FNC 2026 (Pri­me­ra Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

Con­si­de­ra­do como una de las más impor­tan­tes mues­tras cul­tu­ra­les de cine de Mon­treal, el Fes­ti­val du noveau ciné­ma de Mon­treal (FNC) dará comien­zo el 8 de octu­bre a su 55ª edi­ción que se exten­de­rá has­ta el 18 de octu­bre.

Como ya es habi­tual los fes­ti­va­le­ros ten­drán la opor­tu­ni­dad de des­cu­brir el pano­ra­ma actual de la cine­ma­to­gra­fía a tra­vés de apro­xi­ma­da­men­te 200 obras pro­ve­nien­tes de más de 30 paí­ses. Entre las mis­mas se inclu­yen pelí­cu­las que han sido acla­ma­das en los fes­ti­va­les inter­na­cio­na­les, inclu­yen­do los de Ber­lín, Can­nes, Locarno, Vene­cia y Toron­to entre otros, don­de per­mi­te des­cu­brir a nue­vos talen­tos emer­gen­tes. Asi­mis­mo el FNC inclu­ye un buen núme­ro de acti­vi­da­des temá­ti­cas que han sido espe­cial­men­te orga­ni­za­das para el evento.

La pelí­cu­la de inau­gu­ra­ción es Vio­len­ce du corps de l’autre de Denis Côté con la actua­ción de Laris­sa Corri­veau, Phi­lip­pe Reb­bot, Xavier Ber­ge­ron, Gabrie­lle Lazu­re, Pie­rret­te Robi­tai­lle, Loui­se Des­châ­te­lets y Eve Pres­sault. El film de clau­su­ra es L’Autre del rea­li­za­dor Ale­xan­dre Fran­chi, con un elen­co inte­gra­do por Pie­rre-Yves Car­di­nal, Bilel Che­gra­ni, Kari­ne Gonthier-Hynd­man, Nahé­ma Ric­ci, Benoît Gouin, Maxi­me Genois y Marc Messier.

La infor­ma­ción com­ple­ta de la pro­gra­ma­ción, salas de exhi­bi­ción, hora­rios y otros ele­men­tos vin­cu­la­dos pue­de obte­ner­se en el sitio nouveaucinema.ca

A con­ti­nua­ción se ofre­cen comen­ta­rios de tres pelí­cu­las que han sido vis­tas anticipadamente

Don­de Comien­za el Río (Cana­dá-Colom­bia-Norue­ga)

Una con­mo­ve­do­ra his­to­ria de fic­ción que se ase­me­ja a un docu­men­tal es lo que se obser­va en este film del direc­tor colom­biano Juan Andrés Aran­go, radi­ca­do en Que­bec, quien ya demos­tró su talen­to en su pri­mer tra­ba­jo La Pla­ya DC (2012) y pos­te­rior­men­te en X500 (2016). Bien inmer­so en los pro­ble­mas que aque­jan a su país natal, su ter­cer lar­go­me­tra­je refle­ja com­ple­ta auten­ti­ci­dad refor­za­da por un buen elen­co de acto­res no profesionales.

Don­de Comien­za el Río

Aun­que sin espe­cí­fi­ca­men­te refe­rir­se a una épo­ca pre­ci­sa, la his­to­ria trans­cu­rre en la actua­li­dad don­de la vio­len­cia laten­te en Colom­bia se hace sen­tir. En su comien­zo, se ve a Yajai­ra (Gir­le­za Dua­ve Cere­zo) una mujer embe­rá de ape­nas 19 años de edad que resi­de en Bogo­tá, tras haber deja­do su vivien­da en la cuen­ca del río Andá­gue­da debi­do a la pre­sen­cia de gru­pos para­mi­li­ta­res. En un barrio muy humil­de de la ciu­dad habi­ta con su hiji­ta María (Ana Michell Nama Duma­za) de 5 años y su padre. Para cubrir las nece­si­da­des Yajai­ra se dedi­ca a ven­der pul­se­ras en las calles de la ciu­dad; sin embar­go, la intran­qui­li­dad rei­nan­te la embar­ga, en tan­to que su comu­ni­dad ame­ro-india tam­po­co se encuen­tra segu­ra en ese ambien­te de vivien­das com­par­ti­das pla­ga­das de con­ti­nuas amenazas.

La situa­ción alcan­za un nivel de ten­sión cuan­do se pro­du­ce la muer­te de Mateo (Arlin­son Que­ra­ga­ma Aria), un niño del barrio. Es así que aun­que su padre pre­fie­re seguir en Bogo­tá, Yajai­ra opta por regre­sar con María al terru­ño de su infan­cia, ahí don­de comien­za el río. Para­le­la­men­te a esta cir­cuns­tan­cia, el rela­to pre­sen­ta a Jhon (Juan David Jun­ca Lina­res), un mucha­cho blan­co de 18 años quien vin­cu­la­do a una ban­da de peli­gro­sos delin­cuen­tes, lle­ga a temer por su vida y por lo tan­to deci­de aban­do­nar la ciu­dad acom­pa­ñan­do a Yajai­ra y María. Cla­ro está que el joven sobre­lle­va en su con­cien­cia un gran sen­ti­mien­to de cul­pa por un hecho que no con­vie­ne revelar.

Si bien exis­te en la autóc­to­na mujer un sen­ti­mien­to de des­con­fian­za hacia Jhon, pro­gre­si­va­men­te va cimen­tán­do­se entre ambos una rela­ción afec­ti­va. A tra­vés del lar­go tra­yec­to por tie­rra y agua atra­ve­san­do la pro­fun­da sel­va, median­te los per­so­na­jes que se encuen­tran en el camino inclu­yen­do a des­pla­za­dos refu­gia­dos vene­zo­la­nos, que­dan ilus­tra­das las grie­tas y heri­das de la región.

Den­tro de una pues­ta escé­ni­ca deci­di­da­men­te natu­ra­lís­ti­ca, el rea­li­za­dor intro­du­ce cier­tos ele­men­tos de fan­ta­sía median­te pre­mo­ni­cio­nes super­na­tu­ra­les de María que ofre­cien­do una dimen­sión espi­ri­tual están bien cohe­sio­na­das en el con­tex­to del relato.

Cier­ta­men­te, el rela­to deja abier­ta la pre­gun­ta de si el retorno al río per­mi­ti­rá que Yajai­ra encuen­tre defi­ni­ti­va­men­te un lugar don­de vivir rodea­da de su entorno autóc­tono. Con todo, eso no ate­núa el pro­pó­si­to del cineas­ta sobre lo que sig­ni­fi­ca la migra­ción con el des­pla­za­mien­to en un país que ha sido afec­ta­do por vio­len­tos enfren­ta­mien­tos duran­te varias décadas.

La muy con­vin­cen­te direc­ción de Aran­go, las genui­nas actua­cio­nes de Dua­ve Cere­zo, Nama Duma­za y Jun­ca Lina­res, así como la direc­ción foto­grá­fi­ca de Nico­lás Can­nic­cio­ni con­tras­tan­do el mar­co urbano con la majes­tuo­si­dad sel­vá­ti­ca, per­mi­ten que el film satis­fa­ga ple­na­men­te a la audien­cia que lo contempla.

Rose (Aus­tria-Ale­ma­nia)

Des­pués de haber com­pla­ci­do con Michael (2011) y pos­te­rior­men­te con Ange­lo (2018), el rea­li­za­dor aus­tría­co Mar­kus Schlein­zer nue­va­men­te logra un remar­ca­ble tra­ba­jo con su ter­cer lar­go­me­tra­je don­de efec­túa un muy buen estu­dio carac­te­ro­ló­gi­co del per­so­na­je protagónico.

Rose

La pelí­cu­la guio­ni­za­da por el cineas­ta con Ale­xan­der Brom se ins­pi­ra en un acon­te­ci­mien­to real ocu­rri­do en el siglo 17 don­de una mujer per­so­ni­fi­ca­da de hom­bre fue eje­cu­ta­da por deli­tos come­ti­dos en una ciu­dad ale­ma­na. Es así que en esta his­to­ria, pre­ci­sa­men­te ambien­ta­da en esa épo­ca, vemos a Rose (San­dra Huller) quien tras haber par­ti­ci­pa­do en la Gue­rra de los 30 años, lle­ga a una ale­ja­da aldea ale­ma­na y adop­ta la fiso­no­mía mas­cu­li­na por­que cree que en ese caso logra­rá mayo­res ven­ta­jas que como mujer, ade­más de tener acce­so a las tie­rras y poder sobrevivir.

Curio­sa­men­te, aun­que ella o mejor dicho él es en prin­ci­pio con­si­de­ra­do por el pue­blo como un extra­ño, lo cier­to es que se inte­gra a la comu­ni­dad devo­ta­men­te reli­gio­sa, rea­li­zan­do tra­ba­jos, pres­tan­do su ayu­da a la igle­sia y es así que final­men­te es acep­ta­do como un inte­gran­te más de la aldea. A todo ello se agre­ga que le es ofre­ci­do casar­se con Suzan­na (Caro Braun), una chi­ca muy ama­ble del pue­blo; lo más sor­pren­den­te del caso es que a la pos­tre que­da embarazada.

Sin men­cio­nar lo que pos­te­rior­men­te acon­te­ce, don­de sur­gi­rán nue­vas reve­la­cio­nes, lo que más intere­sa es saber de qué mane­ra se esta­ble­ce el víncu­lo entre Rose y Suzanna.

El bien urdi­do guión per­mi­te que el espec­ta­dor se invo­lu­cre en esta sin­gu­lar his­to­ria admi­tien­do como real lo que en el cuer­do sen­ti­do no lo es. Uno de los pila­res de esta his­to­ria es la extra­or­di­na­ria inter­pre­ta­ción de San­dra Huller a quien entre varias de sus bri­llan­tes actua­cio­nes se la recuer­da por su pro­ta­go­nis­mo en Ana­to­mie d’u­ne chu­te (2023). En este caso, median­te una carac­te­ri­za­ción sobria y con­te­ni­da, con sus ges­tos y movi­mien­tos remar­ca­ble­men­te lle­ga a tras­lu­cir la gama emo­cio­nal con­tra­dic­to­ria que tra­sun­ta su per­so­na­je; es así que ella ha sido jus­ti­cie­ra­men­te galar­do­na­da con el pre­mio a la mejor actriz en el fes­ti­val de Ber­lín don­de el film fue dado a conocer.

La estu­pen­da foto­gra­fía en blan­co y negro de Gerald Ker­kletz, es otro de los logros de esta pelí­cu­la en la que la tona­li­dad emplea­da entre luces y som­bras con­si­gue visual­men­te resal­tar el entorno rural en que trans­cu­rre la acción.

Imbui­do de un rit­mo pau­sa­do la mode­la­da pues­ta escé­ni­ca de Schlein­zer con­tri­bu­ye a que esta fic­ción his­tó­ri­ca cun­da en el áni­mo del espectador.

Le Jour­nal d’u­ne fem­me de cham­bre (Fran­cia-Ruma­nia)

La nove­la Dia­rio de una Cama­re­ra del céle­bre anar­quis­ta Octa­ve Mir­beau publi­ca­da en 1900 ha sido adap­ta­da para el cine por nota­bles cineas­tas como Jean Renoir (1946), Luis Buñuel (1964) y más recien­te­men­te por Benoît Jac­quot (2015); es así que el pres­ti­gio­so cineas­ta rumano Radu Jude tam­bién ha sido ten­ta­do en lle­var­la a cabo, dan­do como resul­ta­do una muy apre­cia­ble come­dia en el que a dife­ren­cia de su pres­ti­gio­sa fil­mo­gra­fía en este caso ape­la a un rela­to con­ven­cio­nal dejan­do de lado su espí­ri­tu provocativo.

Le Jour­nal d’u­ne fem­me de chambre

Res­pe­tan­do en par­te la obra ori­gi­nal, el guión del aplau­di­do direc­tor ubi­ca la acción en la ciu­dad de Bor­deaux don­de se con­tem­pla a Gia­ni­na (Ana Dumi­traș­cu), una humil­de emplea­da domés­ti­ca ruma­na que a fin de reci­bir un ingre­so sala­rial más remu­ne­ra­ti­vo ha deja­do su tie­rra natal para tra­ba­jar a las órde­nes de un rico matri­mo­nio bur­gués inte­gra­do por Mar­gue­ri­te (Méla­nie Thierry) y su mari­do Pie­rre Don­na­dieu (Vin­cent Macaig­ne); su tra­ba­jo, ade­más de lim­piar, coci­nar y asear la sun­tuo­sa man­sión con­tem­pla cui­dar de Louen (Louen Bou­tei­ller), el hiji­to de la pareja.

La acción que se des­en­vuel­ve en la épo­ca actual duran­te los tres meses pre­vios al final de año, mues­tra como Gia­ni­na año­ran­do a su hogar y a su hiji­ta María de 9 años (Sofia Dra­go­man) que está a car­go de su abue­la, se comu­ni­ca por Face­ti­me con ambas; la niñi­ta que extra­ña muchí­si­mo a Gia­ni­na reci­be la pro­me­sa que ella esta­rá regre­san­do a Ruma­nia para cele­brar en fami­lia la Navidad.

La his­to­ria adquie­re relie­ve cuan­do en sus tiem­pos libres los due­ños de casa le per­mi­ten a Gia­ni­na a actuar en una repre­sen­ta­ción local de artis­tas ama­teurs; allí se repre­sen­ta­rá tea­tral­men­te la nove­la de Mir­beau en don­de la direc­to­ra de la obra (Ilin­ca Mano­la­che) le adju­di­ca el papel pro­ta­gó­ni­co de Celes­ti­ne, la cama­re­ra pari­si­na que lle­ga a una casa de cam­po en la Nor­man­dia para ser­vir a una fami­lia de la alta bur­gue­sía; de ese modo Gia­ni­na adop­ta en la fic­ción un rol simi­lar al que ejer­ce real­men­te con la fami­lia Donnadieu.

Aun­que en prin­ci­pio la adap­ta­ción de Jude es enfo­car la divi­sión exis­ten­te de las cla­ses socia­les, el tra­to ofre­ci­do por Mar­gue­ri­te y Pie­rre a Gia­ni­na es abso­lu­ta­men­te gen­til, ama­ble y cor­dial, si bien que­da cla­ro de que ella es la empleada.

La lle­ga­da al hogar de Anne (Marie Riviè­re), la madre de Pie­rre, modi­fi­ca la agen­da de Gia­ni­na; eso se debe a que sus emplea­do­res han pla­nea­do salir de via­je para la Navi­dad, soli­ci­tán­do­le a su emplea­da que cui­de en su ausen­cia de la ancia­na Anne que ha sufri­do un ines­pe­ra­do acci­den­te, pos­ter­gan­do en con­se­cuen­cia su ansia­do retorno a Rumania.

Estruc­tu­ra­da en varios epi­so­dios de diver­sa dura­ción, las esce­nas de ensa­yo de la pro­duc­ción tea­tral se extien­den más de lo nece­sa­rio. Sin embar­go, eso no ami­no­ra la rique­za del film sus­ten­ta­da por un exce­len­te elen­co en el que ade­más de las muy bue­nas carac­te­ri­za­cio­nes ofre­ci­das por Thierry y Macaig­ne, se des­ta­ca la exce­len­te com­po­si­ción dual que con abso­lu­ta natu­ra­li­dad brin­da Dumi­traș­cu. En esen­cia, la pues­ta escé­ni­ca de Jude, no exen­ta de melan­co­lía per­mi­te que esta moder­na divi­sión de cla­ses resul­te suma­men­te atractiva.