DEUX PIANOS. Francia, 2025. Un film de Arnaud Desplechin. 115 minutos
El realizador Arnaud Desplechin deja a un lado experiencias personales que caracterizan algunos títulos de su filmografía para relatar en Deux Pianos un melodrama que sin ser excepcional despierta interés.
El comienzo del relato concebido por el realizador con Kamen Velkovsky, ofrece cierta intriga observando a un joven matrimonio integrado por Pierre (Jeremy Lewin) y Claude (Nadia Tereszkiewicz) donde él le relata una anécdota judía sobre una pareja separada que logra reunirse.

François Civil
De inmediato la trama se centra en Mathias (François Civil), un dotado pianista de aproximadamente 30 años que regresa a su ciudad natal de Lyon tras haber vivido 8 años en Tokio desempeñándose como docente musical. Su retorno se debe por haber sido convocado por su mentora, la veterana y aplaudida pianista Elena (Charlotte Rampling). Apreciando el virtuosismo musical de Mathias, Elena desea que juntos ofrezcan un concierto a dos pianos, que constituirá para ella el último porque ha decidido efectuar su retiro de la actividad artística. Después del cálido encuentro, comienzan los ensayos en donde Elena considera que algo extraño acontece con Mathias en la medida que no vuelca la vitalidad necesaria que emerge de la partitura. Es así que a primera vista, su comportamiento parecería delatar que algo serio lo está atormentando.
El relato adquiere cierta tensión dramática cuando dos factores alteran la existencia de Mathias. Uno de ellos se produce cuando en un parque observa a un niño (Valentin Picard) que le llama la atención al notar que se parece exactamente a cuando él tenía su misma edad. Otro aspecto que lo llega a perturbar hasta producir su desmayo es cuando circunstancialmente ve a Claude; es así que se evidencia que en el pasado entre ambos existió un apasionado vínculo sentimental y que quedó trunco cuando él partió a Japón.
No obstante que podría aplicarse el refrán de que “donde hubo fuego cenizas quedan” la persistencia del amor de antaño produce un efecto curiosamente traumático en la vida de Mathias en donde su actitud autodestructiva repercute desfavorablemente en su emprendimiento musical; en tal sentido, su afable agente (Hippolyte Girardot) que cree en su talento trata de ayudarlo, así como cuenta con el cariño de su entrañable madre (Anne Kessler).
Sin entrar a detallar la prosecución de esta historia, Desplechin se vale de un guión que no alcanza a explicar claramente el exilio voluntario de su protagonista, cuál fue el verdadero vínculo existente entre él y Pierre que fuera considerado su amigo, como tampoco queda claro el comportamiento ambiguo de Claude.
A su favor, el film se sostiene por la irreprochable puesta escénica de Desplechin y por haber reunido un remarcable elenco. En ese aspecto Civil además de destacarse caracterizando al atormentado artista se luce como dotado pianista; resulta meritorio el competente desempeño de Tereszkiewicz, así como en roles de apoyo son convincentes las actuaciones de Girardot, Kessler y Alba Gaia Bellugi como la hermana menor de Pierre. Mención especial merece la sublime presencia de Rampling quien caracterizando estupendamente a su personaje, constituye el principal motivo de atracción en la primera parte de esta historia.
Técnicamente, trasciende la música de Grégoire Hetzet y teniendo en cuenta la gravitación que adquiere en el film, resulta agradable la ejecución de fragmentos de renombrados compositores tales como Bach, Chopin y Schubert, entre otros.
Con ciertos desniveles narrativos, la película es una obra menor en la filmografía de Desplechin pero que de todos modos su visión resulta atractiva. Jorge Gutman