Crónica de Jorge Gutman
He aquí 5 comentarios visionados en el Festival du Nouveau Cinéma (FNC)
A veces me entra tristeza, otras veces rebelión (Argentina-España)
Con gran sensibilidad social la realizadora y guionista argentina María Aparicio, ofrece en su cuarto largometraje un film que entremezclando ficción y documental sorprende gratamente abordando magníficamente el tema de la clase trabajadora.

A veces me entra tristeza, otras veces rebelión,
La acción que se desarrolla en la actualidad, presenta a Dante Ferro (Roger Koza), un historiador cordobés que reside en Madrid en donde con una beca que ha obtenido se dedica a investigar el trabajo realizado por Juan Bialet Massé. Para quien no esté interiorizado sobre este médico, abogado e ingeniero agrónomo catalán, se puede aclarar que ha sido una persona que llegó a Argentina en 1874 y que dedicó gran parte de su vida realizando una profunda investigación de campo sobre las condiciones laborales de los trabajadores, sentando las bases del derecho laboral del país. Consecuentemente Dante se dedica a recopilar en la biblioteca pública todo lo concerniente a la labor desplegada por Massé.
En uno de las visitas efectuadas al renombrado Museo Reina Sofía, él observa con atención a Eva Carrasco (Eva Bianco) una actriz argentina visitando Madrid después de haber presentado un corto en un festival de Francia; después de que ella ha estado contemplando fotografías de Massé, al alejarse del museo Dante va siguiendo sus pasos. Si bien al principio Eva cree que es acosada, en el momento de la presentación Dante le hace saber que la conoce por su actuación al haberla visto en un cine club de Córdoba. Al haber aceptado compartir un café con él, gradualmente va estableciéndose una singular relación donde Eva adquiere conocimiento de lo que el historiador está realizando y sobre todo el porqué justamente centrarse en lo que ocurrió a comienzos del siglo pasado cuando Massé presentó en 1904 un informe acerca de las condiciones laborables poco atractivas de los trabajadores argentinos. A través de ese encuentro va surgiendo entre ambos una naciente amistad en donde en uno de los paseos efectuados los dos viajan a la zona catalana donde vivió Massé para adentrarse en los orígenes del investigador.
Llegado a un cierto punto, queda la intriga por saber hacia dónde Aparicio conduce su relato. Es entonces cuando en su segunda mitad la ingeniosa directora adopta una postura periodística entrevistando a inmigrantes trabajadores procedentes de Colombia, Ecuador, Honduras, Argentina y de África, quienes con mínima variación manifiestan trabajar exhaustivamente durante jornadas que a veces pueden extenderse a más de 12 horas diarias con bajos salarios; la única excepción es la de un empresario chino que mantiene una franquicia de un pequeño negocio de comestibles en el que igualmente debe trabajar durante largas horas para cubrir los gastos.
He ahí la explicación de cómo lo acontecido en Argentina desde más de un siglo, vuelve a repetirse en la actualidad; es así que a modo de una crítica social narrada con gran sutileza, la realizadora logra que su trabajo conecte los problemas laborales del pasado con los del presente.
A todo eso, el título del film ha sido muy bien elegido; si bien cabe la tristeza de las penurias sufridas por los migrantes de entonces, la rebelión impulsa a no resignarse a fin de lograr una sociedad más justa. A su vez, se oyen extractos de la canción “Milonga del peón de camino” de Athahualpa Yupanqui cuya letra “a veces me entra tristeza….” retrata la vida humilde y las penurias de un peón rural argentino.
En cuanto al reducido elenco tanto Koza como Bianco ofrecen magníficas interpretaciones y en una breve aparición Sergio Boris anima a Bialet Massé.
En suma, a través de una encomiable narrativa, la cineasta logra una óptima película que enaltece la programación del FNC.
Les Roches Rouges (Portugal-Francia-Italia-España-Qatar)
El prolífico realizador francés Bruno Dumont gratamente sorprende retratando el mundo infantil en esta comedia. Ciertamente es difícil que un film sea protagonizado casi en su totalidad por niños, sin embargo el cineasta lo logra ampliamente al haber reunido a un conjunto de chicos de variada edad que sin ser profesionales actúan con absoluta naturalidad.

Les Roches Rouges
El escenario es el majestuoso mar Mediterráneo donde en la región francesa del Var, próxima a Cannes, en plena época veraniega pasan sus vacaciones Geo (Kaylon Lancel) el líder del grupo junto a Rouben (Mohamed Coly) y Manon (Louise Podolsky); a ellos se agregan el trío integrado por Eve (Ketsie Verdeilles), B (Alessandro Piquera) y Do (Meryl Pires).
Gran parte del tiempo se dedican a escalar las rocas rojas del lugar para desde ahí zambullirse al mar, cuando la policía marítima no los está vigilando ya que está prohibido hacerlo en la medida que pueden arriesgar sus vidas en una mala caída. Asimismo, en otras instancias, se valen de cuatriciclos para recorrer por la ruta, como asimismo a manera de travesuras realizan pequeños robos en los coches abiertos de las personas que están de picnic.
Sin apelar a una narración convencional, el núcleo central reside en la atracción que siente el pícaro Geo por la simpática Eve, sentimiento que es correspondido y a través de esa inocente relación sentimental ambos se suben al tren costero con destino a Ventimiglia en Italia para visitar a los abuelos de la niña.
A través de una natural improvisación se asiste a un cálido relato donde se realzan las relaciones humanas infantiles, como a su vez se manifiesta la diferencia de clase social en la que Eve pertenece a una familia acomodada, en tanto que Geo es de un nivel inferior, aunque eso no llega a afectar el infantil vínculo amoroso. De todos modos, Dumont sin apelar a sentimentalismo alguno no deja de reflejar algunos momentos de tensión emergentes de rivalidades, celos y alguna que otra violencia, sin que la sangre llegue al río.
Sin llegar a un nivel de excepción, Dumont logra que su eficiente trabajo explorando la infancia concite el interés de la audiencia que lo contempla.
Quand le monde nous regardera (Francia)
Aunque Imbuido de buenas intenciones, Théo Hellerman considera en su ópera prima los efectos nocivos del bullying a través de un relato por él concebido que no llega a convencer.

Quand le monde nous regardera
El novel realizador ubica la acción en un liceo escolar de Francia donde el profesor Moreau (Lucas Englander) en su clase de historia debe lidiar con 20 estudiantes de conducta absolutamente indisciplinada, charlando, ríendo, gritando y además acosando a Gabriel (Théo Hellerman) uno de ellos. No es mucho lo que Moreau hace para calmarlos pero cuando lo logra entra en materia planteando el tema de la globalización solicitando que cada uno de los alumnos opinen al respecto.
Durante la breve duración del film de 75 minutos, todo transcurre en el salón del aula y apenas se hace notar la presencia de Gabriel como un ser solitario y marginalizado. La casi inexistente trama alcanza cierta tensión cuando Moreau invita a su alumnado a un debate y es así que cuando le corresponde intervenir a Gabriel él se enfrenta con un compañero de la clase originando una escena de inusitada violencia.
Si bien no es noticia nueva los numerosos episodios de asaltos violentos protagonizados por alumnos en centros educativos de Estados Unidos, lo que Hellerman aquí ilustra no adquiere un viso realista de la manera en que está narrado, en gran parte por no brindar suficiente profundidad psicológica en el personaje de Gabriel. Es así que si bien el acoso escolar es un urticante tema que merece su consideración, en este caso su tratamiento no llega a satisfacer. Además de Englander y Hellerman, en el elenco participan entre otros Noham Edje, Myriam Djeljeli, Gina Gimenez y Pierre Gommé brindando una correcta actuación.
You Don’t Belong Here / Nu e locul tau aici (Rumania)
Un cruento drama familiar a la vez que social es lo que aquí considera el realizador y guionista rumano Florin Serban.
No es la primera vez que se asiste a notables films de Rumania donde sus realizadores abordan algunos de los problemas que aquejan al país. Es así que adoptando esa postura Serban no tiene resquemor alguno para ilustrar cómo el racismo y la intolerancia están presentes en este film en donde el título del mismo se refiere a la exclusión de comunidades étnicas que distan de ser auténticamente rumanas.

You Don’t Belong Here
Dicho lo que precede, el prólogo de la película es fuertemente contundente; en Resita, una pequeña ciudad rumana, se observa cómo un grupo de jóvenes racistas encapuchados rompen los parabrisas de un coche de una familia gitana, pinchan los neumáticos y además dejan adosado un cartel escrito con las palabras “Usted no Pertenece Aquí”; ese alevoso ataque va dirigido a la comunidad romaní y cuando un gitano afectado sale al cruce, uno de los jóvenes perpetradores lo ataca produciendo su muerte.
Tras ese inicio, el cineasta centra su atención en la difícil comunicación mantenida entre un padre y su hijo El progenitor es Marius Calimanescu (Adrian Vancicā), un afamado y muy respetado cirujano viudo de mediana edad que se desenvuelve con honestidad en el hospital local en tanto que su vida diaria tanscurre en un ambiente donde el patriarcado se hace notar. Su personalidad contrasta fuertemente con la de su hijo Ioan (Teodor Butanescu), un muchacho de 18 años, inseguro y un tanto enigmático, sin rumbo fijo marchando a la deriva. Es así que Marius lamenta que su hijo no siga un derrotero claro y preciso como el suyo, de allí que en el fondo lo desprecia, tal como se lo hace saber a su novia Dana (Cristina Richter); esa sensación es percibida por el muchacho que de algún modo trata de compensar el carente vínculo afectivo hacia su padre relacionándose con gente peligrosa de su edad nutrida de ideología extremista.
No es indiscreción revelar que de inmediato se sabe que Ioan estuvo involucrado en el violento enfrentamiento que tuvo lugar en la escena inicial, como asimismo los familiares del gitano asesinado violentamente causan destrozos en el hospital donde se desempeña Marius.
El eje crucial de esta historia es cuando con motivo del homicidio perpetrado la autoridad policial sospecha de Ioan; a partir de allí parece desplomarse el seguro mundo del cirujano, no obstante mantener una muy buena comunicación con su amigo policía Silviu (Alex Conovaru).
Uno de los momentos trascendentes de esta historia acontece cuando Marius enfrentado a Ioan trata de imponerse acerca de la inocencia o culpabilidad de su hijo. Aunque con un estilo distintivo, uno no puede disociar con lo que se aprecia en la extraordinaria miniserie Adolescence (2025), al plantear la responsabilidad que atañe a un padre con respecto a la educación brindada a su hijo al desconocer qué es lo que está haciendo. ¿Es acaso un sistema patriarcal autoritario ausente de diálogo y afecto la causa de lo acontecido?
Además de la remarcable interpretación por parte de sus dos protagonistas, lo que fundamentalmente resalta es la impecable puesta escénica de Serban caracterizada por el empleo de acertados largos primeros planos y una cámara fija; a ello se agrega la riqueza de su guión donde la palabra llega en ciertas instancias a suspenderse por acertados silencios que generan momentos de considerable tensión.
Por sus innegables valores, intercalando el cruento fenómeno social de la exclusión con el duro drama psicológico paterno-filial, el film acertadamente programado por el FNC ha sido galardonado con el premio máximo en el Festival de Locarno.
La Libertad Doble (Chile-Argentina-Luxemburgo-Alemania-Gran Bretaña)
Lisandro Alonso con su primer largometraje La Libertad realizado en 2001 emergió como un notable realizador del nuevo cine argentino, relatando de manera minimalista y con hipnóticas imágenes el diario vivir de un leñador en una zona aislada de la provincia argentina La Pampa. Actualmente, con el mismo personaje y actor que lo caracteriza Alonso retorna con La Libertad Doble, una suerte de secuela que puede ser juzgada independientemente del film original.

La Libertad Doble
La mínima trama expone al solitario Misael (Misael Saavedra) nuevamente talando árboles, aunque en esta oportunidad en lugar del hacha se vale de una motosierra; durante casi 30 minutos la cámara minuciosamente lo enfoca desmenuzando técnicamente la labor que efectúa, estando acompañado de su perro faldero. De regreso a su primitiva choza ubicada en una apartada región boscosa se lo ve preparando su comida utilizando el fuego como cocina y posteriormente saboreando la carne asada.
Un cambio altera la existencia del leñador cuando recibe la noticia de que su hermana Micaela (Catalina Saavedra) internada en un hospital psiquiátrico desde hace varios años a causa de su inestabilidad mental, ha intentado escapar. Al llegar al nosocomio. el médico (Adrián Fondari) que lo recibe le comunica que por restricciones presupuestarias Micaela ya no podrá seguir viviendo allí; en todo caso los diversos remedios que Micaela debe ingerir en diferentes momentos del día seguirán siendo subsidiados.
De allí en más, habiendo vivido hasta el presente solitariamente, el leñador deberá preocuparse de convivir con su hermana y de prestar la máxima atención de los medicamentos que debe suministrarle. En cuanto a Micaela, estando libre por primera vez comienza a disfrutar de lo que el ámbito natural del lugar le ofrece, ya sea acariciando los árboles del bosque, acercándose a la vía férrea del tren local o bien regando las plantas. Lo que resta del escueto relato de escasos diálogos que transcurre en dos jornadas queda en la audiencia imaginar cómo se desenvolverá la vida futura de Misael y Micaela.
Con una buena filmación en 16 milímetros nutrida de tomas alargadas, Alonso se aparta de una narración convencional permitiendo que trascienda la convincente caracterización de sus dos protagonistas. Aunque su escasa trama carece de emoción, los cinéfilos fieles del cine de Alonso apreciarán esta respetable propuesta que puede ser interpretada como una meditación de lo que entraña la libertad o qué significa poder disfrutarla sin restricción alguna.