L’ENFANT BÉLIER / THE SILENT RUN. Bélgica-Canadá, 2025. Un film de Marta Bergman. 95 minutos.
Un ominoso evento que tuvo lugar en Bélgica en 2018 es reproducido por la directora Marta Bergman en L’Enfant Bélier reflejando el problema de los refugiados y el accionar de la policía intentando detenerlos.

Zbeida Belhajamor y Abdal Razak Alsweha
El articulado guión preparado por la cineasta escrito con Camille Mol, Ely Chevillot y Sacha Ferbus introduce a la familia migrante integrada por Sara (Zbeida Belhajamor), Adam (Abdal Razak Alsweha) y la hijita Clara (Clara Toros) de dos años. Provenientes de Alepo han dejado los horrores de la convulsionada Siria llegando a Bélgica como migrantes ilegales. Después de acampar en una reducida tienda de campaña, mediante contrabandistas locales ansían llegar a Inglaterra como meta final.
Simultáneamente se observa a la policía encargada de controlar la migración clandestina, en donde entre otros se hallan el detective Redouine (Salim Kechiouche) con más de 20 años de servicio y sus colegas Kevin (Yoann Zimmer) y Patrick (Michael Abitebout).
Merced a una investigación minuciosa efectuada por la cineasta, el film ilustra los procedimientos técnicos desplegados por la policía belga para localizar los vehículos en el que son transportados migrantes indocumentados.
El relato adquiere considerable impacto cuando en horas nocturnas la furgoneta conducida por los traficantes transportando a Sara, Adam, Clara y otros refugiados, es detectada por la brigada policial. En un clima de máxima tensión, los dos vehículos circulando por la ruta a máxima velocidad llegan a enfrentarse y es entonces que el veterano Redouine desempuña su arma y dispara a la camioneta de los contrabandistas llegando a herir gravemente a la pequeña Clara, produciendo eventualmente su deceso.
La tragedia produce la desesperación de Sara que en principio rehúsa aceptar que su hija muríó así como la del consternado Adam. Paralelamente, se observa cómo Redouine es encarado por sus superiores aconsejándole que sea protegido por un abogado, argumentando su desempeño en el cumplimiento de su deber. A su vez, el comunicado oficial es desvirtuado al señalar que la criatura murió a causa de una caída producida en el vehículo transportado. Lo más irónico de esta triste realidad resulta cuando la primera ministra belga (Natali Broods) ofrece sus condolencias a los doloridos padres y además les ofrece como compensación un permiso de “permanencia transitoria” en Bélgica.
Filmado con notable sobriedad, la directora con su ponderable puesta escénica en la que evita recurrir a un artificioso sentimentalismo logra un poderoso drama sustentado por un sólido elenco. Además de la remarcable actuación de Belhajamor viviendo la horrenda pesadilla de la madre de Clara, es igualmente loable el desempeño de Kechiouche transmitiendo en su personaje el cargo de culpa que lo abate por haber sido el causante del crimen.
Con un tema que ciertamente adquiere resonancia actual frente a la completa deshumanización suscitada por la política migratoria de ciertos países que no es necesario mencionarlos, Bergman deja entrever una velada crítica a un sistema de justicia en el que queda absuelta la irresponsable actuación de las fuerzas del orden al desvirtuar la veracidad de lo realmente acontecido. Jorge Gutman