FNC 2026 (Segun­da Parte)

Cró­ni­ca de Jor­ge Gutman

He aquí 5 comen­ta­rios visio­na­dos en el Fes­ti­val du Nou­veau Ciné­ma (FNC)

A veces me entra tris­te­za, otras veces rebe­lión (Argen­ti­na-Espa­ña)

Con gran sen­si­bi­li­dad social la rea­li­za­do­ra y guio­nis­ta argen­ti­na María Apa­ri­cio, ofre­ce en su cuar­to lar­go­me­tra­je un film que entre­mez­clan­do fic­ción y docu­men­tal sor­pren­de gra­ta­men­te abor­dan­do mag­ní­fi­ca­men­te el tema de la cla­se trabajadora.

A veces me entra tris­te­za, otras veces rebelión,

La acción que se desa­rro­lla en la actua­li­dad, pre­sen­ta a Dan­te Ferro (Roger Koza), un his­to­ria­dor cor­do­bés que resi­de en Madrid en don­de con una beca que ha obte­ni­do se dedi­ca a inves­ti­gar el tra­ba­jo rea­li­za­do por Juan Bia­let Mas­sé. Para quien no esté inte­rio­ri­za­do sobre este médi­co, abo­ga­do e inge­nie­ro agró­no­mo cata­lán, se pue­de acla­rar que ha sido una per­so­na que lle­gó a Argen­ti­na en 1874 y que dedi­có gran par­te de su vida rea­li­zan­do una pro­fun­da inves­ti­ga­ción de cam­po sobre las con­di­cio­nes labo­ra­les de los tra­ba­ja­do­res, sen­tan­do las bases del dere­cho labo­ral del país. Con­se­cuen­te­men­te Dan­te se dedi­ca a reco­pi­lar en la biblio­te­ca públi­ca todo lo con­cer­nien­te a la labor des­ple­ga­da por Massé.

En uno de las visi­tas efec­tua­das al renom­bra­do Museo Rei­na Sofía, él obser­va con aten­ción a Eva Carras­co (Eva Bian­co) una actriz argen­ti­na visi­tan­do Madrid des­pués de haber pre­sen­ta­do un cor­to en un fes­ti­val de Fran­cia; des­pués de que ella ha esta­do con­tem­plan­do foto­gra­fías de Mas­sé, al ale­jar­se del museo Dan­te va siguien­do sus pasos. Si bien al prin­ci­pio Eva cree que es aco­sa­da, en el momen­to de la pre­sen­ta­ción Dan­te le hace saber que la cono­ce por su actua­ción al haber­la vis­to en un cine club de Cór­do­ba. Al haber acep­ta­do com­par­tir un café con él, gra­dual­men­te va esta­ble­cién­do­se una sin­gu­lar rela­ción don­de Eva adquie­re cono­ci­mien­to de lo que el his­to­ria­dor está rea­li­zan­do y sobre todo el por­qué jus­ta­men­te cen­trar­se en lo que ocu­rrió a comien­zos del siglo pasa­do cuan­do Mas­sé pre­sen­tó en 1904 un infor­me acer­ca de las con­di­cio­nes labo­ra­bles poco atrac­ti­vas de los tra­ba­ja­do­res argen­ti­nos. A tra­vés de ese encuen­tro va sur­gien­do entre ambos una nacien­te amis­tad en don­de en uno de los paseos efec­tua­dos los dos via­jan a la zona cata­la­na don­de vivió Mas­sé para aden­trar­se en los orí­ge­nes del investigador.

Lle­ga­do a un cier­to pun­to, que­da la intri­ga por saber hacia dón­de Apa­ri­cio con­du­ce su rela­to. Es enton­ces cuan­do en su segun­da mitad la inge­nio­sa direc­to­ra adop­ta una pos­tu­ra perio­dís­ti­ca entre­vis­tan­do a inmi­gran­tes tra­ba­ja­do­res pro­ce­den­tes de Colom­bia, Ecua­dor, Hon­du­ras, Argen­ti­na y de Áfri­ca, quie­nes con míni­ma varia­ción mani­fies­tan tra­ba­jar exhaus­ti­va­men­te duran­te jor­na­das que a veces pue­den exten­der­se a más de 12 horas dia­rias con bajos sala­rios; la úni­ca excep­ción es la de un empre­sa­rio chino que man­tie­ne una fran­qui­cia de un peque­ño nego­cio de comes­ti­bles en el que igual­men­te debe tra­ba­jar duran­te lar­gas horas para cubrir los gastos.

He ahí la expli­ca­ción de cómo lo acon­te­ci­do en Argen­ti­na des­de más de un siglo, vuel­ve a repe­tir­se en la actua­li­dad; es así que a modo de una crí­ti­ca social narra­da con gran suti­le­za, la rea­li­za­do­ra logra que su tra­ba­jo conec­te los pro­ble­mas labo­ra­les del pasa­do con los del presente.

A todo eso, el títu­lo del film ha sido muy bien ele­gi­do; si bien cabe la tris­te­za de las penu­rias sufri­das por los migran­tes de enton­ces, la rebe­lión impul­sa a no resig­nar­se a fin de lograr una socie­dad más jus­ta. A su vez, se oyen extrac­tos de la can­ción “Milon­ga del peón de camino” de Athahual­pa Yupan­qui cuya letra “a veces me entra tris­te­za….” retra­ta la vida humil­de y las penu­rias de un peón rural argentino.

En cuan­to al redu­ci­do elen­co tan­to Koza como Bian­co ofre­cen mag­ní­fi­cas inter­pre­ta­cio­nes y en una bre­ve apa­ri­ción Ser­gio Boris ani­ma a Bia­let Massé.

En suma, a tra­vés de una enco­mia­ble narra­ti­va, la cineas­ta logra una ópti­ma pelí­cu­la que enal­te­ce la pro­gra­ma­ción del FNC.

Les Roches Rou­ges (Por­tu­gal-Fran­cia-Ita­lia-Espa­ña-Qatar)

El pro­lí­fi­co rea­li­za­dor fran­cés Bruno Dumont gra­ta­men­te sor­pren­de retra­tan­do el mun­do infan­til en esta come­dia. Cier­ta­men­te es difí­cil que un film sea pro­ta­go­ni­za­do casi en su tota­li­dad por niños, sin embar­go el cineas­ta lo logra amplia­men­te al haber reu­ni­do a un con­jun­to de chi­cos de varia­da edad que sin ser pro­fe­sio­na­les actúan con abso­lu­ta naturalidad.

Les Roches Rouges

El esce­na­rio es el majes­tuo­so mar Medi­te­rrá­neo don­de en la región fran­ce­sa del Var, pró­xi­ma a Can­nes, en ple­na épo­ca vera­nie­ga pasan sus vaca­cio­nes Geo (Kay­lon Lan­cel) el líder del gru­po jun­to a Rou­ben (Moha­med Coly) y Manon (Loui­se Podolsky); a ellos se agre­gan el trío inte­gra­do por Eve (Ketsie Ver­dei­lles), B (Ales­san­dro Pique­ra) y Do (Meryl Pires).

Gran par­te del tiem­po se dedi­can a esca­lar las rocas rojas del lugar para des­de ahí zam­bu­llir­se al mar, cuan­do la poli­cía marí­ti­ma no los está vigi­lan­do ya que está prohi­bi­do hacer­lo en la medi­da que pue­den arries­gar sus vidas en una mala caí­da. Asi­mis­mo, en otras ins­tan­cias, se valen de cua­tri­ci­clos para reco­rrer por la ruta, como asi­mis­mo a mane­ra de tra­ve­su­ras rea­li­zan peque­ños robos en los coches abier­tos de las per­so­nas que están de picnic.

Sin ape­lar a una narra­ción con­ven­cio­nal, el núcleo cen­tral resi­de en la atrac­ción que sien­te el píca­ro Geo por la sim­pá­ti­ca Eve, sen­ti­mien­to que es corres­pon­di­do y a tra­vés de esa ino­cen­te rela­ción sen­ti­men­tal ambos se suben al tren cos­te­ro con des­tino a Ven­ti­mi­glia en Ita­lia para visi­tar a los abue­los de la niña.

A tra­vés de una natu­ral impro­vi­sa­ción se asis­te a un cáli­do rela­to don­de se real­zan las rela­cio­nes huma­nas infan­ti­les, como a su vez se mani­fies­ta la dife­ren­cia de cla­se social en la que Eve per­te­ne­ce a una fami­lia aco­mo­da­da, en tan­to que Geo es de un nivel infe­rior, aun­que eso no lle­ga a afec­tar el infan­til víncu­lo amo­ro­so. De todos modos, Dumont sin ape­lar a sen­ti­men­ta­lis­mo alguno no deja de refle­jar algu­nos momen­tos de ten­sión emer­gen­tes de riva­li­da­des, celos y algu­na que otra vio­len­cia, sin que la san­gre lle­gue al río.

Sin lle­gar a un nivel de excep­ción, Dumont logra que su efi­cien­te tra­ba­jo explo­ran­do la infan­cia con­ci­te el inte­rés de la audien­cia que lo contempla.

Quand le mon­de nous regar­de­ra (Fran­cia)

Aun­que Imbui­do de bue­nas inten­cio­nes, Théo Heller­man con­si­de­ra en su ópe­ra pri­ma los efec­tos noci­vos del bull­ying a tra­vés de un rela­to por él con­ce­bi­do que no lle­ga a convencer.

Quand le mon­de nous regardera

El novel rea­li­za­dor ubi­ca la acción en un liceo esco­lar de Fran­cia don­de el pro­fe­sor Moreau (Lucas Englan­der) en su cla­se de his­to­ria debe lidiar con 20 estu­dian­tes de con­duc­ta abso­lu­ta­men­te indis­ci­pli­na­da, char­lan­do, ríen­do, gri­tan­do y ade­más aco­san­do a Gabriel (Théo Heller­man) uno de ellos. No es mucho lo que Moreau hace para cal­mar­los pero cuan­do lo logra entra en mate­ria plan­tean­do el tema de la glo­ba­li­za­ción soli­ci­tan­do que cada uno de los alum­nos opi­nen al respecto.

Duran­te la bre­ve dura­ción del film de 75 minu­tos, todo trans­cu­rre en el salón del aula y ape­nas se hace notar la pre­sen­cia de Gabriel como un ser soli­ta­rio y mar­gi­na­li­za­do. La casi inexis­ten­te tra­ma alcan­za cier­ta ten­sión cuan­do Moreau invi­ta a su alum­na­do a un deba­te y es así que cuan­do le corres­pon­de inter­ve­nir a Gabriel él se enfren­ta con un com­pa­ñe­ro de la cla­se ori­gi­nan­do una esce­na de inusi­ta­da violencia.

Si bien no es noti­cia nue­va los nume­ro­sos epi­so­dios de asal­tos vio­len­tos pro­ta­go­ni­za­dos por alum­nos en cen­tros edu­ca­ti­vos de Esta­dos Uni­dos, lo que Heller­man aquí ilus­tra no adquie­re un viso rea­lis­ta de la mane­ra en que está narra­do, en gran par­te por no brin­dar sufi­cien­te pro­fun­di­dad psi­co­ló­gi­ca en el per­so­na­je de Gabriel. Es así que si bien el aco­so esco­lar es un urti­can­te tema que mere­ce su con­si­de­ra­ción, en este caso su tra­ta­mien­to no lle­ga a satis­fa­cer. Ade­más de Englan­der y Heller­man, en el elen­co par­ti­ci­pan entre otros Noham Edje, Myriam Djel­je­li, Gina Gime­nez y Pie­rre Gom­mé brin­dan­do una correc­ta actuación.

You Don’t Belong Here / Nu e locul tau aici (Ruma­nia)

Un cruen­to dra­ma fami­liar a la vez que social es lo que aquí con­si­de­ra el rea­li­za­dor y guio­nis­ta rumano Flo­rin Serban.

No es la pri­me­ra vez que se asis­te a nota­bles films de Ruma­nia don­de sus rea­li­za­do­res abor­dan algu­nos de los pro­ble­mas que aque­jan al país. Es así que adop­tan­do esa pos­tu­ra Ser­ban no tie­ne res­que­mor alguno para ilus­trar cómo el racis­mo y la into­le­ran­cia están pre­sen­tes en este film en don­de el títu­lo del mis­mo se refie­re a la exclu­sión de comu­ni­da­des étni­cas que dis­tan de ser autén­ti­ca­men­te rumanas.

You Don’t Belong Here

Dicho lo que pre­ce­de, el pró­lo­go de la pelí­cu­la es fuer­te­men­te con­tun­den­te; en Resi­ta, una peque­ña ciu­dad ruma­na, se obser­va cómo un gru­po de jóve­nes racis­tas enca­pu­cha­dos rom­pen los para­bri­sas de un coche de una fami­lia gita­na, pin­chan los neu­má­ti­cos y ade­más dejan ado­sa­do un car­tel escri­to con las pala­bras “Usted no Per­te­ne­ce Aquí”; ese ale­vo­so ata­que va diri­gi­do a la comu­ni­dad roma­ní y cuan­do un gitano afec­ta­do sale al cru­ce, uno de los jóve­nes per­pe­tra­do­res lo ata­ca pro­du­cien­do su muerte.

Tras ese ini­cio, el cineas­ta cen­tra su aten­ción en la difí­cil comu­ni­ca­ción man­te­ni­da entre un padre y su hijo El pro­ge­ni­tor es Marius Cali­ma­nes­cu (Adrian Van­ci­cā), un afa­ma­do y muy res­pe­ta­do ciru­jano viu­do de media­na edad que se des­en­vuel­ve con hones­ti­dad en el hos­pi­tal local en tan­to que su vida dia­ria tans­cu­rre en un ambien­te don­de el patriar­ca­do se hace notar. Su per­so­na­li­dad con­tras­ta fuer­te­men­te con la de su hijo Ioan (Teo­dor Buta­nes­cu), un mucha­cho de 18 años, inse­gu­ro y un tan­to enig­má­ti­co, sin rum­bo fijo mar­chan­do a la deri­va. Es así que Marius lamen­ta que su hijo no siga un derro­te­ro cla­ro y pre­ci­so como el suyo, de allí que en el fon­do lo des­pre­cia, tal como se lo hace saber a su novia Dana (Cris­ti­na Rich­ter); esa sen­sa­ción es per­ci­bi­da por el mucha­cho que de algún modo tra­ta de com­pen­sar el caren­te víncu­lo afec­ti­vo hacia su padre rela­cio­nán­do­se con gen­te peli­gro­sa de su edad nutri­da de ideo­lo­gía extremista.

No es indis­cre­ción reve­lar que de inme­dia­to se sabe que Ioan estu­vo invo­lu­cra­do en el vio­len­to enfren­ta­mien­to que tuvo lugar en la esce­na ini­cial, como asi­mis­mo los fami­lia­res del gitano ase­si­na­do vio­len­ta­men­te cau­san des­tro­zos en el hos­pi­tal don­de se desem­pe­ña Marius.

El eje cru­cial de esta his­to­ria es cuan­do con moti­vo del homi­ci­dio per­pe­tra­do la auto­ri­dad poli­cial sos­pe­cha de Ioan; a par­tir de allí pare­ce des­plo­mar­se el segu­ro mun­do del ciru­jano, no obs­tan­te man­te­ner una muy bue­na comu­ni­ca­ción con su ami­go poli­cía Sil­viu (Alex Conovaru).

Uno de los momen­tos tras­cen­den­tes de esta his­to­ria acon­te­ce cuan­do Marius enfren­ta­do a Ioan tra­ta de impo­ner­se acer­ca de la ino­cen­cia o cul­pa­bi­li­dad de su hijo. Aun­que con un esti­lo dis­tin­ti­vo, uno no pue­de diso­ciar con lo que se apre­cia en la extra­or­di­na­ria mini­se­rie Ado­les­cen­ce (2025), al plan­tear la res­pon­sa­bi­li­dad que ata­ñe a un padre con res­pec­to a la edu­ca­ción brin­da­da a su hijo al des­co­no­cer qué es lo que está hacien­do. ¿Es aca­so un sis­te­ma patriar­cal auto­ri­ta­rio ausen­te de diá­lo­go y afec­to la cau­sa de lo acontecido?

Ade­más de la remar­ca­ble inter­pre­ta­ción por par­te de sus dos pro­ta­go­nis­tas, lo que fun­da­men­tal­men­te resal­ta es la impe­ca­ble pues­ta escé­ni­ca de Ser­ban carac­te­ri­za­da por el empleo de acer­ta­dos lar­gos pri­me­ros pla­nos y una cáma­ra fija; a ello se agre­ga la rique­za de su guión don­de la pala­bra lle­ga en cier­tas ins­tan­cias a sus­pen­der­se por acer­ta­dos silen­cios que gene­ran momen­tos de con­si­de­ra­ble tensión.

Por sus inne­ga­bles valo­res, inter­ca­lan­do el cruen­to fenó­meno social de la exclu­sión con el duro dra­ma psi­co­ló­gi­co paterno-filial, el film acer­ta­da­men­te pro­gra­ma­do por el FNC ha sido galar­do­na­do con el pre­mio máxi­mo en el Fes­ti­val de Locarno.

La Liber­tad Doble (Chi­le-Argen­ti­na-Luxem­bur­go-Ale­ma­nia-Gran Bretaña)

Lisan­dro Alon­so con su pri­mer lar­go­me­tra­je La Liber­tad rea­li­za­do en 2001 emer­gió como un nota­ble rea­li­za­dor del nue­vo cine argen­tino, rela­tan­do de mane­ra mini­ma­lis­ta y con hip­nó­ti­cas imá­ge­nes el dia­rio vivir de un leña­dor en una zona ais­la­da de la pro­vin­cia argen­ti­na La Pam­pa. Actual­men­te, con el mis­mo per­so­na­je y actor que lo carac­te­ri­za Alon­so retor­na con La Liber­tad Doble, una suer­te de secue­la que pue­de ser juz­ga­da inde­pen­dien­te­men­te del film original.

La Liber­tad Doble

La míni­ma tra­ma expo­ne al soli­ta­rio Misael (Misael Saa­ve­dra) nue­va­men­te talan­do árbo­les, aun­que en esta opor­tu­ni­dad en lugar del hacha se vale de una moto­sie­rra; duran­te casi 30 minu­tos la cáma­ra minu­cio­sa­men­te lo enfo­ca des­me­nu­zan­do téc­ni­ca­men­te la labor que efec­túa, estan­do acom­pa­ña­do de su perro fal­de­ro. De regre­so a su pri­mi­ti­va cho­za ubi­ca­da en una apar­ta­da región bos­co­sa se lo ve pre­pa­ran­do su comi­da uti­li­zan­do el fue­go como coci­na y pos­te­rior­men­te sabo­rean­do la car­ne asada.

Un cam­bio alte­ra la exis­ten­cia del leña­dor cuan­do reci­be la noti­cia de que su her­ma­na Micae­la (Cata­li­na Saa­ve­dra) inter­na­da en un hos­pi­tal psi­quiá­tri­co des­de hace varios años a cau­sa de su ines­ta­bi­li­dad men­tal, ha inten­ta­do esca­par. Al lle­gar al noso­co­mio. el médi­co (Adrián Fon­da­ri) que lo reci­be le comu­ni­ca que por res­tric­cio­nes pre­su­pues­ta­rias Micae­la ya no podrá seguir vivien­do allí; en todo caso los diver­sos reme­dios que Micae­la debe inge­rir en dife­ren­tes momen­tos del día segui­rán sien­do subsidiados.

De allí en más, habien­do vivi­do has­ta el pre­sen­te soli­ta­ria­men­te, el leña­dor debe­rá preo­cu­par­se de con­vi­vir con su her­ma­na y de pres­tar la máxi­ma aten­ción de los medi­ca­men­tos que debe sumi­nis­trar­le. En cuan­to a Micae­la, estan­do libre por pri­me­ra vez comien­za a dis­fru­tar de lo que el ámbi­to natu­ral del lugar le ofre­ce, ya sea aca­ri­cian­do los árbo­les del bos­que, acer­cán­do­se a la vía férrea del tren local o bien regan­do las plan­tas. Lo que res­ta del escue­to rela­to de esca­sos diá­lo­gos que trans­cu­rre en dos jor­na­das que­da en la audien­cia ima­gi­nar cómo se des­en­vol­ve­rá la vida futu­ra de Misael y Micaela.

Con una bue­na fil­ma­ción en 16 milí­me­tros nutri­da de tomas alar­ga­das, Alon­so se apar­ta de una narra­ción con­ven­cio­nal per­mi­tien­do que tras­cien­da la con­vin­cen­te carac­te­ri­za­ción de sus dos pro­ta­go­nis­tas. Aun­que su esca­sa tra­ma care­ce de emo­ción, los ciné­fi­los fie­les del cine de Alon­so apre­cia­rán esta res­pe­ta­ble pro­pues­ta que pue­de ser inter­pre­ta­da como una medi­ta­ción de lo que entra­ña la liber­tad o qué sig­ni­fi­ca poder dis­fru­tar­la sin res­tric­ción alguna.