Crónica de Jorge Gutman
Memories of a Forest (Alemania-Austria)
Destacando la presencia de nuevos realizadores, la sección Discovery del TIFF ha programado esta ópera prima de Katharina Rabl que ha sido su trabajo de graduación de estudios cinematográficos en filmes documentales realizados en la Universidad de Munich.

MEMORIES OF A FOREST
El guión de Rabl escrito con Karla Cristobal, enfoca a Frieda (Julia Windischbauer), una joven estudiante austríaca que está en vías de escribir su tesis de doctorado con la perspectiva de obtener un puesto de asistente de investigación en la prestigiosa Universidad de Viena. Cuando inesperadamente recibe la noticia del fallecimiento de su querida abuela, regresa a su pueblo natal de Rechnitz, una zona de planicies y montañas, creyendo que permanecerá no más de dos días.
Grande es su sorpresa al enterarse de que la difunta le ha dejado como herencia 15 hectáreas de bosque de abetos. Dado que sus progenitores Johanna (Johanna Orsini) y Alexander (Dominik Warta) atraviesan serias dificultades económicas, su madre que se ocupaba a tiempo completo de su abuela, desea vender el terreno a lo que Frieda en principio se opone. Es así que dada la situación reinante la permanencia de Frieda se prolonga en la medida que siente la necesidad de ayudar económicamente a sus padres. Para ese propósito ella se vincula con su amigo de infancia Friedrich (Lukas Walcher) para talar algunos árboles y vender las maderas obtenidas a fin de aliviar la tensión existente en el seno familiar. Sin embargo una gran plaga de escarabajos afecta la corteza, surgiendo por consiguiente la duda de si la herencia recibida le resultará rentable.
El foco central del bien construido relato estriba en la herencia familiar a través de generaciones reflejando el peso que acarrea Frieda en decidir cuál camino habrá de seguir; por una parte es optar por una auspiciosa carrera académica, en tanto que por la otra es su deber moral de devolver algo a sus padres siguiendo los mismos pasos de su abuela que renunció a una carrera profesional para dedicarse a la explotación del terreno.
Con una narración contenida a la vez que sutil Rabl consigue que el relato atrape, reforzado por un sólido elenco encabezado por la impecable actuación de Windischbauer. Asimismo notable es la visión cuasi documental de la directora agraciada por la deslumbrante fotografía de Jacob Kohl al captar la naturaleza de la rural foresta que se convierte en un personaje adicional del film.
Soy Mario (México)
En su primer largometraje como realizadora la actriz mexicana Sharon Kleinberg encara el delicado tema de la identidad genérica desde una visión distintiva teniendo como protagonista a un personaje transexual. Lo que aquí se contempla es producto de un trabajo de investigación que la directora efectuó durante varios años entrevistando a personas trans permitiendo que su elaborado guión adquiera completa autenticidad.

SOY MARIO
La historia presenta al cuadragenario Mario (Oustin de León), que nació y fue bautizada como mujer de nombre María. Habiendo realizado su transición masculina, se comporta como tal y es así que como taxista de profesión no hay vestigio alguno que denuncie su transformación en su trato con el medio que lo rodea, fundamentalmente masculino. Naturalmente que sus dos hermanas (Fernanda Rivera, Mayra Batalla) como su madre (Mercedes Hernández) con quienes él convive saben de su transexuaidad.
La situación adopta un giro inesperado cuando la doctora que atiende a Mario descubre que está embarazado. Si bien ese hecho en cierta forma satisfaría el deseo de ser padre, él se ve obligado a ocultar su situación teniendo en cuenta los prejuicios existentes de la sociedad machista frente a la imperante desigualdad genérica. Si bien en principio trata de recurrir a un aborto, finalmente cambia su decisión aunque es consciente de que llegará el momento en que su aspecto físico no podrá ser disimulado frene a sus colegas.
Si bien cabe en el espectador la pregunta de si es posible que una persona transexual masculina pueda concebir, la situación de Mario biológicamente es factible en la medida que su identidad genérica no afecta sus órganos reproductivos.
La novel cineasta ha logrado una excelente narrativa abordando con suma delicadeza los efectos sociales que acarrea el embarazo de Mario evitando por completo que el relato pueda caer en un artificial sentimentalismo. Claro está que en gran medida la vitalidad del film es debido a la excelente interpretación que Oustin de León ofrece en el rol protagónico teniendo en cuenta que no se trata de un actor profesional; siendo realmente un hombre transexual, él vuelca con espontánea naturalidad y remarcable intensidad los sentimientos de un hombre de noble humanidad que frente a la circunstancia especial que atraviesa encuentra la necesaria fortaleza para contrarrestar su vulnerabilidad A su lado se lucen Mercedes Hermández como la comprensiva madre Inés que apoya a su hijo, Ruth Ramos caracterizando a Jessica, el interés sentimental de Mario aunque la relación no fructifica al saber de su gestación y Héctor Kotsifakis animando a Joaquín, uno de los colegas del protagonista con quien mantiene un especial vínculo.
Con su elogiable ópera prima, Kleinberg genera considerable expectativa en sus futuros proyectos fílmicos.
Amor es el Monstruo (Costa Rica-Perú-Panamá-Chile-México)
Después haber presentado en el TIFF Por las Plumas (2013) y Cascos Indomables (2018), el director costarricense Neto Villalobos Brenes retorna al festival con Amor es el Monstruo.

AMOR ES EL MONSTRUO
De lo que el realizador ha manifestado a la prensa este film nace de una necesidad muy personal de hablar sobre su fallecida madre que en la medida de que su vida se volvía más dificultosa, ella encontró en su nieta la fuerza necesaria para seguir viviendo.
La historia ambientada en un país latinoamericano, adopta un tono de misterio y suspenso en el marco de una sociedad futurista fragmentada donde la vida es peligrosa y controlada. El guión del cineasta escrito con Diego van der Laat presenta a una madre (Natala Regidor) y su hijita de seis años (Gloriana Vargas) viviendo en El Perímetro, una amplia zona cercada y supervisada por guardianes de manera que ellas al igual que los que allí habitan estén fuera de cualquier peligro. Es ahí donde la abuela de la niña (Paulina Garcia), una septuagenaria que es consciente que no le queda mucho por vivir, visita a su adorada nietita con la que ambas encuentran el gran placer que las une cuando están juntas. A través de algunos incidentes que ocurren la relación de la abuela con su hija se deteriora, sobre todo cuando ella contrata a una niñera (Ericka Reikendorf) para cuidar en su ausencia a la niña.
El núcleo dramático del relato se produce cuando en una salida de la abuela con su nieta, la anciana la pierde de vista lo que motiva su desesperación por hallarla. A partir de allí, la historia refleja la odisea de la anciana que nutrida de nobles sentimientos recurre a medidas extremas con tal de recuperar a la pequeña.
Adoptando una estética distópica, la narrativa de Villalobos logra que el film atraiga al espectador, a través de un audaz planteo que ciertamente motiva la discusión, acerca de si realísticamente es factible de que el amor pueda transformarse en implacable violencia. En todo caso la gravitación de esta historia radica en la extraordinaria caracterización que la estupenda actriz Paulina García logra en el personaje protagónico, convertido en el centro de un grave conflicto moral.
La Libertad Doble (Chile-Argentina-Luxemburgo-Alemania-Gran Bretaña)
Lisandro Alonso con su primer largometraje La Libertad realizado en 2001 emergió como un notable realizador del nuevo cine argentino, relatando de manera minimalista y con hipnóticas imágenes el diario vivir de un leñador en una zona aislada de la provincia argentina La Pampa. Actualmente, con el mismo personaje y actor que lo caracteriza Alonso retorna con La Libertad Doble, una suerte de secuela que puede ser juzgada independientemente del film original.

LA LIBERTAD DOBLE.jpg
La mínima trama expone al solitario Misael (Misael Saavedra) nuevamente talando árboles, aunque en esta oportunidad en lugar del hacha se vale de una motosierra; durante casi 30 minutos la cámara minuciosamente lo enfoca desmenuzando técnicamente la labor que efectúa, estando acompañado de su perro faldero. De regreso a su primitiva choza ubicada en una apartada región boscosa se lo ve preparando su comida utilizando el fuego como cocina y posteriormente saboreando la carne asada.
Un cambio altera la existencia del leñador cuando recibe la noticia de que su hermana Micaela (Catalina Saavedra) internada en un hospital psiquiátrico desde hace varios años a causa de su inestabilidad mental, ha intentado escapar. Al llegar al nosocomio. el médico (Adrián Fondari) que lo recibe le comunica que por restricciones presupuestarias Micaela ya no podrá seguir viviendo allí; en todo caso los diversos remedios que Micaela debe ingerir en diferentes momentos del día seguirán siendo subsidiados.
De allí en más, habiendo vivido hasta el presente solitariamente, el leñador deberá preocuparse de convivir con su hermana y de prestar la máxima atención de los medicamentos que debe suministrarle. En cuanto a Micaela, estando libre por primera vez comienza a disfrutar de lo que el ámbito natural del lugar le ofrece, ya sea acariciando los árboles del bosque, acercándose a la vía férrea del tren local o bien regando las plantas.
Lo que resta del escueto relato de escasos diálogos que transcurre en dos jornadas queda en la audiencia imaginar cómo se desenvolverá la vida futura de Misael y Micaela.
Con una buena filmación en 16 milímetros nutrida de tomas alargadas, Alonso se aparta de una narración convencional permitiendo que trascienda la convincente caracterización de sus dos protagonistas. Aunque su escasa trama carece de emoción, los cinéfilos fieles del cine de Alonso apreciarán esta respetable propuesta que puede ser interpretada como una meditación de lo que entraña la libertad o qué significa poder disfrutarla sin restricción alguna.