Una Som­bría Realidad

BARRIO TRIS­TE. Colom­bia-Esta­dos Uni­dos, 2025. Un film escri­to y diri­gi­do por Stillz. 84 minutos

Den­tro del pano­ra­ma del cine de Amé­ri­ca Lati­na se des­ta­ca Barrio Tris­te; se tra­ta de una pro­pues­ta deci­di­da­men­te arries­ga­da del novel direc­tor colom­biano Stillz (su nom­bre ver­da­de­ro es Matías Váz­quez) en la que su audaz con­cep­ción se entre­mez­cla con su radi­cal aspec­to visual.

Una esce­na de BARRIO TRISTE

Argu­men­tal­men­te, la his­to­ria guio­ni­za­da por el rea­li­za­dor está ambien­ta­da en la zona peri­fé­ri­ca de Mede­llín hacia fines de la déca­da del 80. Allí, un repor­te­ro pro­ce­de a gra­bar con su cáma­ra la apa­ri­ción de cier­tas luces mis­te­rio­sas que los veci­nos de la zona avis­tan en horas noc­tur­nas y que pare­cie­ra que pro­vie­nen de extra­te­rres­tres. De inme­dia­to unos ado­les­cen­tes de cabe­zas rapa­das se apro­pian del equi­po del perio­dis­ta y comien­zan a gra­bar su pro­pia reali­dad que está con­fi­gu­ra­da por sus robos come­ti­dos para sobre­vi­vir, la cama­ra­de­ría exis­ten­te entre ellos así como los sen­ti­mien­tos que los ani­man tra­tan­do de huir de su pro­pia mar­gi­nal existencia.

Des­de una ópti­ca social, el pano­ra­ma des­crip­to es deci­di­da­men­te som­brío don­de pare­cie­ra que esos chi­cos están exclui­dos del medio en que habi­tan; es así que las fecho­rías rea­li­za­das cons­ti­tu­yen su res­pues­ta al con­vi­vir en un ambien­te hos­til que les nie­ga la posi­bi­li­dad de inte­grar­se a una vida decen­te y en don­de fre­cuen­te­men­te impe­ra la violencia.

Si bien temá­ti­ca­men­te el film resul­ta atra­yen­te, su con­fi­gu­ra­ción frag­men­ta­da carac­te­ri­za­da por una dis­lo­ca­da narra­ción y en cier­tos casos incon­sis­ten­te moti­va a que en gene­ral no pue­da exis­tir la cone­xión nece­sa­ria con las des­ven­tu­ras vivi­das por sus per­so­na­jes; con todo, hay una esce­na en la que un cama­ró­gra­fo entre­vis­ta a un mucha­cho del gru­po quien a tra­vés de su ros­tro ape­na­do expre­sa su soli­ta­ria y deses­pe­ra­da exis­ten­cia sin vis­lum­brar un cla­ro porvenir.

Visual­men­te Stillz ha uti­li­za­do un for­ma­to de video que recu­rre al sis­te­ma de “metra­je encon­tra­do” con mate­ria­les de archi­vos que dan la sen­sa­ción de rea­lis­mo no obs­tan­te ser fic­ti­cios. La acu­mu­la­ción de imá­ge­nes difu­sas cap­ta­das por el direc­tor en su con­di­ción de fotó­gra­fo pro­du­ce extra­ñas sen­sa­cio­nes den­tro de una ambien­ta­ción atmos­fé­ri­ca que en cier­tos casos alu­de al géne­ro fantástico.

En cuan­to a su elen­co inte­gra­do por acto­res no pro­fe­sio­na­les resul­ta difí­cil iden­ti­fi­car quién es quien; en todo caso los per­so­na­jes inter­pre­ta­dos por Juan Pablo Bae­na, Samuel Andrés Celis, Jor­ge Cano, Brahian Ace­ve­do y Joan Casas se desem­pe­ñan con total convicción..

Cier­ta­men­te, aquí se apre­cia una expe­ri­men­tal pelí­cu­la trans­gre­so­ra e irre­ve­ren­te que pue­de no ser acep­ta­da por una masi­va audien­cia; de todos modos cabe reco­no­cer la pro­po­si­ción auto­ral del cineas­ta quien con su liber­tad crea­ti­va expo­ne la reali­dad de un barrio deci­di­da­men­te tris­te tal como lo anti­ci­pa su títu­lo. Jor­ge Gutman