COMPOSTELLE. Francia, 2026. Un film escrito y dirigido por Yann Samuell. 113 minutos
Inspirado en acontecimientos reales, el director y guionista Yann Samuell ofrece una gratificante comedia dramática.

Alexandra Lamy
El relato ambientado en Le Puy en Velay, al centro sureste de Francia, introduce a Fred (Alexandra Lamy), una profesora de enseñanza media que pierde su empleo por haber abofeteado a una de sus alumnas; a todo ello en su vida personal está separada de su esposo y además no guarda una buena relación con su hija adolescente. Pero como dice el conocido refrán “a mal tiempo buena cara”, ella adopta una actitud positiva decidiendo reparar el error cometido a través de una acción humanitaria; la oportunidad se la brinda una asociación que tiene como propósito reintegrar a problemáticos adolescentes a una vida normal. Allí se le encomienda acompañar a Adam (Julien Le Berre), un muchacho de 17 años de difícil conducta acarreando un delictivo pasado, para efectuar un camino terapéutico de 2000 kilómetros teniendo como destino final la mítica catedral de Santiago de Compostela ubicada en España. El muchacho muy a su pesar acepta efectuar el recorrido mencionado porque de lo contrario será detenido y destinado a un centro juvenil.
Si bien la peregrinación a Compostela abarca dimensiones religiosas como también espirituales, en este caso la ruta a emprender por Fred y Adam tiene como objetivo lograr la redención del muchacho para que pueda ser reinsertado a la sociedad.
De allí en más esa larga caminata estará nutrida de la enorme paciencia de Fred para tolerar los exabruptos de Adam pero que gradualmente más allá de los desencuentros y reconciliaciones, a lo largo de dos meses se habrá logrado que exista entre ambos un lazo de profundo afecto.
Con gran sensibilidad el cineasta relata esta historia a través de escenas que trasuntan considerable humanidad. Entre las mismas, se encuentra el momento en que cada uno de los caminantes comparte sus emociones personales, especialmente en el caso de Adam quien sin saber quién ha sido su padre, su madre al nacer lo entregó a un hogar de acogida sin haber recibido el cariño maternal.
Sin pretenciosidad alguna el espectador contempla un relato honesto que imbuido de gran sinceridad logra conmover, en gran medida por la magnífica actuación de sus dos protagonistas. Así la respetada actriz Lamy traduce genuinamente la fortaleza de su personaje que logra su realización al contribuir en el proceso de sanación de Adam; por su parte, Le Berre muy bien trasunta la redención del muchacho que a través del viaje va experimentando un significativo cambio interior que le permitirá reinsertarse a la sociedad. Asimismo se destaca en un breve rol Maelle Vidou animando a Estelle, una optimista joven amputada que también realiza ese trayecto y de quien Adam se siente atraído.
No menos importante es la excelente fotografía de Vincent Gallot que realza los valores del film captando los paisajes naturales con sus ríos, valles y montañas recorridos por sus personajes.
En los créditos finales se lee que cada año 300 menores están detenidos y 70 por ciento reincide en sus delitos dentro de los 2 años de haber sido liberados. Desde 2000, 500 menores han efectuado una marcha de ruptura y el 60 por ciento de ellos ha sido reintegrado a la sociedad como consecuencia de ese camino terapéutico.
En conclusión, amerita visionar este emotivo film de contenido social. Jorge Gutman