Agri­dul­ce Relato

JUNI­PER / LE PAS­SÉ RETRO­UVÉ. Nue­va Zelan­da, 2021. Un film escri­to y diri­gi­do por Matthew Savi­lle. 95 minutos

El actor neo­ze­lan­dés Matthew Savi­lle efec­túa su debut como direc­tor en Juni­per. Aun­que el tema aquí enfo­ca­do dis­ta de ser ori­gi­nal, el film atrae por la pre­sen­cia de la vete­ra­na artis­ta Char­lot­te Rampling.

Char­lot­te Rampling

Ella encar­na a Ruth, una mujer bri­tá­ni­ca de madu­ra edad quien habien­do sufri­do un acci­den­te que inmo­vi­li­zó una de sus pier­nas, su hijo Robert (Mar­ton Cso­kas) la trae des­de Ingla­te­rra jun­to con su enfer­me­ra Sarah (Edith Poor) a Nue­va Zelan­da don­de él resi­de. En el hogar tam­bién se encuen­tra Sam (Geor­ge Ferrier), el ado­les­cen­te hijo de Robert, quien ha sido expul­sa­do del inter­na­do don­de estu­dia­ba y que, enco­men­da­do por su padre que debe ausen­tar­se del país, tie­ne que cui­dar y asis­tir a la inva­li­da dama.

El foco de aten­ción estri­ba en la rela­ción que se esta­ble­ce entre Ruth y su nie­to. Esta mujer que fue una diná­mi­ca fotó­gra­fa en tiem­pos de gue­rra, aho­ra como adic­ta alcohó­li­ca se sien­te enor­me­men­te frus­tra­da por­que depen­de de una silla de rue­das para des­pla­zar­se con el agre­ga­do de tener una muy frá­gil salud; si bien acep­ta el ser­vi­cio que le pro­cu­ra la enfer­me­ra, en cam­bio demues­tra hos­que­dad hacia Sam y no tie­ne repa­ro en moles­tar­lo de mane­ra acer­ba cuan­do Sarah está ausen­te y es él quien tie­ne que aten­der­la. Como con­tra­par­te, el mucha­cho que no pue­de dejar de sen­tir su pro­fun­da pena por la muer­te de su madre y mani­fes­tan­do una pre­dis­po­si­ción sui­ci­da, está lejos de sopor­tar a su abue­la; sin embar­go la ani­mo­si­dad y males­tar ini­cial entre estos dos seres de dife­ren­te gene­ra­ción se sub­sa­na con el correr de los días al for­jar­se una cone­xión nutri­da de cariño.

En la medi­da que no hay sor­pre­sa algu­na de lo que pos­te­rior­men­te sobre­vie­ne dado que casi todo resul­ta pre­vi­si­ble, Savi­lle obvia ese obs­tácu­lo enri­que­cien­do su rela­to a tra­vés de diá­lo­gos mor­da­ces y por la diná­mi­ca fami­liar que logra gene­rar entre la abue­la y Sam. Mien­tras que él tra­ta de que la ancia­na se aco­mo­de de la mejor mane­ra posi­ble a la con­di­ción en que se encuen­tra, ella a su vez lo ani­ma para vis­lum­brar la vida positivamente.

El vigor de este agri­dul­ce rela­to des­can­sa en las inter­pre­ta­cio­nes ofre­ci­das por sus dos pro­ta­go­nis­tas. Ram­pling, así como lo ha demos­tra­do a lo lar­go de seis remar­ca­bles déca­das de carre­ra pro­fe­sio­nal, rati­fi­ca una vez más ser una bri­llan­te actriz en la carac­te­ri­za­ción que aquí ofre­ce de su per­so­na­je; a tra­vés de sus ges­tos, mira­das, diá­lo­gos y silen­cios va sir­vien­do al rela­to has­ta su tris­te y emo­ti­vo des­en­la­ce. Por su par­te el joven Ferrier, sin sen­tir­se inti­mi­da­do, por la gran intér­pre­te, brin­da una muy gra­ta impre­sión ani­man­do al dís­co­lo y per­tur­ba­do mucha­cho que es res­ca­ta­do de su ten­den­cia auto­des­truc­ti­va gra­cias a la logra­da comu­ni­ca­ción enta­bla­da con Ruth.

Sin caer en un gra­tui­to sen­ti­men­ta­lis­mo el novel direc­tor brin­da un peque­ño film gra­to de ver y valo­ri­za­do visual­men­te por la foto­gra­fía de Marty Williams cap­tan­do los inte­rio­res don­de trans­cu­rre la mayor par­te de rela­to y la belle­za pano­rá­mi­ca de Nue­va Zelan­da. Jor­ge Gutman