TIFF 2026-Fil­mes Eva­lua­dos (2)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Memo­ries of a Forest (Ale­ma­nia-Aus­tria)

Des­ta­can­do la pre­sen­cia de nue­vos rea­li­za­do­res, la sec­ción Dis­co­very del TIFF ha pro­gra­ma­do esta ópe­ra pri­ma de Katha­ri­na Rabl que ha sido su tra­ba­jo de gra­dua­ción de estu­dios cine­ma­to­grá­fi­cos en fil­mes docu­men­ta­les rea­li­za­dos en la Uni­ver­si­dad de Munich.

MEMO­RIES OF A FOREST

El guión de Rabl escri­to con Kar­la Cris­to­bal, enfo­ca a Frie­da (Julia Win­disch­bauer), una joven estu­dian­te aus­tría­ca que está en vías de escri­bir su tesis de doc­to­ra­do con la pers­pec­ti­va de obte­ner un pues­to de asis­ten­te de inves­ti­ga­ción en la pres­ti­gio­sa Uni­ver­si­dad de Vie­na. Cuan­do ines­pe­ra­da­men­te reci­be la noti­cia del falle­ci­mien­to de su que­ri­da abue­la, regre­sa a su pue­blo natal de Rech­nitz, una zona de pla­ni­cies y mon­ta­ñas, cre­yen­do que per­ma­ne­ce­rá no más de dos días.

Gran­de es su sor­pre­sa al ente­rar­se de que la difun­ta le ha deja­do como heren­cia 15 hec­tá­reas de bos­que de abe­tos. Dado que sus pro­ge­ni­to­res Johan­na (Johan­na Orsi­ni) y Ale­xan­der (Domi­nik War­ta) atra­vie­san serias difi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas, su madre que se ocu­pa­ba a tiem­po com­ple­to de su abue­la, desea ven­der el terreno a lo que Frie­da en prin­ci­pio se opo­ne. Es así que dada la situa­ción rei­nan­te la per­ma­nen­cia de Frie­da se pro­lon­ga en la medi­da que sien­te la nece­si­dad de ayu­dar eco­nó­mi­ca­men­te a sus padres. Para ese pro­pó­si­to ella se vin­cu­la con su ami­go de infan­cia Frie­drich (Lukas Wal­cher) para talar algu­nos árbo­les y ven­der las made­ras obte­ni­das a fin de ali­viar la ten­sión exis­ten­te en el seno fami­liar. Sin embar­go una gran pla­ga de esca­ra­ba­jos afec­ta la cor­te­za, sur­gien­do por con­si­guien­te la duda de si la heren­cia reci­bi­da le resul­ta­rá rentable.

El foco cen­tral del bien cons­trui­do rela­to estri­ba en la heren­cia fami­liar a tra­vés de gene­ra­cio­nes refle­jan­do el peso que aca­rrea Frie­da en deci­dir cuál camino habrá de seguir; por una par­te es optar por una aus­pi­cio­sa carre­ra aca­dé­mi­ca, en tan­to que por la otra es su deber moral de devol­ver algo a sus padres siguien­do los mis­mos pasos de su abue­la que renun­ció a una carre­ra pro­fe­sio­nal para dedi­car­se a la explo­ta­ción del terreno.

Con una narra­ción con­te­ni­da a la vez que sutil Rabl con­si­gue que el rela­to atra­pe, refor­za­do por un sóli­do elen­co enca­be­za­do por la impe­ca­ble actua­ción de Win­disch­bauer. Asi­mis­mo nota­ble es la visión cua­si docu­men­tal de la direc­to­ra agra­cia­da por la des­lum­bran­te foto­gra­fía de Jacob Kohl al cap­tar la natu­ra­le­za de la rural fores­ta que se con­vier­te en un per­so­na­je adi­cio­nal del film.

Soy Mario (Méxi­co)

En su pri­mer lar­go­me­tra­je como rea­li­za­do­ra la actriz mexi­ca­na Sha­ron Klein­berg enca­ra el deli­ca­do tema de la iden­ti­dad gené­ri­ca des­de una visión dis­tin­ti­va tenien­do como pro­ta­go­nis­ta a un per­so­na­je tran­se­xual. Lo que aquí se con­tem­pla es pro­duc­to de un tra­ba­jo de inves­ti­ga­ción que la direc­to­ra efec­tuó duran­te varios años entre­vis­tan­do a per­so­nas trans per­mi­tien­do que su ela­bo­ra­do guión adquie­ra com­ple­ta autenticidad.

SOY MARIO

La his­to­ria pre­sen­ta al cua­dra­ge­na­rio Mario (Ous­tin de León), que nació y fue bau­ti­za­da como mujer de nom­bre María. Habien­do rea­li­za­do su tran­si­ción mas­cu­li­na, se com­por­ta como tal y es así que como taxis­ta de pro­fe­sión no hay ves­ti­gio alguno que denun­cie su trans­for­ma­ción en su tra­to con el medio que lo rodea, fun­da­men­tal­men­te mas­cu­lino. Natu­ral­men­te que sus dos her­ma­nas (Fer­nan­da Rive­ra, May­ra Bata­lla) como su madre (Mer­ce­des Her­nán­dez) con quie­nes él con­vi­ve saben de su transexuaidad.

La situa­ción adop­ta un giro ines­pe­ra­do cuan­do la doc­to­ra que atien­de a Mario des­cu­bre que está emba­ra­za­do. Si bien ese hecho en cier­ta for­ma satis­fa­ría el deseo de ser padre, él se ve obli­ga­do a ocul­tar su situa­ción tenien­do en cuen­ta los pre­jui­cios exis­ten­tes de la socie­dad machis­ta fren­te a la impe­ran­te des­igual­dad gené­ri­ca. Si bien en prin­ci­pio tra­ta de recu­rrir a un abor­to, final­men­te cam­bia su deci­sión aun­que es cons­cien­te de que lle­ga­rá el momen­to en que su aspec­to físi­co no podrá ser disi­mu­la­do fre­ne a sus colegas.

Si bien cabe en el espec­ta­dor la pre­gun­ta de si es posi­ble que una per­so­na tran­se­xual mas­cu­li­na pue­da con­ce­bir, la situa­ción de Mario bio­ló­gi­ca­men­te es fac­ti­ble en la medi­da que su iden­ti­dad gené­ri­ca no afec­ta sus órga­nos reproductivos.

La novel cineas­ta ha logra­do una exce­len­te narra­ti­va abor­dan­do con suma deli­ca­de­za los efec­tos socia­les que aca­rrea el emba­ra­zo de Mario evi­tan­do por com­ple­to que el rela­to pue­da caer en un arti­fi­cial sen­ti­men­ta­lis­mo. Cla­ro está que en gran medi­da la vita­li­dad del film es debi­do a la exce­len­te inter­pre­ta­ción que Ous­tin de León ofre­ce en el rol pro­ta­gó­ni­co tenien­do en cuen­ta que no se tra­ta de un actor pro­fe­sio­nal; sien­do real­men­te un hom­bre tran­se­xual, él vuel­ca con espon­tá­nea natu­ra­li­dad y remar­ca­ble inten­si­dad los sen­ti­mien­tos de un hom­bre de noble huma­ni­dad que fren­te a la cir­cuns­tan­cia espe­cial que atra­vie­sa encuen­tra la nece­sa­ria for­ta­le­za para con­tra­rres­tar su vul­ne­ra­bi­li­dad A su lado se lucen Mer­ce­des Her­mán­dez como la com­pren­si­va madre Inés que apo­ya a su hijo, Ruth Ramos carac­te­ri­zan­do a Jes­si­ca, el inte­rés sen­ti­men­tal de Mario aun­que la rela­ción no fruc­ti­fi­ca al saber de su ges­ta­ción y Héc­tor Kotsi­fa­kis ani­man­do a Joa­quín, uno de los cole­gas del pro­ta­go­nis­ta con quien man­tie­ne un espe­cial vínculo.

Con su elo­gia­ble ópe­ra pri­ma, Klein­berg gene­ra con­si­de­ra­ble expec­ta­ti­va en sus futu­ros pro­yec­tos fílmicos.

Amor es el Mons­truo (Cos­ta Rica-Perú-Panamá-Chile-México)

Des­pués haber pre­sen­ta­do en el TIFF Por las Plu­mas (2013) y Cas­cos Indo­ma­bles (2018), el direc­tor cos­ta­rri­cen­se Neto Villa­lo­bos Bre­nes retor­na al fes­ti­val con Amor es el Mons­truo.

AMOR ES EL MONSTRUO

De lo que el rea­li­za­dor ha mani­fes­ta­do a la pren­sa este film nace de una nece­si­dad muy per­so­nal de hablar sobre su falle­ci­da madre que en la medi­da de que su vida se vol­vía más difi­cul­to­sa, ella encon­tró en su nie­ta la fuer­za nece­sa­ria para seguir viviendo.

La his­to­ria ambien­ta­da en un país lati­no­ame­ri­cano, adop­ta un tono de mis­te­rio y sus­pen­so en el mar­co de una socie­dad futu­ris­ta frag­men­ta­da don­de la vida es peli­gro­sa y con­tro­la­da. El guión del cineas­ta escri­to con Die­go van der Laat pre­sen­ta a una madre (Nata­la Regi­dor) y su hiji­ta de seis años (Glo­ria­na Var­gas) vivien­do en El Perí­me­tro, una amplia zona cer­ca­da y super­vi­sa­da por guar­dia­nes de mane­ra que ellas al igual que los que allí habi­tan estén fue­ra de cual­quier peli­gro. Es ahí don­de la abue­la de la niña (Pau­li­na Gar­cia), una sep­tua­ge­na­ria que es cons­cien­te que no le que­da mucho por vivir, visi­ta a su ado­ra­da nie­ti­ta con la que ambas encuen­tran el gran pla­cer que las une cuan­do están jun­tas. A tra­vés de algu­nos inci­den­tes que ocu­rren la rela­ción de la abue­la con su hija se dete­rio­ra, sobre todo cuan­do ella con­tra­ta a una niñe­ra (Eric­ka Reiken­dorf) para cui­dar en su ausen­cia a la niña.

El núcleo dra­má­ti­co del rela­to se pro­du­ce cuan­do en una sali­da de la abue­la con su nie­ta, la ancia­na la pier­de de vis­ta lo que moti­va su deses­pe­ra­ción por hallar­la. A par­tir de allí, la his­to­ria refle­ja la odi­sea de la ancia­na que nutri­da de nobles sen­ti­mien­tos recu­rre a medi­das extre­mas con tal de recu­pe­rar a la pequeña.

Adop­tan­do una esté­ti­ca dis­tó­pi­ca, la narra­ti­va de Villa­lo­bos logra que el film atrai­ga al espec­ta­dor, a tra­vés de un audaz plan­teo que cier­ta­men­te moti­va la dis­cu­sión, acer­ca de si realís­ti­ca­men­te es fac­ti­ble de que el amor pue­da trans­for­mar­se en impla­ca­ble vio­len­cia. En todo caso la gra­vi­ta­ción de esta his­to­ria radi­ca en la extra­or­di­na­ria carac­te­ri­za­ción que la estu­pen­da actriz Pau­li­na Gar­cía logra en el per­so­na­je pro­ta­gó­ni­co, con­ver­ti­do en el cen­tro de un gra­ve con­flic­to moral.

La Liber­tad Doble (Chi­le-Argen­ti­na-Luxem­bur­go-Ale­ma­nia-Gran Bretaña)

Lisan­dro Alon­so con su pri­mer lar­go­me­tra­je La Liber­tad rea­li­za­do en 2001 emer­gió como un nota­ble rea­li­za­dor del nue­vo cine argen­tino, rela­tan­do de mane­ra mini­ma­lis­ta y con hip­nó­ti­cas imá­ge­nes el dia­rio vivir de un leña­dor en una zona ais­la­da de la pro­vin­cia argen­ti­na La Pam­pa. Actual­men­te, con el mis­mo per­so­na­je y actor que lo carac­te­ri­za Alon­so retor­na con La Liber­tad Doble, una suer­te de secue­la que pue­de ser juz­ga­da inde­pen­dien­te­men­te del film original.

LA LIBER­TAD DOBLE.jpg

La míni­ma tra­ma expo­ne al soli­ta­rio Misael (Misael Saa­ve­dra) nue­va­men­te talan­do árbo­les, aun­que en esta opor­tu­ni­dad en lugar del hacha se vale de una moto­sie­rra; duran­te casi 30 minu­tos la cáma­ra minu­cio­sa­men­te lo enfo­ca des­me­nu­zan­do téc­ni­ca­men­te la labor que efec­túa, estan­do acom­pa­ña­do de su perro fal­de­ro. De regre­so a su pri­mi­ti­va cho­za ubi­ca­da en una apar­ta­da región bos­co­sa se lo ve pre­pa­ran­do su comi­da uti­li­zan­do el fue­go como coci­na y pos­te­rior­men­te sabo­rean­do la car­ne asada.

Un cam­bio alte­ra la exis­ten­cia del leña­dor cuan­do reci­be la noti­cia de que su her­ma­na Micae­la (Cata­li­na Saa­ve­dra) inter­na­da en un hos­pi­tal psi­quiá­tri­co des­de hace varios años a cau­sa de su ines­ta­bi­li­dad men­tal, ha inten­ta­do esca­par. Al lle­gar al noso­co­mio. el médi­co (Adrián Fon­da­ri) que lo reci­be le comu­ni­ca que por res­tric­cio­nes pre­su­pues­ta­rias Micae­la ya no podrá seguir vivien­do allí; en todo caso los diver­sos reme­dios que Micae­la debe inge­rir en dife­ren­tes momen­tos del día segui­rán sien­do subsidiados.

De allí en más, habien­do vivi­do has­ta el pre­sen­te soli­ta­ria­men­te, el leña­dor debe­rá preo­cu­par­se de con­vi­vir con su her­ma­na y de pres­tar la máxi­ma aten­ción de los medi­ca­men­tos que debe sumi­nis­trar­le. En cuan­to a Micae­la, estan­do libre por pri­me­ra vez comien­za a dis­fru­tar de lo que el ámbi­to natu­ral del lugar le ofre­ce, ya sea aca­ri­cian­do los árbo­les del bos­que, acer­cán­do­se a la vía férrea del tren local o bien regan­do las plantas.

Lo que res­ta del escue­to rela­to de esca­sos diá­lo­gos que trans­cu­rre en dos jor­na­das que­da en la audien­cia ima­gi­nar cómo se des­en­vol­ve­rá la vida futu­ra de Misael y Micaela.

Con una bue­na fil­ma­ción en 16 milí­me­tros nutri­da de tomas alar­ga­das, Alon­so se apar­ta de una narra­ción con­ven­cio­nal per­mi­tien­do que tras­cien­da la con­vin­cen­te carac­te­ri­za­ción de sus dos pro­ta­go­nis­tas. Aun­que su esca­sa tra­ma care­ce de emo­ción, los ciné­fi­los fie­les del cine de Alon­so apre­cia­rán esta res­pe­ta­ble pro­pues­ta que pue­de ser inter­pre­ta­da como una medi­ta­ción de lo que entra­ña la liber­tad o qué sig­ni­fi­ca poder dis­fru­tar­la sin res­tric­ción alguna.