Crónica de Jorge Gutman
Considerado como una de las más importantes muestras culturales de cine de Montreal, el Festival du noveau cinéma de Montreal (FNC) dará comienzo el 8 de octubre a su 55ª edición que se extenderá hasta el 18 de octubre.
Como ya es habitual los festivaleros tendrán la oportunidad de descubrir el panorama actual de la cinematografía a través de aproximadamente 200 obras provenientes de más de 30 países. Entre las mismas se incluyen películas que han sido aclamadas en los festivales internacionales, incluyendo los de Berlín, Cannes, Locarno, Venecia y Toronto entre otros, donde permite descubrir a nuevos talentos emergentes. Asimismo el FNC incluye un buen número de actividades temáticas que han sido especialmente organizadas para el evento.
La película de inauguración es Violence du corps de l’autre de Denis Côté con la actuación de Larissa Corriveau, Philippe Rebbot, Xavier Bergeron, Gabrielle Lazure, Pierrette Robitaille, Louise Deschâtelets y Eve Pressault. El film de clausura es L’Autre del realizador Alexandre Franchi, con un elenco integrado por Pierre-Yves Cardinal, Bilel Chegrani, Karine Gonthier-Hyndman, Nahéma Ricci, Benoît Gouin, Maxime Genois y Marc Messier.
La información completa de la programación, salas de exhibición, horarios y otros elementos vinculados puede obtenerse en el sitio nouveaucinema.ca
A continuación se ofrecen comentarios de tres películas que han sido vistas anticipadamente
Donde Comienza el Río (Canadá-Colombia-Noruega)
Una conmovedora historia de ficción que se asemeja a un documental es lo que se observa en este film del director colombiano Juan Andrés Arango, radicado en Quebec, quien ya demostró su talento en su primer trabajo La Playa DC (2012) y posteriormente en X500 (2016). Bien inmerso en los problemas que aquejan a su país natal, su tercer largometraje refleja completa autenticidad reforzada por un buen elenco de actores no profesionales.

Donde Comienza el Río
Aunque sin específicamente referirse a una época precisa, la historia transcurre en la actualidad donde la violencia latente en Colombia se hace sentir. En su comienzo, se ve a Yajaira (Girleza Duave Cerezo) una mujer emberá de apenas 19 años de edad que reside en Bogotá, tras haber dejado su vivienda en la cuenca del río Andágueda debido a la presencia de grupos paramilitares. En un barrio muy humilde de la ciudad habita con su hijita María (Ana Michell Nama Dumaza) de 5 años y su padre. Para cubrir las necesidades Yajaira se dedica a vender pulseras en las calles de la ciudad; sin embargo, la intranquilidad reinante la embarga, en tanto que su comunidad amero-india tampoco se encuentra segura en ese ambiente de viviendas compartidas plagadas de continuas amenazas.
La situación alcanza un nivel de tensión cuando se produce la muerte de Mateo (Arlinson Queragama Aria), un niño del barrio. Es así que aunque su padre prefiere seguir en Bogotá, Yajaira opta por regresar con María al terruño de su infancia, ahí donde comienza el río. Paralelamente a esta circunstancia, el relato presenta a Jhon (Juan David Junca Linares), un muchacho blanco de 18 años quien vinculado a una banda de peligrosos delincuentes, llega a temer por su vida y por lo tanto decide abandonar la ciudad acompañando a Yajaira y María. Claro está que el joven sobrelleva en su conciencia un gran sentimiento de culpa por un hecho que no conviene revelar.
Si bien existe en la autóctona mujer un sentimiento de desconfianza hacia Jhon, progresivamente va cimentándose entre ambos una relación afectiva. A través del largo trayecto por tierra y agua atravesando la profunda selva, mediante los personajes que se encuentran en el camino incluyendo a desplazados refugiados venezolanos, quedan ilustradas las grietas y heridas de la región.
Dentro de una puesta escénica decididamente naturalística, el realizador introduce ciertos elementos de fantasía mediante premoniciones supernaturales de María que ofreciendo una dimensión espiritual están bien cohesionadas en el contexto del relato.
Ciertamente, el relato deja abierta la pregunta de si el retorno al río permitirá que Yajaira encuentre definitivamente un lugar donde vivir rodeada de su entorno autóctono. Con todo, eso no atenúa el propósito del cineasta sobre lo que significa la migración con el desplazamiento en un país que ha sido afectado por violentos enfrentamientos durante varias décadas.
La muy convincente dirección de Arango, las genuinas actuaciones de Duave Cerezo, Nama Dumaza y Junca Linares, así como la dirección fotográfica de Nicolás Canniccioni contrastando el marco urbano con la majestuosidad selvática, permiten que el film satisfaga plenamente a la audiencia que lo contempla.
Rose (Austria-Alemania)
Después de haber complacido con Michael (2011) y posteriormente con Angelo (2018), el realizador austríaco Markus Schleinzer nuevamente logra un remarcable trabajo con su tercer largometraje donde efectúa un muy buen estudio caracterológico del personaje protagónico.

Rose
La película guionizada por el cineasta con Alexander Brom se inspira en un acontecimiento real ocurrido en el siglo 17 donde una mujer personificada de hombre fue ejecutada por delitos cometidos en una ciudad alemana. Es así que en esta historia, precisamente ambientada en esa época, vemos a Rose (Sandra Huller) quien tras haber participado en la Guerra de los 30 años, llega a una alejada aldea alemana y adopta la fisonomía masculina porque cree que en ese caso logrará mayores ventajas que como mujer, además de tener acceso a las tierras y poder sobrevivir.
Curiosamente, aunque ella o mejor dicho él es en principio considerado por el pueblo como un extraño, lo cierto es que se integra a la comunidad devotamente religiosa, realizando trabajos, prestando su ayuda a la iglesia y es así que finalmente es aceptado como un integrante más de la aldea. A todo ello se agrega que le es ofrecido casarse con Suzanna (Caro Braun), una chica muy amable del pueblo; lo más sorprendente del caso es que a la postre queda embarazada.
Sin mencionar lo que posteriormente acontece, donde surgirán nuevas revelaciones, lo que más interesa es saber de qué manera se establece el vínculo entre Rose y Suzanna.
El bien urdido guión permite que el espectador se involucre en esta singular historia admitiendo como real lo que en el cuerdo sentido no lo es. Uno de los pilares de esta historia es la extraordinaria interpretación de Sandra Huller a quien entre varias de sus brillantes actuaciones se la recuerda por su protagonismo en Anatomie d’une chute (2023). En este caso, mediante una caracterización sobria y contenida, con sus gestos y movimientos remarcablemente llega a traslucir la gama emocional contradictoria que trasunta su personaje; es así que ella ha sido justicieramente galardonada con el premio a la mejor actriz en el festival de Berlín donde el film fue dado a conocer.
La estupenda fotografía en blanco y negro de Gerald Kerkletz, es otro de los logros de esta película en la que la tonalidad empleada entre luces y sombras consigue visualmente resaltar el entorno rural en que transcurre la acción.
Imbuido de un ritmo pausado la modelada puesta escénica de Schleinzer contribuye a que esta ficción histórica cunda en el ánimo del espectador.
Le Journal d’une femme de chambre (Francia-Rumania)
La novela Diario de una Camarera del célebre anarquista Octave Mirbeau publicada en 1900 ha sido adaptada para el cine por notables cineastas como Jean Renoir (1946), Luis Buñuel (1964) y más recientemente por Benoît Jacquot (2015); es así que el prestigioso cineasta rumano Radu Jude también ha sido tentado en llevarla a cabo, dando como resultado una muy apreciable comedia en el que a diferencia de su prestigiosa filmografía en este caso apela a un relato convencional dejando de lado su espíritu provocativo.

Le Journal d’une femme de chambre
Respetando en parte la obra original, el guión del aplaudido director ubica la acción en la ciudad de Bordeaux donde se contempla a Gianina (Ana Dumitrașcu), una humilde empleada doméstica rumana que a fin de recibir un ingreso salarial más remunerativo ha dejado su tierra natal para trabajar a las órdenes de un rico matrimonio burgués integrado por Marguerite (Mélanie Thierry) y su marido Pierre Donnadieu (Vincent Macaigne); su trabajo, además de limpiar, cocinar y asear la suntuosa mansión contempla cuidar de Louen (Louen Bouteiller), el hijito de la pareja.
La acción que se desenvuelve en la época actual durante los tres meses previos al final de año, muestra como Gianina añorando a su hogar y a su hijita María de 9 años (Sofia Dragoman) que está a cargo de su abuela, se comunica por Facetime con ambas; la niñita que extraña muchísimo a Gianina recibe la promesa que ella estará regresando a Rumania para celebrar en familia la Navidad.
La historia adquiere relieve cuando en sus tiempos libres los dueños de casa le permiten a Gianina a actuar en una representación local de artistas amateurs; allí se representará teatralmente la novela de Mirbeau en donde la directora de la obra (Ilinca Manolache) le adjudica el papel protagónico de Celestine, la camarera parisina que llega a una casa de campo en la Normandia para servir a una familia de la alta burguesía; de ese modo Gianina adopta en la ficción un rol similar al que ejerce realmente con la familia Donnadieu.
Aunque en principio la adaptación de Jude es enfocar la división existente de las clases sociales, el trato ofrecido por Marguerite y Pierre a Gianina es absolutamente gentil, amable y cordial, si bien queda claro de que ella es la empleada.
La llegada al hogar de Anne (Marie Rivière), la madre de Pierre, modifica la agenda de Gianina; eso se debe a que sus empleadores han planeado salir de viaje para la Navidad, solicitándole a su empleada que cuide en su ausencia de la anciana Anne que ha sufrido un inesperado accidente, postergando en consecuencia su ansiado retorno a Rumania.
Estructurada en varios episodios de diversa duración, las escenas de ensayo de la producción teatral se extienden más de lo necesario. Sin embargo, eso no aminora la riqueza del film sustentada por un excelente elenco en el que además de las muy buenas caracterizaciones ofrecidas por Thierry y Macaigne, se destaca la excelente composición dual que con absoluta naturalidad brinda Dumitrașcu. En esencia, la puesta escénica de Jude, no exenta de melancolía permite que esta moderna división de clases resulte sumamente atractiva.