La Vio­len­cia Transgeneracional

THE THINGS YOU KILL. Cana­dá-Fran­cia-Polo­nia-Tur­quía, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Ali­re­za Kha­ta­mi. 110 minutos

Un intri­gan­te thri­ller psi­co­ló­gi­co es lo que se apre­cia en The Things you Kill, escri­to y diri­gi­do por el rea­li­za­dor ira­ní Ali­re­za Khatami.

Pre­ce­di­do por la bue­na aco­gi­da de sus dos pre­vios tra­ba­jos -Obli­vion Ver­ses (2017) y Terres­trial Ver­ses (2023)- este rea­li­za­dor ha crea­do expec­ta­ti­vas con este film que cier­ta­men­te lle­ga a fas­ci­nar en el recuen­to de una com­ple­ja his­to­ria de familia.

Ekin Koç

La pri­me­ra par­te del rela­to pre­sen­ta a Ali (Ekin Koç), un pro­fe­sor de lite­ra­tu­ra tur­co quien des­pués de 14 años trans­cu­rri­dos en Esta­dos Uni­dos regre­sa a su país natal don­de se desem­pe­ña tem­po­ra­ria­men­te en la uni­ver­si­dad de Anka­ra como tra­duc­tor del inglés al idio­ma tur­co. En esta eta­pa de su vida hay algu­nos pro­ble­mas que le inquie­tan; uno de ellos es el hecho de que su mujer vete­ri­na­ria Hazar (Hazar Ergüç­lü) anhe­la ser madre, pero él no pue­de satis­fa­cer­la dado que omi­te decir­le que el pro­ble­ma se debe a su bajo recuen­to de esper­mas; asi­mis­mo se evi­den­cia que él no se lle­va bien con su padre Hamit (Ercan Kesal), un hom­bre de natu­ra­le­za vio­len­ta que siem­pre mal­tra­tó a su madre Melahat (Aysen Sümer­can) quien des­de hace tiem­po se halla enfer­ma. La situa­ción adop­ta un giro dra­má­ti­co cuan­do su pro­ge­ni­to­ra sos­pe­cho­sa­men­te mue­re y Ali cree que su dece­so no fue casual sino que su padre la mató. En con­se­cuen­cia, ese hecho moti­va que se inten­si­fi­que el resen­ti­mien­to de Ali hacia Hamit a la vez que le ins­ti­ga un sen­ti­mien­to de venganza.

Con reve­la­cio­nes insos­pe­cha­das que se pro­du­cen en la con­ti­nua­ción del rela­to, lo cier­to es que el mis­mo adquie­re un giro sinies­tro; eso acon­te­ce cuan­do Ali con­tra­ta a Reza (Erkan Kolçak Kös­ten­dil), un foras­te­ro lle­ga­do a la zona, quien se ocu­pa del ári­do jar­dín que Ali posee en las afue­ras de la ciu­dad; sin embar­go la tarea de Reza impli­ca­rá algo más tras­cen­den­te dramáticamente..

No es pru­den­te anti­ci­par cómo evo­lu­cio­na esta his­to­ria, sal­vo men­cio­nar que entra en jue­go el inter­cam­bio de iden­ti­dad que se pro­du­ce entre Ali y Reza a tra­vés del ambi­guo víncu­lo que se esta­ble­ce entre ambos. Adop­tan­do en cier­tas esce­nas un rea­lis­mo mági­co, el cineas­ta pue­de lle­gar a des­con­cer­tar por saber si real­men­te Reza es un per­so­na­je real de esta tra­ma o si lo que acon­te­ce con Ali es pro­duc­to de su imaginación.

Más allá de los comen­ta­rios pre­ce­den­tes, según se hace saber en el mate­rial de pren­sa el direc­tor se ha ins­pi­ra­do en epi­so­dios vio­len­tos expe­ri­men­ta­dos en su pro­pia fami­lia. En tal sen­ti­do, Kha­ta­mi ha logra­do su pro­pó­si­to de rese­ñar cómo la vio­len­cia mas­cu­li­na pue­de trans­mi­tir­se gene­ra­cio­nal­men­te y la secue­la trau­má­ti­ca que con­lle­va al dejar heri­das emo­cio­na­les y psi­co­ló­gi­cas difí­ci­les de cicatrizar.

Aun­que sin empa­ti­zar con sus per­so­na­jes que cier­ta­men­te no son muy agra­da­bles, la actua­ción del elen­co cons­ti­tu­ye un ele­men­to vital que valo­ri­za a este psi­co­dra­ma. En ese aspec­to es mag­ní­fi­ca la carac­te­ri­za­ción de Koç trans­mi­tien­do acer­ta­da­men­te la cri­sis exis­ten­cial que le embar­ga así como el sen­ti­mien­to de cul­pa refle­ja­do en las ins­tan­cias fina­les del rela­to; a su lado igual­men­te es pon­de­ra­ble la labor Kös­ten­dil por la mane­ra sutil en que su impul­si­vo y vio­len­to per­so­na­je se infil­tra en la vida de Ali; el res­to del repar­to en pape­les de apo­yo es igual­men­te convincente.

En suma a tra­vés de esta atra­pan­te his­to­ria Kha­ta­mi per­mi­te a la audien­cia refle­xio­nar si real­men­te la vio­len­cia es un mal here­di­ta­rio. Jor­ge Gutman

Un Des­co­no­ci­do Gran Arquitecto

L’INCONNUE DE LA GRAN­DE ARCHE. Fran­cia-Dina­mar­ca, 2025. Un film de Stépha­ne Demoustier.104 minutos

Quien haya visi­ta­do París y pasea­do por el barrio de La Défen­se, el dis­tri­to finan­cie­ro más impor­tan­te de Euro­pa, segu­ra­men­te habrá apre­cia­do la majes­tuo­si­dad de su gran arco. Pre­ci­sa­men­te, la géne­sis de su cons­truc­ción y las vici­si­tu­des atra­ve­sa­das por su autor es lo que el cineas­ta Stépha­ne Demous­tier con­si­de­ra en L’Inconnue de la Gran­de Arche quien es tam­bién el res­pon­sa­ble del guión com­par­ti­do con Lau­ren­ce Cossé.

Claes Bang

La his­to­ria real que ha sido adap­ta­da del libro de Cos­sé La Gran­de Arche publi­ca­do en 2016 trans­por­ta al espec­ta­dor hacia comien­zos de 1983 cuan­do el enton­ces pre­si­den­te Fra­nçois Mit­te­rrand (Michel Fau) deci­dió embe­lle­cer la lumi­no­sa ciu­dad con una impor­tan­te obra arqui­tec­tó­ni­ca que lle­ga­ría a ser el famo­so Gran Arco de la Défen­se. Por lo tan­to se pro­ce­de a un lla­ma­do a con­cur­so en don­de uno de los pos­tu­lan­tes es el res­pe­ta­ble docen­te y arqui­tec­to danés de media­na edad Johan Otto von Sprec­kel­sen (Claes Bang), cuyo ante­ce­den­te en la mate­ria es el de haber cons­trui­do su casa y algu­nas igle­sias en su tie­rra natal; es así que a tra­vés de su pre­sen­ta­ción en la que ilus­tra una con­cep­ción inno­va­do­ra, este des­co­no­ci­do pro­fe­sio­nal en Fran­cia resul­ta el gana­dor de la competición.

A medi­da que va rea­li­zan­do el dise­ño de la obra Sprec­kel­sen al prin­ci­pio cuen­ta con el apo­yo de Mit­te­rrand como así tam­bién del talen­to­so arqui­tec­to local Paul Andreu (Swann Arlaud) y del téc­ni­co Jean-Louis Subilon (Xavier Dolan) que es el con­se­je­ro del pre­si­den­te. Vol­can­do su pasión per­fec­cio­nis­ta en esa tarea, su con­cep­ción de lo que él deno­mi­na El Cubo (otra deno­mi­na­ción del Gran arco) es sin embar­go obje­to de cier­tos obs­tácu­los; eso es debi­do a la inevi­ta­ble buro­cra­cia vigen­te, como asi­mis­mo a cier­tos intere­ses que entran en jue­go y tien­den a alte­rar el pro­ce­so crea­ti­vo del autor. Sin­tien­do deso­la­ción por lo que acon­te­ce el arqui­tec­to obtie­ne el incon­di­cio­nal sopor­te de su mujer Liv (un per­so­na­je fic­cio­nal ani­ma­do por Sid­se Babett Knudsen).

Los deta­lles de la cons­truc­ción así como el fer­vien­te deseo del arqui­tec­to de que su con­cep­ción no sea obje­to de cam­bio alguno, alcan­za un nivel de con­si­de­ra­ble ten­sión a par­tir del momen­to en que él comien­za a per­der el con­trol de su faraó­ni­ca obra.

Remar­ca­ble­men­te narra­do con inusi­ta­do rea­lis­mo por Demous­tier, el film ade­más se ve favo­re­ci­do por el inob­je­ta­ble desem­pe­ño de su elen­co así como por la mag­ní­fi­ca foto­gra­fía de David Cham­bi­lle y el logra­do dise­ño de pro­duc­ción de Cathe­ri­ne Cosme.

Como coro­la­rio de este even­to his­tó­ri­co, la iro­nía del des­tino hace que el exce­len­te arqui­tec­to fallez­ca en mar­zo de 1987 sin haber vis­to la con­clu­sión de su obra. El tra­ba­jo fue com­ple­ta­do por el arqui­tec­to Paul Andreu sien­do Mit­te­rand quien cele­bran­do el bicen­te­na­rio de la Revou­ción de Fran­cia inau­gu­ró el Arco de La Défen­se el 14 de julio de 1989. Jor­ge Gutman

El Arte Culi­na­rio Vietnamita

DANS LA CUI­SI­NE DES NGU­YEN. Fran­cia, 2024. Un film escri­to y diri­gi­do por Stépha­ne Ly-Cuong. 99 minutos

En su pri­mer lar­go­me­tra­je el direc­tor y guio­nis­ta fran­cés Stépha­ne Ly-Cuong de ascen­den­cia viet­na­mi­ta abor­da aspec­tos inhe­ren­tes a la cul­tu­ra de Viet­nam en la deli­cio­sa come­dia musi­cal Dans la cui­si­ne des Ngu­yen.

La his­to­ria con­ce­bi­da por el rea­li­za­dor trans­cu­rre en París don­de la joven Yvon­ne (Clo­til­de Che­va­lier) de ori­gen viet­na­mi­ta sue­ña con triun­far en la come­dia musi­cal en la medi­da que agra­cia­da por su agra­da­ble voz al can­tar sien­te la gran ale­gría de vivir. Como las opor­tu­ni­da­des de tra­ba­jar en dicho géne­ro no abun­dan, ella tra­ta de con­for­mar­se ento­nan­do can­cio­nes mien­tras pro­mo­cio­na la ven­ta de arro­lla­dos de pri­ma­ve­ra en un cen­tro comer­cial de la ciu­dad; asi­mis­mo median­te magros ingre­sos can­ta para una audien­cia infan­til en com­pa­ñía de su ami­ga Koko (Gaél Kamilindi).

Anh Tran-Nghia y Clo­til­de Chevalier

Al no ser com­pren­di­da en sus ambi­cio­nes artís­ti­cas por su novio, ella des­ha­ce su rela­ción y se des­pla­za para vivir en la casa de su madre (Anh Tran-Nghia) don­de trans­cu­rrió su infan­cia. La mujer que es due­ña de un res­tau­ran­te ubi­ca­do en las afue­ras de la ciu­dad, enviu­dó cuan­do Yvon­ne era peque­ña; es así que en ese enton­ces aban­do­nó Viet­nam para tras­la­dar­se a Fran­cia con el pro­pó­si­to de lograr un mejor por­ve­nir que even­tual­men­te lo con­si­guió tra­ba­jan­do duro y fir­me como exper­ta cocinera.

Con la lle­ga­da de Yvon­ne la madre la reci­be con ale­gría aun­que está en des­acuer­do que ella per­sis­ta con sus aspi­ra­cio­nes de actriz dado que según su cri­te­rio lo mejor sería que com­par­ta con ella la acti­vi­dad culi­na­ria; asi­mis­mo tam­bién desea que la joven pue­da casar­se con un viet­na­mi­ta y para eso le pre­sen­ta al gen­til Geor­ges (Chris­tophe Tek), con quien Yvon­ne sim­pa­ti­za, sin que su madre estu­vie­se al tan­to de su dife­ren­te orien­ta­ción sexual.

Lle­ga­do el momen­to en que se pre­sen­ta la opor­tu­ni­dad para un espec­tácu­lo musi­cal inti­tu­la­do Le tour du mon­de de Casa­no­va, Yvon­ne es eva­lua­da por el cele­bra­do direc­tor Phi­lip­pe Ver­non (Tho­mas Jolly) y por la coreó­gra­fa Ange­la (Cami­lle Japy) para inter­pre­tar un per­so­na­je oriental.

Par­te de la pelí­cu­la está vin­cu­la­da con la rela­ción esta­ble­ci­da entre madre e hija en don­de la pro­ge­ni­to­ra tra­ta de ense­ñar­le a Yvon­ne los ingre­dien­tes que se nece­si­tan para obte­ner los exce­len­tes man­ja­res culi­na­rios que sin duda cons­ti­tu­yen un fac­tor impor­tan­te de la cul­tu­ra viet­na­mi­ta; a pesar de la obs­ti­na­ción de la joven de no cam­biar el rum­bo que desea seguir en su vida, el direc­tor refle­ja ple­na­men­te el afec­tuo­so víncu­lo materno-filial.

El film cla­ra­men­te resal­ta los aspec­tos de iden­ti­dad que se pre­sen­tan para quie­nes como Yvon­ne per­te­ne­cen a la segun­da gene­ra­ción de inmi­gran­tes. Es así que el novel rea­li­za­dor trans­mi­te cómo se pue­de com­pa­ti­bi­li­zar la cul­tu­ra del país en que vive la joven con la de su madre para poder encon­trar un lugar en el mun­do. Asi­mis­mo, el direc­tor efec­túa una vela­da crí­ti­ca a los este­reo­ti­pos pre­va­le­cien­tes en Fran­cia con res­pec­to a la gen­te de ori­gen oriental.

Con gran habi­li­dad Ly-Cuong obtie­ne de su elen­co una remar­ca­ble auten­ti­ci­dad espe­cial­men­te por par­te de Che­va­lier actuan­do y can­tan­do así como de Tran-Nghia quien da la impre­sión de ser una ver­da­de­ra chef culi­na­ria. Agra­cia­da con la músi­ca com­pues­ta por Clo­vis Sch­nei­der y Thuy- Nhân Dao con letras del cineas­ta y Chris­ti­ne Khand­jian, el públi­co asis­te a una fres­ca y con­ta­gio­sa pelí­cu­la que sin duda cons­ti­tu­ye un buen ante­ce­den­te para Ly-Cuong cuan­do abor­de futu­ros pro­yec­tos. Jor­ge Gutman

Un Abru­ma­do Policía

INDOM­PTA­BLES. Came­rún-Fran­cia, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Tho­mas Ngi­jol. 81 minutos

En un rela­to de bre­ve narra­ción, Tho­mas Ngi­jol diri­ge y pro­ta­go­ni­za en Indom­pta­bles, un atrac­ti­vo thri­ller abor­dan­do para­le­la­men­te dos temas que trans­cu­rren en Yaun­dé, la capi­tal de Camerún.

Tho­mas Ngijol

La tra­ma que está libre­men­te basa­da en el docu­men­tal Un cri­me à Abid­jan (1999) de Mos­co Bou­cault, comien­za cuan­do el res­pe­ta­ble ofi­cial de poli­cía Zachary Billong (Ngi­jol) se diri­ge al ado­les­cen­te Arthur (Junior Bes­sa­la), uno de sus hijos, hacién­do­le saber que no debe deam­bu­lar en la ciu­dad duran­te las horas noc­tur­nas don­de pre­va­le­ce un ambien­te de inse­gu­ri­dad. Esen­cial­men­te, Zachary es un indi­vi­duo que asu­mien­do la res­pon­sa­bi­li­dad pater­nal con­si­de­ra fun­da­men­tal velar por la pro­tec­ción de los suyos, de acuer­do a la edu­ca­ción que él reci­bió de su pro­ge­ni­tor; es así que cuan­do el direc­tor de la escue­la don­de asis­te Arthur le comu­ni­ca a Zachary acer­ca del com­por­ta­mien­to indis­ci­pli­na­do de su hijo en una pelea que man­tu­vo duran­te el recreo esco­lar, él lo repren­de fuer­te­men­te como así tam­bién cri­ti­ca al direc­tor por no adop­tar un nivel edu­ca­ti­vo más severo.

Pro­fe­sio­nal­men­te, Zachary debe ocu­par­se de inves­ti­gar el ase­si­na­to de su cole­ga Albert Koun­de enca­ran­do esa tarea con la cola­bo­ra­ción de Patou (Bien­ve­nue Mvoe), uno de sus asis­ten­tes y de otros agen­tes poli­cia­les. Esa ruti­na lo lle­va a inte­rro­gar a varios indi­vi­duos con ante­ce­den­tes delic­ti­vos que pudie­ran estar invo­lu­cra­dos en el cri­men pero la bús­que­da de los ase­si­nos no se resuel­ve fácil­men­te, a la vez que que­dan evi­den­cia­dos los dis­cu­ti­bles pro­ce­di­mien­tos adop­ta­dos para extraer infor­ma­ción de los sospechosos.

Abru­ma­do por el cri­men, Billong debe afron­tar al mis­mo tiem­po la deli­ca­da situa­ción fami­liar en la que su mujer Odet­te (Thé­rè­se Ngono) lo incre­pa por­que ella cree que su méto­do estric­to de cui­dar a la fami­lia es a expen­sas del cari­ño que debe brin­dar­les y eso ha con­tri­bui­do a que Ade­li­ne (Aria­na Ntom­ba), la hija mayor pro­duc­to de un matri­mo­nio ante­rior, haya deja­do el hogar habién­do­se pros­ti­tui­do. Eso gene­ra ten­sio­nes en la rela­ción con­yu­gal en don­de Zachary en cier­to modo se encuen­tra atrapado.

Tan­to en la bús­que­da del cri­mi­nal como en su com­por­ta­mien­to como jefe de fami­lia, el rela­to deja entre­ver que la acti­tud rigu­ro­sa y mora­lis­ta de Billong no es pre­ci­sa­men­te la de un hom­bre auto­ri­ta­rio que pue­da eli­mi­nar su sen­ti­mien­to humanitario.

En la narra­ción de los temas plan­tea­dos, el rea­li­za­dor ofre­ce una visión de lo que acon­te­ce en la ciu­dad. En tal sen­ti­do, los cor­tes fre­cuen­tes de elec­tri­ci­dad, el embo­te­lla­mien­to impe­ran­te en las calles, el mar­ca­do des­em­pleo así como el con­su­mo de dro­gas de la juven­tud, son algu­nos de los fac­to­res que indi­rec­ta­men­te con­tri­bu­yen a la exis­ten­cia de una laten­te frus­tra­ción de la socie­dad que en algu­nos casos dege­ne­ra en acti­vi­da­des delictivas.

Aun­que sin explo­rar con mayor pro­fun­di­dad en los per­so­na­jes secun­da­rios, eso no ami­no­ra los fac­to­res resal­tan­tes del con­ci­so film; es así que la ajus­ta­da pues­ta escé­ni­ca del rea­li­za­dor, el buen elen­co en el que se des­ta­ca la exce­len­te actua­ción pro­ta­gó­ni­ca de Ngi­jol como el comi­sa­rio de hones­tos prin­ci­pios y la logra­da des­crip­ción docu­men­ta­lis­ta del ámbi­to social de un país en con­ti­nua evo­lu­ción, con­tri­bu­yen a cap­tar el inte­rés de la audien­cia. Jor­ge Gutman

Com­pli­ca­do Vincu­lo Amoroso

DREAMS. Méxi­co-Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Michel Fran­co. 100 minutos

Una con­flic­ti­va rela­ción amo­ro­sa entre un indo­cu­men­ta­do mexi­cano y una mujer ame­ri­ca­na per­te­ne­cien­te a una fami­lia adi­ne­ra­da es lo que con­si­de­ra el rea­li­za­dor mexi­cano Michel Fran­co en Dreams.

Tal como en otros títu­los de su fil­mo­gra­fía, el cineas­ta no elu­de el dolor o sufri­mien­to que emer­ge de las rela­cio­nes huma­nas en el rela­to que aquí esboza.

Isaac Her­nán­dez y Jes­si­ca Chastain

El comien­zo intri­ga en sus pri­me­ros minu­tos cuan­do Fer­nan­do (Isaac Her­nán­dez), un joven mexi­cano que ile­gal­men­te entró a Esta­dos Uni­dos, lle­ga a un edi­fi­cio ubi­ca­do en un sofis­ti­ca­do dis­tri­to de San Fran­cis­co habi­ta­do por gen­te de supe­rior con­di­ción eco­nó­mi­ca; inme­dia­ta­men­te el joven tie­ne la lla­ve para entrar al depar­ta­men­to de Jen­ni­fer McCarthy (Jes­si­ca Chas­tain), don­de al reen­con­trar­se ambos se entre­gan a un cru­do víncu­lo sexual. De ella se sabe que tra­ba­ja jun­to con su her­mano Jake (Rupert Friend) en la fun­da­ción filan­tró­pi­ca de su mul­ti­mi­llo­na­rio padre Michael (Marshall Bell) y es por las labo­res de esa ins­ti­tu­ción fomen­tan­do el arte en Méxi­co que lle­gó a cono­cer a Fer­nan­do, un exce­len­te bailarín.

En prin­ci­pio todo hace pre­su­mir que en esta pare­ja coexis­te no solo la avi­dez del deseo sexual sino tam­bién sin­ce­ro amor. Sin embar­go, las dife­ren­cias de cla­se, raza y de edad (ella lo dupli­ca en núme­ro de años) moti­van a que Jen­ni­fer se cui­de de ocul­tar públi­ca­men­te esa rela­ción. En la medi­da que Fer­nan­do se sien­te humi­lla­do al no ser acep­ta­do como novio y cono­cer asi­mis­mo a la fami­lia de Jen­ni­fer, deci­de regre­sar a Méxi­co. Cuan­do Jen­ni­fer va en su bús­que­da, la rela­ción adquie­re un carác­ter áspe­ro, en la medi­da que ella desea seguir el víncu­lo amo­ro­so en Méxi­co, mien­tras que Fer­nan­do ya no está dis­pues­to a con­ver­tir­se en un mero suje­to sexual sino que desea vivir y bai­lar en Esta­dos Uni­dos de mane­ra legal.

Des­de un aná­li­sis estric­ta­men­te social, Fran­co ilus­tra cómo la acción bene­fac­to­ra de la filan­tro­pía pue­de reco­no­cer cier­tos lími­tes, cuan­do el due­ño de la fun­da­ción, no obs­tan­te tra­tan­do de ayu­dar a los inmi­gran­tes, no acep­ta­ría que su hija pue­da ofi­cia­li­zar su noviaz­go con un mexi­cano indo­cu­men­ta­do de con­di­ción socio­eco­nó­mi­ca deci­di­da­men­te inferior.

Más allá de una pues­ta escé­ni­ca con­ven­cio­nal, la expo­si­ción del carác­ter tóxi­co que va adqui­rien­do la rela­ción sen­ti­men­tal des­crip­ta con­du­cen­te a una irre­pa­ra­ble vio­len­cia sexual, resul­ta un tan­to for­za­da sin lle­gar a sus­ci­tar la emo­ción nece­sa­ria que per­mi­ta empa­ti­zar con sus pro­ta­go­nis­tas; así, la sen­sua­li­dad gene­ra­da en el encuen­tro de dos cuer­pos que se unen para satis­fa­cer el deseo adquie­re un nivel de abso­lu­ta frialdad.

El lado favo­ra­ble de este tur­bu­len­to y eró­ti­co dra­ma es la remar­ca­ble actua­ción de sus intér­pre­tes pro­ta­gó­ni­cos. Jes­si­ca Chas­tain que había cola­bo­ra­do con el cineas­ta en Memory (2023) aquí rati­fi­ca su rai­gam­bre de actriz carac­te­ri­zan­do a la aman­te mani­pu­la­do­ra; por su par­te Isaac Fer­nán­dez ‑que es uno de los artis­tas de la dan­za más des­ta­ca­dos del mun­do- ade­más de delei­tar en las esce­nas en que par­ti­ci­pa como bai­la­rín, se reve­la como un remar­ca­ble actor carac­te­ri­zan­do al frus­tra­do aman­te que anhe­la con­cre­tar el sue­ño americano.

Se pue­de con­cluir que en el con­tex­to de la fil­mo­gra­fía Fran­co Dreams es una obra menor que no obs­tan­te sus alti­ba­jos se deja ver aun­que sin que lle­gue a tras­cen­der. Jor­ge Gutman