Intré­pi­do Con­duc­tor Acróbatico

THE STUNT DRI­VER. Cana­dá, 2026. Un film escri­to y diri­gi­do por Michael Dow­se. 99 minutos

El rea­li­za­dor Michael Dow­se en The Stunt Dri­ver rin­de tri­bu­to al mon­trea­lés Ken Car­ter quien fue el renom­bra­do con­duc­tor acro­bá­ti­co y doble de ries­go auto­mo­vi­lís­ti­co de Cana­dá. A pesar de las bue­nas inten­cio­nes del direc­tor, el resul­ta­do no es del todo satisfactorio.

Jay Baru­chel

La his­to­ria que comien­za en 1976 mues­tra al intré­pi­do depor­tis­ta Car­ter (Jay Baru­chel) tra­tan­do de lograr la mis­ma visi­bi­li­dad del gran acró­ba­ta Evel Knie­vel (Ben Fos­ter). De ese modo su apa­sio­na­mien­to por ser el cam­peón abso­lu­to en la mate­ria es el de batir un récord a tra­vés de efec­tuar el más audaz y peli­gro­so sal­to his­tó­ri­co de su carre­ra con un auto­mó­vil pro­pul­sa­do por cohetes.

Para tal fin, Car­ter ade­más de con­ven­cer a los pro­mo­to­res que finan­cia­rán el pro­yec­to, cuen­ta con el inva­lua­ble apo­yo del dise­ña­dor y téc­ni­co auto­mo­triz Dick Keller (Ed Helms) y de su que­ri­da espo­sa Glo­ria (Lau­ren­ce Lebo­euf); asi­mis­mo debe supe­rar las manio­bras de su rival Knie­vel que tra­ta de des­es­ta­bi­li­zar­lo. Los pre­pa­ra­ti­vos se desa­rro­llan a lo lar­go de tres años para cons­truir el espe­cia­li­za­do vehícu­lo pero cuan­do lle­ga el momen­to de poner­lo a prue­ba en sep­tiem­bre de 1979 nada resul­ta de acuer­do a lo planeado.

El rela­to pro­si­gue en los tres años sub­si­guien­tes don­de el pilo­to debe enfren­tar con­si­de­ra­bles desa­fíos téc­ni­cos y finan­cie­ros has­ta que lle­ga el gran momen­to en que Ken arries­ga su vida reco­rrien­do una dis­tan­cia de 1600 metros a tra­vés del río St. Lau­rent a bor­do de su coche Pon­tiac Fire­bird impul­sa­do por cohe­tes; en ese sal­to mor­tal falle­ce trá­gi­ca­men­te el 5 de sep­tiem­bre de 1983 en Peter­bo­rough (Onta­rio).

A tra­vés de una narra­ción que entre­mez­cla una rudi­men­ta­ria come­dia con tono dra­má­ti­co, Dow­se no logra un esti­lo defi­ni­do y eso se debe a la insu­fi­cien­cia de su des­igual guión. De todos modos lo que más sobre­sa­le es el nivel inter­pre­ta­ti­vo del elen­co. Baru­chel remar­ca­ble­men­te trans­mi­te la excen­tri­ci­dad del fer­vien­te acró­ba­ta de ries­go que no obs­tan­te es al pro­pio tiem­po vul­ne­ra­ble demos­tran­do sus dudas y espa­cios som­bríos. En el úni­co per­so­na­je feme­nino Lebo­euf expre­sa cali­dez en la espo­sa que en prin­ci­pio acom­pa­ña incon­di­cio­nal­men­te a Ken, aún cuan­do lle­ga­do un momen­to pre­fie­re des­li­gar­se de él; asi­mis­mo es con­vin­cen­te la inter­pre­ta­ción de Helms como el inge­nie­ro téc­ni­co auto­mo­triz del pro­yec­to en tan­to que Fos­ter ani­man­do a Knie­vel ofre­ce uno de los momen­tos de mayor ten­sión del rela­to al enfren­tar­se en una pelea con Carter.

Basa­do en hechos reales, esta pecu­liar pelí­cu­la es sufi­cien­te­men­te entre­te­ni­da per­mi­tien­do así su visión a pesar de que no alcan­ce total­men­te a con­ven­cer. Jor­ge Gutman