra un sen­ti­mien­to de pro­fun­da indig­na­ción fren­te a los atro­pe­llos cometidos.

En los cré­di­tos fina­les se lee que hubo 139 escue­las resi­den­cia­les fede­ral­men­te finan­cia­das en Cana­dá y 408 en Esta­dos Uni­dos en don­de recién en 1997 se pro­du­jo el cie­rre del últi­mo refor­ma­to­rio. La inves­ti­ga­ción rea­li­za­da reve­ló una ten­den­cia de infan­ti­ci­dio que real­men­te estremece.

El docu­men­tal está dedi­ca­do a todos los niños y niñas que fue­ron envia­dos a la misión St. Joseph per­te­ne­cien­tes a las nume­ro­sas comu­ni­da­des autóc­to­nas y a la memo­ria de Rick Gil­bert que falle­ció poco des­pués de haber con­clui­do la fil­ma­ción. Jor­ge Gutman

Una Excep­cio­nal Fotógrafa

LEE. Gran Bre­ta­ña, 2023. Un film de Ellen Kuras. 116 minutos

Para quie­nes no oye­ron hablar de Eli­za­beth Lee Miller (1907 – 1977), este pri­mer lar­go­me­tra­je de Ellen Kuras per­mi­te cono­cer impor­tan­tes aspec­tos de la vida de esta gran fotó­gra­fa ame­ri­ca­na que se des­ta­có foto­gra­fian­do las horro­ro­sas imá­ge­nes de la segun­da gue­rra mun­dial que azo­tó a Europa.

Kate Wins­let en LEE

La galar­do­na­da actriz Kate Wins­let encar­na a Lee, quien en la déca­da del 20 había sido una exi­to­sa mode­lo en la ciu­dad de Nue­va York, pero que pre­fi­rió abor­dar la foto­gra­fía, tras­la­dán­do­se pos­te­rior­men­te a París. El guión de Liz Han­nah, John Collee y Marion Hume ubi­ca la acción en 1977 en una peque­ña ciu­dad de Ingla­te­rra don­de la artis­ta vivió sus últi­mos años; allí ella es repor­tea­da por un joven perio­dis­ta (Josh O’ Con­nor), curio­so de impo­ner­se sobre su vida per­so­nal y pro­fe­sio­nal. Pasan­do revis­ta a su memo­ria la madu­ra mujer comien­za su rela­to que está expues­to a tra­vés de flashbacks.

En 1938 la fotó­gra­fa se halla en Fran­cia dis­fru­tan­do de los días solea­dos y almor­zan­do con sus amis­ta­des inclu­yen­do a Nusch (Noé­mie Mer­lant), Solan­ge (Marion Coti­llard) y el crí­ti­co y colec­cio­nis­ta de arte Roland Pen­ro­se (Ale­xan­der Skars­gard) quien lle­ga­ría a ser su mari­do. La situa­ción cobra un vuel­co deci­si­vo con la ame­na­za de gue­rra que se ave­ci­na y cuan­do la mis­ma comien­za a esta­llar, ella y Roland se tras­la­dan a Ingla­te­rra. En Lon­dres Lee comien­za a tra­ba­jar como fotó­gra­fa para la edi­ción bri­tá­ni­ca de la revis­ta Vogue don­de su super­vi­so­ra Audrey (Andrea Rise­bo­rough) le enco­mien­da cap­tar lo que está ocu­rrien­do en Ingla­te­rra; si bien sien­te frus­tra­ción al no ser­le per­mi­ti­do actuar como fotó­gra­fa perio­dis­ta en el fren­te béli­co, su deter­mi­na­ción y empu­je hará que even­tual­men­te sea acre­di­ta­da como corres­pon­sal de gue­rra y repor­te­ra de lo que está aconteciendo.

De retorno a París sin la com­pa­ñía de su mari­do, en los cam­pos de bata­lla cono­ce al fotó­gra­fo David Scher­man (Andy Sam­berg), corres­pon­sal de la revis­ta Life, con quien enta­bla una cor­dial rela­ción como asi­mis­mo tra­ba­jan­do con­jun­ta­men­te. Entre las pro­mi­nen­tes imá­ge­nes que Lee va cap­tan­do figu­ran las con­se­cuen­cias del napalm en el ase­dio de Saint Malo, la bata­lla de Alsa­cia, la atro­ci­dad regis­tra­da en los cam­pos de con­cen­tra­ción de Dachau y Buchen­wald así como la libe­ra­ción de París al final del con­flic­to. A todo ello, una icó­ni­ca foto es la regis­tra­da por Scher­man cap­tan­do a Lee en la bañe­ra de Hitler, pre­ci­sa­men­te el 30 de abril de 1945, el día en que él se sui­ci­dó en Berlín.

Sin entrar a con­si­de­rar cómo con­clu­ye esta his­to­ria en don­de se pro­du­ce una sor­pren­den­te reve­la­ción que no resul­ta con­du­cen­te con lo que se ha vis­to al prin­ci­pio del film, el mis­mo es meri­to­rio, espe­cial­men­te en lo con­cer­nien­te al nivel de actua­ción: Den­tro de un com­pe­ten­te elen­co sobre­sa­le la extra­or­di­na­ria inter­pre­ta­ción que Wins­let ofre­ce de la pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria. La talen­to­sa intér­pre­te trans­mi­te con devo­ción la apa­sio­na­da labor des­ple­ga­da por la caris­má­ti­ca y cáli­da Lee que no se deja ame­dren­tar en un mun­do gene­ral­men­te reser­va­do a su con­tra­par­te mas­cu­li­na; mos­tran­do una vita­li­dad y un cora­je a toda prue­ba. Wins­let asi­mis­mo refle­ja la fra­gi­li­dad que Lee evi­den­cia en su ros­tro por la reper­cu­sión emo­cio­nal gene­ra­da al haber tes­ti­mo­nia­do los horro­res de la guerra.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do, sin lle­gar a un nivel de excep­ción, la novel direc­to­ra ofre­ce un buen retra­to femi­nis­ta evi­den­cian­do el cora­je y valen­tía de la pro­ta­go­nis­ta, al pro­pio tiem­po que demues­tra que no exis­te dife­ren­cia gené­ri­ca algu­na para asu­mir ries­go­sos desa­fíos. Jor­ge Gutman

Un Can­to a la Amistad

WILL & HAR­PER. Esta­dos Uni­dos, 2024. Un docu­men­tal de Josh Green­baum. 114 min­lu­tos. Dis­po­ni­ble en Netflix

La face­ta lumi­no­sa de la con­di­ción huma­na que­da resal­ta­da en Will & Har­per, el can­do­ro­so docu­men­tal de Josh Greenbaum.

Will Ferrell y Har­per Steele

El docu­men­ta­lis­ta enfo­ca a Will Ferrell y Har­per Stee­le, dos per­so­nas que han cimen­ta­do un gran víncu­lo amis­to­so des­de que en 1995 el popu­lar actor adqui­rió gran popu­la­ri­dad en el emble­má­ti­co pro­gra­ma tele­vi­si­vo Satur­day Night Live agra­cia­do en gran par­te por los jugo­sos libre­tos escri­tos por Stee­le. Des­pués de que en 2022 Har­per, a la sazón de 61 años, le comu­ni­ca a su ami­go su tran­si­ción gené­ri­ca, ambos resuel­ven efec­tuar un via­je en carre­te­ra a tra­vés de Esta­dos Uni­dos comen­zan­do en New York y tenien­do como des­tino final Los Ángeles.

Ese via­je de 16 días con Har­per con­du­cien­do su vehícu­lo gene­ra un víncu­lo ínti­mo en don­de ella en una nue­va visión de sí mis­ma le va expo­nien­do cómo des­de lar­go tiem­po deseó adop­tar esa dife­ren­te iden­ti­dad gené­ri­ca, en tan­to que él median­te pre­gun­tas sutil­men­te expues­tas va iden­ti­fi­cán­do­se con la moti­va­ción y emo­cio­nes que aho­ra vive su gran ami­ga. Todo ese pro­ce­so en el que Har­per obser­va el mun­do que la rodea en su nue­va con­di­ción adquie­re en el rela­to momen­tos de con­si­de­ra­ble ter­nu­ra. Si bien los via­je­ros mati­zan el tra­yec­to median­te situa­cio­nes joco­sas en el inter­cam­bio de chis­tes, los mis­mos están inter­ca­la­dos con temas más serios como cuan­do ella le lee extrac­tos de su dia­rio per­so­nal escri­to antes de su tran­si­ción don­de refle­ja su vul­ne­ra­bi­li­dad fren­te a la deci­sión adoptada.

Sin nece­si­dad de deta­llar las alter­na­ti­vas vivi­das en cada para­da que rea­li­zan a lo lar­go de ese reco­rri­do, inclu­yen­do bares y res­tau­ran­tes en las ciu­da­des que atra­vie­san, ese peri­plo nutri­do de con­fi­den­cias recí­pro­cas adquie­re un carác­ter deci­di­da­men­te ínti­mo en don­de que­da refren­da­do la pro­fun­da amis­tad que les envuelve.

El film des­ti­la con­si­de­ra­ble emo­ción que que­da resal­ta­da en una con­mo­ve­do­ra esce­na cuan­do al visi­tar el Grand Can­yon se topan con una tera­peu­ta que lamen­ta no haber sido de gran ayu­da hacia un clien­te transgénero.

En momen­tos en que la tran­se­xua­li­dad adquie­re una ten­sión que se va incre­men­tan­do en la épo­ca en que vivi­mos es esti­mu­lan­te apre­ciar la exis­ten­cia de pelí­cu­las como la comen­ta­da que con­tri­bu­ye a huma­ni­zar y empa­ti­zar con quie­nes habien­do expe­ri­men­ta­do la desa­zón de no poder iden­ti­fi­car­se con el sexo asig­na­do al nacer adop­tan la audaz reso­lu­ción del cam­bio genérico.

Median­te una sen­ci­lla a la vez que entra­ña­ble narra­ti­va Green­baum ha logra­do un film de cabal hones­ti­dad per­mi­tien­do que la audien­cia pue­da ple­na­men­te iden­ti­fi­car­se con dos seres dis­pues­tos a soli­da­ri­zar y apo­yar­se incon­di­cio­nal­men­te cua­les­quie­ra sean las situa­cio­nes que deban enfren­tar. En últi­ma ins­tan­cia, este docu­men­tal cons­ti­tu­ye un bello tri­bu­to a la amis­tad. Jor­ge Gutman

Fil­mes Eva­lua­dos en el TIFF (3)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Quis­ling – The Final Days (Norue­ga). Spe­cial Presentations

Aun­que no tan cono­ci­do como otros nefas­tos epi­so­dios que Euro­pa expe­ri­men­tó duran­te la Segun­da Gue­rra, el direc­tor Erik Pop­pe cen­tra aquí su aten­ción en la per­so­na­li­dad de Vid­kun Quis­ling, quien fue el Pre­si­den­te Minis­tro de Norue­ga des­de ini­cios de 1942 has­ta la con­clu­sión del omi­no­so con­flic­to bélico.

QUIS­LINGTHE FINAL DAYS

El pal­pi­tan­te rela­to basa­do en el guión de Siv Rajen­dram Elias­sen y Anna Bache-Wiig comien­za pre­ci­sa­men­te el 8 de mayo de 1945, des­pués de varios años de ocu­pa­ción ale­ma­na en Norue­ga, con la trans­mi­sión radial efec­tua­da por Quis­ling (Gard B. Eids­vold) des­de su des­pa­cho, exal­tan­do la figu­ra de Hitler. Al día siguien­te es arres­ta­do por el nue­vo gobierno sien­do acu­sa­do por alta trai­ción a la patria como cola­bo­ra­cio­nis­ta con el régi­men nazi duran­te su man­da­to. A fin de que este indi­vi­duo no lle­gue a con­ver­tir­se en már­tir, el obis­po de Oslo (Las­se Kols­rud) soli­ci­ta al pas­tor Peder Olsen (Anders Daniel­sen Lie) que actúe como con­se­je­ro espi­ri­tual del pri­sio­ne­ro y con­se­guir que lle­gue a admi­tir el daño infli­gi­do al país; esa misión debe ser man­te­ni­da en secre­to, sin que Olsen inclu­so pue­da reve­lar­la a su espo­sa Hei­di (Lisa Loven Kongsli).

Las con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das entre Olsen y Quis­ling abar­can con­si­de­ra­ble par­te de este rela­to, resal­tan­do los esfuer­zos del pre­la­do para que el acu­sa­do reco­noz­ca y se arre­pien­ta del mal come­ti­do aun­que de modo alguno Quis­ling se pro­po­ne hacer­lo; a tra­vés de esos diá­lo­gos, sur­gen temas filo­só­fi­cos vin­cu­la­dos con la moral, la reli­gión e inclu­sos pre­cep­tos del Nue­vo Tes­ta­men­to. En la medi­da que Olsen no logra su come­ti­do, va per­dien­do la fe en la tarea empren­di­da aun­que reci­bien­do el apo­yo de su mujer que lle­ga a impo­ner­se de lo que está sucediendo.

Cuan­do lle­ga el momen­to del jui­cio, Quis­ling fir­me­men­te recha­za la pro­po­si­ción de su abo­ga­do Hen­rik Bergh (Øyvind Brand­tzæg) para que en su defen­sa ale­gue haber pade­ci­do de pro­ble­mas men­ta­les, dado que él man­tie­ne su fir­me pos­tu­ra de haber sido fiel a su patria fren­te al comu­nis­mo ruso; es así que ade­más ale­ga haber sal­va­do a los judíos; esa afir­ma­ción con­tra­di­ce lo que mani­fies­ta Leo Eitin­ger /Benjamin L. Ros­ter), un sobre­vi­vien­te judío que denun­cia la deni­gran­te acción anti­se­mi­ta del enjui­cia­do al haber depor­ta­do judíos norue­gos hacia los cam­pos de concentración.

No obs­tan­te su dura­ción cer­ca­na a las dos horas y media, el rea­li­za­dor con­si­gue man­te­ner fir­me­men­te el inte­rés de la audien­cia, valién­do­se del exce­len­te guión y en espe­cial por las super­la­ti­vas inter­pre­ta­cio­nes brin­da­das por Eids­vold como el afe­rra­do indi­vi­duo que de nin­gún modo renun­cia a sus con­vic­cio­nes decla­rán­do­se ino­cen­te de lo que lo que se le acu­sa, así como Daniel­sen Lie trans­mi­tien­do con pre­ci­sión los prin­ci­pios mora­les que ani­dan en su per­so­na­je. En los pape­les de apo­yo ade­más de Kongs­li se luce Lisa Car­lehed ani­man­do a la mujer ucra­nia­na de Quis­ling, com­ple­ta­men­te con­sus­tan­cia­da con la ideo­lo­gía de su esposo.

En suma, Pop­pe ha logra­do un vibran­te dra­ma judi­cial capaz de sumer­gir al espec­ta­dor en la gama emo­cio­nal vivi­da por los pro­ta­go­nis­tas de esta historia.

Vik­tor (Ucra­nia-Rusia). Platform

El lamen­ta­ble con­flic­to emer­gen­te de la inva­sión rusa a Ucra­nia a par­tir de febre­ro de 2022 es nue­va­men­te tra­ta­do por el cine en este valio­so docu­men­tal del direc­tor y fotó­gra­fo fran­cés Oli­vier Sar­bil foca­li­zan­do su aten­ción en Vik­tor, un joven ucra­niano afec­ta­do de sordera.

VIK­TOR

Tenien­do en cuen­ta que Sar­bil igual­men­te sufre de esa afec­ción en su oído dere­cho, al haber sido heri­do por una gra­na­da pro­pul­sa­da por un cohe­te en oca­sión de haber esta­do docu­men­tan­do la gue­rra civil en Libia, con­si­gue una com­ple­ta iden­ti­fi­ca­ción con la suer­te corri­da por el pro­ta­go­nis­ta de la his­to­ria relatada.

La acción trans­cu­rre en Jár­kov, duran­te las pri­me­ras sema­nas en que Ucra­nia sufre los emba­tes de la sinies­tra inva­sión rusa, ini­cia­da en febre­ro de 2022. Es allí don­de Vik­tor vive con su madre y fren­te a lo que está ocu­rrien­do desea con ansie­dad con­ver­tir­se en un lucha­dor defen­dien­do a su país; en tal sen­ti­do eso es debi­do a la mar­ca­da influen­cia de su falle­ci­do padre quien le insu­fló el espí­ri­tu mili­tar así como tam­bién por los fil­mes de samu­ráis que ha vis­to, tra­tan­do de emu­lar la con­duc­ta gue­rre­ra de los mis­mos. Aun­que en prin­ci­pio, su par­ti­ci­pa­ción es dene­ga­da a cau­sa de su pro­ble­ma audi­ti­vo, con su nota­ble estoi­cis­mo logra con­ven­cer a las auto­ri­da­des de incor­po­rar­lo en cali­dad de fotó­gra­fo volun­ta­rio; tes­ti­mo­nian­do lo que acon­te­ce pron­to com­prue­ba cómo su roman­ti­cis­mo gue­rre­ro cede paso a una som­bría realidad.

Mer­ced a la diná­mi­ca comu­ni­ca­ción enta­bla­da con Vik­tor median­te el len­gua­je de los sig­nos en idio­ma ruso, Sar­bil ha segui­do sus pasos a tra­vés del pro­ce­so de fil­ma­ción trans­cu­rri­do por espa­cio de casi dos años, expo­nien­do su his­to­ria así como sus vul­ne­ra­bi­li­da­des en la tarea emprendida.

Median­te imá­ge­nes cap­ta­das en blan­co y negro, el film se bene­fi­cia de una estu­pen­da viven­cia audio­vi­sual; en tal sen­ti­do el mane­jo del soni­do adquie­re rele­van­cia en este docu­men­tal y en tal aspec­to el direc­tor reco­no­ce la valio­sa cola­bo­ra­ción obte­ni­da por el equi­po de soni­do inte­gra­do por Nico­las Bec­ker, Keik­ki Kos­si y Peter Albrechtsen; es así que las téc­ni­cas de dise­ño sono­ro per­mi­ten que el espec­ta­dor que­de sumer­gi­do en el mun­do del valien­te camarógrafo.

Glo­bal­men­te con­si­de­ra­do Sar­bil trans­mi­te en este enco­mia­ble e ínti­mo docu­men­tal la resi­lien­cia, valor y deter­mi­na­ción de Vik­tor quien a pesar de su dis­ca­pa­ci­ta­ción audi­ti­va logra con su cáma­ra regis­trar los horro­res de la gue­rra que enlu­ta a su país.

La Liber­tad de Fie­rro (Méxi­co-Cana­dá-Gre­cia). Documentaries

Des­pués de que en 2009 el direc­tor y guio­nis­ta San­tia­go Estei­nou se impu­so sobre lo acae­ci­do en 1980 con el encar­ce­la­mien­to y con­de­na a muer­te del mexi­cano César Fie­rro, comen­zó a inte­re­sar­se por este caso, lo cual lo moti­vó a fil­mar en 2014 “Los Años de Fie­rro°, reca­pi­tu­lan­do los moti­vos que lle­va­ron a dicho indi­vi­duo a esta dra­má­ti­ca situación.

LA LIBER­TAD DE FIERRO

Es así que habien­do trans­cu­rri­do una déca­da, Estei­nou vuel­ve sobre el tema en La Liber­tad de Fie­rro al haber sido libe­ra­do en mayo de 2020 por haber sido sen­ten­cia­do por error. ¿Qué es lo que sien­te una per­so­na que reco­bra su liber­tad des­pués de haber esta­do ence­rra­do duran­te tan lar­go perío­do en la uni­dad Polansky, una pri­sión de máxi­ma segu­ri­dad del esta­do de Texas. don­de en sus últi­mas dos déca­das fue man­te­ni­do en com­ple­to aislamiento?

El film no hace refe­ren­cia a los aspec­tos lega­les que invo­lu­cró su arres­to por el ase­si­na­to de un taxis­ta mexi­cano come­ti­do en El Paso en febre­ro de 1979 al cual Fie­rro siem­pre mani­fes­tó su ino­cen­cia al no haber habi­do evi­den­cia con­cre­ta de ser el homi­ci­da; sólo si se sabe que has­ta 2019 esta­ba espe­ran­do su eje­cu­ción en el pabe­llón de la muer­te y que debi­do a su ape­la­ción y a un nue­vo estu­dio de su caso, la sen­ten­cia de muer­te que­dó anulada.

A tra­vés de todos estos años ha exis­ti­do una sóli­da amis­tad entre el docu­men­ta­lis­ta y Fie­rro y es así que en esta pelí­cu­la se pue­de obser­var cómo el direc­tor, en cier­ta for­ma se con­vier­te en una suer­te de tutor a par­tir del momen­to en que el ex pre­si­dia­rio, habien­do sido depor­ta­do de Texas, arri­ba a Méxi­co. Así, en la capi­tal mexi­ca­na, Estei­nou y otros ami­gos le pro­cu­ran alo­ja­mien­to y comi­da has­ta que pudie­ra des­en­vol­ver­se por su pro­pia cuen­ta, con­si­de­ran­do que duran­te su encie­rro fue des­pro­vis­to de cual­quier apren­di­za­je dado que esta­ba des­ti­na­do a morir.

El direc­tor sigue cada uno de sus pasos impo­nién­do­se al prin­ci­pio del esta­do aní­mi­co de Fie­rro al que para­dó­ji­ca­men­te le cues­ta adap­tar­se a la liber­tad exte­rior habien­do esta­do con­fi­na­do duran­te lar­go tiem­po en los muros de la cár­cel; entre otros aspec­tos, Estei­nou le ense­ña a mane­jar el telé­fono celu­lar que le es pro­vis­to, como asi­mis­mo poder encen­der y ope­rar un apa­ra­to de tele­vi­sión en esta épo­ca digital.

Sin des­bor­dar en un for­za­do sen­ti­men­ta­lis­mo, el docu­men­tal ilus­tra la visi­ta de Fie­rro a Ciu­dad Juá­rez, don­de había resi­di­do, encon­trán­do­se con algu­nos anti­guos cono­ci­dos de la zona, así como es cáli­da­men­te reci­bi­do por sus fami­lia­res. En tan­to, sin mucho futu­ro en dicha ciu­dad retor­na a la capi­tal azte­ca don­de siguió cur­sos de coci­na ade­más de prac­ti­car tai chi, una vía reco­men­da­ble para mejo­rar la salud men­tal y poder mane­jar mejor sus emociones.

A todas luces, se asis­te a un sobrio y con­mo­ve­dor docu­men­tal en el que el docu­men­ta­lis­ta pro­po­ne a su audien­cia un via­je emo­ti­vo jun­to a Fie­rro, hoy de 67 años de edad, a tra­vés de su rein­te­gro a la vida normal.

Ain­da Estou Aqui / I’m Still Here (Bra­sil-Fran­cia). Spe­cial Presentations

Para rei­vin­di­car la memo­ria colec­ti­va de un tris­te pasa­do his­tó­ri­co regis­tra­do en su tie­rra, el direc­tor bra­si­le­ño Wal­ter Salles retor­na exi­to­sa­men­te con este valio­so drama.

AIN­DA ESTOU AQUÍ

En el mag­ní­fi­co guión de Muri­lo Hau­ser y Hei­tor Lore­ga, la acción comien­za en 1971 en ple­na dic­ta­du­ra mili­tar de Bra­sil, pre­sen­tan­do al ex con­gre­sis­ta Rubens Pai­va (Sel­ton Mello), su espo­sa Euni­ce (Fer­nan­da Torres) y su fami­lia inte­gra­da por 4 hijas y un hijo de varia­da edad, vivien­do en Río de Janei­ro. En los pri­me­ros 35 minu­tos del rela­to se asis­te a un armo­nio­so núcleo fami­liar don­de nin­guno de sus inte­gran­tes ima­gi­na lo que sobre­ven­dría. El idí­li­co pano­ra­ma se ensom­bre­ce cuan­do tres miem­bros del ejér­ci­to se aper­so­nan al hogar de los Pai­va para lle­var al jefe de fami­lia a un inte­rro­ga­to­rio que no debe­ría insu­mir mucho tiem­po; a medi­da que las horas trans­cu­rren y Rubens no retor­na, el temor de Euni­ce comien­za a cun­dir, sobre todo cuan­do al poco tiem­po ella jun­to con su hija Elia­na de 12 años son for­za­das a acu­dir a un for­mal inte­rro­ga­to­rio que en reali­dad no lo es tal; mien­tras que la niña es libe­ra­da pron­ta­men­te, su madre es some­ti­da a una inten­sa humi­lla­ción y tor­tu­ra por espa­cio de varios días para pos­te­rior­men­te per­mi­tir­le regre­sar a su hogar.

Fren­te a su mari­do ausen­te, Euni­ce ini­cia con deses­pe­ra­ción una lucha des­ti­na­da a saber su para­de­ro. Es así que a par­tir de enton­ces, ella es exclu­si­va­men­te res­pon­sa­ble de sos­te­ner y man­te­ner uni­da a su fami­lia como asi­mis­mo se con­vier­te en una férrea acti­vis­ta defen­so­ra de los dere­chos huma­nos. El rela­to se tras­la­da a 1996, fecha en la que Euni­ce uni­da a sus hijos ya adul­tos cele­bran que el Poder Judi­cial de Bra­sil haya reco­no­ci­do la muer­te de Mar­ce­lo a los pocos días de haber sido secues­tra­do por los mili­ta­res. A todo ello la pelí­cu­la ilus­tra los regis­tros fíl­mi­cos de la fami­lia logra­dos por la hija mayor Vera (Valen­ti­na Hers­za­ge) con su cáma­ra Super 8. Como epí­lo­go de esta his­to­ria basa­da en acon­te­ci­mien­tos reales se obser­va a la fami­lia reu­ni­da en 2014 don­de Fer­nan­da Mon­te­ne­gro ‑la gran actriz de Cen­tral do Bra­sil (1998) y madre de Fer­nan­da Torres en la vida real- ani­ma a la frá­gil ancia­na Euni­ce pos­tra­da en silla de rue­das; rodea­da del clan fami­liar, ella obser­va la ale­gría ema­na­da por sus hijos y nie­tos revi­ta­li­zan­do el indes­truc­ti­ble lazo de los Pai­va como lo era antes de la des­apa­ri­ción de su patriarca.

Nue­va­men­te Salles, reafir­ma su talen­to narra­ti­vo con este subli­me y con­mo­ve­dor dra­ma humano imbui­do de indis­cu­ti­ble auten­ti­ci­dad y resal­ta­do por la excep­cio­nal carac­te­ri­za­ción logra­da por Torres como la madre cora­je capaz de mover mon­ta­ñas en su recla­mo de jus­ti­cia, ponien­do en evi­den­cia la cruel­dad del régi­men mili­tar que enlu­tó al país en los años 60 y 70.

El film deja un sabor amar­go cuan­do en los cré­di­tos fina­les se lee que nin­guno de los res­pon­sa­bles de los crí­me­nes come­ti­dos duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar fue enjui­cia­do como tam­po­co envia­do a prisión.

En suma, esta remar­ca­ble pelí­cu­la fue galar­do­na­da en el fes­ti­val de Vene­cia con el pre­mio al mejor guión com­par­ti­do por Hau­ser y Lorega.

Pol­vo Serán (Espa­ña-Ita­lia-Sui­za). Platform

El deli­ca­do tema de la euta­na­sia es mesu­ra­da­men­te con­si­de­ra­do por el rea­li­za­dor espa­ñol Car­los Marqués-Marcet.

POL­VO SERÁN

El dere­cho del indi­vi­duo a poner fin a su exis­ten­cia estan­do con­ven­ci­do de que no tie­ne ya más sen­ti­do seguir vivien­do con extre­ma­da dolen­cia físi­ca es un tópi­co que no con­ci­ta uná­ni­me adhe­sión; sin embar­go la his­to­ria rela­ta­da por Mar­qués-Mar­cet median­te su guión com­par­ti­do con Cla­ra Roquet y Coral Cruz adquie­re espe­cia­les carac­te­rís­ti­cas que logran con­ci­tar interés.

El rela­to está ambien­ta­do en Espa­ña en don­de resi­de el matri­mo­nio de edad madu­ra inte­gra­do por Clau­dia (Ange­la Moli­na), una actriz, y Fla­vio (Alfre­do Cas­tro), un direc­tor tea­tral. La armo­nía de la pare­ja se ve con­fir­ma­da a tra­vés de 40 años de exce­len­te con­vi­ven­cia con­yu­gal y es por ello que al estar Clau­dia afec­ta­da de un cán­cer ter­mi­nal, ese dolo­ro­so acon­te­ci­mien­to entur­bia la feli­ci­dad rei­nan­te. La situa­ción adquie­re un cli­ma de ten­sión cuan­do ella deci­de some­ter­se a una euta­na­sia a rea­li­zar­se en Sui­za para evi­tar su degra­da­ción corporal.

La deci­sión de Clau­dia es acom­pa­ña­da por la de su mari­do que a pesar de que él no enfren­ta nin­gún pro­ble­ma de salud debi­do al gran amor que le pro­fe­sa deci­de igual­men­te ser pasi­ble de una muer­te asis­ti­da para que ambos pue­dan reen­con­trar­se en el más allá. Natu­ral­men­te, esa dra­má­ti­ca deci­sión reper­cu­te en los hijos del matri­mo­nio don­de Vio­le­ta (Móni­ca Almi­rall), actuan­do como inter­me­dia­ria, es la úni­ca pri­mo­gé­ni­ta que tra­ta de com­pren­der la acti­tud de sus padres. No obs­tan­te el pate­tis­mo que emer­ge del tema tra­ta­do, el rea­li­za­dor con­si­gue ate­nuar las ten­sio­nes con momen­tos de con­vin­cen­te humor.

Abor­dan­do un tópi­co tan rele­van­te como el des­crip­to, Mar­qués-Mar­cet per­mi­te que su rela­to alcan­ce con­si­de­ra­ble enver­ga­du­ra emo­cio­nal sin caer en gol­pes bajos. Si algu­na obser­va­ción mere­ce este film es la incur­sión de algu­nos núme­ros musi­ca­les que aun­que bien coreo­gra­fia­dos solo per­si­gue brin­dar un cli­ma surrea­lis­ta que bien pudo haber sido evi­ta­do sin menos­ca­bar lo que se está con­tem­plan­do; de todos modos esta obser­va­ción de modo algu­noa menos­ca­ba el pro­fun­do huma­nis­mo que nutre a este historia.

Con la extra­or­di­na­ria actua­ción de la vete­ra­na Moli­na y del nota­ble Cas­tro ani­man­do el apa­sio­na­do amor de sus pro­ta­go­nis­tas y la irre­pro­cha­ble pues­ta escé­ni­ca del cineas­ta se asis­te a este genuino dra­ma sobre la muer­te asis­ti­da que per­sis­te en la men­te de la audien­cia una vez fina­li­za­da su proyección.

Por sus inne­ga­bles méri­tos, el film fue pre­mia­do como el mejor de los 10 pre­sen­ta­dos en Plat­form, la úni­ca sec­ción com­pe­ti­ti­va del Tiff.

Fil­mes Eva­lua­dos en el TIFF (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Ernest Cole, Lost and Found (Esta­dos Uni­dos). Documentaries

ERNEST COLE, LOST AND FOUND

El remar­ca­ble direc­tor hai­tiano Raoul Peck, quien fue­ra un des­ta­ca­do polí­ti­co en su país natal para dedi­car­se pos­te­rior­men­te al cine, ya ha dado mues­tras de su talen­to abor­dan­do per­so­na­li­da­des que con­si­de­ra­ron el tema de la dis­cri­mi­na­ción racial. Así en el docu­men­tal I Am Not Your Negro (2016) con­si­de­ró el pro­ble­ma del racis­mo en Esta­dos Uni­dos, a tra­vés de James Bald­win (1924 – 1987), un emi­nen­te escri­tor e inte­lec­tual afro­ame­ri­cano que dedi­có impor­tan­tes años de su vida a ana­li­zar este urti­can­te tema. En esta opor­tu­ni­dad Peck exa­mi­na al excep­cio­nal fotó­gra­fo suda­fri­cano Ernest Cole (1940 – 1990), exi­lia­do en Esta­dos Unidos.

En 2017 ha sido des­cu­bier­to en la bóve­da de un ban­co de Esto­col­mo más de 60 mil nega­ti­vos de fotos de Cole cap­ta­das en 35 milí­me­tros que se habían con­si­de­ra­do per­di­das; ese acon­te­ci­mien­to ha sido el moti­vo que ins­pi­ró a Peck para rea­li­zar este docu­men­tal. Para su imple­men­ta­ción el direc­tor ha ela­bo­ra­do un guión en base a escri­tos del artis­ta como asi­mis­mo reco­gien­do tes­ti­mo­nios de sus ami­gos y fami­lia­res y en espe­cial de la impor­tan­te cola­bo­ra­ción obte­ni­da de Les­lie Matlai­sa­ne, el sobrino de Cole quien tuvo a su car­go la super­vi­sión de las fotos halla­das en Sue­cia. En con­se­cuen­cia el film revi­ve a Cole a tra­vés de la remar­ca­ble voz del actor LaKeith Stan­fi­eld a car­go de la narración.

Des­de sus pri­me­ros años de exis­ten­cia Cole fue tes­ti­go de la humi­lla­ción y vejá­me­nes sufri­dos por la comu­ni­dad negra de Sudá­fri­ca quie­nes esta­ban obli­ga­dos a ganar­se su pan tra­ba­jan­do al ser­vi­cio de sus racis­tas patro­nes blan­cos. Su pasión por la foto­gra­fía moti­vó que su cáma­ra cons­ti­tu­ye­ra su ins­tru­men­to vital de tra­ba­jo y con ella fue cap­tan­do dra­má­ti­cas fotos refle­jan­do esa dis­cri­mi­na­ción. En 1966 se tras­la­da a New York y habien­do sido emplea­do por Drum Maga­zi­ne con­si­gue reco­pi­lar las fotos denun­cian­do el apartheid que fue­ron publi­ca­das en el libro Hou­se of Bon­da­ge, cuya gran reper­cu­sión lo con­vir­tió en uno de los gran­des artis­tas negros de su generación.

Sin embar­go, duran­te los pri­me­ros años de su estan­cia en la gran metró­po­li, don­de el país vive la lar­ga lucha del movi­mien­to por los dere­chos civi­les, el artis­ta cons­ta­ta que la segre­ga­ción racial hacia los afro­ame­ri­ca­nos no es muy dife­ren­te de la exis­ten­te en Sudá­fri­ca; eso lo vuel­ve a docu­men­tar con su cáma­ra al igual que en sus via­jes rea­li­za­dos a varias ciu­da­des de Esta­dos Unidos.

En esen­cia, Peck refle­ja la sole­dad y ais­la­mien­to que Cole expe­ri­men­ta al pro­pio tiem­po que sien­te una pro­fun­da nos­tal­gia por su tie­rra y el deseo de retor­nar aun­que es cons­cien­te que resul­ta impo­si­ble de hacer­lo. Simul­tá­nea­men­te el film ilus­tra los acon­te­ci­mien­tos acae­ci­dos duran­te ese perío­do en Sudá­fri­ca, así como el boi­cot inter­na­cio­nal al país por el detes­ta­ble sis­te­ma racial. Curio­sa­men­te, cuan­do nue­vos vien­tos soplan en el país afri­cano con el fin del apartheid y la libe­ra­ción de Nel­son Man­de­la en febre­ro de 1990, seis días des­pués un cán­cer cobra la vida de Cole.

El docu­men­ta­lis­ta logra un vibran­te film muy bien cons­trui­do y exce­len­te­men­te edi­ta­do por Ale­xan­dra Strauss a la vez que cons­ti­tu­ye un mere­ci­do home­na­je al memo­ra­ble artis­ta dejan­do un lega­do a las nue­vas gene­ra­cio­nes con sus anto­ló­gi­cas fotos. En los cré­di­tos fina­les se mani­fies­ta que Peck dedi­ca este tra­ba­jo “en memo­ria de todos aqué­llos que mue­ren en el exi­lio”.

Sad Jokes (Ale­ma­nia). Discovery

SAD JOKES

Des­pués de su logra­da ópe­ra pri­ma Bones and Names (2023) el direc­tor y guio­nis­ta Fabian Stumm rati­fi­ca su talen­to en su segun­do tra­ba­jo detrás de la cáma­ra y en el cual se reser­va el rol protagónico.

En su pró­lo­go el títu­lo del film hace una vaga refe­ren­cia a una rápi­da serie de chis­tes sin mucha gra­cia comen­ta­dos por varias per­so­nas, aun­que a lo lar­go del rela­to sí hay uno ver­da­de­ro alu­dien­do a que a un café depri­mi­do se lo pue­de deno­mi­nar “depres­so”. Dejan­do de lado dicho humor, la his­to­ria cobra vue­lo intro­du­cien­do a Joseph (Stumm), un direc­tor de cine gay que jun­to con su gran ami­ga Son­ya (Haley Loui­se Jones) com­par­ten la crian­za del hiji­to Pino (Jus­tus Meyer). Sin embar­go la fuer­te depre­sión que atra­vie­sa Son­ya moti­va a que deba retor­nar a la clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca y es así que su madre (Hil­de­gard Schroed­ter) se ocu­pa de cui­dar a Pino cuan­do Joseph debe ausen­tar­se del hogar.

Hay algu­nas razo­nes para que Joseph esté preo­cu­pa­do; por un lado tra­ta de supe­rar su rup­tu­ra sen­ti­men­tal con el joven Marc (Jonas Dass­ler) y en lo que con­cier­ne a su pro­fe­sión, el guión que ha escri­to para su pró­xi­mo film no satis­fa­ce a su fac­ti­ble pro­duc­tor (Godehard Gie­se). Para­le­la­men­te, él asis­te a la cla­se de pin­tu­ra a car­go de la pro­fe­so­ra Elin (Ulri­ca Flach) don­de cono­ce a Domi­nik (Knut Ber­ger), que se desem­pe­ña como mode­lo y con quien estan­do a pun­to de vin­cu­lar­se ínti­ma­men­te en su hogar duran­te una noche, el inten­to se ve malo­gra­do por los llan­tos de Pino.

En líneas gene­ra­les, el rea­li­za­dor con­ci­be una melan­có­li­ca come­dia dra­má­ti­ca narran­do las vici­si­tu­des de su cáli­do y afec­tuo­so pro­ta­go­nis­ta; en tal sen­ti­do, Stumm como actor refle­ja muy bien el sen­ti­mien­to que lo ani­ma a fin de lograr el equi­li­brio de sus ambi­cio­nes artís­ti­cas con la res­pon­sa­bi­li­dad de asu­mir la pater­ni­dad de mane­ra casi exclu­si­va debi­do al dete­rio­ro de la salud men­tal de Son­ya. El direc­tor per­mi­te asi­mis­mo el luci­mien­to de los inte­gran­tes de su elen­co don­de espe­cial­men­te se dis­tin­gue Flach que en una esce­na vuel­ca inten­si­dad emo­cio­nal reci­tan­do un monó­lo­go de La Pasión de Jua­na de Arco de Carl Dreyer.

En los rubros de pro­duc­ción se des­ta­can temas musi­ca­les de Johann Strauss, Cho­pin, Bach, Debussy, Mozart y Schu­mann, muy bien aso­cia­dos con el con­te­ni­do del relato.

Caught by the Tides (Chi­na). Spe­cial Presentations

CAUGHT IN THE TIDES

Jia Zhang-Ke, uno de los más impor­tan­tes repre­sen­tan­tes de la sex­ta gene­ra­ción de cineas­tas chi­nos, vuel­ve a des­lum­brar con esta admi­ra­ble pelí­cu­la don­de como en otros tra­ba­jos de su valio­sa fil­mo­gra­fía echa una mira­da sobre la trans­for­ma­ción vivi­da por Chi­na a lo lar­go de las últi­mas déca­das. Al hacer­lo ofre­ce un rela­to de fic­ción que mucho se ase­me­ja a un docu­men­tal en don­de su natu­ra­le­za con­tem­pla­ti­va nutri­da de pocos diá­lo­gos se apar­ta de las carac­te­rís­ti­cas que con­fi­gu­ran a una narra­ti­va tradicional.

El film tie­ne la par­ti­cu­lar carac­te­rís­ti­ca de haber sido roda­do a lo lar­go de dos déca­das por­que si bien la fil­ma­ción pro­pia­men­te dicha ha sido efec­tua­da hace dos años, Jia ha uti­li­za­do metra­jes resi­dua­les de sus anti­guas pelí­cu­las, inclu­yen­do Unk­nown Plea­su­res (2002). Es así que nue­va­men­te se asis­te a la inun­da­ción de varias ciu­da­des que van des­apa­re­cien­do a raíz del fun­cio­na­mien­to de la gigan­tes­ca repre­sa Tres Gar­gan­tas del río Yangtze, lo que moti­vó la reubi­ca­ción de sus habitantes.

A tra­vés de un guión del rea­li­za­dor com­par­ti­do con Wan Jiahuan la his­to­ria comien­za a prin­ci­pios de siglo en la nor­te­ña ciu­dad de Datong don­de se obser­va a un gru­po de muje­res bai­lar y can­tar ani­ma­da­men­te para tra­ba­ja­do­res jubi­la­dos. En ese gru­po se halla Quiao­qiao (Zhao Tao) una atrac­ti­va joven que man­tie­ne una román­ti­ca rela­ción con Brother Bin (Li Zhu­bin) quien al poco tiem­po se ale­ja de la ciu­dad en pro­cu­ra de un mejor tra­ba­jo en otra pro­vin­cia. Cuan­do con el paso de los años Quiao­qiao no tie­ne noti­cias de su ena­mo­ra­do empren­de una bús­que­da para poder reen­con­trar­se con él.

La odi­sea atra­ve­sa­da por esta mujer está exce­len­te­men­te logra­da por Zhao Tao quien par­ti­ci­pó en varias de las pelí­cu­las del rea­li­za­dor, sien­do su musa ins­pi­ra­do­ra como asi­mis­mo su espo­sa. La artis­ta inten­sa­men­te trans­mi­te la resi­lien­cia de Quia­qiao quien silen­cio­sa­men­te se va des­pla­zan­do a lo lar­go del país car­gan­do en su inte­rior las emo­cio­nes que expe­ri­men­ta al ir cons­ta­tan­do la gran trans­for­ma­ción eco­nó­mi­ca y social de su país. Ese mis­mo sen­ti­mien­to es el que cap­ta el rea­li­za­dor quien a lo lar­go de 20 años valién­do­se de sus cáma­ras ha segui­do a la mis­ma gen­te en dife­ren­tes regio­nes de Chi­na; en ese queha­cer el cineas­ta per­mi­te que su film efec­túe una remar­ca­ble refle­xión sobre la mane­ra en que el pasa­do ha influi­do en el pre­sen­te y qué es lo que pue­de vis­lum­brar sobre el futu­ro del gigan­tes­co país.

Con esta ori­gi­nal y pal­pi­tan­te obra, Jia prue­ba una vez más ser uno de los gran­des maes­tros del cine mundial.

The Subs­tan­ce (Gran Bre­ta­ña-Esta­dos Uni­dos-Fran­cia). Mid­night Madness

THE SUBS­TAN­CE

Des­pués de haber debu­ta­do en Reven­ge (2017), la rea­li­za­do­ra fran­ce­sa Cora­lie Far­geat vuel­ve a abor­dar el géne­ro de horror con The Subs­tan­ce, una impla­ca­ble sáti­ra ilus­tran­do has­ta qué pun­to cier­tas muje­res en la eta­pa de enve­je­ci­mien­to desean reco­brar la juven­tud de sus cuer­pos aun­que para ello ten­gan que ven­der su alma al dia­blo. Ese pac­to fáus­ti­co y su reper­cu­sión es lo que Far­geat ilus­tra a tra­vés de un rela­to que le pertenece.

Es muy gra­to apre­ciar el retorno de Demi Moo­re, pro­ba­ble­men­te en la mejor actua­ción de su carre­ra, ani­man­do a Eli­sa­beth Spar­kle; en el pasa­do ella fue una con­sa­gra­da actriz de Holly­wood, en tan­to que aho­ra acer­cán­do­se a los 50 años tie­ne a su car­go un pro­gra­ma tele­vi­si­vo de gim­na­sia, a la mane­ra de lo que ofre­cie­ra Jane Fon­da. Sin embar­go el cíni­co pro­duc­tor de la emi­sión (Denis Quaid) con­si­de­ra que ella ya está pasa­da de edad y por lo tan­to es nece­sa­rio reem­pla­zar­la por alguien mucho más joven.

Fren­te a esa con­tra­rie­dad Eli­za­beth ve agra­va­da su situa­ción des­pués de haber sufri­do un casi fatal acci­den­te de auto­mó­vil. En medio de su depre­sión se impo­ne de un extra­ño pro­gra­ma por el cual pue­de reju­ve­ne­cer­se median­te la apli­ca­ción de un pro­duc­to bio­quí­mi­co. Ella no duda en some­ter­se a tal expe­ri­men­to con­sis­ten­te en inyec­tar a su orga­nis­mo un líqui­do vis­co­so, la sus­tan­cia del títu­lo; para ello, debe­rá tener en cuen­ta cier­tas ins­truc­cio­nes pre­ci­sas por las que su cuer­po com­par­ti­rá la juven­tud desea­da por espa­cio de 7 días para vol­ver a su esta­do ori­gi­nal a la sema­na siguien­te, pro­si­guien­do con la mis­ma tra­yec­to­ria cada dos sema­nas. En prin­ci­pio todo mar­cha mara­vi­llo­sa­men­te don­de su doble es la joven Sue (Mar­ga­ret Qua­lley), que adquie­re rápi­da popu­la­ri­dad con su des­par­pa­jo, irre­ve­ren­cia y sim­pa­tía. Sin embar­go, lle­ga­do a un pun­to dado esa alter­na­da con­vi­ven­cia cor­po­ral atrae­rá serias com­pli­ca­cio­nes que no resul­ta apro­pia­do detallar.

Cier­ta­men­te Far­geat ofre­ce un rela­to femi­nis­ta en don­de que­da expues­ta la sis­te­má­ti­ca miso­gi­nia impe­ran­te en cier­tos sec­to­res del mun­do de Holly­wood; así no es extra­ño que muy pocas actri­ces de edad madu­ra como el caso de las bri­llan­tes sep­tua­ge­na­rias Meryl Streep y Glenn Clo­se como tam­bién en este caso Moo­re de 61 años, aún tie­nen opor­tu­ni­dad de ofre­cer su talen­to; es por ello que la idea cen­tral de la rea­li­za­do­ra en su voraz rela­to adquie­re autén­ti­ca realidad.

La remar­ca­ble con­cep­ción escé­ni­ca de la cineas­ta, su logra­da narra­ción y las excep­cio­na­les carac­te­ri­za­cio­nes logra­das por Moo­re y Far­geat cons­ti­tu­yen los fac­to­res esen­cia­les que valo­ri­zan a The Subs­tan­ce. No obs­tan­te sus méri­tos, los exce­sos de la bru­tal vio­len­cia impreg­na­da en la par­te final del rela­to gene­ran­do un abe­rran­te baño de san­gre, debe­rían haber sido evi­ta­dos dado que eso no habría alte­ra­do el pro­pó­si­to del film.